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CAPÍTULO V
RACIONALISMO
NEOGÓTICO Y RESTAURACIÓN
ARQUITECTÓNICA: JUAN DE MADRAZO Y KUNZ
(1869- 1879)
“La arquitectura gótica (...) debido a la
determinación de sus principios, a la
claridad de la ley de su evolución y a la regularidad de sus transformaciones ha
llegado a encarnar cierto racionalismo que permite obtener deducciones exactas y
por lo tanto soluciones congruentes en el campo de la arquitectura”.
Juan de Madrazo y Kunz, Proyecto de
reconstrucción del hastial del sur de la
catedral de León. León, 20 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C. 8.061, Lg. 8.846, Exp. n° 2.
1) NOMBRAMIENTO DE JUAN DE MADRAZO COMO ARQUITECTO DIRECTOR DE LAS OBRAS DE
RESTAURACIÓN DE LA CATEDRAL DE LEÓN. FORMACIÓN Y ANTECEDENTES.
Juan de Madrazo ya
había sido nombrado arquitecto director de las obras de
restauración de la catedral de León el 27 de enero de 1868 por Real Orden del
Ministro de Gracia y Justicia 1. Sin embargo,
Madrazo renunció al nombramiento el día 29 de ese mismo mes y, aceptada su
renuncia por el Gobierno el 5 de febrero, el cargo recayó, como vimos, en Andrés
Hernández Callejo 2. La
destitución de Callejo el
19 de diciembre de 1868, tras los incidentes e intervención directa de la
Academia y el Gobierno, planteó nuevamente la necesidad de proceder con rapidez
a la designación de un nuevo arquitecto para hacerse
cargo de las obras de restauración 3. La Academia de San Fernando, por
petición
del Director General de Instrucción Pública, a Instancias del Ministro de
Gracia y Justicia, propuso una terna de arquitectos formada por Juan de Madrazo y Kunz, Francisco
Enríquez y Ferrer y Demetrio de los
Ríos y Serrano. Fue elegido entre estos tres arquitectos Juan de Madrazo,
confirmándose su nombramiento por Orden de 21
de febrero de 1869 4.
Sin embargo, pese a los deseos del Gobierno por acelerar el nombramiento de
Juan de Madrazo, las obras de restauración de la catedral de León siguieron un
ritmo muy lento durante siete años, hasta 1876, en que comenzó de modo efectivo
la construcción del encimbrado proyectado por Madrazo.
La
intervención de Juan de Madrazo en la catedral de León tuvo una amplia
repercusión nacional y fue seguida con gran expectación. Las reconstrucciones y
restauraciones que se emprendieron desde este momento se distinguieron por la
introducción de un método unitario cuya novedad radicaba en la plena concepción
racionalista de la arquitectura gótica como sistema dotado de coherencia en
todos sus elementos constitutivos; es decir, los proyectos que se elaboran a
partir de la Dirección facultativa de Juan de Madrazo parten de conceptuar el
edificio como una totalidad constructiva a modo de sistema razonado y coherente,
donde la función estática y resistente del edificio, los tipos estructurales y
el aspecto estético resultante son considerados en intima ligazón y como
componentes que mantienen una mutua dependencia: las formas resultantes de la
arquitectura gótica están controladas y determinadas por la construcción y el
programa.
Como hemos visto, los procesos de desmontes y reconstrucciones ejecutados por
Matías Laviña carecían de un planteamiento amplio acerca de su repercusión en la
totalidad arquitectónica del edificio gótico. El plan de restauración trazado
por Laviña proponía soluciones concretas, y más bien formales, a problemas
constructivos o estáticos, pero sin atender a un estudio detenido de las
condiciones derivadas de la consideración histórico-constructiva de la catedral,
de sus principios mecánicos, consecuencia todo ello del desconocimiento del
funcionamiento mecánico del sistema gótico.
La amplia
formación histórica de Juan de Madrazo y su concepción racionalista de
la arquitectura le llevaron a abrazar la totalidad constructiva de la catedral
en un doble proceso epistemológico en donde el detenido estudio individual de
cada uno de los elementos constructivos –fase analítica– remite de continuo a la
función desarrollada en la totalidad del sistema –fase sintética–. El
entendimiento de la Catedral como la lógica combinación de elementos
arquitectónicos, las relaciones que estos mantienen entre sí y el lugar que les
corresponde en el sistema constructivo, guiará la ejecución de los proyectos de
restauración a partir de este momento. Cada proyecto parcial supuso el estudio
integral de la función ejercida por cada uno de los elementos que constituyen la
Catedral, su razón de ser en el interior de la totalidad constructiva donde se
insertan y en la que alcanzan su pleno significado.
Este amplio y erudito conocimiento
arquitectónico y constructivo que Juan de
Madrazo demostrará en el proceso de restauración de la catedral de León es el
resultado de una extensa e intensa formación y aprendizaje que convierten a
Madrazo en uno de los más interesantes y capacitados arquitectos de la segunda
mitad del siglo XIX.
Juan de Madrazo (1829-1880) contaba cuarenta años de edad cuando llegó a
León
para ocuparse de la restauración de la Catedral. El decenio que permaneció al
frente de las obras constituye su periodo más fecundo, con la elaboración de los
extensos proyectos de restauración, donde se manifiesta de modo evidente la
madurez teórica alcanzada por los conocimientos acumulados a lo largo de su
trayectoria como arquitecto.
El ambiente
artístico en el que se forma Juan de Madrazo era sumamente adecuado
para la adquisición de una sólida formación. Hijo menor del pintor José de
Madrazo, hermano de Federico y Luis, también pintores, y de Pedro, erudito
historiador y Presidente de la Academia de San Fernando, formaba
parte de esta importante dinastía de artistas que, con estrechos vínculos con la
Corona y a través de su influyente actividad en la Academia de San Fernando,
dejó sentir el peso del prestigio de su apellido en el control de la actividad
artística durante todo el siglo XIX 5.
Juan de Madrazo, tras iniciar su aprendizaje en el estudio de Domingo de
Lafuente, ingresó en 1846 en la recién creada Escuela de Arquitectura de Madrid,
donde permaneció hasta 1852 en que consiguió el título y realizó oposiciones a
cátedra para la Escuela de Maestros de Obras de Valencia, de donde
pasaría a ocupar el mismo cargo en Madrid, primero en la Escuela de Maestros de
Obras y después en la
de Aparejadores y Agrimensores, hasta su nombramiento como Director facultativo
de las obras de restauración de la catedral de León en 1869.
El paso por la Escuela de Arquitectura fue importante para la
generación de arquitectos que, como Madrazo, desarrollaron su actividad en el
ultimo tercio
del siglo 6. No obstante, aunque la Academia de San Fernando se apartaba de la enseñanza
oficial de la arquitectura, la Institución académica siguió ejerciendo una activa influencia en el panorama
arquitectónico de la segunda mitad
del siglo XIX; durante algunos decenios sancionó los títulos expedidos por la
Escuela y también controló los proyectos largo
tiempo. En materia de restauración de monumentos, la Academia prolongó sus
facultades: de ella siguieron partiendo los nombramientos de los arquitectos y
también afirmó su papel de órgano consultivo cuyo informe era imprescindible para
la aprobación definitiva de los proyectos 7.
La tentativa de
renovación en la enseñanza de la arquitectura que supuso la
fundación de la Escuela, con especial atención a la introducción de materias
nuevas, y sobre todo el novedoso alcance de
la reflexión acerca de la historia, significaba el declive de los arquitectos “clasíquistas”
8, es decir, aquellos que dentro del seno
académico se limitaban a recalcar el repertorio “vitrubiano” con muy escasa
reflexión teórica: estos
son ahora progresivamente desplazados por una actitud de mayor recapacitación
en torno al núcleo teórico clásico, que se renueva y enriquece con la aceptación
definitiva por la Academia de otros modelos históricos ajenos al clasicismo,
como fueron especialmente los historicismos “neomedievalistas” 9.
Estas primeras promociones de la Escuela de Arquitectura, de las que formaron
parte destacada Juan de Madrazo y Demetrio de los Ríos –condiscípulos que
alcanzaron ambos el título en 1852– estaba más preparada para el estudio y
restauración de los monumentos medievales 10.
La apertura estilística potenció el desarrollo de los neomedievalismos –como
opción de creación arquitectónica y como restauración de monumentos en estilo– y
el eclecticismo, corrientes que conviven con la perduración de un
relativizado clasicismo que mantiene aún un peso considerable como fundamento
de la formación y sustento doctrinal de buena parte de los arquitectos, prueba
de la importante continuidad de la impronta académica
11.
El estudio decidido de los monumentos potenció la opción historicista y la
restauración arquitectónica en estilo como ejercicio disciplinar: se consume
definitivamente el giro desde la percepción “pintoresca”, evocativa, del
monumento, hasta llegar un estudio más detenido de sus leyes constructivas, con
nuevas consideraciones acerca del “estilo”, producto de una visión más
“positivista”. Las asignaturas de los programas de estudio, las cuestiones de
los exámenes y las excursiones artísticas incidieron en esta línea de
investigación del pasado arquitectónico. Todo ello, junto a una mayor
nacionalización administrativa, condujo a la proliferación de las restauraciones de edificios
medievales a partir de 1875.
Especialmente atractivo para la formación tanto de Madrazo como de Ríos debió de
ser el magisterio ejercido en la Escuela por el catedrático Antonio Zabaleta,
profesor de Arquitectura Legal y Práctica de la Construcción 12. De la
interesante actividad desarrollada por Zabaleta interesa destacar su conocimiento directo de las polémicas que tuvieron lugar en Francia entre la
Académie
des Beaux-Arts, representada por su secretario Raoul-Rochette, y los
“neogóticos” encabezados por Jean-Baptiste Lassus y Eugéne Viollet-le-Duc 13.
La publicación de los textos de la polémica en el Boletín Español de
Arquitectura permitió conocer directamente a Madrazo, Ríos y los jóvenes
arquitectos de la Escuela los posicionamientos teóricos del “racionalismo
neogótico” en su confrontación con los postulados de la Academia 14.
El estudio global de la arquitectura del pasado, aunque aún se privilegiaban
ciertas fases históricas 15, y el conocimiento directo de las
teorías que en Francia se estaban
desarrollando en torno al “racionalismo neomedieval” a través de los procesos de
restauración de monumentos, fueron todos ellos componentes fundamentales para el
desarrollo de la restauración del patrimonio arquitectónico en España durante el
ultimo tercio del siglo XIX.
Juan de Madrazo
asimiló y desarrolló a lo largo de su trayectoria profesional
este núcleo de conocimientos que recibe durante su formación. El proceso de
restauración de la catedral de León supuso la culminación de su carrera y donde
más patente se dejó sentir la influencia de las doctrinas de Viollet-le-Duc sobre
la restauración arquitectónica 16. Sin embargo, la intervención de Madrazo en la
catedral de León adquiere pleno sentido dentro de la coherencia total de la obra
del arquitecto, como una facetá de gran importancia en la totalidad de su
pensamiento arquitectónico.
Juan de Madrazo aparece como uno de los arquitectos más atentos a las
innovaciones y corrientes aperturistas que tienen lugar en la arquitectura
durante la segunda mitad del siglo e interviene activamente en diversos campos
de la disciplina arquitectónica 17. Incorporó a su actividad la
dimensión urbanística, con su participación en 1855 en los proyectos de reforma de la
Puerta del Sol de Madrid, pese a que no se realizara su proyecto 18. Otro
interesante proyecto urbanístico es el informe que redacta sobre la situación de
la infraestructura higiénica de León y que publicó en un folletín en el año
1871, titulado Breves sugestiones acerca de los sistemas que pueden adoptarse
para conseguir la limpieza urbana de León 19.
Estos trabajos muestran el interés de Madrazo por los aspectos higiénico-sanita
Ríos en la ordenación urbana y
también, mas genéricamente, lo que será una componente destacada de su actividad
arquitectónica, como es el deseo de fundamentar racionalmente cada uno de los
proyectos, bien a escala urbana, bien a escala del objeto arquitectónico
individual.
Entre los proyectos
arquitectónicos destaca la adaptación que Madrazo realiza
del proyecto a las necesidades del programa constructivo, como por ejemplo en
los trazados que realizó entre 1860 y 1865 para cárceles de provincias por
encargo del Ministerio de la Gobernación, la cárcel del sistema celular de
Llanes, y el manicomio que proyecta para Barcelona, también por estos mismos
años.
Las intervenciones en edificios religiosos comenzaron con la restauración de
la iglesia de la Calatravas en Madrid en 1858, y culminaron con los proyectos de
restauración de la catedral de León. También diseñó mobiliario litúrgico
interior, como el premiado tabernáculo para la catedral de Málaga, o el altar
que realizó en mármol, bronce y cerámica para la catedral de Oviedo.
De gran
interés, como muestra del método de proyecto de Madrazo, es el Palacio
del Conde de Villagonzalo, o también conocido como del Conde de la Unión de Cuba
que data del año 1862. Este edificio, en opinión de Javier Hernando, es una de
las obras más interesantes del neomedievalismo racionalista en España: la
lógica distribución en planta, la identificación entre la forma y la función, la
subordinación de la ornamentación al marco estructural y la utilización de los
materiales según sus propias cualidades y sin ningún tipo de enmascaramiento, sitúan a Madrazo en
“el hilo conductor que concluirá en el funcionalismo del
siglo XX”, de ahí que “el calificativo de neogótico –dice Hernando refiriéndose
a este edificio– debe entenderse (...) como una lectura abstracta de los modos
estructurales de aquel estilo, con independencia de su repertorio figurativo”
20.
Es aquí
donde la figura de Juan de Madrazo, como en general el racionalismo neogótico,
resultan de un mayor interés teórico. La renovación de la arquitectura que
postulan se aparta de una solución puramente formal, como proponla el
eclecticismo decimonónico, para asumir un “revivalismo” de principios
constructivos antes que de formas arquitectónicas. En la afirmación rigurosa de
un método de proyecto razonado en todas sus Instancias es en donde radica la
novedad fundamental: definir claramente la finalidad de la construcción que se
va a proyectar, sus características propias y las condiciones estéticas y
resistentes que ha de cumplir el edificio son condiciones generales previas al
proyecto. La adopción del tipo estructural es consecuencia de estas premisas
iniciales y de la adaptación del mismo a las técnicas de construcción y a las
características y cualidades propias de los materiales con que cuenta el
proyectista para resolver el problema de la construcción.
Este modelo de razonamiento constructivo se encontró plenamente desarrollado en
las construcciones góticas del siglo XIII. La recuperación y aplicación de los
principios constructivos abstractos del estilo gótico permitía intervenir en la
consolidación y restauración de un edificio antiguo tanto como en la construcción
de uno moderno, pues como método de proyecto razonado era aplicable mas allá del
repertorio figurativo que se le asociara.
Juan de Madrazo realiza este tipo de lectura
“constructiva” como punto de
partida en sus proyectos de restauración para resolver el difícil problema de
reconstrucción de la catedral de León. La reflexión sobre la “estructura” del
edificio, como conjunto de elementos resistentes o tipos estructurales que la
componen, y su funcionamiento mecánico es fundamental para garantizar la función
resistente o estática del edificio. La distinción entre la parte estructural del
edificio, sustentante y activa, y los elementos pasivos o de relleno, es la clave del
método y sistema de restauración que adopta Madrazo 21.
Los fen6menos
estático-resistentes requieren una atención especial en el
planteamiento global de Juan de Madrazo, pero no por ello olvida el resto de
condiciones que entran en el problema conjunto la restauración como
reconstrucción. La estructura del edificio es pensada en sí misma pero también
en las relaciones que mantiene con el resto de los elementos de la construcción
de modo lógico y consecuente.
En este sentido, el aspecto
estético o resultado visual de la restauración será
propuesto por Madrazo, como veremos, en su significación propia, pero también, y
sobre todo, dependiente de las relaciones que la cuestión estética mantiene con
la función estática del conjunto. Madrazo no desliga el problema estético del
estático en la restauración, sino que más bien concibe la forma resultante como
una parte visible de la construcción. Es decir, el aspecto formal no solamente
retoma las formas del gótico de la Champagne del siglo XIII –tras la adscripción
arqueológica a esta escuela que Madrazo realiza de la catedral de León– sino que
este orden visual del edificio es sobre todo un orden intelectivo, en cuanto se
pretende que la apariencia externa sea el resultado lógico de la estructura del
edificio y arrastre a la comprensión de los fenómenos funcionales del mismo
22.
En tomo a esta reflexión estructural
añora el aspecto
estético del edificio en
íntima relación. Por tanto, los materiales utilizados en la construcción, el tipo
estructural general, las formas y dimensiones y el proceso de ejecución en
relación con los medios auxiliares requeridos son puestos en íntima conexión por
Juan de Madrazo en sus proyectos de restauración. Los complejos cálculos de
resistencia de materiales que realiza sirven para comprobar de modo matemático
la estabilidad del sistema cuya idea imaginada previamente es lo realmente
importante.
Creo que en esta
óptica interna al organismo constructivo que Juan de Madrazo
desarrolla sus proyectos de restauración es donde resulta apasionante su obra en
la catedral de León.
La actividad de Juan de Madrazo en la catedral de León, por el estado en que recibía el edificio, le
llevó hacia estas amplias consideraciones; más que
propiamente una restauración desarrolló una labor de reconstrucción: en sus
proyectos de encimbrado y reconstrucción de la fechada meridional puso en juego
el sistema de bóvedas, los tipos de arcos y contrarrestos, la función del
hastial en relación con las cubiertas, es decir, la totalidad estructural del
edificio, que somete a una idea conceptual previa, pero absolutamente flexible,
de la arquitectura gótica; Madrazo discernió en la catedral de León los
principios de una construcción racional donde todas las fuerzas debían ser
compensadas; el monumento era el resultado de un meditado equilibrio que el
arquitecto se encargó de poner en evidencia al descifrar la manera en que las
estructuras de la catedral entraban en relación para “construir”-“reconstruir”
el edificio.
La actividad de Madrazo
será analizada en las siguientes páginas en sus diversos
aspectos, tanto dentro del proceso de gestión administrativa, como en el
desarrollo interno de las obras y en los fundamentos teóricos de sus proyectos
inmersos en un modelo de interpretación del sistema constructivo gótico. Las
reflexiones contenidas en estos proyectos mostrarán cómo Juan de Madrazo, en
este último periodo de su carrera, abría el camino hacia una amplia lectura
arquitectónico-constructiva del edificio gótico.
2) PRIMEROS INFORMES DE JUAN DE MADRAZO. LA
PARALIZACIÓN DE LOS TRABAJOS DE
RESTAURACIÓN, (1869-1876).
Durante los primeros siete años de dirección facultativa de Juan de Madrazo las
obras siguieron un ritmo lento, alternando los periodos de cierta actividad, que
permitieron la lenta reconstrucción de los botareles meridionales y parte del encimbrado, con otros de total detención de los trabajos
23.
La falta de recursos económicos y los reiterados informes y peticiones del
Cabildo y del Arquitecto a la superioridad en demanda de fondos fueron las
características más destacadas de esta etapa de la restauración. Sin embargo, Madrazo elaboró durante estos años el proyecto de encimbrado para las bóvedas
altas, terminado a comienzos de 1874, y, dos años más tarde, en 1876, firmaba
el proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero a la altura del
triforio. Además, en este periodo se formó el pensamiento de Juan de Madrazo
sobre el sistema de restauración de la catedral que en gran medida determinará
la formación de los proyectos posteriores que siguieron el plan global trazado
por Madrazo. Es decir, durante estos años se asiste a un intenso trabajo de
gabinete mientras que el proceso de obras de restauración siguió por el
contrario, un desarrollo muy lento debido a la escasez presupuestaria; la
penuria económica se prolongaría hasta el año 1876 en que se consignó una
cantidad fija para la realización de los proyectos formados por Madrazo. Estos
proyectos y su ejecución serán analizados más adelante; ahora nos detendremos en seguir el ritmo de las obras y los incidentes administrativos de la
restauración durante los siete años que discurren de 1869 a 1876.
Las obras se encontraban paralizadas desde mayo de 1868, fecha en que la Junta
de Reparación de Templos acordó que cesasen los trabajos ante la falta absoluta
de fondos y debido a los problemas con los gastos ejecutados por el arquitecto
Hernández Callejo 24.
El problema
de la consecución de los fondos necesarios para proseguir las obras
será, como hemos señalado, el más acuciante en estos años de dirección
facultativa de Juan de Madrazo 25. Varias
gestiones fueron emprendidas por el
Obispo y el Cabildo con este propósito. El 4 de marzo de 1869 ya informaba el
Obispo a Juan de Madrazo de la reclamación ante el Ordenador general de pagos de
150.000 pesetas demandadas para las obras de restauración comprendidas en el
presupuesto de 1869. Esta cantidad que se pedía al Gobierno serviría también
para que el Cabildo recuperara las cantidades que había anticipado en
el año económico de 1868 26.
Como en
ocasiones anteriores, se
recurrió a los representantes de la provincia
de León en las Constituyentes de 1869 para que gestionaran cerca del Gobierno
las partidas presupuestarias con destino a las obras de restauración de la
catedral. Sin embargo, pese al activo interés mostrado por los Diputados, no se
consignarían cantidades hasta el año 1870, con la consiguiente prolongación de
la detención de los
trabajos 27.
Un informe de Juan de Madrazo dirigido al Cabildo en enero de 1870 28
insistía en la acuciante necesidad de obtener fondos para la prosecución
de los trabajos de carpintería, considerados como los de más urgencia. La
práctica paralización de las obras desde 1868 aumentaba “las grandes
probabilidades de una ruina cercana”. Esta suspensión de las obras afectaba
especialmente al deterioro de los apeos, que se encontraban en mal estado “por
los movimientos que han tornado las maderas”, debido a su carácter provisional, y por la consiguiente
degradación por su exposición a la intemperie. En este informe se proponían como
obras de más urgencia la modificación de estos apoyos y el apeo con cimbras de
todas las bóvedas deterioradas de la nave mayor y del brazo norte del crucero,
es decir, un abreviado esbozo de lo que será el posterior proyecto de encimbrado
para las bóvedas altas 29.
El Cabildo se
dirigió el 22 de febrero de 1870 al Regente del Reino en demanda
de fondos para las obras de la Catedral “que por falta de recursos –exponía el
Cabildo– hace mas de un ano se hallan paralizadas” 30.
Madrazo
reforzó la petición del Cabildo con un informe dirigido al Ministro de
Gracia y Justicia
31.
En este documento, tras la relación de las partes desmontadas, volvía a losistir
en la necesidad de ejecutar en primer lugar y con urgencia las obras de
carpintería previas a la reconstrucción de bóvedas y ventanas. El sistema de
ejecución, los medios materiales necesarios y el
personal de subalternos requerido para los trabajos son expuestos en este
documento.
Estos
informes de Juan de Madrazo, con la relación de las obras de más urgente
necesidad y las peticiones de reanudación de las obras por parte del Cabildo, no
fueron suficientes para que el Ministerio otorgara los fondos necesarios para
emprender los amplios trabajos de encimbrado y reconstrucción que demandaba el
estado de la Catedral.
Sin
embargo, estas gestiones tuvieron un resultado parcial con la consignación de
una pequeña cantidad en abril de 1870 que se empleo para las obras de
reconstrucción de los botareles del hastial meridional, fondos que también se
aprovecharon para ejecutar algunas obras de carpintería.
Según una
relación de Madrazo, de junio a noviembre de 1870 se emplearon estos
fondos parciales para la reedificación del botarel de poniente del brazo sur del
crucero –Caracol de la Muerte– que se llevó hasta una altura de 10,65 metros, es
decir, hasta la línea de imposta superior, y se prosiguió con la reconstrucción
de los dos arbotantes de contrarresto del hastial meridional 32. La
construcción
del botarel comenzó el 7 de mayo y se terminó a mediados de agosto 33.
Una vez terminadas estas obras, nuevamente se paralizaron los trabajos en
octubre ante la falta de recursos económicos. Las autoridades religiosas
acudieron una vez más al Regente del Reino y a los representantes políticos de
la provincia de León en demanda de fondos a finales del mes de octubre 34.
La
gestiones de los Senadores de León ante el Ministro de Gracia y Justicia
dieron como resultado la consignación en el mes de mayo de 1871 de 125.000
pesetas para continuar las obras, cantidad que se aplico inmediatamente a la
reedificación del otro botarel del brazo sur del crucero 35.
De mayo a julio de 1871 se
procedió a la continuación de la reedificación del
Caracol de la Muerte, que se elevó hasta la altura del chapitel de coronación,
con un volumen de más de 40 metros cúbicos de fabrica. Posteriormente se
realizaron las labores escult6ricas de remate del botarel, gárgolas de derrame
de las aguas y parte del cornisamiento del brazo sur, para lo que se empleo
piedra de las canteras de Burgos 36.
Estos
trabajos de reconstrucción de los botareles de contrarresto del brazo sur del
crucero eran indispensables para la posterior reedificación de la nave
meridional y remate del hastial, dada su función de estribos. Sin embargo, estas
obras de cantería y otras de encimbrado que se
acometieron con esta partida, pese a su importancia, se ejecutaron a un ritmo
bastante lento y con constantes interrupciones.
Las obras continuaron hasta septiembre de 1872 en que volvieron de nuevo a
paralizarse ante la falta absoluta de fondos. Nuevamente se dirigió el Vicario
capitular al Ministro de Gracia y Justicia el día
13 de noviembre remitiendo un presupuesto formado por Juan de Madrazo con la
estimación del coste aproximado de las obras de encimbrado y reconstrucción del brazo sur del
crucero, “hasta atar la construcción nueva con la obra vieja que está sólida y
que ha quedado en pie” 37.
Al año siguiente tuvo lugar un importante cambio en la
administración de las
obras de restauración de la catedral: el 9 de mayo de 1873 el expediente de
restauración paso a depender del Ministerio de
Gracia y Justicia –Negociado de Edificios Diocesanos– al Ministerio de Fomento,
Sección de Construcciones Civiles de la Dirección General de Obras Públicas. Con
esta reestructuración administrativa, se creó la Junta Inspectora de las obras con la
composición siguiente 38:
Presidente, el Gobernador Provincial; Vicepresidente, el Obispo de León, Vocales,
el Arquitecto Director y el Ingeniero Jefe de
Caminos Provincial, y Secretario sin voto, el Auxiliar Ayudante 39.
Poco antes de que las obras pasaran a depender oficialmente del Ministerio de
Fomento, Madrazo envió un informe al Director General de Obras Públicas a
finales del mes de abril en que al tiempo que exponía el sistema de restauración que
habría de adoptarse, daba una precisa
relación del estado de las obras en ese momento 40.
Los trabajos de carpintería
que se habían realizado hasta el momento comprendían los cuchillos de los arcos perpiaños de la nave mayor al oeste del crucero,
con la conclusión total del encimbrado de la b6veda situada sobre el coro, y el
cuchillo del primer arco perpiaño del presbiterio 41.
Las obras propiamente de restauración incluyeron la reconstrucción de los
mencionados botareles de contrarresto de la nave meridional, “con todos sus coronaciones completas de chapiteles y
pináculos”, y en el
interior “se ha sentado la hilada de los capiteles donde arrancan las bóvedas
altas en tres de los seis pilares de que consta el brazo Sur del crucero”.
A finales del mes de enero de 1874, Juan de Madrazo firmaba el proyecto de
encimbrado para las bóvedas altas. La redacción de este complejo proyecto
suponía la elaboración final de las propuestas de
encimbrado que había venido elevando a la superioridad, como trabajos de más
urgencia, desde que accedió a la dirección de las obras de restauración. Sin
embargo, los retrasos en la tramitación del proyecto y los problemas de la falta de licitadores en las subastas para la
ejecución del encimbrado, provocaron que las obras de encimbrado de la Catedral no comenzaran hasta el mes de
junio de 1876 42. Pero mientras esto
ocurría con el desarrollo de las obras, el
nuevo Obispo de León realizó un apasionado llamamiento a todo el orbe para
procurar allegar fondos con destino a la catedral de León.
La falta de
consignación por parte del Gobierno de una cantidad regulada y
suficiente para reanudar las obras de restauración con un ritmo constante, llevó
al Obispo de León, Saturnino Fernández de Castro, a organizar una suscripción
pública e internacional aprovechando la situación más propicia para la Iglesia
que se abrió con la restauración borbónica. El Obispo, que había ocupado la sede
vacante Leonesa a mediados del año 1875, convocó el 10 de noviembre de ese mismo año una junta en el Palacio Episcopal para la
formación de las comisiones
necesarias para organizar la suscripción 43.
Como resultado de estas
reuniones, se redactaron varias circulares que, una vez
impresas, se distribuyeron por España y el extranjero 44. Estas circulares se
acompañaron del Juicio pericial de Juan de Madrazo sobre el estado de la
Catedral con la sumaria relación de las obras de restauración necesarias para
volver a abrir el templo al culto 45.
Este resumido informe de Madrazo presenta el interés de contener, como
complemento a anteriores informes, un cuadro completo de la totalidad de las
obras de restauración de la catedral de León agrupadas en varios grados, según
su mayor o menor urgencia. Así, se consignaron no solamente las obras necesarias
para asegurar la estabilidad del edificio, sino también las obras denominadas
por Madrazo “de conclusión o de complemento”, como trabajos necesarios para la total restauración pero que no afectaban a la
estructura constructiva del edificio, en un esquema que será el seguido por sus
sucesores hasta la finalización de la restauración total de la catedral de León.
Los
dramáticos términos empleados en la redacción de las circulares para
expresar las necesidades urgentes de recursos económicos, llegaron a oídos del
Ministerio de Fomento que, a través de la Dirección General de Construcciones
Civiles, se dirigió al Obispo de León, como Presidente de la Junta de Obras de
la Catedral, solicitando que informase sobre esta suscripción publica de la que
no se tenía en Madrid conocimiento oficial 46. El informe del Obispo daba cuenta
de la organización creada para esta suscripción nacida por iniciativa suya, si
bien, como decía en su informe, ya había anunciado anteriormente de modo
personal su propósito al Ministro de Gracia y Justicia, Calderón Collantes y al
de Fomento, Martín Herrera, en reuniones donde les explicó el estado de ruina de
la catedral y su deseo de realizar una suscripción general 47.
Sea como fuere, lo cierto es que los fondos recaudados fueron realmente escasos:
únicamente se recibieron cantidades de cierta importancia del monarca Alfonso XII,
así como de la Obra Pía de la Santa Cruzada y de la Diputación de León.
Este fracaso de la suscripción popular demostraba que el idealizado tiempo de
las grandes construcciones de las catedrales góticas, que ahora se queria
resucitar con el auge del movimiento “neocatólico”, quedaba definitivamente
anclado en el pasado: será el Estado el que, en atención al carácter de
Monumento Nacional de la catedral Leonesa, sufrague los gastos de la
restauración 48. No obstante, y
quizás debido a esta difusión nacional que
tomaron las obras de restauración, lo cierto es que a partir de ese año de 1876
se consignó por parte del Ministerio de Fomento una cantidad fija para la
prosecución de las obras de restauración, que comenzaron a partir del mes de
junio con la construcción por administración del proyecto de encimbrado de
Madrazo que ya había sido aprobado con anterioridad. A partir de entonces se
abre una nueva etapa para la restauración de la catedral de León.
En
definitiva, escasa obra para siete años de actividad dominados por los problemas
presupuesta Ríos y administrativos. Sin embargo, en este periodo, como
dijimos más arriba, Juan de Madrazo fue formando su pensamiento acerca del
sistema de restauración. La documentación de estos años muestra la progresiva
maduración del proyecto de encimbrado para las bóvedas altas fechado el 28 de
enero de 1874, elaborado por Juan de Madrazo durante este periodo de lentitud en
los trabajos de fábrica. La complejidad del proyecto de encimbrado supone un
cuidadoso estudio del funcionamiento de la estructura gótica como sistema en
equilibrio activo. El interés teórico del estudio de la catedral que realiza Madrazo en el proyecto de encimbrado requiere una mayor
detención en su
elaboración teórica.
3) EL PROYECTO DE ENCIMBRADO DE LA CATEDRAL.
–
El estado exangüe de la catedral de León en 1869: la necesidad de un sistema de
apoyos y entibaciones.
La reiterada petición de fondos para acometer el encimbrado de la Catedral fue,
como hemos visto, una constante en estos primeros siete años de dirección
facultativa de Juan de Madrazo. El lastimoso estado de la Catedral, tras los
desmontes ejecutados por Matías Laviña en el periodo anterior, hacia
imprescindible la creación urgente de medios auxiliares para apoyar debidamente
las partes desmontadas y proceder a la reconstrucción una vez asegurada la
estabilidad del edificio.
El impresionante sistema de encimbrado ideado por Juan de Madrazo a modo de
inmenso armazón de madera respondía a las necesidades requeridas por el estado
de semirruina que presentaba la Catedral en el momento en que se encargó de la
dirección de las obras. El desequilibrio de la fábrica era evidente: las pilas
cercedadas no ofrecían un apoyo estable a las bóvedas, los tramos desmontados de
bóvedas habían roto el equilibrio y las que subsistían, agrietadas y
descompuestas, ejercían empujes desiguales, al tiempo que el deterioro o
desmonte de arbotantes y botareles, en su función de contrarrestos, les
incapacitaba para resistir los empujes: la ruina, tras los desmontes, parecía
inminente.
La escasa obra realizada por
Andrés Hernández Callejo, que como vimos se limitó
a la labra de sillares, había dejado la Catedral a Juan de Madrazo prácticamente
en el mismo estado en que Matías Laviña detuvo los trabajos. Las obras de
reconstrucción iniciadas por Matías Laviña en la parte meridional de la iglesia
llegaron solamente hasta la altura del triforio –que más tarde seria desmontado
por Madrazo– con lo que faltaba por reconstruirse parte de los botareles de
contrarresto, toda la zona correspondiente a las ventanas altas, rosetón y remate del hastial y las bóvedas altas
desmontadas, como se puede observar gráficamente en el alzado de la fechada
meridional trazado por Callejo y como expresaba verbalmente Madrazo en su
relación de marzo de 1870 49:
“Demolido,
por su estado ruinoso, el crucero de la Iglesia con sus dos bóvedas contiguas de
la nave mayor y todo el brazo Sur con la inclusión de su fechada, la
reconstrucción de todas estas partes quedó paralizada a la altura del ándito o
triforio que corre por todo alrededor, faltando en el día construir el tercero y
último cuerpo, o sea, el de los ventanajes altos de la nave mayor con las
armaduras de cubierta y demás accesorios al nivel de la parte antigua que ha
quedado en pie”.
Las obras
de cantería realizadas por Madrazo desde 1869 hasta 1876 comprendieron
fundamentalmente, como hemos visto en el apartado anterior, los dos botareles
situados a ambos lados del brazo sur en el extremo de la fechada y la elevación
parcial de los pilares interiores. Pero las obras de cantería no podrían ser
continuadas si antes no se aseguraba la estabilidad del sistema de bóvedas.
Además de
ser de imperiosa necesidad realizar el encimbrado de la Catedral para
proceder a la reconstrucción, estas cimbras eran completamente imprescindibles
para contener los desequilibrados empujes que extendían la ruina de modo
alarmante e incontenible hacia otras zonas del edificio. Hernández Callejo
hablaba de “puntos ruinosos sin apoyos, de la bóveda ruinosa del presbiterio” y
de la bóveda del coro, “cuya ruina es inminente”. Estas afirmaciones de Callejo
demuestran cómo la ruina, en principio limitada a las partes desmontadas por
Matías Laviña, se extendía de modo inquietante hacia otras bóvedas altas del
edificio –coro, presbiterio y brazo norte– que comenzaban a arruinarse causando
el terror y la angustia de la población y de los religiosos. Ante la falta de
apoyos que sustituyeran en sus funciones estáticas a los elementos que habían
sido derribados, las bóvedas se encontraban mutiladas sin el sostén necesario.
Como un enorme castillo de naipes al que se le retiran varias de sus cartas, la
catedral de León amenazaba con extender esta irrefrenable ruina hasta desbaratar
por completo la estabilidad del edificio y convertirse en un montón de
escombros.
Las obras
de carpintería de contención realizadas por Matías Laviña no contribuyeron a
dotar de las entibaciones precisas al edificio: sus armaduras de madera eran
grandes y pesadas armas aprestadas y fijas sobre durmientes que prácticamente
sólo servían como andamios para servicios de opera Ríos y
materiales y simple sostenimiento vertical de las bóvedas. El sistema de
equilibrio de la catedral gótica era, sin embargo, mucho más complejo: resultado
del “principio de equilibrio activo”, la entibación del edificio debía ser
resultado de la comprensión profunda del sistema de fuerzas que intervenían en
este “equilibrio”, como se encargó de demostrar Juan de Madrazo.
Madrazo,
ante esta situación en que se encontraba la fábrica, desde el primer momento se
percató del doble aspecto que presentaba el sistema de restauración que había de
seguirse en la Catedral. Por una parte, y en primer lugar, era imprescindible
asegurar la estabilidad del edificio, de siempre comprometida, y crear los
medios auxiliares de carpintería para proceder a los apoyos, apeos y
reconstrucciones 50.
Por otro lado, una vez creado el armazón de madera, comenzaran los trabajos de
restauración propiamente dicha que determinarían la “imagen constructiva y
formal” del edificio, para lo que Madrazo recuperó las formas góticas del siglo XIII como las adecuadas al
carácter
artístico-arqueológico del templo 51.
Por lo tanto, la primera fase de los trabajos, la
construcción del
encimbrado, en cuanto afectaba directamente a la estabilidad del edificio, a su
estructura, llevó a Madrazo a elaborar un concienzudo estudio del mecanismo
“funcional” de la catedral gótica, concebido como sistema de cargas y
contrarrestos, de elementos activos, elásticos, que intervienen como
“estructura”, opuestos a elementos pasivos, neutros o rígidos, cuya única
función es servir de cerramiento.
Este modelo de interpretación de
“la catedral gótica” es de suma importancia
como explicativo de la imagen formal que adopta la Catedral tras la restauración. La
elaboración por Juan de Madrazo de su sistema de encimbrado es
fruto de un estudio teórico previo del “sistema constructivo gótico” y sus
“principios arquitectónicos”. Por consiguiente, la amplia comprensión de la
significación de su proyecto de encimbrado se debe realizar en el marco teórico
de la elaboración doctrinal de un modelo de explicación general del
funcionamiento mecánico del sistema constructivo gótico y su aplicación concreta
al problema de la reconstrucción de la catedral de León.
– Fundamentos teóricos del sistema de encimbrado; un sistema de interpretación
de la Catedral gótica: funcionalismo estructural y equilibrio activo.
La
restauración de la catedral de León se había convertido en una verdadera
reconstrucción de partes vitales de su organismo constructivo. El sistema de
encimbrado ideado por Juan de Madrazo, como enorme armazón de madera, estaba
concebido para englobar la totalidad estructural del edificio, a modo de “horma”
que sostuviese y estribase la catedral y a la vez permitiera reconstruir las
partes desmontadas.
El método seguido por Madrazo para la
restauración es la directa aplicación de
las doctrinas “racionalistas” de explicación del funcionamiento del sistema
gótico llevadas a su más acabada elaboración en Francia por E. Viollet-le-Duc.
El éxito que tuvieron las teorías del arquitecto francés durante todo el siglo
XIX se debe en gran medida a la rigurosa afirmación de un método que coordina
todo su sistema de explicación de la arquitectura gótica 52. La
elaboración de
un método con pretensiones de constituirse en una “ciencia de la arquitectura”
de validez universal explica la gran difusión de sus estudios teóricos e
históricos por todo el continente 53.
Juan de Madrazo adopta y desarrolla el
método de interpretación del sistema gótico deducido por Viollet-le-Duc para resolver el complejo problema de
contención de la ruina y reconstrucción de la catedral de León. El proceso de
restauración se convierte en un interesante campo de experimentación y
demostración de los principios racionales sobre los que se asienta la
arquitectura, y que, en opinión de Madrazo, eran evidentes en un edificio como
la catedral de León, perteneciente a la fase más depurada de la evolución del
estilo gótico.
El conocimiento preciso y detallado de los distintos sistemas constructivos
entronca con la aspiración de la cultura arquitectónica del XIX de organizar el
estudio sistemático y racional de los estilos arquitectónicos de la historia que
posibilitará intervenir en los edificios del pasado con la suficiente garantía
de fiabilidad, mas allá de las primeras evocaciones sensibles y pintorescas del
primer romanticismo. “Los edificios desmontados podrían volver a ser montados”
siguiendo lógicas diferentes, deducidas de su propio sistema constructivo. Los
distintos “sistemas” arquitectónicos se configuran en su evolución histórica
como la consecución, aplicación y desarrollo de nuevos “principios”
constructivos.
El interés de la obra
histórica de Viollet-le-Duc reside en concebir la
evolución de la historia de la arquitectura no tanto como una sucesión de
formas, sino antes bien como la transición gradual de unos “principios”
constructivos a otros, en un proceso de búsqueda incesante y ensayos previos. Si
Viollet-leDuc se interesa en la “forma” arquitectónica, es menos para describir
el repertorio histórico de las diversas formas, trabajo de arqueólogo, que para
descubrir los “principios” que determinan las formas 54.
La
aprehensión profunda de los principios de la arquitectura permite al
arquitecto realizar un proceso de descomposición y reconstitución de la
totalidad arquitectónica en sus elementos constituyentes, posible en su doble
recorrido de análisis –descomposición– y de síntesis –reconstitución–. Este
proceso lo encontramos realizado, como operación de disección mental y gráfica,
en las páginas del Dictionnaire raisonné a través de los múltiples ejemplos
propuestos por Viollet-le-Duc para demostrar la lógica de la arquitectura, su
carácter “razonado”. El paso de la recomposición “imaginaria” a la
reconstrucción “material” se realiza por la restauración, posible al desenvolver
el arquitecto la lógica constructiva interna al edificio.
Desde esta perspectiva cobra pleno sentido la
afirmación expresada en su
artículo “Restauration” del Dictionnaire donde propugna “que cada edificio o
cada parte de un edificio debe ser restaurado en el estilo que le pertenece, no
solamente como apariencia, sino como estructura” 55. Es decir, el arquitecto
restaurador debe tener un preciso conocimiento de los principios que determinan
los sistemas arquitectónicos y penetrar en el organismo interno del edificio 56:
“si el arquitecto encargado de la
restauración debe conocer las formas, los
estilos pertenecientes al edificio y a la escuela a que pertenece, debe conocer
mejor aún, si es posible, su estructura, su anatomía, su temperamento, puesto
que ante todo es necesario que le haga vivir”.
La intima
comprensión de la estructura del edificio, como aplicación inmediata
de los principios constructivos, es el primer paso en la restauración
arquitectónica. Estructura significa además “conformación”, es decir, la manera
en que están dispuestos y combinados los elementos resistentes del edificio para
que este exista como un todo organizado que garantiza su función estática.
Dentro de este marco
teórico Juan de Madrazo se aproxima a la reconstrucción de
la catedral de León a través del estudio de los principios arquitectónicos que
gobiernan su estructura. La clara exposición de estos principios es fundamental
para la comprensión del método que adopta Madrazo en la restauración.
