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INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA

1988

 
 

 

Pedro Gómez Bosque [1920]

Anatomía de la bondad

Es la bondad y la sabiduría hechas carne, humanista irrepetible, anatomista y filósofo y maestro de grandes profesores. Pedro Gómez Bosque nació en 1920 en San Lorenzo de El Escorial. Huérfano con cuatro años, su madre, brutalmente golpeada por la muerte de una hija pequeña que sólo contaba un año y medio de edad, decidió trasladar a la familia a Málaga. La vida de Pedro Gómez Bosque deambula entre Málaga y el pueblo vallisoletano de La Zarza, donde vivían sus abuelos paternos. Comenzó los estudios en La Zarza y el bachillerato lo realizó entre Málaga y el pueblo segoviano de Santa María la Real de Nieva. Fue movilizado por las tropas sublevadas el 18 de julio de 1936 y llegó a pasar unos meses en el frente de Guadarrama, luego lo enviaron a Bilbao y a Asturias. Una beca, otorgada en 1939, le permitió licenciarse en Medicina y Cirugía en 1945: entonces comenzó a interesarse por la psiquiatría y la psicología. Durante la carrera descolla como intelectual brillante, obtiene el «Premio Sierra» por votación de sus compañeros del segundo año de curso, y es nombrado alumno interno del Instituto Anatómico «Salvino Sierra», teniéndose que encargar de embalsamar cadáveres y hacer preparaciones de secciones y órganos concretos. Terminada la carrera, unas oposiciones al cuerpo de sanidad militar lo envían a la localidad marroquí de «Had de la Garbia», dónde sólo había ocho españoles.

Doctor en Medicina desde 1948, su regreso a España lo lanzó de lleno a la vida universitaria, primero como ayudante de prácticas de Anatomía de la Universidad vallisoletana, enseguida como profesor auxiliar y, desde 1955, como catedrático de Anatomía Humana. Antes había vivido durante cuatro años en Alemania, donde acudió becado por la Fundación Juan March y el CSIC, dio clases en el Instituto Anatómico Max Plank de Marburg y en el Max Plank de Investigaciones Cerebrales, y llegó a ser profesor de la cátedra extraordinaria de Anatomía de la Universidad de Marburg y de otra en Frankfurt. Su estancia en Alemania fue especialmente fructífera, pues además de ampliar su formación anatómica, conoció personalmente a pensadores de la talla de Jaspers y Ortega y Gasset y comenzó a profundizar en el pensamiento filosófico de los grandes maestros (Scheler, Hegel, Heidegger, Buber, Hengstenberg, Kierkegaard, Sartre, Unamuno, la fenomenología de Husserl, las aportaciones de J. Driesch y Wolterek, etc.).

Hombre cercano y querido por todos, se implicó cuanto pudo en la vida vallisoletana hasta el punto de ser concejal del Ayuntamiento entre 1958 y 1965. «Yo de joven fui un romántico, y en un primer momento me atrajo la retórica falangista. De ella me atraían tanto las alusiones sociales como aquella retórica de la patria. Pero luego eso cambió, y gracias a las lecturas fui virando hacia la izquierda». En efecto, Gómez Bosque entendió la política como avance hacia la libertad humana, ayudó a los universitarios comprometidos en la lucha antifranquista y resultó elegido senador por el PSOE en las primeras elecciones democráticas: sólo la fatiga de los viajes a Madrid lo hicieron desistir en 1979.

De todo quería saber y de casi todo supo, completó su formación académica con lecturas de los clásicos de la filosofía pero también, y con gran empeño, de textos budistas y taoístas, pues la religión oriental lo cautivó y escribió mucho y bien de ella: «Me eduqué en la religiosidad más estricta, pero tras la adolescencia perdí la fe. En mi vida he sufrido dos conversiones, del falangismo retórico al socialismo más o menos utópico, y del descreimiento casi total al budismo. En los 70 empecé a leer sobre religión hindú y budista, y quedé maravillado. De ahí pasé a los Evangelios en griego y volví a la religión cristiana, influida por el budismo. Me considero un cristiano-budista o budista-cristiano».

Humanista y filántropo, Pedro Gómez Bosque ha sido presidente de Asprona y de la Cruz Roja y ha recibido, entre otras muchas distinciones, el Premio Nacional de la cátedra literaria «José Zorrilla» (1986), la Medalla de Oro de Cruz Roja Nacional (1992), el título de Hijo Adoptivo de La Zarza (1995), el Premio Norte de Castilla (1996), el Premio «Médico del Año» (1997), la insignia «Zarza de Oro» (1999), el nombramiento de «Zarceño ilustre» (2000), y la «Medalla de la Universidad de Valladolid» (2000). Es además Presidente de Honor del PSOE vallisoletano. Entre sus obras más importantes destacan EL problema de la libertad del hombre (1958); El concepto de angustia en la filosofía de Martin Heidegger (1961); El budismo; su concepción religiosa y filosófica de la vida (1968); Tratado de psiconeurobilogía (1987) y Cerebro, mente y conducta (1998).