CAPÍTULO  V

 

RACIONALISMO NEOGÓTICO Y RESTAURACIÓN

ARQUITECTÓNICA: JUAN DE MADRAZO Y KUNZ

(1869- 1879)

 

“La arquitectura gótica (...) debido a la determinación de sus principios, a la claridad de la ley de su evolución y a la regularidad de sus transformaciones ha llegado a encarnar cierto racionalismo que permite obtener deducciones exactas y por lo tanto soluciones congruentes en el campo de la arquitectura”.

Juan de Madrazo y Kunz, Proyecto de reconstrucción del hastial del sur de la catedral de León. León, 20 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C. 8.061, Lg. 8.846, Exp. n° 2.

 

1) NOMBRAMIENTO DE JUAN DE MADRAZO COMO ARQUITECTO DIRECTOR DE LAS OBRAS DE RESTAURACIÓN DE LA CATEDRAL DE LEÓN. FORMACIÓN Y ANTECEDENTES.

Juan de Madrazo ya había sido nombrado arquitecto director de las obras de restauración de la catedral de León el 27 de enero de 1868 por Real Orden del Ministro de Gracia y Justicia 1. Sin embargo, Madrazo renunció al nombramiento el día 29 de ese mismo mes y, aceptada su renuncia por el Gobierno el 5 de febrero, el cargo recayó, como vimos, en Andrés Hernández Callejo 2. La destitución de Callejo el 19 de diciembre de 1868, tras los incidentes e intervención directa de la Academia y el Gobierno, planteó nuevamente la necesidad de proceder con rapidez a la designación de un nuevo arquitecto para hacerse cargo de las obras de restauración 3. La Academia de San Fernando, por petición del Director General de Instrucción Pública, a Instancias del Ministro de Gracia y Justicia, propuso una terna de arquitectos formada por Juan de Madrazo y Kunz, Francisco Enríquez y Ferrer y Demetrio de los Ríos y Serrano. Fue elegido entre estos tres arquitectos Juan de Madrazo, confirmándose su nombramiento por Orden de 21 de febrero de 1869 4.

Sin embargo, pese a los deseos del Gobierno por acelerar el nombramiento de Juan de Madrazo, las obras de restauración de la catedral de León siguieron un ritmo muy lento durante siete años, hasta 1876, en que comenzó de modo efectivo la construcción del encimbrado proyectado por Madrazo.

La intervención de Juan de Madrazo en la catedral de León tuvo una amplia repercusión nacional y fue seguida con gran expectación. Las reconstrucciones y restauraciones que se emprendieron desde este momento se distinguieron por la introducción de un método unitario cuya novedad radicaba en la plena concepción racionalista de la arquitectura gótica como sistema dotado de coherencia en todos sus elementos constitutivos; es decir, los proyectos que se elaboran a partir de la Dirección facultativa de Juan de Madrazo parten de conceptuar el edificio como una totalidad constructiva a modo de sistema razonado y coherente, donde la función estática y resistente del edificio, los tipos estructurales y el aspecto estético resultante son considerados en intima ligazón y como componentes que mantienen una mutua dependencia: las formas resultantes de la arquitectura gótica están controladas y determinadas por la construcción y el programa.

Como hemos visto, los procesos de desmontes y reconstrucciones ejecutados por Matías Laviña carecían de un planteamiento amplio acerca de su repercusión en la totalidad arquitectónica del edificio gótico. El plan de restauración trazado por Laviña proponía soluciones concretas, y más bien formales, a problemas constructivos o estáticos, pero sin atender a un estudio detenido de las condiciones derivadas de la consideración histórico-constructiva de la catedral, de sus principios mecánicos, consecuencia todo ello del desconocimiento del funcionamiento mecánico del sistema gótico.

La amplia formación histórica de Juan de Madrazo y su concepción racionalista de la arquitectura le llevaron a abrazar la totalidad constructiva de la catedral en un doble proceso epistemológico en donde el detenido estudio individual de cada uno de los elementos constructivos –fase analítica– remite de continuo a la función desarrollada en la totalidad del sistema –fase sintética–. El entendimiento de la Catedral como la lógica combinación de elementos arquitectónicos, las relaciones que estos mantienen entre sí y el lugar que les corresponde en el sistema constructivo, guiará la ejecución de los proyectos de restauración a partir de este momento. Cada proyecto parcial supuso el estudio integral de la función ejercida por cada uno de los elementos que constituyen la Catedral, su razón de ser en el interior de la totalidad constructiva donde se insertan y en la que alcanzan su pleno significado.

Este amplio y erudito conocimiento arquitectónico y constructivo que Juan de Madrazo demostrará en el proceso de restauración de la catedral de León es el resultado de una extensa e intensa formación y aprendizaje que convierten a Madrazo en uno de los más interesantes y capacitados arquitectos de la segunda mitad del siglo XIX.

Juan de Madrazo (1829-1880) contaba cuarenta años de edad cuando llegó a León para ocuparse de la restauración de la Catedral. El decenio que permaneció al frente de las obras constituye su periodo más fecundo, con la elaboración de los extensos proyectos de restauración, donde se manifiesta de modo evidente la madurez teórica alcanzada por los conocimientos acumulados a lo largo de su trayectoria como arquitecto.

El ambiente artístico en el que se forma Juan de Madrazo era sumamente adecuado para la adquisición de una sólida formación. Hijo menor del pintor José de Madrazo, hermano de Federico y Luis, también pintores, y de Pedro, erudito historiador y Presidente de la Academia de San Fernando, formaba parte de esta importante dinastía de artistas que, con estrechos vínculos con la Corona y a través de su influyente actividad en la Academia de San Fernando, dejó sentir el peso del prestigio de su apellido en el control de la actividad artística durante todo el siglo XIX 5.

Juan de Madrazo, tras iniciar su aprendizaje en el estudio de Domingo de Lafuente, ingresó en 1846 en la recién creada Escuela de Arquitectura de Madrid, donde permaneció hasta 1852 en que consiguió el título y realizó oposiciones a cátedra para la Escuela de Maestros de Obras de Valencia, de donde pasaría a ocupar el mismo cargo en Madrid, primero en la Escuela de Maestros de Obras y después en la de Aparejadores y Agrimensores, hasta su nombramiento como Director facultativo de las obras de restauración de la catedral de León en 1869.

El paso por la Escuela de Arquitectura fue importante para la generación de arquitectos que, como Madrazo, desarrollaron su actividad en el ultimo tercio del siglo 6. No obstante, aunque la Academia de San Fernando se apartaba de la enseñanza oficial de la arquitectura, la Institución académica siguió ejerciendo una activa influencia en el panorama arquitectónico de la segunda mitad del siglo XIX; durante algunos decenios sancionó los títulos expedidos por la Escuela y también controló los proyectos largo tiempo. En materia de restauración de monumentos, la Academia prolongó sus facultades: de ella siguieron partiendo los nombramientos de los arquitectos y también afirmó su papel de órgano consultivo cuyo informe era imprescindible para la aprobación definitiva de los proyectos 7.

La tentativa de renovación en la enseñanza de la arquitectura que supuso la fundación de la Escuela, con especial atención a la introducción de materias nuevas, y sobre todo el novedoso alcance de la reflexión acerca de la historia, significaba el declive de los arquitectos “clasíquistas” 8, es decir, aquellos que dentro del seno académico se limitaban a recalcar el repertorio “vitrubiano” con muy escasa reflexión teórica: estos son ahora progresivamente desplazados por una actitud de mayor recapacitación en torno al núcleo teórico clásico, que se renueva y enriquece con la aceptación definitiva por la Academia de otros modelos históricos ajenos al clasicismo, como fueron especialmente los historicismos “neomedievalistas” 9.

Estas primeras promociones de la Escuela de Arquitectura, de las que formaron parte destacada Juan de Madrazo y Demetrio de los Ríos –condiscípulos que alcanzaron ambos el título en 1852– estaba más preparada para el estudio y restauración de los monumentos medievales 10. La apertura estilística potenció el desarrollo de los neomedievalismos –como opción de creación arquitectónica y como restauración de monumentos en estilo– y el eclecticismo, corrientes que conviven con la perduración de un relativizado clasicismo que mantiene aún un peso considerable como fundamento de la formación y sustento doctrinal de buena parte de los arquitectos, prueba de la importante continuidad de la impronta académica 11.

El estudio decidido de los monumentos potenció la opción historicista y la restauración arquitectónica en estilo como ejercicio disciplinar: se consume definitivamente el giro desde la percepción “pintoresca”, evocativa, del monumento, hasta llegar un estudio más detenido de sus leyes constructivas, con nuevas consideraciones acerca del “estilo”, producto de una visión más “positivista”. Las asignaturas de los programas de estudio, las cuestiones de los exámenes y las excursiones artísticas incidieron en esta línea de investigación del pasado arquitectónico. Todo ello, junto a una mayor nacionalización administrativa, condujo a la proliferación de las restauraciones de edificios medievales a partir de 1875.

Especialmente atractivo para la formación tanto de Madrazo como de Ríos debió de ser el magisterio ejercido en la Escuela por el catedrático Antonio Zabaleta, profesor de Arquitectura Legal y Práctica de la Construcción 12. De la interesante actividad desarrollada por Zabaleta interesa destacar su conocimiento directo de las polémicas que tuvieron lugar en Francia entre la Académie des Beaux-Arts, representada por su secretario Raoul-Rochette, y los “neogóticos” encabezados por Jean-Baptiste Lassus y Eugéne Viollet-le-Duc 13. La publicación de los textos de la polémica en el Boletín Español de Arquitectura permitió conocer directamente a Madrazo, Ríos y los jóvenes arquitectos de la Escuela los posicionamientos teóricos del “racionalismo neogótico” en su confrontación con los postulados de la Academia 14.

