
LA PROVINCIA DE LEÓN
Í N D I C E
I. NATURALEZA Y VIDA. PUEBLOS Y CIUDADES
La vida animal en la provincia de León
II. HUELLAS DE UN LARGO CAMINO
Legado histórico del León medieval
La difícil gestación del León contemporáneo
El Camino de Santiago en tierras leonesas
III. LAS JOYAS DEL REINO
IV. LAS GENTES Y LO QUE HACEN
LA MONTAÑA CENTRAL
Santiago García
María Teresa Mayoral
Escritores
en
su disposición geográfica entre la
montaña oriental o de Riaño y las
singulares comarcas occidentales de Luna, Babia y Laciana, la amplitud y la
diversidad son los signos que definen este sector central de la montaña leonesa.
Montaña de los foramontanos de Asturica Augusta, del antiguo territorio citado
en los documentos bajo la referencia de Arbolio (y de ésta, arbuello, lugar de
árboles), hoy la montaña de La Tercia, de La Mediana y, dándole un nombre
global, la montaña de Los Argüellos. Se extiende, de un extremo a otro, sobre la
cabecera de cuatro ríos: Bernesga, Torio y Curueño, flanqueándola por el este el
Porma; y cuatro puertos que le dan paso hacia Asturias: Pajares, Piedrafita,
Vegarada y San Isidro.
EL valle del Bernesga, al oeste, es quizás el que más contrastes ofrece. Ha sido históricamente la vía de comunicación más importante de la Meseta con Asturias a través del puerto de Pajares, por carretera y luego por ferrocarril; y lo sigue siendo actualmente, por ferrocarril, y por la carretera corno vía alternativa a la autopista León-Campomanes. Zona industrial, con centro en La Robla, minera (Santa Lucía, Ciñera), turística (Villamanín, La Pola de Gordón), y sin embargo, al menor desvío de esta ruta de la modernidad transformadora, se encuentran a un lado y a otro lugares suspendidos en el tiempo, dedicados a una vida tradicional, ganadera y pastoril: valles retacados como el de Camplongo, o de inmensos pastizales como en Rodiezmo y Casares; concejos -el nombre apura hoy una historia larga- de Alba y Fenar, La Tercia, Gordón.
Otro valle nos acerca más al corazón de esta montaña, o mejor: a su media; y precisamente así se llama: La Mediana (por supuesto, de Los Argüellos). Este es el valle alto del Torio, que de Vegacervera hacia abajo puede presentar las heridas mineras de un paisaje alterado (Matallana y su barrio de la Estación) o enclaves recónditos y agrestes como el que alberga Correcillas, al fondo de un angosto valle. Aguas arriba de Vegacervera los lugares sorprendentes se suceden: las Hoces de roca pura, la sima de Valporquero, o de otro lado, por encima de Rodillazo, la extensa planicie del valle del Marqués, amurallada por la crestería de altas montañas. Más arriba, Gete se esconde hacia el interior del valle, mientras que Getino mantiene su tradición ventera al pie del camino. Territorio astur-cántabro (apareció una lápida alusiva a los Viancios), frecuentado por los romanos (explotaron el cobre), por lo menos un nombre testimonia la influencia árabe, Almuzara ("tierra cultivable" en árabe), y otro que bien podría, Cármenes (de carmen, "casa con jardín", aunque lo más probable es que derive de la raíz Kar, piedra). Lugar de vida apacible, donde no faltan blasones, animado por el turismo veraniego, Cármenes fue capital del antiguo concejo de La Mediana de los Argüellos. Más allá, los Pontedos, Piornedo, Piedrafita, y Canseco desviado en su confín, son pequeños núcleos que viven de la ganadería, habitados apenas.
