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El “Prolegomenon”: las duras reflexiones de un hombre perseguido

El estado de ánimo de Medrano durante los largos años de su reclusión o arresto domiciliario en Ciudad Real, hasta que en 1832 se le concede el retiro militar, tienen un claro reflejo en un largo escrito que denomina, de modo un tanto jocoso, “Prolegomenon”, especie de prólogo secreto que prepara para un libro becerro 41 que escribe en Ciudad Real en 1825.

Pero lo más interesante del referido libro son las opiniones que Medrano lanza sobre las instituciones del Antiguo Régimen en su “Prolegomenon” o prólogo y que, escrito en tono aparentemente desenfadado, está transido de amargura, de desilusión y de desesperanza. Su edad en esos momentos es de 41 años, se encuentra condenado a la inactividad en ese momento de plenitud, seguramente es rechazado por la sociedad de su tierra natal debido a sus ideas y acciones durante el trienio liberal y, ante el exilio o la muerte de sus compañeros, poco puede esperar del futuro. Mientras escribe en secreto, los movimientos más absolutistas están llevando a cabo una cruel labor de represión en la Mancha y una importante toma de posiciones a favor del Infante Carlos. Fácil resulta entender, en tales circunstancias, la amargura, la desilusión y la desesperanza de sus escritos.

La dedicatoria del “Prolegomenon” a sus jóvenes sobrinos 42 señala, en todo caso, un claro interés didáctico, aunque con ironía reconoce que más que consejos les debería dejar algún mayorazgo o alguna renta que no tiene. Por ello, su propia aventura personal es objeto de una implacable reflexión 43, en la que, además, se lamenta por la lucha fraticida en España y justifica su apuesta personal por una sociedad más productiva, utilitaria y justa, influenciado sin duda por la doctrina de Bentham que caló muy fuertemente entre los grupos afrancesados 44, al tiempo que dedica algunos párrafos a la cruel persecución que emprendió el régimen contra los disidentes y a la escasa ayuda recibida de su familia.

Ante este panorama, Diego no repara en criticar con agudeza las necias costumbres y las instituciones contrarias al desarrollo social y económico del país y para ello continúa su escrito con frases muy duras contra la tradición 45 y los mayorazgos, tomando como modelo de esos mayorazgos a la propia monarquía, centrándose en la que en aquellos momentos representa Fernando VII 46. Pero esa crítica le permite también defender la legislación desamortizadora civil y eclesiástica, poniendo en boca de los realistas comentarios tan absurdos 47 que no pueden más que justificar la derogada legislación liberal.

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41  La tercera acepción de “becerro” según el diccionario de la Real Academia Española es “libro en que las iglesias y monasterios antiguos copiaban sus privilegios para el uso manual y corriente” y la cuarta de tales acepciones “libro en que algunas comunidades tienen asentadas sus pertenencias”. En este caso el libro que confecciona Medrano en sus largos días de reclusión no es más que un índice de los papeles y títulos que se conservan en el archivo familiar y que representan los mayorazgos, vínculos y otros derechos que pertenecen a la familia de los Medrano-Treviño.

42  El texto está claramente dedicado a sus jóvenes sobrinos y a los futuros descendientes de su familia, “...á vosotros mozalbetes, barbilampiños imaginarios va dirigido este furibundo prolegomenón, que en medio de chanzonetas puede que contenga alguna advertencia mas interesante para vosotros, y para vuestros sucesores que para mi, pero no quiero hacerlo en tono grave y circunspecto...”