El estudio global de la arquitectura del pasado, aunque aún se privilegiaban ciertas fases históricas 15, y el conocimiento directo de las teorías que en Francia se estaban desarrollando en torno al “racionalismo neomedieval” a través de los procesos de restauración de monumentos, fueron todos ellos componentes fundamentales para el desarrollo de la restauración del patrimonio arquitectónico en España durante el ultimo tercio del siglo XIX.

Juan de Madrazo asimiló y desarrolló a lo largo de su trayectoria profesional este núcleo de conocimientos que recibe durante su formación. El proceso de restauración de la catedral de León supuso la culminación de su carrera y donde más patente se dejó sentir la influencia de las doctrinas de Viollet-le-Duc sobre la restauración arquitectónica 16. Sin embargo, la intervención de Madrazo en la catedral de León adquiere pleno sentido dentro de la coherencia total de la obra del arquitecto, como una facetá de gran importancia en la totalidad de su pensamiento arquitectónico.

Juan de Madrazo aparece como uno de los arquitectos más atentos a las innovaciones y corrientes aperturistas que tienen lugar en la arquitectura durante la segunda mitad del siglo e interviene activamente en diversos campos de la disciplina arquitectónica 17. Incorporó a su actividad la dimensión urbanística, con su participación en 1855 en los proyectos de reforma de la Puerta del Sol de Madrid, pese a que no se realizara su proyecto 18. Otro interesante proyecto urbanístico es el informe que redacta sobre la situación de la infraestructura higiénica de León y que publicó en un folletín en el año 1871, titulado Breves sugestiones acerca de los sistemas que pueden adoptarse para conseguir la limpieza urbana de León 19. Estos trabajos muestran el interés de Madrazo por los aspectos higiénico-sanita Ríos en la ordenación urbana y también, mas genéricamente, lo que será una componente destacada de su actividad arquitectónica, como es el deseo de fundamentar racionalmente cada uno de los proyectos, bien a escala urbana, bien a escala del objeto arquitectónico individual.

Entre los proyectos arquitectónicos destaca la adaptación que Madrazo realiza del proyecto a las necesidades del programa constructivo, como por ejemplo en los trazados que realizó entre 1860 y 1865 para cárceles de provincias por encargo del Ministerio de la Gobernación, la cárcel del sistema celular de Llanes, y el manicomio que proyecta para Barcelona, también por estos mismos años.

Las intervenciones en edificios religiosos comenzaron con la restauración de la iglesia de la Calatravas en Madrid en 1858, y culminaron con los proyectos de restauración de la catedral de León. También diseñó mobiliario litúrgico interior, como el premiado tabernáculo para la catedral de Málaga, o el altar que realizó en mármol, bronce y cerámica para la catedral de Oviedo.

De gran interés, como muestra del método de proyecto de Madrazo, es el Palacio del Conde de Villagonzalo, o también conocido como del Conde de la Unión de Cuba que data del año 1862. Este edificio, en opinión de Javier Hernando, es una de las obras más interesantes del neomedievalismo racionalista en España: la lógica distribución en planta, la identificación entre la forma y la función, la subordinación de la ornamentación al marco estructural y la utilización de los materiales según sus propias cualidades y sin ningún tipo de enmascaramiento, sitúan a Madrazo en “el hilo conductor que concluirá en el funcionalismo del siglo XX”, de ahí que “el calificativo de neogótico –dice Hernando refiriéndose a este edificio– debe entenderse (...) como una lectura abstracta de los modos estructurales de aquel estilo, con independencia de su repertorio figurativo” 20.

Es aquí donde la figura de Juan de Madrazo, como en general el racionalismo neogótico, resultan de un mayor interés teórico. La renovación de la arquitectura que postulan se aparta de una solución puramente formal, como proponla el eclecticismo decimonónico, para asumir un “revivalismo” de principios constructivos antes que de formas arquitectónicas. En la afirmación rigurosa de un método de proyecto razonado en todas sus Instancias es en donde radica la novedad fundamental: definir claramente la finalidad de la construcción que se va a proyectar, sus características propias y las condiciones estéticas y resistentes que ha de cumplir el edificio son condiciones generales previas al proyecto. La adopción del tipo estructural es consecuencia de estas premisas iniciales y de la adaptación del mismo a las técnicas de construcción y a las características y cualidades propias de los materiales con que cuenta el proyectista para resolver el problema de la construcción.

Este modelo de razonamiento constructivo se encontró plenamente desarrollado en las construcciones góticas del siglo XIII. La recuperación y aplicación de los principios constructivos abstractos del estilo gótico permitía intervenir en la consolidación y restauración de un edificio antiguo tanto como en la construcción de uno moderno, pues como método de proyecto razonado era aplicable mas allá del repertorio figurativo que se le asociara.

Juan de Madrazo realiza este tipo de lectura “constructiva” como punto de partida en sus proyectos de restauración para resolver el difícil problema de reconstrucción de la catedral de León. La reflexión sobre la “estructura” del edificio, como conjunto de elementos resistentes o tipos estructurales que la componen, y su funcionamiento mecánico es fundamental para garantizar la función resistente o estática del edificio. La distinción entre la parte estructural del edificio, sustentante y activa, y los elementos pasivos o de relleno, es la clave del método y sistema de restauración que adopta Madrazo 21.

Los fen6menos estático-resistentes requieren una atención especial en el planteamiento global de Juan de Madrazo, pero no por ello olvida el resto de condiciones que entran en el problema conjunto la restauración como reconstrucción. La estructura del edificio es pensada en sí misma pero también en las relaciones que mantiene con el resto de los elementos de la construcción de modo lógico y consecuente.

En este sentido, el aspecto estético o resultado visual de la restauración será propuesto por Madrazo, como veremos, en su significación propia, pero también, y sobre todo, dependiente de las relaciones que la cuestión estética mantiene con la función estática del conjunto. Madrazo no desliga el problema estético del estático en la restauración, sino que más bien concibe la forma resultante como una parte visible de la construcción. Es decir, el aspecto formal no solamente retoma las formas del gótico de la Champagne del siglo XIII –tras la adscripción arqueológica a esta escuela que Madrazo realiza de la catedral de León– sino que este orden visual del edificio es sobre todo un orden intelectivo, en cuanto se pretende que la apariencia externa sea el resultado lógico de la estructura del edificio y arrastre a la comprensión de los fenómenos funcionales del mismo 22.

En tomo a esta reflexión estructural añora el aspecto estético del edificio en íntima relación. Por tanto, los materiales utilizados en la construcción, el tipo estructural general, las formas y dimensiones y el proceso de ejecución en relación con los medios auxiliares requeridos son puestos en íntima conexión por Juan de Madrazo en sus proyectos de restauración. Los complejos cálculos de resistencia de materiales que realiza sirven para comprobar de modo matemático la estabilidad del sistema cuya idea imaginada previamente es lo realmente importante.

Creo que en esta óptica interna al organismo constructivo que Juan de Madrazo desarrolla sus proyectos de restauración es donde resulta apasionante su obra en la catedral de León.

La actividad de Juan de Madrazo en la catedral de León, por el estado en que recibía el edificio, le llevó hacia estas amplias consideraciones; más que propiamente una restauración desarrolló una labor de reconstrucción: en sus proyectos de encimbrado y reconstrucción de la fechada meridional puso en juego el sistema de bóvedas, los tipos de arcos y contrarrestos, la función del hastial en relación con las cubiertas, es decir, la totalidad estructural del edificio, que somete a una idea conceptual previa, pero absolutamente flexible, de la arquitectura gótica; Madrazo discernió en la catedral de León los principios de una construcción racional donde todas las fuerzas debían ser compensadas; el monumento era el resultado de un meditado equilibrio que el arquitecto se encargó de poner en evidencia al descifrar la manera en que las estructuras de la catedral entraban en relación para “construir”-“reconstruir” el edificio.

La actividad de Madrazo será analizada en las siguientes páginas en sus diversos aspectos, tanto dentro del proceso de gestión administrativa, como en el desarrollo interno de las obras y en los fundamentos teóricos de sus proyectos inmersos en un modelo de interpretación del sistema constructivo gótico. Las reflexiones contenidas en estos proyectos mostrarán cómo Juan de Madrazo, en este último periodo de su carrera, abría el camino hacia una amplia lectura arquitectónico-constructiva del edificio gótico.

 

2) PRIMEROS INFORMES DE JUAN DE MADRAZO. LA PARALIZACIÓN DE LOS TRABAJOS DE RESTAURACIÓN, (1869-1876).

Durante los primeros siete años de dirección facultativa de Juan de Madrazo las obras siguieron un ritmo lento, alternando los periodos de cierta actividad, que permitieron la lenta reconstrucción de los botareles meridionales y parte del encimbrado, con otros de total detención de los trabajos 23.

La falta de recursos económicos y los reiterados informes y peticiones del Cabildo y del Arquitecto a la superioridad en demanda de fondos fueron las características más destacadas de esta etapa de la restauración. Sin embargo, Madrazo elaboró durante estos años el proyecto de encimbrado para las bóvedas altas, terminado a comienzos de 1874, y, dos años más tarde, en 1876, firmaba el proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero a la altura del triforio. Además, en este periodo se formó el pensamiento de Juan de Madrazo sobre el sistema de restauración de la catedral que en gran medida determinará la formación de los proyectos posteriores que siguieron el plan global trazado por Madrazo. Es decir, durante estos años se asiste a un intenso trabajo de gabinete mientras que el proceso de obras de restauración siguió por el contrario, un desarrollo muy lento debido a la escasez presupuestaria; la penuria económica se prolongaría hasta el año 1876 en que se consignó una cantidad fija para la realización de los proyectos formados por Madrazo. Estos proyectos y su ejecución serán analizados más adelante; ahora nos detendremos en seguir el ritmo de las obras y los incidentes administrativos de la restauración durante los siete años que discurren de 1869 a 1876.