Por la collada de Valdeteja -o de Genicera, según otros- se accede desde el Torio al valle más oriental del Curueño, similar a aquél si no su igual por las condiciones de vida y las características de los caseríos populares, y aun del paisaje: Hoces de Veldeteja. Esta ribera alta del Curueño es propiamente la montaña de Los Argüellos. Pueblos de economía ganadera y vida pastoril arriba desde el puerto de Vegarada (Redipuertas, Lugueros, Cerulleda, Llamazares, las dos Tolibias...), y abajo (el medieval Montuerto, Valdepiélago, La Cándana, Aviados). Un valle lateral acoge a La Braña y a Arintero, cuna de la protagonista de uno de los episodios más peculiares de la historia de España: la mujer que se fue a la guerra. Nocedo tuvo el prestigio de su balneario. Y Valdorria, rescolgándose sobre la ladera en un lugar impresionante, fue refugio de ermitaños medievales. Una calzada romana ascendía desde Puente Villarente hacia Asturias, por Vegarada, siguiendo este curso alto del Curueño. La Vecilla ejerce la capitalidad; cuidada, bien comunicada y dotada de servicios, es villa de veraneo. No hay industria aquí -fábricas de embutidos aparte, en La Vecilla y Lugueros-, pero sí algo que se le parece: la producción de los gallos de La Cándana, cuyas plumas legendarias son materia prima para una próspera artesanía.
Por último, al valle alto del Porma se accede desde Boñar, que es su población más importante, centro de comunicaciones, comercial, de servicios y turístico, tiene acreditadas, también, sus ferias ganaderas. El embalse del Porma, que anegó el concejo de Vegamián, ha pasado de ser una alteración para convertirse en otro elemento paisajístico de una zona que abunda en ellos. Unos en su estado más natural, como el pinar autóctono de Lillo. Otros con su intensiva explotación turística de temporada, como la estación invernal del puerto de San Isidro. Esta es la montaña de la reserva nacional de Mampodre, que comparte con Valdeburón al este, comunicado por el puerto de Las Señales, y con la cabecera del Curueño por el oeste. Es la montaña de los lagos Isoba y El Ausente, con sus leyendas. De pueblecitos ganaderos recogidos sobre parajes de sosiego, Primajas, Viego, Reyero, Pallide, Orones, Redipollos, Cofiñal, y de villas históricas como Puebla de Lillo, en la actualidad cabeza de un programa de explotación ganadera de alta montaña, que es, en general, la actividad básica de toda la zona, junto con algunas industrias derivadas (embutidos, queso).
Punto de partida
"Si viajando desde la meseta queremos penetrar en la montaña leonesa, hemos de bajar primero a la depresión de contacto, donde encontraremos núcleos de población...: La Magdalena, La Robla, Matallana de Torío, La Vecilla, Boñar, Cistierna..., son otras tantas puertas por las que penetraremos en la muralla montañosa.
La carretera tendrá que bordear siempre el río, pues la estrechez del valle no permite otra cosa. A veces en las Hoces ha sido necesario abrir túneles o construir puentes de una a otra ladera huyendo de la verticalidad de las paredes.
Pero no todo son hoces. Con frecuencia la grandiosidad sobrecogedora de un paisaje de calizas o cuarcitas queda olvidada ante una riente vega ensanchada en valles laterales que pueden alcanzar varios kilómetros. Una suave collada, en la cabecera de estos valles laterales, pondrá siempre en comunicación al Esla con el Porma, al Porma con el Curueño, al Curueño con el Torío y al Torío con el Bernesga.
Y es que a medida que remontamos los valles, los estratos se van sucediendo en formas de relieve variadísimas. Los bosques predominan en las colladas y laderas de las vegas, pero los relieves calizos siempre estarán desnudos de media ladera arriba. En su base o guzpeña medrará un tupido bosque, en el que predominará el haya. El roble está en decadencia en toda la montaña.
El fondo de los valles está lleno de prados de regadío. Sobre algún replano de depósitos recientes o en la panda ladera de algún relieve pizarroso, aparecerán los dos baos o pagos de tierras de cultivo. Antaño un bao estaba vacío; hoy día uno de los baos tiene patatas y el otro cereales. Los prados de secano, sobre las vaguadas que asurquen los pequeños relieves".
J.L. MARTÍN GALINDO
Hoces de Vegacervera
Superficie: 9.000 Ha. Localización: Vegacervera, Cármenes.
La erosión fluvial sobre la caliza característica de la Cordillera Cantábrica, aquí en sus estribaciones meridionales, ha dado lugar a esta espectacular garganta de paredes desnudas, heridas de grietas y cuchillas, que se alzan a ambos lados del curso del río Torío. La vegetación se encontrará en el entorno: praderas de Cármenes y Almuzara, hayedos en las umbrías de Getino, Valporquero, valle de Rodillazo, y por encima de éste, el herbazal alpino del valle del Marqués, singular enclave de planitud y belleza asombrosas a 1.400 metros de altitud.
