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EMPRESAS Y EMPRENDEDORES LEONESES

 

Hulleras de Sabero, historia rota

 

Hulleras de Sabero y Anexas rompió su historia cuando estaba a punto de cumplir 100 años. A finales de 1991 sus accionistas deciden el cierre de la última explotación, cuyo yacimiento no aguantaba más, con un sentimiento claro de adiós definitivo a una iniciativa minera que nació en 1892 y con la ruptura de una trayectoria social que todavía está presente.

Hulleras de Sabero y Anexas es la heredera de la sociedad Palentino-Leonesa que comenzó la explotación de las minas de Sabero con el objetivo de crear en la ferrería de San Blas un alto horno que nunca fue una auténtica realidad. La idea de Mariano Zuaznavar de construir un ferrocarril que uniese las cuencas mineras de León y Palencia con la siderurgia vasca abrió el cmaino de los especuladores hulleros.

Hulleras de Sabero es, entonces y con diferencia, el proyecto más serio y ambicioso de la minería leonesa, superior, incluso a la Hullera Vasco Leonesa que nace un año después. Un grupo de industriales vascos ligados al Banco de Bilbao y Vizcaya decidieron, a comienzos de esta década, la adquisición de las concesiones de Minas de Sabero que unieron a las que ya tenía Tomás Allende, natural de Burón.

Ya Revilla en 1906 calificaba a Hulleras de Sabero como “el negocio carbonero más grande que conocemos en el Norte de España, o por su cubicación, que es sin embargo elevada, sino por la concentración de su riqueza que permite obtener una producción que no es susceptible en ningún otro”.

El mapa de Lucas Mallada

Con el fin de organizar las explotaciones, Lucas Mallada hace un mapa exhaustivo de las concesiones que abarcaban desde Sahelices a las lomas de Sotillos de Sabero con epicentro de Olleros “donde se concentra la mayor cantidad de carbón”. El informe, publicado en 1910, establece unas reservas de más de 32,5 millones de toneladas que, según afirma, “permitirán una explotación de más de 150.000 toneladas anuales durante el considerable espacio de tiempo de un par de siglos”.

Mallada es encargado por la compañía para sumir la dirección técnica y decide la explotación del denominado paquete sur con salida por Oceja hasta la estación de La Ercina que conecta con el ferrocarril de La Robla-Balmaseda. Se desestimó, entonces, la explotación del paquete central, donde se encontraban las grandes reservas, “por el recelo que causaba en la minería de la época”.

En 1900 ya se explotaban los pisos 4, 3, 2 y 1 de Oceja y en Olleros también se iniciaron labores en el 4 (Tomás Cortizo Álvarez).

La evolución de los primeros ejercicios, sin embargo, no es la adecuada. A diferencia de Hullera Vasco Leonesa que tarda apenas tres años en retribuir a sus accionistas, Hulleras de Sabero no alcanzó su primer ejercicio en beneficio hasta 1903, con algo más de 60.000 pesetas, aunque, por ejemplo, dos años más tarde la cifra es paupérrima: 666 pesetas. Mallada ya destacaba que, a comienzos del siglo XX, el coste de producción a bocamina “es de 8 ó 9 pesetas la tonelada en el grupo Olleros. Agregando los costes de clasificación y lavado, se llega a 11 pesetas mientras que la tonelada de coque –producido en los hornos de Vegamediana– alcanza las 16-18 pesetas y la de briquetas de 18 a 19”.

Un informe de la Comisión de Estudio de la Riqueza Hullera Nacional (1909) refleja que el elevado precio de la hulla nacional “se debe, más que a su coste de producción, a lo caro del transporte y lo anormal de este servicio”. Y eso que el Ferrocarril de La Robla era el accionista de referencia de Hulleras de Sabero.

