Loty, una imagen verosímil de León

Luis García Martínez

 

La fotografía, desde sus orígenes reconocidos y concretados institucionalmente con la declaración realizada por Françoise Arago en la Academia de Ciencias de París y posteriormente ante los miembros de la Cámara de Diputados de Francia en el año 1839 (citando a Publio López Mondéjar), se incluye en el amplio y ambiguo territorio de las disciplinas humanas que han producido y mantienen una estrecha vinculación con el mundo creativo y artístico, tomando ambos términos en su sentido más amplio, tanto desde un enfoque conceptual como formal. Si bien es cierto que no siempre se produce esta incorporación de la fotografía al mundo creativo, en las ocasiones en las que ocurre se hace con total rigor y pleno derecho, como consecuencia de las aportaciones estructurales y significativas realizadas desde las múltiples tendencias generales y enfoques individualizados de cada momento histórico.

Uno de los elementos esenciales, en los cuales se fundamenta la fotografía y que, al mismo tiempo, es consustancial con otras actividades documentales y artísticas, es la apropiación de la realidad o, por lo menos, el intento, tanto desde las vertientes que toman este concepto como punto de partida y reflexión y que se sitúan en espacios centrados en una posición básica de tipo documental o referencial, como aquellas otras que implican una transformación o generación de nuevas imágenes, vinculándose a otras tendencias que investigan espacios simbólicos o territorios conceptuales. El intento consciente de fijar, captar, aprehender, es un estimulo vital y, al mismo tiempo, un objetivo esencial para el fotógrafo. Capturar una imagen definida, tanto conceptual como formalmente, por medio de un encuadre, un enfoque, una luz especifica o una temática concreta, supone la aportación de una realidad nueva y, por tanto, un elemento de transmisión patrimonial de tipo cultural para el presente y futuro de gran interés.

Una selección adecuada y, al mismo tiempo, la aplicación de un correcto discernimiento entre los aspectos generales y concretos son los principios básicos de la fotografía; la acotación especifica en un marco bidimensional que delimita una parte de la realidad evidente o sugerida, por medio generalmente de dos ejes de coordenadas ortogonales, supone la formulación de una realidad que existe cierta o mentalmente y no puede ser ni es aséptica e imparcial en sí misma. Debemos tomar como punto de partida, desde la perspectiva del fotógrafo, la existencia de intencionalidad estética e ideológica que se concreta en diferentes y múltiples aspectos especulativos, la cual se intenta definir por medio de un conjunto amplio de elementos que integran parte esencial de la fotografía; uno de ellos es el encuadre, que determinara la realidad que se quiere fijar, esa escena general que se observa o creamos y nos llama la atención, de la cual seleccionamos cuidadosamente una parte, una sección, aquella que mentalmente nos produce una máxima tensión. Así la subjetividad se hace presente en la obra como un componente más alcanzando, en algunas ocasiones, el nivel de fundamental, desapareciendo la fotografía pura y objetiva sin unos referentes sociales e ideológicos, que podrán aparecer más o menos explícitos y dependerán de las tendencias de cada época y del interés por la sociedad; en el fondo, detrás de cada fotografía, subyace una idea y una concepción concreta de la imagen que se produce en la mente del fotógrafo, si bien es cierto que se podrá o no acertar en la formalización definitiva de ésta.

La obra, que en esta ocasión tomamos como motivo de análisis, se enmarca en la fotografía de principios del siglo XX que centra su interés y trabajo en la variada y prolija vertiente documental. La captación y fijación en imágenes del amplio y variopinto patrimonio cultural e histórico de los pueblos y ciudades de España se convirtió en el eje fundamental de estudio.

Muchas de estas fotografías se transformaban posteriormente en postales o formaban parte de libros y revistas que posibilitaban el conocimiento de otras realidades sin necesidad de desplazarse de un lugar a otro, sobre todo en una época en la que España tenía graves problemas en la estructura básica de sus vías de comunicación y, al mismo tiempo, un sector amplio de la sociedad contaba con escasos recursos económicos para poder viajar. Así la imagen fotografía se generalizó, produciendo colecciones temáticas de postales desde los primeros pasos de la fotografía, dedicadas tanto a monumentos como a paisajes o a los conocidos y denominados tipos, en el caso de nuestro país. Estas colecciones alcanzaban gran popularidad y un enorme éxito, generando una fuerte demanda entre todos los sectores sociales, pero sobre todo entre aquellos vinculados a la clase media y la burguesía.

