EL TERRITORIO

Lorenzo López Trigal
Universidad de León


DE LO QUE SE CONOCE como el territorio de la provincia administrativa de la provincia de León se podría decir, al igual que de la región política a la que pertenece, Castilla y León, que a pesar de la apariencia no constituye una unidad homogénea, sino más bien que de su extraña superficie, de algo más de quince mil kilómetros cuadrados, podemos diferenciar al menos tres áreas bien distintas desde un punto de vista geográfico físico como humano, las de La Montaña, El Bierzo y La Meseta.
 

DE esta aseveración podemos entonces definir el territorio leonés como una de las más extensas provincias españolas, situada en el Noroeste de la Península Ibérica, en contacto, y participando por ello de rasgos de transición, con las regiones de Galicia y Asturias además de la propia Castilla, con la que mantiene una mayor afinidad, al disponerse la mitad del territorio y de la población de la provincia leonesa dentro de la meseta y donde además se localizan sus dos capitales históricas, Astorga y León. Pero a pesar de la reciente formación de la región autonómica castellano-leonesa no deja por ello de presentar León esta peculiaridad de espacio mosaico de paisajes como de asentamientos humanos tan bien diferenciados y complejos en este ángulo de la meseta en relación a sus bordes galaico y asturcantábrico.

Un medio físico como humano, decimos, complejo. Donde si predominan, de un lado, las superficies de las llanuras sedimentarias de la meseta inferiores a la cota de los mil metros, las superiores a esta altura se encuentran ampliamente representadas al norte de la provincia (al borde de la Montaña) y al oeste (la depresión tectónica de El Bierzo y La Cabrera). Y, de otro lado, el condicionamiento de esas topografías se ha hecho sentir en la distribución tradicional del poblamiento, si bien en el período contemporáneo las nuevas actividades mineras e industriales, los nuevos regadíos agrícolas, las modernas infraestructuras de transportes y el desigual proceso de urbanización, han perfilado una ocupación y densificación actual del territorio diferente a la conocida como poco tiempo atrás.

Esto es, el espacio geográfico leonés está siendo alterado por la dinámica de procesos diversos, aunque podemos igualmente advertir en el mismo la diferenciación espacial señalada en tres subespecies o unidades subregionales, en cuanto que en este concepto se presentan unos rasgos comunes en el medio físico como humano. Y la visión geográfica de este territorio ha de ser distinta al paso del tiempo, como se demuestra al lector a través de las interpretaciones que sobre la geografía leonesa han realizado múltiples autores desde que en 1927 Modesto Medina Bravo iniciara los estudios geográficos sobre León.

En primer término, las depresiones del río Sil, en cuyo territorio se delimitan las comarcas de Laciana, El Bierzo y La Cabrera Baja, con una población cercana a los ciento cincuenta mil habitantes, una cuarentena de municipios entre los que destaca la ciudad de Ponferrada. Este río, por otro lado, en su cuenca leonesa drena una superficie limitada por altas sierras del Paleozoico que van desde la Cantábrica al norte, las de Ancares y Caurel en el oeste, la de Cabrera al sur y los Montes de León en el este, por lo que se trata de depresiones interiores que se dibujan compartimentadas por los relieves anticlinales que se cruzan transversalmente, y de las cuales la hoya del Bierzo es el centro y mayor espacio de la subcuenca leonesa del Sil.

La pequeña comarca montañesa del valle de Laciana es la primera fosa tectónica de este río, que drena el territorio que va desde los puertos de Somiedo a Cerredo, que la separan a su vez de la montaña occidental asturiana. Los municipios de Villablino y el vecino aguas abajo de Palacios del Sil (Ribasil), han tenido una profunda transformación, como el resto de los pertenecientes a las cuencas mineras, a partir del inicio de la explotación de la hulla en la segunda década de este siglo XX, y pasar de la monoproducción ganadera cárnica tradicional a la carbonera. Tres núcleos han crecido especialmente en este proceso, los de Villablino, Villaseca y Caboalles de Abajo.