El carácter abstracto de las leyes
arquitectónicas de las que deriva la
construcción gótica dota de unidad al estilo mas allá de las diferencias
regionales o de escuelas. La genérica consideración de la catedral de León como
un edificio perteneciente a la fase “clásica” de desarrollo del estilo gótico
permite a Madrazo estudiar su estructura a partir de las leyes comunes al
sistema gótico del siglo XIII; es la unidad y variedad que al mismo tiempo se
observa en cada edificio: esta es una de las grandes cualidades del sistema
gótico, es decir, el sistema constructivo gótico no se convierte en una
codificación de fórmulas absolutas, sino que el carácter razonado y necesario de
sus principios a la vez que unifica el método de construcción permite el libre
ejercicio imaginativo del arquitecto.
La
restauración arquitectónica se define como la “relectura” de estos principios
que se encuentran “codificados” en el organismo interno del edificio y que
posibilitan y legitiman su devolución a ese “estado completo” de “pureza
originaria” contenido en la definición violletina del término. En cuanto
“relectura” de principios latentes en el organismo arquitectónico, la
restauración no está exenta de la “interpretación” que del edificio realiza el
arquitecto restaurador, puesto que, “ante todo es necesario que le haga vivir”.
El carácter
“exacto” de la restauración, como parte fundamental de la “ciencia
de la arquitectura”, une en su campo disciplinar la ciencia histórica y la
ciencia de la construcción 57. Pero esta ultima, la
construcción, es al mismo tiempo un arte, por lo que a su carácter de
exactitud rigurosa como ciencia derivada de unos principios necesarios, se suma
“el sentimiento natural”, “el instinto”, propio de los artistas. “La
construcción es el medio, la arquitectura el resultado”; esta frase la loserta Viollet-le-Duc en el primer
párrafo de su articulo “Construcción” del Dictionnaire raisonné. El resultado
–la arquitectura– es algo más que la aplicación razonada del medio –la
construcción–, más que la mecánica realización
de un principio abstracto: entre ambas se sitúa el arquitecto que –como indica Geer Bekaert–
“cada vez realiza nuevas síntesis individuales en el interior de
una estructura fundamental especifica” 58. El conocimiento de los principios
constructivos es para Viollet-le-Duc el conocimiento de la parte cientifica de
la disciplina arquitectónica, pero su desenvolvimiento, su desarrollo, es propio
del “genio” particular del arquitecto. Estos principios, en cuanto eternos y
presentes en toda la arquitectura, hacen que las barreras entre la
“restauración” y la “construcción” se difuminen: las distancias temporales que
separan la obra del pasado del edificio del presente se anulan ante la
persistencia atemporal de los principios de la arquitectura. Es aquí donde, como
indica Giulio C. Argan, “la concepción del revival enlaza entonces con la de
restauración”, donde “la teoría de restauración de edificios formulada por
Viollet-le-Duc (...) señala el punto de máxima tensión y el final del Gothic
revival” 59.
Así, –afirma Argan– Viollet-le-Duc “no tiende a evocar el pasado,
sino a reactivarlo: la construcción es siempre una reconstrucción, la obra de
arte es siempre una restauración” 60.
La Historia es
inseparable de cualquier formulación
teórica en Viollet-le-Duc.
Los principios abstractos son deducidos y demostrados por el razonamiento
histórico. De aquí la relevancia que alcanza la restauración arquitectónica en
su corpus teórico. El edificio del pasado, la arquitectura en su desarrollo
histórico, es la única escuela de enseñanza directa para la formación de la
nueva arquitectura. La Historia demuestra que cada edificio concreto es la
realización material de un “estilo”, cuya forma es el resultado riguroso de la
aplicación de unos principios generales que determinan la esencia de su ser
arquitectónico. Por tanto, la conquista conceptual del edificio que ha de
realizar el arquitecto restaurador comienza con la abstracción de los principios
que explican su conformación y relación entre las partes, hasta constituirse en
totalidad arquitectónica, hasta aparecer dotado de estilo 61.
En opinión de Viollet-le-Duc el principal principio constructivo introducido en
la arquitectura occidental por los constructores de la Edad Media fue el
principio de la “elasticidad”. La aplicación por vez primera del principio de
elasticidad en la arquitectura medieval permite la consecución de un nuevo
sistema constructivo que unifica a la arquitectura medieval más allá de las
diferencias de estilos y escuelas, resultantes de la diversa interpretación de
este principio. La esencia de la diferencia existente entre la arquitectura
romana y la arquitectura medieval reside –en opinión de Viollet-le-Duc– en la
diferencia de principios constructivos: la arquitectura romana está fundamentada
en el principio de “la estabilidad absoluta” o “estabilidad inerte”, mientras
que este es reemplazado en la Edad Media por el mencionado “principio de
elasticidad”, donde la estabilidad es el resultado del equilibrio de fuerzas.
Este
diferente punto de partida entre los dos sistemas constructivos explica el resto
de sus diferencias arquitectónicas: la disposición y combinación de los tipos
estructurales –bóvedas, arcos, elementos de sostenimiento, ...–, el empleo de los
materiales, las formas resultantes, la estética del edificio, todo ello surge,
en definitiva, como consecuencia de la adopción de uno u otro principio 62.
El sistema de bóvedas romano se sostiene en puntos de apoyo absolutamente
estables, puesto que esta bóveda es fundamentalmente “una corteza homogénea sin
elasticidad”: el resultado son masas inmóviles y pasivas que actúan solamente
como resistencias pasivas; sin embargo, los constructores románicos introducen
un sistema nuevo para sostener las bóvedas en relación con la inestabilidad de
los puntos de apoyo destinados a soportarlas y contrarrestarlas: la bóveda se
divide en tramos por los arcos fajones que funcionan como una “fuerza viva,
elástica, libre, una osatura sobre la que reposa la bóveda propiamente dicha”;
la bóveda pierde su carácter de corteza homogénea y concreta, y se convierte en
una serie de parteles libres que reposan sobre arcos flexibles, que a su vez
necesitan ser contrarrestados por refuerzos en el muro por medio de
contrafuertes, en definitiva, nace un nuevo sistema de construcción fundamentado
sobre el principio de elasticidad. El principio, una vez adoptado, es
susceptible de progresar y evolucionar. Para Viollet-le-Duc la elasticidad, el
equilibrio de fuerzas entre los elementos constructivos, que germina en las
construcciones románicas, alcanza su pleno desarrollo y perfección con la
arquitectura gótica. Los muros de los edificios góticos pierden su carácter
portante y se convierten en meros cerramientos, el equilibrio de fuerzas y
contrarrestos alcanza su máxima expresión con el sistema de bóvedas de crucería,
arbotantes y botareles exteriores, en el interior se consiguen los máximos
espacios vacíos posibles, la decoración subraya y potencia la estructura, en
definitiva, un sistema arquitectónico totalmente razonado y coherente, donde
cada elemento constructivo encuentra su razón de ser y su explicación razonada
dentro de la totalidad arquitectónica.
Este método de interpretación de la arquitectura
gótica coordina todo el sistema
y permite al arquitecto restaurador englobar en el modelo de explicación toda la
variedad empírica de edificios góticos. Las distintas patologías de los
edificios góticos sometidos a restauración contaban a partir de la formulación
de Viollet-le-Duc con un cuadro clínico adecuado en donde realizar el diagnóstico 63:
“No olvidemos que los monumentos de la Edad
Media no
están construidos como los
de la Antigüedad romana, en los cuales la estructura procede por resistencias
pasivas, opuestas a fuerzas activas. En las construcciones de la Edad Media
todo miembro actúa. (...) En una palabra, no se trata de mantener fuerzas
inertes actuando solamente en sentido vertical, sino fuerzas que actúan en
sentido opuesto para establecer un equilibrio; toda modificación de una parte
tiende entonces a perturbar este equilibrio”.
Este es el punto de partida
metodológico que adoptó Juan de Madrazo para
plantear la reconstrucción de las partes desmontadas de la catedral de León. El
sistema de encimbrado ideado por Madrazo es la adaptación de una armadura de
madera a las condiciones estructurales del edificio gótico, a modo de elemento
neutro aplicado a la parte activa del edificio.
Juan de Madrazo organiza el sistema de
restauración de la catedral de León desde
la distinción previa de los dos tipos de fábrica que intervienen en la
estructura gótica. En el informe de 1870 realiza un primer planteamiento del
sistema y organización de los trabajos en función de los tipos de fábrica 64:
“En cuanto a esta
reconstrucción (...) hay que consignar una distinción muy
importante entre todo lo que es la obra gruesa, la armazón o esqueleto del
edificio, o sea, la parte elástica de su estructura, y lo que es la obra fina y
delicada, la parte que no desempeña ninguna función activa en la construcción,
que es rígida y que no hace más que cerrar, a la manera de grandes enrejados de
piedra, los inmensos huecos que deja la primera”.
El primer
tipo de fábrica, la parte elástica de la estructura, comprende –según especifica
en el informe de 1873– “la combinación de botareles, arbotantes, pilares y
contrafuertes y los arcos de crucería para la formación de bóvedas” 65.
Todas estas fábricas desempeñan una función activa en el organismo
arquitectónico y de ellas depende la estabilidad del edificio. El resto de la
cantería, la fábrica que no desempeña ninguna función activa, la divide Madrazo
en dos clases, “rígida, cuyo único objeto es servir de cerramiento” (ventanales
de tracería, rosas y rosetones) y “neutra, que no hace más que gravitar sobre
las crucerías” (como los entrepaños o plementería de las bóvedas) 66.
Esta
distinción que realiza Juan de Madrazo entre partes activas y pasivas, como
“dos clases de fábrica tan diferenciadas entre sí por su naturaleza y función”,
es de suma importancia para determinar el sistema de restauración del edificio:
lógicamente la parte propiamente activa, elástica, es el primer tipo de fábrica
que debe reconstruirse para asegurar la estabilidad del templo y restituir el
sistema en equilibrio activo de la catedral gótica.
La
reconstrucción de la Catedral había de recuperar el método de composición de
los edificios introducido por los constructores medievales. Según la
interpretación violletiana, el método de interpretación del edificio gótico
consistía en hacer derivar las plantas y la disposición de los alzados de la
estructura proyectada para las bóvedas 67.
Por consiguiente, el método de reconstrucción de la estructura activa de la
Catedral tenía que contar con el tipo y disposición de las bóvedas de crucería
que se iban a reponer y sus contrarrestos: “hay necesidad –decía Madrazo– de
voltear sobre cuarenta arcos apuntados, ya de triángulo equilátero, ya de tercer
punto, de diferentes luces, que componen las crucerías de las bóvedas, y sus contrarrestos a los arbotantes
exteriores” 68.
Como se ha podido observar, el encimbrado de la catedral de
León ideado por
Madrazo reposa en la concepción teórica del mecanismo y funcionamiento de la
Catedral gótica elaborado en Francia especialmente por Viollet-le-Duc. La
afirmación de un método que coordina todo el sistema de explicación de la
arquitectura gótica permitió a los arquitectos del siglo XIX intervenir de una
manera “lógica” en los edificios góticos. El conocimiento detallado de los
principios de los que, según Viollet, derivaba la arquitectura gótica se erigen
en las leyes que dominan su estructura: la arquitectura gótica como arquitectura
dinámica, su carácter elástico y “articulado” y su espíritu de sistema, además
de constituir importantes puntos de reflexión para la definición de una nueva
arquitectura, constituían una explicación del funcionamiento del edificio gótico
unitaria, coherente, cerrada y al mismo tiempo flexible, que permitía realizar
cualquier tipo de intervención en el interior de su organismo contractivo con la
perspectiva teórica necesaria 69.
Estos
fundamentos teóricos dotan de la perspectiva adecuada el sistema de encimbrado
elaborado por Juan de Madrazo. En el desarrollo del método de interpretación
avanzado por Viollet-le-Duc, Madrazo se revela como un experto conocedor de las
doctrinas del arquitecto francés que desarrolla en el sistema de reconstrucción
propuesto para la catedral de León, cuyo encimbrado, impresionante edificio de
madera cobijando al pétreo, supuso la elaboración de un complejo sistema de
carpintería de armas para adaptarlo a las condiciones
estructurales del edificio.
– Función y descripción del sistema de encambrado.
* Fuentes documentales.
El
conocimiento del sistema de encimbrado que proyectó y realizó Juan de Madrazo
para la catedral de León se puede conocer gráficamente a través de varias
fuentes documentales, ya que, en su función de medio auxiliar para la
restauración, lógicamente fue desmontado al terminarse los trabajos de cantería 70. La principal
documentación gráfica la componen los planos elaborados por el
propio Madrazo y presentados como documento segundo de su proyecto de encimbrado 71. Estos planos se componen de un total de cuatro hojas, planta del encimbrado
(fig. 38), cortes transversal y longitudinal (figs. 39 y 40), todas ellas a
ejecutadas a escala 2:100, y una cuarta hoja con los pormenores de ejecución,
que comprenden el alzado de las cimbras para las ogivas a escala 2:100, los
arranques de los racimos de cimbras sobre los capiteles de las pilas en una
escala de 5:100 y los detalles de los herrajes especiales, en escala de 23:100
(fig. 41).
A estos planos hay que sumar la hoja que realizó Demetrio de los
Ríos para
completar y extender el encimbrado a la bóveda alta del ábside que, por sus
especiales características, requirió la elaboración de un proyecto especifico 72. Demetrio de los
Ríos fue también el autor de unos modelos de encimbrado y apeo de bóvedas que,
ejecutados en pequeña escala, fueron reproducidos en fototipias en su monografía
sobre la Catedral (fots. 9 y 10). Estos modelos proporcionan una idea
esquemática y tridimensiónal del sistema de carpintería.
Por otra parte,
también son interesantes los dibujos, elaborados por los
ingenieros del ejercito José Artola y Fontela y José Patiño y Mesa que muestran
los distintos esquemas de cimbras, castillejos y andamios, ejecutados según el
tipo de arcos y contrarrestos a los que se adaptaron, en un total 21 figuras
distribuidas en dos laminas (figs. 46 y 47), que fueron publicadas en el Memorial
de Ingenieros del Ejercito el año 1883, con una descripción del encimbrado y de
la catedral tal como se encontraban por estas fechas 73.
La
documentación literario-descriptiva sobre el encimbrado la componen
principalmente las “memorias” redactadas por Juan de Madrazo y Demetrio de los
Ríos como explicación de los proyectos 74, y
también los artículos que
aparecieron en la prensa especializada acerca del encimbrado y sobre la
restauración en general, en especial los que se escribieron con motivo de la
polémica levantada por la concesión póstuma de la Medalla de Oro al proyecto de encimbrado de Juan de Madrazo en el Premio Nacional de Bellas Artes del año 1881
y, sobre todo, la interesante descripción del encimbrado que realizó Juan
Bautista Lázaro y que fue publicada en 1886 75 (figs. 44 y 45).
Toda esta documentación gráfica y escrita permite reconstruir de una manera
bastante aproximada las características del encimbrado en relación con los tipos
estructurales a los que sirve y se adapta, su función en el proceso
reconstrucción de la catedral y los trabajos de encimbrado y descimbre,
paralelos a la recomposición de los elementos estructurales “activos” del
edificio.
La variedad de piezas de madera y herrajes que componen cada uno de los tipos de
cimbra es de tal magnitud que no entraremos en una descripción detallada e
individualizada del encimbrado como relación detenida y concreta de cada una de
sus partes constitutivas, modos de ensamblaje y cálculos de resistencia de
materiales, análisis este que supondría exceder los limites de este trabajo. Por
tanto, en los siguientes epígrafes nos limitaremos a referir la significación e
importancia global del sistema de encimbrado de Juan de Madrazo, entendido en el
contexto de la totalidad del proceso de restauración de la catedral de León, así
como sus conexiones con los fundamentos teóricos apuntados en el apartado
anterior que denotan la creación del sistema de encimbrado inmerso en el esquema
teórico y modelo interpretativo del sistema constructivo gótico como “sistema en
equilibrio activo” ya señalado 76.
*
Significado constructivo de las bóvedas de la catedral: “un sistema deducido
desde arriba”.
Juan de
Madrazo articula su proyecto de encimbrado de la Catedral en función del sistema
de bóvedas de crucería que recorren las naves altas del edificio y para cuya
consolidación, reconstrucción y restauración se crea el encimbrado. El mismo
título del proyecto, “encimbrado para las bóvedas altas”, así lo indica. Sin
embargo, el sistema de encimbrado no se limita a las carpinterías
inmediatamente necesarias para la reconstrucción de los nervios y plementería
que componen las bóvedas; como puede verse en los planos y comprobarse en la
memoria descriptiva del proyecto, las cimbras se aplican a todos los tipos de
arcos empleados en la construcción de la Catedral que están en relación con las
bóvedas altas: arcos torales del crucero, arcos fajones, formeros y nervios u
ojivas en el resto de las bóvedas altas, y arbotantes exteriores. Los empujes
ejercidos por estos arcos, parte viva y activa de la estructura, son
transmitidos a los puntos de apoyo, es decir, directamente a los pilares en el
interior del edificio y hacia los botareles exteriores a través de la acción
ejercida por los arbotantes en su doble función de transmisores de empujes y de
contrarrestos. De esto se deduce que el equilibrio y estabilidad de la Catedral
depende de la adecuada transmisión de los empujes por los arcos y de la solidez
y consistencia de los elementos de apoyo que reciben las cargas y los empujes.
Por eso, como hemos comprobado más arriba, Madrazo comenzó su labor en la
Catedral con la reconstrucción de los dos botareles que flanquean la fechada
meridional, considerados indispensables para asegurar la estabilidad de la
Catedral por este costado, pues en ellos confluyen los empujes ejercidos por las
bóvedas altas e incluso los de los arcos torales del crucero, debido a la
transmisión de empujes a través de los formeros.
Este
“modelo teorético” de explicación del funcionamiento mecánico del sistema de
equilibrio activo de la catedral gótica que adopta Juan de Madrazo dota de pleno
significado a su proyecto de encimbrado para las “bóvedas altas”. En efecto, el
sistema de encimbrado está concebido como una interrelación de los tipos
estructurales del edificio, pero cuya relación interna viene determinada por el
principio de dependencia y deducción de la totalidad constructiva del edificio
en función del sistema de bóvedas de crucería. Las bóvedas determinan todo el
sistema constructivo del edificio: “El primer resultado de esta innovación –la
bóveda de crucería– fue obligar a los constructores a componer
sus edificios comenzando por las bóvedas”, decía Viollet-le-Duc 77.
Del sistema
de bóvedas de crucería se puede deducir de modo completamente
lógico y racional el resto de la estructura del edificio. Este método, “extraño
en apariencia, y consistente en hacer derivar las plantas de la estructura
proyectada para las bóvedas, es eminentemente racional” 78. Es decir, puede afirmarse que el sistema
gótico es concebido por este modelo explicativo como un
“sistema rigurosamente deducido desde arriba”. Es más, como método constructivo,
la deducción de la totalidad del proyecto a partir de la estructura proyectada
para las bóvedas, es considerado como un método de proyecto “eminentemente
racional”, y por tanto aplicable mas allá de sus concretas vinculaciones
históricas con la arquitectura gótica 79.
El tema
clave de la arquitectura gótica se concentra en torno a la bóveda de crucería.
Por una suerte de “determinismo constructivo" la bóveda de crucería
jerarquiza el sistema gótico: una vez concebida la disposición de las bóvedas, el resto del sistema de apoyos y
contrarrestos se deduce lógicamente, es decir, las bóvedas organizan la
disposición de los puntos de apoyo verticales, su altura y su diámetro
en relación con las características de la bóveda. La elasticidad, el equilibrio
de fuerzas entre los elementos constructivos de la gran máquina en tensión de la
catedral gótica, iniciados con las construcciones románicas, alcanzan su pleno
desarrollo con la arquitectura gótica merced a la consecución de la bóveda de
crucería que, a modo de “chAsís elástico” 80,
permite dotar de la máxima elasticidad del edificio 81.
Un proceso
de restauración de la magnitud de la catedral de León, con varios tramos de
bóvedas desmontados, exigía la íntima comprensión del mecanismo y función de la
bóveda de crucería para la eficaz consolidación y restauración de
la totalidad de su estructura. Por eso, el sistema de encimbrado del
edificio, Juan de Madrazo lo concibe dependiente de las bóvedas altas como medio
auxiliar fundamental para su reconstrucción, pero que lleva necesariamente a un
estudio de toda la parte activa y viva de la estructura constituida por los
arcos y “arc-botantes” 82.
La
“memoria” del proyecto de encimbrado formado por Juan de Madrazo comienza con el
estudio de la función de las fábricas que deben ser sostenidas por las cimbras
para deducir la disposición más conveniente de las carpinterías en
relación con las funciones mecánicas ejercidas 83. El
análisis del sistema de bóvedas de la Catedral, con precisas consideraciones acerca de sus
empujes y resistencias, lleva a englobar el proyecto de encimbrado en una
reflexión acerca de la naturaleza y función del esqueleto o armazón, como parte
elástica de la estructura del edificio 84.
Madrazo establece la filiación
estilística y constructiva de la catedral de León
en conexión con la escuela francesa “de l’lle de France o más bien de la
Champagne”, vinculación importante no sólo para determinar las formas
arquitectónicas que debían ser reconstruidas y restauradas según su “pureza de
estilo”, sino también para retomar el sistema constructivo de bóvedas propio de
la arquitectura gótica francesa septentrional 85:
“Cada
entrepaño presenta una concavidad distinta, y cada arco oculta una
arista, un chaflán en rigor, de retroceso. Esto en cuanto a su superficie de
intradós,
porque en lo tocante a la construcción, cada entrepaño constituye una bóveda
aislada e independiente de las demás”.
La división
de cada tramo de bóveda de crucería en dos elementos completamente distintos en
cuanto a su naturaleza y función, como son la plementería y los nervios,
constituye el núcleo de la teoría constructiva y de explicación mecánica de la
catedral gótica que sigue Madrazo en su proyecto de encimbrado. Los “nervios” o
mas bien, según el término utilizado por Madrazo, “ogivas”, “son los arcos en
diagonal que sostienen una bóveda de crucería” 86,
mientras que los “plementos” o “entrepaños de bóveda” los define del modo siguiente 87:
“los
entrepaños de bóveda que en cada tramo son cuatro distintos y de figura
triangular descansan sobre los trasdoses de estas crucerías, como sobre cimbras
permanentes de cantería; (...) son en cuanto a su construcción bóvedas de
sillarejo de piedra toba”.
El
“esqueleto portante” de los nervios, en su función de “cintras permanentes de
cantería”, sostienen la bóveda y sobre ellos descansan los plementos. Las
cargas, por la acción de los nervios, se conducen y concentran en puntos
estrictamente localizados y organizan el sistema de equilibrio de la estructura
activa del edificio gótico. Esta función mecánica atribuida a los nervios en la
bóveda de crucería gótica, como organizadores de todo el sistema mecánico del edificio, es la tesis
fundamental del modelo teorético de explicación del edificio gótico, de su razón
de ser constructiva, y, por ello, ha sido este punto el eje de las discusiones
posteriores acerca de la validez de las teorías “racionalistas” sobre el
funcionamiento mecánico del sistema constructivo gótico 88.
Juan de Madrazo
estudia detalladamente en el proyecto el sistema de empujes y
resistencias de las bóvedas altas para deducir en consecuencia las
características de las cimbras en vista de las acciones mecánicas ejercidas por
la estructura activa del edificio.
El sistema de contrarresto entre los arcos es de especial importancia para
asegurar el equilibrio del sistema. Cada tipo de arco empleado en la
construcción
presenta un sistema de contrarresto en función de su acción mecánica
desarrollada.
Los arcos que componen la bóveda del crucero,
“los arcos torales directamente y
los diagonales indirectamente o por descomposición de fuerzas”, se contrarrestan
en sus empujes por los arcos formeros de las naves altas que se encuentran en
cada una de las cuatro prolongaciones del crucero, es decir, los formeros de la
nave, del presbiterio y de los brazos norte y sur.
Los arcos formeros, como
“iguales y directamente opuestos” se contrarrestan
mutuamente, mientras que los arcos fajones y los arcos diagonales, “pudieran
comprometer su estabilidad, a pesar de lo bien atizonada que se presenta su
sección transversal, si dos arc-botantes no la ligasen en dos puntos diferentes
de su altura a los botareles exteriores de la Iglesia que se elevan sobre los
tejados de las naves bajas” 89.
Los arbotantes, por consiguiente, son considerados, expresión evidente del
“funcionalismo estructural” del edificio gótico, es decir, como formas cuya
razón de ser en el organismo constructivo de edificio es el desarrollo de su
función de contrarresto de las bóvedas altas por encima de sus cualidades
puramente estéticas: “estos arc-botantes –dice Madrazo– de construcción
puramente preventiva, verdaderos apeos de cantería, desembarazan
la parte inferior de las pilas, cuya sección horizontal es tan reducida, de gran
parte de los pesos que sin su auxilio gravitarían sobre ellas” 90.
Este es el
sistema de bóvedas que Juan de Madrazo se propone reconstruir de acuerdo con la
naturaleza constructiva que atribuye a los nervios y arcos, como elementos
activos de la estructura. La importancia de las bóvedas como organizadoras de la
totalidad constructiva del edificio queda señalada dentro del método de
restauración emprendido por Madrazo. La estructura de la Catedral la define en
función de la relación que mantienen todos los miembros constructivos entre sí y
que a su vez son dependientes de la estructura de las bóvedas de crucería. La realización del sistema de encimbrado es, por tanto, la
construcción de una armadura de madera que se adapta a esta idea de
funcionamiento mecánico de la catedral gótica así como a la concreción del
especial estado de las bóvedas de la catedral de León.
Las
diversas funciones del encimbrado y su adaptación a estos tipos estructurales
que entran a formar parte de la construcción de una bóveda de crucería son
estudiados a continuación.
* Función y construcción: la
adaptación de las cimbras a los tipos estructurales
del edificio gótico.
El sistema de encimbrado presenta una doble
dimensión. En principio, y en su
consideración global que acabamos de desarrollar, supone una adaptación al
sistema de bóvedas de la catedral; pero en su aspecto constructivo más concreto,
el sistema de encimbrado se adapta al tipo especial de arco apuntado que
componen estas bóvedas. Es decir, hay una doble adaptación interrelaciónada y
definida por dos tipos estructurales activos del edificio gótico: la bóveda de
crucería, compuesta de nervios y plementos, y los arcos apuntados que componen
estas bóvedas de crucería como sus elementos
activos que sustentan los plementos y actúan como transmisores de los empujes a
los puntos de apoyo.
La
reconstrucción de las bóvedas de la Catedral debía comenzar, como indica
Madrazo en su proyecto, por la construcción de los arcos: “Hoy, en el estado
actual de trabajos de estas obras de reparación, no puede tratarse de construir
más que aquellos arcos que constituyen, por decirlo así, la parte viva de las
bóvedas que faltan a la Iglesia”.
Esta
segunda dimensión del sistema de encimbrado que atiende a los arcos es, por
consiguiente, inseparable y dependiente de la disposición general de las
bóvedas, puesto que los arcos, como hemos visto, forman la “osatura” efectiva o
esqueleto de sillería de tales bóvedas.
La
construcción de las carpinterías necesarias para la reconstrucción de las
bóvedas “ha de llevarse a efecto –dice Madrazo– en armonía con el verdadero
carácter y naturaleza de la cantería que tienen que soportar temporalmente”.
La consideración
genérica de los arcos que componen las bóvedas como “arcos
apuntados” por encima de las peculiaridades propias de cada tipo de arco es de
importancia para determinar la forma y función general del encimbrado: “todos
estos arcos –fajones, diagonales, formeros y arbotantes que se emplean en la
catedral– son apuntados y compuestos de dos ramas en arco de círculo”.
Los cuchillos y las cimbras del proyecto se realizan para sostener durante su
construcción “racimos de arcos (...) que todos ellos son apuntados, y por lo
tanto compuestos de dos ramas que se tornapuntan mutuamente en una junta
vertical, y no en una clave de la que carecen, a excepción de los diagonales que
la tienen por la razón de que se cruzan”. Esta característica constructiva de
los arcos apuntados determina que “tiene mayor tendencia a subir de corona que a
bajar después del descimbramiento”. Otros dos aspectos importantes de los arcos
de la Catedral son, por una parte, “que en las dos terceras partes de sus
sagitas no vienen a ser en rigor más que el revestimiento de los enjarges de
bóvedas”, y, por otro lado, “que únicamente en la parte más alta de su sagita,
cuando sus luces se han reducido a solo cuatro o cinco metros, están trasdosados
de bóveda de igual espesor”.
Estas
características constructivas de los arcos apuntados que intervienen en la
composición de las bóvedas altas de la catedral de León determinan la cualidad
principal del sistema de encimbrado 91:
"con estas premisas la
conclusión que se deduce es que hay que preparar, mas
bien que un encimbrado propiamente dicho, un sistema en rigor de entibaciones o
acodalados, un sistema destinado principalmente, y como punto de vista casi
exclusivo, a neutralizar empujes horizontales, y que realice los efectos de
aprestamiento (mero temple) y añojamiento, con tanta mayor sensibilidad cuanto
mas bajo este el punto del arco sobre el que se opere”.
La acción
mecánica ejercida por los arcos apuntados es explicada por Juan de
Madrazo de este modo descriptivo, sin la elaboración de cálculos, en la memoria
de su proyecto de encimbrado. Sin embargo, las decisiones adoptadas por la Junta
Consultiva de Canales, Caminos y Puertos al emitir informe sobre el proyecto
establecían que el “fondo de la cuestión” del proyecto presentado era demostrar
“si el encimbrado que se presenta ofrece todas las garantías indispensables de
resistencia y seguridad que se requiere en una obra de este genero y de la
importancia que en sí tiene, toda vez que no se han expuesto los cálculos que su
autor habrá practicado para obtener el resultado que se deja expresado” 92.
Para
satisfacer a estas necesidades, Madrazo elaboró un
apéndice de su primer
proyecto con los Cálculos referentes a la memoria descriptiva del Proyecto de
encimbrado para las bóvedas altas 93. En estos
cálculos incluyó los relativos a
la resistencia de las cimbras de los arcos torales del crucero y del castillejo
central para la elevación de los materiales, debido a que estos arcos torales,
excepto el del lado norte, habían sido desmontados todos, “pero este arco tonal
del norte se encuentra en tal mal estado –decía Madrazo– que su demolición será, un
día u
otro cosa inevitable”. Para la ejecución de las cimbras del resto de los arcos
no fue necesario presentar sus cálculos de resistencia correspondientes debido
a que existían en el momento de presentar Madrazo su proyecto dos tramos de
bóveda completamente encimbrados, por lo que el resto de las cimbras podía
construirse por analogía con las existentes, es decir, por “inducción perfecta de
lo que enseña la experiencia”. Sin embargo, las especiales características de
los arcos torales requerían la elaboración de cálculos para determinar de modo
exacto las presiones que habían de soportar sus cimbras y deducir en
consecuencia la resistencia de las mismas.
Una de las dos figuras con las que Madrazo ilustra sus
cálculos presenta el
interés de mostrar los vectores de descomposición de fuerzas de un arco tonal
del crucero y la aplicación de su cimbra correspondiente (fig. 42). El cálculo
efectuado por Madrazo deduce las componentes horizontales de los esfuerzos que
actúan sobre la construcción, combinadas con las líneas verticales
correspondientes a los esfuerzos ejercidos en este sentido 94. En el gráfico se
muestra claramente la doble presión horizontal y vertical ejercida por el arco
tonal, acorde con la definición general del arco apuntado que daba Madrazo en la
memoria del proyecto de encimbrado como “dos ramas que se tornapuntan mutuamente
en una junta vertical”.
Esta propiedad del arco apuntado considerado en su forma
genérica lleva a
Madrazo a considerar su proyecto de encimbrado, como antes mencionamos, como un
sistema de entibaciones neutras y rígidas capaces de neutralizar los empujes
horizontales. Como consecuencia con esta necesidad, el tipo general de cimbra
que propone Madrazo es “la cimbra que se aprieta o añoja, en lugar de inferior
o verticalmente, lateralmente o de costado (...) y dos medias cimbras que se
juntan más o menos según su eje o línea vertical que responden mejor que
cualquiera otra disposición al problema de construir un arco apuntado, es decir,
sin clave central y compuesto de dos ramas de arco de círculo” 95.
Desde esta
característica común del encimbrado en su adaptación al tipo
estructural del “arco apuntado” empleado en la construcción de las bóvedas de la
Catedral, las variedades que presentan las cimbras se deben por una parte a su
adaptación concreta a los distintos tipos de arcos apuntados –torales, fajones,
formeros, diagonales y arbotantes 96 y, por otra, a los distintos sistemas de
apoyos utilizados para sostener las cimbras.
Para
establecer los encimbrados a una altura de 22 metros, Juan de Madrazo se sirvió
de varios métodos de apoyos. En primer lugar estableció los arranques de
los racimos de cimbras sobre los capiteles de los pilares; aquí se planteaba el
problema de que los capiteles sólo ofrecían ocho centímetros de vuelo, es decir
una base insuficiente para poder confiar en dotar de un sólido apoyo a las
cimbras; para salvar este obstáculo Madrazo proyectó un encincedado en la parte
superior de los capiteles que, como apriete de todas las esperas de cimbras que
arrancaban de cada pilar, ofrecía una sólida fundación a la carpintería.
Para los apoyos
restantes ideó dos sistemas: en primer lugar levantó las cimbras
sobre apoyos verticales fundados sobre el pavimento; este fue el sistema que
empleó en el crucero de la Catedral que ofrecía un pavimento lo suficientemente
firme para asentar el castillejo perfectamente arriostrado (fig. 43). Pero los
problemas se plantearon en el brazo sur del crucero, con su pavimento “minado de
sepulturas”, que ofrecía un apoyo poco estable para las cimbras, y en la nave
principal en los tramos sobre la sillería de coro, que hubieran obligado a
desmontarla inmediatamente; para resolver estos inconvenientes Madrazo ideo un
impresionante sistema de “armaduras transversales colgadas” que estribó a la
altura del triforio de la catedral (figs. 39 y 40). Este sistema además de ser
más económico, presentaba la ventaja “de dejar desembarazada de carpinterías la
planta inferior”.
Los requerimientos funcionales del sistema de encimbrado de Juan de Madrazo
se completaban además con otros servicios prácticos que debía cumplir para
facilitar la reconstrucción de las partes superiores del edificio, como era su
utilización como pasos de andamiaje para los obreros y de castillejos para la
elevación y transporte de los materiales que no solo se limitaba a los
requeridos para las bóvedas, sino también a los que se utilizaron para la
coronación de los hastiales, reposición de cornisas, balaustradas y pináculos en
la parte superior.
Además, el
sistema de encimbrado aseguraba el fácil descimbrado de todas las carpinterías una vez terminados los trabajos de reconstrucción de las bóvedas y
partes superiores del edificio.
Todas estas necesidades funcionales
están contempladas en el proyecto formado
por Juan de Madrazo que creó un enorme armazón de madera que se extendió a la
totalidad de las bóvedas altas de la catedral de León, como gigantesco edificio
de madera que englobó al de piedra mediante una cuidadosa y meditada adaptación
a los tipos estructurales de la catedral gótica.
* Proceso de construcción del encimbrado para las bóvedas altas (1876-1881).
“Las
bóvedas altas de este edificio Catedral
–afirmaba Juan de Madrazo– son las
estructuras en que más huella ha hecho el transcurso del tiempo y donde más se
han dejado sentir los efectos de las restauraciones desacertadas hechas durante
los siglos XVII y XVIII. Puede decirse que, en toda la extensión de las naves
altas de esta Iglesia, no existe un solo tramo que no exija en su día
reparaciones de mayor o menor importancia, ya sea en sus crucerías, ya en sus
entrepaños de bóveda” 97.
Este lamentable estado de las
bóvedas altas de la catedral de León, desmontadas
en algunos tramos y agrietados sus plementos o descompuestos sus arcos y ojivas
en otros, es la causa por la que Juan de Madrazo propuso el encimbrado total de
las bóvedas altas de la Catedral como el más urgente trabajo de restauración.
En el Proyecto de encimbrado para las
bóvedas altas de la Catedral de León,
formado en enero de 1874, Madrazo proyectó la primera fase del encimbrado de
bóvedas. Esta primera etapa comprendía el encimbrado de las b6vedas que habían
sido desmontadas por Matías Laviña, más dos adyacentes que se encontraban en muy
mal estado.
El desmonte de varios tramos de bóvedas fue la consecuencia inmediata del
derribo de la cúpula central del crucero efectuado por Laviña 98,
como exponía en 1880 Demetrio de los Ríos: “todos los tramos de bóveda inmediatos a tan
considerable derribo habían de resentirse necesariamente de la falta de
contrarrestos que las porciones de bóveda eliminadas produjeron respecto de los
tramos de bóveda aludidos -los desmontados-, sueltos, por decirlo así, de un
lado, cuando en punto al otro continuaban unidas a la fabrica, pero en tan
pésima condición de equilibrio” 99.
En la primera hoja de planos del proyecto de encimbrado de 1874, “Planta del encimbrado general al nivel de los capiteles de las
bóvedas altas” (fig.38), Madrazo muestra en planta los tramos de bóveda que comprendía esta primera fase
del encimbrado, que correspondían a las dos tramos de bóveda del este y oeste
del crucero central, los dos correspondientes al brazo sur del transepto y la
bóveda central del crucero, es decir, los tramos de bóvedas desmontados; a estas
bóvedas añade la segunda de la nave principal sobre el coro y la segunda del
presbiterio, como tramos en alarmante estado ruinoso.
Esta planta del encimbrado esta realizada a la altura de los capiteles de los
pilares que sostienen las bóvedas altas por lo que no aparecen en el plano las
bóvedas colaterales, ni cualquier otra parte de la Catedral a una altura
inferior de este nivel.
Las hojas segunda y tercera del
proyecto ofrecen dos cortes en alzado del encimbrado que permiten formarse una
idea gráfica muy aproximada de las partes de que consta el proyecto, pese a que,
como en la planta, no se indican la totalidad de las piezas que componen las
carpinterías para evitar la excesiva complicación del trazado.
En el corte transversal realizado en el brazo sur del crucero (fig.39)
aparece de frente uno de los cinco cuchillos para el apoyo de los encimbrados y
andamiajes, mientras que en el corte longitudinal (fig.40) pueden verse tres de
perfil, correspondientes a las proyecciones horizontales de los cuatro cuchillos
del brazo sur que aparecen en la planta, sin indicarse el de la terraza que
corona las tres portadas hacia el exterior de la parte alta de la fechada, para
favorecer la inteligibilidad del proyecto.
Los cuchillos de castillejo están
compuestos de un sistema de tornapuntas encepadas y arriostradas en varios puntos de su altura, sistema que se completa
con los cuchillos de almas y puentes de andamio.
La cimbra de arco transversal que aparece en el primer corte corresponde al arco
fajón que separa los dos tramos de bóveda del brazo sur que, al igual que el
resto de las cimbras, se compone de dos partes esencialmente distintas una de
otra, es decir, en la parte inferior de un acodalamiento que arranca de la línea
del nivel de los capiteles, y en la superior de las dos medias cimbras que se
oprimen de costado, de acuerdo con la consecuente adaptación de las cimbras a la
estructura de los arcos apuntados, que desarrollamos en el epígrafe anterior.
En este mismo piano pueden observarse
dos de los cinco encimbrados proyectados para los arbotantes inferiores que, al
igual que las cimbras de los tres arbotantes superiores del proyecto, constan de
un cartabón de estructura análoga a la de las cimbras de las crucerías que se templa contra chaperones adosados a
los contrafuertes de los pilares.
Este piano se completa con la representación del entramado general que enlaza
los diversos cuchillos y forma el andamiaje.
El castillejo central que aparece en
el corte longitudinal del encimbrado, inmerso en el sistema total de carpinterías en este piano, y aislado en la
segunda hoja de los cálculos del proyecto (fig.43), tenía la función de servir
de apoyo para las dos cimbras de arco diagonal; este castillejo estaba armado
aprovechando el apoyo sólido que ofrecían los aprestes de almas que arrancan del
pavimento del edificio, de tal modo que las armaduras comprendidas dentro del
crucero son las únicas que no estriban sobre los pilares de la iglesia en este
primer proyecto.
El corte longitudinal por el eje de la nave central representa además los
cuchillos para los arcos del crucero de las dos naves y de la bóveda del
presbiterio.
La cimbras de los cuatro arcos
torales, las ocho para los arcos formeros, las de las ojivas de los nervios de
la crucería de la bóveda central y las de las
ojivas y fajones del resto de las bóvedas altas, componen la totalidad del
proyecto de encimbrado de Madrazo en esta primera fase 100.
El orden de ejecución del encimbrado respondía a la misma lógica que el de
reconstrucción de las bóvedas, es decir, venía establecido por la división entre
“partes que sostienen” y “partes sostenidas” 101:
“En su ejecución es evidente que conviene principiar por el castillejo central
del crucero y por los cuchillos sobre los triforios, como partes que sostienen y
que
a estos seguirán las cimbras para toda clase de arcos como partes sostenidas,
principiando por los de los arc-botantes, arcos principales, torales y formeros
como elementos principales y concluyendo por los arcos diagonales coma
accidentes de la construcción”.
Esta primera fase del encimbrado, que afectaba a los tramos más deteriorados, se
extendió posteriormente a todas las bóvedas altas de la Catedral, dado el
señalado estado de deterioro de la totalidad de
los tramos de bóvedas del edificio.
Para completar el encimbrado de todo
el sistema de abovedamiento superior, Madrazo elaboró dos presupuestos
complementa Ríos del primer proyecto que
extendieron el encimbrado al brazo norte del crucero y a la nave principal de la
Catedral 102.
El encimbrado del brazo norte estaba destinado a “atar, la cimbra del arco toral
del norte del crucero con las que se están ejecutando (...) en dicho Crucero,
brazo Sur, Presbiterio y Caro” 103.
El proyecto comprendía los dos tramos de bóveda del brazo norte del crucero con
todos los arbotantes de la parte oriental del mismo. Las carpinterías de que constaba el proyecto se componían de
cinco cuchillos que arrancaban a la altura del triforio, para formar los
castillejos de descanso de las cimbras y pisos de anda
míos, una cimbra de arco transversal para el arco fajón que separa los dos
tramos de bóveda de este brazo norte, cuatro cimbras de arco diagonal para los
nervios, ocho cimbras de arbotantes inferiores y otras ocho para los superiores
de la parte este de la Catedral.
El presupuesto no incluye ningún
piano, descripción o cálculo relativos a estas carpinterías debido a que “la disposición, forma, construcción y dimensiones de
cada una de estas partes, así como su enlace son en todo iguales a las que
detalladamente se expresa en la memoria descriptiva y pianos del proyecto de
encimbrado formado en 28 de enero de 1874”.
Del mismo modo, en otro presupuesto de la misma fecha, Madrazo extiende el
encimbrado a la nave principal de la Catedral, para lo que tampoco elabora
documentos especiales debido a la misma causa que argumentaba en el presupuesto
del brazo norte; las zonas que abarcaba el presupuesto eran las siguientes 104:
“Comprende los cuatro tramos de
bóveda de que consta la Nave mayor desde la
fechada principal de Occidente hasta el Coro, y el de todos los arc-
botantes de la parte Occidental de la Iglesia, comprendidos desde la referida
fechada hasta el Crucero por la parte Norte y pasta los arc-botantes
recientemente construidos por el lado que mira a Mediodía”.
El presupuesto constaba de las siguientes carpinterías: nueve cuchillos con su
arranque a la altura del triforio para formar sobre ellos los castillejos de
descanso de las cimbras y de los pisos de andamios, cuatro cimbras para los
arcos transversales que separan los tramos de b6vedas, ocho cimbras de arco diagonal, doce cimbras de arbotantes inferiores y diez para los superiores de
los dos costados de la nave central 105.