Pero en las hoces, el dominio es de la roca pura. Aunque cortas en extensión y con una altura de unos 100 metros, es la verticalidad y su sensación de cierre, lo que impresiona de estas hoces, donde la vegetación es puramente testimonial.
Sobre el pasillo de cielo entre las rocas no es raro contemplar el vuelo del alimoche y del águila culebrera; no obstante, el rey del roquedo es el treparriscos, y la reina de las aguas del río, la trucha.
El agua se filtra por los lapiaces desde las laderas calcáreas y bajo el lecho del río sigue su proceso de erosión, y si bien hay que adentrarse en la Cueva de Valporquero para contemplar su efecto más espectacular, aflora en las hoces un curso de agua -cerrado por una verja- que no es sino un brazo del Torío, subterráneo, que reaparece después de siete kilómetros, desde Valporquero. Junto con la espeleología (las cuevas son numerosas, la del Rubio la más conocida), la escalada es otro de los atractivos que ofrece este singular paraje de la montaña leonesa.
Cueva de Valporquero
Localización: Vegacervera.
En un paraje de alta montaña, entre hayas y avellanos, bajo la vigía simbólica del Cogullón, un megalito natural en difícil equilibrio, tiene su acceso la cueva de Valporquero. Su formación se debe a un proceso geológico de millones de años iniciado a finales del Mioceno. Tres condiciones favorecieron el proceso: la disposición estratigráfica, el metamorfismo de la caliza y las filtraciones que dieron lugar a los "niveles base". Las galerías y salas se formaron cuando el agua subterránea se estabilizaba en un nivel; saturado éste, por filtración el agua descendía para formar otro nivel base. Condiciones favorables, de roca y agua, para la constitución de este impresionante complejo kárstico, pero teniendo en cuenta el dato señalado: el proceso duró millones de años.
De los dos niveles de la cueva, el inferior está ocupado por el curso subterráneo del río, es el llamado "curso de aguas" (3.150 m). El que se visita es el segundo nivel. La atracción en el interior comienza en los "gours", pequeños embalsamientos de agua en el cruce hacia Pequeñas Maravillas, la primera de la serie de salas y galerías: Gran Rotonda, Hadas, Cementerio Estalactítico, Gran Vía, Columna Solitaria y Maravillas.
En el techo, descendentes y agudas estalactitas. En el suelo, las estalagmitas, receptoras del goteo secular. Y formaciones excéntricas. Y aún más curiosos, los tubulares y frágiles "macarranos" que con un grosor de 1 centímetro llegan a alcanzar 4 metros de longitud. Y millares de finas agujas, en algunas partes a modo de tupida floración, como las estalactitas del techo de la sala Maravillas. Varios lagos animan con sus cristalinas aguas la cueva. En primavera y otoño, épocas de lluvias, el agua circulante forma cascadas (las más vistosas, en Hadas). Impresionantes son las grandes coladas estalactíticas. Y las estalagmitas, en su caprichosa formación, dan lugar a formas sugerentes a las que se ha puesto nombre: Virgen con el Niño, El Fantasma, etc. Espectaculares también son las 'formaciones en columna: enorme la denominada El Órgano, inclinada la Torre de Pisa, con una longitud de casi siete metros la Columna Solitaria.
La Diputación Provincial abrió esta cueva al público en 1966 y desde entonces es uno de los lugares de mayor atracción de la montaña leonesa.
La arriería argollana
"Más allá varios arrieros del concejo de Arbolio ajustan unas botas para vino, tantean cueros de buey y regatean unos folles caprunos o pellejos de cabra...".
