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RESTAURACIÓN

2002

 
 

 

Sebastián Battaner Arias [1941]

Mecenas de lujo para Castilla y León

Aseguran muchos que negocio y cultura pocas veces se dan la mano, que casi siempre se repelen: pero en Sebastián Battaner encontraron un nexo de éxito, un promotor cultural y artístico de excepción. Las Edades del Hombre son, sin duda, estandarte privilegiado de su labor. Nacido en Salamanca en 1941, ya de pequeño aprendió a hacer barcos de madera con los embalajes de la tienda de su padre; eran los primeros pasos de un joven y activo comerciante que vendió biciclos, sombreros y material eléctrico, que incluso fue fabricante de perfumería infantil además de ayudar a su padre a llevar paquetes en un carretillo a los coche de línea. Pero antes de eso había hecho casi de todo: recogió patatas, lavó platos e incluso se hartó a pulir aviones en la localidad alemana de Kalsruhe. Terminó el bachillerato en 1958, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad de Deusto y en Derecho por la de Valladolid, dio clases de profesor de Economía de la Empresa y de Estrategia Financiera en Deusto y en el Instituto Superior de Dirección de Empresa.

Director administrativo de «Aceros de Llodio» y «Tubos Especiales de Olarra», su relación con las entidades bancarias comenzó como jefe de gabinete técnico de Caja Ávila; después fue director de la oficina principal del Banco Atlántico de Madrid. Ligado a lo que luego sería Caja Duero desde 1981, fue director general entre 1984 y 1991. Sin embargo, las discrepancias con su antecesor en la presidencia, Fernando Modrego, en el polémico proceso de fusión de Caja Salamanca y Soria le llevaron a la dirección de Unicaja. 810 días después volvió triunfante a la entidad, en buena medida gracias a la labor de su amigo Rafael Sierra, líder de la UGT en la entidad que diseñó una minuciosa estrategia para elevar a la presidencia a un ex director que, como él dijo, «me ha enseñado mucho y ha aportado mucho a esta institución». Presidió la Caja de Ahorros de Salamanca y Soria y el Grupo Duero S.A. desde 1993 hasta 2003. Diez años de gestión presididos por un talante conciliador y dialogante, pero también por la excelencia empresarial: bajo su mandato se multiplicó por tres el tamaño de la entidad, triplicó el resultado en una época de estrechamiento de márgenes, amplió la plantilla de 1.538 a los 2.393 trabajadores actuales y extendió su red de oficinas por toda España gracias a la compra de sucursales del Credit Lyonnais. Veloz ascenso, brillante trayectoria la de un Battaner convertido, además, en mecenas de excepción del arte, la cultura y el patrimonio histórico de Castilla y León.

Su concurso de patrocinio resultó decisivo para poner en marcha la primera edición de las Edades del Hombre, sonado éxito que desbordó las perspectivas más optimistas. Es más, Battaner, que por entonces estaba al frente de la Caja de Salamanca, alentó la ampliación del proyecto inicial a varias fases, a celebrar en diversas ciudades. Su discurso pronunciado en la fase salmantina (1993-1994) de la exposición es, a este respecto, esclarecedor: «Al ánimo de empezar la gloria de concluir. Así reza el conocido epitafio del frontis de la iglesia salmantina de S. Boal... Por ello la etapa salmantina, en cuanto análisis y futuro, reflexión del pasado y perspectiva, debe ser abierta, tiene que ser abierta y prometedora. Debe mirar adelante».

De ahí en adelante, Battaner no cesaría de poner el nombre de su entidad allí donde la promoción cultural de calidad lo reclamase: el II Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Valladolid del 16 al 19 de octubre de 2001; la publicación de Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español (2001), libro en el que cada miembro de la RAE escribió un artículo sobre la letra de su sillón; la ópera El Quijote de Cristóbal Halftter; las actividades de la Capital Cultural Europea Salamanca 2002; el patrocinio de la Enciclopedia del Románico (2003); el apoyo a la restauración y conservación de bienes muebles o inmuebles; la divulgación patrimonial de la pintura española en Roma; la presencia en España de los yacimientos arqueológicos de Nimpheas (2003); el Centro Cultural soriano «Gaya Nuño»; exposiciones, salas culturales, bibliotecas... la lista es interminable. Por algo el Jurado que decidió concederle el Premio Castilla y León de las Artes destacó «su personal sensibilidad con la cultura, el arte y el Patrimonio histórico y su impulso al mecenazgo a través de entidades que ha dirigido», haciendo especial hincapié en actividades tan destacadas como su participación en Salamanca Ciudad Cultural 2002 y su apoyo a proyectos como Las Edades del Hombre y Santa María la Real.

Miembro, entre otras entidades, de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, de la Fundación Santa María la Real y de la Fundación Duques de Soria, cuando en 2002 se le hizo entrega de la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, la entonces ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, aseguraba que Battaner, «consciente de su deber con la sociedad, ha impulsado bellos proyectos culturales, muy ligados a Castilla y León y especialmente a su tierra natal, Salamanca». Sólo en 2001, la entidad que presidía invirtió 24 millones de euros en diferentes actividades sociales y culturales de Castilla y León, con lo que su Obra Social se convertía en el principal mecenas de su zona de actuación. Un año antes, Salamanca le había concedido la Medalla de Oro de la ciudad. Aparte de la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco (2000), ha recibido el Premio Gredos 2004 en reconocimiento a su labor a favor del patrimonio de Castilla y León. Tras su renuncia a la presidencia de Caja Duero, hecha efectiva en septiembre de 2003, se mantuvo como consejero de la entidad hasta marzo de 2004, fecha en la que fue elegido por la Federación de las Cajas de Ahorros de Castilla y León como representante de las mismas en el consejo de Administración de Iberdrola.