Una vez extendido el encimbrado a todos los tramos de bóvedas altas de la
Catedral señalados quedaba únicamente por proyectar el encimbrado del ábside. La
destitución de Madrazo como Director de la restauración motivó que este
proyecto se demorase hasta que se hizo cargo de las obras su sucesor Demetrio de
los Ríos.
El encimbrado del ábside de la
Catedral fue el primer proyecto que presentó a la Superioridad Demetrio de los
Ríos 106.
La necesidad de proceder al encimbrado del ábside venía impuesta por el estado
ruinoso del segundo tramo del presbiterio, inmediato al ábside. La descomposición
casi total de este tramo de bóveda,
“deshechos dos de sus plementos o entrepaños, y sostenidos a fuerza de cerchas y
tornapuntas apoyados en las próximas carpinterías”, se comunicaba al inmediato
primer tramo del ábside, “abriendo considerablemente las juntas de las dovelas
en los arcos de ogiva que constituyen su crucería individual por las juntas de
ruptura de dichos arcos, y quebrantando los entrepaños o plementos (...), a lo
que hay que agregar el movimiento, que señalado con fuertes grietas, se advierte
en los mismos entrepaños junto a los arcos formeros”. La ausencia de Arquitecto
director desde la destitución de Madrazo provocó que no se autorizara el urgente
desmonte del segundo tramo de la bóveda del presbiterio con el consiguiente
perjuicio para la bóveda contigua del ábside 107.
Tras ocupar Demetrio de los Ríos la dirección de las obras procedió, de
inmediato al desmonte de este segundo tramo del presbiterio, encimbrado por Madrazo, y propuso el urgente
encimbrado de la bóveda del ábside.
Por otra parte, como señalaba Demetrio de los Ríos en su memoria, ya se había
ejecutado, de acuerdo con los proyectos de Juan de Madrazo, “todo el encimbrado
de cuantos arbotantes neutralizan a lo largo del Presbiterio y alrededor del
ábside los empujes laterales de las respectivas bóvedas”, de tal manera que
solamente faltaba el encimbrado del ábside para que se realizara la necesaria
correspondencia del interior con el exterior en el plan general de encimbrado de
la totalidad de las bóvedas altas de la catedral de León.
El encimbrado del ábside tenía como finalidad, por tanto, la reparación de las
dos partes que componen su bóveda; es decir, el primer tramo, que a juicio de
Ríos, era “el mas cuarteado y deshecho de todo el bovedaje” y los cinco plementos de la parte principal del
ábside, que
“vendrian a resentirse de la
falta de contrarrestos” 108.
El proyecto de encimbrado del ábside de Demetrio de los Ríos es básicamente
igual en su concepción a las carpinterías proyectadas por Juan de Madrazo;
difiere en la necesidad de adaptar la carpintería a la estructura del ábside,
algo distinta del resto de las bóvedas 109. El proyecto, como puede comprobarse
en el plan que realizó Demetrio de los Ríos (fig.48), se compone de dos
cuchillos que sujetan una plataforma sobre la que descansan ocho cartabones
correspondientes a los arcos de ojiva 110.
Con el encimbrado del ábside se completaba el sistema de carpinterías de la
catedral de León en su totalidad. La restauración de las bóvedas deterioradas y
la reconstrucción de los tramos de bóveda desmontados serán trabajos que, ya
comenzados por Juan de Madrazo, continúe y finalice Demetrio de los Ríos, como
veremos en el capítulo siguiente.
4) RECONSTRUCCIÓN DEL BRAZO SUR DEL CRUCERO.
- Estructura y función en la
catedral gótica.
La
consolidación de los desequilibrados empujes y la neutralización de las
fuerzas vivas quedaban aseguradas con los proyectos de encimbrado que abrazaron
la totalidad estructural de la Catedral. Simultáneamente a la construcción del
encimbrado, Juan de Madrazo comenzó la obra de reconstrucción del brazo sur del
crucero que permanecía en el estado en que Matías Laviña lo había dejado en
1867. Los proyectos que elaboró Madrazo para esta zona del edificio
comprendieron tres áreas progresivamente enlazadas entre sí: el primer proyecto,
firmado en el año 1876, contemplaba la demolición de la galena del triforio
construida por Matías Laviña y su posterior reconstrucción en mejores
condiciones de estabilidad; por medio del segundo proyecto, suscrito en 1879,
Madrazo elevaba el hastial meridional por encima del triforio con la
reconstrucción del rosetón de la fechada hasta su gablete de coronación; el
proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero en la zona alta de la nave
concluía la reedificación de esta parte meridional de la catedral; este ultimo
proyecto fue terminado por Demetrio de los Ríos en 1882, dos años después del
fallecimiento de Juan de Madrazo, pero, como el mismo Ríos afirmaba, los pianos
del proyecto los había dejado prácticamente ultimados Madrazo, por lo que
incluimos su estudio en este capítulo.
La reconstrucción de todo un brazo de crucero de una catedral gótica era un
complejo problema al que se enfrento con éxito Juan de Madrazo. La magnitud de
la empresa, si añadimos la previa entibación
efectuada con el encimbrado, superaba cualquier trabajo de los efectuados en
Francia durante el siglo XIX: la construcción de la fechada de la catedral
Clermont-Ferrand por Eugene Viollet-le-Duc o los proyectos de completamiento de
las catedrales de Limoges o Beauvais o el de la catedral suiza de Laussaúne
-este uno de los últimos proyectos de Viollet- son ejemplos similares en cuanto
a su envergadura, monumentales terminaciones de edificios medievales en este
siglo de resurrección de las catedrales góticas. Sin embargo, el extenso proceso
de reconstrucción de la catedral de León planteaba una mayor complejidad debido
a la necesidad de acoplar las partes nuevas con las antiguas que permanecían en
pie: no se trataba solo de añadir una fechada sino de articular ésta con todo
un brazo del edificio y a su vez entestarlo con las partes antiguas en perfecta
coaptación, tanto funcional como estético-arqueol6gica.
El espinoso problema requería una amplia reflexión, ejercida especialmente en
dos niveles de comprensión: el arquitecto primero debía compenetrarse
íntimamente con el organismo concreto de la catedral de León para “interrogar”
correctamente al propio edificio y encontrar las disposiciones en que fundamentar
los proyectos, sometidos rigurosamente a la fabrica preexistente; y, en segundo
lugar, era preciso un amplio conocimiento histórico-constructivo de la
arquitectura gótica para conciliar el examen del edificio con el “estilo”
gótico, “manifestación de un ideal establecido sobre un principio”, según las palabras
de Viollet-le-Duc.
Algunos aspectos de los proyectos de Juan de Madrazo, como veremos, se apoyaron
en datos ofrecidos por propio edificio, como la reconstrucción del triforio,
bóvedas, ventanajes, etcétera; pero en otros, como especialmente en el trazado
del gablete del hastial, el edificio no ofrecía antecedentes en que fundamentar
el proyecto, por lo que Juan de Madrazo hubo de recurrir a su deducción por el
“estilo”: “la arquitectura gótica -dirá Madrazo- debido a la determinación de
sus principios, a la claridad de la ley de su evolución y a la regularidad de
sus transformación, ha llegado a encarnar un cierto racionalismo que permute
obtener deducciones exactas y por tanto soluciones congruentes en el campo de la
arquitectura” 111. Esta clara y evidente
manifestación del carácter “razonado y lógico” de la arquitectura gótica es la piedra angular que permite adentrarnos
en la lectura de los proyectos de Juan de Madrazo.
La posibilidad de reconstituir un sistema -al menos en las grandes líneas de su
equilibrio estructural- a partir de los elementos existentes y de las
modalidades bajo las que estos entran en composición con otras unidades y se
definen por relación a ellas, permitió a Juan de Madrazo reconstruir el gran
“sistema” de la catedral de León. Esto era posible por la “regularidad y
determinación de sus principios”. Esta línea de razonamiento que asigna a cada
elemento constructivo de la arquitectura gótica un valor no tanto en si mismo
sino por el lugar que ocupa en el “sistema” ha permitido realizar una
interpretación del pensamiento racionalista violletiano en clave
estructuralista. Los estudios realizados por Hubert Damisch abrieron el camino
hacia la interpretación del Dictionnaire de Viollet-le-Duc como “el manifiesto
singularmente precoz y decidido del método, de la ideología y del pensamiento
estructural, tal como hoy se desarrolla en lingüística y antropología”112.
Algunos de estos aspectos, en efecto,
parecen ofrecer un marco adecuado para seguir los proyectos de Juan de Madrazo,
pues la necesidad de reconstruir un “sistema” le lleva inevitablemente a
investigar la razón de ser, el porque de cada uno de los elementos que integra
en sus proyectos. La explicación a estas preguntas conduce a un fructífero campo
de deducciones que, si afinamos un tanto el análisis, veremos cómo están al
mismo tiempo ofreciendo interesantes respuestas a varios de los problemas
planteados a la arquitectura del siglo XIX: de una forma un tanto velada, en
apariencia sólo en relación al inmediato
problema de reconstruir un edificio gótico, Juan de Madrazo estará afirmando
conclusiones que conmueven los fundamentos teóricos de la doctrina clásica y
llevan el discurso arquitectónico a una novedosa dimensión
constructivo-funcionalista. En su razonamiento, Madrazo evita y rechaza
cualquier consideración derivada de la existencia de una “belleza” intrínseca a las
formas góticas; la “belleza”, si es que aún puede hablarse de ella, no reside en
las formas, sino en la manera en que estas están adaptadas correctamente a su
función, a su razón de ser en el organismo constructivo del edificio: la
“belleza” no es absoluta, sino relativa, por lo que su razonamiento se aleja de
este concepto al quedar relegado a un plano subjetivo y carente por tanto de
interés y sentido en su planteamiento global de la arquitectura. La “forma”
arquitectónica gótica es esencialmente “forma” estructural, que expresa las
exigencias del programa -hecho social- y de los materiales -hecho físico-.
Este proceso de razonamiento contenía
los gérmenes necesarios para hacer
resquebrajar los hábitos compositivos historicistas académicos y renovar el
panorama arquitectónico. Sin embargo, prácticamente sólo se aceptó en la
ortodoxia académica como método explicativo de las construcciones medievales
para las restauraciones. La riqueza conceptual contenida en esta lectura
“constructiva” del edificio gótico, al superar el carácter literal de la
“mimesis” de las formas góticas y trascender hacia un “racionalismo
constructivo” deseoso de subrayar el proceso mecánico de la construcción,
calaría como método de proyecto de algunas de las más interesantes corrientes de
la arquitectura española del siglo XIX, como muy significativamente aparece en
la arquitectura en ladrillo o en el modernismo catalán 113.
Juan de Madrazo aunó a este método de razonamiento
-“constructivo-estructuralista-funcionalista”- una comprensión detallada de la
arquitectura gótica francesa como referencia fundamental para realizar la
reconstrucción en buenas condiciones “arqueológicas”, según los postulados de la
doctrina restauradora del siglo XIX. Madrazo, tras establecer la pertenencia de
la catedral de León a la escuela de la Champagne, incluso se apartó de algunas
de las disposiciones del propio edificio para tomar elementos característicos de
esta escuela, como en el caso del rosetón de fechada. Este conocimiento directo
de la arquitectura gótica francesa por Juan de Madrazo aparece documentado
precisamente en los años inmediatamente anteriores a la formación de los
proyectos. Recién terminado el proyecto de encimbrado, Juan de Madrazo solicitó
permiso al Ministro de Fomento para trasladarse a París alegando enfermedad
114.
La prolongada estancia en Francia tuvo una gran importancia, tanto para examinar
las catedrales góticas del norte de Francia, como para contactar con los
arquitectos restauradores del país vecino.
Con la elaboración del primer proyecto de reconstrucción en 1876, después de
nueve años de escasa actividad en las obras de cantería, comenzaba la tarea de
reedificación de la catedral de León. Además, estos proyectos elaborados por
Juan de Madrazo dotarán de modelos detallados para la reconstrucción del hastial
occidental y también, en el cuerpo superior de ventanas altas, el ejemplo legado
por Juan de Madrazo se aplicó en la restauración total del costado meridional y
ábside del edificio.
- Reconstrucción del brazo sur del crucero a la altura del triforio.
El primero de los proyectos elaborados por Juan de Madrazo para la
reconstrucción del brazo sur del crucero de la Catedral esta dedicado a la zona
ocupada por el triforio 115.
Sin embargo, en el proyecto también se incluye, además de la galería del triforio, la reconstrucción de otro importante elemento
constructivo, como son las “pilas del hastial” o contrafuertes que flanquean el
triforio de fechada. Estos contrafuertes, como estructuras en directa relación
con el triforio, forman parte fundamental del proyecto de Madrazo. De este modo,
las “pilas del hastial”, continuación de los contrafuertes del pórtico inferior,
son llevadas en este proyecto hasta la altura del arranque de las bóvedas, de
manera que en el proyecto posterior formado por Madrazo estos contrafuertes se continuaran de modo lógico hasta
su enlace con el paramento del rosetón de la fechada y sus remates superiores en
forma de pináculos.
La clara exposición de la naturaleza
funcional de la galería del triforio y de
las pilas de hastial es el criterio unificador del proyecto de Madrazo. Pero la
abstracta definición teórica en el pensamiento de Juan de Madrazo es el producto
de un detallado y riguroso análisis de la realidad constructiva como hecho
material y concreto. Por ello, Madrazo incluye en su proyecto un estudio
pormenorizado del triforio y contrafuertes del hastial del norte para comparar
las disposiciones existentes y deducir en consecuencia los requisitos que ha de
cumplir el proyecto de reconstrucción de la parte meridional de la iglesia a la
altura del triforio.
Es decir, la formulación de un modelo funcional ideal para la deducción de las
estructuras resultantes es inseparable del análisis arquitectónico material y
concreto de las condiciones particulares que presentaba el problema de la
reconstrucción del triforio y contrafuertes del hastial a partir de unas
disposiciones preexistentes. Estas dos perspectivas son confrontadas de continuo
por Juan de Madrazo para elaborar su proyecto de reconstrucción del brazo
meridional del crucero a la altura del triforio.
* La demolición del triforio de Matías Laviña.
Matías Laviña, tras los desmontes efectuados en la Catedral, comenzó la
reconstrucción de la fechada meridional del edificio donde construyó el triforio
y elevó las primeras hiladas superiores hasta el arranque del rosetón, al mismo
tiempo que llevaba los contrafuertes del hastial hasta la línea superior de
imposta 116;
es decir, la zona que denomina Madrazo en su proyecto “cuerpo de triforios y un amago del cuerpo que le sigue, sobre el plano de terrazas que
coronan la parte baja de la fechada”.
El primer problema que plantea Madrazo en su proyecto es el análisis de estas
estructuras para demostrar la imposibilidad de continuar la reconstrucción del
hastial meridional según las disposiciones adoptadas por Laviña.
La crítica que Madrazo realiza del triforio y pilas de Laviña parte de la
genérica definición de estos elementos según la función estática que desarrollan
dentro del organismo constructivo del edificio. La definición es, pues, una
definición funcional, donde la forma resultante surge como expresión de la
función desarrollada.
El triforio es definido por Juan de Madrazo del siguiente modo 117:
“una galería de servicio practicada en el muro que presenta dos muretes o
paredes laterales delgadas que tienen que recibir todo el peso del cerramiento
superior del mismo hastial”.
Es decir, con una razón de ser
eminentemente funcional -“galería de servicio”- el triforio es descompuesto en
sus elementos resistentes fundamentales para asegurar su estabilidad y la del
hastial en general, como parte integrante de su estructura. La función estática
que ejerce el triforio, como resistencia al peso ejercido por la parte superior
del hastial que carga sobre esta galería, determina las condiciones de
estabilidad que debe ofrecer el triforio de fechada
118:
“para que un triforio de fechada ofrezca una resistencia en la que pueda
racionalmente confiarse es indispensable que presente cierta organización
adecuada, cierta distribución de vanos y macizos, en virtud de la cual si en los
primeros los dos muretes que forman los costados del triforio pueden
considerarse aislados entre sí y, por lo tanto, presentar estructuras rígidas y más o
menos claraboyadas, en los segundos, a excepción del hueco estrictamente
necesario para el paso de una persona, no hay más que un muro grueso de todo el
espesor del hastial y, como este, construido por hiladas horizontales”.
Juan de Madrazo demuestra que estas
condiciones generales de resistencia que debía cumplir la galería del triforio
para garantizar la estabilidad del hastial no se cumplían en la galería construida por Laving A este propósito dedica
Madrazo la primera parte del proyecto y las tres primeras hojas de pianos. Esta
documentación demuestra la imposibilidad de proseguir la construcción del
hastial según las disposiciones del triforio de Laviña: “no hay que esperar el
edificar nada sólido y estable si se continua la construcción del hastial Sur
con la misma estructura que presenta la parte comenzada”. Para deducir esta
afirmación, Madrazo no hizo use de cálculo alguno, sino que demostró gráfica y
verbalmente que el triforio comenzado no satisfacía la definición estática
expresada anteriormente.
En el trazado de la planta del
triforio levantado por Laviña, (fig.49), se observa claramente como las dos
arcaturas que enlazan los pilares centrales y que forman los costados de la
galería del triforio quedan completamente aisladas
por la falta de mutua correspondencia; éstas solamente están ligadas entre sí en
sus pilares centrales, único punto de coincidencia vertical entre las arcaturas 119.
Otra disposición defectuosa de este triforio era su cubierta, que con solamente
seis metros cúbicos de volumen y de estructura muy frágil, seria visiblemente
incapaz de resistir el peso de una sobrecarga de mas de cien metros cúbicos de
sillería, que además gravitarían “fuera del centro” de la estructura.
Estos dos inconvenientes eran los mas
notorios que afectaban directamente a la falta de solidez de la galería del triforio. Pero, como antes señalamos, el
proyecto de Madrazo comprende también otra estructura de importancia fundamental
para la estabilidad del hastial, como son las “pilas maestras” o “pilas del
hastial”, según las denominaciones con que las designa Madrazo.
Estos contrafuertes que flanquean la galena del triforio de fechada, y que
albergan en su interior sendas escaleras de caracol, habían sido llevados por
Laviña hasta la primera línea de imposta, como puede observarse en el alzado que
realiza Madrazo del triforio y contrafuertes tal como se encontraban cuando
llego a la dirección de las obras de restauración (fig.51).
Juan de Madrazo también define funcionalmente estas estructuras para enunciar
las condiciones estáticas que deben reunir para asegurar la estabilidad no sólo
del hastial, sino también del brazo sur del crucero, en su función de
contrarrestos 120:
“tienen por objeto estas pilas maestras
o principales servir de contrarresto, en sentido longitudinal conforme se mira a
la fechada, al empuje del arco formero de la primera crucería de bóvedas, y, en sentido de fondo, o sea, normal a la
misma fechada, al empuje de los arcos formeros de ventana”.
A partir de esta función de contrarresto desempeñada en la estructura del
hastial, Madrazo aplica a estas estructuras el calificativo de contrafuertes,
como más apropiado que el de pilas o caracoles, según su definición funcional
primaria: “son en rigor -dice- una especie de contrafuertes en escuadra”.
Esta función de contrarresto de estos contrafuertes o pilas de fechada
determina, tanto sus propias características constructivas y formales, como su
disposición dentro de la estructura del hastial, para contrarrestar de modo
adecuado los empujes de los arcos: “sus lados, en cuanto a sus longitudes,
tienen que ser proporcionales respectivamente a las intensidades de dichos
empujes, y en cuanto a sus ejes, estar directamente opuestos a las direcciones
de estos mismos empujes”.
En las plantas del brazo sur que realiza Madrazo según las disposiciones
levantadas por Laviña, (figs.49 y 50), demuestra claramente la falta de
adecuación de estas pilas a la función de contrarresto de los arcos que deben
desempeñar. Como contrarresto del arco formero de fechada, “si bien está
tolerablemente situado, es por demás insuficiente y de imposible construcción”;
y como contrarresto de los empujes desarrollados por el arco formero de ventana lateral,
“si bien tiene
la salida necesaria, ocupa con un grueso desmesurado una situación poco ajustada
a la dirección de los empujes que neutraliza” 121. Por otra parte, el espesor de
estas pilas maestras en la zona correspondiente al paso superior del triforio,
con una masa de contrarresto de 1,95 metros de espesor era notoriamente
insuficiente para contrarrestar el empuje del arco formero, con una luz de 10,42
metros, 8,40 de sagita y que arranca a 21,60 metros del suelo. Además, en las
plantas que realiza del brazo sur del crucero en dos niveles, el del triforio
construido por Laviña y su deducción consecuente a la altura del piso superior,
(fig.50), evidencia “la incongruencia de las pilas maestras comenzadas con las
construcciones que tienen que ir sobre ellas” 122.
A la vista de este
análisis estático de las disposiciones levantadas por Laviña
en el brazo sur de la Catedral, Madrazo expone con claridad tajante la única
solución posible para proseguir las obras con suficiente garantía de solidez
123:
“no queda mas recurso, en concepto del que suscribe, que cortar por lo
sano, demoliendo toda esa parte del hastial del Sur que hoy se eleva sobre el
plan de terrazas” 124.
El derribo del triforio de Laviña imponía la formación de un nuevo proyecto
donde las disposiciones defectuosas fueran reemplazadas por estructuras
adecuadas a la función estática que habían de desarrollar. Pero, previamente a
la formación de su proyecto de reconstrucción, Juan de Madrazo estudia con
detalle la estructura del triforio y contrafuertes del hastial del norte para
obtener datos suficientes para la elaboración de su proyecto de reconstrucción.
* Identidad y analogía: estudios del hastial del norte.
La representación de la catedral gótica como modelo dotado de una estructura
genérica en donde la lógica preside el tratamiento de las formas y su
combinación, permitía la búsqueda de identidades y analogías entre los elementos
constituyentes del sistema estructural gótico como método de proyecto para la
reconstrucción de una unidad estructural como es el hastial de fechada. Esta
lógica formal recubre de hecho un orden de relaciones concretas, necesarias y
materiales dominadas por la mecánica constructiva.
Juan de Madrazo plantea el problema de reconstrucción del hastial sur de la
Catedral como un doble proceso de razonamiento que combina de modo fructífero la
deducción y la inducción. Es decir, en una línea de pensamiento que discurre de
lo genérico a lo concreto, lo primero que se plantea es la reconstrucción de una
unidad estructural formada por dos elementos constitutivos básicos como son la
galena del triforio y las pilas del hastial. A partir de los principios
generales de la estática, llega a deducir las disposiciones particulares que
deben adoptar estos elementos en la unidad estructural del hastial. En esta
primera instancia deductiva, Madrazo define a estos elementos según la función
estática desarrollada en el interior de la unidad estructural, como vimos en el
apartado anterior.
Pero este procedimiento, como veremos a continuación, se complementa con el
análisis inductivo del hastial del norte. El proceso de razonamiento discurre
ahora de lo particular a lo general, de los efectos a las causas y de los
fenómenos a las leyes.
Con estos estudios previos, Juan de Madrazo dispondrá de un conocimiento
exhaustivo de la estructura del hastial que le permitirá proyectar la
reconstrucción del hastial del sur de acuerdo con el carácter general del
edificio.
Los estudios del hastial del norte comprenden tres plantas del brazo norte a
diferentes alturas y el alzado en la zona del triforio.
En la planta a la altura de los triforios, (fig.52), se observa claramente la
exacta correspondencia de las columnas en las dos arcaturas que comprenden los
triforios, y especialmente en el de fechada. En cuanto a las pilas principales
de fechada, estas muestran sus masas de contrarresto directamente opuestas a las
líneas de arcos, mientras que los centros o “nabos” de los caracoles están
correctamente situados, es decir, hacia los vértices que forman las
prolongaciones de las líneas interiores de las arcaturas exteriores de los
triforios.
La planta trazada por Madrazo a la altura del cuerpo superior de los triforios,
(fig.53), evidencia la proporción que guardan las pilas de acuerdo con su
función de contrarrestos del arco formero de fechada, con un macizado suficiente
alrededor de los caracoles.
Esta disposición se continua de modo lógico en la altura superior, es decir, al
nivel de las torrecillas de salida a las cubiertas altas, (fig.54), donde se
deja ver claramente la amplitud de base que ofrecen las pilas principales en su
escamado para el asiento de estas torrecillas.
Todas estas correctas disposiciones en planta se manifiestan hacia el exterior
en el alzado del hastial a la altura del triforio (fig.55). La resistencia de la
cubierta del triforio a las presiones que recibe superiormente esta garantizada
por la gran masa de construcción que suponen los cañones de bóveda y sobrecargas
que cubren el triforio. La solidez de las pilas del hastial, en su función de
estribaciones al arco formero de fechada, garantizan la buena construcción del
hastial.
Con esta descripción de las
disposiciones del hastial del norte quedaba definida por inducción la estructura
del hastial gótico en cuanto al modo de combinar la galería del triforio con las pilas laterales según su función estática. El
análisis que Juan de Madrazo efectuó del hastial del norte le permitió, por
medio de la distinción y separación de las funciones ejercidas por las partes de
su estructura, llegar a conocer los principios y elementos del hastial como
unidad estructural del sistema gótico. A la identidad de funciones que debía
desempeñar el hastial meridional debía corresponder la correspondencia exacta
de estructuras con las del hastial del norte125. Sin embargo, esta
relación de
identidad que debía presidir la reconstrucción del hastial del sur se convierte
en una relación de analogía debido a la necesidad de adaptar el proyecto a las
disposiciones existentes que debían ser conservadas. El triforio y los
contrafuertes del hastial norte, como términos constituyentes de la unidad
estructural del hastial, habían de corresponderse en su función y posición
relativa en el equivalente hastial meridional. Pero, si bien la función de estos
elementos persiste idéntica, su posición relativa en el hastial sur será
diferente debido a la adaptación de las pilas del hastial a la disposición de
los contrafuertes del pórtico meridional, diferentes a los del pórtico norte, y
que habían de conservarse. Por tanto, la relación de identidad se rompe entre
estos elementos para convertirse en una relación de analogía, si bien una
analogía que podríamos denominar profunda, puesto que persiste el emparejamiento
de los términos constitutivos de la estructura del hastial descansando en
consideraciones relativas a sus funciones -idénticas-, pero que se diferencian
en su distinta composición en el interior de la estructura del hastial, es
decir, son sustancialmente análogos en la medida en que participan de
propiedades objetivas varias.
Esta doble consideración, igualdad funcional pero diferencia en las
disposiciones de partida, obligan a Madrazo a componer su proyecto de
reconstrucción del brazo sur del crucero no como una copia del análogo hastial
del norte, sino antes bien como una adaptación de funciones idénticas a
condiciones constructivas diferentes.
La profundidad del pensamiento arquitectónico de Juan de Madrazo en su proyecto
de restauración del hastial de sur creemos que precisamente descansa en el
planteamiento del razonamiento anal6gico en primer lugar como una fuente de
cuestiones desafiantes para resolverse en última instancia en una fuente de
respuestas sobre la naturaleza de los fen6menos arquitectónicos.
* Conciliación de las pilas del hastial con las estructuras existentes.
Efectivamente, los datos y propiedades inducidos del análisis del hastial del
norte debían ser adaptados a las disposiciones del pórtico meridional que debían
conservarse integras: “no obstante la demolición que en este proyecto se
propone, (...) tiene que quedar en pie toda la parte baja de la fechada Sur, con
las tres portadas de ingreso a la Iglesia y dos contrafuertes intermedios que
hay naturalmente que respetar” 126. Estos contrafuertes del
pórtico constituían
un pie forzado que condicionaba su continuación en las pilas superiores del
hastial.
Para conciliar las pilas del hastial con estos contrafuertes y con las
disposiciones estudiadas en el hastial del norte, Juan de Madrazo elaboro una
diagrama adjunto a la memoria descriptiva del proyecto, (fig.56), donde trazaba
la sección horizontal por el cuerpo del triforio de las pilas principales del
hastial sur tal como las comenzó Laviña, y superpuesta otra sección de las
pilas del hastial del norte, junto con la solución propuesta por Madrazo para
conciliar las pilas a los contrafuertes inferiores sin perdida de solidez de las
mismas.
La disposición que plantea Madrazo para las pilas del hastial presentaba cuatro
ventajas fundamentales 127. En primer lugar,
mediante la
modificación de las
columnillas que Forman las, arcaturas exteriores del triforio (de la disposición
cc adoptada por Laviña se pasaría a la señalada en el diagrama como CC), se
conseguía la exacta correspondencia entre las arcaturas interiores y exteriores
del triforio, y en consecuencia, “la posibilidad de adoptar una estructura
sólida y de resistencia al peso de las sobrecargas que tienen que recibir en su día”. Derivada de esta nueva ordenación de las arcaturas, se modificaban también
las caras laterales internas de los contrafuertes (serian la línea Cd en lugar
de cd) y los gruesos de estos mismos contrafuertes (quedarían reducidos a la
línea de).
La segunda ventaja de la disposición de Madrazo es que las caras en esviaje de
las pilas del hastial tienen un saliente mayor que las de torrecillas que cargan
encima, lo que garantizaba su solidez.
En tercer lugar, los gruesos de los
contrafuertes continúan iguales, de tal manera que los contrarrestos para
soportar los empujes del arco formero son suficientes; con este grosor se
lograba la correspondencia precisa para los paramentos interiores en esviaje, al
tiempo que el arranque de los triforios laterales, las columnillas para los
formeros de ventana y las ya mencionadas para los formeros de fechada, cerraban
los perímetros de las pilas principales
del hastial con perfecta correlación en el trazado propuesto por Madrazo.
La última ventaja de la disposición de Madrazo se refiere al interior de las
pilas: desvía el centro de la escalera de caracol hacia el exterior, colocándolo
en un punto próximo a la intersección de las prolongaciones de los haces
interiores de las arcaturas exteriores del triforio; con ello consigue alrededor
de las cajas de escalera espesores suficientes para la resistencia de las pilas,
especialmente importantes hacia el lado del arco formero de fechada.
Una vez resuelto el principal problema que planteaba la adecuación de las pilas
del hastial a los contrafuertes inferiores, Juan de Madrazo deduce en
consecuencia lo que constituye propiamente su proyecto de reconstrucción del
brazo sur del crucero a la altura del triforio.
* Proyecto de Juan de Madrazo para la reconstrucción del triforio y
contrafuertes del hastial sur.
Con los datos que ofrecían los estudios realizados en el hastial del norte y
resuelto el problema de la disposición de las pilas en la estructura del
hastial, para Madrazo “el trazado del triforio que ha de unir aquellas pilas es
operación que no presenta ningún genero de dificultad”.
El proyecto de reconstrucción comprende la zona ocupada por el triforio y la
continuación de las pilas del hastial hasta la segunda línea de imposta, es
decir, hasta el arranque de las bóvedas altas. La nueva disposición que adoptan
los pilares en el proyecto de Madrazo tras el estudio de conciliación de los
mismos con los contrafuertes inferiores, queda expresada en las secciones
horizontales del hastial sur que mostraban las plantas a diversas alturas,
(fig.57); al proyecto pertenecían solamente las secciones a la altura de la
galena del triforio y de la rosa, pero Madrazo incluy6 también la sección por
las torrecillas superiores conjuntamente a la proyección de los remates del
hastial, “como comprobación del problema, aunque ajenas a este mismo proyecto”.
El alzado del proyecto es el resultado visual en el frente exterior e interior
de la solución de las funciones estáticas y resistentes que debían cumplir el
triforio y los pilares que lo flanquean por sus costados (fig.58) 128.
En la sexta hilada contando desde la línea de imposta de los contrafuertes
inferiores comienza la modificación de su espesor que se señala por su remate
en forma de gabletes; de acuerdo con el principio funcional en que la decoración
gótica ha de servir para realzar la
estructura, Madrazo atribuye también a estos gabletes, pese a ser una forma
decorativa, su justificación por su subordinación a un requerimiento funcional:
“estos gabletes -dice- sirven para pasar del espesor de 1,60 metros a 1,15
metros de espesor que han de tener en todas sus zonas superiores, y para rematar
esta parte del espesor que muere antes de llegar a la comisa de coronación del
cuerpo de terrazas”.
En la diagonal de los ángulos entrantes que Forman las caras laterales de los
contrafuertes con los entrepaños de fechada, sobre unas piezas decoradas con
cabezas, dispone Madrazo las gárgolas de desagüe 129. La
subordinación
escultórica de las gárgolas a su función de desagüe del hastial es señalada por
Madrazo: “estas gárgolas dan salida a las aguas pluviales que se recogen en la
canal longitudinal vaciada en la corona de la comisa que ocupa la hilada
siguiente”. La función de desagüe que culmina en la salida por las gárgolas es
también otra preocupación del proyecto de Madrazo que realiza una supervisión de
todos los conductor y canales de desagüe para facilitar esta función. Sin
embargo, y seguramente debido a estas necesidades de desagüe, las cuatro
gárgolas en la diagonal de los contrafuertes que contemplaba el proyecto, fueron
sustituidas posteriormente, durante la construcción, por solo dos gárgolas que
se situaron en la línea de terraza sobre las enjuntas del arco principal del
pórtico, tal coma pueden verse en la actualidad.
En la cornisa introduce cuatro importantes modificaciones: en primer lugar varia
su línea de arranque, que estaba situada de 25 a 20 centímetros más alta de lo
conveniente, por otro lado, en el lecho de su corona abre el canal para la
recogida de aguas, también se ocupa de su aspecto est6tico, pues según afirma
su perfil y talla “no obedecen a lo que lo que los bellos restos que quedan del
edificio del siglo XIII nos enseñan”, y, por último, subsana la interrupción que
presentaba la corona de la cornisa por el saliente de los contrafuertes, “cosa
que en ninguna otra parte del edificio se observa”.
El triforio muestra la exacta correspondencia de los pilares exteriores con los
que forman el orden interior. Las bóvedas que cubren el triforio se acusan en
los dos paramentos al interior y exterior del hastial, donde quedan expresadas
por las archivoltas que representan arcos apuntados de triangulo equilátero; una
segunda rosca sirve de refuerzo o arco de descarga a la parte anterior de los
cañones de bóveda, que no hay necesidad de acusar en el paramento interior al que
no afecta, mientras que se expresa en la arcatura exterior por medio de la
sobre-archivolta decorada con crochets.
Las líneas de imposta, la de
coronación del cuerpo de triforio y la segunda de las pilas del hastial, marcan
la separación de las partes que quedaran englobadas en proyectos posteriores: el
cuerpo de la rosa en el hastial y la zona de las ventanas altas por encima de
los triforios laterales.
El proyecto de reconstrucción del hastial del sur a la altura del triforio
estaba fechado a 17 de abril de 1876. Con los informes completamente favorables
de la Academia de San Fernando y de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y
Puertos fue rápidamente aprobado por la superioridad el día 4 de agosto de
1876 130. La ejecución de las obras,
según especificaba Madrazo en la memoria del
proyecto, se realizarían por el sistema de contrata en lo referente a las obras
de sillería lisa, moldada, exenta o acompañada de mampostería y por
administración las tareas de escultura 131. Estos
últimos trabajos fueron
encargados al escultor Inocencio Redondo 132. Las obras de contrata, tras su
publicación en Madrid y León, fueron adjudicadas en segunda subasta Agapito Flor
el día 9 de octubre de 1876 133.
Para la ejecución de los trabajos,
según especificaba Juan de Madrazo en la
memoria y pliego de condiciones facultativas del proyecto, se utilizó piedra
calcárea procedente de Ontoria, en la provincia de Burgos, debido a que la piedra de las canteras de Bofar y Zonal de la
provincia de León “es de naturaleza vidriosa y fácil y no se adhiere bien al
mortero”.
La construcción comprendió fabricas
corridas por hiladas horizontales que consistían en “sillería de despiezo
perdido” y de “alturas” y en las restantes fábricas, en el interior, y allí
donde los espesores lo permitían, se utiliz6 la mampostería.
El plazo de ejecución de las obras era de doce meses, sin embargo, el día 6 de
diciembre de 1877 aún no se habían terminado las obras contenidas en el proyecto
debido al retraso en la remisión de la piedra, por lo que el Director General de
Obras Públicas concedió una prórroga de nueve meses al contratista para la
terminación de la contrata 134. Las obras de
reconstrucción del hastial del sur a
la altura del crucero se terminarían, por tanto, hacia el mes de junio de 1878,
lo mismo que las tareas escultóricas en el contenidas 135.
***
- Reconstrucción del hastial meridional: “un problema perfectamente
determinado”.
* El “principio de la transparencia”.
En el proyecto de reconstrucción del triforio Juan de Madrazo definió el hastial
del crucero coma “un muro de cerramiento en el que intestan las naves de este
crucero” 136. Este concepto lo desarrollo ampliamente en el
segundo proyecto de
reedificación aplicado al hastial meridional por encima de la galena del
triforio, es decir, en la zona comprendida por el rosetón y el gablete de
coronamiento del hastial 137; este proyecto fue terminado y remitido al
Ministerio el 20 de junio de 1879, poco antes de que estallará el conflicto
entre el arquitecto y las autoridades religiosas de León que desembocó en la
destitución de Juan de Madrazo.
En el proyecto de terminación del
hastial meridional se trataba de levantar “el testero o cierre de una nave
principal gótica”; esta nave esta constituida por “bóvedas de crucería que
descansan sobre pilas aisladas y cubierta por una armadura longitudinal a dos
aguas”; a estas disposiciones interiores debían corresponderse las exteriores de
la fechada en perfecta reciprocidad: “un arco de hastial” volteado de una a otra
pila, a modo de formero de la primera crucería de la nave, y un “pedimento o tímpano de frontón o de gablete”, como
cierre lógico de los triángulos de la armadura de cubierta. Como afirmaba Juan
de Madrazo, “no puede darse un programa mas concreto ni una formula más cerrada”138.
La aparente sencillez del planteamiento convertía la cuestión de reconstruir un
hastial de fechada de una catedral gótica en un “problema perfectamente
determinado”, al menos en su conjunto o en cuanto a los términos que entraban en
mutua correspondencia. Sin embargo, la hipótesis de partida era la aplicación
rigurosa del principio de la estricta correspondencia de las disposiciones
interiores en la distribución exterior o lienzos de fechadas del edificio. Juan
de Madrazo tomaba la definición “del verdadero concepto del Hastial de una
Iglesia” directamente de Viollet-le-Duc:
“En los buenos monumentos de la
Antigüedad y de la Edad Media, la cara exterior
no es otra cosa que la expresión de las disposiciones interiores: en las
Iglesias, por ejemplo, las fechadas principales no son sino la sección
transversal de las naves (...) estos paramentos son la necesaria apariencia de
las disposiciones del piano y de las dependencias interiores. En la arquitectura
de la Edad Media, la fechada no puede separase del orden general del edificio:
es la consecuencia de ese mismo orden ”.
El “orden” de la catedral gótica
debía ser un “orden intelectivo”, un “orden” por el que al observar las
disposiciones del hastial, se “comprendiera” de inmediato su razón de ser en el “orden” total del edificio, su perfecta
deducción lógica y consecuente. Este principio claramente expresado por Viollet-le-Duc ha sido considerado como una de sus mas destacadas influencias en
la arquitectura contemporánea: denominado “principio de la transparencia” fue
una idea ampliamente compartida por los arquitectos racionalistas del siglo XIX,
como afirma Philippe Boudon 139:
“esta idea de una arquitectura que expresa al exterior lo, que es en el interior
corresponde al espíritu racionalista de Viollet-le-Duc, Baudot, Choisy,
Guadet...”
Como método de interpretación de la
arquitectura gótica, el enunciado de este principio suponía un punto más, de
singular importancia, de esa “ética constructiva” invocada por el “racionalismo
neomedieval”. El concepto subrayaba la mutua correspondencia funcional de los
elementos constructivos del interior con los del exterior del edificio. Este
punto fue crucial en el proceso de critica histórico-constructiva de las
fechadas existentes en la catedral de León antes de la restauración. Las
fechadas dejaban de ser muros de cerramiento propuestos como “enmascaramiento”
del interior de la fábrica, a modo de telones escenográficos que permanecían
totalmente ajenas al resto de la fabrica medieval y ocultaban las disposiciones
interiores. Calificativos como “ático ocioso” o “mera exterioridad” fueron
aplicados a las antiguas fechadas, tanto de este lienzo meridional como del
occidental o fechada principal de la Catedral. El criterio “purista”, la
“transparencia” y “reciprocidad” entre el interior y el exterior del edificio,
eran las claves del comportamiento “ético” de la arquitectura gótica, principios
derivados del propio “estilo”, que adquirieron un valor normativo a la hora de
censurar el proceso constructivo de la catedral de León, hasta el punto de
proponer el derribo de aquellos elementos contradictorios con la “verdad ético-constructiva”
de la arquitectura gótica 140.
Al fijar Juan de Madrazo este “principio de la transparencia” como punto de
partida para la reconstrucción del hastial, quedaban anuladas otras posibles
argumentaciones para fundamentar su trazado: los principios clásicos de la
composición carecían de internos, pues la fechada de la catedral gótica no
resultaba de la “simetría”, “carácter” o “gusto”, sino que, frente a estos
conceptos abstractos, el proyecto era deducido por Juan de Madrazo desde el
“interior” del propio “orden constructivo” de la Catedral, desde su análisis
como hecho material y concreto, sin ser preciso ningún otro soporte argumental;
y en ello residía, además, la clave de la “belleza” de la arquitectura gótica,
una “belleza” únicamente derivada de sus cualidades constructivas o de la
fascinación mecánica de un equilibrio prodigioso 141:
“Estas sorprendentes Catedrales cuya belleza consiste principalmente en la
armonía entre la resistencia y la posición de cada parte y entre las fuerzas
que ésta tiene que soportar, entrañan un conocimiento admirable de los principios del
equilibrio armónico”.
La deducción del proyecto a partir de las disposiciones interiores proporcionaba
a Juan de Madrazo los términos básicos del programa: un arco de bóveda -que
inscribe al rosetón y se enmarca por las pilas del hastial- y un tímpano de
armadura -gablete- son los elementos del hastial. El programa resultaba
perfectamente determinado en su conjunto, pero con cierta latitud en los
detalles, como veremos a continuación.
*
Arco de hastial: rosetón y pilas principales de fechada.
Las estructuras inferiores, contenidas en el proyecto de reconstrucción del
triforio tenían su continuación en las “pilas de hastial” o “pilas principales
de fechada” que son llevadas en este proyecto hasta su coronamiento. Estas pilas
arrancan del nivel de la terraza del triforio y en su interior tienen
practicadas unas escaleras de caracol que permiten ascender hasta el nivel del
paso superior por la lima general de recogida de aguas y hasta las armaduras de
cubierta (fig.59). Las pilas se elevan hasta la imposta superior en que
comienzan las torrecillas que, mediante los escamados, modifican la planta de
las pilas hasta obtener el hexágono regular, base de las torrecillas superiores,
al igual que en el hastial septentrional. Rematan estas torrecillas en agujas
decoradas con crochets que están coronadas por cruces monumentales (fig.60).
En el entrepaño entre estas pilas se
extiende el arco de hastial que sirve a la vez de arco formero de la primera
crucería. Este arco de hastial es la parte
activa que dota de sentido a una construcción secundaria, “limitada a servir de
cerramiento a un hueco y proporcionar luces a un interior”, como es el rosetón
de esta fechada meridional. Para el trazado de esta parte del proyecto, que
comprende las relaciones entre este arco y su rosetón, Juan de Madrazo recurre
al examen de los hastiales occidental y septentrional para obtener datos en que
apoyarse.