En nuestro país la presencia de esta corriente o tendencia se puede constatar en el siglo XIX con la existencia de un nutrido grupo de fotógrafos que demuestran gran interés por descubrir la riqueza monumental de nuestras ciudades. Según Publio López Mondéjar, destaca, entre otros muchos, Francisco Javier Parcerissa, que a finales del año 1839 ya tiene en marcha un proyecto centrado en la temática monumental y vistas pintorescas, con textos de D. P. de Madrazo, una obra magna titulada Recuerdos y Bellezas de España. De forma generalizada, esta temática y la gran riqueza arquitectónica española, así como un cierto enfoque centrado en lo anecdótico, en lo antiguo y lejano, producirá una gran atracción entre los fotógrafos, tanto franceses como ingleses, quienes se trasladaban a España para realizar trabajos en este sentido, ya sea por propia iniciativa o por encargo. Se pueden citar, entre otros, los casos de destacados fotógrafos como E. K. Tenison, CH. Cllifford, J. Laurent o Herbert, verdaderos maestros en este tipo de fotografía.

La obra que intentamos analizar, en este breve texto, esta formada por un conjunto total de doscientas veintinueve fotografías adquiridas por el Instituto Leones de Cultura en 1996, siendo estas una parte de un fondo de mas de doce mil fotografías que integraban el legado Loty.

Este conjunto de fotografías, hallado casualmente en Madrid, supone una aportación y enriquecimiento fundamental al patrimonio visual y cultural de nuestro país. Han sido estudiadas y documentadas, inicialmente, por la fotógrafa zamorana Yolanda Paramio y, posteriormente, por Isabel Barrionuevo Almuzara, investigadora que ha realizado un trabajo biográfico muy interesante sobre la figura del fotógrafo Justin Marie Charles Alberty y Jeanneret, que tomará el nombre comercial de Loty, así como un análisis de los fondos fotográficos de esta colección.

Las fotografías que se han incorporado a la fototeca del Instituto Leonés de Cultura, con sus correspondientes negativos, suponen un paso más hacia delante en la recuperación de uno de los componentes fundamentales, que facilita la reconstrucción de nuestra cultura más cercana desde una visión global, al utilizar una de las posibles vertientes de la historia como es la imagen visual, una aportación clave que facilitará con proyectos de este tipo la posibilidad de avanzar y profundizar más en el conocimiento de la historia de la fotografía en León, que en la actualidad sigue sin escribirse de forma adecuada como consecuencia de las importantes lagunas, tanto documentales como teóricas que existen.

Todas las fotografías de Charles Alberty (Loty) que se analizan, centran su interés en la captación de la realidad del entorno de cuatro núcleos urbanos significativos de nuestra provincia, desde un punto de vista histórico y artístico: León, Ponferrada, Sahagún y Astorga.

El enfoque general del que parte Loty a la hora de generar un análisis fotográfico de la provincia de León, según Isabel Barrionuevo Almuzara, es el planteamiento más practico y sencillo: crear un gran centro de documentación o archivo de imágenes para posteriormente comercializarlas, seleccionando aquellas piezas de mayor interés y que menos reproducidas estaban. Pero, detrás de este motivo real e inicial, existen toda una serie de influencias y matices de tipo social, económico e ideológico, que hacen que las imágenes producidas por los fotógrafos que trabajan en España sean posteriormente consumidas por la sociedad. Este tipo de producto presenta una serie de elementos comunes y referenciales de la época en los niveles que hemos mencionado anteriormente.

En este caso en concreto, podemos observar como el autor se centró en la captación de imágenes en cuatro centros urbanos e históricos muy conocidos de la provincia. Destaca su interés permanente por reflejar los edificios históricos y artísticos más significativos de cada ciudad, produciendo, de algún modo, una visión concreta personal y parcial de la realidad social y cultural de la sociedad de la época, ajena en estos momentos a la situación de algunas ciudades y poblaciones españolas implicadas en un desarrollo industrial y tecnológico más intenso.