Las obras se encontraban paralizadas desde mayo de 1868, fecha en que la Junta de Reparación de Templos acordó que cesasen los trabajos ante la falta absoluta de fondos y debido a los problemas con los gastos ejecutados por el arquitecto Hernández Callejo 24.

El problema de la consecución de los fondos necesarios para proseguir las obras será, como hemos señalado, el más acuciante en estos años de dirección facultativa de Juan de Madrazo 25. Varias gestiones fueron emprendidas por el Obispo y el Cabildo con este propósito. El 4 de marzo de 1869 ya informaba el Obispo a Juan de Madrazo de la reclamación ante el Ordenador general de pagos de 150.000 pesetas demandadas para las obras de restauración comprendidas en el presupuesto de 1869. Esta cantidad que se pedía al Gobierno serviría también para que el Cabildo recuperara las cantidades que había anticipado en el año económico de 1868 26.

Como en ocasiones anteriores, se recurrió a los representantes de la provincia de León en las Constituyentes de 1869 para que gestionaran  cerca del Gobierno las partidas presupuestarias con destino a las obras de restauración de la catedral. Sin embargo, pese al activo interés mostrado por los Diputados, no se consignarían cantidades hasta el año 1870, con la consiguiente prolongación de la detención de los trabajos 27.

Un informe de Juan de Madrazo dirigido al Cabildo en enero de 1870 28 insistía  en la acuciante necesidad de obtener fondos para la prosecución de los trabajos de carpintería, considerados como los de más urgencia. La práctica paralización de las obras desde 1868 aumentaba “las grandes probabilidades de una ruina cercana”. Esta suspensión de las obras afectaba especialmente al deterioro de los apeos, que se encontraban en mal estado “por los movimientos que han tornado las maderas”, debido a su carácter provisional, y por la consiguiente degradación por su exposición a la intemperie. En este informe se proponían como obras de más urgencia la modificación de estos apoyos y el apeo con cimbras de todas las bóvedas deterioradas de la nave mayor y del brazo norte del crucero, es decir, un abreviado esbozo de lo que será el posterior proyecto de encimbrado para las bóvedas altas 29.

El Cabildo se dirigió el 22 de febrero de 1870 al Regente del Reino en demanda de fondos para las obras de la Catedral “que por falta de recursos –exponía el Cabildo– hace mas de un ano se hallan paralizadas” 30.

Madrazo reforzó la petición del Cabildo con un informe dirigido al Ministro de Gracia y Justicia 31. En este documento, tras la relación de las partes desmontadas, volvía a losistir en la necesidad de ejecutar en primer lugar y con urgencia las obras de carpintería previas a la reconstrucción de bóvedas y ventanas. El sistema de ejecución, los medios materiales necesarios y el personal de subalternos requerido para los trabajos son expuestos en este documento.

Estos informes de Juan de Madrazo, con la relación de las obras de más urgente necesidad y las peticiones de reanudación de las obras por parte del Cabildo, no fueron suficientes para que el Ministerio otorgara los fondos necesarios para emprender los amplios trabajos de encimbrado y reconstrucción que demandaba el estado de la Catedral.

Sin embargo, estas gestiones tuvieron un resultado parcial con la consignación de una pequeña cantidad en abril de 1870 que se empleo para las obras de reconstrucción de los botareles del hastial meridional, fondos que también se aprovecharon para ejecutar algunas obras de carpintería.

Según una relación de Madrazo, de junio a noviembre de 1870 se emplearon estos fondos parciales para la reedificación del botarel de poniente del brazo sur del crucero –Caracol de la Muerte– que se llevó hasta una altura de 10,65 metros, es decir, hasta la línea de imposta superior, y se prosiguió con la reconstrucción de los dos arbotantes de contrarresto del hastial meridional 32. La construcción del botarel comenzó el 7 de mayo y se terminó a mediados de agosto 33.

Una vez terminadas estas obras, nuevamente se paralizaron los trabajos en octubre ante la falta de recursos económicos. Las autoridades religiosas acudieron una vez más al Regente del Reino y a los representantes políticos de la provincia de León en demanda de fondos a finales del mes de octubre 34.

La gestiones de los Senadores de León ante el Ministro de Gracia y Justicia dieron como resultado la consignación en el mes de mayo de 1871 de 125.000 pesetas para continuar las obras, cantidad que se aplico inmediatamente a la reedificación del otro botarel del brazo sur del crucero 35.

De mayo a julio de 1871 se procedió a la continuación de la reedificación del Caracol de la Muerte, que se elevó hasta la altura del chapitel de coronación, con un volumen de más de 40 metros cúbicos de fabrica. Posteriormente se realizaron las labores escult6ricas de remate del botarel, gárgolas de derrame de las aguas y parte del cornisamiento del brazo sur, para lo que se empleo piedra de las canteras de Burgos 36.

Estos trabajos de reconstrucción de los botareles de contrarresto del brazo sur del crucero eran indispensables para la posterior reedificación de la nave meridional y remate del hastial, dada su función de estribos. Sin embargo, estas obras de cantería y otras de encimbrado que se acometieron con esta partida, pese a su importancia, se ejecutaron a un ritmo bastante lento y con constantes interrupciones.

Las obras continuaron hasta septiembre de 1872 en que volvieron de nuevo a paralizarse ante la falta absoluta de fondos. Nuevamente se dirigió el Vicario capitular al Ministro de Gracia y Justicia el día 13 de noviembre remitiendo un presupuesto formado por Juan de Madrazo con la estimación del coste aproximado de las obras de encimbrado y reconstrucción del brazo sur del crucero, “hasta atar la construcción nueva con la obra vieja que está sólida y que ha quedado en pie” 37.

Al año siguiente tuvo lugar un importante cambio en la administración de las obras de restauración de la catedral: el 9 de mayo de 1873 el expediente de restauración paso a depender del Ministerio de Gracia y Justicia –Negociado de Edificios Diocesanos– al Ministerio de Fomento, Sección de Construcciones Civiles de la Dirección General de Obras Públicas. Con esta reestructuración administrativa, se creó la Junta Inspectora de las obras con la composición siguiente 38: Presidente, el Gobernador Provincial; Vicepresidente, el Obispo de León, Vocales, el Arquitecto Director y el Ingeniero Jefe de Caminos Provincial, y Secretario sin voto, el Auxiliar Ayudante 39.

Poco antes de que las obras pasaran a depender oficialmente del Ministerio de Fomento, Madrazo envió un informe al Director General de Obras Públicas a finales del mes de abril en que al tiempo que exponía el sistema de restauración que habría de adoptarse, daba una precisa relación del estado de las obras en ese momento 40. Los trabajos de carpintería que se habían realizado hasta el momento comprendían los cuchillos de los arcos perpiaños de la nave mayor al oeste del crucero, con la conclusión total del encimbrado de la b6veda situada sobre el coro, y el cuchillo del primer arco perpiaño del presbiterio 41. Las obras propiamente de restauración incluyeron la reconstrucción de los mencionados botareles de contrarresto de la nave meridional, “con todos sus coronaciones completas de chapiteles y pináculos”, y en el interior “se ha sentado la hilada de los capiteles donde arrancan las bóvedas altas en tres de los seis pilares de que consta el brazo Sur del crucero”.

A finales del mes de enero de 1874, Juan de Madrazo firmaba el proyecto de encimbrado para las bóvedas altas. La redacción de este complejo proyecto suponía la elaboración final de las propuestas de encimbrado que había venido elevando a la superioridad, como trabajos de más urgencia, desde que accedió a la dirección de las obras de restauración. Sin embargo, los retrasos en la tramitación del proyecto y los problemas de la falta de licitadores en las subastas para la ejecución del encimbrado, provocaron que las obras de encimbrado de la Catedral no comenzaran hasta el mes de junio de 1876 42. Pero mientras esto ocurría con el desarrollo de las obras, el nuevo Obispo de León realizó un apasionado llamamiento a todo el orbe para procurar allegar fondos con destino a la catedral de León.

La falta de consignación por parte del Gobierno de una cantidad regulada y suficiente para reanudar las obras de restauración con un ritmo constante, llevó al Obispo de León, Saturnino Fernández de Castro, a organizar una suscripción pública e internacional aprovechando la situación más propicia para la Iglesia que se abrió con la restauración borbónica. El Obispo, que había ocupado la sede vacante Leonesa a mediados del año 1875, convocó el 10 de noviembre de ese mismo año una junta en el Palacio Episcopal para la formación de las comisiones necesarias para organizar la suscripción 43.

Como resultado de estas reuniones, se redactaron varias circulares que, una vez impresas, se distribuyeron por España y el extranjero 44. Estas circulares se acompañaron del Juicio pericial de Juan de Madrazo sobre el estado de la Catedral con la sumaria relación de las obras de restauración necesarias para volver a abrir el templo al culto 45. Este resumido informe de Madrazo presenta el interés de contener, como complemento a anteriores informes, un cuadro completo de la totalidad de las obras de restauración de la catedral de León agrupadas en varios grados, según su mayor o menor urgencia. Así, se consignaron no solamente las obras necesarias para asegurar la estabilidad del edificio, sino también las obras denominadas por Madrazo “de conclusión o de complemento”, como trabajos necesarios para la total restauración pero que no afectaban a la estructura constructiva del edificio, en un esquema que será el seguido por sus sucesores hasta la finalización de la restauración total de la catedral de León.

