PESCA CON CAÑA
 

Iniciarse en la pesca de la trucha con cada me parece fenomenal. Es de los deportes que menos esfuerzos exige y más satisfacciones da. Se expone muy poco o nada y más que trabajo es una diversión, un pasatiempo.

Lanzar bien, con precisión, colocando la cucharilla o la mosca en un lugar determinado, exige tiempo.

Los primeros lances, hasta conseguir cierta puntería, se pueden hacer en el río, en la arena o en un prado.

La consagración como maestro exigirá muchas horas, pero todas ellas estarán llenas de agradables recuerdos, de anécdotas interesantes. Habrán dado pie para tener tema de conversación con los amigos a la hora del café.

Que lances desde la orilla o introduciéndole en el río es lo mismo; las botas de agua evitarán todo contacto directo con el liquido elemento. Si te sientes fatigado te sientas y contemplas el paisaje; la temporada es larga y el día desde que sale el sol hasta que se pone, da mucho de sí.

Aunque la pescara haya sido discreta nunca oí decir vengo cansado del río; todo lo contrario: se siente el placer de haber pasado un día fabuloso, y se hacen nuevos planes para el domingo siguiente; siempre con la misma ilusión y la esperanza de llenar la cesta.

Para los que tienen el río a tiro de piedra, es fácil acercarse y lanzar unas cañadas. Está bajando el mosquito, dicen, con un poco de suerte se puede sacar la merienda.

Para los jóvenes riberiegos una hora de bendiciones al río puede suponer uno o dos kg. de truchas, que traducidos a pesetas, 1.000 o 2.000 soluciona los gastillos de la semana.

Muchos alicientes tiene que tener la caña, si, solamente en la provincia de León, el número de licencias se eleva a más de 40.000.

De toda España y también del extranjero, se desplazan los aficionados para disfrutar de los ríos leoneses. Los mejores de Europa según los entendidos.

La pintona tiene muchos admiradores.

A todo esto tenemos que añadir el tinglado comercial que se ha montado alrededor de la saltona. Tiendas deportivas, montadores de anzuelos, mosca seca y de pluma, los gallos de la Cándana que proporcionan la pluma...

Sigamos. El aficionado que se acerca al río, va de punta en blanco: bota de agua y del tamaño que sea necesario, una ligerísima caña que sostiene un carrete, el último modelo importado de Francia, Japón o Taiwan, el mosquito del día y hora, y la cesta, el último modelo.

Terminada la jornada, el coche para dejar los trastos y volver a casa.

¿Se puede pedir algo más?

Sí, llenar la cesta.

Pero eso ya es harina de otro costal.

Los jóvenes de mi tiempo en cambio, descalzos, pantalón remangado, y una horqueta de mimbre para llevar las truchas.

Y ¿qué más?

Nada más.

¡Con qué pocas cosas se puede ser feliz!

Si te acercas al río y sigues de cerca a un pescador, podrás observar cosas interesantes. Le verás entregado en cuerpo y alma.

Está absorto, nada le distrae. Todos sus sentidos y energías están centrados en aquello. Una mano sostiene la caña, la otra recoge o da suelta al sedal, según convenga. La vista recorre la trayectoria del sedal una y otra vez. Recoge y vuelve a lanzar. Sin pensarlo ni lanzar una mirada a su alrededor, avanza unos pasos al mismo tiempo que elige el lugar para el siguiente lance. Una y otra vez sigue lanzando con la misma ilusión, esperando la picada.

Cuando «traba», una gran emoción le recorre de pies a cabeza. Se concentra de tal manera que todo a su alrededor desaparece.

Le comparo al gato cuando, localizado el ratón, se aísla de todo y todo su ser vive la realidad de ese momento.

Es un deporte cuyo protagonista es uno mismo. No molestas a nadie ni nadie te molesta. Puedes pasar horas sin hablar con nadie, si no es contigo mismo. Andas a tu aire, no estás pendiente de nadie. No hay árbitro que detenga el lance, ni entrenador que ordene un cambio.

Vas, vienes, subes, bajas, eres tú solo el único árbitro de todos tus pasos.

Muchos padres, preocupados por la educación de sus hijos, los inician en este bello deporte.

Lo considero muy positivo por varias razones: los aleja de compañeros en ocasiones poco recomendables; del ruido y ajetreo de la ciudad; al convivir en medio de la naturaleza, comenzarán a amarla y respetarla; el aire puro los relajará y templará sus nervios.

A todos los que sientan la llamada del río, les invito a seguirla, no se arrepentirán.

MODALIDADES

En la pesca con caña pueden darse las siguientes modalidades: cucharilla, mosca seca, mosca ahogada o pluma y cebo.

Los cebos que más se usan por estas tierras son: la lombriz, la gusarapa, el gusarapin y el maravallo.

Los artistas de la caña están de acuerdo en que, llegar a ser maestro en cualquiera de las modalidades, no es fácil.

¿En posible llegar a dominarlas todas?

Cada uno tiene sus preferencias.

¿Conocemos suficientemente la trucha, sus gustos, sus caprichos, sus reacciones...?

CUALQUIER TIEMPO PASADO...

Los ríos leoneses han conocido pescadores de postín, lo mismo con la tiradera que con la caña.

Bernardo Alonso e Isaías Ordóñez, fueron maestros con la caña, sentaron cátedra.

Acompañarles al río era ir de sorpresa en sorpresa. Un auténtico festín para los amantes de la pesca.

¿Ves aquella trucha? -me decían-.

Después de mirar y remirar atentamente, conseguía al fin localizar a la pintona que, atenta a lo que pasaba a su alrededor, buscaba cómo saciar su apetito.

Sí, ahora ya la veo.

La verás aquí -y señalaban la cesta-.

Un lance con precisión matemática y unos movimientos de muñeca inapreciables para el profano, y la trucha quedaba prendida del anzuelo.

Verla para creerlo.

Ocurría a veces, encontrarme con ellos y preguntarles:

¿Salís hoy a pescar?

No pensábamos, pero tenemos un encargo de 15 kg. y hay que ir a buscarlos. Con esta naturalidad.

Para Bernardo todos los ríos leoneses eran muy buenos y no tenían secretos.

En alguna campaña consiguió todo un record: 1.000 kg. de truchas arrancadas al río a fuerza de constancia y saber hacer.

No es una quimera ni un sueño. Fue una realidad allá por los años 45 al 60.

Hoy día ¡ni soñarlo!

Los 40.000 pescadores que patean nuestras riberas, esquilman más los ríos, que antaño todos los artilugios que se empleaban para pescar.

La caña lo anda todo, hasta el último rincón.

 

Jóvenes, disfrutan de la naturaleza.
Los gallos de la Cándana que proporcionan la pluma.
Los gallos de la Cándana que proporcionan la pluma.
Los gallos de la Cándana que proporcionan la pluma.
El sueño del pescador, llenar la cesta.
Nada en la vida se consigue sin esfuerzo.
Son unos momentos de mucha emoción.
Artesano haciendo mosquitos: Mosca seca.
Artesano haciendo mosquitos: Mosca ahogada.