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PRESENTACIÓN

En su magistral Orígenes del español ya puso de manifiesto don Ramón Menéndez Pidal el valor de los documentos altomedievales leoneses para el estudio del nacimiento del romance, algunos de los cuales incluyó con transcripción completa, tomándolos de los fondos del Monasterio de Sahagún, del de Otero de las Dueñas y del de la propia catedral de León. Pero el maestro no pudo tener acceso a toda la documentación de estas tres instituciones, ni a otros fondos documentales medievales leoneses, que sólo en tiempos recientes han conocido la publicación. En efecto, ha sido en la Colección “Fuentes y Estudios de Historia Leonesa”, donde, de forma sistemática y siguiendo una planificación previa, se han ido publicando los fondos documentales medievales de las instituciones eclesiásticas y civiles, que, conservados en sus propios archivos o trasladados y guardados, por diversas circunstancias, en otros, han visto la luz, siguiendo el criterio de dar a conocer el texto íntegro de estos documentos hasta el año 1300, y desde esta fecha hasta 1500 en forma de regesto, para evitar el farragoso y poco útil formulario de los documentos notariales bajomedievales.

Fue en 1969 cuando la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León acordó patrocinar la Colección que llevaría el nombre “Fuentes y Estudios de Historia Leonesa”, y que sería objeto de una Obra Social en colaboración constituida entre esta Caja de Ahorros y la Diócesis de León, a través de su Archivo Histórico Diocesano, siendo asumida por la actual Caja España de Inversiones en el momento de su fusión con otras Cajas de Ahorro de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

La Colección, desde sus orígenes, se propuso recoger en sus páginas las fuentes documentales del Reino de León y los trabajos de investigación relacionados con ellas.

Bien sabido es que no se puede conocer la historia de una pueblo sin conocer las fuentes del mismo, nacidas a través de los siglos y conservadas cuidadosamente en archivos y bibliotecas. La Colección “Fuentes y Estudios de Historia Leonesa” ha intentado potenciar la investigación y el estudio de este patrimonio documental y codicológico en una doble vertiente: la publicación, por un lado, de las fuentes documentales, con el fin de que pudieran ser utilizadas por los investigadores, y, por otro, promocionando y, también, publicando, los estudios que ofrecen el fruto de las investigaciones históricas, en su más amplio sentido, y todo ello referido al ámbito territorial, histórico y zonas de influencia cultural del Reino de León. Fruto de estos 34 años de trabajo son los 100 volúmenes que ha alcanzado la Colección en estos momentos.

Dentro de la sección prevista para la documentación, merecen destacarse los veinte volúmenes dedicados a la documentación de archivo de la Catedral de León hasta el siglo XVIII, los ocho con la documentación del monasterio de Sahagún hasta el año 1500, y los de los fondos medievales de los archivos del Ayuntamiento de León, diocesano de León, catedralicio y diocesano de Astorga, y los monasterios leoneses de Otero de las Dueñas, Gradefes, Carrizo, San Pedro de Montes, San Esteban de Nogales, San Claudio de León, Santa María de Carbajal, Santa María de Trianos, San Román de Entrepeñas, San Miguel de Escalada, así como el importante Tumbo A del Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela, la colección documental de Alfonso VI y los volúmenes que se hallan en imprenta con la documentación de los monasterios de San Pedro de Eslonza, Santa María de Villaverde de Sandoval, San Andrés de Espinareda y la colección diplomática de la reina Urraca, por no alargar la enumeración con otros títulos que recogen documentación medieval.

La Colección ha puesto a disposición de los estudiosos, en cuidadas ediciones, todos sus documentos, y entre ellos muchas piezas de un altísimo interés filológico, desconocidas hasta el momento de la publicación.

Entre los estudios publicados destacaríamos las importantes monografías dedicadas a los Códices visigóticos en la Monarquía Leonesa, El monacato benedictino en la Península Ibérica, Las juderías leonesas o El Becerro de las Behetrías y los diez volúmenes aparecidos en la serie El Reino de León en la Edad Media y los ocho dedicados a León y su Historia, series ambas que se van incrementando con nuevos volúmenes.

Hay que subrayar la importancia que para los estudios filológicos, además de la propia documentación medieval enunciada, pueden tener los dos volúmenes dedicados a índices de la documentación del archivo de la catedral de León y el monasterio de Sahagún hasta 1230 y los cuatro volúmenes que, bajo el título de Index verborum, se han publicado de la documentación de la catedral de León y del monasterio de Sahagún hasta el año 1300, que han supuesto un ímprobo esfuerzo de revisión de las lecturas y transcripciones de la documentación publicada. Además de la identificación, hasta donde ha sido posible, de los topónimos y nombres de personajes en los documentos, estos índices están constituyendo el inicio de una revisión de los tardíos textos latinos y de los orígenes de las lenguas romances en el Reino de León. A estos cuatro volúmenes del Index verborum seguirán los correspondientes a la documentación medieval de los monasterios y de otras fuentes medievales que se vayan publicando en la Colección.