En la primera fase de estudio que realiza Loty del edificio, tornado como elemento histórico o artístico, propone varias aproximaciones diferentes a este, en las cuales siempre utiliza el plano general, apareciendo el monumento en su totalidad y de forma muy constreñida o cercano a los límites de encuadre de la imagen. Emplea, al mismo tiempo, una serie de variaciones angulares en el encuadre para intentar alcanzar la máxima expresividad plástica del edificio e incorpora en algunas ocasiones, cuando le es posible, el elemento dramático y de tensión por medio de la potenciación del juego de luces y sombras que, al mismo tiempo, sirve para realzar la expresividad de los volúmenes constructivos. Este aspecto se puede apreciar perfectamente en las diferentes series que dedica a intentar captar, de forma global y de un solo golpe de vista, la Catedral de León, la Catedral de Astorga o la Colegiata de San Isidoro de León; si bien es cierto que este tipo de tratamiento y enfoque es muy general entre los fotógrafos de este momento.

Posteriormente vemos como se acerca al monumento en una segunda fase de estudio, tomando como motivos de interés aquellos elementos parciales de los edificios a partir de la generalidad, sin caer en el detalle. Es una visión global de lo parcial, sin introducir el componente específico del análisis individualizado. Por lo tanto creo que, en este caso, estamos muy distantes del fotógrafo que tiene la intención y el enfoque del documentalista especializado en obras de arte, que suele utilizar más los primeros planos y planos detalle para recoger algunos elementos artísticos; así, más bien, tendría relación con la utilización de la imagen desde el aspecto especulativo vinculado al comercio que defiende Isabel Barrionuevo.

Otro aspecto que también se incorpora en sus obras en algunas ocasiones, es la temática de la ruina, como ocurre en la serie del Castillo de Ponferrada, la de los restos de San Benito o la iglesia de Santiago de Sahagún. El concepto de ruina será una aportación de gran transcendencia para la cultura en Europa y en España durante el periodo correspondiente al movimiento romántico; el componente de misterio, miedo o tensión a lo desconocido, mezclado con la mitología gloriosa del guerrero, rememora la grandeza de una España más simbólica que real, pero esos recuerdos y restos históricos del pasado siguen siendo un elemento fundamental del punto de mira de gran parte de los fotógrafos, mientras la realidad social, económica y cultural de nuestras provincias, en este periodo, no parece despertar gran interés. El hecho de la incorporación de la ruina, que en este caso en concreto tiene un sentido más bien de tipo documental, trasmite e incorpora a la imagen un cierto enfoque y gusto romántico, al dotar de valor significativo y simbólico a la parte por el todo y a lo residual como contenedor conceptual de la idea global. También aparece un encuadre típicamente romántico, que proviene del mundo de la pintura: la utilización del marco ventana para enfocar la composición desde un plano superior al del suelo; este tipo de propuestas se da únicamente en el caso de algunas fotografías correspondientes a la Catedral de León, si bien es cierto que, por lo general, Loty prefiere enfocar la escena desde un punto de vista situada a una altura similar al enfoque visual de cualquier persona que observa la realidad desde la calle, dotando de gran sencillez y verosimilitud a la imagen.

También es evidente que, en contadas ocasiones, utiliza en el plan fotográfico el contrapicado, sobre todo en las tomas correspondientes a San Marcos visto desde el río, en las cuales plantea un juego de tensión al contrastar el elemento humano con el arquitectónico, generando dos focos de atención que producen un movimiento visual de gran interés que recorre la imagen desde la parte baja del ángulo izquierdo hasta la parte alta del ángulo derecho, logrando dinamizar la composición e introduciendo, al mismo tiempo, lo pintoresco como un elemento más en la obra. La incorporación de las figuras en estas fotografías, se hace desde el instante robado a la realidad social del momento, sin artilugios ni escenificaciones diseñadas y puestas en escena, como hace Winocio Testera que, al presentar a las lavanderas en el río las hace aparecer vestidas a la manera tradicional, produciendo una artificialidad que no se da en Loty. Cuando este ultimo incorpora la presencia humana en la escena fotográfica, lo hace de forma distante y lejana, a fin de que el espacio urbano no pierda protagonismo, consiguiendo así que la situación sea creible por su naturalidad y frescura, si bien es cierto que se aleja bastante, en este sentido, con respecto a Germán Gracía, quien se atreve, sin ningún problema, a situar en primeros planos la figura humana e incorporarla, incluso de espaldas, convirtiéndola en la protagonista de la escena.