La compañía es, entonces, uno de los referentes nacionales del carbón. El importante empuje de la producción en la segunda década del siglo, previa al comienzo de la Primera Guerra Mundial, le convierte con Hullera Vasco Leonesa en la gran suministradora del carbón. Entre ambas, producen el 85% del carbón leonés que ya entonces ronda el 8% del total nacional y con una clara línea de creciente. Esta situación es paralela desde el punto de vista del empleo. En 1907 las empresas grandes acaparaban el 90,5% de la mano de obra: Hulleras de Sabero – 730 trabajadores (38,5%); Hulleras de Ciñera – 448 trabajadores (23,6%); Hullera Vasco Leonesa – 314 obreros (16,5%) y Hulleras de Cistierna y Argovejo – 220 obreros (11,6%).

Ejecuta el primer pozo vertical que se desarrollará en la provincia con una profundidad de 150 metros. Esta situación también le hace ganar presencia ya que en 1920 alcanzó una producción de 130.000 toneladas.

Tenía, hasta 1928, un sistema propio de explotación. Adjudicaba a contratistas las labores de explotación de las minas. Por ejemplo a Pagole le correspondió el pozo Herrera hasta que murió en 1912 y que luego fue sustituido por Uriarte, Corral, Uranga, entre otros. Entonces, ya tenía operativos los pozos de Oceja, Quemada, Olleros, Herrera y Los Valles.

El desarrollo de la empresa es paralelo a las decisiones gubernamentales de controlar la entrada de carbón inglés y de mantener el nivel de precios. Pero esta política, que favoreció el crecimiento exponencial de las explotaciones, se torna cuando se deroga la ley proteccionista en 1921. Se aplica una prima al transporte pero la competencia del carbón inglés obliga a una bajada de los salarios, realizada sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, que provoca una huelga del sector. Muchas de las empresas creadas en plena vorágine carbonera desaparecen. La Estadística Minera de 1930 refleja, por ejemplo, que sólo se explota el 16% de la superficie de las concesiones.

Pérdidas en 1922

Esta situación también se refleja en las propias cuentas de resultados de las compañías. Hulleras de Sabero cerró el año 1922 con unas pérdidas de 67.959 pesetas, una cifra que contrasta, sobremanera, con los beneficios de casi 3,5 millones de pesetas apenas cuatro años antes, algo que se aprecia, aunque no de un modo tan drástico, en Hullera Vasco Leonesa donde se obtiene un beneficio de 294.384 pesetas (1922) frente a los 3,2 millones de pesetas de 1918.

El Ferrocarril de La Robla, empresa participada por el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya, accionistas compartidos con Hulleras de Sabero, decide dar un empuje a la sociedad minera y poner al frente a «un hombre de grandes conocimientos, capacidad y amor al trabajo». José León Izaguirre realizará una clara modernización de la mina, que incluye la preparación del pozo Herrera número 2, siendo, entonces, una de las explotaciones más modernas de la provincia. A su vez, también reafirma la labor social que, entonces, era propia de las empresas mineras como la promoción de viviendas para los trabajadores, la creación de un hospital, la escuela. Precisamente, durante sus apenas ocho años al frente de la compañía se produce la compra de Minas de Olleros de Sabero, propiedad, entonces, de la sociedad Nueva Montaña y Quijano. La operación, rubricada en 1933, supone un desembolso de 275.000 pesetas.

Hulleras de Sabero soporta con MSP y Hullera Vasco Leonesa el peso de la extracción de hulla leonesa, con el 70% del total a mediados de siglo en un período en el que la presencia de la antracita se hace cada vez más significativa. Los eternos problemas del transporte condicionaron enormemente el desarrollo del sector con mayor incidencia, si cabe, en Hulleras de Sabero cuyo accionista casi único a finales de la década de los 50 es el Ferrocarril de La Robla tras una ampliación de capital de 20 millones de pesetas.

Pese a ello, tras la Guerra Civil española la evolución de la producción es significativa con un crecimiento de más de 1 millón de toneladas hasta los años 60. Este empuje se debió, básicamente, a la puesta en explotación de nuevas minas de hulla entre 1940 y 1945, debido a la ausencia de importaciones de mineral inglés, un ‘boom’ que también registró la antracita aunque casi una década más tarde.