Los dramáticos términos empleados en la redacción de las circulares para expresar las necesidades urgentes de recursos económicos, llegaron a oídos del Ministerio de Fomento que, a través de la Dirección General de Construcciones Civiles, se dirigió al Obispo de León, como Presidente de la Junta de Obras de la Catedral, solicitando que informase sobre esta suscripción publica de la que no se tenía en Madrid conocimiento oficial 46. El informe del Obispo daba cuenta de la organización creada para esta suscripción nacida por iniciativa suya, si bien, como decía en su informe, ya había anunciado anteriormente de modo personal su propósito al Ministro de Gracia y Justicia, Calderón Collantes y al de Fomento, Martín Herrera, en reuniones donde les explicó el estado de ruina de la catedral y su deseo de realizar una suscripción general 47.

Sea como fuere, lo cierto es que los fondos recaudados fueron realmente escasos: únicamente se recibieron cantidades de cierta importancia del monarca Alfonso XII, así como de la Obra Pía de la Santa Cruzada y de la Diputación de León. Este fracaso de la suscripción popular demostraba que el idealizado tiempo de las grandes construcciones de las catedrales góticas, que ahora se queria resucitar con el auge del movimiento “neocatólico”, quedaba definitivamente anclado en el pasado: será el Estado el que, en atención al carácter de Monumento Nacional de la catedral Leonesa, sufrague los gastos de la restauración 48. No obstante, y quizás debido a esta difusión nacional que tomaron las obras de restauración, lo cierto es que a partir de ese año de 1876 se consignó por parte del Ministerio de Fomento una cantidad fija para la prosecución de las obras de restauración, que comenzaron a partir del mes de junio con la construcción por administración del proyecto de encimbrado de Madrazo que ya había sido aprobado con anterioridad. A partir de entonces se abre una nueva etapa para la restauración de la catedral de León.

En definitiva, escasa obra para siete años de actividad dominados por los problemas presupuesta Ríos y administrativos. Sin embargo, en este periodo, como dijimos más arriba, Juan de Madrazo fue formando su pensamiento acerca del sistema de restauración. La documentación de estos años muestra la progresiva maduración del proyecto de encimbrado para las bóvedas altas fechado el 28 de enero de 1874, elaborado por Juan de Madrazo durante este periodo de lentitud en los trabajos de fábrica. La complejidad del proyecto de encimbrado supone un cuidadoso estudio del funcionamiento de la estructura gótica como sistema en equilibrio activo. El interés teórico del estudio de la catedral que realiza Madrazo en el proyecto de encimbrado requiere una mayor detención en su elaboración teórica.

 

3) EL PROYECTO DE ENCIMBRADO DE LA CATEDRAL.

– El estado exangüe de la catedral de León en 1869: la necesidad de un sistema de apoyos y entibaciones.

La reiterada petición de fondos para acometer el encimbrado de la Catedral fue, como hemos visto, una constante en estos primeros siete años de dirección facultativa de Juan de Madrazo. El lastimoso estado de la Catedral, tras los desmontes ejecutados por Matías Laviña en el periodo anterior, hacia imprescindible la creación urgente de medios auxiliares para apoyar debidamente las partes desmontadas y proceder a la reconstrucción una vez asegurada la estabilidad del edificio.

El impresionante sistema de encimbrado ideado por Juan de Madrazo a modo de inmenso armazón de madera respondía a las necesidades requeridas por el estado de semirruina que presentaba la Catedral en el momento en que se encargó de la dirección de las obras. El desequilibrio de la fábrica era evidente: las pilas cercedadas no ofrecían un apoyo estable a las bóvedas, los tramos desmontados de bóvedas habían roto el equilibrio y las que subsistían, agrietadas y descompuestas, ejercían empujes desiguales, al tiempo que el deterioro o desmonte de arbotantes y botareles, en su función de contrarrestos, les incapacitaba para resistir los empujes: la ruina, tras los desmontes, parecía inminente.

La escasa obra realizada por Andrés Hernández Callejo, que como vimos se limitó a la labra de sillares, había dejado la Catedral a Juan de Madrazo prácticamente en el mismo estado en que Matías Laviña detuvo los trabajos. Las obras de reconstrucción iniciadas por Matías Laviña en la parte meridional de la iglesia llegaron solamente hasta la altura del triforio –que más tarde seria desmontado por Madrazo– con lo que faltaba por reconstruirse parte de los botareles de contrarresto, toda la zona correspondiente a las ventanas altas, rosetón y remate del hastial y las bóvedas altas desmontadas, como se puede observar gráficamente en el alzado de la fechada meridional trazado por Callejo y como expresaba verbalmente Madrazo en su relación de marzo de 1870 49:

Demolido, por su estado ruinoso, el crucero de la Iglesia con sus dos bóvedas contiguas de la nave mayor y todo el brazo Sur con la inclusión de su fechada, la reconstrucción de todas estas partes quedó paralizada a la altura del ándito o triforio que corre por todo alrededor, faltando en el día construir el tercero y último cuerpo, o sea, el de los ventanajes altos de la nave mayor con las armaduras de cubierta y demás accesorios al nivel de la parte antigua que ha quedado en pie”.

Las obras de cantería realizadas por Madrazo desde 1869 hasta 1876 comprendieron fundamentalmente, como hemos visto en el apartado anterior, los dos botareles situados a ambos lados del brazo sur en el extremo de la fechada y la elevación parcial de los pilares interiores. Pero las obras de cantería no podrían ser continuadas si antes no se aseguraba la estabilidad del sistema de bóvedas.

Además de ser de imperiosa necesidad realizar el encimbrado de la Catedral para proceder a la reconstrucción, estas cimbras eran completamente imprescindibles para contener los desequilibrados empujes que extendían la ruina de modo alarmante e incontenible hacia otras zonas del edificio. Hernández Callejo hablaba de “puntos ruinosos sin apoyos, de la bóveda ruinosa del presbiterio” y de la bóveda del coro, “cuya ruina es inminente”. Estas afirmaciones de Callejo demuestran cómo la ruina, en principio limitada a las partes desmontadas por Matías Laviña, se extendía de modo inquietante hacia otras bóvedas altas del edificio –coro, presbiterio y brazo norte– que comenzaban a arruinarse causando el terror y la angustia de la población y de los religiosos. Ante la falta de apoyos que sustituyeran en sus funciones estáticas a los elementos que habían sido derribados, las bóvedas se encontraban mutiladas sin el sostén necesario.

Como un enorme castillo de naipes al que se le retiran varias de sus cartas, la catedral de León amenazaba con extender esta irrefrenable ruina hasta desbaratar por completo la estabilidad del edificio y convertirse en un montón de escombros.

Las obras de carpintería de contención realizadas por Matías Laviña no contribuyeron a dotar de las entibaciones precisas al edificio: sus armaduras de madera eran grandes y pesadas armas aprestadas y fijas sobre durmientes que prácticamente sólo servían como andamios para servicios de opera Ríos y materiales y simple sostenimiento vertical de las bóvedas. El sistema de equilibrio de la catedral gótica era, sin embargo, mucho más complejo: resultado del “principio de equilibrio activo”, la entibación del edificio debía ser resultado de la comprensión profunda del sistema de fuerzas que intervenían en este “equilibrio”, como se encargó de demostrar Juan de Madrazo.

Madrazo, ante esta situación en que se encontraba la fábrica, desde el primer momento se percató del doble aspecto que presentaba el sistema de restauración que había de seguirse en la Catedral. Por una parte, y en primer lugar, era imprescindible asegurar la estabilidad del edificio, de siempre comprometida, y crear los medios auxiliares de carpintería para proceder a los apoyos, apeos y reconstrucciones 50.

Por otro lado, una vez creado el armazón de madera, comenzaran los trabajos de restauración propiamente dicha que determinarían la “imagen constructiva y formal” del edificio, para lo que Madrazo recuperó las formas góticas del siglo XIII como las adecuadas al carácter artístico-arqueológico del templo 51.

Por lo tanto, la primera fase de los trabajos, la construcción del encimbrado, en cuanto afectaba directamente a la estabilidad del edificio, a su estructura, llevó a Madrazo a elaborar un concienzudo estudio del mecanismo “funcional” de la catedral gótica, concebido como sistema de cargas y contrarrestos, de elementos activos, elásticos, que intervienen como “estructura”, opuestos a elementos pasivos, neutros o rígidos, cuya única función es servir de cerramiento.

Este modelo de interpretación de “la catedral gótica” es de suma importancia como explicativo de la imagen formal que adopta la Catedral tras la restauración. La elaboración por Juan de Madrazo de su sistema de encimbrado es fruto de un estudio teórico previo del “sistema constructivo gótico” y sus “principios arquitectónicos”. Por consiguiente, la amplia comprensión de la significación de su proyecto de encimbrado se debe realizar en el marco teórico de la elaboración doctrinal de un modelo de explicación general del funcionamiento mecánico del sistema constructivo gótico y su aplicación concreta al problema de la reconstrucción de la catedral de León.

–  Fundamentos teóricos del sistema de encimbrado; un sistema de interpretación de la Catedral gótica: funcionalismo estructural y equilibrio activo.

La restauración de la catedral de León se había convertido en una verdadera reconstrucción de partes vitales de su organismo constructivo. El sistema de encimbrado ideado por Juan de Madrazo, como enorme armazón de madera, estaba concebido para englobar la totalidad estructural del edificio, a modo de “horma” que sostuviese y estribase la catedral y a la vez permitiera reconstruir las partes desmontadas.