Claudio Sánchez Albornoz escenifica este trato en su conocido libro sobre estampas de la vida en León durante el siglo X. Y anota a pie de página: "De Arbolio o Argüello eran hasta hace poco muchos arrieros leoneses". Existían pues los arrieros argollanos en el siglo X y el historiador, que escribe en el XX, los reconoce activos "hasta hace poco". En otro documento, del año 1551, dirigido por el rey Carlos V a un maestro de cantería, de nombre Rogil, que trabajaba en el arreglo del puente de Villarente, se interesa por el estado de los pasos -caminos y puentes- entre la montaña asturiana de Aller y la contigua de Los Argüellos leoneses. Por ellos, explica el rey, tiene lugar un tráfico de gentes "que ban y vienen por vituallas e mantenimientos de carne e de pescados frescos e otras cosas a las ferias y mercados de Vil/alón, e Rioseco, e Villamañán e León...", llevándose de vuelta trigo, vino, paños y otras mercancías.
Este tráfico, concretamente a través del puerto de Pajares, había sido reglamentado ya en 1234 por Fernando III. Arrieros argollanos de La Tercia (ribera alta del Bernesga) participaban en él. También lo hacían los de La Mediana (ribera altadel Torro), pasando hacia Pajares por Villamanín y hacia Vegarada por Lugueros. Y lo hacían, fundamentalmente por Vegarada, los arrieros del valle alto del Curueño, donde hay que localizar propiamente Los Argüellos.
Arrieros de día, pues tenían prohibido hacer el camino de noche por la inseguridad y los peligros, formaban recuas de caballos, los animales que preferían según M. González Flórez: "... bien enjaezados, con sus albardas sujetas al vientre con los cinchos, y al pecho, con los pretales"; y sobre las albardas, los cuévanos cargados con las mercancías y cubiertos si era preciso con pieles impermeabilizadas de cabra. También empleaban carros tirados por bueyes, según el autor citado: "De la zona de Lugueros salían, a veces, carros de bueyes cargados con utensilios de madera. Llevaban horcones, bieldos, palas, madreñas, estevas y cambas, que intercambiaban, en Tierra de Campos, por granos de trigo para molerlos después en los molinos de la montaña y fabricar el pan en los hornos caseros".
Al frente iba el Ordinario, un recuero que hacía de jefe de la expedición, responsable de encargos, tratos y cuentas que anotaba en el "Libro de los caminos". El titular del concejo extendía documentos que acreditaban a los arrieros en portazgos y mercados, y el mismo era quien autorizaba a portar armas, si se consideraba oportuno. A veces los vecinos colaboraban en la recua, y por lo general, el oficio pasaba de padres a hijos.
Hoces de Valdeteja-Nocedo
Superficie: 11.500 Ha. Localización: Valdepiélago, Valdeteja, Valdelugueros.
Garganta que encañona el río Curueño, en su curso alto, formada por grandes bloques calizos. La erosión ha dado lugar a numerosas y grandes cavidades que se observan a lo largo de las hoces. Las más interesantes desde el punto de vista espeleológico son las de El Arenal y Tibigracias; con un detalle añadido a su belleza natural, el interés científico que supone al tratarse de cuevas que siguen aún en proceso de formación, recorridas por corrientes de agua, es decir: se trata de cuevas vivas.
El paisaje calizo de la roca alterna con una vegetación dispersa pero frecuente, de brezos, piornos, enebros, pequeñas praderas en los espacios más abiertos y en torno a los pueblos, con melojos e incluso encinas de porte arbustivo en las laderas a mediodía; y algún hayedo en los parajes altos de los valles. Bosquete de tejos en el monte Tejedo.
El agua, de curso rápido en unas partes, empozada en otras en cristalinos remansos, da amenidad a la panorámica alba de la caliza. La calzada romana de Villarente al puerto de Vegarada sigue el curso del río siendo visibles sus restos en algunas partes, jalonada por puentes, de reconstrucción medieval, entre los que sobresale el de los Verdugos recientemente rehabilitado (lo que debería hacerse con la antigua calzada).
El Fontanón de Nocedo, de aguas termales, es una resurgencia en caliza de montaña. Zona truchera, es un espectáculo -aquí y en todos los ríos trucheros de León- contemplar las frezas en primavera.
Esta cuenca alta del Curueño comunica con la del Torío a través de la collada de Valdeteja, por un valle alto y amplio, entre prados verdes y laderas donde perviven algunas manchas de arbolado.
La casa montañesa
Las viviendas tradicionales de esta zona de la montaña (Torres Balbas, a quien seguimos, se refiere a las casas de Riaño y La Vecilla) son rectangulares, de muros de canto rodado trabados con barro. La fábrica se mejora en las esquinas y la puerta, en ésta con dovelas de sillería o de dintel. Los huecos al exterior son escasos y pequeños, «suelen tener también marco de sillería, con algún rebajo, rudimentos de molduras, labores y hasta, a veces, toscos relieves».