El tratamiento que propone en aquellas imágenes dedicadas a monumentos, tanto desde una perspectiva exterior del edifico como interior es, en la gran mayoría de las ocasiones, frío y distante, tanto por el uso que se hace de la perspectiva, como por la potencia expresiva con la que se presenta el elemento arquitectónico. Además, de forma muy sutil, se refuerza este sentido con la ausencia de personajes de una sociedad que transita y vive inmersa en unas connotaciones temporales concretas. La falta del elemento narrativo y la desolación se hacen dueños de la escena donde el monumento aparece dotado de una cierta intemporalidad y mayor dignidad.

Respecto al enfoque utilizado para abordar el tema urbanístico de León, o en las imágenes que hacen referencia concreta a la ciudad, Loty es muy selectivo y enmarca su trabajo en aquellos encuadres que presentan una parte muy concreta de esta, aquellos espacios que son más dignos, relevantes y atractivos: las grandes avenidas, calles destacadas, plazas emblemáticas o monumentos significativos. Es curioso que, a diferencia de otros fotógrafos que recogen la realidad cotidiana española y plasman, de forma directa, un variopinto estado de situaciones, tanto sociales como políticas en este mismo periodo de tiempo, como pueden ser Cartier Bresson, Alfonso Sánchez Portela, Ángel Blanco o Díaz Casariego, Loty presenta una ciudad en la que el paisanaje aparece distanciado y en segundo plano, a excepción de algunas fotografías de la plaza de Sahagún, en las que se incorpora con un mayor protagonismo.

Por otro lado, en varias fotografías hace hincapié en un tratamiento mas pictorialista (generalizado en España y abandonado de forma clara en Europa en las primeras décadas del siglo XX), aunque se debe reconocer que la frialdad del tratamiento de su obra le distancia bastante, como lo podemos ver en la toma de una vista general del Castillo de Ponferrada que presenta dos árboles en primer plano o las imágenes de un camino sin personajes en perspectiva muy forzada y gran profundidad de campo, imágenes que nos recuerdan algunas obras de L. Missonne.

En otras fotografías de la calle Ordoño II, piezas que tienen un cierto interés, aparece claramente la evocación de algunas obras de Alfred Stieglitz que se centran en el estudio de lo cotidiano en las grandes avenidas y que datan de principios del siglo XX. Coinciden ambos autores en el tipo de angulación utilizada para captar la calle, de cuarenta y cinco grados con un punto de vista bajo, así como la aportación de una masa compositiva amplia en el lado derecho de la fotografía, que se incorpora como elemento de tensión que provoca la atención del espectador en la zona izquierda para realizar un recorrido desde la parte inferior hasta la parte superior de la imagen, descubriendo un amplio espectro de matices y realidades de gran delicadeza.

En los fondos de Loty que estamos analizando se presenta, de modo intermitente, un tipo de encuadre muy especial y característico que parte de un plano que se define por su forma rectangular y que puede utilizarse en sentido vertical u horizontal. Loty por medio de un elemento arquitectónico, normalmente el arco de medio punto o el ojival, incorpora a la composición un tenso y dramático elemento al utilizar una intensa masa de color negro, creando el hueco del arco o arcada, un nuevo encuadre fotográfico. Se produce así, en la propia fotografía, una apertura al exterior de gran efectividad por la adecuada utilización de la luz. Este tipo de encuadre compositivo será utilizado también, con bastante frecuencia, por otros autores en claustros, patios y plazas.

En el tratamiento de su obra debemos destacar la calidad que consigue en las imágenes a través de la sutil utilización de la degradación de grises y la adecuada ordenación de matices que van desde el blanco más puro al negro más intenso, alcanzando un efecto visual atmosférico de gran verosimilitud por medio de transparencias, contraluces y tornasoles.

También se observa como, en algunas ocasiones, Loty reitera la misma imagen, pero en tiempos distintos y con diferentes elementos descriptivos, como en las piezas de la calle Ordoño II o del Palacio de los Guzmanes.

La obra que presentamos pone de relieve la calidad de este fotógrafo que refleja, de forma verosímil, una parte muy concreta y específica de la realidad cultural e histórica de nuestra provincia, sumida en el caciquismo político, el atraso secular y la dependencia del medio rural, sin intentar analizar para nada la verdadera situación social, económica y cultural.