En ambos hastiales examinados, el arco de fechada es la reproducción del primer
arco fajón de las bóvedas altas; este arco, sin embargo, se “expresa” en el
exterior del hastial de forma diferente: en el occidental este arco se
manifiesta como tal arco, mientras que en hastial del norte la presencia de este
arco se deja sentir en sus enjuntas por las rosetas en bajo relieve que exornan
el hastial; estas variaciones son consideradas por Madrazo como “dos
manifestaciones que lejos de repelerse se complementan mutuamente, razón por la
cual han sido adoptadas en este proyecto”. Es decir, se toma la disposición del
rosetón inscrito dentro de un arco apuntado, considerada como una composición “peculiar enteramente de los edificios de la escuela de la Champagne”, si bien Madrazo introduce una ligera
modificación en su trazado, pues la línea
horizontal que limita por su parte inferior al rosetón en el hastial del oeste
es sustituida en el proyecto del hastial meridional por “un arco inverso que con
las dos ramas del arco apuntado forma un triángulo curvilíneo equilátero
combinado con la archivolta de la Rosa”. Las enjutas, como estructuras neutras,
aparecen decoradas en sus centros por sendas rosetas trilobuladas y, en el
extremo inferior de la archivolta del rosetón, en su punto de tangencia con el
arco, coloca Madrazo una cabeza simbólica de tres caras en representación de la
Trinidad (fig.60).
El dibujo de la tracería del rosetón es copiado por Madrazo del existente en el
análogo rosetón septentrional 142. Por encima del
rosetón descansa el entrepaño
del hastial que forma por su cara exterior las enjutas del arco de la bóveda,
decoradas con rosetas tabicadas y con seis lóbulos con florones en sus
redientes. La cornisa establece el paso a lo largo de la fechada en el nivel de
los tirantes de la armadura de cubierta; en su decoración Madrazo utilizó
motivos figurativos muy característicos del repertorio gótico, como crochets,
follaje y hojas de yedra, todo ello coronado por una balaustrada en forma de
cuadrilóbulos con sus centros exornados con las enseñas heráldicas de Castilla,
León y la flor de lis.
La reconstrucción de estos elementos del hastial no ofreció excesivas
complicaciones para Juan de Madrazo, experto conocedor de la arquitectura gótica
francesa y detenido observador de la catedral de León. La reconstrucción del
gablete superior, sin embargo, era algo mas problemática debido a la ausencia de la armadura de cubierta que
debía ser puesta en relación
funcional con el perfil del gablete; Madrazo, ante este inconveniente, recurre a
nuevos argumentos para justificar su proyecto en esta zona del hastial.
* Las proporciones geométricas de la arquitectura gótica: el triangulo
equilátero y su aplicación en la reconstrucción del gablete del hastial
meridional.
La segunda estructura fundamental que integraba el programa de reconstrucción
del hastial meridional era el gablete de coronamiento de la fechada (fig.60).
Esta parte superior o de remate del hastial fue, como ya hemos visto, una de las
zonas del edificio que sufrió más radicales transformación. El supuesto
primitivo gablete gótico fue sustituido por las formas barrocas del “atico”
trazado por Manuel Conde Martínez en los años finales del siglo XVII. Este
vistoso coronamiento barroco del hastial fue demolido por Matías Laviña, con el
resto de la fechada, en el año 1862 143; posteriormente, el proyecto trazado por
el propio Matías Laviña para la reconstrucción total de la fechada meridional
fue rechazado por la Academia de San Fernando debido, precisamente, a la “extraña”
galería con la que daba cima al hastial. El informe emitido por la Academia
exigía "un frontón muy agudo que acuse la armadura" y les llevaba a rehusar una
propuesta como la de Laviña por considerarla en desacuerdo con el estilo y los
principios constructivos de la arquitectura gótica 144.
Juan de Madrazo se encargo de trazar este “frontón o remate triangular”
reclamado por la Academia de San Fernando. Además, Madrazo no solamente diseñara
los planes del remate de la fechada meridional de la Catedral, sino que
justificó teóricamente su dibujo en forma de “fronton triangular” haciendo use de tres
argumentos fundamentales: la naturaleza estrictamente funcional del gablete de
fechada como estructura de cierre de la armadura de cubierta a dos aguas, el use
del triangulo equilátero como gablete por ser ésta la figura geométrica
generadora del sistema de proporciones de la arquitectura gótica y, como
consecuencia de las dos premisas anteriores, la reafirmación de esta forma por
el estudio arqueológico de las catedrales francesas, según la “genealogía”
arquitectónica a la que Madrazo adscribió la catedral de León.
Los razonamientos que utiliza Juan de Madrazo para justificar el trazado del
actual gablete triangular que corona el edificio por su parte meridional
presentan un doble interés. En primer lugar un interés concreto para el futuro
del edificio, pues en la autoridad de las opiniones expresadas por Juan de Madrazo se apoyara Demetrio de los
Ríos para proponer pocos años después la
demolición del hastial occidental. En segundo lugar, desde una perspectiva
teórica amplia, la argumentación de Juan de Madrazo sobre el sistema de
proporciones de la Catedral para deducir en consecuencia la forma del gablete,
supuso la introducción y aplicación en la reconstrucción de un tema que había
sido ampliamente debatido en Francia como una de las características intrínsecas
y definitorias de la arquitectura gótica.
El argumento “funcional” será prioritario en el razonamiento. La función que
debía desempeñar este remate de hastial era claramente expresada por Juan de
Madrazo 145:
“El pedimento o tímpano de frontón o de gablete ... recibe los extremos de todos
los elementos longitudinales que ligan a los sucesivos triángulos de armadura”.
El gablete o “frontón” superior del hastial resulta, pues, de la necesidad
funcional de cerrar lateralmente la cubierta de la nave transversal del
edificio. La forma resultante del gablete debía responder a este requerimiento
funcional a través de las relaciones interdependientes y perfectamente
determinadas que tenía que mantener el gablete con los triángulos de la armadura
de cubierta. Además, este requerimiento funcional era una consecuencia del punto
de partida que guiaba el proyecto, presidido por ese principio de “transparencia
arquitectónica” que mencionamos mas arriba, por el cual la fechada debía ser “la
expresión de las disposiciones interiores”. De un modo similar a lo que se
deducía para los cuerpos
inferiores del hastial, éste, en su parte superior, tenía que ser la evidente
manifestación exterior del cierre de la armadura de cubierta como disposición
interior correspondiente.
Sin embargo, la falta de correspondencia lógica y funcional entre los remates
superiores de los hastiales septentrional y occidental y las armaduras de
cubierta del edificio no permitía proyectar el nuevo remate del hastial
meridional por analogía con las estructuras existentes, como Madrazo había hecho
en los cuerpos inferiores.
El remate renacentista que por entonces coronaba el hastial occidental era
juzgado severamente por Madrazo como una estructura en completo desacuerdo con
la lógica funcional del sistema constructivo gótico 146:
“... construido según las ideas predominantes de la
época coma objeto exclusivo
de ornamentación o como mera exterioridad destinada en primer termino a
satisfacer la vista del publico es una estructura que no tiene ninguna relación
con la disposición de los tejados que hoy existen ni con la de los que pudieron
existir en otros tiempos”.
Estas palabras deben comprenderse en el interior del juicio crítico, de la “ética constructiva”
señalada, dependiente de la definición del modelo teorético
de explicación histórica y constructiva de la arquitectura gótica formulado por
el racionalismo neogótico francés, como hemos venido señalando. La aplicación
radical y operativa de este juicio crítico del hastial occidental llevara a
Demetrio de los Ríos a proyectar su demolición y posterior reconstruccion “purista” 147.
En el caso que ahora nos ocupa -la reconstrucción del hastial meridional- la
crítica que realiza Madrazo del hastial occidental le condujo a descartar esta
estructura como fuente de información para su proyecto, por estar en completo
desacuerdo con la “función” que debía cumplir el remate del hastial de fechada
en el edificio gótico.
El gablete de coronación del hastial septentrional, realizado a mediados del
siglo XV, muestra, por el contrario, una disposición de triangulo equilátero
que, pese a ser considerada como la mas apropiada por Madrazo, estaba en
desacuerdo con la armadura existente. Esta discordancia la atribuye Madrazo en
este caso a que la armadura de la cubierta de la catedral no era la que
realmente debía corresponder al edificio, con las consecuencias que de ello se
derivaban 148:
“Desgraciadamente, faltan en el edificio las armaduras que en otro tiempo le
cubrieron o que se proyectaron para cubrirle, y tanto por esta circunstancia
como por las restauraciones llevadas a cabo a fines del siglo XV y del XVI, no
existe en los Hastiales mencionados la mayor correspondencia entre sus
estructuras superiores y la disposición de la cubierta que hoy existe”.
De esta crítica “constructiva” de las dos estructuras existentes en el nivel
superior del edificio y que debían ponerse en conexión -la armadura de cubierta
y el remate del hastial- Madrazo deducía claramente la necesidad de modificar
estos dos elementos para devolver la coherencia a la Catedral y dejar “cerrado”
el sistema constructivo del edificio: el renacentista hastial occidental es
considerado como una mera “exterioridad” sin justificación constructiva alguna,
y la armadura de cubierta deberla modificarse y adoptar el perfil de triangulo
equilátero para ser puesta en adecuada relación funcional con el triángulo del
gablete del hastial del norte y con el que Madrazo proyectará para el costado
meridional 149.
De la demolición y reconstrucción del hastial occidental se encargará más
adelante Demetrio de los Ríos, pero la modificación de la armadura de cubierta
del templo, pese a estas opiniones de Madrazo y a las reiteradas ocasiones en
que Ríos repitió la necesidad de transformar el perfil de la cubierta, seria un
trabajo que no se comenzó nunca, persistiendo en la actualidad la antigua
cubierta y con ello el desajuste funcional entre la cubierta superior y los
actuales gabletes de cerramiento de las naves altas del edificio 150.
El razonamiento
“funcionalista” que mantiene Juan de Madrazo en sus proyectos de
reconstrucción descansa, como hemos visto, en la concepción del edificio gótico
como una totalidad constructiva cuyos elementos, interrelacionados entre si,
tienen siempre un lugar perfectamente apropiado y razonado en la integridad en
la que se inscriben. La “determinación de los principios” de la arquitectura
gótica que según Madrazo “permite obtener deducciones exactas” posibilitaban la
reconstrucción del sistema constructivo de la catedral de León a partir del
análisis sistemático y crítico de sus elementos constructivos y de los
procedimientos por los que estos elementos entran en conexión con otras unidades
y se definen por las relaciones que mantienen entre sí y en el interior del
sistema en el que se losertan.
Cada uno de los nuevos elementos constructivos y decorativos que proyecta
Madrazo surge, pues, del análisis y comparación crítica con otros elementos
similares existentes en el edificio, en el intento de establecer relaciones de
identidad o analogía coma fundamentos del proyecto.
En el caso de la reconstrucción del gablete del hastial meridional no era
posible apoyar el trazado triangular que presentaba Madrazo más que por analogía
con el frontón del hastial septentrional. La existencia de una armadura de
cubierta con este perfil hubiera justificado por si sola esta forma del gablete
en su necesidad de adaptación funcional al triángulo de la armadura. Ante esta
carencia de datos sólidos procedentes del análisis material, estrictamente
constructivo, del edificio, Madrazo encontró en el estudio genérico del sistema
de proporciones de la Catedral un argumento más en el que apoyar la forma de
triangulo equilátero como la genuina para el gablete del hastial.
Con la afirmación de un sistema de proporciones característico de la
arquitectura medieval, el racionalismo neogótico entraba a considerar un
problema directamente extraído de la estética clásica. El enunciado por Viollet-le-Duc
de un sistema de proporciones característico de la arquitectura medieval y, en
particular de la arquitectura gótica, se entremezcla con el argumento
“funcionalista” y, en definitiva, creo ambas propiedades teóricas se orientan
hacia una misma finalidad: demostrar el carácter eminentemente racional y
sistemático de la arquitectura gótica con la exposición de un método
interpretativo que permitiera la reunión de todas las partes de un edificio
agrupadas como producto de un mismo sistema conceptual. El enunciado de que “la
forma sigue a la función” en la arquitectura gótica es un principio que dota de
coherencia racional a todos los elementos constructivos y decorativos que
integran esa unidad conceptual que debe ser el edificio. De la misma manera, la
exposición de un sistema de proporciones propio de la arquitectura medieval era
otro modo de poner en evidencia la unidad de sistema y de principios que preside
a esta arquitectura. Además, en cuanto criterio operativo, esta teoría de la
armonía de las proporciones tuvo gran importancia en algunos procesos de
restauración como orientación metodológica, como fue el caso de Saint-Sernin de
Toulouse 151. Pero el estudio del sistema de proporciones de los edificios
medievales no solo se encuadra en ese intento de conciliar la teoría y la
práctica, sino también en el afín por reconocer en la arquitectura del pasado
principios universales sobre los que fundar, en un sentido progresivo, una
arquitectura moderna.
Thomas W. Lyman indica que la teoría de la armonía de proporciones de Viollet-le-Duc
no queda completamente formulada hasta que aparece en 1863 el noveno de los
Entretiens y se publica al año siguiente el articulo “Proportions” en el Dictionnaire raisonne,
todo ello en relación en gran medida con sus observaciones sobre Saint- Sernin
152. Si bien esto es cierto, creo que no obstante habría también que subrayar
como las primeras exposiciones de la arquitectura medieval como un sistema
perfectamente proporcionado aparecen en los artículos publicados tanto por
Viollet-le-Duc como por Jean-Baptiste Lassus en relación con la polémica
mantenida con la Escuela de Bellas Artes en 1846 153. Aquí los dos arquitectos
franceses trataron de refutar el juicio negativo de la arquitectura gótica que
sostenían los partida Ríos de la Academia, que repetían como argumento
fundamental para rechazar la arquitectura gótica
las palabras de Quatremere de Quincy 154:
“El genero de edificio al que se le aplica el nombre de
gótica se compone de
tantos elementos heterogéneos y nace en un tiempo de tal confusión, de tal
ignorancia, que la extrema variedad de formas, inspiradas por solo el capricho,
impide a todo verdadero sistema de proporción introducirse en una arquitectura
que no comunica realmente al espíritu mas que la idea de desorden”.
Los partida Ríos de la arquitectura gótica, encabezados por Lassus y Viollet-le-Duc,
se apresuraron a recoger estas palabras de Quatremere para demostrar
precisamente lo contrario, es decir, que en la arquitectura gótica “toda la
construcción está sometida a un sistema invariable” 155. El sistema de
proporciones dota de unidad a la arquitectura gótica y, además, frente a la
rigidez de las proporciones de la arquitectura clásica, la arquitectura gótica
adopta la “proporción humana” en la que el hombre sirve de modelo y unidad
156.
En este sentido, la
teoría de las proporciones es uno de los aspectos en los
que mas se deja sentir coma la discusión se llevaba sobre un principio hasta
entonces considerado dominio exclusivo de la arquitectura clásica; es decir,
suponía adoptar un tema característico de la doctrina clásica para transformarlo, y así ha sido señalado por algunos autores 157.
Cuando a mediados de la década de 1860 Viollet-le-Duc perfila su teoría de las
proporciones en los artículos mencionados del Dictionnaire y los Entretiens,
losistirá en dos características esenciales del sistema de proporciones de la
arquitectura medieval que el arquitecto francés consideraba coma las más
originales y sobre las que debía fundamentarse la renovación de la arquitectura
contemporánea: el principio que podria denominarse de la “proporción funcional y
relativa al orden general” y el principio de la “proporción geométrica”.
La existencia de un sistema de proporciones era un principio común a la
arquitectura medieval y a la arquitectura clásica. Efectivamente, como señala
John Summerson, “la finalidad de la arquitectura clásica ha sido siempre lograr
una armonía demostrable entre las partes” 158. Eugene Viollet-le-Duc evidenció
como esta condición general se cumplía perfectamente en la arquitectura gótica;
ahora bien, coincidente en el concepto general, también enunció claramente las
peculiaridades del sistema de proporciones medievales y las ventajas que
presentaban a su modo de ver. A diferencia del “orden” de los templos griegos
donde la columna -la parte- determinaba las proporciones del edificio, en la
arquitectura medieval la proporción es relativa al orden general y a la función desempeñada por la parte en este
orden 159:
"desde que el orden no era mas que una de las partes del conjunto, perdía la
cualidad de orden para tomar la de un miembro sometido (...) la columna perdía
su proporción propia para adoptar una proporción relativa al lugar o a la
función que ocupaba o a la naturaleza de la materia en que estaba tallada ”.
Los elementos constructivos están sometidos en el edificio gótico al “orden”
general, el razonamiento discurre del todo a las partes y no al contrario como en
la arquitectura clásica. El sistema de “módulos” de la arquitectura griega la
parecía a Viollet-le-Duc como un peligro por sus pretensiones de dotar al
arquitecto de un procedimiento inmutable, una formula perfecta, absoluta, en la
que el modulo reemplazaba al razonamiento. Sin embargo, la “proporción relativa”
de la arquitectura medieval es esencialmente razonadora, pues es suficiente
flexible y permite someter los elementos constructivos a la función relativa
ejercida en el conjunto.
De este carácter especial de las proporciones góticas se desprendía su otra
propiedad importante, “la proporción geométrica”:
“la geometría es el punto de partida, el principio de la arquitectura; entre las
figuras geométricas la más perfecta es el triángulo; entre los triángulos los
que mejor se prestán a las leyes de la estática y a las divisiones proporcionales
son los triángulos equiláteros”.
Juan de Madrazo retomo esta idea y afirmo que “el triángulo equilátero fue la
idea que tuvo en su mente el constructor del siglo XIII para dar las
proporciones que vemos en este edificio”. La idea, apuntada por Madrazo, fue
desarrollada posteriormente por Vicente Lampérez y Romea que observo como las
catedrales de León y Reims respondían a un mismo trazado geométrico a partir de
los triángulos como figuras que proporcionan las medidas fundamentales en las
naves de ambos edificios (figs.62 y 63)160.
Aplicada la proporción geométrica a la reconstrucción del gablete del hastial,
Juan de Madrazo adopto el perfil de triángulo equilátero como la figura
adecuada al sistema de proporciones del edificio. Este perfil debería haberse
correspondido con una inclinación de 60° de la armadura de cubierta de la
Catedral, “inclinación propia y usual en los tejados del norte”, muy adecuada
para los tejados de pizarra como el que Juan de Madrazo y Demetrio de los Ríos
propusieron para cubrir la catedral de León, pues “se trataba de construir un
edificio en una localidad muy próxima a formaciones en gran abundancia de este
esquisto”.
Adoptado el perfil de triángulo equilátero esta línea se adornó con crochets y
en su vértice se corono con la estatua de San Froilan. La preparación del acceso
al tejado que tendria que haber cubierto las naves del edificio venia resuelto
con unos peldaños para subir a los caballetes del tejado. Este gablete esta
perforado por dos pequeñas puertas de servicio en el nivel de la cornisa y una
roseta “para ventilación de la armadura” decorada con racimos de follaje y seis columnillas a modo de radios; este
diseño, que podemos ver frecuentemente
repetido en el Album de Villard de Honnecourt, fue posteriormente sustituido por
Luis Menéndez Pidal por la actual traceria, semejante a la del “frontón” del norte y de un dibujo mas propio de la
última fase del estilo gótico (fot.11)161.
Por encima se encontraba un bajo relieve con enseñas heráldicas de Castilla,
León y flor de lis.
El proyecto de reconstrucción del hastial meridional fue calurosamente acogido
por la Academia de San Fernando que emitió un breve pero elogioso informe del
trabajo realizado por Juan de Madrazo 162. Este informe fue redactado en octubre
de 1880, algunos meses después del fallecimiento del arquitecto.
Debido a la
sustitución y muerte de Juan de Madrazo, la construcción de esta
fechada correspondió a Demetrio de los Ríos. La fechada meridional trazada por
Juan de Madrazo permanece como una de las mas notas mas destacadas de la actual
catedral de León; además, como hemos señalado, el razonamiento y los pianos de
Juan de Madrazo sirvieron de modelo para la posterior reconstrucción del hastial
de la fechada occidental o principal de la Catedral.
* * *
- Reconstrucción del brazo meridional del crucero en la zona alta de la nave.
Juan de Madrazo dejó prácticamente ultimados los pianos del proyecto para la
reconstrucción de la parte superior del brazo sur del crucero antes de ser
apartado de las obras de restauración de la catedral de León en octubre de 1879.
Los pianos trazados por Madrazo fueron concluidos y dotados de la
correspondiente memoria explicativa y cálculos de estabilidad y resistencia por
Demetrio de los Ríos, sucesor de Juan de Madrazo. Dos años fueron empleados por
Ríos para dar remate al proyecto que fue finalmente firmado el día 4 de febrero
de 1882 164. El proyecto iniciado en sus pianos por Madrazo fue fielmente seguido
por Ríos, “haciéndolo nuestro en todas sus partes”, como él mismo admitía. Por
esta razón y por ser este proyecto la conclusión lógica de los dos elaborados
con anterioridad para la reconstrucción de este brazo meridional de la catedral
de León, incluimos su estudio en este capítulo dedicado a la actividad de Juan
de Madrazo.
Después de concluida la galería del triforio y una vez proyectada y erigida
hasta su coronamiento la fechada, quedaba aún una considerable obra de
reconstrucción en este brazo meridional y crucero de la Catedral: todavía se
encontraba abierto el descomunal boquete que comprendía todo el hueco
correspondiente a la antigua copula central del crucero con las cuatro bóvedas
que la rodeaban y la parte completamente desmontada de la zona superior del
brazo sur más dos ventanas altas, una hacia el lado sudoeste perteneciente a la
nave central y otra correspondiente al presbiterio, es decir, en el costado
sudeste del edificio. La reconstrucción de todos estos importantísimos elementos
derribados fue incluida en este proyecto de reconstrucción del brazo sur del
crucero en la zona alta de la nave.
La trascendencia del proyecto viene señalada no solo por su considerable
extensión y magnitud, sino también porque los pianos trazados por Juan de
Madrazo para la reconstrucción de todo el cuerpo de ventanas altas asumieron el
carácter de “modelo” que Demetrio de los Ríos aplicó en todo el perímetro de los
muros de la catedral de León. La propuesta de “reconstrucción” formulada por
Juan de Madrazo para esta zona se convirtió en el paradigma “neogótico” para los
proyectos posteriores de “restauraciones parciales”, determinantes para la
fisonomía exterior de la actual catedral de León.
Esta dimensión
“estético-arqueológica” era uno de los dos aspectos destacados del proyecto;
como tal, se aplicó a los paños de cerramiento verticales o zona de las
“ventanas altas” que habían de reconstruirse. La otra faceta importante del
proyecto se refería genéricamente a las “bóvedas” de crucería que se debían
voltear sobre el crucero y naves altas para cerrar el edificio por su parte
superior. La diferente naturaleza de la construcción de una y otra clase de
fabrica llevan a dividir el proyecto en estas dos partes de distinto carácter y
consecuencias.
* Reconstrucción de las ventanas altas, un modelo para el exterior de la
Catedral.
El primero de los pianos trazados por Juan de Madrazo comprende la parte
denominada de “ventanas altas” o paños de cerramiento verticales en la parte
superior del brazo sur del crucero. Este diseño recoge el frente exterior de
dos de estas ventanas altas correspondientes al lienzo oriental del transepto
meridional, los arranques de los arcos torales interiores y parte del primer
arco del presbiterio, el corte vertical del arbotante doble y el sencillo del
hastial, así como toda la parte superior de la nave y los inicios de la armadura
de cubierta (fig.64). Pese a incluirse todos estos elementos en esta primera
hoja del proyecto, realmente el piano se detiene en detallar la composición de
las ventanas altas del brazo sur que debían levantarse sobre la galena inferior
del triforio. Las ventanas propiamente dichas, con sus gabletes
y enjutas, el cornisamiento, antepechos y pináculos son los componentes
“góticos” que se acoplan y complementan para crear un diseño que refine todos
los términos claves de la arquitectura gótica; como “cerramientos verticales o
costados de arcatura que limitan el templo”, el “ritmo” repetitivo propio de la
arquitectura gótica posibilitaba su aplicación, no solo a la reconstrucción
inmediata de las cuatro ventanas del crucero y las dos de la nave y presbiterio
que se encontraban desmontadas, sino que, como apuntó Demetrio de los Ríos, se
podía extender este trazado “neogótico” “lo mismo por entrambos brazos de su
crucero que por su nave, presbiterio y ábside, pues en todo este perímetro reina
y se sostiene con
perfecta unidad la misma composición” 164:
“lo adoptado para el crucero sur ha de repetirse fielmente, como el piano lo
expresa, para las otras dos ventanas restantes de la nave, y que una vez
aprobado este proyecto por la Superioridad ha de servir de modelo para todo
cuanto en el orden de las ventanas, enjutas, coronación y remates se practique
en el resto de la nave y presbiterio, en el otro brazo norte del crucero y en el
ábside, por el sistema de restauraciones parciales”.
La trascendencia del proyecto quedaba claramente expresada por estas palabras
con las que Ríos introducía la memoria del mismo, pues “de su aprobación depende
la exterior fisonomía estético-arqueológica del Templo”, como afirmaba el propio
arquitecto. Efectivamente, el proyecto, como ya ha sido señalado, se terminó en
1882; por estas fechas Demetrio de los Ríos ya comenzó a elevar al Ministerio
los primeros presupuestos de restauraciones parciales donde iniciaba esta
radical transformación de la totalidad del perímetro exterior del edificio,
añadiendo estos característicos elementos “góticos” a los muros. Ríos se
escudaría en la aprobación de este proyecto de “reconstrucción” del brazo sur
para aplicar el diseño a toda la Catedral, anulando la diferencia existente
entre la “reedificación” de una parte del edificio cuyas disposiciones
anteriores habían sido totalmente derribadas y la “restauración” de otras zonas
- como los muros altos- donde persistían las anteriores, con lo que la
aplicación del diseño propuesto por Madrazo suponía eliminar elementos
preexistentes. Esta diferencia fue advertida por Ríos, de ahí que se amparase en
el prestigio del proyecto de “reconstrucción” de su antecesor para proponer la
“restauración” radical y sistemática de todo el templo en busca de esa “perfecta
unidad”. Por eso la aplicación rigurosa de este diseño por toda la superficie
exterior de la Catedral nos llevará a enmarcarlo en el interior de la discusión
sobre los contornos de aplicación del concepto de “restauraciones parciales”,
problemática diferente a la que ahora se planteaba, a pesar de los intentos de
Ríos por igualar los términos de la discusión 165.
Lo cierto es que Juan de Madrazo con esta primera hoja del proyecto de
reconstrucción del brazo meridional había dejado trazado el prototipo para la
posterior transformación de la fisonomía exterior de la catedral de León. La
composición amalgamaba con especial acierto los elementos definitorios de la
arquitectura gótica, de un modo similar a como se efectuó en buena parte de las
catedrales francesas sometidas a restauración durante el siglo XIX; con la
reunión de estos “términos clase” o “estilemas” de la arquitectura gótica la
catedral de León afirmaba su carácter de “objeto modelo” de la arquitectura
gótica francesa del siglo XIII, con toda su pureza y unidad.
La tracería de las ventanas recogía como “elemento constante” el arco apuntado
central subdividido en otros dos parciales cobijando rosas exalobulares,
mientras que en estas ventanas existía también un elemento que Demetrio de los
Ríos denominaba, “accesorio o variable”, formado por los arcos apuntados
laterales a modo de “lancetas”, que variaban según la longitud del paño de muro
que hubiera de cerrarse: es decir, una prueba mas de la flexibilidad de la
arquitectura gótica que posibilitaba la adaptación del diseño a la función
desempeñada en la totalidad del edificio. Los capiteles de la ventanas se
repusieron por Madrazo adoptando diseños de los persistentes en el interior.
Los gabletes que corren por encima de todas las ventanas de la catedral de León
son también producto de la restauración. Este elemento “esencialmente
característico en esta clase de arquitectura”, al decir de Demetrio de los Ríos,
reaparecía en la hoja de pianos de Madrazo. Según refería Ríos, estos gabletes
que diseño Madrazo y que el se encargaría de extender a todas las ventanas, aún
persistían en un ángulo del edificio, en el arranque de una de las ventanas, “con su
dirección, forma y ornato”; Madrazo sacó vaciado de estos restos y los aplicó a
la reconstrucción de este brazo sur del crucero. La justificación estética y
funcional de este elemento “esencial” de la arquitectura gótica fue desarrollada
por Demetrio de los Ríos en sus proyectos de restauraciones parciales, por lo
que volveremos sobre ellos en el próximo capítulo.
Las enjutas de los ventanales presentan una decoración de rosas ciegas, para
lograr un “conjunto armónico” y por la aplicación de “un principio universal”,
como puntualizaba Demetrio de los Ríos, pues “toda parte pasiva de un muro se
adelgaza o perfora siempre”. Para añadir estas rosas la Catedral no ofrecía
vestigio alguno de las mismas, por lo que Juan de Madrazo las incorporó de los
modelos tornados en las catedrales francesas que estudió.
La cornisa, con tres hiladas de cantería, también era un elemento añadido
puesto que la primitiva gótica de la catedral de León fue sustituida por la
cornisa barroca de Baltasar Gutiérrez 166. A modo de una ancha
media cana se
decoró con motivos de hojas intercaladas. Por encima recorre la cornisa un
escamado que sirve de corona. El antepecho se compone de tres partes, una solera
para arrojar las aguas, un cuerpo principal con rosas caladas de cuatro lóbulos
y una cimera de sencillo molduraje. El conjunto esta rematado por los pináculos
que coronan las pilas interpuestas entre las ventanas. Los motivos decorativos
fantásticos de águilas y aves de rapiña cubiertos con paños que proponía Juan
de Madrazo fueron modificados por Demetrio de los Ríos por otros de Leonés que
le parecieron mas adecuados por ser la Diputación Provincial quien costeó estas
labores escultóricas de coronamiento de la nave con los fondos que donó como
resultado de la suscripción organizada por el Prelado Leonés.
Este trazado fue considerado como el mas adecuado al carácter estático-arqueológico
del edificio. Todos estos elementos estaban “extractados” del repertorio más
puro y característico de la arquitectura gótica francesa del siglo XIII. Nadie
dudó en el siglo XIX de su conveniencia y adecuación a la hora de reconstruir el
derribado brazo del crucero. Ahora bien, el problema surgió cuando este “modelo”
se confrontó las disposiciones existentes en el resto de las naves altas del
edificio. El partido que tomó Demetrio de los Ríos por aplicar este diseño por
todo el perímetro de la Catedral hubo de ser una decisión largamente
argumentada. Todos estos elementos del piano de Juan de Madrazo fueron
“redefinidos” y mostrados como componentes indisociables del “sistema” gótico,
presentes en “el pensamiento de los primeros constructores”, en definitiva,
inexcusables para devolver a la catedral Leonesa todo su “primitivo esplendor”.
*
Valoraciones constructivas en torno a la reedificación de las bóvedas altas.
La segunda parte del proyecto de
reconstrucción del brazo sur del crucero esta dedicada a las bóvedas que debían
voltearse sobre el crucero y naves altas del brazo sur, así como las dos
desmontadas sobre el presbiterio y el coro. Del mismo modo que ocurría con la zona de las ventanas, esta reconstrucción total de
las bóvedas referidas fue tomada como modelo para la reparación del resto de bóvedas altas de la Catedral que, como
decía Juan de Madrazo, eran estructuras
sumamente deterioradas, “donde más se han dejado sentir los efectos de las
restauraciones desacertadas de los siglos XVII y XVIII”, hasta el punto que
“puede decirse que en toda la extensión de las naves altas de esta Iglesia, no
existe un solo tramo que no exija en su día reparaciones de mayor o menor
importancia, ya sea en sus crucerías, ya en
sus entrepaños de bóveda” 167.
El
encimbrado total de las bóvedas altas de la Catedral a partir de los proyectos
formados por Juan de Madrazo dotó de los medios auxiliares necesarios para
proceder a la reconstrucción de las bóvedas derribadas y restauración de las
deterioradas. La adaptación de las cimbras a las bóvedas supuso, como vimos en
apartados anteriores, un profundo y sistemático estudio del significado
constructivo de las bóvedas de crucería en la arquitectura gótica. Este papel
primordial desempeñado por las bóvedas en el interior de la jerarquía
constructiva gótica ya ha sido señalado en relación con el sistema de encimbrado
proyectado por Juan de Madrazo. Por ello no insistiremos en estos aspectos ya
tratados y nos detendremos únicamente en seguir algunas de las apreciaciones
relativas al proceso constructivo de estas bóvedas en relación con los diversos
planos formados por Juan de Madrazo para su reconstrucción 168.
Con anterioridad a la formación de los pianos contenidos en el proyecto de
reconstruccion del brazo sur del crucero, Juan de Madrazo había elaborado otro
proyecto que iniciaba la reconstrucción de las bóvedas altas y dejaba preparados
los pilares para voltear sobre ellos las crucerías: es decir, comprendía la
conclusión de la pila total sudeste, aún incompleta, y la construcción de los
“enjarjes” de todas las bóvedas que fueron incluidas en el posterior proyecto de
reconstrucción del brazo sur 169.
Este proyecto preparatorio para la erección de las bóvedas propiamente dichas
abarcaba esa delicada zona de transición entre los capiteles de los pilares y
los nervios, es decir, “las hiladas horizontales de los arcos hasta la altura en
que sus diferentes secciones transversales de dovela dejan de compenetrarse y
por consiguiente sus respectivas vueltas siguen independientes unas de otras”.
La hoja de planos presentada por
Madrazo representaba con claridad la zona comprendida por estos enjarjes en
varios trazados (fig.65): la planta del crucero y brazo sur a la que afectaba la
reconstrucción de los enjarjes y las secciones horizontales y proyecciones
verticales de frente y de costado de los distintos tipos de pilares
comprendidos, torales, secunda Ríos y pilas del
hastial.
Como indicaba el propio Juan de
Madrazo en la memoria de su proyecto, “es todavía la estructura de los edificios
de este estilo -gótico- demasiado poco
conocida en España para que puedan parecer aquí superfluas algunas
explicaciones lo mismo respecto del sentido de la voz enjarjes que respecto a la
función que estos desempeñan en la estructura de las bóvedas góticas”. Madrazo
procede a una definición “funcional” e incluso a una revitalización
“etimológica”
del término a partir de la utilización de la palabra “jarjamenta o jarjamentos”
empleada por Simón García y, sobre todo, por la comparación con los “erracemens”
o “tas de charge” del Álbum de Villard d'Honnecourt 170.
Los enjarjes son una parte fundamental en el sistema de bóvedas de crucería
góticas y por ello merecieron un proyecto especial por parte de Juan de Madrazo.
Su importancia viene señalada en cuanto representan los “amagos de todos los
arcos que nacen donde arrancan las bóvedas” y el punto de apoyo de la
plementería de las bóvedas,
así como “la base de unos macizos de mampostería que
han de formar los riñones de las bóvedas y que neutralizan la acción de las
presiones en los puntos de rotura”. Es decir, se trataba de la reconstrucción de
estructuras fundamentales para el equilibrio de las bóvedas y por ello
primordiales para asegurar la estabilidad del sistema constructivo gótico,
sumamente dependiente de las crucerías, parte “activa” por excelencia. Su
construcción debía ser lo suficientemente resistente para asegurar las presiones
resultantes del empuje de los distintos arcos que entraban en combinación en
cada tramo de bóveda, así como también tenían que ser capaces de soportar la
totalidad del peso de las bóvedas que cargaban sobre estos enjarjes. El complejo
aparejo de todas las reuniones de arcos en los enjarjes fue hábilmente
solucionada por Juan de Madrazo, especialmente en lo que se refiere a los
enjarjes correspondientes al crucero de la Catedral, puesto que, como vimos, al
voltearse la cópula en el siglo XVII, se modificaron los arcos torales para
montar la pechina con lo que se habían perdido estas disposiciones
características del sistema gótico de bóvedas de crucería. El carácter
plenamente “cientifico” del proyecto de enjarjes requirió el examen de la Junta
Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que emitió su informe favorable en
septiembre de 1878 171.
Seis meses fueron los previstos por Juan de Madrazo para construir estos
enjarjes, de tal modo que durante este tiempo fue completando los planos para
continuar la reconstruccion de estas bóvedas altas con sus nervios y plementería.
La reconstrucción de las bóvedas en la zona alta del crucero es la lógica
continuación del proyecto de “enjarjes”. Los arcos y nervios desarrollados a
partir de sus arranques conforman la “osatura, esqueleto o armazón generatriz”,
sostén o parte “activa” de todo el sistema de bóvedas. El abovedamiento del
crucero y brazo sur es disecado en todas las partes de su estructura con la
demostración de la función concurrente de cada uno de sus miembros para producir
un resultado previsto en cada uno de sus detalles, a modo de órganos
coadyuvantes para la consecución del prodigioso equilibrio de la máquina gótica.
La ascesis de la estructura, el sistema rigurosamente deducido para cada uno de
sus elementos a partir de los nervios, son producto del desarrollo de un sistema
arquitectónico que tiene en las bóvedas el punto máximo de su verdad, en la
medida en que cada uno de los mas mínimos perfiles y molduraciones manifiesta un
orden perfectamente determinado que garantiza el equilibrio estructural del
conjunto del edificio.
La reconstrucción de las bóvedas comienza con la exposición conjunta del
problema, es decir, el detalle de la parte interior de las ventanas altas y el
modo en que estas entran en relación con las bóvedas, y la planta detallando los
tramos de bóvedas (fig.66). Los arcos formeros, perpiafios o fajones y los
nervios u ojivas forman el armazón activo que desarrolla las presiones y las
encauza hacia los pilares y contrarrestos exteriores, es decir, arbotantes y
botareles. Este “esqueleto” activo es destacado por Juan de Madrazo en su
reunión combinada (fig.67): los distintos arcos sostinentes son la expresión
material de una misma función abstracta que presenta las peculiaridades propias
de su función relativa en la totalidad constructiva del edificio; cada una de
estas peculiaridades se manifiesta en la exacta correspondencia en el trazado de
los arcos con la función desempeñada. Así, en la parte superior de este plano
se representa el arco toral con los tres robustos anillos en reciprocidad con la
amplia bóveda que debían sostener. Complemento de esta “osatura” son los
arbotantes que contrarrestan el empuje de las bóvedas altas y a la vez
transmiten las presiones a los botareles exteriores.
La plementería constituye la parte “neutra” que carga sobre los nervios y cierra
las bóvedas. Cada tramo de bóveda se compone de cuatro plementos de planta
triangular. El problema principal planteado con relación a la plementería era su
adecuada trabazón de la piedra toba en condiciones adecuadas de adherencia, no
solo en todo el plemento, sino sobre todo en la unión de los plementos entre sí
por encima de los nervios y arcos perpiaños. La hoja de geometría y cubicación
de las bóvedas resuelve estos enlaces (fig.68).
El sistema de bóvedas era el resultado y punto final de la reconstrucción del
brazo meridional del crucero 172. El perfecto ensamblaje de todos los elementos
constructivos y decorativos desplegados por Juan de Madrazo a lo largo de sus
proyectos era producto tanto de la articulación de los mismos en función de un
conjunto de principios constructivos como también de un profundo análisis
material y concreto del organismo constructivo de la catedral de León. La “lógica” preside el tratamiento de las formas consiguiendo un resultado
“formal”
que recubre de hecho todo un orden de relaciones concretas, necesarias y
materiales derivadas de la mecánica constructiva.
Pero este fructífero modo de razonamiento constructivo desarrollado por Juan de
Madrazo no permaneció ajeno de una estrecha relación con la problemática social.
La “belleza” de la catedral de León estaba centrada por Madrazo en esta esfera
de lo “real y positivo” a la que siempre recondujo el análisis arquitectónico,
ajeno a cualquier tipo de disquisiciones metafísicas. El conflicto que mantuvo
con las autoridades religiosas de León y que le llevo a su destitución, pese a
ser reconocido como el más cualificado arquitecto para dirigir técnicamente la
restauración, pondrá de manifiesto como el amplio pensamiento arquitectónico de
Juan de Madrazo se ramifica y se prolonga hasta sumergirse en la discusión
ideológica propia del momento. Los lazos entre la arquitectura y la sociedad
descubrían como en tomo al paradigma gótico se estaban discutiendo diversos
modos de enfrentarse a las transformación de una sociedad afectada por las
contradicciones de la nueva era industrial.
***
5) LA
DESTITUCIÓN DE JUAN DE MADRAZO.
Juan de Madrazo fue destituido de la
dirección facultativa de las obras de restauración de la catedral de León el 21
de octubre de 1879. Esta decisión ministerial fue el tajante resultado de una
agria polémica que mantuvo el arquitecto con las autoridades religiosas de León.
Los incidentes inmediatos que
provocaron la intervención directa del Ministro de Fomento tuvieron su origen a
mediados del mes de agosto de 1879, cuando Juan de Madrazo prohibió la entrada a
las obras de restauración al Deán de la catedral de León, que, ante una ausencia
temporal del Prelado, cumplía en ese momento las funciones de Obispo y, como tal,
ocupaba interinamente la presidencia de la Junta Inspectora de las obras de
restauración.
Sin embargo, este incidente fue el suceso final y definitivo de una polémica que
se inició en los años anteriores y que ya había dado lugar en 1878 a la
publicación de folletines con acusaciones mutuas. En efecto, el 21 de junio de
1878 el Cabildo de la catedral de León firmaba un folleto impreso en Madrid en
que decía defenderse de los ataques que Juan de Madrazo había dirigido a esta
Corporación 173. Como contestación a esta publicación, Juan de Madrazo sacó a la
luz otro escrito con fecha de 11 de agosto de 1878 en el que respondía al
Cabildo y que contribuyo a recrudecer aún mas el enfrentamiento174.
Estas discrepancias entre las
autoridades religiosas y el arquitecto venían respaldadas por una fuerte
corriente de opinión local que tuvo también su expresión pública en el
intercambio de acusaciones entre los dos diarios más
comprometidos ideológicamente de la ciudad de León por esos años. La Crónica de
León, periódico neocatólico y de tendencias carlistas, se erigió en portavoz de
las acusaciones al arquitecto, mientras que El Porvenir de León, republicano y
anticlerical, defendería las posiciones asumidas por Juan de Madrazo .
La amplia difusión pública que alcanzaron las polémicas entre las autoridades
religiosas y el Arquitecto director se enmarcan en el contexto de la lucha
ideológica que tuvo lugar con especial intensidad desde los primeros años de la
Restauración. Durante este periodo la discusión ideológica y filosófica enfrenta
posturas radicalizadas por la experiencia política que se abrió con la
revolución de septiembre de 1868 y que termin6 en 1874 con el fracaso de la
primera República. Este periodo de apertura ideológica supuso la importación, en
general con bastante retraso, de diversas corrientes de pensamiento europeas de
fondo racionalista y positivista. El enfrentamiento de estas nuevas filosofías
con el catolicismo -también en proceso de transformación- será bastante
agudizado durante todo el decenio que discurre entre 1875 y 1885.
El positivismo arquitectónico que adoptó Juan de Madrazo en su concepción de la
restauración de la Catedral, transciende la esfera concreta del proyecto
arquitectónico y se configura como un pensamiento mas amplio que se ve sumergido
en la discusión ideológica que tiene lugar en España durante estos años.