Los tejados, a dos aguas, están fuertemente inclinados y en su terminación suelen apoyarse en pies derechos de madera de haya (horcas). «Adosados a los muros largos de fachada pónense de trecho en trecho pies derechos que se corresponden con otros interiores llamados este/os y unidos sobre el muro por un solero de madera en el que va una carrera En ésta y en la cumbrera apoyan los pares sobre los cuales va un forjado hecho con ramas de roble que se llaman zarzos.»
Un muro longitudinal, de mampostería, divide el interior.
Un portón grande, de dos hojas, da acceso al amplio portal. En primer lugar se abre a un lado el dormitorio, a su lado la cocina, con puerta al portal y el hogar en el centro, así como, en uno de los ángulos, el horno del pan. Al fondo del portal, la cuadra. Todas las de-pendencias se hallan separadas por muros de mampostería.
De la cocina sale el humo por una ventana, «y entre ésta y el techo queda un espacio en el que se curan los chorizos y demás productos de la matanza De la misma manera, entre el techo de las distintas dependencias y la cubierta de la casa, hay un espacio habilitado como pajar, con un pequeño hueco abierto al exterior. El alero, bajo el vuelo de la cubierta, se utiliza para guardar la leña.
En estas casas montañesas, «la habitación más reducida es el dormitorio; las más grandes e importantes, el portal y la cuadra».
El Pinar de Lillo
Superficie: 2,7 Km2. Localización: Puebla de Lillo.
El pinar se halla enclavado en el interior de la reserva de Mampodre. Se trata de un bosque natural de Pinus silvestris, uno de los más occidentales de la especie y el único con su extensión considerado como autóctono en toda la Cordillera Cantábrica.
Es el pinar que Madoz llama Villaoscura. Fue de realengo hasta el siglo XII, cuando pasó a Lillo por donación de Fernando II. En la actualidad la propiedad es compartida por los pueblos de Lillo y Cofiñal. Como curiosidad histórica cabe reseñar que de este pinar salió en el siglo XIX la madera para reparar la maltrecha cubierta de la catedral de León.
Se halla situado el pinar entre los 1.200 y 1.700 metros y ocupa una extensión de unas 300 hectáreas. Limita con las manchas de abedul y el verde pálido de los argomenos en el Sestil de Zampuerna, Los Lastrales y La Cerra, y con las hayas y los robles en La Guaría y La Canalina. También hay acebos, y tejos en La Oscura, y otras especies caducifolias que, en conjunto, hacen que el pinar estalle en otoño en mil matices de color.
La presencia del agua en el pinar de Lillo tiene su mejor y más ameno lugar en Los Fosfogones. Pinos de hasta 150 años se encuentran en la zona de la Vega Bajera. Pero el sector más importante es la ladera conocida como Los Pinares, en el abesedo, donde se conservan los mejores ejemplares de pino silvestre o albar: erguidos, rectos, inmensos pinos de 500 años y más.
Hacia el otoño resuena en el pinar la berrea de los venados. Abundan jabalíes, corzos y urogallos, con los que comparte espacio el cada vez más contemporizador lobo.
Reserva Nacional de Mampodre
Superficie: 29.238 Ha. Localización: Valdelugueros, Puebla de Lillo, Maraña.
El nombre de Mampodre se hace venir de "manos podadas", el castigo que infligían los conquistadores romanos a los astures rebeldes, a quienes confinaban -historia o leyenda- en estos montes.
Los límites de la reserva de Mampodre se extienden por el norte desde el pico del Abedular (1.819 m) al puerto de San Isidro (1.520 m), y desde aquí hasta el puerto de Vegarada (1.560 m); las altitudes máximas de este quebrado cordal se encuentran en el Toneo (2.094 m) y el Nogales (2.076 m). Bajo el primero de ellos la sierra de Sentiles (en línea noroeste-suroeste) culmina en La Cuerna (2.085 m) y cobija el lago del Ausente, bajo el pico homónimo, un lago de formación glaciar, de unas 4 Ha conformando un redondel casi perfecto de 250 metros de diámetro, cuyas aguas, carentes de vegetación, llaman la atención por sus reflejos nítidos: azules si el cielo está azul, grises si gris, negras en la noche negra. El otro lago, referente cultural y turístico de la zona, es el de Isoba (0,5 Ha), solitario, motivo de leyendas como el Ausente, pero al contrario que éste atrofiado por una densa vegetación interior que da color verdoso a sus aguas.