El método seguido por Madrazo para la restauración es la directa aplicación de las doctrinas “racionalistas” de explicación del funcionamiento del sistema gótico llevadas a su más acabada elaboración en Francia por E. Viollet-le-Duc. El éxito que tuvieron las teorías del arquitecto francés durante todo el siglo XIX se debe en gran medida a la rigurosa afirmación de un método que coordina todo su sistema de explicación de la arquitectura gótica 52. La elaboración de un método con pretensiones de constituirse en una “ciencia de la arquitectura” de validez universal explica la gran difusión de sus estudios teóricos e históricos por todo el continente 53.

Juan de Madrazo adopta y desarrolla el método de interpretación del sistema gótico deducido por Viollet-le-Duc para resolver el complejo problema de contención de la ruina y reconstrucción de la catedral de León. El proceso de restauración se convierte en un interesante campo de experimentación y demostración de los principios racionales sobre los que se asienta la arquitectura, y que, en opinión de Madrazo, eran evidentes en un edificio como la catedral de León, perteneciente a la fase más depurada de la evolución del estilo gótico.

El conocimiento preciso y detallado de los distintos sistemas constructivos entronca con la aspiración de la cultura arquitectónica del XIX de organizar el estudio sistemático y racional de los estilos arquitectónicos de la historia que posibilitará intervenir en los edificios del pasado con la suficiente garantía de fiabilidad, mas allá de las primeras evocaciones sensibles y pintorescas del primer romanticismo. “Los edificios desmontados podrían volver a ser montados” siguiendo lógicas diferentes, deducidas de su propio sistema constructivo. Los distintos “sistemas” arquitectónicos se configuran en su evolución histórica como la consecución, aplicación y desarrollo de nuevos “principios” constructivos.

El interés de la obra histórica de Viollet-le-Duc reside en concebir la evolución de la historia de la arquitectura no tanto como una sucesión de formas, sino antes bien como la transición gradual de unos “principios” constructivos a otros, en un proceso de búsqueda incesante y ensayos previos. Si Viollet-leDuc se interesa en la “forma” arquitectónica, es menos para describir el repertorio histórico de las diversas formas, trabajo de arqueólogo, que para descubrir los “principios” que determinan las formas 54.

La aprehensión profunda de los principios de la arquitectura permite al arquitecto realizar un proceso de descomposición y reconstitución de la totalidad arquitectónica en sus elementos constituyentes, posible en su doble recorrido de análisis –descomposición– y de síntesis –reconstitución–. Este proceso lo encontramos realizado, como operación de disección mental y gráfica, en las páginas del Dictionnaire raisonné a través de los múltiples ejemplos propuestos por Viollet-le-Duc para demostrar la lógica de la arquitectura, su carácter “razonado”. El paso de la recomposición “imaginaria” a la reconstrucción “material” se realiza por la restauración, posible al desenvolver el arquitecto la lógica constructiva interna al edificio.

Desde esta perspectiva cobra pleno sentido la afirmación expresada en su artículo “Restauration” del Dictionnaire donde propugna “que cada edificio o cada parte de un edificio debe ser restaurado en el estilo que le pertenece, no solamente como apariencia, sino como estructura” 55. Es decir, el arquitecto restaurador debe tener un preciso conocimiento de los principios que determinan los sistemas arquitectónicos y penetrar en el organismo interno del edificio 56:

si el arquitecto encargado de la restauración debe conocer las formas, los estilos pertenecientes al edificio y a la escuela a que pertenece, debe conocer mejor aún, si es posible, su estructura, su anatomía, su temperamento, puesto que ante todo es necesario que le haga vivir”.

La intima comprensión de la estructura del edificio, como aplicación inmediata de los principios constructivos, es el primer paso en la restauración arquitectónica. Estructura significa además “conformación”, es decir, la manera en que están dispuestos y combinados los elementos resistentes del edificio para que este exista como un todo organizado que garantiza su función estática.

Dentro de este marco teórico Juan de Madrazo se aproxima a la reconstrucción de la catedral de León a través del estudio de los principios arquitectónicos que gobiernan su estructura. La clara exposición de estos principios es fundamental para la comprensión del método que adopta Madrazo en la restauración.

El carácter abstracto de las leyes arquitectónicas de las que deriva la construcción gótica dota de unidad al estilo mas allá de las diferencias regionales o de escuelas. La genérica consideración de la catedral de León como un edificio perteneciente a la fase “clásica” de desarrollo del estilo gótico permite a Madrazo estudiar su estructura a partir de las leyes comunes al sistema gótico del siglo XIII; es la unidad y variedad que al mismo tiempo se observa en cada edificio: esta es una de las grandes cualidades del sistema gótico, es decir, el sistema constructivo gótico no se convierte en una codificación de fórmulas absolutas, sino que el carácter razonado y necesario de sus principios a la vez que unifica el método de construcción permite el libre ejercicio imaginativo del arquitecto.

La restauración arquitectónica se define como la “relectura” de estos principios que se encuentran “codificados” en el organismo interno del edificio y que posibilitan y legitiman su devolución a ese “estado completo” de “pureza originaria” contenido en la definición violletina del término. En cuanto “relectura” de principios latentes en el organismo arquitectónico, la restauración no está exenta de la “interpretación” que del edificio realiza el arquitecto restaurador, puesto que, “ante todo es necesario que le haga vivir”.

El carácter “exacto” de la restauración, como parte fundamental de la “ciencia de la arquitectura”, une en su campo disciplinar la ciencia histórica y la ciencia de la construcción 57. Pero esta ultima, la construcción, es al mismo tiempo un arte, por lo que a su carácter de exactitud rigurosa como ciencia derivada de unos principios necesarios, se suma “el sentimiento natural”, “el instinto”, propio de los artistas. “La construcción es el medio, la arquitectura el resultado”; esta frase la loserta Viollet-le-Duc en el primer párrafo de su articulo “Construcción” del Dictionnaire raisonné. El resultado –la arquitectura– es algo más que la aplicación razonada del medio –la construcción–, más que la mecánica realización de un principio abstracto: entre ambas se sitúa el arquitecto que –como indica Geer Bekaert– “cada vez realiza nuevas síntesis individuales en el interior de una estructura fundamental especifica” 58. El conocimiento de los principios constructivos es para Viollet-le-Duc el conocimiento de la parte cientifica de la disciplina arquitectónica, pero su desenvolvimiento, su desarrollo, es propio del “genio” particular del arquitecto. Estos principios, en cuanto eternos y presentes en toda la arquitectura, hacen que las barreras entre la “restauración” y la “construcción” se difuminen: las distancias temporales que separan la obra del pasado del edificio del presente se anulan ante la persistencia atemporal de los principios de la arquitectura. Es aquí donde, como indica Giulio C. Argan, “la concepción del revival enlaza entonces con la de restauración”, donde “la teoría de restauración de edificios formulada por Viollet-le-Duc (...) señala el punto de máxima tensión y el final del Gothic revival59. Así, –afirma Argan– Viollet-le-Duc “no tiende a evocar el pasado, sino a reactivarlo: la construcción es siempre una reconstrucción, la obra de arte es siempre una restauración” 60.

La Historia es inseparable de cualquier formulación teórica en Viollet-le-Duc. Los principios abstractos son deducidos y demostrados por el razonamiento histórico. De aquí la relevancia que alcanza la restauración arquitectónica en su corpus teórico. El edificio del pasado, la arquitectura en su desarrollo histórico, es la única escuela de enseñanza directa para la formación de la nueva arquitectura. La Historia demuestra que cada edificio concreto es la realización material de un “estilo”, cuya forma es el resultado riguroso de la aplicación de unos principios generales que determinan la esencia de su ser arquitectónico. Por tanto, la conquista conceptual del edificio que ha de realizar el arquitecto restaurador comienza con la abstracción de los principios que explican su conformación y relación entre las partes, hasta constituirse en totalidad arquitectónica, hasta aparecer dotado de estilo 61.

En opinión de Viollet-le-Duc el principal principio constructivo introducido en la arquitectura occidental por los constructores de la Edad Media fue el principio de la “elasticidad”. La aplicación por vez primera del principio de elasticidad en la arquitectura medieval permite la consecución de un nuevo sistema constructivo que unifica a la arquitectura medieval más allá de las diferencias de estilos y escuelas, resultantes de la diversa interpretación de este principio. La esencia de la diferencia existente entre la arquitectura romana y la arquitectura medieval reside –en opinión de Viollet-le-Duc– en la diferencia de principios constructivos: la arquitectura romana está fundamentada en el principio de “la estabilidad absoluta” o “estabilidad inerte”, mientras que este es reemplazado en la Edad Media por el mencionado “principio de elasticidad”, donde la estabilidad es el resultado del equilibrio de fuerzas. Este diferente punto de partida entre los dos sistemas constructivos explica el resto de sus diferencias arquitectónicas: la disposición y combinación de los tipos estructurales –bóvedas, arcos, elementos de sostenimiento, ...–, el empleo de los materiales, las formas resultantes, la estética del edificio, todo ello surge, en definitiva, como consecuencia de la adopción de uno u otro principio 62. El sistema de bóvedas romano se sostiene en puntos de apoyo absolutamente estables, puesto que esta bóveda es fundamentalmente “una corteza homogénea sin elasticidad”: el resultado son masas inmóviles y pasivas que actúan solamente como resistencias pasivas; sin embargo, los constructores románicos introducen un sistema nuevo para sostener las bóvedas en relación con la inestabilidad de los puntos de apoyo destinados a soportarlas y contrarrestarlas: la bóveda se divide en tramos por los arcos fajones que funcionan como una “fuerza viva, elástica, libre, una osatura sobre la que reposa la bóveda propiamente dicha”; la bóveda pierde su carácter de corteza homogénea y concreta, y se convierte en una serie de parteles libres que reposan sobre arcos flexibles, que a su vez necesitan ser contrarrestados por refuerzos en el muro por medio de contrafuertes, en definitiva, nace un nuevo sistema de construcción fundamentado sobre el principio de elasticidad. El principio, una vez adoptado, es susceptible de progresar y evolucionar. Para Viollet-le-Duc la elasticidad, el equilibrio de fuerzas entre los elementos constructivos, que germina en las construcciones románicas, alcanza su pleno desarrollo y perfección con la arquitectura gótica. Los muros de los edificios góticos pierden su carácter portante y se convierten en meros cerramientos, el equilibrio de fuerzas y contrarrestos alcanza su máxima expresión con el sistema de bóvedas de crucería, arbotantes y botareles exteriores, en el interior se consiguen los máximos espacios vacíos posibles, la decoración subraya y potencia la estructura, en definitiva, un sistema arquitectónico totalmente razonado y coherente, donde cada elemento constructivo encuentra su razón de ser y su explicación razonada dentro de la totalidad arquitectónica.