Con la polémica mantenida entre el arquitecto y las autoridades eclesiásticas,
el problema de la restauración de la catedral de León volvía a alcanzar
nuevamente una amplia resonancia publica. La presencia crucial de la Historia en
el siglo XIX como experiencia de masas y argumento troncal de reflexiones
eruditas se utilizó para fundamentar ideologías tanto progresistas como
reaccionarias 175.
El romanticismo legitimista se volvió hacia la Edad Media con la creación de la
imagen idílica de la armonía social, de la pacifica cooperación entre las clases
sociales, de los valores cristianos frente al pujante materialismo. Como
tendencia general que recorre el siglo XIX, el romanticismo legitimista o el
neocatolicismo social, buscaron en el pasado medieval el culto de Los valores
cristianos y los medios de restablecerlos en la sociedad moderna, como solución
a las contradicciones sociales que acompañaban a la imposición del capitalismo
industrial.
La historia se convierte también en el sustrato de corrientes ideológicas de
tendencia progresista. La renovación de la sociedad pasaba por la aceptación y
continuación orgánica de los cambios sociales
introducidos por la Revolución Francesa considerada como el acontecimiento
capital de la época. La historia fundamenta la idea del progreso que, en su
racionalidad, se conceptúa cada vez con mayor claridad como el resultado de las
oposiciones internas contenidas en la historia misma, historia portadora del
signo del progreso humano.
La voluntad de utilizar instrumentalmente el pasado histórico desde cualquier
posición ideológica condujo hacia su sobrevaloración. Lo cierto es que, de
cualquier modo, esta fuerte presencia de la historia en la conciencia social
creó un fuerte movimiento de opinión en favor de la restauración del patrimonio
medieval. En este sentido, las catedrales se convierten en monumentos tipo, en
verdaderos símbolos disputados. La rivalidad por la apropiación simbólica de la
Catedral en el siglo XIX dará lugar a importantes discusiones en los mas
diversos foros. La Catedral es la iglesia del Obispo, la iglesia del pueblo
cristiano, pero también el lugar donde el Estado tiende a manifestar su derecho
de propiedad, afirmado progresivamente por la legislación revolucionaria. En el
siglo XIX la expresión “Catedral” se convierte en un concepto reinventado y
discutido a la vez; en la Catedral convergen toda una aglomeración de valores
contradictorios, verdadera simbolización de las aspiraciones del siglo:
neocatolicismo y laicismo, universalismo cristiano y nacionalismo, tradición y
progreso, son ideas confrontadas que se encuentran en el fondo de la
recuperación de un patrimonio que se pretende restaurar, “revitalizar”, mas que
conservar.
Dentro de esta corriente general de pugna ideológica, las polémicas entre el
arquitecto Juan de Madrazo y las autoridades religiosas de León son sumamente
significativas del compromiso ideológico que entrañaba la restauración del
patrimonio durante el siglo XIX, época en la que, según palabras de Eugène
Olivier, “el respeto del patrimonio no era todavía ni mucho menos el que, mas
tarde, intentarla encerrar todo en su mortaja helada” 176. El monumento se
comienza a valorar en el siglo XIX como documento histórico, pero no de un modo
aséptico: la persistencia física del pasado en el presente transciende la
pervivencia objetiva y material del edificio y lleva a cargar de significados
ideológicos al monumento que, de este modo, se instrumentaliza y se hace
portador de significados subjetivos, externos a los propiamente artísticos, y
que sirven para fundamentar ideologías de signo contrario.
Por tanto, las discusiones que mantuvo Madrazo con el Obispo y Cabildo
catedralicio no se pueden explicar solamente como producto de las discrepancias
locales, sino también, y sobre todo, son resultado de la ascensión irresistible
de corrientes ideológicas contrapuestas. Si tenemos en cuenta la autoridad de
las personalidades implicadas en el conflicto y la significación nacional que
tenía la restauración de la catedral de León, veremos cómo en torno a la
destitución de Juan de Madrazo se irán planteando interesantes temas que nos
llevaran a profundizar tanto en el pensamiento de Juan de Madrazo como en la
problemática y conflictos institucionales que se plantearon en torno a la
organización administrativa de la restauración del patrimonio a cargo del Estado
en sus comienzos históricos como producto de la contemporaneidad.
- El problema administrativo: la cuestión de la secularización de las obras de
restauración.
Uno de los principales problemas que desencaden6 la polémica fue la organización
administrativa de las obras de restauración de la Catedral. El proceso de
restauración de la catedral de León, debido a su larga duración y a su carácter
paradigmático, permite seguir de cerca los cambios administrativos que tuvieron
lugar en relación con la gestión estatal para la restauración del patrimonio arquitectónico durante el siglo XIX, aún
a riesgo de generalizar en exceso 177.
En este periodo final de la dirección facultativa ejercida por Juan de Madrazo
el arquitecto cuestiona el sistema administrativo creado por el Estado para la
restauración del patrimonio arquitectónico, sistema que, en sentido contrario,
también fue criticado por el Obispo y el
Cabildo catedralicio, debido a la merma progresiva de sus funciones en la
gestión administrativa de las obras. Detenernos en considerar las dificultades
que encontraba Juan de Madrazo para el ejercicio profesional de su cargo como
arquitecto al servicio del Estado permitirá realizar una breve visión, por
incompleta que ésta sea, del sistema institucional y administrativo en el que
los arquitectos restauradores realizaron su actividad en los albores de la
restauración de monumentos en España.
Cuando en el año 1857 se declaro abierto el expediente de obras de restauración
de la catedral de León, una vez que el Estado, impulsado por la opinión erudita
y popular, se inquietó por la situación en la que se encontraban los edificios
medievales, fue necesario crear toda una administración apta para resolver el
problema. Fue ésta una época de dudas y titubeos en que las competencias y
relaciones entre la Iglesia y el Estado se irán definiendo paulatinamente, pero
no sin conflictos y vacilaciones en cuanto a sus atribuciones respectivas. Con
los cambios revoluciona Ríos se fue disolviendo la imagen de una Iglesia
íntimamente ligada al Estado; al mismo tiempo, al declararse Monumentos
Nacionales gran parte de los bienes inmuebles integrantes del patrimonio
eclesiástico, el Estado asumirá la responsabilidad de su conservación y restauración.
El cuadro institucional en que se realizan las primeras intervenciones esta aún
lejos de definir claramente las atribuciones del Estado como completamente
desligadas de la Iglesia. De hecho, como ya se ha visto, el Obispo y Cabildo
tuvieron una participación decisiva en la tramitación del expediente de obras de
la Catedral, con la realización de informes sobre el estado del edificio,
elevando a la Corte peticiones para que se tramitará con celeridad el expediente
y mediante la obtención y aplicación de recursos para comenzar los trabajos de
reparación 178. Es decir, la iniciativa para promover la
incoación del oportuno
expediente de restauración partió de las autoridades religiosas, que incluso
propusieron al padre Miguel Echano como director de las obras 179. Sin embargo,
en estos momentos la acción del Estado es bastante ambigua: pese al control
ministerial en la otorgación de fondos estatales y en el nombramiento del
arquitecto, persistía la participación decisiva de las autoridades religiosas en
la gestión administrativa de las obras de restauración a trav6s de la Junta
Diocesana para la reparación de Templos, compuesta exclusivamente por canónigos
y presidida por el Obispo 180. El arquitecto quedaba limitado al ejercicio de la
dirección exclusivamente facultativa, sujeta al examen y supervisión de la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Este sistema es en realidad una prolongación de las disposiciones adoptadas
desde el ultimo tercio del siglo XVIII para la conservación del patrimonio.
Efectivamente, durante el periodo ilustrado se crean los fundamentos que
constituyen el punto de arranque y desarrollo de la normativa histórico
artística hasta la emergencia y consolidación del Estado social. De una parte
aparecen las primeras disposiciones para la salvaguardia de los valores
históricos y artísticos que por vez primera comienzan a considerarse de interés
estatal; por otro lado, la creación de la Real Academia de la Historia por Real
Cédula de 17 de junio de 1738 y la de Nobles Artes el 12 de abril de 1752 fue de
una importancia decisiva, puesto que, en un primer momento la Academia de la
Historia, y poco después la de Bellas Artes de San Fernando se van a encargar,
de modo exclusivo y durante un largo periodo de tiempo, de la tutela y
vigilancia de los bienes histórico artísticos.
La Corona delegará en la Academia de San Fernando estas funciones de supervisión
de las construcciones a través de varias disposiciones 181: medidas como la Real
Orden de 1761 muestran el control que se atribuye a la Academia de la actividad
arquitectónica, al indicarse “la conveniencia que resultará a la causa pública de que las Ciudades y Catedrales del Reino nombren para sus
Maestros de Arquitectura a los examinados por la misma Academia” 182. Esta
supervisión por la Academia de las titulaciones de los
arquitectos y de los proyectos se perfilará y extenderá a través de varias
disposiciones, como la Real Orden de 1768, resultado “de lo representado por la
Academia de San Fernando, en razón de que las
Portadas, Retablos y Fuentes publicas, antes de ejecutarse, se presentasen en
diseño a la Academia” 183; la
supervisión de los proyectos municipales se
estableció por dos Reales Ordenes de 23 de noviembre de
1777 y 8 de marzo de 1786 que se comunicaron al Real Consejo, que a su vez las
reafirmó por una Orden de 30 de agosto de 1789 en que se repetía la obligación
de que “se prevenga a los corregidores, justicias,
que siempre que haya de ejecutarse alguna obra pública se consulte a la Real
Academia de San Fernando y a la de San Carlos de Valencia, por lo tocante a
aquel Reino” 184. De especial
interés en lo que concierne
a la tutela del patrimonio eclesiástico es la Circular de 25 de noviembre de
1777 que se dirigió a los Arzobispos, Obispos y Cabildos y que les obligaba a la
presentación ante la Academia de Bellas Artes de
todos los proyectos de obras que fueran a realizar sobre sus bienes, así como
también la Orden del Consejo de 17 de octubre de 1789 dictada “para que en
ningún edificio público y especialmente en los
templos, no se haga ningún reparo sin presentar antes el dibujo a la Real
Academia de Bellas Artes” 185. Sin embargo, es de suponer que estas Ordenes no se
debieron de cumplir con excesivo rigor debido a la reafirmación de las mismas a
través de varias disposiciones posteriores y a las
quejas de la Academia solicitando la supervisión de los proyectos 186. El
ejemplo de la demolición de la cerca de la catedral de León para construirse la actual verja era un ejemplo claro al respecto 187.
Es decir, se trataba, no obstante estos inconvenientes, de una importante
injerencia en, el tradicional derecho de propiedad de la Iglesia que hasta el
momento había realizado cualquier tipo de trabajo
en sus bienes con independencia y sin ningún tipo de control o supervisión.
Además, el examen que ejercerá la Academia de Bellas de San Fernando sobre las
construcciones supone la aparición de la conciencia sobre el valor histórico y
artístico de ciertos bienes, valor que
comienza a considerarse de interna para la colectividad 188.
La
delegación de las funciones de tutela y vigilancia del patrimonio en la
Academia entronca con la política de mecenazgo artístico de la Corona que se
concreta de un modo institucional con la creación de esta Corporación en su
origen íntimamente ligada a la Monarquía 189.
Los informes de la Academia de San Fernando eran remitidos al Consejo de la
Cámara del Reino para su aprobación definitiva; posteriormente, con la creación
de los modernos Ministerios, la
decisión última en cuanto a la aprobación de los proyectos la tendrá el Ministro
del ramo correspondiente. Es decir, este periodo ilustrado tiene la gran
importancia comenzar una acción estructurada y centralizada para la conservación
del patrimonio artístico. La transformación de la sociedad, la política y las
mentalidades durante estos decenios finales del siglo XVIII se encuentran en la
base de este movimiento que, por otra parte, se manifiesta también en otros
lugares, como es el caso de Italia, fuertemente comprometida con la recuperación
del patrimonio derivada de la renovación cultural y artística del Neoclasicismo
190.
Este sistema, como dijimos, será el que constituya el embrión de la organización
administrativa de las obras de restauración en España y que puede ejemplificarse
en la primera etapa de la restauración de la catedral de León. De esta
organización nos interesa señalar el papel del Estado y sus relaciones con la
Iglesia, así como las funciones que desempeñan el Arquitecto y la Academia en
este primer cuadro administrativo, fluctuante entre el poder civil y el
eclesiástico.
El Estado asume la responsabilidad de financiar las obras de reparación en los
edificios de la Iglesia, pero, bajo el concepto administrativo, esta tarea se
concibe sobre todo como un asunto eclesiástico, y, como tal, se pone bajo la
dependencia del Ministerio de Gracia y Justicia a través de su Negociado de
Edificios Diocesanos.
El compromiso entre la Iglesia y la Monarquía isabelina se extiende también al
ámbito del cuidado y conservación de los edificios. El examen técnico y
artístico de los proyectos de restauración es encargado por el Estado a la
Academia de San Fernando. Sin embargo, en la gestión y el control administrativo
directo de las obras, el Ministerio de Gracia y Justicia otorgó importantes
concesiones a la Iglesia. La Junta Diocesana estaba compuesta, como hemos venido
diciendo, por capitulares que ocupaban los cargos por nombramiento realizado
Prelado Leones, Monseñor Barbajero. Este sistema no estuvo tampoco exento de
conflictos administrativos debido a la falta de una explícita definición de las
funciones respectivas; por ejemplo, el 20 de mayo de 1864, Matías Laviña daba
traslado al Ministro de Gracia y Justicia de las reclamaciones expresadas por el
Arcipreste Manuel Garrido como depositario de los fondos destinados a la
restauración, “manifestándo -decía Laviña- las ocupaciones y responsabilidad que
le ocasiona este cargo, los gastos que se le originan, la exposición y dudas que
se le ofrecen respecto a que los pagos se hacen sin use de sellos” 191 Todo ello
denota una considerable falta clarificación administrativa y las dudas y vacilaciones en el desarrollo y gestión de unos trabajos, como son
los de conservación del patrimonio eclesiástico, en que el Estado y la Iglesia
mantengan delicadas y sutiles relaciones.
Una comunicación del Ministerio de Gracia y Justicia de septiembre de 1868
reafirmaba las funciones de control de las autoridades eclesiásticas que
obligaban al arquitecto a no hacer nada fuera de lo puramente facultativo sin
contar con el consejo y la aprobación de la Junta Diocesana. La carencia de
preparación de las autoridades religiosas para administrar unas obras de tan
cuantiosa envergadura quedaban explícitas en las lamentaciones expresadas por el
Arcipreste en el documento anteriormente mencionado:
“En tanto tiempo han sido muchos los disgustos, zozobras y preocupaciones que
han afectado mi corazón y libertad; una responsabilidad tan trascendental agita
el espíritu, y, mediando infinidad de pagos, la más leve distracción puede
producir perjuicios de entidad”.
Pero más amargas serian las lamentaciones expresadas años mas tarde por el
Cabildo catedralicio cuando protestaba por su exclusión posterior de cualquier
tipo de control sobre las obras de restauración, despu6s de los cambios
administrativos introducidos por la Republica.
En efecto, la revolución de 1868 y la Republica en 1873 cambiaron
sustancialmente las relaciones entre la Iglesia y el Estado. En este periodo de
tensiones se cuestionaron las relaciones mantenidas hasta el momento entre el
poder civil y el eclesiástico.
La estrecha identificación de la Iglesia con el derrocado gobierno de Isabel II
fomentó la acción anticlerical de las Juntas Revolucionarias, si bien las
medidas locales adoptadas contra el clero y los edificios religiosos variaron
según la fuerza del radicalismo urbano. En general, como afirma William J. Callahan,
“los incidentes denunciados no revelan violencias masivas ni contra el
clero ni contra los edificios religiosos”192. Sin embargo, la acción destructora
de las Juntas Revolucionarias es difícil de valorar, pues frente a las palabras
anteriores de Callahan, Javier Hernando afirma que “no se puede decir que la
labor revolucionaria fue en lo relativo a la conservación y restauración del
patrimonio arquitectónico medianamente positiva. Todo lo contrario. Su exagerada
inhibición provocara la destrucción indiscriminada y brutal en muchos puntos de
la geografía, en especial en los días que siguieron al estallido revolucionario
en los lugares bajo control de las Juntas” 193. Lo cierto es que la
identificación del clero con sus edificios e iglesias convirtió a éstos en el
blanco de las iras anticlericales, si bien como fen6menos populares
incontrolados, pues el Gobierno trató de evitar en la medida de lo posible estas
destrucciones, dirigiéndose a los Gobernadores provinciales para que informaran
sobre las supuestas destrucciones del
patrimonio religioso 194.
Las primeras medidas de política
religiosa adoptadas por el Gobierno provisional
en octubre de 1868 estaban en la línea de las defendidas par los elementos
radicales del liberalismo desde 1824; durante este primer periodo revolucionario
se suprimieron todas las 6rdenes religiosas creadas desde 1837, mientras que
para el resto de comunidades se decretó la prohibición de poseer propiedades. En
el decreto de 16 de octubre de 1868 se declaraba que las comunidades religiosas
eran “parte integrante y principal del régimen vergonzoso que la nación acaba de
derribar con tanta gloria”. La política eclesiástica que a largo plazo habría de
diseñar el nuevo Estado quedaba pendiente de la resolución de la divergencia de
opiniones entre los partidos de la coalición gobernante. Las peticiones de los
republicanos en favor de una definitiva y nítida separación Iglesia-Estado no
contaron con mucho apoyo. Más factible era la propuesta contenida en el texto
constitucional de 1869: al tiempo que se establecía la tolerancia religiosa, en
el artículo 20 del texto propuesto se establecía que “la Nación se obliga a
mantener el culto y los ministros de la Religión católica” 195. La Constitución
de 1869 dejaba al proceso parlamentario la tarea
de la elaboración concreta de la política religiosa del Estado 196. En la
línea
de la tradición liberal se encuentra el plan de reforma eclesiástica que
presentó en 1870 el Ministro de Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos. El
compromiso contenido en este proyecto puede resumirse con el siguiente juicio de
Callahan: “satisfacía parcialmente el deseo de la Iglesia de estar libre de la
interferencia del gobierno y mantenía el compromiso del Estado de financiar a la
Iglesia, aunque en menor medida que antes”197. En efecto, en contrapartida de
ciertas pequeñas reformas, como el nombramiento de curas por la parroquia o la
integración de los territorios de las antiguas órdenes militares en las
diócesis, el Estado se comprometía a no intervenir en los asuntos internos de la
Iglesia y a no expropiar sus bienes mas que en casos de “utilidad p6blica”. Sin
embargo, pese a esta solución de compromiso del problema eclesiástico, el
proyecto no prosperó debido a la oposición de los republicanos y elementos
radicales y también de la propia Iglesia en su negativa a aceptar cualquier
reforma.
Esta situación complicada de las relaciones Iglesia-Estado y la falta de
clarificación de la política religiosa del nuevo Gobierno, se mantuvo hasta la
proclamación de la Republica en febrero de 1873. Este periodo de cinco años
coincide, como vimos en paginas anteriores, con la practica paralización de los
trabajos de restauración en la catedral de León. La falta de consignación de
cantidades para proseguir las obras de restauración sin duda se debe a que
durante estos anos el Gobierno no fue capaz de dar una solución clara al
problema religioso. El carácter especial y complejo que revestían las obras de
restauración de los edificios religiosos, financiadas por la autoridad civil
pero administradas localmente por las autoridades religiosas, convertían el
problema de la naturaleza de las obras en una cuestión espinosa. El gobierno
provisional y la monarquía democrática, pese a sus tendencias fuertemente
secularizadoras, no dieron el paso definitivo de declarar las obras de
restauración de carácter civil y bajo la total administración del Estado. Esta
decisión fue adoptada por la Republica el 9 de mayo de 1873, cuando traslad6 el
expediente de obras de restauración del Ministerio de Gracia y Justicia al
Ministerio de Fomento, en su Sección de Construcciones Civiles, dependiente de
la Dirección General de Obras Publicas. Con éste cambio administrativo se dio a
las obras el carácter de construcción civil, y, coma tales, se sometieron a la
fórmula general administrativa que para restauraciones ordinarias dictó el
Ministerio de Fomento el 24 de mayo de 1873: se disolvió la Junta Diocesana y en
su lugar se creó la Junta Inspectora que fue presidida por el Gobernador Civil,
es decir, la máxima autoridad civil en la ciudad, en representación del
Gobierno, al tiempo que se anu1ó absolutamente toda intervención del Cabildo
catedralicio en las obras. La República adoptó esta medida en la administración
de las obras de la Catedral en la línea de su propuesta general de separación de
los ámbitos estatal y eclesiástico. Parecía que por vez primera se iba a
consumar la separación Iglesia-Estado, coma se leía en el artículo 35 del
proyecto de nueva Constitución 198.
De gran importancia para la clarificación del concepto administrativo de los
trabajos de restauración del patrimonio arquitectónico de la Iglesia fue el
proyecto de ley que presentó Pedro Moreno Rodriguez, Ministro de Gracia y
Justicia, el primero de agosto de 1873, bajo la presidencia de Salmerón 199. El
Estado reconocía el derecho de la Iglesia a conducir sus asuntos “con plena
independencia” y a ser dueña de propiedades, sujeta a las leyes de la nación;
ahora bien, al mismo tiempo que el Estado aseguraba a la Iglesia que todos los
edificios que se usaban para fines religiosos continuarían teniendo el mismo
uso, se especificaba claramente en el texto del proyecto que “los que se
declararan Monumentos artísticos habrían de estar supervisados por el Gobierno”.
Esta medida suponía establecer claramente la limitación de propiedad que entrañaba la declaración como Monumentos de los edificios religiosos.
Estas medidas secularizadoras causaron las vivas protestas de las autoridades
religiosas. Cuando en 1875 ocup6 la sede episcopal Leonesa Saturnino Fernández de
Castro, el nuevo Obispo inició gestiones ante el Ministro de Fomento Martín
Herrera con el prop6eito de incluir una representación del Cabildo en la Junta
Inspectora de las obras de restauración. Sin embargo, sus Instancias fueron
infructuosas, lo mismo que ]as que anos después se realizaron siendo Ministro el
Conde de Toreno.
El nuevo Estado
monárquico diseñado por Cánovas del Castillo mantuvo una
política conciliatoria con la Iglesia, pero dentro de los límites permitidos en
un Estado constitucional y parlamentario asentado en los principios liberales
del siglo XIX. En ciertos aspectos el nuevo Gobierno no parecía dispuesto a
ceder y permitir una excesiva presencia de las autoridades religiosas en los
asuntos políticos, como lo testimonia la exclusión del clero en la cámara más
influyente, el Congreso de los Diputados, que aseguraba al Estado la reducción
de la influencia política directa de la Iglesia. Del mismo modo, una vez
conseguida la secularización de las obras de restauración y su clara definición
como construcción civil, el Ministerio de Fomento no quiso volver a la confusa
situación anterior de interferencia eclesiástica en el control de las obras. Sin
embargo, en la configuración de la Junta Inspectora, la presidencia, que el
Gobierno republicano había otorgado al Gobernador civil, pasó a ser ocupada de
hecho por el Obispo, relegándose al Gobernador Civil a la presidencia honorífica
de la Junta. Se trataba, por tanto, de una solución en la línea de la hábil
política conciliatoria que el nuevo Estado deseaba mantener con la Iglesia.
Pero esta situación de equilibrio no satisfizo ni al arquitecto Juan de Madrazo
ni a las autoridades religiosas de León, encabezadas por el Obispo Fernández de
Castro y el Cabildo catedralicio. El radicalismo que adoptaron ambas partes hacía
difícil el entendimiento necesario para que la administración de las obras se
desarrollara sin conflictos.
Las atribuciones de la Junta Inspectora eran, sin embargo, bastante escasas, y
así lo señalaba Juan
de Madrazo 200:
“la junta Inspectora local no tiene otra
gestión que la inmediata administrativa
de las obras, el examen, en su parte puramente formal, de los documentos que se
remiten a Madrid, y mas que nada la gestión del pago de los libramientos en las
oficinas de la provincia”.
Sin embargo, Madrazo acusaba al Obispo de negarse a firmar los oficios, con el
consiguiente perjuicio de retraso en la remisión de la documentación a Madrid,
así como “la tardanza en conocer esta Dirección facultativa resoluciones de la
Superioridad” 201.
Juan de Madrazo era partidario de
continuar con las disposiciones adoptadas por el Gobierno republicano y solicitó
en varias ocasiones la total secularización
de las obras de restauración, lo que suponía apartar al Obispo de la Presidencia
de la Junta Inspectora. El Obispo y el Cabildo catedralicio pensaban, por el
contrario, que la restauración de la catedral de León era una empresa
“esencialmente religiosa” y por ello las autoridades eclesiásticas debían tener
una decisiva participación en la gestión, control y decisión en la marcha de los
trabajos. Esta diferente concepción de la naturaleza de las obras hacía
imposible el entendimiento. En las acusaciones mutuas que se lanzaron el Cabildo
y el Arquitecto se cuestionaba por ambas partes la validez del sistema
administrativo adoptado para la restauración de la
catedral de León 202.
Juan de Madrazo partía en sus críticas de la consideración conceptual de la
catedral de León como Monumento Nacional por encima de su use religioso 203:
“La restauración que el Estado esta llevando a efecto en la Catedral de
León,
por medio del Ministerio de Fomento, es una empresa puramente civil y laica; se está restaurando a la Catedral por
razón del merito y del valor de
sus fábricas, no en virtud del use a que esta destinado el edificio”.
En virtud de este concepto, Madrazo se oponía radicalmente a la participación de
las autoridades religiosas en la Junta Inspectora: “La intervención del clero en
una junta local de restauración artística, que seria completamente inútil y
superflua, no tiene explicación racional” 204.
En el fondo de la discusión se encontraba el problema de la falta de
clarificación acerca de la situación legal de aquellos bienes de la Iglesia que
se consideraran de interés histórico-artístico. La preocupación de los políticos
del Sexenio por la defensa del Patrimonio no se concretó en la elaboración de
una ley que estableciera una clara definición de las medidas de protección de
los bienes que se declararan de interés histórico o artístico 205. La política
de decretos seguida por el Gobierno se demostró bastante ineficaz. El decreto
firmado por Sagasta el 18 de noviembre de 1868 trataba de contener las
demoliciones de monumentos con la separación de su significado religioso y
proponiendo estudiar “las condiciones artísticas e históricas de los edificios”.
El primero de enero de 1869 un decreto del Ministro de Fomento Manuel Ruiz
Zorrilla, llegó hasta “la secularización de la riqueza científica, literaria y
artística”, como resultado de “una revolución exigida por el progreso y
reclamada en nombre de los fueros de la ciencia moderna”. La secularización de
los bienes culturales de la Iglesia se proponía de modo radical y sin escatimar
en énfasis retórico: “la posesión nacional y el use público de los objetos de
arte y de las preciosidades de todo género que yacen hoy ocultas, cubiertas de
polvo, envueltas en telarañas y comidas por el tiempo, es una necesidad
revolucionaria imprescindible”. Los artículos contenidos en este decreto
establecían, en consecuencia, “la incautación de todos los Archivos,
Bibliotecas, gabinetes y demás colecciones de objetos de arte y literatura que
con cualquier nombre estén hoy a cargo de las Catedrales, Cabildos o monasterios
u Ordenes militares”; estos bienes tomaban el estatuto jurídico de “riqueza
nacional, puesta al servicio público”. Muy explícito era también el decreto
firmado el 16 de diciembre de 1873 por el Ministro de Fomento Joaquín Gil Beres
bajo la presidencia republicana de Emilio Castelar, donde se proponía de un modo
más claro una definición de monumento según sus valores artísticos e históricos
por encima de sus significados ideológicos: “Précianse todos los pueblos
civilizados -dice el decreto- de conservar con religioso respeto los monumentos
que atestiguan las glorias de un pasado y pregonan la inspiración de sus
preclaros hijos; prescinden al hacerlo de la significación que el monumento
tuvo, y atentos únicamente a su belleza, no reparan si es obra de la tiranía o
engendro de la superstición” 206.
Estas medidas de secularización de los bienes de la Iglesia adoptadas por los
Gobiernos revolucionario y republicano son plenamente coincidentes con las
declaraciones de Madrazo anteriormente señaladas de concebir la conservación y
restauración de este patrimonio como una empresa “civil y laica”. Sin embargo,
las medidas secularizadoras adoptadas durante este periodo no se prolongaron por
el Gobierno de la restauración, de tal manera que el problema de la naturaleza
jurídica de los bienes artísticos de la Iglesia permaneció sin solución durante
todo el siglo XIX y primeras décadas del XX.
La Academia de San Fernando acudió en
varias ocasiones al Ministerio de Gracia y
Justicia reclamando el control institucional y jurídico de los bienes de valor
artístico propiedad del clero. Pero sus propuestas, realizadas durante la
restauración borbónica, concretamente en 1879, no apoyaban las radicales medidas
de secularización del patrimonio contenidas en los decretos que había emitido el
Gobierno revolucionario; más bien se orientaban a una ambigua limitación en el
ejercicio de la propiedad de estos bienes por el clero y en la propuesta de
fomento y desarrollo de la conciencia del valor artístico del patrimonio
eclesiástico entre los religiosos para evitar su expoliación, es decir, se
trataba, como indicaba la Academia en su comunicación al Ministro de Gracia y
Justicia de “recordar a los Cabildos, ínterin no se establezca en España una
legislación especial sobre propiedad artística, las limitaciones que los Cánones
de acuerdo con las leyes civiles ponen a la facultad de disponer de los objetos
litúrgicos y al use de aquella riqueza” 207.
Sin embargo, la deseada ley de propiedad artística no llegarla a redactarse,
persistiendo la confusión y, en definitiva, la expoliación de este patrimonio
ante la falta de eficaces medidas jurídicas de protección 208. El cuidado de los
bienes artísticos de la Iglesia que no controlaba el Estado se
dejaba en manos de las autoridades eclesiásticas. En algunos casos destacados,
como por ejemplo el muy laudable de Monseñor Urquinaona, Obispo de Barcelona, la
preocupación por la conservación del patrimonio eclesiástico de la diócesis fue una tarea asumida con inquietud y
responsabilidad por parte de los Prelados. Pero, desgraciadamente, no siempre
ocurrió de este modo 209.
La misma ambigüedad observaba Madrazo en el régimen administrativo de las obras
de restauración, que, a su juicio, debían considerarse como competencia
exclusiva del Gobierno, es decir, ante la
naturaleza artística de la Catedral debía impedirse cualquier tipo de
intervención eclesiástica.
Juan de Madrazo, para argumentar sus opiniones respecto a la cuestión
administrativa de las obras de restauración, se sirvió de la comparación con el
sistema francés. Francia, como es sabido, fue el
primer país de Europa en realizar el embrión de una organización administrativa
para la restauración y conservación de sus monumentos. La intervención del
Estado en Francia es muy temprana y su organización administrativa un tanto mas compleja que en
España debido a la variedad de
organismos que intervinieron en estas tareas 210. Lo que sí se puede afirmar
como rasgo general del sistema francés es la secularización de los trabajos de restauración desde sus comienzos, debido a la
precocidad revolucionaria de este país: el Comité des Arts et monuments
dependía
del Ministerio de instrucción Pública, mientras que la Commission des Monuments
historiques era dependiente del Ministerio del Interior. Incluso, durante los
primeros momentos de la organización administrativa francesa, fue de gran
importancia en el control de estas funciones la labor desarrollada por el Conseil des Bdtiments Civils,
también perteneciente al Ministerio del Interior y
que había sustituido a la antigua Surintendence des Bâtiments du Roi. El Conseil
des Bâtiments Civils tenía bajo su vigilancia la supervisión de la
construcción
de los edificios vinculados con el Estado, pero también estaba encargado de
monumentos tan significativos como la basílica de Saint-Denis, la Sainte-Chapelle
y la catedral de Notre-Dame que no cumplían funciones de culto desde la
Revolución, pero que revestían el carácter de monumentos nacionales. Es decir,
el proceso revolucionario fomentó la conciencia de la preocupación por estos
monumentos religiosos en su consideración como edificios de valor artístico por
encima de su use religioso.
Pero entre todos los organismos destacaron dos, la Commission des Monuments
historiques y el Bureau des Edifices Diocesalos. La primera, creada por decreto
del Ministro de Interior Montalivet el 21 de septiembre de 1837 como una
subcomisión del Conseil des Bâtiments Civils, entró en conflicto en primer lugar
con el Comité des Arts et Monuments que fue obligado desde 1837 a abandonar sus
tareas administrativas para consagrarse únicamente a las investigaciones
arqueológicas 211. La dependencia que la Commission
mantenía respecto al Conseil
des Eâtiments Civils fue eliminada en enero de 1840. Desde entonces, la
Commission des Monuments historiques tratará por todos los medios obtener el
control del otro gran organismo administrativo dedicado a la conservación de
edificios, en este caso solo de los monumentos de carácter religioso: el
Bureau des Edifices Diocesalos. Este organismo era el que citaba Juan de Madrazo como
modelo de organización administrativa para los trabajos de restauración. En
Francia ciertos edificios religiosos, por excepción, se administraban por el
Ministerio de Obras Públicas, pero lo normal era que las obras diocesanas, y las
catedrales por excelencia, estuvieran bajo la dependencia del Bureau des
Edifices Diocesalos, que a su vez era dependiente del Ministerio de
instrucción Publica, Cultos y Bellas Artes. Con anterioridad a 1848 los asuntos
concernientes a la construcción o conservación de las iglesias eran enviados al
examen del Conseil des Bâtiments Civils, de tal modo que la
administración de
Cultos no hacia ningún tipo de inspección de los edificios. El Conseil des
Bâtiments Civils tenía a su cargo todas las construcciones públicas, tanto
civiles como religiosas, lo que suponía colocar todo tipo de edificios bajos el
control de las Instituciones académicas, de formación marcadamente clasicista,
que controlaban el Conseil. El sistema de nombramiento de los arquitectos con
anterioridad a 1848 se realizaba por acuerdo conjunto entre el prefecto
departamental y el obispo de la diócesis, y recaía normalmente en el arquitecto
departamental. Sin embargo, este sistema, después de algunos escándalos como los
de Troyes, Besangon, Nantes y Bayonne entre otros, se reformó en 1848, en gran
medida debido a la presión de los neogóticos, cuya voz se hacia sentir cada vez
con fuerza mas potente en detrimento de los clasicistas del Conseil. En primer
lugar, y como rasgo más destacado de la reforma, se tendió a la centralización;
los arquitectos diocesanos fueron designados por decreto ministerial y
reclutados entre los jóvenes especialistas en arquitectura de la Edad Media.
Estos arquitectos eran casi todos parisinos y rara vez residieron en los lugares
donde debían intervenir, por lo que fueron controlados por vigilantes (surveillants)
de los trabajos locales llamados inspectores. A nivel departamental, el prefecto
era responsable del seguimiento y control de los tramites, mientras que a nivel
central el Bureau controlaba de cerca la tramitación de los proyectos y de la
supervisión técnica y artística de los mismos que se puso bajo el control de la
Commission des Arts et Edifices religieux, creada ese mismo año y que
sustituía
en estas funciones al Conseil des Bâtiments Civils, que perdía toda competencia
en relación con los edificios religiosos. Esta Comisión es citada por Madrazo
cuando habla del sistema francés, haciendo mención al decreto de 16 de diciembre
de 1848 que organizó la Commission en sus cuatro secciones 212. Sin embargo, Madrazo habla del
Bureau des Edifices Diocesalos con cierta inexactitud, pues
alude a la Commission des Arts et Edifices religieux como vigente en 1878, lo
que muestra que desconocfa la reforma administrativa de 1853 por la que se
suprimió esta Comisión y se creó en su lugar, por decreto de 7 de marzo de 1853,
el Comité des inspecteurs Generaux, compuesto de tres arquitectos, Viollet-le-Duc,
Vaudoyer y Leónce Reynaud, encargado de supervisar los pianos y presupuestos de
restauración formados por los arquitectos 213.
Juan de Madrazo citaba esta organización administrativa francesa como ejemplo de
la secularización total de las obras de restauración para extraer la siguiente
conclusión: “en Francia -decía Madrazo- se encuentran secularizadas hasta las
obras diocesanas, ¿,por que no han de estarlo también todas las que en España
dependen de la Dirección de obras públicas, están clasificadas como
construcciones civiles y forman un ramo importante de nuestra administración?” 214.
Esta afirmación de Madrazo, pese a ser cierta, debe, sin embargo, ser matizada;
efectivamente, si bien e1 clero estaba excluido de la gestión administrativa
directa de las obras de restauración, las autoridades civiles pedían con
frecuencia consejo a los obispos y religiosos sobre el modo de conducir las
obras, llegado el caso de que, incluso, como afirma Jean-Michel Leniaud, “los
edificios diocesanos eran restaurados según principios radicalmente diferentes
que los que dependían de la Comisión de Monumentos (...) se optaba meros por el
purismo arqueológico que por la utilización del edificio -el uso
cultual-” 215. Incluso se adoptó como criterio de
relaciones con el clero el
compromiso de satisfacer plenamente las necesidades del culto en el proyecto
arquitectónico, como afirma el mismo Leniaud: “la Institución de los inspectores
generales hizo ver a los obispos que el gobierno tenía la intención de no
descuidar ninguno de los intereses materiales de la religión y del culto” 216.
Ciertamente, el sistema francés, que aquí apenas hemos esbozado, no era muy
diferente del español. Coincidían en el marcado centralismo ministerial en el
control de los trabajos, mientras que la diferencia mas notable residía en el
papel preponderante que mantuvo a lo largo de todo el siglo en España una
Institución como la Academia de Bellas Artes de San Fernando en la supervisión
de los proyectos, función que compartió, según el carácter de los trabajos, con
la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos. La participación del clero en
los procesos de restauración se reducirá progresivamente hasta convertirse en
una función únicamente consultiva de aquellos aspectos en los que la
restauración afectaba al use cultual o litúrgico del edificio 217. En cualquier
caso, en ambos países, aunque en Francia primero, se nota la tendencia a situar
administrativamente las obras de restauración del patrimonio arquitectónico bajo
la tutela administrativa de los organismos de Bellas Artes, Direcciones
Generales o Ministerios, según la evolución administrativa. En este cuadro
administrativo la Iglesia pugnara por encontrar una situación más activa que
aquella de “meros espectadores” de que se lamentaba el Cabildo Leonés: “resulta,
pues, -decía el Cabildo- que la Iglesia es casi nada en la gravísima cuestión de
su primer templo”. Sin embargo, como hemos visto, a lo largo del proceso de
restauración se da una progresiva aclaración y separación conceptual del valor
artístico, técnico-arquitectónico, del edificio y su valoración exclusivamente
religiosa. Desde la primera perspectiva el Estado englobara progresivamente el
cuidado y conservación del patrimonio histórico como una labor de protección de
un bien de interés cultural, por utilizar la terminología moderna, cuya
conservación compete al Estado por su evidente interés social. Los roces y
diferencias entre el Cabildo y el arquitecto en la distinta concepción de las
obras de restauración de la catedral de León son resultado de una
instrumentalización del pasado artístico en servicio de las ideologías del
presente, por lo que podemos afirmar que en torno a la Catedral se crea un
debate que tiene como telón de fondo la cuestión de lo que hemos denominado “la
apropiación simbólica de la catedral gótica”, como polémica característica del
siglo XIX.
- Arquitectura e ideología: la apropiación simbólica de la Catedral gótica.
Los conflictos surgidos en la pugna por el control administrativo de las obras
de restauración de la catedral de León testimonian desde el punto de vista
institucional la lucha por la apropiación e instrumentalización ideológica del
patrimonio histórico durante el siglo XIX.
En estos primeros años de Restauración canovista, cuando estalla la disputa
entre Juan de Madrazo y el Cabildo catedralicio, el problema religioso e
ideológico era constantemente debatido en España. Las polémicas, choques y
fricciones entre posturas radicalizadas fueron frecuentes y tuvieron en la
prensa local y nacional un importante campo de confrontación. El alza de la
prensa católico-tradicionalista durante este periodo fue violentamente
contestada por los periódicos de filiación republicana que iniciaron una fuerte
campana anticlerical. El enfrentamiento entre Juan de Madrazo y las autoridades
religiosas de León contaba, por tanto, con el respaldo de corrientes de opinión
social sólidamente afirmadas.
La catedral de León fue un lugar disputado en el contexto administrativo, como
hemos visto en el epígrafe anterior. Pero la discusión sobre el control
administrativo de las obras de restauración era también la discusión por la
apropiación simbólica y conceptual del edificio.
El siglo XIX elevó la expresión “Catedral” a la altura de un concepto cargado de
significados; el concepto se forma, transforma y adapta a los distintos
posicionamientos ideológicos, hasta inventarse la Catedral ideal, como producto
característico de las aspiraciones del siglo. Pero ni la forma arquitectónica de
la Catedral gótica -sometida a radicales transformación en la búsqueda del
estilo perfecto y unitario, ni su función religiosa y litúrgica -variable según
las oscilaciones de la política eclesiástica- ofrecen la permanencia del
concepto a lo largo de la centuria. Si esto ocurre con la forma y la función,
conceptos objetivos de su existencia, la trasformación y manipulación conceptual es
mucho mayor en lo que se refiere a la representación de la Catedral en la
sociedad, condición esta de su existencia subjetiva.
El mito ideológico de la Catedral gótica, como ejemplo de una idealizada Edad
Media, se confronto de continuo con la realidad de la nueva sociedad industrial,
dominada por las tendencias seculares impuestas por el capitalismo expansivo y
la cultura positivista que quedaban fuera del alcance de la supervisión
eclesiástica.
La situación y significación de la Iglesia en la sociedad española se había
trastrocado radicalmente con las revoluciones liberales. La abolición del diezmo
y la venta de bienes eclesiásticos derribaron los fundamentos en los que se
había asentado la Iglesia del Antiguo Régimen. El nuevo Estado liberal, como
hemos visto, asumió el compromiso de pagar sala Ríos y de mantener las fabricas
de las iglesias. Es decir, se mantuvieron los acuerdos financieros con la
Iglesia, pero no se aceptaron en ningún momento las pretensiones teocráticas de
los obispos.
La situación de intranquilidad y frustración del episcopado español, su
malestar crónico ante la política liberal, convirtieron a las autoridades
religiosas en un importante grupo de presión social en el sistema canovista. Los
enfrentamientos entre la visión teocratita y la realidad de la nueva sociedad
fueron constantes. La Iglesia se sumergió en el sueño del regreso a la
idealizada España católica como medio de atacar las nuevas tendencias sociales y
políticas. La nostalgia de los grandes recuerdos de la Edad Media, la búsqueda
en el pasado de los valores cristianos y los medios de restablecerlos en la
sociedad moderna, favorecieron que el pasado artístico se cargara de una
significación que fomentó su valoración y aprecio. Sin embargo, la
interpretación de este movimiento de recuperación del pasado medieval se realizo
en el interior de distintas armaduras ideológicas. La afirmación de la negación
del presente por el retorno al pasado, tronco común del historicismo que recorre
el siglo, produjo, en su diversidad interpretativa, la forzada y difícil
coexistencia de opiniones que, en el caso que nos ocupa, derivaron en
enfrentamiento violento debido al exclusivismo y radicalismo de las posturas
defendidas por ambas partes.
