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INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA |
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1984 |
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Joaquín de Pascual Teresa
[1915-1998]
Revolución en
el laboratorio

Figura en los anales de la Ciencia española como uno de los máximos
innovadores en la química de los productos naturales. Investigador reputado y
pieza fundamental de la Universidad salmantina, Joaquín Pascual de Teresa nació
en 1915 en la localidad albaceteña de Caudete y en Salamanca asombró por sus
dotes investigadoras y su prestigio imparable. En el Instituto de Enseñanza
Media de Valencia cursó el Bachillerato (1925-31), se licenció en Ciencias
Químicas (1931-36) en la Facultad de Ciencias de la Universidad valenciana, fue
profesor de instituto y nada más terminar la guerra dio sus primeras clases en
dicha Facultad, primero como profesor ayudante de clases prácticas (1939) y
profesor auxiliar de Química General
(1940) y, desde 1942, como profesor encargado de la Cátedra de Química Orgánica.
Al mismo tiempo, entre 1942 y 1946 ejerció el cargo de secretario de la Facultad
valenciana y fue nombrado, asimismo, secretario de la Sección Valenciana de la
Real Sociedad Española de Física y Química a la que pertenecía como socio desde
1935. Doctor desde 1943, fue becario (1941-1946), colaborador científico
(1946-1949) y, desde 1949, supernumerario del CSIC.
Bien saben los científicos que no existe triunfo sin trabajo arduo, estancias en
el extranjero, experiencias nuevas y decisivas. Así hizo Joaquín de Pascual
entre 1946 y 1948 con una estancia postdoctoral en el Eudgenósischen Technisches
Hochshule de Zürich, becado por el Instituto «Alonso Barba» del CSIC, donde
conoció y compartió conocimientos con químicos de la talla de los Premios Nobel
L. Ruzicka y V. Prelog, así como con P. A. Platter y E. Hardegger. A su regreso
se incorporó al Instituto «Alonso Barba» del CSIC hasta que en 1949 obtuvo por
oposición la Cátedra de Química Orgánica y Bioquímica de la Facultad de Ciencias
de la Universidad de Salamanca, donde se mantuvo hasta su jubilación, en 1985.
Desde el mismo año de su llegada destacó inmediatamente entre los compañeros de
claustro porque, además de impartir las clases de una Química moderna, se
dedicaba a trabajar en el laboratorio, actividad poco frecuente en aquellos años de postguerra, tanto por falta de costumbre como de medios
económicos. Eso en la Universidad; en la ciudad, Joaquín de Pascual comenzó a
ser conocido por tratarse de un catedrático atractivo, innovador y tremendamente
exigente.
Sus primeros trabajos de investigación se centraron en las reacciones de sales
de sulfonio y otros derivados de azufre, y en la síntesis de halogenoazúcares y
de hidroxiácidos grasos. Luego, ya en los años 60, inició los estudios sobre el
aceite esencial de los crisantemos y sobre la gomorresina de la jara, punto de
partida de futuras investigaciones sobre la química de los productos naturales, campo en el que su prestigio trascendió al ámbito nacional e
internacional.
En efecto, a partir de aquellos trabajos pioneros fue simultaneando las
investigaciones sobre reactividad y transformaciones químicas de monoterpenos,
sesquiterpenos, diterpenos y esteroiodos con los estudios fitoquímicos de
plantas del Oeste peninsular pertenecientes, entre otras, a las familias de las
Compuestas, Cistáceas, Cupresáceas, Umbelíferas, Escrofulariáceas, Labiadas,
etc. Gran especialista en la química de los productos naturales, Joaquín de
Pascual dirigió sus investigaciones hacia el análisis fotoquímico, reactividad y
síntesis de sustancias naturales procedentes de plantas características del
monte bajo y que invaden los pastizales, algunas de ellas tóxicas para el ganado
y otras interesantes como fuentes de productos aromáticos o de materias primas
abundantes y baratas, susceptibles de ser transformadas químicamente en
materiales ennoblecidos y de mayor valor añadido. Antes de su muerte dirigió 66
tesis doctorales y publicó cerca de 200 artículos en revistas nacionales y
extranjeras; suyas son las versiones en español de las famosas obras Química
orgánica industrial: productos de partida e intermedios más importantes, de Klaus Weissermel y Hans-Jürgen Arpe (1980), y
Fundamentos de tecnología química
para formación profesional, de Vollrath Hopp (1984).
En todos esos artículos se reseña la síntesis de nuevas sustancias y el
descubrimiento de nuevas reacciones, y se describe el aislamiento e
identificación de muchos productos naturales nuevos. Llamativa y curiosa era, a
este respecto, la costumbre del albaceteño de nombrar las sustancias naturales
nuevas no sólo de acuerdo a su origen vegetal, sino también con otros nombres
más llamativos y sugerentes: así tenemos, por ejemplo, el de jaranol para un
flavonoide aislado de Cistus ladaniferus, la jara; o topónimos del estilo «ácido
salmantino» o «ácido zamoránico». Hasta nombró un alcohol natural aislado de té
de roca «kudtdiol», en honor a su pueblo de nacimiento (KU-D-T=Caudete). Aún
más, en honor al rector salmantino Antonio Tovar acuñó el nombre de
tovarol, el de ácido caséquico para honrar al catedrático de Boténic Bartolomé
Casaseca, y el ácido lambertánico en recuerdo de Lamberto de Echevarría,
profesor de Derecho Canónico y capellán de la Universidad.
Investigación y entrega académica: Joaquín de Pascual entregó a la Universidad
buena parte de su talante organizativo y su sapiencia académica. Fue decano
durante más 20 años (electo en 1952-1963 y 1972-76, en funciones en 1979-1981, y
elegido de nuevo en 1981 hasta su jubilación en 1985), estuvo en la Comisión
Nacional de Estudios de las Facultades de Ciencias Químicas y, a propuesta suya,
en 1953 se implantó la realización de la Licenciatura Experimental (Tesina) para
la consecución del Grado de Licenciado, práctica establecida años antes en la
Universidad salmantina también a sugerencia de él. Algo parecido hizo, ese mismo
año, en la Comisión del Séptimo Centenario de la Universidad de Salamanca, que
propuso la posibilidad de que todas las Universidades españolas pudieran
conceder el grado de Doctor, pues hasta entonces había que acudir a Madrid para
defender la correspondiente tesis doctoral.
Participó activamente en el desarrollo de la Universidad charra a través de la
Junta de Gobierno, especialmente con los equipos de Antonio Tovar (1962-1956),
José Beltrán de Heredia (1956-1960), Alfonso Balcells Gorina (1960-1968), Julio
Rodríguez Villanueva (1972-1979) y Pedro Amat (1980-1985). Incluso representó a
dicha Universidad en la Conmemoración Académica del Sesquicentenario de la
Tecnische Hochshule Fridericana de Karlsruhe (1951), e hizo lo mismo, pero en
representación de la Universidad Española, en la Reunión de la Asociación
Internacional de Profesores y Lectores de Universidad, celebrada en Amsterdam en
1953.
Perteneció a las Sociedades Científicas Real Sociedad de Física y Química,
Gesellschaft für Arzneipflanzenforschung, Schweizerische Chemische Gesellschaft
y Societé Chimique des Pays-Bas y entre las numerosas distinciones recibidas,
destacan la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio con
distintivo blanco (1972), la Medalla de plata de la Universidad de Salamanca
(1977), la
Medalla de Química de la Real Sociedad Española de Física y Química
y la Medalla de Oro de la Universidad salmantina (1984).
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