Este método de interpretación de la arquitectura gótica coordina todo el sistema y permite al arquitecto restaurador englobar en el modelo de explicación toda la variedad empírica de edificios góticos. Las distintas patologías de los edificios góticos sometidos a restauración contaban a partir de la formulación de Viollet-le-Duc con un cuadro clínico adecuado en donde realizar el diagnóstico 63:

No olvidemos que los monumentos de la Edad Media no están construidos como los de la Antigüedad romana, en los cuales la estructura procede por resistencias pasivas, opuestas a fuerzas activas. En las construcciones de la Edad Media todo miembro actúa. (...) En una palabra, no se trata de mantener fuerzas inertes actuando solamente en sentido vertical, sino fuerzas que actúan en sentido opuesto para establecer un equilibrio; toda modificación de una parte tiende entonces a perturbar este equilibrio”.

Este es el punto de partida metodológico que adoptó Juan de Madrazo para plantear la reconstrucción de las partes desmontadas de la catedral de León. El sistema de encimbrado ideado por Madrazo es la adaptación de una armadura de madera a las condiciones estructurales del edificio gótico, a modo de elemento neutro aplicado a la parte activa del edificio.

Juan de Madrazo organiza el sistema de restauración de la catedral de León desde la distinción previa de los dos tipos de fábrica que intervienen en la estructura gótica. En el informe de 1870 realiza un primer planteamiento del sistema y organización de los trabajos en función de los tipos de fábrica 64:

En cuanto a esta reconstrucción (...) hay que consignar una distinción muy importante entre todo lo que es la obra gruesa, la armazón o esqueleto del edificio, o sea, la parte elástica de su estructura, y lo que es la obra fina y delicada, la parte que no desempeña ninguna función activa en la construcción, que es rígida y que no hace más que cerrar, a la manera de grandes enrejados de piedra, los inmensos huecos que deja la primera”.

El primer tipo de fábrica, la parte elástica de la estructura, comprende –según especifica en el informe de 1873– “la combinación de botareles, arbotantes, pilares y contrafuertes y los arcos de crucería para la formación de bóvedas” 65. Todas estas fábricas desempeñan una función activa en el organismo arquitectónico y de ellas depende la estabilidad del edificio. El resto de la cantería, la fábrica que no desempeña ninguna función activa, la divide Madrazo en dos clases, “rígida, cuyo único objeto es servir de cerramiento” (ventanales de tracería, rosas y rosetones) y “neutra, que no hace más que gravitar sobre las crucerías” (como los entrepaños o plementería de las bóvedas) 66.

Esta distinción que realiza Juan de Madrazo entre partes activas y pasivas, como “dos clases de fábrica tan diferenciadas entre sí por su naturaleza y función”, es de suma importancia para determinar el sistema de restauración del edificio: lógicamente la parte propiamente activa, elástica, es el primer tipo de fábrica que debe reconstruirse para asegurar la estabilidad del templo y restituir el sistema en equilibrio activo de la catedral gótica.

La reconstrucción de la Catedral había de recuperar el método de composición de los edificios introducido por los constructores medievales. Según la interpretación violletiana, el método de interpretación del edificio gótico consistía en hacer derivar las plantas y la disposición de los alzados de la estructura proyectada para las bóvedas 67. Por consiguiente, el método de reconstrucción de la estructura activa de la Catedral tenía que contar con el tipo y disposición de las bóvedas de crucería que se iban a reponer y sus contrarrestos: “hay necesidad –decía Madrazo– de voltear sobre cuarenta arcos apuntados, ya de triángulo equilátero, ya de tercer punto, de diferentes luces, que componen las crucerías de las bóvedas, y sus contrarrestos a los arbotantes exteriores” 68.

Como se ha podido observar, el encimbrado de la catedral de León ideado por Madrazo reposa en la concepción teórica del mecanismo y funcionamiento de la Catedral gótica elaborado en Francia especialmente por Viollet-le-Duc. La afirmación de un método que coordina todo el sistema de explicación de la arquitectura gótica permitió a los arquitectos del siglo XIX intervenir de una manera “lógica” en los edificios góticos. El conocimiento detallado de los principios de los que, según Viollet, derivaba la arquitectura gótica se erigen en las leyes que dominan su estructura: la arquitectura gótica como arquitectura dinámica, su carácter elástico y “articulado” y su espíritu de sistema, además de constituir importantes puntos de reflexión para la definición de una nueva arquitectura, constituían una explicación del funcionamiento del edificio gótico unitaria, coherente, cerrada y al mismo tiempo flexible, que permitía realizar cualquier tipo de intervención en el interior de su organismo contractivo con la perspectiva teórica necesaria 69.

Estos fundamentos teóricos dotan de la perspectiva adecuada el sistema de encimbrado elaborado por Juan de Madrazo. En el desarrollo del método de interpretación avanzado por Viollet-le-Duc, Madrazo se revela como un experto conocedor de las doctrinas del arquitecto francés que desarrolla en el sistema de reconstrucción propuesto para la catedral de León, cuyo encimbrado, impresionante edificio de madera cobijando al pétreo, supuso la elaboración de un complejo sistema de carpintería de armas para adaptarlo a las condiciones estructurales del edificio.

–  Función y descripción del sistema de encambrado.

* Fuentes documentales.

El conocimiento del sistema de encimbrado que proyectó y realizó Juan de Madrazo para la catedral de León se puede conocer gráficamente a través de varias fuentes documentales, ya que, en su función de medio auxiliar para la restauración, lógicamente fue desmontado al terminarse los trabajos de cantería 70. La principal documentación gráfica la componen los planos elaborados por el propio Madrazo y presentados como documento segundo de su proyecto de encimbrado 71. Estos planos se componen de un total de cuatro hojas, planta del encimbrado (fig. 38), cortes transversal y longitudinal (figs. 39 y 40), todas ellas a ejecutadas a escala 2:100, y una cuarta hoja con los pormenores de ejecución, que comprenden el alzado de las cimbras para las ogivas a escala 2:100, los arranques de los racimos de cimbras sobre los capiteles de las pilas en una escala de 5:100 y los detalles de los herrajes especiales, en escala de 23:100 (fig. 41).

A estos planos hay que sumar la hoja que realizó Demetrio de los Ríos para completar y extender el encimbrado a la bóveda alta del ábside que, por sus especiales características, requirió la elaboración de un proyecto especifico 72. Demetrio de los Ríos fue también el autor de unos modelos de encimbrado y apeo de bóvedas que, ejecutados en pequeña escala, fueron reproducidos en fototipias en su monografía sobre la Catedral (fots. 9 y 10). Estos modelos proporcionan una idea esquemática y tridimensiónal del sistema de carpintería.

Por otra parte, también son interesantes los dibujos, elaborados por los ingenieros del ejercito José Artola y Fontela y José Patiño y Mesa que muestran los distintos esquemas de cimbras, castillejos y andamios, ejecutados según el tipo de arcos y contrarrestos a los que se adaptaron, en un total 21 figuras distribuidas en dos laminas (figs. 46 y 47), que fueron publicadas en el Memorial de Ingenieros del Ejercito el año 1883, con una descripción del encimbrado y de la catedral tal como se encontraban por estas fechas 73.

La documentación literario-descriptiva sobre el encimbrado la componen principalmente las “memorias” redactadas por Juan de Madrazo y Demetrio de los Ríos como explicación de los proyectos 74, y también los artículos que aparecieron en la prensa especializada acerca del encimbrado y sobre la restauración en general, en especial los que se escribieron con motivo de la polémica levantada por la concesión póstuma de la Medalla de Oro al proyecto de encimbrado de Juan de Madrazo en el Premio Nacional de Bellas Artes del año 1881 y, sobre todo, la interesante descripción del encimbrado que realizó Juan Bautista Lázaro y que fue publicada en 1886 75 (figs. 44 y 45).

Toda esta documentación gráfica y escrita permite reconstruir de una manera bastante aproximada las características del encimbrado en relación con los tipos estructurales a los que sirve y se adapta, su función en el proceso reconstrucción de la catedral y los trabajos de encimbrado y descimbre, paralelos a la recomposición de los elementos estructurales “activos” del edificio.

La variedad de piezas de madera y herrajes que componen cada uno de los tipos de cimbra es de tal magnitud que no entraremos en una descripción detallada e individualizada del encimbrado como relación detenida y concreta de cada una de sus partes constitutivas, modos de ensamblaje y cálculos de resistencia de materiales, análisis este que supondría exceder los limites de este trabajo. Por tanto, en los siguientes epígrafes nos limitaremos a referir la significación e importancia global del sistema de encimbrado de Juan de Madrazo, entendido en el contexto de la totalidad del proceso de restauración de la catedral de León, así como sus conexiones con los fundamentos teóricos apuntados en el apartado anterior que denotan la creación del sistema de encimbrado inmerso en el esquema teórico y modelo interpretativo del sistema constructivo gótico como “sistema en equilibrio activo” ya señalado 76.