Es el Bierzo la primera comarca política de la región castellano-leonesa, que acoge además a dos de los municipios cabreirenses, formando una unidad geográfica bien trabada desde que la villa ponferradina ha pasado a tener carácter urbano a mediados del siglo, influyendo su centralidad en un territorio que abarca a Laciana, parte de la Cabrera y la comarca orensana de Valdeorras. Este espacio berciano está básicamente diferenciado en los sectores de alto y bajo Bierzo; el primero de los espacios participa de las mismas características de las montañas del noroeste ibérico con rasgos de ruralismo y de un medio ecológico en parte bien preservado y de potencial de usos alternativos para las débiles demografías que lo habitan. En medio de estas montañas ciertamente frías y desheredadas se encuentra la hoya berciana o Bajo Bierzo, en torno a una altitud de quinientos metros y que por su superficie de llanura y protección que le presta la orla montañosa presenta rasgos de mediterraneidad mayores que los de la meseta o la montaña.

Ambos sectores territoriales del Bierzo se contraponen, pues, en cuanto que en el Bierzo Alto es la economía agrícola de escasos rendimientos a base de policultivo y ganadería, fuerte ruralismo, y espacio de montaña tan conocidos como los de la Cabrera, los Ancares, o asimismo los de Selmo, Valcarce, Fornela, o Campludo, alterados esos mismos rasgos por la introducción de las explotaciones mineras en valles del Sil, Cúa o Tremor y alto Boeza, donde aparecen algunos núcleos mayores como Fabero, Toreno o Torre. Mientras que el Bierzo Bajo, la hoya del Sil y la más pequeña del Boeza, florece una agricultura cuasi intensiva donde el viñedo se asoma en extensiones abrigadas y de colinas bajas, con densidades demográficas y de colinas bajas, con densidades demográficas superiores en el diseminado rural con algunas villas destacadas como Bembibre, Villafranca o Cacabelos, y sobre todo por el crecimiento explosivo a que ha asistido Ponferrada, que ya concentra en su amplio municipio la mitad de la población berciana.

Una segunda área territorial es la Montaña leonesa, que tiene continuidad en la montaña palentina y burgalesa, como tramo más occidental de la vertiente meridional de la Cordillera Cantábrica, y que a su vez se puede diferenciar en tres sectores, de los que el oriental destaca por la presencia de los Picos de Europa, el macizo calcáreo más sobresaliente de las montañas ibéricas. En esta amplia faja limitada por las cumbres y puertos asturianos y cántabros y la depresión de contacto con la meseta, se suceden de oeste a este los valles de Omaña y Luna (Montaña Occidental), del Bernesga y Torío (Montaña Central), y del Curueño y Porma, Esla y Cea, altos Sella y Cares (Montaña Oriental). La mayor altitud, con alturas que rebasan los 2.500 metros (peñas Ubiña, Santa, Torrecerredo, Llambrión, Prieta y Espigüete), materiales geológicos en partes diferentes como los que dan formación a las hoces y gargantas, un poblamiento también peculiar, y de economía ganadera, entre otros rasgos, diferencian a esta montaña de la montaña berciana.

Es espacio también de amplias transformaciones en las últimas décadas como consecuencia de la política de construcción de grandes embalses (Luna, Porma y Esla, entre los mayores de la cuenca del Duero) y la despoblación consiguiente de las cabeceras de estos valles, la especialización cárnica y láctea, como también la producción hullera en alguno de sus valles, o las infraestructuras últimas entre las que destaca la traza impactante de la autopista León-Asturias, además de alguna actividad industrial en la villa de La Robla, y la actividad turística de montaña en las estaciones de esquí de Pajares y San Isidro en la misma raya con Asturias, junto con la propia de los núcleos de Boñar y de Riaño.