43  “es menester que sepan que en la epoca en que por desgracia he vivido yo, hemos tenido los españoles la bellísima ocurrencia de dividirnos en bandos, as¡ como de Zegries y Abencerrages ó de Moros y cristianos, sacándonos los ojos mutuamente, ya bajo el pretexto de que unos eramos patriotas y otros afrancesados, ya con el de serviles y liberales, y ya por ultimo con el de negros y blancos: aquí fica o punto; yo que afortunadamente hasta el tpo de estos había sido patriota y liberal, o lo que es lo mismo, había pertenecido al partido preponderante, era reputado por bueno al menos de los vencedores por que del voto de los vencidos pocas veces se hace caso; pero por mis pecados me llegó al fin mi Sn. Martín: metime a desfacedor de agravios y me salió mal capada la galga: tube la aprehensión de creer que era posible corregir muchos abusos o males que directamente se oponían y oponer al bienestar de mis compatriotas; me persuadí de que no era difícil allanarles el camino para que en este miserable mundo viviesen con menos sinsabores, librándoles de un sinnúmero de trabas que les dificultan la felicidad compatible con la condición humana: juzgué que todos velan con la misma claridad que yo un sencillísimo principio al que sujetaba mis opiniones, cual era el de que es mejor para los hombres aquello que con preferencia y eficacia contribuye a que su corto vivir sea más cómodo, tranquilo y acompañados de los goces sencillos, que aun la religión más austera no prohíbe, y aconseja la sana política de un buen gobierno: imaginé que era un sagrado deber mio en la parte que me tocaba acometer con valor y al través de errores envejecidos la empresa de arrancar de raiz las verdaderas causas de la vagancia disfrazada y sostenida á costa de la decadencia del activo comerciante, del aplicado artista y del spre. afanosos labrador, que victimas de continuas y exorbitantes exacciones tienen el desconsuelo de ver pasar a manos agenas y ociosas el fruto de su laboriosidad y de sus fatigas, de sus afanes y de sus peligros: me puse principalmente de parte de los miembros mas utiles de una nación, que son los propietarios, sin cuyo fomento y prosperidad no tiene ni puede tener fuerza ningun Estado, y opiné que la razon, la justicia y la conveniencia publica exigían imperiosamte. el proporcionar que esos productos que el infeliz campesino saca de las entrañas de la sierra encorvado casi sin interrupcion hacia ella, sufriendo alternativamte. los ardorosos calores del estio y los frios, las lluvias y las nieves del crudo invierno, sirviesen para una bien merecida recompensa de su constante agitación y sudores, mas no para presa de la rapacidad de unos entes, que a fuer de pretextos espaciosos viven en la mas completa inaccion y holganza o tal vez en los vicios que comúnmente son el resultado de las mismas. ¿Miren Vds. si se puede dar un desatino mas atroz que mi modo de pensar? ¡que habia de suceder! nros compatriotas poseídos de un santo celo por la conservación de las rancias costumbres y de entusiasmo por dejar el mundo en el mismo ser y estado en que lo encontraron el que mas y el que menos, a excepción de uno pocos y aunque cada uno con su fin particularillo.

Alza el rabo esponjado

Y el espinazo en arco llega al cielo

Y con los pies apenas toca el suelo

se revuelven cual gatos de cola pisada ¿y como va eso? Dicen ¿hacernos felices? ¿a quienes? ¿a nosotros que estuvimos dándonos de calamorrones por espacio de seis años contra un mentecato malandrin solo por que intentó regenerarnos? ¡que insolencia! Nosotros somos inregenerables, inmutables, incorruptibles, queremos ser lo que fuimos y el que intente, piense y aun presuma que nos puede convenir otra cosa es un infame, negro, judío que morirá quemado y Viva la religión; pues amigos mios, el resultado fue que nos pescaron a sotavento y favorecidos de un viento fresco del norte nos empezaron á dar caza de un modo tan eficaz que el que de nosotros ha quedado para contarlo ha sido un milagro no hubo al fin otro remedio que tomar las de Villadiego y escurrirse cada uno bonitamente por donde pudo; pues las madrigueras tambien eran pocas y expuestas a los asaltos del egercito de hurones perseguidor. Yo con el rabito entre las piernas me metí pian pianino en un rincon de esta casa, y no a vivir a la sombra de mis claros, preclaros ascendientes, que maldito el que ha sacado la cara por mi, callando todos como muertos, sino a estar a la capa de mis buenos contemporáneos”.