El Cabildo de la Catedral de León combatió el racionalismo positivista de Juan
de Madrazo con la afirmación del orden sobrenatural de las verdades reveladas:
“nosotros no comprendemos -afirmaban los capitulares dirigiéndose al arquitecto-
lo augusto de la razón en la estrecha capacidad a que la reduces sus teorías;
porque nosotros, sin quitarle nada de lo que ella es naturalmente, la espaciamos
por el anchísimo y hermoso horizonte de las ideas sobrenaturales” 218.
Esta divergencia en la concepción filosófica era el punto de partida y la
cuestión de fondo en la discusión mantenida entre Madrazo y el Cabildo en torno
al origen y naturaleza de la arquitectura gótica.
La posición del Cabildo y el Obispo,
expresada en la Vindicación y apoyada desde las páginas de la Crónica de León,
ponía el acento en el carácter esencialmente religioso de la arquitectura
gótica, por encima de cualquier otro tipo de valoración mecánica o estrictamente
constructiva. Para ello se esforzaron en demostrar que la belleza de la
arquitectura gótica era ante todo una “belleza moral”, emanada del espíritu
cristiano y representación pétrea del orden sobrenatural. El ímpetu y la fuerza
religiosa de la sociedad medieval había sembrado Europa de grandes Catedrales
que permanecían como ejemplo eterno de la sociedad teocrática. La unidad de
pensamiento, el universalismo de la religión católica, simbolizados en estos
templos de la fe, se opusieron en el siglo XIX a las tendencias disgregantes de
las nuevas corrientes económicas y sociales. A los ojos de la Iglesia, el
liberalismo, económico y político, había creado una sociedad sin control en la
que dominaban las pasiones individuales y los excesos
contra la moralidad y la religión. El horizonte mítico de las Catedrales
medievales, resultado de la pacifica cooperación de todas las clases sociales
bajo la égida teocratita y unitaria de la Iglesia cristiana, sirvió como grito
de batalla para combatir la fragmentación ideológica de la contemporaneidad, la
inhumanidad del capitalismo, el caos de la competencia y la degeneración de la
cultura y el arte en la nueva sociedad, rebajados a la triste categoría de una
mera mercancía. El Arte, para ser verdadero Arte, tenía que ser dignificado y
convertirse en portador de grandes mensajes morales de redención; el artista
cristiano era, en consecuencia, el moldeador o “artifice” de la idea
sobrenatural que constituye el germen de su inspiración.
El carácter esencialmente cristiano de la arquitectura gótica que defendía el
Cabildo catedralicio y la “belleza moral” de la fábrica que se yuxtapone e
incluso supera a la propiamente formal, debían ser los
criterios básicos que tenía que respetar el arquitecto contemporáneo para
restaurar la Catedral y devolverla a su primitivo esplendor, no solo formal o
artístico sino también, y sobre todo, a su primitivo esplendor religioso,
muestra de la grandeza del espíritu cristiano. Esta carencia del ideal religioso
de inspiración era uno de los aspectos que mas duramente criticaba el Cabildo a
Juan de Madrazo: “siendo tan desafecto al espíritu cristiano que ideó este
maravilloso monumento, admirable expresión de nuestro ideal religioso, ¿en que
otro genio va a lospirarse para restaurarlo?. ¿Que principios invoca, en que
fundar, para pública confianza, la inspiración y la probidad, que por nuestra
parte no le disputamos?” 219.
Juan de Madrazo respondía al Cabildo de la Catedral Leonesa con una invocación
de las fuentes de donde el, como artista, tomaba su inspiración: “Este (el
artista) busca su inspiración en la naturaleza, integrando la mayor suma posible
de belleza relativa y finita, para acercarse lo mas que se pueda a la belleza
absoluta e infinita, que sienten sin comprenderla todos los pueblos y
civilizaciones de la tierra” 220. Es decir, la belleza tiene su origen en la
experiencia del mundo físico y material, aunque remita a una belleza conceptual,
“absoluta” o indefinible. La teoría de Madrazo era una manifestación muy cercana
a la concepción krausista de la moral interior que se exponía por estos años en
las páginas de El Porvenir de León; este Diario, como hemos dicho,
defendió a
Juan de Madrazo y ataco duramente a las autoridades religiosas dentro de su
línea ideológica anticlerical y republicana 221. Madrazo se identificaba, como
se desprende de sus palabras, con la validez de una moral universal
independiente de los dogmas de la religión, en un pensamiento que podemos
considerar próximo al Gumersindo de Azcarate, algunos de cuyos discursos y
escritos se seguían de cerca por El Porvenir de León. La libertad de pensamiento
defendida por Madrazo discurria paralela a una valoración negativa de la
religión como dogmas revelados. La abolición de los dogmas y preceptos era
también mantenida para las fuentes de la estética: “la estética moderna no se
impone por preceptor, no hace mas que consignar leyes de relación”, decía el
arquitecto tras citar a Hyppolite Taine 222. Aunque Madrazo fue calificado en la
polémica de “ateo” y “masón”, e1 gustaba denominarse a si mismo deísta y,
efectivamente, no negaba el mundo espiritual, sino que antes bien cuestionaba la
validez de un orden moral objetivo; lo único válido era la integridad de la
conciencia individual -a la que Madrazo apeló en numerosas ocasiones- que se
convierte en la norma única para enjuiciar las acciones personales: “mis
principios -decía Juan de Madrazo citando a San Pablo- son aquellos que están
escritos no en tablas de piedra sino en tablas de carne del corazón” 223.
Esta conciencia íntima del artista identificado con la naturaleza a
través de
relaciones personales y subjetivas suponía desligar claramente la esfera
religiosa de la faceta artística, a no ser que también se aceptara la reducción
de la religión a un plano subjetivo e inmanente. Madrazo, además, concebía la
restauración de un edificio medieval como una operación en primer lugar
cientifica, de estudio y recuperación de las formas del pasado, en que la parte
artística consistía en esa reconcentrada actividad encerrada en la interioridad
de la conciencia individual y sus relaciones con el mundo natural. Por eso, Madrazo
deducía en consecuencia la necesidad de desligar el ejercicio de la religión con la
restauración arquitectónica de un templo cristiano: "es el colmo
del absurdo pedir la profesión de una fe determinada para restaurar una Catedral" 224.
Sin
embargo, para el Cabildo catedralicio la restauración del templo mayor de la
Diócesis suponía revitalizar los contenidos cristianos que expresaba la
imponente arquitectura de las Catedrales, como "inmensas sinfonías de piedra",
según la expresión de Victor Hugo. La lectura de la arquitectura gótica como
emanación de un concepto divino estaba apoyada, a lo largo de todo el siglo, por
la línea historiográfica del romanticismo legitimista. La historia se convirtió
en portadora de contenidos morales. El movimiento de renovación medieval se
vinculará dentro de esta corriente a la deflexión católica, tanto en religión
como en política. Esta corriente historiográfica relegaba el valor de los hechos
históricos ante la verdad de la idea en una aceptación explícita de un
subjetivismo expreso ante la historia, como afirmaba Alfred de Vigny: "la verdad
de los hechos debe retroceder ante la verdad de la idea, que deben representar
cada una de ellas (las figuras históricas) ante los ojos de las generaciones
posteriores" 225.
Chateaubriand y Victor Hugo en Francia, Ruskin y Pugin en Inglaterra, ahondaron
en el simbolismo de la arquitectura gótica y propusieron su recuperación y
revitalización como una solución en primer lugar de índole espiritual.
El goticismo de
carácter y matriz religiosa tuvo un importante desarrollo en
España durante la Restauración con el auge del movimiento neocatólico alfonsino
que potenció la activa participación de los católicos como grupo social en el
sistema canovista226.
La proliferación de grandes proyectos neomedievales que trataban de recuperar e
instalar los pasados valores cristianos en la sociedad moderna fueron acometidos
como un laudable ejemplo de regeneración moral de la sociedad industrial. Pero
la contradicción y debilidad interna de este movimiento se manifiesta en los
templos incompletos o terminados solo por medio de la acción del Estado,
auténtico nuevo promotor de las grandes empresas arquitectónicas, pese a la
crisis en que se ve sumergido. El fracaso de la suscripción internacional
iniciada en 1875 por el Obispo Saturnino Fernández de Castro para procurar
fondos con que continuar las obras de restauración de la catedral de León es
prueba evidente de ello. Los intentos de la Iglesia de resucitar la Edad de oro
de las grandes Catedrales, templos expiatorios de los pecados de la sociedad
industrial, se vieron reducidos con frecuencia a un devocionalismo sentimental
superficial, prueba de que la fractura entre la sociedad teocrática y las
tendencias seculares de la nueva sociedad industrial era demasiado evidente. El clero mostró durante este periodo, salvo notables y
honrosas excepciones, una manifiesta incapacidad para adaptarse a una sociedad
cada vez mas urbana y secular 227.
La intelectualidad
neocatólica orientó el debate hacia la demostración de la influencia benéfica de la
religión católica para la sociedad. Las
argumentaciones se apoyaban en el razonamiento histórico que tenía un peso
fundamental para demostrar la continuidad de la labor de fomento de la ciencia y
el arte desarrollada por la Iglesia. Juan de Mezquita, Arcipreste de la Catedral
y articulista de La Crónica de León, resumía el centro de la polémica 228:
“Hoy se dice que existe un divorcio entre el clero y la sociedad, cuando por el
contrario, este impulso la ciencia, las artes y las letras; no es en absoluto
incompatible con el progreso social y la instrucción moderna”.
El Cabildo ofrecía una interpretación histórica del origen y desarrollo
constructivo de la catedral de León que ponía de relieve la acción del clero y
de las autoridades religiosas del siglo XIII como promotores, impulsores e
inspiradores del monumento; pese a algunos errores históricos cometidos por el
Cabildo, que Madrazo se encargara de refutar, el interés de su argumentación
reside en conceptuar e interpretar la arquitectura gótica en sus profundas
raíces espirituales y en indisoluble unión con el clima espiritual de la Edad
Media, resultado de la fuerza del sentimiento religioso de la sociedad medieval
229:
"Apuntamos estos particulares detalles de la historia de nuestra iglesia, sin
mencionar los de las otras del mundo entero, porque son timbres de gloria, que
corresponden al nobilísimo clero de León, y sirven por otra parte para hacer
constar una vez mas lo que deben las artes al santo entusiasmo y heroica
solicitud de la Iglesia en todos tiempos y lugares ".
Juan de Madrazo
respondía a la argumentación histórica del Cabildo desde una
valoración de la arquitectura gótica radicalmente diferente. En su razonamiento
interesa señalar, más que las conclusiones históricas a las que llega, la
afirmación del método historiográfico que emplea en su análisis de la
arquitectura gótica, pues su método histórico es, como hemos visto, parte
integrante de su propia concepción arquitectónica como fundamento de la
restauración 230.
El estudio que realiza Madrazo del proceso
histórico-artístico de la construcción de la catedral de León esta claramente fundamentado en la
metodología positivista, en las “inducciones y deducciones positivas de la
historia y de la arqueología”, como el mismo apuntaba 231. A lo largo de la
exposición de los proyectos de restauración que elaboró para la catedral de León
hemos visto como Madrazo afirmaba este método racionalista y experimental como
medio de recuperar la lógica del edificio 232:
“en la esfera de lo real y de lo positivo, cual es la
esfera de las
construcciones, la observación y el experimental sobre casos iguales o análogos en
mas legitima y mejor fuente que las disquisiciones metafísicas”.
Este método estaba asentado en la valoración de la arquitectura como hecho
físico y material, dotado de una lógica racional interna a su propio carácter
arquitectónico. Juan de Madrazo estudio la naturaleza y carácter de la catedral
de León desde una perspectiva que relegaba a un segundo plano, o incluso negaba,
la importancia del ideal religioso o cualquier otro tipo de interpretación
metafísica o sobrenatural, como factores impulsores de la construcción. La
inspiración o motivación ideológica del artista constituía para Madrazo una
experiencia demasiado personal y subjetiva para fundamentar sobre ella un
estudio riguroso y cientifico de su influencia sobre la creación arquitectónica.
Antes bien, Madrazo aborda el estudio de la arquitectura como un fenómeno
natural, y, como tal, en cierto modo independiente del hombre, por lo que era
susceptible de una aproximación cognoscitiva racional y cientifica, ajena a
motivaciones de índole emocional.
La afirmación de la interpretación de la arquitectura como fenómeno natural,
concreto y experimentable, que adoptaba Juan de Madrazo en su estudio histórico
de la catedral de León seguía el método positivista tan desarrollado para los
estudios históricos durante el siglo XIX. La voluntad de crear una verdadera
“ciencia de la arquitectura”, en esta época de fundaciones disciplinares, había
sido claramente expresada por Viollet-le-Duc 233:
“el arte de la arquitectura es una
creación humana; pero tal es nuestra
inferioridad, que, para obtener esta creación, estamos obligados a proceder como
la naturaleza en sus obras, empleando los mismos elementos, el mismo método
lógico, observando la misma sumisión a algunas leyes, las mismas transiciones”.
La fundamentación de las reglas de la
arquitectura en la naturaleza había sido una constante en las reflexiones de los
teóricos desde el periodo ilustrado; pero solo con el desarrollo-y aplicación
del método positivista para el estudio de la arquitectura se propuso de un modo
explícito la analogía entre arquitectura y organismo biológico. La aplicación de
los métodos positivos de las ciencias naturales al análisis arquitectónico ha
sido señalada por varios
autores al referirse a la obra teórica de Viollet-le-Duc 234. Es cierto que
Viollet-le-Duc y sus seguidores, entre ellos Juan de Madrazo, utilizaran en sus
análisis arquitectónicos los mismos términos utilizados por naturalistas en sus estudios.
Función, estructura, necesidad, medio, etcétera, son términos manejados por
Cuvier, Lamarck, Geoffroy-Saint-Hilaire y que se retomaran para el estudio de la
arquitectura. La arquitectura como fenómeno natural esta compuesta de formas
cuyo empleo es justificado por un razonamiento; el estudio histórico de la
estilos arquitectónicos debe orientarse hacia la búsqueda del orden lógico que
se reconoce en codas las obras pertenecientes a la misma especie, aún cuando
sean completamente diferentes en apariencia. Así lo afirmaba Juan de Madrazo
cuando refutaba las argumentaciones históricas del Cabildo catedralicio: “para
formar nuestra conciencia sobre cualquier hecho es necesario, en primer lugar,
estudiar las relaciones de coexistencia y de sucesión que le ligan a otros de su
misma especie y naturaleza” 235. Es decir, Madrazo, al igual que muchos
intelectuales de su época, se sintió impelido a emular y aplicar los
procedimientos y métodos de las ciencias naturales a su propia disciplina. La
analogía taxonómica servía de guía para el estudio de la arquitectura y sus
estilos, en su análisis de los caracteres fundamentales y heredita Ríos del
estilo de un edificio considerado como individualidad perteneciente a una
especie, según el símil biológico.
Este método de análisis histórico consistente en estudiar la fabrica en conexión
con la “historia y la genealogía de la arquitectura gótica” llevó a datar a Juan
de Madrazo la catedral de León en torno al 1250: “la Catedral de
León no puede
ser una construcción anterior a la segunda mitad del siglo XIII Este firme
juicio histórico-cronológico expresado por Madrazo se fundamentaba, como el
mismo afirmaba, en la consideración de que “la Catedral de León esta muy lejos
de ser un fenómeno sin antecedente” 236. Los capitulares fechaban la Catedral en tiempos del Obispo Manrique de Lara, es decir, a comienzos del siglo XIII”,
opinión esta que era comúnmente mantenida por estos años e incluso la Academia
atribuyo en varias ocasiones esta errónea cronología al templo mayor Leonés 237.
El método desarrollado por Madrazo reposa, pues, en una concepción teórica de la
arquitectura naturalista y mecánica y en una valoración del estilo de carácter
funcionalista y constructivista, en la que los elementos que definen el estilo
son los materiales, las técnicas y la finalidad utilitaria.
Sin embargo, la arquitectura es un fenómeno que se produce en la historia, en el
tiempo y en el espacio, y esta fuertemente condicionada por la sociedad en la
que surge. Los estudios históricos de la época están dominados por el
determinismo positivista o la teoría del reflejo de las situaciones sociales en
la creación arquitectónica. Cesar Daly y Viollet-le-Duc, al que Madrazo cita
literalmente en este punto, formularon sus teorías sobre las relaciones entre
las artes, las ciencias y la sociedad durante la Edad Media para llegar a la
total comprensión de la arquitectura. El carácter eminentemente razonado y
lógico de la arquitectura gótica fue puesto en relación con un “movimiento de
organización comunal y del espíritu de asociación civil”, que se produjo durante
el siglo XIII: “laicos y muy laicos -afirmaba Madrazo- fueron en su inmensa
mayoría los constructores y los artistas de este siglo y de los XIV, XV y
XVI” 238.
La discusión sobre el origen de la arquitectura gótica planteada como una
polaridad disyuntiva de criterios entre origen laico y origen religioso de la
arquitectura ogival, fue un tema de debate muy común por estos años. Un
planteamiento de las dos posturas sumamente claro y revelador fue el que diez
años antes se produjo en la Real Academia de San Fernando con motivo del ingreso
en la Institución del Marques de Monistrol, José Maria Escriva de Romani en el
año 1868 239. El discurso de
recepción del
Marques de Monistrol verso sobre La influencia del Cristianismo en la
Arquitectura de los siglos medios, y que el arte ojival es esencialmente
cristiano, título que resume por sí solo todo el programa neomedievalista cristiano, en la
línea del discurso apologético, coincidente, como
señala Ángel Isac, con el neocatolicismo mas estricto de Jaime Balmés y Donoso
Cortes, defensores del regreso a los principios de moralidad social; en
consecuencia con estos principios, para el Marques de Monistrol eran claramente
insuficientes las corrientes historográficas de curio positivista que
interpretaban el templo gótico con “las reglas de la construcción y el árido
criterio de su razón helada” 240.
La Contestación al discurso del nuevo académico corrió a cargo de Pedro de
Madrazo, hermano del restaurador de la catedral de León y personalidad sumamente
destacada de la cultura artística del siglo XIX español. Los puntos de vista
desarrollados por Pedro de Madrazo son coincidentes con los expuestos por su
hermano Juan, si bien sin la carga polémica en que este ultimo los envolvió en
su Contestación al Cabildo de la catedral de León. El carácter mas destacado
de la arquitectura gótica era para Pedro de Madrazo su carácter eminentemente
“razonado y lógico” y esta naturaleza de la arquitectura se encontraba en las
raíces mismas de su origen histórico, con lo que cuestionaba las afirmaciones
del Marques de Monistrol: “Lo mismo el sentimiento religioso que el amor a la
patria, es infecundo cuando la ciencia y el arte de consumo no le dan medios de
interpretación” 242.
Es decir, desde distintas argumentaciones ideológicas se proponía el retorno y
recuperación de la arquitectura gótica: lo mismo el goticismo de fondo y matriz
religiosa (Chateaubrian, el Padre Felix, Pugin, Ruskin...) como las
interpretaciones naturalistas y mecánicas de la arquitectura gótica como sistema
constructivo laico y racional (Juan de Madrazo, Viollet-le-Duc, Morris, Gilbert
Scott...) propusieron la adopción de la arquitectura gótica como solución a la
crisis de la arquitectura contemporánea. Estos distintos puntos de vista,
coincidentes en su prop6sito final, fueron en ocasiones, además, bastante
permeables y no totalmente excluyentes, dándose en ocasiones una suma de
argumentaciones-que incluían ambos puntos de vista sin considerarlos opuestos.
Una de las interpretaciones mas coherentes en este sentido puede ser la del
arquitecto francés Jean-Baptiste Lassus que, según indica Leniaud, “parece
realizar un análisis bastante mas complejo que el de Viollet-le-Duc” 243; en
efecto, para Lassus el gótico no es solamente la perfecta y lógica combinación
de la bóveda de ojivas, arbotantes y contrafuertes, es decir, un sistema
constructivo racional, sino que es también una cierta concepción del espacio, un
espacio poético: en la catedral gótica se combinan la razón humana, el símbolo
cristiano y el misterio religioso.
Sin embargo, estos componentes de la arquitectura gótica se mostraron
incompatibles en la polémica mantenida entre Juan de Madrazo y el Cabildo de la
catedral de León; el radicalismo de ambas partes y la inmersión del conflicto en
las discusiones ideológicas y políticas del momento, llevaron al exclusivismo en
el juicio histórico. El Cabildo se situ6 en la línea historográfica del
romanticismo chateaubriandano de tono elegíaco, con la afirmación de la
necesaria identificación de la religión cristiana y el espíritu artístico que
otorga la unidad entre el fondo y la forma al monumento cristiano. Esta postura,
mas propia de la primera mitad del siglo, se vela superada por el carácter
ordenador del saber desarrollado por el método positivista, que, en su afán
clasificatorio, relegara la búsqueda de esencias para descubrir los mecanismos
de los fenómenos sociales, y entre ellos, de modo destacado, la arquitectura
como producto social y natural al mismo tiempo.
En una consideración global del conflicto, el choque entre Juan de Madrazo y las
autoridades religiosas cobra pleno sentido en la actitud defensiva, pero
beligerante, que adopto la Iglesia ante los nuevos sistemas filosóficos que
cuestionaban la validez de la religión, en defensa de la inercia de la materia o
del cientificismo como único método de conocimiento y análisis de los fenómenos
que evitaba los juicios morales y permitía el progreso.
En definitiva, profundas discrepancias ideológicas se acumulaban en el
conflicto originado en torno a las obras de restauración de la catedral de León.
Los rencores y ofensas mutuas, la instrumentalización política e ideológica de
las diferencias y la amplia trascendencia publica, que alcanzaron las
acusaciones fomentaron los odios recíprocos y la intransigencia de las posturas
que llevaría a la destitución de Juan de Madrazo como arquitecto al frente de
las obras de restauración de la catedral de León.
- El estallido de la polémica;
intervención del Ministro de Fomento y
destitución de Juan de
Madrazo.
Las profundas divergencias existentes entre Juan de Madrazo y el Obispo y
Cabildo de León convirtieron el desarrollo de las obras de restauración de la
catedral Leonesa en un hervidero de conflictos y rivalidades. Los desacuerdos en
cuanto al modo de administrar las obras y la diferente concepción ideológica en
torno al significado religioso, histórico y artístico del edificio, eran las
cuestiones de fondo de una polémica que a menudo adoptó las formas de una
discusión sobre sucesos concretos y problemas personales.
Previamente a la publicación en el verano de 1878 de los folletos con
acusaciones mutuas que se dirigieron el Cabildo y Juan de Madrazo, la prensa
local sacó a la luz publica las discrepancias existentes, con el comienzo de un
escabroso y accidentado dialogo protagonizado durante los meses de marzo y abril
desde las paginas de La Crónica y El Porvenir de León.
El problema se concentro en torno a la cuestión de la falta de empleo en las
obras de fondos que ya habían sido consignados por el Ministerio de Fomento. Los
articulistas de La Crónica de León atribuían a Juan de Madrazo la
responsabilidad de “mantener ociosos considerables fondos”, con la catastrófica
predicción de la progresiva e inevitable ruina de la Catedral, “hasta el
derrumbamiento total, por no adelantar la construcción”.
El Porvenir de León contestaba a esta acusación mostrando a la Tesorería
provincial como responsable de la falta de libramiento de los fondos consignados
por el Gobierno central: “si un libramiento no se realiza por la Intervención de
la Tesorería provincial dentro del plazo de la ley, se hace preciso reintegrar su importe” 244.
En torno al problema del empleo de los fondos se llegó a cuestionar la valía
profesional de Juan de Madrazo como director facultativo de las obras de
restauración de la catedral de León, ya que su reputación artística y científica
como arquitecto estaba firmemente avalada por los encomiastas informes que de
sus proyectos emitieron la Academia de San Fernando y la Junta de Caminos,
Canales y Puertos. El Cabildo catedralicio se apoyó en la cuestión de la gestión
de los fondos para censurar la labor de Madrazo al frente de las obras de la
catedral de León, como expresaba citando las criticas vertidas desde la prensa:
“el retraso que sufren las obras acusan una mala dirección facultativa, y si la
ciencia del arquitecto es impotente, que se declare Así, y se confíe el remedio
de tamaño desastre a mas expertos restauradores” 245.
La progresiva acumulación de tensiones se deja sentir en la dureza y acritud del
lenguaje empleado en la discusión, como lo prueban las palabras con que
violentamente se defendía a Juan de Madrazo desde El Porvenir de León 246:
“¿Quereis formular cargos serios contra sus
gestiones
económicas o
facultativas?. Formuladlos categóricamente, y hacedlos valer ante la Junta
Inspectora, la Academia o el Gobierno. Por la espalda o desde el acecho, solo
saben herir los cobardes. Los cacareos que usáis para decir de el que es
apostata, renegado, etc„ etc. no entran en el crédito de persona alguna honrada”.
La polémica llegó hasta el Ministro
de Fomento, según refería el Cabildo. La prensa regional y nacional también tomo
parte en la discusión, como por ejemplo en los artículos aparecidos en La
Biblioteca del Constructor de Valladolid que dieron lugar a una enérgica replica
de Madrazo que contestaba con los mismos argumentos que básicamente repetirá en
su Contestación al Cabildo pocos meses después. La Gaceta de Madrid publicó en
1877 el resumen de las Actas de la Academia de San Fernando, donde se referían
los elogios vertidos hacia los proyectos de restauración formados por Juan de
Madrazo y se proponía realizar una exposición publica con los mismos. Este
artículo fue trasladado a las paginas de El Porvenir de León en demostración del
prestigio de que gozaba Juan de Madrazo como arquitecto frente a las acusaciones
que se dirigían contra él. El Imparcial de Madrid también fue también otro de
los diarios que registr6 la polémica, primero decantándose en favor de las
opiniones de las autoridades religiosas y después rectificando su criterio,
según recogía El Porvenir de León 247.
Toda esta agitación dialéctica, expresada con la vivacidad y elocuencia del
lenguaje periodístico de la época, se resumió durante el verano de 1878 con la
aparición de los dos opúsculos en los que el Cabildo de la catedral de León y
Juan de Madrazo expusieron personal y detalladamente sus puntos de vista con
gran fuerza emotiva y evidente capacidad persuasoria.
Durante un año los trabajos en la catedral de León prosiguieron con una
aparente normalidad. Sin embargo, después de que las controversias se divulgaran
en letra impresa y el problema adoptara una evidente y manifiesta dimensión
p6blica, cualquier fricción podía provocar un serio altercado. Así ocurrió de
hecho a mediados del mes de agosto de 1879. Los rencores acumulados, la
violencia verbal desatada en el conflicto y el orgullo mostrado por ambas
partes, provocaron un desagradable incidente que en poco mas de dos meses
llevaría a la fulminante destitución de Juan de Madrazo como Arquitecto director
de las obras de restauración de la catedral de León.
El suceso inmediato que motiv6 el estallido final y definitivo del conflicto
tuvo lugar cuando Juan de Madrazo prohibió la entrada a la Catedral al Deán del
Cabildo, que se disponía a visitar las obras de restauración. Esta prohibición
la justificaba Madrazo por la medida que la Dirección facultativa adoptó a
comienzos del verano de este ano de 1879, por la que se prohibía la entrada a
las obras a toda persona ajena a las mismas. Con el objeto de prevenir
desgracias y accidentes, Así como los daños que se estaban produciendo en las
esculturas del pórtico de la fechada principal por las turbas de chiquillos, se
cerró con llave todo el recinto catedralicio. Esta medida, sin embargo, no debió
de ser bien acogida por los religiosos, puesto que no solo les impedía celebrar
oficios religiosos en el templo, sino que la prohibición de entrada en el
edificio también les afectaba directamente a ellos que para poder ingresar en la
zona en obras tenían que solicitar el correspondiente permiso al Arquitecto
director.
El día 18 de agosto de 1879 acudió a visitar los trabajos de restauración una
comitiva compuesta por el diputado sagastino Carlos Grotta y su Secretario
particular, otros dos Diputados provinciales, el Chantre Marcelo López y el
Canónigo Fernando Molina, quienes, según decia Madrazo, se procuraron la víspera
el permiso correspondiente; momentos después se present6 el Deán, Luis Felipe
Ortiz, al que, ante la carencia del pertinente permiso, le fue prohibida la
entrada al edificio.
Este incidente se complicó debido a
que durante estos días el Obispo de León, Saturnino Fernández de Castro, se
encontraba ausente de la ciudad con motivo de la Santa Pastoral Visita. Ante
esta ausencia del Prelado, el Deán asumió las funciones de Obispo interinamente,
como era habitual; esta circunstancia convertía provisionalmente al Deán en Presidente de la Junta Inspectora de las
obras de la Catedral de León. Por este motivo, el Obispo, a su regreso a León,
entendió que Juan de Madrazo había cometido una triple ofensa a las autoridades
religiosas al prohibir el paso a la Catedral al Deán: ofensa al Cabildo
catedralicio en la persona de su Presidente y a la Junta Inspectora de las obras
y a la Dignidad Episcopal que representaba el Deán como encargado temporal del
Gobierno eclesiástico de la Diócesis.
Así se lo hizo saber el Obispo Fernández de Castro al Ministro de Fomento en una
comunicación fechada el primero de
septiembre en que expresaba la gravedad de la situación creada, al convertirse
el suceso en dominio público, y solicitaba una explicación por parte de Juan de
Madrazo: “protesto con toda la energía -decia el Prelado
Leonés- contra este triple desacato, y pido a V.E.
que el Arquitecto director do una satisfacción tan pública, como pública ha sido
la ofensa”248.
El Obispo también se dirigió con la misma fecha al Ministro de Gracia y Justicia
que, encargado de los asuntos eclesiásticos, tenía a su cargo, como le recordaba
el Prelado Leonés, la necesidad de “velar porque se guarden al clero los
respetos y consideraciones que le son debidos”. En la exposición del Obispo se
hacia una referencia a “los tristes antecedentes que la prudencia y caridad
cristiana no han permitido exponer hasta ahora” 249.
El Conde de Toreno, Ministro de Fomento, como respuesta a la petición del Obispo
de León, envió a Juan de Madrazo una Real Orden con fecha 6 de septiembre de
1879 en la que, con términos sumamente corteses, invitaba a Juan de Madrazo,
-mas que le ordenaba- a rectificarse y dar una satisfacción publica, “de la
manera digna y decorosa que de V.S, puede exigirse, y que sin duda alguna
aceptara el ilustre Prelado de esa Diócesis”. Además, en el texto de la Real
Orden, el Ministro reconocía “la acertada e inteligente restauración” que estaba
realizando Madrazo en la catedral Leonesa, si bien lamentaba profundamente los
incidentes denunciados por el Obispo, “que no han debido nunca ocurrir dadas la
cordiales relaciones que forzosamente han de existir entre todos los individuos
que componen la Junta de
obras” 250.
El problema alcanzaba, sin embargo, una trascendencia mayor de la que el
Ministro podía adivinar y no se reducía a una simple explicación por parte de
Madrazo, sino que era la explosión final de los desacuerdos acumulados durante
largo tiempo.
Juan de Madrazo respondió a la Real Orden con una extensa comunicación dirigida
al Ministro de Fomento con fecha 15 de septiembre, en la que relataba con
detalle tanto el suceso concreto que motiv6 las quejas del Obispo, como los
antecedentes de fondo que se entretejían en las discrepancias y desacuerdos
mantenidos entre el arquitecto y las autoridades religiosas de León
251. En cuanto al incidente con el Deán, Juan de Madrazo declaraba al Ministro que
ignoraba que el Deán representara al Obispo o al Cabildo durante su intento de
visitar las obras o que fuera en ese momento el Presidente provisional de la
Junta de obras, puesto que no había recibido notificación alguna al respecto:
“el Director de estas obras no esta obligado a entender de jerarquías, y menos a
adivinar las representaciones y delegaciones en la esfera de lo eclesiástico que
no se le comunican oficialmente” 252. Además, Madrazo consideraba incomprensible
que la presidencia interina de la Junta Inspectora, en ausencia del Obispo,
recayera en el Deán que no formaba parte de la Junta, ni siquiera como vocal,
puesto que, como vimos, el Cabildo fue apartado totalmente de cualquier gestión
de los trabajos desde 1873.
La intención ultima de Juan de Madrazo era enfocar el conflicto como una
cuestión puramente personal de enemistad entre el Deán y é1, sin entrar en
consideraciones de ofensas a cargos o Instituciones, es decir, a miembros de la
Junta Inspectora o a autoridades eclesiásticas, como argumentaba el Obispo. Así
lo confirmaba cuando decia que “el Deán es el joven sacerdote a quien la
opinión
publica designa como autor de un insensato folleto que todavía León recuerda
indignado, lleno de injurias y de las calumnias mas graves contra el que
suscribe” 253. Por consiguiente,
tratándose de un asunto meramente personal en
que mediaban acusaciones mutuas, pero en todo caso particulares, Madrazo se
negaba a cumplir la retractación publica de sus hechos y palabras a que le
obligaba la Real Orden anteriormente mencionada, señalando “lo improcedente que
es la satisfacción publica que reclama el Obispo, y que, dados los hechos
ocurridos, no puede esperarse racionalmente de ningún hombre que estime en algo
su dignidad” 254.
Con esta firme
decisión de Juan de Madrazo el problema entraba en un callejón
sin salida, puesto que el Obispo Saturnino Fernández de Castro tampoco estaba
dispuesto a ceder un ápice en sus reclamaciones y exigió en todo momento el
cumplimiento literal, exacto y riguroso de lo preceptuado en la Real Orden de 6
de diciembre, es decir, la “satisfacción pública” que decia dar Juan de Madrazo
al Obispo como representante de la autoridad religiosa en León.
El Prelado Leonés insistió y presionó con dureza para que Madrazo se retractara
p6blicamente. Para ello, el 18 de septiembre, el Obispo escribió de nuevo al
Ministro de Fomento, quejándose del caso omiso que hasta el momento había
realizado el Arquitecto de la Real Orden. En caso de que persistiera Madrazo en
esta actitud, el Obispo amenazaba con retirarse de la Junta de obras: “Llegado
el caso -decia el Prelado- me retiraré de la Junta, no sin publicar antes todos
los antecedentes y las verdaderas causas de las prevenciones y choques del
Arquitecto director” 255. Esta decisión de apartarse el Obispo de la Junta de
obras en el caso de que Madrazo no diera una satisfacción publica presagiaba
nuevos y mas intensos conflictos aún, pues el Obispo precisaba que, pese a
apartarse de la Junta, su consideración como Jefe de la Iglesia en su Diócesis,
le facultaba para “Inspeccionar en todo momento las obras de un templo católico”
256. De nuevo se planteaba con toda su carga
polémica el espinoso asunto de las
competencias de las autoridades religiosas en los trabajos financiados y
administrados por el Estado.
El Conde de Toreno, Ministro de Fomento y máximo responsable de las obras de
restauración, haciendo use de su autoridad, trató de evitar en la medida de lo
posible el amplio alcance publico que estaba adoptando la cuestión y que
amenazaba con convertirse en un auténtico polvorín en donde se replantearan las
complejas y sutiles relaciones de equilibrio que el Estado liberal-conservador
mantenía con la Iglesia. Su intervención directa como mediador del conflicto se
puede conocer detalladamente a trav6s de los textos de los telegramas que
durante una semana de intensas negociaciones se cruzaron a Diario el Conde de Toreno, Ministro de Fomento, y el Gobernador Civil de León, Antonio de Medina,
durante los días 11 a 16 de octubre de 1879 257.
El 11 de octubre, en un intento de limar asperezas, el Ministro de Fomento
solicitaba telegráficamente la intervención del Gobernador Civil para que
actuara como mediador entre el Obispo y Madrazo. En su telegrama, el Conde de Toreno
advertía al Gobernador provincial de la dificultad del problema y de la
necesidad de encontrar una solución negociada, “dada la alta jerarquía
eclesiástica del Obispo, el indisputable m6rito del Sr. Madrazo, y sobre todo,
la importancia de las obras de conversación y restauración de aquella joya
artística del arte antigua”.
Días antes a ponerse en contacto con el Gobernador provincial, el Conde de
Toreno había ordenado a Juan de Madrazo que se presentara en Madrid para
entrevistarse personalmente con él. Ante la imposibilidad de que el Obispo se
trasladara a la Corte, el Ministro propuso que Madrazo regresara de inmediato a
León para que de este modo se iniciaran las negociaciones directamente y bajo la
mediación del Gobernador Civil, como Presidente honorario de la Junta de obras y
delegado directo del Ministro de Fomento. Estas atribuciones del Gobernador
Civil como mediador y representante oficial del Ministro de Fomento en este
asunto se confirmaron por Real Orden de 14 de octubre.
Madrazo estuvo en Madrid hasta el día 13 de octubre en que regresó a León;
durante su estancia en la Corte, el Ministro de Fomento trató de convencerlo
para que diera una amplia satisfacción al Obispo, que, según indicaba el
Ministro, Madrazo “se prestaría a darla en términos razonables”.
Con el Obispo y Juan de Madrazo en León, el Gobernador Civil tratara de llegar a
un acuerdo satisfactorio. En su labor mediadora, el Gobernador asocio a su
gestiones al diputado conservador el Marqués de Montevirgen que, además de sus
hábiles dotes políticas, era amigo personal tanto del Obispo como de Juan de
Madrazo.
Las dificultades de la negociación ya se exponían desde el primer momento, pues,
como indicaba el Gobernador, el problema se había convertido en una cuestión de
“amor propio”, en la que además se dejaba sentir fuertemente la influencia de
amigos particulares y políticos que presionaban desde ambos bandos.
La posibilidad de una reconciliación
pareció desde el primer momento bastante
improbable e incluso, si se llegará a conseguir, no se ocultaban las notorias
dificultades que se originarían en la administración de las obras: “la
conciliación, si se operase, seria siempre efímera y con reservas lamentables”
258. El Conde de Toreno, consciente de esta dificultad, ya
preveía que la única
salida posible al conflicto seria la radical destitución de Madrazo para evitar
de este modo un enfrentamiento directo con el Obispo que hubiera ocasionado un
sinfín de problemas, pese a que el mismo Ministro reconocía, como ya lo había
expresado en varias ocasiones anteriores, que separar a Madrazo seria “cosa funestísima
para las obras por su difícil reemplazo”. Además, el mismo Gobernador Civil
sospechaba del escaso interés que el Prelado Leonés profesaba hacia al arte,
pues, según refería al Ministro, el Obispo repetía con alarmante
frecuencia la declaración de “que tiene en mas el interés de la Fe que el
interés del Arte” 259. Estos recelos eran compartidos por el Conde de Toreno y
por ello declaraba su intención de modificar la composición de la Junta de obras
una vez que el asunto quedara solucionado: “si se separa a Madrazo, -decía el
Ministro- habrá que dar a la Junta de obras una organización nueva, porque no me
parece que el Sr. Obispo es grande admirador de las artes, ni le importan cosa
mayor (...), por razón de oficio no soy yo guardador directo de la Fe, pero sí
de las artes, y por esta circunstancia, si hubiera de separarse a Madrazo,
tendré yo que precaverme para que las artes no padezcan” 260.
Es decir, la postura del Gobierno quedaba clara desde las
primeras, conversaciones; la complejidad del problema llevaba a la destitución de
Madrazo como única salida al conflicto para evitar incidentes mayores con el
Prelado Leonés, que hubieran conducido a un borrascoso asunto que pudiera
desviarse hacia una polémica institucional Iglesia-Estado, al considerarse que
el Ministro apoyaba las argumentaciones ideológicas anticlericales expresadas en
repetidas ocasiones por Juan de Madrazo. El apartamiento de este de las obras,
pese a que quedaba patente y manifiesta su valía profesional, era el mal menor
para evitar consecuencias que posiblemente transcenderían directamente al
terreno político.
El día 15 de octubre por la noche se mantuvieron conversaciones que dejaron
claras las intenciones de no ceder un palmo de su terreno ninguno de los dos
implicados directos. Madrazo, tras su llegada a León, radicalice su postura y se
negó rotundamente a todo lo que pudiera trascender a “satisfacción”, accediendo
todo lo mas a dar una mera “explicación”, y, además, afirmaba que actuaría
siempre del mismo modo si se volviera a encontrar en la misma situación. El
Obispo, por su parte, a pesar de cierta apertura el día anterior, se volvió a
reafirmar en su intransigente postura: exigía que la conferencia con Madrazo se
realizara en presencia de dos capitulares y que inmediatamente “cesará la
propaganda anticlerical”, al tiempo que reclamaba el cumplimiento literal de la
Real Orden que obligaba a Juan de Madrazo a dar una explicación, argumentando
que “la Real Orden era ineficaz y quedaba anulada si la satisfacción no se daba”
261.
En efecto, las conversaciones mantenidas con el Obispo y el Arquitecto por el
Gobernador Civil y el Marques de Montevirgen tropezaron con el inmenso cúmulo de
suspicacias y de odios personales, alimentados por “pasiones de localidad”,
que instrumentalizaban el conflicto al servicio de ideologías políticas y con
ello contribuían a aumentar aún mas las distancias.
Este mismo día 16 de octubre el Ministro de Fomento, ante la imposibilidad total
de reconciliación o solución negociada, y deseoso de dar una solución
definitiva, reclamo al Gobernador Civil de
León una Contestación oficial a la Real Orden de día 14 para actuar en
consecuencia y así “poder romper el nudo sin que sea del agrado de nadie”.
En efecto, el incumplimiento por Juan de Madrazo de la Real Orden de 6 de
septiembre y la ratificación de su postura tras las negociaciones emprendidas por
el Gobernador Civil, como se afirmaba en el informe oficial emitido el día 18 de
octubre como respuesta a la Real Orden del 14 del mismo mes 262, todo ello,
proporcionaba al Ministro de Fomento el respaldo suficiente para proceder, si
bien contra sus deseos, a la destitución de Juan de Madrazo como Arquitecto
Director de las obras de restauración de la catedral de León. La destitución
oficial se confirmo por Real Orden de 21 de octubre de 1879 263. Juan de Madrazo
quedaba oficial y definitivamente apartado de la restauración tras una oscura y
lamentable polémica.
Esta decisión ministerial provoco reacciones de inmediato. El mismo día 21 de
octubre en que se consumaba la destitución de Madrazo, el Ministro de Fomento se
dirigió a la Academia de San Fernando para que propusiera a la mayor brevedad
posible el arquitecto que habría de sustituir a Juan de Madrazo en la dirección
facultativa de las obras de restauración de la catedral de León. El extenso
informe emitido por la Academia el día 8 de noviembre comenzaba con una
detallada y prolija enumeración de los perjuicios, inconvenientes y retrasos que
la destitución de Madrazo ocasionaría a las obras de restauración y exponía las
dificultades para encontrar un arquitecto que pudiera continuar con acierto los
proyectos comenzados por Madrazo; “el convencimiento de la pericia con que se
vienen dirigiendo (las obras), el merito relevante de los proyectos presentados
y la honrada gestión económica de las obras”, eran a juicio de la Academia
consideraciones de peso para que el Ministro de Fomento reconsiderase su
decisión y “vuelva a encargarse el mismo Don Juan de Madrazo de la dirección de
las obras que con tanto esmero y alabanza de propios y extraños ha desempeñado”
264.
El indudable merito artístico y arquitectónico de los proyectos de restauración
formados por Juan de Madrazo, ya señalados con anterioridad varias veces por la
Academia, y, también, como no, el prestigio e influencia de su apellido en la
Institución, fueron las causas que se aunaron para que la Academia apoyara
firmemente y con resolución a Juan de Madrazo, sin entrar en sopesar las
consideraciones ideológicas y políticas que se entretejían en el conflicto.