El coste de la mano de obra era más barato en León. Una tonelada por cada trabajador costaba, a bocamina, 139 pesetas en 1956, 4 pesetas menos que en Asturias y 31 menos que en las explotaciones de Palencia. Las dificultades comienzan. El Plan de Estabilización genera, además, de una apertura al exterior, cambios significativos. El problema del transporte no se había solucionado ni con la construcción de nuevas vías férreas. “La crisis actual del consumo que sufren los combustibles ha ocasionado una baja en la producción. Esta crisis ocasiona, además, un aumento de las existencias en mina que agrava la situación de tesorería de las empresas. Se han producido algunas suspensiones de trabajos por 6 meses, aunque en minas de muy pequeña producción hasta ahora. A esta crisis, se unió el encarecimiento de los precios del transporte, lo que obligó a algunas empresas consumidoras a buscar el aprovisionamiento del carbón en cuencas más próximas”. (Estadística Minera 1959).

Nuevos accionistas

Esta incidencia tiene más repercusión en la hulla. Las empresas ferroviarias reducen los cargues y comienza el proceso del cambio de modelo ferroviario hacia la electrificación. Los aglomerados pierden ya un enorme peso en la producción de las empresas mineras lo que provoca fuertes problemas que la antracita solventa con la construcción de la central térmica de Compostilla I en Ponferrada, arranque del nuevo destino de los carbones leoneses. Hulleras de Sabero nota, como las demás, el recorte del suministro ferroviario. No en vano, su accionista es una empresa ferroviaria. Pero, además, comienza el estocaje de carbón que llega, a finales de la década de los 50, a más de 11.000 toneladas (aproximadamente el 4% de la producción).

En este contexto, se produce un movimiento accionarial significativo. Los ferrocarriles de La Robla se nacionalizan a través de la empresa Ferrocarriles de Vía Estrecha. El siguiente paso es la venta de Hulleras de Sabero que está pasando por dificultades. Hullera Vasco Leonesa decide comprar una parte significativa de las acciones, aproximadamente el 50%. A ello se suma el otro 50% que compra el Banco Industrial de León, un proyecto que nace en los primeros años de la década de los 60 para suplir la ausencia de León en los polos de desarrollo y liderado también por varios empresarios como la familia Del Valle, Juan Abelló, Domingo López, Victorino Alonso Suárez, entre otros.

La modernización de las explotaciones era el paso necesario. Las inversiones, sin embargo, eran cuantiosas durante los primeros años. Sucede, apenas una década después de la compra, que el Banco Industrial de Fomento, integrado a posteriori en el Banco Hispanoamericano. Las necesidades de reprofundizar para mejorar la extracción obligaban a un importante desembolso, a pesar de que la central térmica de La Robla ya tenía operativo uno de los grupos. Sin embargo, se produce la conjunción de las exigencias de que tanto Hullera Vasco Leonesa como Hulleras de Sabero requieren fuertes inyecciones de dinero para poner en valor sus explotaciones. Esto se produce con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea que frena, de golpe, la expansión carbonera que había provocado la crisis del petróleo de 1973. Había que reducir producción. La mina de Hulleras de Sabero se estaba agotando y los primeros mensajes eran claros. El cierre era la alternativa. Este se produjo a finales de 1991 rompiendo la predicción que casi 100 años antes convertían el valle de Sabero en “el negocio carbonero más importante del norte de España”.


Domingo López: empresario
minero que llegó a banquero

Domingo López Alonso ha sido conocido públicamente por la intervención del Banco de Valladolid cuando era su máximo accionista y por la sentencia de más de 1.000 millones de euros que dictaminó, antes de retractarse, un juez madrileño a finales de 2004. Su trayectoria empresarial en ese momento, con 92 años, era larga, dilatada y vinculada, en sus primeros momentos a León. En su libro ‘Atraco’ recorre, de memoria, su vinculación con la minería del carbón como uno de sus primeros ‘frentes empresariales’. “En 1941 arrendé la mina La Eglentina y mina Gonzalo en Sabero” y más tarde “compré la Mariarte I y II”.