* Significado constructivo de las bóvedas de la catedral: “un sistema deducido desde arriba”.

Juan de Madrazo articula su proyecto de encimbrado de la Catedral en función del sistema de bóvedas de crucería que recorren las naves altas del edificio y para cuya consolidación, reconstrucción y restauración se crea el encimbrado. El mismo título del proyecto, “encimbrado para las bóvedas altas”, así lo indica. Sin embargo, el sistema de encimbrado no se limita a las carpinterías inmediatamente necesarias para la reconstrucción de los nervios y plementería que componen las bóvedas; como puede verse en los planos y comprobarse en la memoria descriptiva del proyecto, las cimbras se aplican a todos los tipos de arcos empleados en la construcción de la Catedral que están en relación con las bóvedas altas: arcos torales del crucero, arcos fajones, formeros y nervios u ojivas en el resto de las bóvedas altas, y arbotantes exteriores. Los empujes ejercidos por estos arcos, parte viva y activa de la estructura, son transmitidos a los puntos de apoyo, es decir, directamente a los pilares en el interior del edificio y hacia los botareles exteriores a través de la acción ejercida por los arbotantes en su doble función de transmisores de empujes y de contrarrestos. De esto se deduce que el equilibrio y estabilidad de la Catedral depende de la adecuada transmisión de los empujes por los arcos y de la solidez y consistencia de los elementos de apoyo que reciben las cargas y los empujes. Por eso, como hemos comprobado más arriba, Madrazo comenzó su labor en la Catedral con la reconstrucción de los dos botareles que flanquean la fechada meridional, considerados indispensables para asegurar la estabilidad de la Catedral por este costado, pues en ellos confluyen los empujes ejercidos por las bóvedas altas e incluso los de los arcos torales del crucero, debido a la transmisión de empujes a través de los formeros.

Este “modelo teorético” de explicación del funcionamiento mecánico del sistema de equilibrio activo de la catedral gótica que adopta Juan de Madrazo dota de pleno significado a su proyecto de encimbrado para las “bóvedas altas”. En efecto, el sistema de encimbrado está concebido como una interrelación de los tipos estructurales del edificio, pero cuya relación interna viene determinada por el principio de dependencia y deducción de la totalidad constructiva del edificio en función del sistema de bóvedas de crucería. Las bóvedas determinan todo el sistema constructivo del edificio: “El primer resultado de esta innovación –la bóveda de crucería– fue obligar a los constructores a componer sus edificios comenzando por las bóvedas”, decía Viollet-le-Duc 77.

Del sistema de bóvedas de crucería se puede deducir de modo completamente lógico y racional el resto de la estructura del edificio. Este método, “extraño en apariencia, y consistente en hacer derivar las plantas de la estructura proyectada para las bóvedas, es eminentemente racional” 78. Es decir, puede afirmarse que el sistema gótico es concebido por este modelo explicativo como un “sistema rigurosamente deducido desde arriba”. Es más, como método constructivo, la deducción de la totalidad del proyecto a partir de la estructura proyectada para las bóvedas, es considerado como un método de proyecto “eminentemente racional”, y por tanto aplicable mas allá de sus concretas vinculaciones históricas con la arquitectura gótica 79.

El tema clave de la arquitectura gótica se concentra en torno a la bóveda de crucería. Por una suerte de “determinismo constructivo" la bóveda de crucería jerarquiza el sistema gótico: una vez concebida la disposición de las bóvedas, el resto del sistema de apoyos y contrarrestos se deduce lógicamente, es decir, las bóvedas organizan la disposición de los puntos de apoyo verticales, su altura y su diámetro en relación con las características de la bóveda. La elasticidad, el equilibrio de fuerzas entre los elementos constructivos de la gran máquina en tensión de la catedral gótica, iniciados con las construcciones románicas, alcanzan su pleno desarrollo con la arquitectura gótica merced a la consecución de la bóveda de crucería que, a modo de “chAsís elástico” 80, permite dotar de la máxima elasticidad del edificio 81.

Un proceso de restauración de la magnitud de la catedral de León, con varios tramos de bóvedas desmontados, exigía la íntima comprensión del mecanismo y función de la bóveda de crucería para la eficaz consolidación y restauración de la totalidad de su estructura. Por eso, el sistema de encimbrado del edificio, Juan de Madrazo lo concibe dependiente de las bóvedas altas como medio auxiliar fundamental para su reconstrucción, pero que lleva necesariamente a un estudio de toda la parte activa y viva de la estructura constituida por los arcos y “arc-botantes” 82.

La “memoria” del proyecto de encimbrado formado por Juan de Madrazo comienza con el estudio de la función de las fábricas que deben ser sostenidas por las cimbras para deducir la disposición más conveniente de las carpinterías en relación con las funciones mecánicas ejercidas 83. El análisis del sistema de bóvedas de la Catedral, con precisas consideraciones acerca de sus empujes y resistencias, lleva a englobar el proyecto de encimbrado en una reflexión acerca de la naturaleza y función del esqueleto o armazón, como parte elástica de la estructura del edificio 84.

Madrazo establece la filiación estilística y constructiva de la catedral de León en conexión con la escuela francesa “de l’lle de France o más bien de la Champagne”, vinculación importante no sólo para determinar las formas arquitectónicas que debían ser reconstruidas y restauradas según su “pureza de estilo”, sino también para retomar el sistema constructivo de bóvedas propio de la arquitectura gótica francesa septentrional 85:

Cada entrepaño presenta una concavidad distinta, y cada arco oculta una arista, un chaflán en rigor, de retroceso. Esto en cuanto a su superficie de intradós, porque en lo tocante a la construcción, cada entrepaño constituye una bóveda aislada e independiente de las demás”.

La división de cada tramo de bóveda de crucería en dos elementos completamente distintos en cuanto a su naturaleza y función, como son la plementería y los nervios, constituye el núcleo de la teoría constructiva y de explicación mecánica de la catedral gótica que sigue Madrazo en su proyecto de encimbrado. Los “nervios” o mas bien, según el término utilizado por Madrazo, “ogivas”, “son los arcos en diagonal que sostienen una bóveda de crucería” 86, mientras que los “plementos” o “entrepaños de bóveda” los define del modo siguiente 87:

los entrepaños de bóveda que en cada tramo son cuatro distintos y de figura triangular descansan sobre los trasdoses de estas crucerías, como sobre cimbras permanentes de cantería; (...) son en cuanto a su construcción bóvedas de sillarejo de piedra toba”.

El “esqueleto portante” de los nervios, en su función de “cintras permanentes de cantería”, sostienen la bóveda y sobre ellos descansan los plementos. Las cargas, por la acción de los nervios, se conducen y concentran en puntos estrictamente localizados y organizan el sistema de equilibrio de la estructura activa del edificio gótico. Esta función mecánica atribuida a los nervios en la bóveda de crucería gótica, como organizadores de todo el sistema mecánico del edificio, es la tesis fundamental del modelo teorético de explicación del edificio gótico, de su razón de ser constructiva, y, por ello, ha sido este punto el eje de las discusiones posteriores acerca de la validez de las teorías “racionalistas” sobre el funcionamiento mecánico del sistema constructivo gótico 88.

Juan de Madrazo estudia detalladamente en el proyecto el sistema de empujes y resistencias de las bóvedas altas para deducir en consecuencia las características de las cimbras en vista de las acciones mecánicas ejercidas por la estructura activa del edificio.

El sistema de contrarresto entre los arcos es de especial importancia para asegurar el equilibrio del sistema. Cada tipo de arco empleado en la construcción presenta un sistema de contrarresto en función de su acción mecánica desarrollada.

Los arcos que componen la bóveda del crucero, “los arcos torales directamente y los diagonales indirectamente o por descomposición de fuerzas”, se contrarrestan en sus empujes por los arcos formeros de las naves altas que se encuentran en cada una de las cuatro prolongaciones del crucero, es decir, los formeros de la nave, del presbiterio y de los brazos norte y sur.

Los arcos formeros, como “iguales y directamente opuestos” se contrarrestan mutuamente, mientras que los arcos fajones y los arcos diagonales, “pudieran comprometer su estabilidad, a pesar de lo bien atizonada que se presenta su sección transversal, si dos arc-botantes no la ligasen en dos puntos diferentes de su altura a los botareles exteriores de la Iglesia que se elevan sobre los tejados de las naves bajas” 89. Los arbotantes, por consiguiente, son considerados, expresión evidente del “funcionalismo estructural” del edificio gótico, es decir, como formas cuya razón de ser en el organismo constructivo de edificio es el desarrollo de su función de contrarresto de las bóvedas altas por encima de sus cualidades puramente estéticas: “estos arc-botantes –dice Madrazo– de construcción puramente preventiva, verdaderos apeos de cantería, desembarazan la parte inferior de las pilas, cuya sección horizontal es tan reducida, de gran parte de los pesos que sin su auxilio gravitarían sobre ellas” 90.

Este es el sistema de bóvedas que Juan de Madrazo se propone reconstruir de acuerdo con la naturaleza constructiva que atribuye a los nervios y arcos, como elementos activos de la estructura. La importancia de las bóvedas como organizadoras de la totalidad constructiva del edificio queda señalada dentro del método de restauración emprendido por Madrazo. La estructura de la Catedral la define en función de la relación que mantienen todos los miembros constructivos entre sí y que a su vez son dependientes de la estructura de las bóvedas de crucería. La realización del sistema de encimbrado es, por tanto, la construcción de una armadura de madera que se adapta a esta idea de funcionamiento mecánico de la catedral gótica así como a la concreción del especial estado de las bóvedas de la catedral de León.