Esta decisión de la Academia trascendió al dominio de la opinión publica y no
faltaron las críticas que acusaron a la institución haber actuado con
parcialidad al emitir su informe en defensa de Madrazo; por ello la Academia se
dirigió de nuevo al Ministro de Fomento el día 25 de noviembre, con la
exposición de sus quejas: “se han esparcido noticias equivocadas y malignos
rumores -decían los académicos- suponiéndose que, por ceder a consideraciones
indebidas, ha informado la Academia con poca imparcialidad respecto del Sr.
Madrazo, con desprestigio de sus compañeros”; por ello, la Academia solicitaba
al Ministro que “deseando el restablecimiento de la verdad, e imposibilitada
como se halla de vindicarse por sí propia ante la opinión pública extraviada”,
publicase en La Gaceta de Madrid el informe de fecha 8 de noviembre que la
Academia había emitido significándose sobre este asunto 265.
Pero el apoyo de la Academia a Juan de Madrazo, con la clara reafirmación de sus
indiscutibles dotes artísticas, no fueron suficientes para rectificar una
decisión ya adoptada por el Ministro de Fomento y expresada oficialmente por
Real Orden.
La polémica administrativa sobre la cuestión de la secularización de las obras
de restauración, que había sido una de las cuestiones de fondo del conflicto, se
llevo el día 6 de diciembre de 1879 al hemiciclo del Congreso de los Diputados
266. El diputado liberal por la provincia
de León y amigo personal de Juan de Madrazo, Fernando Merino Villauno, exponía
de modo directo la cuestión en el Congreso: “deseo saber -preguntaba el Diputado
al Ministro de Fomento- si las obras de restauración en la catedral de León
están o no secularizadas” 267. La
contestación del Ministro de Fomento, en un
deseo de evadir el delicado debate, partió de considerar la pregunta “un tanto
extraña”, para
después realizar una breve disertación acerca de la organización
administrativa de las obras; pese a tratarse de obras totalmente dependientes
del Estado, el Ministro no descartaba la intervención que a su juicio
correspondía al Obispo, si bien sin entrar en una aclaración concreta y
detallada de estas funciones, coma lo prueba la vaguedad de sus términos: “como
se trata de la restauración de una Catedral, tiene cierta intervención, mas o
menos directa, en esta obra la Junta de obras, a que pertenece el Sr. Obispo de
la Diócesis” 268; pero el Ministro, al mismo tiempo,
quería dejar claro que era
é1, como máxima autoridad gubernamental, quien detentaba la responsabilidad
directa de las obras de restauración por encima de la autoridad religiosa.
Fernando Merino criticó esta intervención eclesiástica en unas obras estatales,
injustificada desde el punto de vista administrativo, proponiendo la
secularización total de los trabajos: “creía y creo -afirmaba el Diputado-
puesto que las obras se pagan por el Estado, que debiera ser la Junta o comisión
provincial de monumentos la que ejerciera su intervención o el gobernador de la
provincia como inmediato representante del Gobierno de S.M.” 269.
En el debate salio a relucir la cuestión de la destitución de Madrazo y, como
era de esperar, el Ministro de Fomento la justificó desde el punto de vista
legal como la negativa de un funcionario que recibía sueldo del Estado a cumplir
una Real Orden.
La destitución de Juan de Madrazo fue un difícil problema en el que, como hemos
visto, se conjugaron diversos factores, desde las actitudes filosóficas e
ideológicas, hasta rivalidades personales, pasando por diferencias políticas
locales y nacionales. El hecho fue que, desde el 21 de octubre de 1879, Juan de
Madrazo, pese a ser reconocido por todas la Instituciones como uno de los mas
competentes e instruidos arquitectos de España, fue destituido a causa de un
conflicto en el que se mezclaron motivaciones extraprofesionales.
A los pocos meses de su destitución, Juan de Madrazo, sumamente debilitado por
las pugnas y discusiones mantenidas, acosado de aguda enfermedad, moría en
Madrid al día siguiente de cumplir cincuenta y un años de edad. Su
fallecimiento el día 7 de marzo de 1880 fue. llorado y lamentado en varios
artículos necrológicos que ahondaban en sus indiscutibles méritos profesionales.
El reconocimiento póstumo de sus trabajos, como ya había sido anunciado varias
veces en vida del propio arquitecto, tuvo lugar al año siguiente, cuando le fue
concedida la Medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes.
6) EL RECONOCIMIENTO
PÓSTUMO DE JUAN DE MADRAZO.
La destitución y muerte de Juan de Madrazo fue un triste suceso que conmovió a
la clase arquitectónica. La reacción no se hizo esperar. Apenas fallecido, la
prensa arquitectónica publicó varios artículos pecrol6gicos lamentando la
pérdida de tan valiosa personalidad. Demetrio de los Ríos, su sucesor en las
obras de restauración de la catedral de León, encabezaba esta serie de afligidos
artículos. Una carta con numerosas firmas “pertenecientes a todas las clases de
la sociedad de León”, expresando con dolor su pésame a la esposa de Juan de
Madrazo, Margarita Tewart, reconocía lo que generosamente agradeció
cumplidamente la capital del antiguo Reino: “El nombre de Don Juan de Madrazo será pronunciado
siempre con cariñoso respeto en León que escrito queda indeleblemente en esa
obra admirable por él tan diestramente dirigida”. Adolfo Fernández Casanova,
discípulo de Juan de Madrazo y catedrático de Esteronomía en la Escuela de
Arquitectura, hacía una exposición sintética de la fecunda trayectoria profesional
de Juan de Madrazo 270.
Sin embargo, el reconocimiento póstumo de Juan de Madrazo venía anunciado por
los elogios con que fueron recibidos los proyectos de restauración de la
catedral de León por la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La institución
académica no escatimo en aplausos al pronunciarse sobre los proyectos de Madrazo:
en el informe sobre el proyecto de reconstruccion del hastial sur a la altura
del triforio ya solicitaba la Academia al Ministro de Fomento que el ejemplar
duplicado del proyecto fuera remitido con el carácter de dep6sito a la
Biblioteca de la Academia, “para servir de estudio y guía a los jóvenes
arquitectos”; igual demanda se realizó a prop6sito del proyecto de
reconstrucción del hastial del sur. No es de extrañar entonces la defensa a
ultranza que realizo la Academia de Juan de Madrazo cuando el arquitecto fue
destituido de las obras de restauración.
En estos informes de la Academia de San Fernando se suplicaba al Ministro de
Fomento que concediera la autorización necesaria para que los proyectos de Juan
de Madrazo “puedan exponerse al público en sus salas por un tiempo determinado y
previo anuncio en los periódicos oficiales”. Esta idea no se realizó hasta
después del fallecimiento del arquitecto. En 1881, Juan de Madrazo recibió a
título póstumo la Medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes por
sus proyectos de restauración para la catedral de León. Este merecido premio no
fue comprendido por todos los críticos y público, habituados a que esta
distinción recayera en obras de pintura o escultura. La complejidad de los
estudios de Madrazo no eran tan atractivos como una pintura de historia.
La polémica desatada a raíz de este premio motiv6 la reacción unánime de los
arquitectos, encauzada nuevamente a través de la Revista de Arquitectura
Nacional y Extranjera. Duros y mordaces comenta Ríos se realizaron en varias
revistas nacionales de los proyectos de encimbrado de Juan de Madrazo 271;
puntal de una casa vieja, “vulgar andamiaje” o “colosal braguero” fueron
algunos de los calificativos vejatorios que recibió el impresionante y meditado
sistema de encimbrado realizado por Juan de Madrazo que suponía, como vimos, una
profunda reflexión acerca de los principios constructivos de la arquitectura
gótica. Artículos firmados por Enrique Repullés, Adolfo Fernández Casanova o
Antonio Ruiz de Salces, lamentaban la incapacidad de esa “falange de
gacetilleros” para comprender el significado y trascendencia de unos proyectos
como los formados por Juan de Madrazo. La defensa de la decisión del Jurado a
través de estos artículos era también una reivindicación de los trabajos de
arquitectura que siempre se relegaron a un plan de inferioridad con respecto a
la vistosidad de la pintura o escultura: “¿Qué ha de suceder -se preguntaba
Repullés Segarra- mientras nosotros pongamos nuestros dibujos al lado de los
cuadros de los pintores?. El pintor lo dijo todo en su cuadro, que reproduce en
el espectador el efecto desde el primer momento; el arquitecto no produce efecto
con sus dibujos sino a los iniciados, a los que comprenden lo que aquello seria
construido” 272. Estas dificultades que tenían los proyectos de arquitectura
para captar la atención y la estima del público eran puestas de relieve por
Antonio Ruiz de Salces, “solo los iniciados en su arte lo entienden; los demás,
en general, solo ven en sus trazos o planos un laberinto, una obra de paciencia
que les gusta poco mas o menos, según el adorno que distinguen en el papel”
273.
Lo cierto es que esta
polémica concesión de la Medalla de Oro a los proyectos
de restauración de Juan de Madrazo suponía el reconocimiento de la complejidad
del estudio de la restauraciones de los edificios medievales. Después de los
temores suscitados por la inminente ruina de la catedral de León y ante la falta
de preparación de los arquitectos españoles para acometer una empresa de esta
magnitud y dificultad, la figura de Juan de Madrazo apareció como la del primer
arquitecto que emprendió la restauración del edificio con un amplio, profundo y
sistemático conocimiento de la arquitectura gótica, llevando el problema a su
adecuada dimensión histórico-constructiva. El silencioso magisterio ejercido por
Juan de Madrazo a través de sus proyectos de restauración fue fructíferamente
continuado por varios de los mas destacados arquitectos del ultimo tercio del
siglo XIX. Adolfo Fernández Casanova examine en varias ocasiones los proyectos
de encimbrado y en este sistema de carpintería de armas encontró el fundamento
necesario para enfrentarse al catastrófico derrumbe de la bóveda central de la
catedral de Sevilla. Demetrio de los Ríos continuó fielmente los proyectos de
Juan de Madrazo y Juan Bautista Lázaro no dejo de elogiar y compartir su visión
“racionalista” de la arquitectura. En suma, en el campo de las restauraciones,
los proyectos de Juan de Madrazo fueron un ejemplo capital para el desarrollo de
las intervenciones en edificios medievales que proliferaron en los dos decenios
siguientes a la muerte del arquitecto. El peso de su pensamiento e
interpretación de la arquitectura medieval gravitaría sobre todos estos
proyectos. Pero desde el punto de vista de la teoría arquitectónica en general,
la influencia de Madrazo y de racionalistas como pueda ser el caso de Elfas
Rogent, que se enfrentaron por vez primera directamente y en toda su amplitud
con los edificios medievales a partir de un meditado estudio de los "principios"
de esta arquitectura, sus reflexiones no pueden dejar de ponerse en relación con
algunas de las mas interesantes corrientes de renovación de la arquitectura del
siglo XIX. La arquitectura en ladrillo comparte una misma inquietud en resaltar
el proceso constructivo, de justificar el “estilo” por su racionalidad, su
economía o sus cualidades funcionales. Las derivaciones desde unos presupuestos
historicistas arqueológicos hasta una arquitectura con personalidad propia como
fue el modernismo, es buena prueba de que la lectura de la arquitectura de la
Edad Media podía ser un fructífero campo de reflexiones. Realmente no deja de
ser una tentación poner en relación el amplio pensamiento realizado por Juan de
Madrazo sobre las posibilidades del sistema de bóvedas de la catedral de León
con algunas de las innovaciones mas puramente constructivas de la arquitectura
de Antonio Gaudí. El maestro catalán visit6 algunos anos después de la muerte de
Madrazo la ciudad de León; es conocido su interés por los estudios de
cimentación de la catedral que realizaba por entonces Demetrio de los Ríos que
utilice para asegurar la cimentación de la Casa de Botines. Algunas de sus
bóvedas hiperbólicas y parabólicas son una utilización expresiva de este
repertorio de bóvedas de crucería medievales que son “repensadas” y
transformadas por la imaginación del arquitecto catalán. En definitiva, el
debate critico en busca de una nueva arquitectura tenía en estas reflexiones de
Juan de Madrazo un importante sustrato te6rico que permitía renovar la visión
academicista de la arquitectura para extender unos hilos de contacto con la
proliferación de los neomedievalismos y al mismo tiempo su superación al
apartarse de una arquitectura mimética de los mismos -tal como quedaran
incorporados a la ortodoxia académica a través de un eclecticismo de base
clasicista- y detenerse en las posibilidades de una interpretación libre de la
tradición histórica, a través de su utilización “expresiva”, o a
través de la
sugestiva lectura de estos edificios con los códigos de los nuevos materiales y
las nuevas técnicas constructivas. Juan de Madrazo, lo mismo en la restauración
que en el dominio de la construcción, siempre tome el partido de la renovación y
el progreso, sin desligarse por ello de la tradición y de un continuo
aprendizaje de las enseñanzas que podían extraerse del pasado.
____________
1 De hecho, el obispo Calixto de
León, en carta de 31 de enero de 1868, escribió
a Madrazo instándole a presentarse rápidamente en León para continuar las obras
que podrían proseguirse con rapidez debido a que Madrazo ya conocía el estado de
la Catedral por haberla visitado y reconocido el verano de 1867 lo que, en
opinión del Obispo, facilitaría la preparación de los trabajos de más urgencia.
Carta del Obispo Calixto a Juan de Madrazo. León, 31 de enero de 1868. A.C.L.,
C. Memorias y correspondencia particular.
2 Juan de Madrazo presentó su renuncia al Ministro de Gracia y Justicia en
oficio fechado en 29 de enero de 1868 (A.G.A. (E. y C.), C. 8.054, Lg. 8.842).
Las razones oficiales que exponía Madrazo para renunciar al nombramiento se
referían a sus ocupaciones en la Cátedra de la Escuela de Aparejadores y a los
trabajos particulares que tenía en curso en Madrid, obligaciones éstas que le hacían imposible fijar su residencia en León, como era preceptivo, dado el
estado de las obras de la Catedral.
3 Con fecha 12 de enero de 1869 se envió a León una Orden del Ministerio de
Gracia y Justicia para que Andrés Hernández Callejo entregara inmediatamente las
obras, junto con el material y demás objetos, a Ricardo Velázquez Bosco, como
delineante que era de las obras de restauración, y que se ocupó interinamente de
las mismas hasta la llegada de Madrazo. Esta decisión ministerial provocó
algunos conflictos puesto que, según informaba Velázquez Bosco a Madrazo,
Hernández Callejo contaba con el apoyo del nuevo Gobernador provincial que se
opuso a esta medida, “imponiendo a dicho Callejo víctima del clero, con cuyo
carácter se presentó él”. (Carta de Ricardo Velázquez Bosco a Juan de Madrazo.
León, 17 de marzo de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular.
Véase también cap. IV) Esta oposición motivó que intervinieran una comisión del
Cabildo y otra de la Junta de reparación de Templos para hacer valer la Orden
del Ministerio de Gracia y Justicia y que, en consecuencia, Hernández Callejo se
apartara definitivamente de las obras de restauración.
4 La elección de Juan de Madrazo entre la terna de arquitectos ya estaba
anticipada desde mediados del mes de enero, y así se lo comunicaban al
arquitecto desde el Cabildo de la catedral de León: “Ayer he sabido que la
Academia ha presentado una terna de Arquitectos para que nombre el Ministro
Director para dichas obras y que Vd. ha sido puesto en primer lugar como era
debido; por consiguiente de esperar es que sea Vd. reelegido o repuesto para
este cargo. De ello nos alegramos en alto grado y le doy anticipadamente la
enhorabuena”. Carta de Gavino Zuneda, Secretario capitular, dirigida a Juan de
Madrazo. León, 18 de enero de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia
particular. El nombramiento de Juan de Madrazo no debió de ser, sin embargo,
excesivamente claro: según relata Andrés Hernández Callejo, José Amador de los
Ríos, miembro de la Comisión que informó sobre la actividad de Callejo, “sólo
pudo tener influencia en la corporación para que su señor hermano –Demetrio de
los Ríos– ocupase el tercer lugar”. Según el mismo Callejo, parece que José A.
de los Ríos luchó en contra de Juan de Madrazo ante el Ministerio de Gracia y
Justicia, pero en estos momentos, después de la Revolución de septiembre de
1868, Juan de Madrazo parecía tener una sólida posición en el Ministerio. Por
eso, concluye Callejo, “sin la Revolución, el hermano del señor Amador de los
Ríos hubiera sido el favorecido, y completo el triunfo del autor de celebre
informe” (Andrés HERNÁNDEZ CALLEJO, Defensa... p. 56). Estas arriesgadas
declaraciones de Callejo no carecen de fundamento si consideramos el compromiso
ideológico que unía a Juan de Madrazo con la Revolución de septiembre,
claramente opuesto al carácter evidentemente “conservador” de Demetrio de los
Ríos que hablaba años después del “desbarajuste revolucionario y males infinitos
que sobre España cayeron” al referirse al proceso abierto con la Revolución de
1868; y ello pese a los elogios dedicados a la figura de Juan de Madrazo en su
monografía de la catedral de León, pronunciados, sin embargo, una vez fallecido
ya su antecesor.
5
Véase Pedro NAVASCUÉS PALACIO, “Juan de Madrazo”, Los Madrazo: una familia de
artistas; Catálogo. Madrid, 1985. Sin embargo, como indican Javier Hernando y
Antonio Reguera, “Juan de Madrazo no participó de una manera tan directa en esos
ámbitos oficiales artísticos, y su voz no tendrá la repercusión que tuvieron las
de sus hermanos Federico y Pedro”, Javier HERNANDO y Antonio T. REGUERA Reforma
Urbana Liberal. El informe de Juan de Madrazo sobre León. León, 1987; cap. 3;
pp. 36-40.
6 Ya hemos apuntado la importancia que tuvo esta renovación
institucional de la
década de 1840 para la estimación del patrimonio medieval en España; véase
cap. III.
7 Sin embargo, es significativo como a partir de la dirección facultativa de
Juan de Madrazo, cuando el expediente de restauración pasó a depender de
Construcciones Civiles, la Academia compartió estas funciones de consulta con la
Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que, como órgano de ingenieros, tendrá un peso cada vez
más considerable en la comprobación de los cálculos estáticos referentes a la “construcción” de la restauración,
prueba del nuevo signo “cientifico” que adopta la restauración de la catedral
Leonesa, como
estudio de estructuras en equilibrio activo, propias del sistema constructivo
gótico, y no solamente como aspecto puramente formal o visual de la
restauración. Los requerimientos estrictamente constructivos, como reflexión de
los tipos estructurales que intervienen en el edificio gótico y sus relaciones,
será, como veremos a lo largo de este capítulo, la nueva perspectiva que
incorpore Juan de Madrazo, que sumerge la restauración de la catedral de León en
un interesante modelo teorético de estudio sobre el funcionamiento mecánico,
estrictamente constructivo, del edificio gótico, donde el aspecto formal es
considerado como el resultado lógico e indisoluble de la construcción gótica.
8 Con este término designaba el autor
romántico Eugenio de Ochoa a aquellos
“para quien todo está dicho y hecho, o por mejor decir, lo estaba ya en tiempos
de Aristóteles”. Eugenio de OCHOA, “Un romántico”. El Artista. Madrid, 1835; vol. 1; p. 36.
9 Si bien, como he
señalado repetidas veces, el “clasicismo renovado”, con una fuerte carga
academicista dentro de la pura ortodoxia del corpus teórico clásico, fue una
nota dominante en la doctrina arquitectónica en España durante el siglo XIX:
reflexiones “racionalistas” o “constructivo-funcionales”, como las realizadas
por Juan de Madrazo en la interpretación del mecanismo gótico, fueron
incorporadas y subsumidas en esta ortodoxia clásica sin demasiados problemas,
una vez eliminados sus componentes “subversivos”; Demetrio de los Ríos será un
exponente claro de esta situación. Sin embargo, creo que algunas de estas
reflexiones formuladas en contacto directo con la arquitectura medieval
supondrían un soporte reflexivo fundamental para otras corrientes renovadoras
como el modernismo.
10 Aunque el camino
venía trazado por las primeras exégesis románticas y las
iniciales actividades de arquitectos “académicos” como Peyronnet, Pascual y
Colomer o Aníbal Álvarez o, incluso, el propio Matías Laviña; véase cap. III.
11 Realizar un balance acertado sobre la influencia real que tuvo la fundación de
la Escuela para el desarrollo y renovación de la arquitectura de la segunda
mitad del siglo es bastante difícil. Pedro NAVASCUÉS atribuye a la Escuela un
importante papel en la formación de los arquitectos a través de la renovación
pedagógica de los nuevos planes de estudio, (Arquitectura y arquitectos
madrileños del siglo XIX, Madrid, 1973 y “La creación de la Escuela de
Arquitectura” en Historia de la arquitectura del neoclasicismo al modernismo,
pp. 49-51, Madrid, 1987). Sin embargo, esta importancia es matizada por Antonio BONET cuando afirma que
“pese a la inclusión en los programas de las ciencias
matemáticas, el espíritu de la Escuela parece ser que, en un primer momento, se
mantuvo muy académico” (La polémica ingenieros arquitectos en España. Siglo XIX.
Madrid, 1985; p. 28). En el balance de la cuestión, Javier HERNANDO viene a
afirmar que, pese a una “cierta vocación científica” (...), “los arquitectos
reivindicarán su adscripción a las bellas artes, otorgando a los ingenieros el
cientificismo de las disciplinas constructivas”, por lo que este autor centra la
aportación fundamental de la creación de la Escuela para la enseñanza de la
arquitectura en “la apertura decidida hacia el historicismo”. (“La Escuela de
Arquitectura y la renovación pedagógica”, en Arquitectura en España. 1770-1900,
Madrid, 1989).
12 Demetrio de los
Ríos se refería a la común formación recibida junto a Juan de Madrazo en la Escuela de Arquitectura, haciendo resaltar las
enseñanzas y el
estudio de los monumentos recibidos a través de Antonio Zabaleta, cuando
recordaba “las expediciones artísticas que, guiados por el Catedrático D.
Antonio Zabaleta, hicimos a Toledo, donde arraigó nuestro amor a los monumentos,
para sacrificarnos a ellos”. Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II.
p. 76).
13
Para algunos aspectos de esta cuestión, véase Est. Intr.
14
Antonio ZABALETA, “Sobre el estado actual de la Arquitectura en Francia”.
Boletín Español de Arquitectura. t. I, pp. 66-68, 74-76, 81-83 y 89-91. Madrid,
1846. Los artículos continuaron en la serie titulada, “Aplicación del arte
antiguo al moderno. Sistemas opuestos. La Academia, la Escuela gótica, y los
eclécticos de Francia”. El Renacimiento. t. I, pp. 3-6. Madrid, 1847. Sin embargo,
como indica Ángel Isac, la posición particular de Zabaleta se oponía al
“exclusivismo” de los “neogóticos” franceses, pues, “se trataba, en definitiva,
de aquella teorización del eclecticismo (...) que se identificaba con el
espíritu de tolerancia, la lucha contra el exclusivismo, y la adaptabilidad de
cualquier estilo del pasado a los programas de la arquitectura contemporánea”,
Ángel ISAC, Eclecticismo y pensamiento arquitectónico en España, p. 141.
Granada, 1987. Esta posición ecléctica, contraria a cualquier tipo de
exclusivismo estilístico y asegurándose el control del proyecto con criterios compositivos y
teóricos extraídos de la doctrina clásica, fue de hecho el pensamiento dominante
en el panorama arquitectónico de la segunda mitad del siglo, y prueba de ello es
la actividad de un arquitecto como Demetrio de los Ríos, ejemplo claro de la
versatilidad del arquitecto ecléctico, capaz de proyectar e intervenir en
cualquiera de los diferentes estilos históricos, aunque sin perder nunca de
vista el sentido “unitario” de la doctrina clásica (véase VI, 1). Juan de Madrazo, también
perfecto conocedor de los distintos sistemas constructivos, sin embargo, estará
más preocupado por extraer principios constructivos del estudio de la
arquitectura del pasado y, por tanto, más cercano a los intentos renovadores de
la arquitectura enunciados por los “racionalistas neogóticos”. Si como opción
arquitectónica el “neomedievalismo racionalista” de un Viollet-le-Duc era
polémico, como “método” de restauración arquitectónica fue plenamente asumido
por la Academia hasta finales de siglo, como vimos al pronunciarse en 1865 por
medio de tres de sus más influyentes arquitectos sobre la gestión de Laviña en
la catedral de León. También se incorporó rápidamente como procedimiento de
estudio de la arquitectura medieval, como se puede observar en la obra de José
Caveda que en 1848 hablaba de la arquitectura de la Edad Media como un
“sistema”, tomando conceptos derivados de las investigaciones francesas. José CAVEDA Y NAVA.
Ensayo...
15 El recorrido histórico en busca de modelos para la arquitectura se ampliaba
especialmente con la espectacular apertura hacia los estilos medievales, aunque,
como vimos, no todos los estilos del pasado se colocaron en un plano de igualdad
en estas estimaciones históricas. Véase cap. I.
16 De hecho, fue frecuente que en los numerosos
artículos que se dedicaron a
revisar la actividad profesional de Madrazo se le vinculara y comparara con la
figura de Viollet-le-Duc por la similitud de planteamientos y concepción
arquitectónica que presentan los dos arquitectos.
17 La relación de las obras de Juan de Madrazo es consignada por Demetrio de los
Ríos en su monografía sobre La Catedral de León (t. II, pp. 186-187), así
como también puede consultarse en los artículos que le dedicó la prensa con
motivo de su muerte y también a propósito de la concesión póstuma de la Medalla
de oro del Premio Nacional de Bellas Artes de 1881 (véase V, 6). Otro articulo
que resume su actividad como arquitecto fue el que redactó en el año 1900, fecha
del vigésimo aniversario de la muerte de Madrazo, el también arquitecto Luis Mª
CABELLO LAPIEDRA, “D. Juan de Madrazo y Kunz”, publicado en la sección “Galería de
Arquitectos ilustres” de la revista Arquitectura y Construcción. Barcelona, 8 de
marzo de 1900; n° 73; pp. 65-68.
18 El promotor de esta reforma fue Edward Oliver Mamby, a quien Madrazo
había
tratado durante su estancia en Inglaterra, donde conoceria a la que seria su
mujer, Margarite Tewart. Pedro NAVASCUÉS, “Proyectos del siglo XIX para la
reforma urbana de la Puerta del Sol”. Villa de Madrid. Madrid, 1968; nº 25,
pp. 648-681.
19
Este informe, fechado en 1871, lo realiza Madrazo en sus primeros años de
estancia en León ante la detención de las obras de restauración debido a los
problemas presupuesta Ríos desde el año 1868 (V, 2). Un interesante estudio de
este informe de Madrazo ha sido realizado por Javier HERNANDO y Antonio T.
REGUERA, Reforma Urbana Liberal e Infraestructura de Saneamiento: El informe de
Juan de Madrazo sobre León. León, 1987.
20 Javier HERNANDO CARRASCO,
“Los neomedievalismos como opción racionalista”, en
Arquitectura en España... p. 230.
21
Véase V, 3. Aplicar esta estricta distinción de las partes constructivas del
edificio gótico entre activas o estructura y neutras o de cerramiento, es una
división que fue posteriormente criticada, pero que abrió en gran medida el
camino para el moderno entendimiento de la arquitectura en términos de
estructuras.
22 Como hemos visto, (cap. I) el
“funcionalismo estructural” atribuido a la
catedral gótica, tornado como criterio para la crítica estética del edificio,
justificaba la demolición de ciertos elementos “ociosos o de puro ornato” de la
Catedral, y a la vez será el principio que determine la imagen constructiva y
estética del edificio tras la restauración, tanto en sus disposiciones
exteriores como interiores.
22 Como ya ha sido señalado, esta detención de las obras de restauración
posibilitó que Madrazo dispusiera de tiempo suficiente para dedicarse a otras
actividades; el informe sobre la situación de la infraestructura higiénica de la
ciudad de León, la Farmacia de Domingo Merino, el plan de restauración de la
torre de San Isidoro, un proyecto de fechada y obras en el Hospital de León,
junto a otro proyecto de ventilación y calefacción del casino Leones, forman
parte de estos trabajos que realizó el arquitecto durante sus primeros años de
estancia en León, hasta que comenzó a
elaborar los extensos proyectos de restauración de la Catedral.
24
Así le informaba el Obispo Calixto a Juan de Madrazo en carta del 21 de abril
de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular.
25
Demetrio de los Ríos consideraba esta escasez presupuestaria directamente
derivada de la inestabilidad política que se abrió con la revolución de
septiembre 1868: “el desbarajuste revolucionario, las guerras civiles, los males
infinitos que sobre España cayeron, –decía Ríos– no eran concausas las más
felices para atender ni al Arte, ni a las Catedrales tan necesitadas de eficaces
recursos como la de León”. Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II.
p. 79.
26
“Lo que se debe por anticipado y lo mal empleado por Callejo importa más de
la mitad, (...) pero lo importante es mover y continuar la ejecución de las
obras hasta cubrir, que después el tiempo dirá lo que haya de hacerse”. Carta
del obispo Calixto a Juan de Madrazo. León, 15 de marzo de 1869. A.C.L.,
C. Memorias y correspondencia particular.
27
Especialmente activa debió de ser la labor realizada por el diputado Ruperto
Fernández Cuevas que manifestó en varias ocasiones su interés por las obras de restauración (Cartas de Gavino Zuñeda a Juan de Madrazo.
León, 4 de octubre de
1869 y 7 de enero de 1870. A.C.L. ibídem), y de Santiago Franco Alonso,
según refiere Demetrio de los Ríos, citando un informe de Madrazo (La Catedral de
León, t. II, p. 78).
28
Informe de la Dirección facultativa de las obras de restauración dirigido al
Cabildo de la catedral de León. Madrid, 25 de enero de 1870. A.G.A. (E. y C.),
C.8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1.
29 Este informe de enero de 1870 estaba destinado a que el Cabildo, como
encargado de la gestión administrativa de las obras, promoviera cerca del
Ministerio de Gracia y Justicia la recaudación de fondos para proseguir los
trabajos, toda vez que Madrazo indicaba que su “posición, puramente facultativa,
es ajena a toda gestión oficial para procurar fondos con que seguir con los
trabajos de restauración; las repercusiones de la cuestión administrativa son
analizadas más adelante; véase V, 5.
30
Solicitud del Cabildo de la Catedral de León al Regente del Reino. León, 22
de febrero de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8053, Lg. 8841, Exp. n° l. En esta
petición
de fondos se afirmaba que correspondientes al presupuesto de 1868-1869, “se
libraron 30.000 escudos, pero esta cantidad no alcanza a satisfacer servicios ya
realizados y empréstitos para ellos bajo la garantía del difunto Prelado y de
este Cabildo, a reintegrar cuando se recauden estos fondos”.
31
Informe de la Dirección facultativa de las obras de restauración de la
Catedral de León dirigido al Ministro de Gracia y Justicia. Madrid, 29 de marzo
de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8.054, Lg. 8.842.
32
Para estas obras se emplearon más de 400 sillares equivalentes a 80 metros
cúbicos de fábrica de sillería. Informe de 18 de julio de 1871, citado por
Demetrio de los Ríos, La Catedral de León, t. II, p. 77.
33 El botarel se realizó por el sistema de contrata que se adjudicó el 30 de
abril de 1870 al cantero Alberto Lois. Este estribo comprendía 43 metros cúbicos
de piedra y para su construcción se empleó piedra de Boñar y sillares
almacenados en los depósitos de las obras (Adjudicación por contrata de la
construcción del botarel oeste del brazo sur del crucero. Año 1870. A.C.L., C.
Proyectos y obras ejecutadas, II).
34
Vicario capitular, Deán y Cabildo al Regente del Reino. León, 27 de octubre
de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1. (copia en el A.C.L., C.
Comunicaciones del Cabildo al Gobierno). Dos días después, el 29 de octubre, se
dirigía el Cabildo a los Diputados a Cortes por la provincia de León. A.C.L., C.
Comunicaciones del Cabildo al Gobierno (copia).
35
Comunicación de los Senadores por la provincia de León dirigida al Deán y
Cabildo de la catedral de León. Madrid, 5 de mayo de 1870. Firmada por Antonio
Cardeño, Fernando de Castro, J. Soto Vega y Felipe J. Llamazares. A.C.L., C.
Comunicaciones del Cabildo al Gobierno.
36
Relación de Juan de Madrazo de 18 de Julio de 1871. (Citada por Demetrio de
los RÍOS, La Catedral de León, t. II, p. 77), y Citación del cantero Alberto Lois
para recibir la piedra procedente de las canteras de Burgos, A.C.L., C.
Proyectos y obras ejecutadas, II.
37
Traslado de la comunicación y presupuesto de la Dirección facultativa de las
obras de restauración de la catedral de León. Comunicación del Gobierno
eclesiástico del Obispado de León al Ministro de Gracia y Justicia. León, 13
de noviembre de 1872. (Presupuesto fechado en León a 9 de noviembre de 1872).
A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1. Este presupuesto, con una
cantidad estimada de 325.753 pesetas, comprendía los materiales y trabajos de
encimbrado de la bóveda central del crucero y colindantes del brazo sur,
presbiterio, nave, brazo norte y tres bóvedas bajas en las colaterales, el apeo
y reedificación de la pila total sudeste, la piedra toba necesaria para la
reconstrucción de las bóvedas, la sillería para la reedificación del brazo sur
del crucero, pararrayos y restauración de las vidrieras de este brazo, es decir,
los trabajos que se presentaran individualizados en los proyectos posteriores.
Por otra pare, en la comunicación que adjuntaba, Madrazo calificaba estas obras
como “las de mayor urgencia”, aunque también preveía los futuros trabajos, “de
importancia relativamente secundaria”, (reconstrucción del hastial occidental,
reparaciones de la torre de las campanas y reforma general de todas las
armaduras de cubierta), así como “otras obras de complemento, necesarias en caso
de que se trate de devolver a este magnifico templo aquella pureza con que fue
ideado por sus constructores del siglo XIII”, (limpieza de los muros interiores,
restauración de vidrieras y pavimentación). Es decir, en esta sumaria relación
ya se encuentra esbozado todo el plan de restauraciones que se ejecutara en los
siguientes decenios hasta la reapertura del templo al culto.
38
Oficio del Ministerio de Fomento dirigido al Director General de Obras
Publicas. Madrid, 9 de mayo de 1873. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841,
Exp. n° l. Al mismo tiempo, se daba la autorización para realizar un gasto de
8.000 pesetas mensuales para los meses de mayo y junio y se reclamaba a la
dirección de las obras la presentación de los documentos para las subastas y los
antecedentes facultativos y de contabilidad.
39 Esta dependencia de la Sección de Construcciones Civiles de la Dirección
de Obras Publicas es sumamente significativa de la progresiva “secularización” de
los trabajos de restauración; la trascendencia ideológica de esta decisión es
comentada más adelante, V, 5.
40
Informe de la Dirección Facultativa dirigido al Director General de Obras
Públicas. León, 28 de abril de 1873. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841,
Exp. n° l. Con la misma fecha solicitaba Madrazo al Director General de Obras
Publicas la aprobación de la nueva plantilla, donde incluía la propuesta del
cargo de Auxiliar de Arquitecto para la elaboración de planos, presupuestos,
pliegos de condiciones y subastas. Los cargos se aprobaron por Oficio del
Ministerio de Fomento, con fecha 9 de mayo de 1873,.en que al tiempo que se
confirmaba a Juan de Madrazo como Director de las obras de restauración de la
catedral de León, se nombraba a Felipe Gómez Ortega Ayudante Auxiliar de las
mismas.
41 Para estos trabajos de encimbrado en las
bóvedas del presbiterio se empleó
una cantidad de 15.694,88 pesetas que se invirtió durante el año económico de
1872-1873. Demetrio de los RÍOS, Cuadro resumen de Los gastos ejecutados entre
1872 y 1882. A.C.L., Proyectos y obras ejecutadas II.
42
Véase en este mismo capítulo el apartado dedicado al “Proceso de construcción
del encimbrado, (1876-1881)”.
43 A esta
reunión del 10 de noviembre de 1875 convocada por el Obispo acudieron
más de doscientas personas y, según se recoge en la prensa local, se llegó al
acuerdo de designar una Junta Central nominadora de otras varias que estaría
presidida por el Obispo y compuesta de ocho vocales, cuatro capitulares y cuatro
laicos, los primeros nombrados directamente por el Obispo y los segundos
designados por la Diputación Provincial, Ayuntamiento, Comisión Provincial de
Monumentos y Sociedad Económica. El día 4 de diciembre se dio a conocer la
composición final de la Junta General, que quedó definitivamente presidida por
el Obispo Saturnino Fernández, con la vicepresidencia del Deán José de Colsa y
Pando y actuando como Secretario Andrés Díez Pescetto, Canónigo Doctoral. Al
mismo tiempo se formaron la distintas comisiones para gestionar la suscripción y
redactar las circulares, con la siguiente división de atribuciones: comisión
para gestionar la recaudación de fondos cerca del Gobierno de S. M., para
dirigirse a la prensa nacional y extranjera, comisión encargada de la
suscripción nacional y extranjera, para la suscripción diocesana y provincial,
comisión para la redacción de circulares, para la suscripción en ultramar y una
comisión especial denominada de “Hacienda”, para custodiar los fondos y nombrada
por la Junta de Obras de restauración. El Porvenir de León, n° 1256, 13 de noviembre de 1875 y n° 1262, 4 de
diciembre de 1875.
44 Las circulares
tenían fecha de 25 de enero de 1876 y estaban firmadas por las
máximas autoridades religiosas, civiles y militares de León, es decir, por el
Obispo, Saturnino Fernández de Castro, el Gobernador civil, Nicolás Carreras, el
Gobernador Militar, Joaquín de Souza, el Presidente de la Diputación, Marqués de Montevirgen, el
Deán de la Catedral, José de Souza y Pando, el Alcalde de León,
Antonio S. Chicarro, el Juez de Primera instancia, Francisco Vicente Escolano,
por acuerdo y autorización de la Junta General, según firmaba el Doctoral
secretario, Andrés D. Pescello.
45 Juicio pericial de las obras de
restauración que es indispensable ejecutar a
la mayor brevedad en el edificio-catedral de León para prevenir la ruina que
está amenazando y asegurar su estabilidad, emitido en 3 de diciembre de 1875, a
Instancias del Prelado Diocesano, por el arquitecto D. Juan de Madrazo, Director
facultativo
de dichas obras por nombramiento de S.M. a propuesta de la Real Academia de
Bellas Artes.
46
Oficio del Director General de Construcciones Civiles dirigido al Presidente de
la Junta de Obras de la catedral de León. Madrid, 30 de mayo de 1876. A.G.A. (E.
y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp n° l. (copia). El motivo inmediato que provocó
esta consulta sobre la suscripción pública fue el desconocimiento oficial de la
misma hasta que Juan de Madrazo presentó ante el Ministerio de Fomento una
solicitud con fecha 19 de mayo de 1876 para trasladarse a Madrid con objeto de
redactar y publicar una memoria para allegar recursos con destino a las obras de
restauración.
47 Informe del Obispo de
León, Presidente de la Junta de Obras, dirigido al
Director de Obras Publicas. León, 19 de julio de 1876. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053. Lg. 8.841, Exp. n° l.
48 El fracaso de los grandes proyectos
“neomedievales” y “neocatólicos”,
concebidos como símbolos ideológicos aglutinantes de las aspiraciones teocráticas de integrar al conjunto de las
clases sociales, son el ejemplo claro de la
incapacidad de evitar la disgregación social y la división de clases que imponía
el pujante capitalismo industrial; las “catedrales neo-góticas” actuaron como un
símbolo ideológico
importante durante el siglo XIX. Véase, V. 5.
49 Juan de MADRAZO,
Informe de 23 de marzo de 1870. Véase el plan de Hernández
Callejo que representa el estado de la fechada meridional el 28 de junio de 1868, cap. IV.
50
Los trabajos auxiliares de carpintería los divide en dos tipos, “carpintería de
armas”, consistentes en apeos, castillejos y andamiajes” y en “carpintería de taller”, es decir,
elaboración de “plantillas, escantillones y
maderos”. Informe de 28 de abril de 1873.
51 Estos trabajos de
“restauración” en un principio, según dice Madrazo, se
limitarían a las obras de “cantena”, “lisa, moldada o de talla”, pero ya señala
que según avanzaran los trabajos habrían de extenderse a “otros ramos, como
armaduras de cubierta, emplomados, herrería artística, vidrieras de colores,
ebanistería, mármoles,
bronces, etcétera”. Informe de 28 de abril de 1873.
52 Como indica Louis Grodecki,
es precisamente este “método” de pensamiento y de
razonamiento estrictamente arquitectónico lo que constituye el fondo y el
interés actual de las teorías de Viollet-le-Duc, mas allá de sus tesis
históricas, “visiblemente insuficientes y que no se han mantenido vigentes”.
Louis GRODECKI, “Viollet-le-Duc et sa concepción de l’architecture gotique”. A.C.I. pp. 115-126.
53
Véase Est. Intr.
54
El concepto de “forma” arquitectónica, como apariencia visible, queda relegado a
un puesto secundario en el conjunto de la teoría arquitectónica de Viollet-le-Duc:
“La belleza, en un arte todo acuerdo y razonamiento, no aparece
doblegada eternamente a una Bola forma: puede siempre residir allí donde la
forma no es más que la expresión de la necesidad satisíecha, del judicioso empleo de la materia dada”. Eugéne VIOLLET-LE-DUC.
“Construcción". Dict. rais. Integrado en el método de análisis arquitectónico de Viollet-le-Duc, la forma arquitectónica parece comportar, en su
descomposición
por medio de una serie de deducciones lógicas, tres componentes en los que se
subsume el concepto de forma, como indica Bernard Thaon: la “forma
organizadora”, subyacente y equiparable a la estructura, la “forma visible” o
apariencia, y la “forma superficial”, Asímilable a la decoración u
ornamentación. Entre estas tres Instancias del desarrollo conceptual de un mismo
término se estableceía una red de relaciones en el organismo arquitectónico: la
apariencia, la envoltura, se crea sobre una estructura, y la decoración, que
viene a apoyar la apariencia, explica la estructura; (Bernard THAON, “Viollet-le-Duc, pensée scientifique et pensée
architecturale”. A.C.I. pp. 131-142).
55 Eugéne VIOLLET-LE-DUC.
“Restauration”. Dict. rais.
56 E. VIOLLET-LE-DUC.
ibídem.
57 La arquitectura del siglo XIII
–llegó a decir Viollet-le-Duc– es más todavía quizás una ciencia que un arte, y una ciencia tan positiva como la
geometría”. Eugéne VIOLLET-LE-DUC. “Entretiens et restauration des cathédrales de France”,
Révue Générale de l’Architecture. París, 1851.
58 Geer BEKAERT,
“Introduction”. Entretiens sur l’architecture de Viollet-le-Duc.
París, 1986. p. IX.
59
Giulio Carlo ARGAN, II Revival. Milano, 1974; ed. española, El pasado en el
presente. Barcelona, 1977. “Introduction”. p. 19.