Culminada la edición de la documentación medieval leonesa en este año 2003 o principios de 2004, se están gestionando proyectos de gran interés para la Colección, orientados a la publicación de la documentación medieval de zonas del antiguo Reino de León perteneciente a instituciones monásticas y catedralicias.

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En buena parte, la concepción del Congreso Internacional Orígenes de las lenguas romances en el Reino de León. Siglos IX-XII estuvo motivada por la conveniencia de que los especialistas abordaran frontalmente el rico legado documental conservado en las viejas instituciones del Reino de León, ya que parecía evidente la notoria aportación de las tierras leonesas al conocimiento de los orígenes y desarrollo de las lenguas romances peninsulares, fomentadas por la comunicación entre los pueblos mediante el Camino de Santiago, que discurría a lo largo del extenso Reino de León.

Esta idea de la celebración de un Congreso dedicado a los orígenes del romance en el Reino de León, propuesto como principal actividad a desarrollar por la Fundación MonteLeón, Obra Social de Caja España, tuvo la mejor acogida en la reunión de su Patronato del 13 de noviembre de 2002, a cuya idea se unieron también la propia Obra Social de Caja España y la Colección “Fuentes y Estudios de Historia Leonesa”.

Así nace el proyecto de celebrar el Congreso Internacional Orígenes de las lenguas romances en el Reino de León Siglos IX-XII, a desarrollar en León los días 15 al 18 de octubre del presente año. La planificación del Congreso estaría a cargo de un Comité Científico, al que se debe su estructura y desarrollo.

Al iniciar los primeros trabajos el Comité Científico, se planteó la cuestión de publicar también un facsímil de calidad, acompañado de un estudio paleográfico, diplomático y filológico de la famosa Nodicia de kesos, uno de los documentos más antiguos (casi con toda probabilidad de 974 o 975), si no el más antiguo, con léxico y sintaxis romances que se conocía, conservado en el archivo de la catedral de León. Como organizador del Congreso y coordinador del Comité Científico consideré que más útil que editar un solo documento, por muy valioso que fuese, sería la publicación de una muestra de los documentos más representativos del conjunto de la documentación leonesa altomedieval, que abarcase varias áreas geográficas del Reino. Intervinieron en la selección y estudio de los mismos los miembros del Comité Científico del Congreso. La acogida y disponibilidad del Sr. Obispo de León, del Cabildo de la Catedral, del Archivo Histórico Diocesano y del Archivo Histórico Nacional de Madrid, para prestar los documentos solicitados para la edición facsímil facilitó la realización del proyecto.

El método de trabajo seguido en la selección de los documentos para publicar en facsímil fue, en primer lugar, establecer las características y requisitos que estos debían presentar:

-  que fuesen originales de los siglos X al XII, en buen estado de conservación, de forma que la escritura fuese legible. Se excluiría toda copia, por muy fidedigna que pareciera, aunque ofreciera formas romanceadas de importancia, inclusive tratándose de documentos de época muy temprana, copiados en el Tumbo Legionense o en el Becerro Gótico de Sahagún, porque en toda copia medieval es inevitable que el copista modifique, siquiera mínimamente, el texto que está copiando de un original, sobre todo si aparece en una redacción defectuosa,

-  que no tuvieran un tamaño excesivamente grande, pensando en la reproducción en facsímil e inserción del material en el libro,

-  que pertenecieran al ámbito del Reino de León en la alta Edad Media y que, en lo posible, estuviesen representadas las distintas zonas geográficas, evitando la acumulación de documentos de una concreta comarca.

-  en fin, que todas las piezas elegidas ofrecieran un alto valor filológico para el estudio del romance.

Hay que tener en cuenta que los notarios o redactores de documentos de le época altomedieval tenían a menudo a su disposición formularios con los modelos de los tipos documentales más comunes -donaciones, ventas, permutas, etc.-, cuyo uso les permitía salir más o menos airosos en la escrituración de los negocios jurídicos que les encargaban, aunque sus conocimientos de latín fuesen más bien escasos. En estos documentos sólo en el dispositivo y en la consignación de topónimos aparecen voces claramente romances. Hay que tropezarse con un escriba ignorante y sin recursos, que escribe casi como habla o lo que oye, para que proporcione un testimonio valioso, al verse obligado a reflejar en el texto aquello que los protagonistas de la acción jurídica le manifestaban de palabra. Por eso son tan significativas las noticias con inventarios de bienes y los llamados plácitos o documentos judiciales, que se redactan sin auxilio de fórmulas, porque cada uno resulta bastante diferente a los demás.