Hacia el poniente de la sierra de Sentiles, en el límite suroeste de la reserva, se abre la cuenca del Curueño, que nace en Vegarada y es uno de los dos ríos principales del territorio (aguas abajo, no lejos, se encajonará en rápidos y pozas: en las hoces de Valdeteja). El límite por el sur es la divisoria entre el Curueño y el otro río principal, el Porma. Este nace en Fuenporma y enseguida se nutre de las aguas procedentes del puerto de San Isidro, del Isoba, del Silván, y de las de arroyos que descienden las de las fuentes de Respín y la Fuentona. Poco más allá de la reserva el Porma, a su vez, alimenta el embalse que regula su cauce hacia la meseta.
En el ángulo noroeste, aislado entre el valle del Porma y el oriental del Esla, emerge, colosal, perfectamente definido en su aislamiento, el macizo de Mampodre que da nombre a la reserva, con sus cotas máximas en el Mediodía (2.190 m) y el pico de la Cruz 12.164 m).
La alta montaña cantábrica a la que pertenece Mampodre continúa aquí su paisaje vegetal característico. En las zonas altas de los valles, desde y hasta los límites del roquedo, bosques de haya y de roble -éste en regresión-, junto con bosquetes de abedul, acebo, y presencia de tejos. El matorral dominante es de escobas, piornos y brezos. En el entorno de los cauces bajos crecen fresnos, olmos, sauces, chopos, etc. Las praderas naturales, al igual que los bosques, han constituido de antiguo la riqueza más importante de la región y han determinado el hábitat y el estilo tradicional de vida de las gentes.
Lugares singulares dentro de la reserva son el pinar de Lillo, el pinar autóctono de Redipollos (El Pinarín), las hayas y los robles de La Guaría, y el hayedo de La Canalina cerca de los pastizales de Tronisco, en la zona de Lillo. En Vegarada, lo emblemático -si cabe decirlo así- es el arándano; y un espléndido acebal por arriba de Valdelugueros.
Peña arriba -peña caliza, arriscada, alba- es el territorio del rebeco, como sucede en tantas partes de la montaña cantábrica leonesa. Menos significativa es la presencia de ciervos, aunque es fácil avistar venados en Los Negros de Cofiñal, donde hacen vibrar la noche durante las berreas en otoño. Corzos, jabalíes, urogallos, lobos y águilas reales, encabezan una larga y representativa fauna de este extenso enclave de especial interés natural.
Boñar
"Puede decirse que en esta subcomarca se aprecia una clara transición desde las simples organizaciones y las cerradas y cúbicas casas de la zona más septentrional, de la que participan en algún modo los núcleos situados al norte de Boñar, hacia las casas más complejas, en las que poco a poco se hace presente el carácter agrario que va a aparecer reiteradamente en los Páramos y Tierras de León. Se puede señalar que el corazón de la comarca (Boñar) actúa como una zona intermedia, donde el corral adquiere ya cierta importancia y será al sur, al abrirse los valles del Porma y Nava a partir de Candanedo de Boñar y Fresnedo respectivamente, cuando incluso se marque el cambio significativo de materiales: la piedra por el barro".
