COCHE DE LAURÍN

0 FENOMENOLOGÍA DEL TRANSPORTE URBANO

 

No se suele prestar la debida atención al dato importante del medio de transporte en las Sociedades, para deducir de ello su grado de progreso, y hasta sus índices de cultura. Se comete un tremendo error, sobre todo si se tiene en cuenta que la rueda es considerada como el invento más grande de la humanidad. Más que por sus obras, más que por sus transformaciones urbanas, infinitamente más que por el talante de sus gentes, conoceréis a León por sus instrumentos de transporte, por aquellos que fueron medios de trabajo y solicitaciones de sus ocios. Aquí, desde el carromato remolachero, con su poderosa pareja de bueyes, transitando lento y seguro por la ya esclarecida ruta de Ordoño II, hasta los impresionantes autobuses que el genio de un hombre singular, Martiniano Fernández, puso en circulación para comunicación de leoneses entre sí, pasando, naturalmente, por los modernos y ágiles automóviles y ¡ay! por las fabulosas reminiscencias fotográficas de un famoso en los anales del automovilismo leonés: «el coche de Laurín»... El tráfico rodado de vehículos a motor en León se inicia con el siglo. En el año 1908 o quizá en 1909, se matriculó el primer coche en nuestra provincia. Fue un «darracg», perteneciente a Don Alberto Laúrín, que por entonces disponía de un taller mecánico y que quizá por eso mismo no le asustaban los ruidosos artefactos. Le siguieron en tan extremada osadía, D. Isaac Balbuena con su LE-2; D. Francisco Sanz, con su LE-3 y poco más tarde D. Octavio Carballo matriculaba un Renault y un Delmag, que pasaron por las calles leonesas ostentando las matrículas LE-5 y LE-7. En el año 1922 ya existían 251 vehículos de motor matriculados.