Acomodándose a estos criterios, se seleccionaron unas cuarenta piezas, que, con fotocopia del original y la transcripción correspondiente, se distribuyeron a los miembros del Comité para proceder a la selección definitiva de una veintena.

Fue opinión común de los componentes del Comité que se debían incluir los cinco documentos publicados antaño por don Ramón Menéndez Pidal en Orígenes del español y en la Crestomatía.

El número de documentos que se editan es de 21, en 18 pergaminos, porque en tres de éstos existen dos documentos. Creemos que, sin detrimento del valor filológico de las piezas, se ha logrado que estén representadas la parte alta del río Esla (Valdoré), procedente del fondo condal de los Flainez; el Esla medio, la ribera del Bernesga y el alfoz de León (Rozuela, los Oteros, Antimio, Vega de San Adrián, Lorenzana); el alto Porma (Noántica, Reyero, Vegamián, Lillo); el río Luna, vinculado al fondo documental de los Fruélaz; la propia capital del reino; y regiones más periféricas, como el asturiano río Aller, Liébana, por entonces leonesa, y la zamorana villa de Vezdemarbán.

Advertimos que se ha llevado a cabo una revisión reiterada y concienzuda de las transcripciones publicadas, lo que se ha traducido en ciertas correcciones de las anteriores ediciones de estos documentos, lo que ha permitido ofrecer una lectura más rigurosa, sin que ello quiera decir que se hayan resuelto todas las dudas, de que queda constancia en las notas a pie de cada documento. Estas revisiones se han realizado sobre los originales directamente y algunas veces sobre la copia muy mejorada que nos ha ofrecido la digitalización de los documentos que para su publicación ha realizado “Testimonio Compañía Editorial” de Cesar Olmos.

Queremos llamar la atención sobre las dificultades de lectura de la Nodicia de kesos, en las partes del texto ya desaparecido, por haberse aplicado reactivos químicos sobre el pergamino en tiempos anteriores con la pretensión de leerlo; o el número13, que está escrito sobre un pergamino de color muy oscuro, por no haber sabido sus preparadores eliminar debidamente la grasa de la piel del animal, que con el paso del tiempo se oxidó, tomando este color. La solución para su mejor lectura ha sido recurrir a la fotografía digital de alta resolución usada por “Testimonio Compañía Editorial”. Gracias a las posibilidades de manipulación que ofrecen estas tomas digitalizadas, se han podido leer con absoluta seguridad palabras o pasajes difíciles. Estamos evidentemente ante un avance científico que sustituirá al tradicional microfilm o fotocopia como transmisor de la imagen de los documentos.

En las reuniones de trabajo del Comité Científico se han discutido y esclarecido dudas de lectura e interpretación. Pero el caso más señalado de interpretación del texto es el documento número 18, relativo a los foros que habían de pagar al rey los hombres de Vegamián y Lillo, que se presenta como realmente difícil. Ya como primer editor de este documento, puse de manifiesto la dificultad de interpretar algunas expresiones del texto, tan rico para el conocimiento del romance en esta zona leonesa. Además, han sido de gran ayuda las aportaciones de don Miguel Cordero del Capillo sobre la toponimia de Vegamián y su entorno, la del P. Gonzalo Martínez Díez y Bonificacio Rodríguez Díez sobre la voz “culonio” para llegar a una completa intelección del texto, y la de José de Prado Blanco, párroco de Reyero, para la toponimia de la zona. A todos ellos agradecemos su colaboración.

Por fin, se ha de señalar que el estudio y la transcripción de los documentos es obra conjunta del Comité Científico, cuyos miembros han aportado el saber de su especialidad, siendo revisados y enriquecidos con las sugerencias y aportaciones de todos ellos. En el Index verborum, es justo dejar constancia de la colaboración que ha prestado en su elaboración el técnico informático Higinio Cosgaya Peláez, nuestro colaborador en la redacción del Index verborum de la documentación de la catedral de León y del monasterio de Sahgún.

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Parte decisiva ha tenido en la presentación gráfica del cartel y programa del Congreso y en la edición del facsímil el asesoramiento de don César Olmos, gran maestro en la edición de facsímiles, a quien tanto el Comité Científico como las instituciones organizadoras y patrocinadores quieren manifestar su profundo agradecimiento.

Las entidades editoras de este facsímil y el Comité Científico quieren dejar constancia de su agradecimiento a cuantos de una u otra forma han colaborado para que esta obra sea una realidad: al personal de la Fundación MonteLeón, al Deán y Capitulares del Cabildo Catedral de León y al Archivo del mismo, al Archivo Diocesano de León y a su personal técnico, que tan diligentemente han prestado su ayuda, a la Directora del Archivo Histórico Nacional, a D. Julián López Martín, obispo de León, y al Presidente y Directivos de Caja España y de su Obra Social.

 

José María Fernández Catón