J. L. García Grinda
| Boñar, asentado en su amplia vega, es uno de los núcleos estratégicos (como La Magdalena, La Robla, La Vecilla y Cistierna) en la línea de comunicación de la meseta y la montaña. Centro comercial y de servicios de la comarca, núcleo turístico, mantiene su importancia ferial. Paisajes Españoles |
| Embalse del Porma. Se aprecian los núcleos de Utrero, Ferreras y Valdehuesa. Las cresterías de las montañas, y entre su abrupto relieve las antiguas superficies de erosión, evidencian la complicada tectónica de la Cordillera Cantábrica. Goecart |
| Impresiones de la montaña de Lillo: la roja intensidad de las hayas en otoño, aquí en el camino de Cofiñal a Tronisco. P. Juárez |
| Impresiones de la montaña de Lillo: el verde intenso de los prados, en primavera y verano. M. Sánchez / P. Lozano |
| En las noches de Cofiñal, hacia el otoño, sobrecogen las berreas de los venados en el pinar. M. Sánchez / P. Lozano |
| En el puerto de San Isidro, las completas instalaciones para la práctica del esquí que mantiene la Diputación de León, añaden al espectáculo natural un atractivo deportivo y turístico con influencia en la zona. Imagen M.A.S. |
| La Vecilla, solar de hidalgos, con torreón militar del siglo XV. En el límite meridional de la montaña del Curueño, a la que sirve de centro comercial y de servicios. Cuenta con buenas casas, obra de canteros, que dan carácter urbano a la villa, muy frecuentada en verano. Paisajes Españoles. |
| Valdorria (arriba). Este lugar recóndito, cobijado a los pies de Peña Valdorria (1.920 m), fue elegido en el siglo IX por el patrono de León, San Froilán, primero para su propio retiro como ermitaño, en la cueva de la peña, y luego para la fundación de una comunidad de monjes en el monasterio de San Juan de Valdecésar. Archivo SG |
| Puente de los Verdugos, de reconstrucción medieval, sobre la calzada de Villarente a Vegarada. Imagen MAS |
| Lavandera, en la collada de Valdeteja (también se llama de Genicera), entre el Torio y el Curueño. Las reuniones de los hombres buenos de los concejos de Argüellos, se celebraban en Genicera. Aquí resolvían pleitos entre vecinos y tomaban decisiones para el común, y al final, según la tradición, bebían ritualmente en un vaso de plata vino de un cántaro de cuatro azumbres. Archivo SG |
| Correcillas, al fondo de un estrecho valle que en la Edad Media comunicaba con el del Curueño, a través de Valdorria y Nocedo, frecuentado por peregrinos que buscaban el amparo del castillo de San Salvador, en Montuerto. Conserva casas de corredor y casas de volumen cúbico, representativas de la zona. Archivo SG |
| Pontedo, de antiguo origen medieval, vuelca su caserío en manzanas lineales sobre el camino. Un aspecto de casas de la calle Real. Archivo SG |
| Cármenes presenta casonas solariegas y una buena arquitectura de principios de siglo que se organiza sobre la calle principal. M. Sánchez / P. Lozano |
| De esta transición quizás forme parte, también, el vivaz y confiado petirrojo, que frecuenta bosques y jardines. M. Sánchez / P. Lozano |
| Tras el extenso y tupido pinar de La Robla, aparece ya la meseta, en altiplanicie. Este es el límite meridional de la montaña central; a partir de aquí, paisaje y formas de vida, hábitat y actividad, cambian de contenido y de aspecto. Archivo SG |
| Santa Lucía de Gordón, modelo urbano y económico de pueblo autónomo, es uno de los núcleos históricos de la minería leonesa del carbón en la montaña central (cuenca de Ciñera). Archivo SG |
| La Robla es el núcleo más importante de esta zona de contacto entre la meseta y la montaña a través del puerto de Pajares. La transformación de La Robla de pueblo-mercado a microurbe de base industrial, tiene sus antecedentes en la minería y se ha consolidado a lo largo del presente silgo. Paisajes Españoles |
| Pola de Gordón, entre el ferrocarril y la carretera que comunican la meseta con Asturias, conserva su trazado lineal medieval. Geocart |
| Geras de Gordón, en las inmediaciones de la collada de Aralla, escalona hasta cuatro barrios pastoriles en la dirección del puerto. M. Sánchez / P. Lozano |
| Ladera arbolada del valle de Bustamores, en Pendilla (Arbas), con el arroyo que confluye en el río Las Vegas. W. Álvarez Oblanca |
| El Valle de la Tercia es un valle amplio, surcado por el río Rodiezmo, afluente del Bernesga, en el contacto de las calizas de montaña y las cuarcitas ordovicienses. Los pueblos, como San Martín y Pobladura (en la fotografía), viven de un terrazgo de prados, donde se han abandonado las parcelas abancaladas que escalonaban las pendientes. Geocart |