60 En este sentido, y en el contexto ya mencionado expresado por Louis Grodecki,
también para Giulio C. Argan el interés actual que presenta la obra de
Viollet-le-Duc y de sus epígonos reside en la creación de un “método”, que
supone “el primer planteamiento del problema de la arquitectura realizado en
términos de lingüística constructiva”, toda vez que distingue previamente, “el
problema especifico del arte, en tanto que sistema operativo del problema
estético en general”, distinción esta que le incluye en la línea teórica de los
grandes “racionalistas utópicos” del siglo XVIII. La conclusión de Argan es
clara: “podemos afirmar que no es el aspecto estilístico sino el criterio
metodológico (fundamentalmente historicista) de Viollet-le-Duc lo que llega a
losertarse (...) en la problemática de la arquitectura del siglo XX”. (Giulio
Carlo ARGAN, El revival... p. 19).
61 El problema del estilo fue el tema clave de buena parte de las especulaciones
teóricas de los arquitectos del siglo XIX. La idea de “estilo” tal como aparece
formulada por Viollet-le-Duc no implicaba solamente la descripción
clasificatoria de las obras de arte, sino también una idea de principio y de
valor. Esta doble noción del “estilo” es recogida claramente por Viollet-le-Duc:
“los estilos son las características que permiten distinguir las escuelas, las
épocas” y “estilo” como “la manifestación de un ideal establecido sobre un
principio” (Eugéne VIOLLET-LE-DUC, “Style”. Dict. rais p. 474). La arquitectura
gótica es la encarnación perfecta de esta última acepción o “style absolu”:
“porque la forma dada a la arquitectura no es más que la consecuencia rigurosa
de los principios de la estructura, que procede de los materiales que se deben
emplear, de la manera de ponerlos en obra, de los programas a los que debe
satisfacer, de una deducción lógica del conjunto a los detalles, semejante a la
que se observa en el orden de las cosas creadas”. Recuperar el “estilo” de la
catedral de León era recuperar esta acepción del término.
62 Si bien hay que precisar que la adopción durante la Edad
Media de un nuevo
principio constructivo es explicada por Viollet-le-Duc como un complejo proceso
en el que influyeron varias causas que se interrelacionan mutuamente, pues el
principio de elasticidad que sustituye al romano de equilibrio absoluto surge
como la imposibilidad de utilizar los materiales resistentes empleados por los
romanos; en último término, esto es debido a la distinta organización social y
política de ambos periodos históricos. Es decir, en su esquema de argumentación
histórica laten los modelos de explicación deterministas –determinismo del medio
y de las nacionalidades– tan desarrollados en la historiografía francesa del momento.
63 Eugéne VIOLLET-LE-DUC.
“Restauration”. Dic. rais.
64 Juan de MADRAZO,
Informe
de 23 de marzo de 1870.
65 Juan de MADRAZO,
Informe de 28 de abril de 1873.
66
ibídem.
67 Eugéne VIOLLET-LE-DUC,
“Construcción”. Dict. rais.
68 Juan de MADRAZO,
Informe de 28 de abril de 1873.
69 A partir del exhaustivo estudio realizado por Juan de Madrazo de las
condiciones estructurales de la catedral gótica al proyectar su encimbrado, fue
frecuente que los proyectos de consolidación estructural comenzara con una
exposición de estos principios de “equilibrio activo” de la construcción
medieval para proponer en consecuencia la restauración precisa.
70
Este carácter necesariamente provisional del impresionante y meditado entresijo
de maderas que componían el encimbrado fue lamentado por Demetrio de los Ríos,
que, en su proyecto de restauraciones parciales de 1885, decía que era “de
desear que para perpetua recordación de una obra tan aplaudida y meritoria se
conservase armado en cualquier lugar que la Superioridad eligiese alguno o
varios tipos característicos y principales de tan estudiada carpintería”; esta
proposición la repitió literalmente en su monografía póstuma sobre la catedral
de León, a la que añadió como ejemplos la reproducción gráfica de unos modelos
de encimbrado de bóveda y de apeo ejecutados por él mismo una vez que ya habían
sido desmontadas las cimbras, y que podrían ser utilizados como material
didáctico, “si se crea una Cátedra de Conservación y Restauración de Monumentos
Arquitectónicos en la Escuela Superior”, por las enseñanzas que del encimbrado
podrían extraerse para el conocimiento y aplicación de los medios de construcción
góticos (Demetrio de los RÍOS. La Catedral de León. t. II; p. 89).
71 Juan de MADRAZO,
Proyecto de encimbrado de las bóvedas altas de la Catedral
de León. Doc. 2°, “pianos”. León, 28 de enero de 1874. A.G.A. (E. y C.),
C. 8.062, Lg. 8.847, Exp. n° 2. (Una copia de la hoja 2, “Corte longitudinal” y
otra de la 4ª, “Pormenores de ejecución”, se encuentran en el A.C.L., rollos sin
catalogar).
72 Demetrio de los
RÍOS,
Proyecto de encimbrado de la bóveda alta del ábside,
adicional al de la nave principal del oeste. León, 6 de abril de 1880. A.G.A.
(E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.846, Exp. n° 4/3.
73
José ARTOLA Y FONTELA y Luis PATINO Y MESA, “La Catedral de León”. Memorial de
Ingenieros del Ejercito. Madrid, 15 de abril de 1883, n° VIII, pp. 57-59; 1 de
mayo de 1883, n° IX, pp. 65-67; 15 de mayo de 1883, n° X, pp. 75-77, y 1 de julio
de 1883; n° XIII, pp. 100-102.
74 Juan de MADRAZO,
Proyecto de encimbrado de las bóvedas altas de la Catedral
de León. Doc. n° l, “Memoria descriptiva”. León, 28 de enero de 1874. (El
proyecto se completa con los planos, ya mencionados, el pliego de condiciones
facultativas –doc. n° 3– y el presupuesto –doc. n° 4–). A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847, Exp. 2. Este proyecto, a consecuencia del informe emitido por la Junta
Consultiva de Caminos Canales y Puertos, hubo de ser completado por Madrazo con
la realización de los Cálculos referentes a la Memoria descriptiva del Proyecto
de encimbrado para las bóvedas altas, fechados en León a 18 de macro de 1875;
estos cálculos se acompañaban de dos láminas, la primera, referente a los
cálculos de resistencia del arco toral del norte, y la segunda, que mostraba
gráficamente los cálculos de resistencia del castillejo central para la
elevación de los materiales y sostenimiento de las cimbras superiores. A.G.A.
(E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847.
75 Juan Bautista
LÁZARO, “La Catedral de León”. Segunda conferencia explicada el
9 de mayo de 1884. A.D.C.I. Madrid, 25 de julio de 1886; n° 14; año XI;
pp. 209-212. La descripción de Lázaro también venía acompañada de una serie de
reproducciones esquemáticas de los principales tipos de cimbra empleados por
Juan de Madrazo.
76
Para un conocimiento detallado de los pormenores del encimbrado, aparte de los
planos aquí presentados, se pueden consultar el resto de las fuentes
documentales citadas a lo largo de estas páginas, y muy especialmente la
“Memoria” del proyecto de encimbrado de 1874, en donde Madrazo realiza una
descripción completa y pormenorizada de todos los tipos de carpinterías
utilizados.
77 Eugéne VIOLLET-LE-DUC,
78 Eugène VIOLLET-LE-DUC,
ibídem.
79
Para los racionalistas neogóticos la deducción de la totalidad del sistema
constructivo en función de las bóvedas era el método de razonamiento óptimo para
la proyección de cualquier tipo de edificio, toda vez que hacía derivar la
totalidad arquitectónica de la resolución de la primera y más primaria necesidad
funcional que debe resolver una construcción, como es aislar un determinado
volumen del exterior. Así lo indicaba Viollet-le-Duc comentando la estricta
racionalidad del método de proyecto gótico, resultado de la coherente solución
de esta necesidad funcional primaria: “¿Qué se desea cuando se construye un
edificio abovedado? Cubrir una superficie. ¿Cuál es el propósito que se pretende
conseguir? Establecer bóvedas sobre puntos de apoyo. ¿Cuál es el objeto
principal? La bóveda. Los puntos de apoyo no son más que los medios”.
(“Construcción”). Es en este “método de razonamiento deductivo” en el que
Viollet-le-Duc fundamenta su “revival neogótico”. La perduración del principio y
del procedimiento supera su carácter histórico, como plena aplicación del método
de proyecto en la época gótica, para convertirse en un principio válido para
cualquier arquitectura que pretenda ser “lógica”. El problema básico de la
arquitectura es crear un espacio interior, (y aquí los ecos de la “cabaña
primitiva” de Laugier y de las ideas de los revoluciona Ríos iluministas son
evidentes), con lo que el problema de la arquitectura es ante todo para Viollet
un problema de pura construcción que encontró solucionado en su máxima
racionalidad en la arquitectura gótica (y aquí es donde se separa de los
“revoluciona Ríos” del siglo XVIII, al establecer el problema de la arquitectura
plenamente sumergido en la historia). Para el arquitecto francés el
requerimiento de crear el más amplio espacio cubierto posible era la principal
preocupación que se planteaba a la arquitectura moderna para satisfacer las
necesidades de la nueva sociedad industrial: “El carácter general de la
arquitectura moderna es la amplitud. Ninguna civilización ha necesitado más que
la nuestra cubrir vastas superficies”, y precisa, “bien entendido que no
hablamos aquí más que de la dimensión utilizable” (VIOLLET-LE-DUC, “Caractère de
l’architecture gothique”. Gazette des architectes et du bâtiment, extrait de
XIIIème des Entretiens sur l’architecture. París, 1868-1869; t. IV, n° 14). La
renovación de la arquitectura moderna debía realizarse a través de la solución “verdadera” del programa constructivo por el arquitecto:
“Ser verdadero según el programa significa –decía Viollet– cumplir exacta y simplemente las condiciones
impuestas por la necesidad” (Eugène VIOLLET-LE-DUC, Entretiens sur
l’architecture. t. I; p. 451). La principal necesidad de la sociedad moderna era
conseguir espacios amplios y despejados. Las catedrales góticas habían abierto
el camino en este sentido con sus amplias naves abovedadas. No se trataba por
consiguiente de recuperar las formas de éstas, sino de aplicar, desarrollar y
adaptar sus principios a las necesidades contemporáneas. La racional solución a
estos requerimientos traeria consigo una arquitectura propia y peculiar del su
momento, una arquitectura con “carácter” propio. Los intentos experimentales de
buscar esta nueva arquitectura, racional, con los espacios amplios Y despejados
requeridos por las nuevas funciones sociales, se pueden comprobar en las
planchas de los Entretiens sur l’architecture, donde la bóveda define el
proyecto a través del método de razonamiento señalado. (por ejemplo, véanse Entretiens, planches XIX, XXI, XXII y XXV
–“voûtes en fer”– y XXVI).
80 Según
denominación de Eugène VIOLLET-LE-DUC, “Construcción”.
81
La atribución de una función constructiva a los nervios de la bóveda de crucería gótica como razón de ser de los mismos y como principio de explicación
del sistema gótico es llevada a su máxima expresión por E. Violletle-Duc. Sin
embargo, sin alcanzar el carácter profundo y sistemático que encontramos en los
análisis del Viollet-leDuc o del propio Juan de Madrazo, se pueden rastrear con
anterioridad a la formulación de estas teorías un cierto número de antecedentes
o precursores en esta temática. Desde el periodo medieval se puede documentar un
interés por esta cuestión en el abad SUGER, que en su De Consecratione, ofrece
la descripción implícita del sistema constructivo gótico que testimonia un
cierto conocimiento, al menos hipotético, del funcionamiento de la estructura de
la iglesia gótica donde el empuje de las bóvedas se equilibra con el
contrarresto de los arbotantes; en un mismo sentido
puede citarse, a finales del siglo XII, al monje GERVAIS DE CANTERBURY, que
ofrece una clara distinción entre los principios de la arquitectura románica y
gótica en su Chronica GervAsíi, pars prima, incipit tractatus de combustione et
reparatione Cantuarensis ecclesiae (edic. W. Stubbs. London, 1879); los informes
de los expertos llamados para diagnosticar sobre la estabilidad de las
catedrales de Chartes (1316), Milan (1399) o Gerona (1417), demuestran cómo la
discusión sobre las cualidades constructivas de la bóveda gótica durante la baja
Edad Media se limita a juicios periciales sobre las obras mismas, sin ser motivo
de discusión en el terreno de los tratados teóricos de arquitectura. En el
periodo renacentista se encuentran interesantes reflexiones sobre la naturaleza
mecánica del arco apuntado en Leónardo da VINCI (manuscrito A 50a del lostitut
de France en París) o en las opiniones sobre las cualidades constructivas del
gótico en Philibert de l’ORME (Le Quatrieme livre de l'Architecture) y, a
mediados del siglo XVII, en las reflexiones del jesuita DERAND que dedica a las
“voûtes modernes ou a ogives” un capítulo de su tratado De l’art des traits et
coupe des voûtes (1643). Un siglo después estas reflexiones son continuadas por
Amédée FREZIER en su tratado sobre la Théorie et la Coupe des Pierres (1737-39),
donde afirma que las bóvedas góticas “si no tuvieran este aspecto desagradable a
la vista, serian sin duda preferibles a nuestras nuevas bóvedas por varias
razones”; entre estas razones se encuentran la economía de materiales y de
trabajo, debido a su delgadez y ligereza y la economía estructural, en razón al
débil empuje que ejercen sobre los soportes que permite ahorrar un gran espacio
de muros en relación con el que es necesario para la estabilidad de las bóvedas
de canón; es decir, Frezier, pese al rechazo estético de la bóveda gótica,
enuncia sus ventajas mecánicas de un modo aproximado al que se realizara en el
siglo XIX. En sus Observacións sur l’Architecture (1765) Marc-Antoine LAUGIER
realiza Asímismo una exposición de la estructura constructiva gótica incluso, es más, si Laugier critica los elementos de la decoración gótica, propone sin
embargo el uso libre de la estructura gótica que abre el camino para una nueva
estética de la arquitectura. Con Jacques Germain SOUFFLOT tenemos un testimonio
práctico y no sólo teórico: en su Memoire sur l’Architecture Gothique, leida
ante l’Académie des Beaux Arts en 1741, ofrece un análisis de la estructura
gótica sumamente preciso. Por último, antes de la eclosión del movimiento
neogótico con Didron, Lassus, Viollet-le-Duc y sus seguidores, tenemos al
comienzo del siglo XIX la importante obra de los Antiquaires franceses que
preparan el terreno para el redescubrimiento gótico; especialmente importante en
este sentido fue el Abécédaire de Arcisse de CAUMONT donde encontramos resumido
el análisis de la estructura gótica antes de la gran obra teórica de Violletle-Duc. (John FITCHEN,
The construcción of Gothic Cathedrals. A study of
Medieval Vault Erection, Chicago, 1961; Midway Reprint, 1977, y Bruno QUEYSAÚNE,
“Les precurseurs de la pensée des voûtes gothiques”, Nervures
gothiques, Journal d’Histoire de l’Architecture. Grenoble, 1989; n° 2; pp.7-22).
82 Juan de Madrazo en su
“memoria” del proyecto de encimbrado utiliza el termino
arc-botante como traducción literal del francés arc-boutant, es decir,
“arco que
empuja”, que alude a la función activa de este elemento constructivo como
contrarresto de las bóvedas.
83
La importancia del proyecto de encimbrado de Juan de Madrazo reside, a nuestro
juicio, no tanto en su intrínseca complejidad como sistema de carpintería de armas, sino, antes bien, en que está concebido en directa
relación con la elaboración teórica previa de un modelo de explicación e
interpretación del mecanismo de funcionamiento de la catedral gótica. El
proyecto de encimbrado cumple la función inmediata de entibación y medio
auxiliar para la reconstrucción y restauración de las bóvedas deterioradas; pero
la importancia del proyecto reside en cómo las carpinterías se adaptan a los
tipos estructurales del edificio gótico, adecuación posible por el estudio
previo que Madrazo realiza de la función resistente o estática de la Catedral,
que concibe la estructura en sí misma y en sus relaciones con el resto de los
elementos constructivos e incluso decorativos; es más, el modelo de explicación
“constructiva” del sistema gótico concibe esta función estructural del edificio
como premisa previa que ha de conducir al resultado “estético” de la
restauración, en cuanto se requiere que la apariencia externa arrastre a la
íntima comprensión de los fenómenos constructivos y funcionales de la catedral
gótica. La atinada unión en el proyecto de las condiciones estáticas de la
estructura del edificio, a las que sirve directamente el encimbrado, con el
profundo conocimiento de las características mecánicas de los materiales y de
las técnicas de construcción, permiten a Madrazo llegar a una solución óptima,
puesto que la reparación del sistema de bóvedas está pensada en relación con la
estructura del edificio y, a su vez, unida de modo lógico y consecuente con la
traza y detalles del conjunto y las exigencias estéticas de la restauración. Es
decir, el principal criterio que preside la restauración es el “constructivo”,
interpretado para la catedral gótica como “funcionalismo estructural” de todo
sus elementos o recuperación del “orden intelectivo” del edificio.
84 Estas
consideraciones desarrolladas por Madrazo acerca de los empujes y
resistencias que ofrece el sistema de bóvedas, previas al proyecto de
encimbrado propiamente dicho y pensadas como fundamento indispensable para
determinar la correcta estructura de las cimbras, no fueron, comprendidas, sin
embargo, por la Junta Consultiva de
Caminos Canales y Puertos que, al emitir su informe sobre el proyecto de
encimbrado juzgaba que el estudio del
conjunto y enlace de las bóvedas y su función mecánica “no corresponden al caso
actual, toda vez que no se trata al presente del proyecto de reconstrucción
de las bóvedas que exige la reparación completa de la Catedral
(...), sino
como consecuencia de éste, el de cimbrado que debe establecerse como medio
auxiliar, y procediendo por lo tanto únicamente a tomar en cuenta las fuerzas de
gravedad que tienen que actuar sobre las cimbras durante la ejecución de
los arcos, combinado esto con las demás condiciones que deben llenar, de fácil
descimbrado y de servir al propio
tiempo de andamios para las operaciones”. Informe de la Junta Consultiva de
Caminos, Canales y Puertos sobre el proyecto de encimbrado para las bóvedas
altas de la catedral de León. Madrid, 3 de agosto de 1874. A.G.A. (E. y C.),
C. 8062, Lg. 8847, Exp. n° 1.
85 Juan de MADRAZO, nota 7ª.
Proyecto de encimbrado...
86 Juan de MADRAZO,
“Construcción de los tramos de bóveda” y nota 5ª. Proyecto
de encimbrado... Madrazo, de acuerdo con las investigaciones “arqueológicas”
publicadas en la década de 1840 en los Aúnals Archéologiques de Didron, realiza
en esta nota quinta de su proyecto de encimbrado la distinción terminológica y
conceptual el “arco apuntado” y la “ojiva”: el primero es definido como “el arco
compuesto de dos segmentos de circunferencia que puede ser de 3°, 4°, 5° punto según que su cuerda se divida en tres, cuatro o cinco partes para la
situación
de sus dos centros”; el termino “ogiva” hace referencia “a los aristones
diagonales que se cruzan en una bóveda”, (...), “la palabra ogiva de ninguna
manera designó la curvatura de un arco o bóveda sino una parte de refuerzo, un
apoyo”. (Esta distinción la toma Juan de Madrazo literalmente de Jean-Baptiste
Lassus, según cita en el proyecto, “Compte rendu 1399”, Bulletin du comité des
monuments historiques).
87 Juan de MADRAZO,
“Entrepaños de bóveda”. Proyecto de encimbrado...
88
La cuestión acerca de si las ojivas, los nervios de la bóveda de crucería, han
desempeñado un papel constructivo en la arquitectura de la Edad Media, ha sido
un tema polémico ampliamente tratado y de difícil solución. El desarrollo
teórico de la polémica sobre los “nervios góticos” presenta unos hitos
bibliográficos fundamentales, que referiremos brevemente, sin entrar en una
exposición detallada de todos los posicionamientos teóricos de la historiografía
al respecto. La doctrina “racionalista” que venimos desarrollando en estas
paginas fue formulada del modo más amplio y coherente por E. Viollet-le-Duc a lo
largo de los artículos y publicaciones que hemos citado. Su aplicación como
modelo de interpretación de la arquitectura medieval y método para las
restauraciones de edificios fue de amplia difusión por toda Europa durante toda
la segunda mitad del siglo XIX y primeros decenios de nuestra centuria. Las
criticas a estas doctrinas comenzaron, como hemos visto, en torno al primer
decenio del siglo XX. Sin embargo, el tema de la naturaleza y función de los
nervios en la bóveda de crucería seria objeto de un estudio amplio, profundo y
detallado por parte del arquitecto Pol ABRAHAM, que depositó su tesis en el año
1923 en la Escuela del Louvre, con el título Viollet-le-Duc et le rationnalisme
mediéval, y que fue publicada en 1934. El objetivo de esta tesis, en opinión de
Françoise Very, era “hacer pasar a Viollet-le-Duc y la arquitectura gótica por
la criba de las ciencias de la construcción modernas”; (Françoise VERY, “Eugene
Viollet-le-Duc, Pol Abraham et Victor Sabouret”. Nervures gothiques. Grenoble,
1989; pp. 23-31). En la página tercera de su libro Pol Abraham declaraba que “es
a Victor Sabouret a quien hay que atribuir el honor de haber hecho nacer la duda
en los espíritus de los arqueólogos”; en efecto, Víctor SABOURET, ingeniero jefe
de Puentes y Caminos, publicó el 3 de marzo de 1928 un interesante artículo en
Le Génie Civil, cuyo título resumía el centro de la polémica: “Les vootes d’arêtes antes nervurées. Rôle simplement décoratif des nervures”. Ya en 1924 en su articulo
“Grandes églises voûtées en béton armée” afirmaba que los nervios no tenían
razón de ser “constructiva” en las bóvedas góticas. En 1934 Sabouret publica
otro articulo en Le Génie Civil sobre “L’évolution de la voûte romane du milieu
de XIème au début du XIIème siècle”, que comienza afirmando: “este órgano
característico de las iglesias góticas (los nervios), opinamos que es
esencialmente decorativo y desprovisto del valor constructivo que le han.
atribuido Viollet-le-Duc, Choisy y sus continuadores”. En 1939 la revista Recherche publicaba su primer número que tituló
“Le probléme de l’ogive” con
seis artículos, verdadera “puesta a punto” del problema, abordado en toda su
dimensión: Henri FOCILLON, “Le probléme de l’ogive”, Pol ABRAHAM, “Les données
plastiques et fonctionnelles du probleme de l’ogive”, Walter H. GODFREY, “L’art
ogival, raison esthétique plutôt que nécessité fonctionnelle”, Elie LAMBERT, “La croisée d’ogives et
l’architecture islamique”, Gurgis BALTRUSAITIS, “La croisée
d’ogives dans l’architecture transcaucasienne” y Marcel AUBERT, “Origine et
développement de la voûte sur croisée d’ogives”. En 1951, Louis REAU y Gustave
COHEN, en su obra L’art du Moyen-Age. Arts Plastiques. Art littéraire et la
civilisation française, tratan el problema de las bóvedas de crucería en su
capítulo IV, donde comienzan con la referencia a la polémica del tema, “Esta
teoría del «racionalismo medieval», que ha tenido las más felices consecuencias
para el desarrollo de la arquitectura moderna, ha sido recientemente replicada
por dos técnicos, V. Sabouret y P. Abraham”; el desarrollo de la problemática se
realiza con el resumen de las posturas contrarias. En la bibliografía en lengua
española las contribuciones al problema son notables. En marzo de 1944
Buenaventura BASSEGODA MUSTÉ publicó un interesante articulo titulado
“Racionalismo a ultranza en la arquitectura ojival” (Memorias de la Real
Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. Barcelona, 1944; vol. XXVII-n° 4;
n° 564; pp. 123-138) que sirvió de punto de apoyo fundamental para la
realización
del ensayo del arquitecto argentino Carlos CURCIO, Estudio y reflexiones. Sobre
estructuras medievales y equilibrio de la Catedral gótica de Reims (1967), donde
losiste sobre el factor heterogéneo de las estructuras góticas por contra de la
idea unitaria desarrollada en el siglo XIX (véase de Alicia DE FISHER, “Quelques
réflexions sur «Etudes et Reflexions» de Luis Carlos Curcio”, Nervures
gothiques, pp.33-51. Grenoble, 1989). Por último la importante bibliografía del
ingeniero Eduardo TORROJA MIRET presenta importantísimas reflexiones sobre las
estructuras constructivas, Razón y Ser de los tipos estructurales, C.S.I.C.,
reedición 1991). El tema nuevamente ha sido puesto de actualidad, dado su carácter complejo y
polémico, con la publicación del Département d'Histoire de l’Architecture de Grenoble en el Journal d’Histoire de l’Architecture
del
número dedicado monográficamente a Nervures gothiques. La question du rôle
constructif des nervures gothiques (n° 2, Grenoble, octobre 1989), en donde,
además de las contribuciones referidas, que muestran una interesante reflexión
sobre el problema considerado en la revisión de las aportaciones teóricas y su
polémica, se realiza la aplicación del análisis por medio de las técnicas
informáticas modernas al estudio del problema; Aúne COSTE, Yves FELIX, Eric
GASTINE y Pierre VEDRINE, “Contribution des techniques modernes des ingenieurs à
l’étude d’une voûte gothique”, pp. 89-92. Si todos estos estudios sobre el papel
de los nervios u ogivas en la bóveda gótica de crucería llevan a la conclusión
general de que las teorías racionalistas que atribuían a los nervios una función
“portante” son a menudo ilusorias debido a su exceso de racionalismo y
abstracción, al tiempo que los principios del “dinamismo” y la “elasticidad” son
desmentidos por el análisis moderno de la construcciones medievales, todo ello,
sin embargo, no invalida en su totalidad el modelo teorético de explicación del
sistema gótico elaborado por Viollet-le-Duc y desarrollado por sus seguidores;
antes bien,
creo que a estas alturas es preciso señalar con Louis GRODECKI los aspectos
permanentes de este modelo, que "encuentra aún su aplicación práctica en los
trabajos de consolidación y de restauración de los monumentos góticos y que ha
alimentado a los sistemas modernos de arquitectura «como esqueleto portante»,
donde las cargas son estrictamente localizadas” (Louis GRODECKI, Architecture
gothique, “Définitions constructives”. Paris, 1976; p. 13). De hecho, en el
proceso de restauración de la catedral de León, como vemos, la interpretación
constructiva elaborada por Madrazo del sistema gótico en su división entre las
partes activas y pasivas de su estructura, como método de restauración, produjo
fecundos resultados y dotó de una perdida coherencia interna al maltrecho
organismo constructivo de la Catedral.
89 Juan de MADRAZO,
“Contrarrestos de los arcos que componen la bóveda del
crucero” y “Contrarrestos de los arcos que componen un arco de bóveda”. Proyecto
de encimbrado...
90 Juan de MADRAZO,
“Contrarrestos de los arcos que componen un tramo de bóveda”. Proyecto de encimbrado...
La inclusión de los arc-botantes como
elementos fundamentales para el contrarresto de las bóvedas altas llevará a que
en el proyecto se proponga su encimbrado, como un componente activo de la
osatura o estructura viva del edificio.
91 Juan de MADRAZO,
“Consideraciones relativas al proyecto en general”. Proyecto
de encimbrado...
92
Informe de la Junta consultiva...
93
fechados en
León a 18 de marzo de 1875. A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847.
94
Compárense estas líneas de fuerza con las que presenta Viollet-le-Duc para
demostrar la acción mecánica del arco apuntado. Sobre los sistemas de cálculos
empleados por Viollet-le-Duc véase el trabajo de Bernard
COLLE'TIE, “Viollet-le-Duc et la pensée mathematique au XIXème siécle”. A.C.I.
pp. 73-91.
95 Juan de MADRAZO,
“Cimbras que se templan de costado”. Proyecto de encimbrado... Para su representación
gráfica, véase el dibujo superior de la
hoja 4ª del Proyecto, “Alzado de las cimbras para las ogivas (arcos diagonales)”.
96 La descripción detallada de cada uno de estos tipos concretos de cimbra puede
consultarse en la 2ª parte del Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas:
“cimbras de arco transversal”, “cimbras de arc-botante inferior”, “cimbras de
arc-botante superior”, “cimbras de arco toral”, “cimbras de arco formero” y
“cimbras de arco diagonal del crucero y tramos de bóveda”.
97 Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado del brazo norte del crucero y
arbotantes exteriores en la parte este de la Iglesia. León, 15 de octubre de
1877. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° l.
98 Véase
III,2.
99 Demetrio de los
RÍOS, Proyecto de encimbrado de la bóveda alta del ábside.
100
Para el conocimiento concreto de las distintas partes que forman las carpinterías
véase la 2ª parte, “Description detallada del proyecto”. Proyecto
de encimbrado para las bóvedas altas de la Catedral de León.
101 El Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la Catedral de
León de
Juan de Madrazo, fechado el 28 de enero de 1874, fue remitido a la Academia de
Bellas Artes de San Fernando que emitió su informe el 31 de marzo de 1874
plenamente favorable a su aprobación, (A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841,
Exp.n°l). Como ya señalamos, el proyecto de Madrazo fue también examinado por la
Junta Consultiva de Caminos Canales y Puertos que en su informe de 3 de agosto
de 1874 consideraba que era necesario adjuntar los cálculos referentes a la
resistencia de las carpinterías del crucero, como condición previa a la
aprobación definitiva del proyecto. Estos Cálculos referentes a la memoria
descriptiva del proyecto de encimbrado para las bóvedas altas, como ya ha sido
indicado más arriba, fueron elaborados por Madrazo con fecha 18 de marzo de
1875, y se sometieron al examen de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y
Puertos que emitió su informe completamente favorable a la aprobación total del
proyecto el día 14 de mayo de 1875. El proyecto de encimbrado para las bóvedas
altas fue definitivamente aprobado por Real Orden de 26 de mayo de 1875. Una vez
aprobado el proyecto, se efectuaron las subastas para la adjudicación de las
obras que, según se proponía en la memoria, habrían de realizarse por el sistema
de contrata: la primera subasta tuvo lugar el 23 de junio de 1875 (previa
publicación de las condiciones en el Boletín Oficial de la provincia de Madrid,
n° 135 y de León n° 144), pero, por no presentarse licitadores, se realizaron
dos subastas mas, el 26 de agosto y el 20 de octubre de 1875 respectivamente,
que tampoco encontraron postores. Por ello el Ministerio de
Fomento, por Real Orden de 3 de junio de 1876, decretaba que se ejecutaran por
administración las obras de encimbrado contenidas en el proyecto aprobado el 26
de mayo. de 1875. Por tanto, el encimbrado de los tramos de bóvedas altas
correspondientes al primer proyecto de Madrazo se comenzó a partir de junio de
1876 y se realizo en su mayor parte durante este ano y el de 1877; (los
asentamientos de cuentas muestran que en el año económico de 1876-1877 de las
86.854,08 pesetas presupuestadas se emplearon 41.448,44 y en el año siguiente,
78-79, 24.594,70, mientras que en los dos años siguientes ya sólo se invirtieron
8.343,94 y 5.886,51 respectivamente, con lo que se puede asegurar que la mayor
parte de la obras del encimbrado de estos tramos de bóvedas se ejecutaron entre
1876 y 1877. (Demetrio de los Ríos, Cuadro resumen de los gastos ejecutados
entre 1872 y 1882. León, 1 de julio de 1882. A.C.L., Proyectos y obras
ejecutadas II, y también, A.C.L., Libros de cuentas, años 1876-1878).
102 A estos dos presupuestos se suma otro Presupuesto adicional correspondiente
al proyecto aprobado del encimbrado para las bóvedas altas, con la misma fecha,
formado como consecuencia de una subida de los precios inicialmente
presupuestados para la madera y transportes que obligaron a realizar un nuevo
ajuste presupuestario. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l.
103 Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado del
brazo Norte y arc-botantes exteriores en la parte Este de la Iglesia. León, 15 de octubre de 1877. A.G.A.
(E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l.
104 Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado en la Nave principal del Oeste y
arc-botantes exteriores correspondientes a esta nave. León, 15 de octubre de
1877. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l. Según señala Madrazo, estas
obras estaban destinadas “a atar la primera crucería del Occidente con las
importantes carpinterías que hay que construir en su día para el apeo de los dos
cuerpos superiores de la fechada principal”, con lo que ya anticipaba el
posterior proyecto de reconstrucción del hastial occidental que realizo su
sucesor Demetrio de los Ríos.
105 Estos presupuestos elaborados por Juan de Madrazo, que completaban el
encimbrado de las bóvedas altas (salvo la correspondiente al ábside) y la
totalidad del encimbrado los arbotantes exteriores, pasaron a examen de la Junta
Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que emitió los informes favorables de
los tres presupuestos el 13 de noviembre de 1877. Los presupuestos fueron
aprobados y mandados ejecutar por administración por Real Orden de 27 de
noviembre de 1877. Su ejecución se llevó a cabo fundamentalmente entre los años
1877 a 1880. (En el encimbrado de la nave principal, con un presupuesto de
97.805,61 pts., se invirtieron 16.134,54 pts. en los dos meses finales de 1877,
60.804,51 pts. el ano 1878-79 y en los dos años siguientes, de 1879 a 1881,
15.603,84 pts. En cuanto al encimbrado del brazo norte, con un presupuesto total
de 55.804,46 pesetas, los gastos se distribuyeron del modo siguiente: 16.542,27
pts. en el ano 1878-79 y en los dos siguientes 14.548.98 pts. -el resto de las
cantidades se emplearía para rematar el proyecto-. Demetrio de los Ríos, Cuadro
resumen de los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. León, l de julio de 1882.
A.C.L., Proyectos y obras ejecutadas II, y A.C.L., Libros de cuentas, 1878 a
1880.
106 Demetrio de los RÍOS, Proyecto de encimbrado de la
bóveda alta del ábside,
adicional al de la Nave principal del Oeste. León, 6 de abril de 1880. A.G.A.
(E. y C.), C.8.062, Lg.8.843, Exp.n°413.
107 En el mismo estado ruinoso se encontraba el primer
tramo de bóveda correspondiente al brazo norte del crucero, apoyada en el arco
toral de este lado, por lo que Demetrio de los Ríos procedió a desmontar al
mismo tiempo este tramo de bóveda que, sin embargo, no ofrecía el mismo peligro
que el segundo del presbiterio, puesto que su tramo inmediato, el segundo del brazo norte, se
encontraba ya encimbrado y además estaba adosado al hastial del norte donde se
apoyaba. Por el contrario, la bóveda del ábside, solamente apoyada en el ruinoso
segundo tramo del presbiterio y sin encimbrado, estaba “completamente
desamparada”, razón por la que Ríos consideraba el encimbrado del ábside una
obra de urgente necesidad.
108 Otra causa que
movía a Demetrio de los Ríos a solicitar el encimbrado de la
bóveda del ábside era que, como argumentaba en la “memoria” del proyecto de encimbrado,
“bajo el concepto arqueológico tiene indispensablemente que
restaurarse, bien para quitarle las feas pinturas del siglo XVIII que tanto
difieren del carácter general
del Templo, bien para reparar los arcos de descarga suprimidos en aquella
inopinada reconstrucción”.
109 Otras diferencias del encimbrado del ábside con respecto al resto de las
cimbras son debidas a la supresión de los aprestes de almas para los andamios y
al refuerzo con tornapuntas y sopandas de la plataforma en que descansan los
cartabones, motivado por la mayor distancia que tienen los cuchillos.
110 El informe de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos sobre el
proyecto encimbrado del ábside elaborado por Demetrio de los Ríos fue favorable
y propuso que se ejecutara el encimbrado, como de hecho se hizo con rapidez,
pese a que, como se decía en las conclusiones del informe, “la sesión encuentra
un tanto oscura la redacción de la memoria extractada”. No obstante, la Junta
Consultiva se negó a acceder al desmonte del altar mayor de la Catedral
solicitado por Demetrio de los Ríos, por considerar la Junta que no estaba
motivado este desarme, “pues se funda sólo en consideraciones artísticas
respecto a la disparidad entre su estilo y el del templo”, así como, en
consecuencia, también denegó la propuesta de Ríos de construir otro en su lugar,
por estimarse “que la demolición o desarmado del altar mayor no se demuestra que
sea indispensable para el encimbrado”. Informe de la Junta Consultiva de
Caminos, Canales y Puertos del Proyecto de encimbrado para la bóveda alta del
ábside. Madrid, 19 de mayo de 1880. A.G.A. (E. y C.), C.8.054, Lg.8.842.
111 Juan de MADRAZO,
Proyecto de reconstrucción del hastial del sur de la
Catedral de León. León, 20 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C.8.061, Lg.8.846,
Exp.n°2.
112 Hubert DAMISCH, Viollet-le-Duc. L'Architecture raisonnee. Paris, 1964 (reed.
Paris, 1990) y “Les Entretiens sur l'Architecture ou du structuralisme au
fonctionnalisme”. A.C.I. pp.93-101. Esta posición ha sido matizada por Philippe
BOUDON, “Le Voile de l'Edicule”, Analyse du Dictionnaire raisonnee de
l'architecture franfaise du XIe au XVIA siecle par E. Viollet-le-Duc, architecte
(A.R.E.A. Paris, 1978). Estas observaciones son aplicadas de nuevo directamente
al texto de Viollet en una edición de fácil acceso: Philippe BOUDON y Philippe
DESHAYES, Viollet-le-Duc. Le Dictionnaire d'architecture. Bruxelles, 1979.
Boudon, en su amplia bibliografía, ha seguido desarrollando la interpretación del
pensamiento “racionalista” de Viollet en el marco de distintos estudios, entre
ellos uno
de los últimos, Introduction a l'Architecturologie. Paris, 1992, incluye un
importante capítulo dedicado a Viollet-le
Duc. (cap.II).
113 Véase especialmente Antonio GONZÁLEZ AMÉZQUETA, “Neomudéjar”.
Arquitectura.
Madrid, mayo de 1969; n°125.
114 La primera instancia de 5 de febrero de 1874, acompañada del correspondiente
certificado médico, solicitaba un permiso de dos meses; el 29 de abril de 1874
le fueron concedidos a Juan de Madrazo 45 días de prórroga. Otra instancia de Madrazo firmada en París el 18 de junio de 1874, solicitaba
“concederle licencia
ilimitada que necesita para poder permanecer en esta Capital donde espera
fundadamente conseguir su completo restablecimiento”; el 30 de junio le fue
ampliada la licencia para permanecer en París. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841,
Exp.n°l. Esta prolongada estancia en Francia, motivada por una extraña
enfermedad de tipo nervioso, como se desprende del informe médico, fue
aprovechada por Madrazo para tomar los datos necesarios para elaborar los
proyectos para el brazo sur del crucero; incluso cabe fácilmente suponer que,
ante la obligatoriedad del Arquitecto director de las obras de restauración de
permanecer en León, ésta enfermedad fuera el cauce oficial para tramitar la
necesaria estancia en
Francia para resolver los proyectos con éxito.
115 Juan de Madrazo,
Proyecto de reconstrucción del Hastial Sur del crucero a la
altura del triforio. León, 17 de abril de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8.062, Lg.8.847,
Exp.n°l.
116 Véase 111,4.
117 Juan de MADRAZO, “Condiciones que ha de llenar la construcción de un triforio
de fechada”. Proyecto triforio...
118 Juan de MADRAZO, ibídem. Si bien la condición
resistente es común al triforio en general, esta función es más señalada en el
"triforio de fechada", coma galería que tiene que soportar el peso adicional del hastial superior, por
lo que Madrazo se detendrá sobre todo a analizar la resistencia que ha de
ofrecer el triforio en esta zona de sobrecarga.
119
Compárese esta disposición defectuosa con la que presenta el triforio del
hastial septentrional. 10 Juan de MADRAZO, “Objeto real de las pilas principales
de hastial”. Proyecto triforio...
120 Juan de MADRAZO,
“Objeto real de las pilas principales de hastial”. Proyecto
triforio...
122
Juan de MADRAZO, “Torrecillas superiores”. Proyecto triforio...
123 Estos defectos de estabilidad serán los de mayor
importancia de entre los enunciados por Madrazo para proponer el derribo del
triforio construido por Matías Laviña; no obstante, a ellos sumara otros de
menor trascendencia, como el trazado de las archivoltas concéntricas, “que no
acusan ninguna construcción interior y que están labradas en un solo anillo de
dovelas”, la utilización de dovelas pentagonales en los despieces o la manera de
disponer las columnas del triforio, “a manera de dos líneas de estacada (...)
que sostienen dos cítaras rígidas y delgadas (...) y enlazadas entre si por
medio de un encobijado”. Juan de MADRAZO, “Importancia del cuerpo de triforios en
un edificio gótico”. Proyecto triforio...
124 Juan de MADRAZO, “Manera de plantear la cuestión”.
Proyecto triforio...
125
“... allí donde hay una correspondencia tan cabal y tan exacta de funciones,
ha de haber por precisión otra correspondencia no menos exacta y cabal de
estructuras”. Juan de Madrazo, “Condiciones del problema en genera”.
126 Juan
de MADRAZO, “Parte inferior de la fechada que ha de quedar en pie”. Proyecto
triforio...
127
Juan de MADRAZO, “Conciliación de las pilas del sur con las del Norte”. Proyecto
triforio...
128 Madrazo realiza en la segunda parte de su proyecto una
reseña pormenorizada del mismo a la que nos remitimos para un conocimiento mas
exhaustivo del mismo, “Descripción detallada del proyecto por partes”.
129
También pueden observarse
estas cuatro gárgolas en proyección superior en la sección horizontal a la
altura del triforio, lo mismo que las que corresponden a la altura superior, en
la hoja de plantas.
130
Informe de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, 27 de junio
de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8053, Lg.8841, Exp.n°l. Informe de la Junta
Consultiva de Caminos, Canales y Puertos. Madrid, 14 de julio de 1876. A.G.A.
(E. y C.), C.8053, Lg.8841, Exp.n°l.
131 El presupuesto por contrata comprendía 58.327, 60 pts. y las obras de
escultura 5.301,60, lo que sumaba un total de 63.629,21 pts.
132 La relación detallada de estos trabajos de escultura se encuentra consignada
en los libros de cuentas de la restauración. A.C.L., C.1876-1878.
133 La primera subasta tuvo lugar el 16 de septiembre de 1876. Las condiciones
de las subastas fueron publicadas en la Gaceta de Madrid del 17 de agosto, en el
Boletín Oficial de. la provincia de Madrid de 21 agosto (n°200) y en el Boletín
Oficial de la provincia de León, (n°235).
134
Oficio del Ministerio de Fomento al Director General de Obras Publicas.
Madrid, 6 de diciembre de 1877. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°1.
135 Efectivamente, así parecen indicarlo también los Asíentos de cuentas que
registran un gasto de 18.060,46 pts. en el ano económico de 1876-77, mientras
que en el siguiente, 1877-78 se emplearon 37.621,17 pts. Demetrio de los Ríos,
Cuadro resumen de los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. A.C.L. C. Proyectos y
obras ejecutadas II. Al finalizarse las obras por el contratista hubo algunos
problemas en cuanto a su liquidación por no aceptar el contratista la
liquidación que seria, no obstante, confirmada por la Junta Consultiva de
caminos, Canales y Puertos tras su examen. Madrid, 27 de junio de 1879. A.G.A.
(E. y C.), C.8.054, Lg.8.842.
136 Juan de MADRAZO, “Condiciones del problema en general”.
Proyecto triforio...
137 Juan de MADRAZO, Proyecto de terminación del Hastial del Sur.
León, 20 de
junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C.8.061, Lg.8.846, Exp.n°2.
138 Juan de MADRAZO, “Datos para la resolución
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