44  Véase López Tabar, J.: Op. Cit. Pág. 206.

45  "Pero lo que si os encargo por la cuenta que os tiene, es que respeteis e imiteis a vuestros antepasados en todo y por todo, porque, hijos mios, es menester que sepais que mis abuelos fueron los abuelos mas perfectos que se han conocido, y esta maxima estan cierta entre los rancios y sesudos españoles, que si alguno de vosotros se desliza y separa de ella, será tenido por un libertino, irreligioso, inmoral y aun herege: es preciso ensalzar nros antiguos usos y costumbres, procurar por cuantos medios podais conservar lo vetusto y desterrar lo moderno, en una palabra verse dar un completo salto atras al menos de seis o siete siglos, bajo el inconcuso principio de que desde la creacion del mundo hasta nuestros dias, ha sabido siempre mas el que ha nacido y vivido antes, de modo que ninguno de vosotros pueda jamas llegar a saber lo que yo... as¡ como yo por mas que me he descalabazado no he podido igualar ni con quinto y tercio al mas estupido de mis antepasados. ¿Que tal, os convence la reflesioncilla? Ya se ve... si es concluyente por tanto si algunos monicacos de aquende o allende los montes quieren persuadidos de que haceis mal en vivir tan atrasados, por que si en todos las epocas y naciones se hubiesen respetado las costumbres de los antepasados, se hallaria el mundo en mantillas, o por mejor decir en ojas y pieles, porque todos nos cubririamos con pieles y ojas solamente y andariamos por esas selvas de Dios a caza de animaluchos, contestarles que este es un argumento frivolo capaz de seducir a los incautos; pero no a los que se hayan penetrados de la excelencia de las costumbres de nuestros sapientisimos abuelos, y si con razon tan poderosa no se convencen dejarlos por que es señal de corrupcion y libertinage, efecto de las perniciosas maximas que han bebido en las impuras fuentes de la nueva filosofia”.

46  "¡Hijos mios admiraros! En esta calamitosa epoca ha habido mucho muchisimos de estos botarates que han tenido la impudencia, avilantez y descaro de hablar en contra de la institución mas sabia de nuestros antepasados, institución que per me Reges Regnant: pues sin ella seria imperfecta en España la Monarquia hereditaria que es un verdadero mayorazgo modelo, pauta y prototipo de todos los mayorazgos y mayorazguillos que se conocen en este pais afortunado; pues si amigos mios, los expresados monicacos han hechado mil pestes contra esta obra perfectisima de nuestros benditisimos abuelos calificandola de contraria al fomento de la agricultura, de la industria de la poblacion y una de las que con otras causas contribuye a la extraordinaria amortización de bienes, que se oponen directamte a la prosperidad de una nacion: digeron que sobre este mal tan trascendental es tambien injusta en su forma y esencia: digeron que esta loca mania de perpetuarse los hombres con tan poco trabajo estubo en todo su auge a fines del siglo 15 y principios del 16 en cuyo tiempo apenas hubo agonizante que con el ultimo suspiro no envolviese un mayorazgo, un patronato, una capellanía o cualquiera otra obra de las llamadas pias, en favor de un cierto numero de individuos y con notable perjuicio del comun de los asociados: digeron que era repugnantisimo a la razon y a la conveniencia publica el que un viejo tonto o una vieja impertinente y regañona, supersticiosa y fanatica sin siquiera saber leer y manejada seguramente por un capigorron se meta a dar leyes a la posteridad, y con el mando, quiero y declaro establezca reglas y condiciones perpetuas para el goce de unos bienes de que la tabacosa vá á desprenderse por todos los siglos : hablaron de la ridiculez de la mayor parte de estas condiciones; origen de disputas, pleitos y continuas discordias: ridiculizaron entre otras con especialidad y como promovedora de confusiones y dudas en el orden de suceder la extremadamte necia de no contentarse con que el nombre del orgulloso fundador pase a la posteridad encuvierto con pergaminos y terrones; sino que por precision lo lleven los poseedores que le sucedan llamandose perpetuamente Pedro, Juan o Francisco o llevando del mismo modo el apellido de Mingo de Pingo o de Respingo y otros de este jaez, solo con el objeto de satisfacer una pueril vanidad que ocasiona el perjuicio cierto de que al cabo de un par de siglos con tantos nombre y apellidos iguales no haya mas que confusiones y embrollos: Digeron que todo esto es el resultado preciso de la descabellada autorizacion concedida a toda clase de personas para erigirse en legisladores, ¿y cuando? Cuando menos provavilidad hay de que aun los mas avisados estén en disposicion de poderlo ser con acierto: en articulo mortis : es decir, cuando al que mas y al que menos lo que le acomoda y le convence es que le dejen morir lo mas calentito que sea posible, sin andarle moliendo con preguntas y respuestas: Digeron que no disminuye en realidad este mal, la consideracion de que todos lo hombres sensatos prudentes y cristianos viejos que saben han de morir e ignoran cuando, hacen su testamento en plena salud y con sus luces despejadas, por que sobre no ser esto lo general, nadie puede asegurar que los tales señores aunque no procedan en el estado de moribundo, han de ser por ello menos necios y capaces de hacer de su cabal juicio tantos desatinos como otros muriendose: Digeron que es una preocupacion intolerable para todo el que discurre esa veneracion ciega, ese respeto indiscreto que se dispersa a la ultima voluntad de los hombres, permitiendoles disponer de su arvitrio y casi sin trabas de lo que vá á desaparecer ante sus ojos para siempre por el fin de su existencia y de las relaciones que solo de ella nacen y que no deben extenderse mas allá de la misma por manera que aun cuando se dé por impuesta la conveniencia de la facultad de testar, no puede mirarse en la esencia bajo otro punto de vista que el de la utilidad de los que sobreviven, en una palabra como en justo titulo de adquirir, que pueden hacer de la ley sin necesidad de salir de la boca de un semicadaver mas expuesto que nunca a incurrir en equivocaciones, inconsecuencias y necedades hijos de la debilidad o trastorno de un cerebro...”.

