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RESTAURACIÓN

2005

 
 

 

Carlos Muñoz de Pablos [1938]

La maravilla de pintar la luz

Cincuenta años de maestría y estudio, de investigación y de arte al servicio de los más insignes edificios y arquitectos españoles del siglo XX. Carlos Muñoz de Pablos, afamado vidrierista segoviano, nació en la ciudad del Acueducto en 1938 y es uno de los referentes más importantes de la restauración en España, pues además de dedicarse al estudio, conservación y protección de las vidrieras antiguas, consigue insertarlas en el conjunto de los edificios monumentales que restaura. Su formación temprana se inicia en las Escuelas de artes y oficios de Segovia y Madrid, para continuar posteriormente en los Talleres Maumenjean y en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Con tal bagaje comenzó a trabajar en 1958, cuando, como él mismo reconoce, «hablar de vidrieras era una especie de exotismo que nadie entendía». Actualmente, ningún entendido duda de su autoridad en la materia, reconocida y alabada a escala internacional. Dedica su oficio a la restauración de los conjuntos vitrales antiguos mediante piezas originales, de modo que emplea piezas nuevas pero a través de técnicas antiguas.

«La vidriera trata de solucionar un problema», afirma, «el destino de la vidriera es tapar un hueco, es un cerramiento... Soy un servidor de algo que también tiene una función social como es la arquitectura. Cuando he tenido que hacer vidrieras mías para introducirlas en edificios históricos se me ha planteado el reto de hacer algo coherente y armónicamente integrado en la historia pero desde un planteamiento contemporáneo. Este es el reto que prefiero. Se puede pensar que es un condicionamiento o una servidumbre, pero es precisamente en esa dificultad donde me siento más a gusto, más yo. Aunque sea una faceta mucho más desconocida que la arqueología de la vidriera».

Cofundador, en 1982, junto a Erick Clavería, del Centro Nacional del Vidrio, situado en la antigua Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso, presidió su patronato durante casi veinte años. También fundó, junto a Francisco —Kico— Argüello y al escultor Coomontes, el grupo de investigación y desarrollo de Arte Sacro «Gremio 62», que realizó diversas exposiciones. El segoviano, que frecuenta asimismo la pintura mural, ha trabajado para las grandes catedrales de este país, pero también para los arquitectos más importantes del siglo XX. En Castilla y León destacan, entre otros muchos, sus trabajos en Rubí de Bracamonte, en la iglesia de San Francisco y San José de Ávila; la Cartuja de Miraflores, Covarrubias, la iglesia de Santa María de Valpuesta y San Gil en Burgos; Támara, Santoyo y Villalcázar de Sirga (Palencia); Fuente Pelayo y San Millán (Segovia); Caracena, Castillejo de Robledo, Santo Domingo y San Juan de Rabanera (Soria); y en Valladolid, el colegio de San José y el propio Monasterio del Prado, sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, donde realizó la cubierta de la sala Fray Pío, obra inspirada en la cubierta de la antigua sacristía del Monasterio. Asimismo, ha realizado vidrieras para 13 catedrales y concatedrales: Ávila, Burgos, Burgo de Osma, Cádiz, Castellón, Guadalajara, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Sigüenza, Toledo y Vitoria, aunque su obra se extiende por toda España y Europa.

El segoviano trabaja, investiga, experimenta, y también enseña: su labor docente la ha desarrollado en el Master de Patrimonio de la Universidad de Alcalá de Henares así como en las instituciones universitarias de Salamanca, la Politécnica de Madrid y la Menéndez Pelayo: «Para poder formar a unos alumnos en un oficio cualquiera, es fundamental formar antes al profesorado. Aquí habría que hacer una labor como la que se plantearon para la Enciclopedia Francesa en tiempos de la Ilustración».

En la actualidad, Carlos Muñoz de Pablos trabaja en su taller de Segovia junto a sus hijos Alfonso y Pablo y otra persona más, y ha formado parte de distintos organismos destinados a la promoción de este oficio como el Consejo de Europa, Corpus Vitrearum Medii Aevi y el Instituto Diego de Velázquez. Es Académico de Número de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, y correspondiente de la de Bellas Artes de Madrid. «Es importante no solamente restaurar, sino conservar y mantener», reconoce, tarea que exige «una atención continua. Si una iglesia deja de tener culto, ese cambio de función también puede alterar la parte de contenido estético».