Pero, además e las concesiones solicitadas en la década de los 40 (Sen Rodríguez) su verdadera presencia en la minería del carbón se plasma en 1951 cuando compra Hulleras del Carmen, una compañía con explotaciones en La Magdalena, que cuenta con más de 750 trabajadores.

Pero su relevancia empresarial, que le llevó a ser, con permiso de las grandes compañías ya existentes en León como MSP, Hulleras de Sabero o Hullera Vasco Leonesa, “el mayor empresario privado de carbón con 1.260 trabajadores y una producción de 300.000 toneladas”, se confirmó con la compra de Hulleras Oeste de Sabero que sumó 260 obreros y unas reservas de casi 60 millones de toneladas, una aventura que caducvó en la década de los 70.


Sabero sufre primero la reconversión

y recibe, a cuentagotas, la reactivación

El Plan del Carbón ha sido y es el proyecto para adecuar abiertamente el sector carbonero a las exigencias europeas, tanto en la eliminación de ayudas a sectores económicos como en la naturaleza de un proyecto energético comunitario que no contempla, entre sus prioridades, al carbón. Pero, previamente, las reconversiones ya se habían iniciado. La entrada de España en la Comunidad Europea, producida de facto a partir del 1 de enero de 1986, ya contemplaba un fuerte recorte de un sector como la minería del carbón. Hulleras de Sabero fue un ejemplo de ello en la medida que el yacimiento se estaba agotando y una inversión multimillonaria era complicado ejecutarla con un condicionante político evidente. Pero el cierre declarado por los accionistas de la explotación suponía algo más que el final de una minería que empleaba a unos 1.000 trabajadores. Suponía el cierre de un capítulo minero donde una comarca tenía que sobrevivir. Las manifestaciones, las concentraciones, la lucha de mineros y ciudadanos se encaminó a buscar una salida de futuro que hoy todavía no ha llegado.

 

 

 

Carbón, aglomerados, coque metalúrgico

La historia de Hulleras de Sabero es paralela a la de Hullera Vasco Leonesa. Su origen se remonta a los intereses de empresarios y banqueros vascos y dependen, para su futuro, de la construcción del ferrocarril de vía estrecha que unió La Robla con Balmaseda. Hulleras de Sabero, sin embargo, recogen parte de la historia de la Palentnio-Leonesa, una sociedad que ya se convierte en uno de los primeros impulsores de los hornos de cok en España. Por ello, en su historia de casi 100 años, se unen los tres elementos que serán comunes a las grandes compañías mineras de la provincia. Serán mineras para abastecer principalmente al ferrocarril, producirán aglomerados con los que dar salida a gran parte de sus carbones extraídos e incluso harán la producción de coque metalúrgico, un producto para abastecer a la siderúrgica.

INSTALACIONES DE VEGAMEDIANA. Vegamediana acogió una parte significativa de las instalaciones de la compañía como lavaderos, la fabricación de aglomerados y coque metalúrgico. Archivo HVL.

LA CUENCA DE SABERO EN 910. Mapa original que realizó Lucas Mallada sobre las concesiones y reservas existentes en la cuenca de Sabero a comienzos del siglo XX. Archivo HVL.

HACE 50 AÑOS. Domingo López tras la firma de una acuerdo con empresarios de Estados Unidos en 1958.

GRUPO HERRERA II. Es la imagen, el referente de Hulleras de Sabero de las últimas décadas de la compañía.

LUCHA POR EL FUTURO. Esta manifestación celebrada frente al Ayuntamiento de Sabero en los primeros meses de 1991 reclamaba un futuro para la zona tras el inminente cierre de la mina.

VIERNES, 13 DE DICIEMBRE DE 1991... HULLERAS DE SABERO CIERRA. Fue el último día. Los trabajadores de interior de Hulleras de Sabero dejan el pozo Herrera II el 13 de diciembre de 1991, un viernes que quedará marcado en la historia leonesa y de una de las comarcas carboneras más importantes de la provincia.