47  “... y ultimante digeron tantas pestes contra eso que ellos llaman amortizacion civil y eclesiastica y contra la pobre institución de los mayorazgos que seria nunca acabar el referir todo lo que ensartaron los susodichos charlatanes. ¡Que obcecacion! ¡Que inmoralidad y que ignorancia! ¿que importará toda esa cafila de malecillos que ellos tanto ponderan en comparacion de una sola ventaja de las muchas que esta santa libertad a traido al mundo? ¿Ignoran esos deslenguados que sin esta facultad tal vez no existieran tantos monasterio dotados con profusion tantos conventos de monges y frailes en que reina la abundancia, tantos presbiteros con capellanias, tantos beaterios, tantas capillas santuarios y hermitas, tantas misas, tantos sermones y tantas fiestas? ¿Ignoran esos alucinados que sin testamentos carecerian los humanos del dulce consuelo de recetarse en el terrible trance de la muerte ciento, dos cientos, quinientos, mil, cuatro mil, y aun veinte mil misas, se verian privados de la necesidad de encomendar su alma a Dios, y sobre todo del gustazo y precision de mandar el cuerpo a la tierra de que fue formado, porque sin esta precaucion quedarian muy expuestos á algun antropofago se los comiese crudos, ó algun desocupado los redujese á cecina ó los emplease en chorizos ó embuchados, como quizás se practicará no pocas veces en Extremadura o bien en pastelillo de carne picada como se ha verificado ya en otras parte, a pesar de aquella oportuna y prudente medida? ¿No advierten esos mentecatos que sin tan apreciables instrumentos publicos, no tendriamos la satisfaccion de saber al cabo de quinientos o seiscientos años, que el Señor Pero Perez el Viejo dejó á Pero Perez el Mozo los greguescos y el Gaban, que Marivañez sirvio bien á la Señora Guiomar de Tobias y que por tanto le dejaba su manto de anascote y el sayal leonado guarnecido, con su delantera y una de las camisas de su traer, con otras mil lindezas tan interesante ó mas que las dichas? ¿y por ultimo que importa que los campos se hallen yermos, que las fertiles campiñas se conviertan en aridos desiertos, que la poblacion se reduzca, que la industria se disminuya, y que la pobreza se aumente, si en cambio de estos males casi imperceptibles a la facultad de testar y amayorazgarse debe el imponderable beneficio de la conservacion de tantas y tan ilustres prosapias que cual purisimas azucenas vegetan libres y desembarazadamte en esos mismos desiertos y los fecundizan y los hermosean? ¿que seria de nosotros si se hubiesen perdido secado o marchitado esas claras estirpes, esas brillantes alcurnias que son fuero y serán por soecula soeculorum el esmalte , el ornamento y el encanto de la nobleza castellana? ¿Que seria de nosotros sin tener a la vista en un Manrique, en un Guzman o en un Lara esos modelos animados de virtud que aun cuando patituertos, raquiticos y afeminados son en realidad el estracto, compendio y reasuncion de la fuerza, de la robustez, del valor, de la destreza, de la generosidad y del heroismo de cuarenta generaciones? ¿Que sería en fin de nosotros, si no se hubiese conocido esa digna, excelsa y utilisima ciencia del blason o heraldica?. Dejemos pues á los necios protervos y corrompidos en sus errores: digan enhorabuena cuanto sus detestables maximas les dicten y sigamos nosotros nra magestuosa marcha por la senda de gloria y sabiduria que nos dejaron trazada nros incomparables y egregios ascendientes, haciendo cuantos esfuerzos nos sean posibles...”