Y, en último término, la amplia área de la Meseta leonesa, que desde la Cantábrica al norte y los Montes de León al oeste extiende su planitud imperfecta entre terrazas y páramos, vegas y riberas, sin discontinuidad apenas por el sur en las provincias de Zamora, Palencia y Valladolid, en cuya vecindad se presenta la característica comarca meseteña de Tierra de Campos. La disección que a lo largo de este territorio hacen los ríos Eria y Duerna desde el mítico monte Teleno entre otros que atraviesan las cuencas del oeste, donde destaca la conocida comarca de Maragatería, o los ríos Tuerto y Órbigo, el Esla y el Cea, presentan en conjunto un territorio que perteneciendo a la uniforme mesetas es aquí donde más se multiplican las geografías o diferencias paisajísticas, que la actividad humana ha incrementado repetidas veces con los contrastes de yermos y secanos por un lado, y de ribera y regadíos por otro.

En efecto, mientras por el borde sur y aun el centro de la Meseta leonesa se pueden percibir retazos de montes y dehesas, los pinares del oeste, el pequeño espacio de la montaña de la Cabrera Alta, o los terrenos yermos maragatos y cepedanos, más común son los páramos y riberas como rasgo geográfico a destacar en este espacio de la meseta, donde el campo está caracterizado por explotaciones agrícolas tanto como ganaderas, de cultivos industriales como del tradicional cereal y aun restos de viñedos en donde no ha llegado el regadío. Es la Ribera del Órbigo donde se particularizan los rasgos del valle irrigado a partir de presas de origen medieval y los canales actuales que han ampliado sus márgenes más allá de las terrazas bajas para alcanzar a las arribas del Páramo, hasta el punto que confunden hoy su paisaje agrario Ribera y Páramo. Mientras que permanecen en el dominio de los secanos otras comarcas entre las que destaca la terracampina, de adversas condiciones de aridez.

En los límites occidentales de esta tercera área se encuentran las pequeñas ciudades de Astorga y La Bañeza, y en el centro de los ramales, que a modo de candelabro dibuja el río Esla, se encuentra la capital de León y su área urbana, ciudad más alfoz que ya se aproximan conjuntamente a los doscientos mil habitantes, y donde concretan en sus espacios urbano y periurbano la mayor parte de las actividades industriales y terciarias con una influencia que abarca de modo directo tanto a la montaña como la meseta leonesas y aun sectores de las provincias vecinas, más el Bierzo y Laciana, convirtiéndose además de capital subregional León en centro de algunas actividades para todo el noroeste peninsular. Pero a consecuencia de este proceso se resta centralidad, al igual que ocurre con Ponferrada para el Bierzo, a las pequeñas villas de la mesetas (Benavides, Carrizo, Veguellina de Órbigo, Santa María del Páramo, Valencia de Don Juan, Mansilla de las Mulas, Valderas o Sahagún) y aun de la Montaña (La Robla, Pola de Gordón, La Magdalena, Boñar o Cistierna).

Tras la anterior diferenciación espacial, añadamos que la problemática actual de este territorio desde un punto de vista geoeconómico está centrada en deficiencias de articulación en áreas como la depresión de contacto montaña-meseta, en la despoblación y envejecimiento de las áreas rurales mientras que se asiste a un fortalecimiento de los dos núcleos urbanos mayores y sus respectivas áreas urbanas, León y Ponferrada, que por otro lado caminan a menudo más de espaldas que combinando sus funciones urbanas a la espera de que se concluyan nuevos proyectos de infraestructura y de industrialización en ambas localidades. Del mismo modo, está pendiente aún la articulación administrativa por el predominio de pequeños municipios, cuyo número sobrepasa los doscientos y a todas luces no debían rebasar la cincuentena para cubrir el territorio de un modo más idóneo en lo posible, a pesar de la diferente distribución de los asentamientos y los contrastes espaciales de densidad poblacional, que hace preciso, pues, abordar el proceso pendiente de comarcalización en este territorio leonés a fin de articular tan complejo espacio.