Las diversas funciones del encimbrado y su adaptación a estos tipos estructurales que entran a formar parte de la construcción de una bóveda de crucería son estudiados a continuación.

* Función y construcción: la adaptación de las cimbras a los tipos estructurales del edificio gótico.

El sistema de encimbrado presenta una doble dimensión. En principio, y en su consideración global que acabamos de desarrollar, supone una adaptación al sistema de bóvedas de la catedral; pero en su aspecto constructivo más concreto, el sistema de encimbrado se adapta al tipo especial de arco apuntado que componen estas bóvedas. Es decir, hay una doble adaptación interrelaciónada y definida por dos tipos estructurales activos del edificio gótico: la bóveda de crucería, compuesta de nervios y plementos, y los arcos apuntados que componen estas bóvedas de crucería como sus elementos activos que sustentan los plementos y actúan como transmisores de los empujes a los puntos de apoyo.

La reconstrucción de las bóvedas de la Catedral debía comenzar, como indica Madrazo en su proyecto, por la construcción de los arcos: “Hoy, en el estado actual de trabajos de estas obras de reparación, no puede tratarse de construir más que aquellos arcos que constituyen, por decirlo así, la parte viva de las bóvedas que faltan a la Iglesia”.

Esta segunda dimensión del sistema de encimbrado que atiende a los arcos es, por consiguiente, inseparable y dependiente de la disposición general de las bóvedas, puesto que los arcos, como hemos visto, forman la “osatura” efectiva o esqueleto de sillería de tales bóvedas.

La construcción de las carpinterías necesarias para la reconstrucción de las bóvedas “ha de llevarse a efecto –dice Madrazo– en armonía con el verdadero carácter y naturaleza de la cantería que tienen que soportar temporalmente”.

La consideración genérica de los arcos que componen las bóvedas como “arcos apuntados” por encima de las peculiaridades propias de cada tipo de arco es de importancia para determinar la forma y función general del encimbrado: “todos estos arcos –fajones, diagonales, formeros y arbotantes que se emplean en la catedral– son apuntados y compuestos de dos ramas en arco de círculo”.

Los cuchillos y las cimbras del proyecto se realizan para sostener durante su construcción “racimos de arcos (...) que todos ellos son apuntados, y por lo tanto compuestos de dos ramas que se tornapuntan mutuamente en una junta vertical, y no en una clave de la que carecen, a excepción de los diagonales que la tienen por la razón de que se cruzan”. Esta característica constructiva de los arcos apuntados determina que “tiene mayor tendencia a subir de corona que a bajar después del descimbramiento”. Otros dos aspectos importantes de los arcos de la Catedral son, por una parte, “que en las dos terceras partes de sus sagitas no vienen a ser en rigor más que el revestimiento de los enjarges de bóvedas”, y, por otro lado, “que únicamente en la parte más alta de su sagita, cuando sus luces se han reducido a solo cuatro o cinco metros, están trasdosados de bóveda de igual espesor”.

Estas características constructivas de los arcos apuntados que intervienen en la composición de las bóvedas altas de la catedral de León determinan la cualidad principal del sistema de encimbrado 91:

"con estas premisas la conclusión que se deduce es que hay que preparar, mas bien que un encimbrado propiamente dicho, un sistema en rigor de entibaciones o acodalados, un sistema destinado principalmente, y como punto de vista casi exclusivo, a neutralizar empujes horizontales, y que realice los efectos de aprestamiento (mero temple) y añojamiento, con tanta mayor sensibilidad cuanto mas bajo este el punto del arco sobre el que se opere”.

La acción mecánica ejercida por los arcos apuntados es explicada por Juan de Madrazo de este modo descriptivo, sin la elaboración de cálculos, en la memoria de su proyecto de encimbrado. Sin embargo, las decisiones adoptadas por la Junta Consultiva de Canales, Caminos y Puertos al emitir informe sobre el proyecto establecían que el “fondo de la cuestión” del proyecto presentado era demostrar “si el encimbrado que se presenta ofrece todas las garantías indispensables de resistencia y seguridad que se requiere en una obra de este genero y de la importancia que en sí tiene, toda vez que no se han expuesto los cálculos que su autor habrá practicado para obtener el resultado que se deja expresado” 92.

Para satisfacer a estas necesidades, Madrazo elaboró un apéndice de su primer proyecto con los Cálculos referentes a la memoria descriptiva del Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas 93. En estos cálculos incluyó los relativos a la resistencia de las cimbras de los arcos torales del crucero y del castillejo central para la elevación de los materiales, debido a que estos arcos torales, excepto el del lado norte, habían sido desmontados todos, “pero este arco tonal del norte se encuentra en tal mal estado –decía Madrazo– que su demolición será, un día u otro cosa inevitable”. Para la ejecución de las cimbras del resto de los arcos no fue necesario presentar sus cálculos de resistencia correspondientes debido a que existían en el momento de presentar Madrazo su proyecto dos tramos de bóveda completamente encimbrados, por lo que el resto de las cimbras podía construirse por analogía con las existentes, es decir, por “inducción perfecta de lo que enseña la experiencia”. Sin embargo, las especiales características de los arcos torales requerían la elaboración de cálculos para determinar de modo exacto las presiones que habían de soportar sus cimbras y deducir en consecuencia la resistencia de las mismas.

Una de las dos figuras con las que Madrazo ilustra sus cálculos presenta el interés de mostrar los vectores de descomposición de fuerzas de un arco tonal del crucero y la aplicación de su cimbra correspondiente (fig. 42). El cálculo efectuado por Madrazo deduce las componentes horizontales de los esfuerzos que actúan sobre la construcción, combinadas con las líneas verticales correspondientes a los esfuerzos ejercidos en este sentido 94. En el gráfico se muestra claramente la doble presión horizontal y vertical ejercida por el arco tonal, acorde con la definición general del arco apuntado que daba Madrazo en la memoria del proyecto de encimbrado como “dos ramas que se tornapuntan mutuamente en una junta vertical”.

Esta propiedad del arco apuntado considerado en su forma genérica lleva a Madrazo a considerar su proyecto de encimbrado, como antes mencionamos, como un sistema de entibaciones neutras y rígidas capaces de neutralizar los empujes horizontales. Como consecuencia con esta necesidad, el tipo general de cimbra que propone Madrazo es “la cimbra que se aprieta o añoja, en lugar de inferior o verticalmente, lateralmente o de costado (...) y dos medias cimbras que se juntan más o menos según su eje o línea vertical que responden mejor que cualquiera otra disposición al problema de construir un arco apuntado, es decir, sin clave central y compuesto de dos ramas de arco de círculo” 95.

Desde esta característica común del encimbrado en su adaptación al tipo estructural del “arco apuntado” empleado en la construcción de las bóvedas de la Catedral, las variedades que presentan las cimbras se deben por una parte a su adaptación concreta a los distintos tipos de arcos apuntados –torales, fajones, formeros, diagonales y arbotantes 96 y, por otra, a los distintos sistemas de apoyos utilizados para sostener las cimbras.

Para establecer los encimbrados a una altura de 22 metros, Juan de Madrazo se sirvió de varios métodos de apoyos. En primer lugar estableció los arranques de los racimos de cimbras sobre los capiteles de los pilares; aquí se planteaba el problema de que los capiteles sólo ofrecían ocho centímetros de vuelo, es decir una base insuficiente para poder confiar en dotar de un sólido apoyo a las cimbras; para salvar este obstáculo Madrazo proyectó un encincedado en la parte superior de los capiteles que, como apriete de todas las esperas de cimbras que arrancaban de cada pilar, ofrecía una sólida fundación a la carpintería.

Para los apoyos restantes ideó dos sistemas: en primer lugar levantó las cimbras sobre apoyos verticales fundados sobre el pavimento; este fue el sistema que empleó en el crucero de la Catedral que ofrecía un pavimento lo suficientemente firme para asentar el castillejo perfectamente arriostrado (fig. 43). Pero los problemas se plantearon en el brazo sur del crucero, con su pavimento “minado de sepulturas”, que ofrecía un apoyo poco estable para las cimbras, y en la nave principal en los tramos sobre la sillería de coro, que hubieran obligado a desmontarla inmediatamente; para resolver estos inconvenientes Madrazo ideo un impresionante sistema de “armaduras transversales colgadas” que estribó a la altura del triforio de la catedral (figs. 39 y 40). Este sistema además de ser más económico, presentaba la ventaja “de dejar desembarazada de carpinterías la planta inferior”.

Los requerimientos funcionales del sistema de encimbrado de Juan de Madrazo se completaban además con otros servicios prácticos que debía cumplir para facilitar la reconstrucción de las partes superiores del edificio, como era su utilización como pasos de andamiaje para los obreros y de castillejos para la elevación y transporte de los materiales que no solo se limitaba a los requeridos para las bóvedas, sino también a los que se utilizaron para la coronación de los hastiales, reposición de cornisas, balaustradas y pináculos en la parte superior.

Además, el sistema de encimbrado aseguraba el fácil descimbrado de todas las carpinterías una vez terminados los trabajos de reconstrucción de las bóvedas y partes superiores del edificio.

Todas estas necesidades funcionales están contempladas en el proyecto formado por Juan de Madrazo que creó un enorme armazón de madera que se extendió a la totalidad de las bóvedas altas de la catedral de León, como gigantesco edificio de madera que englobó al de piedra mediante una cuidadosa y meditada adaptación a los tipos estructurales de la catedral gótica.

* Proceso de construcción del encimbrado para las bóvedas altas (1876-1881).

“Las bóvedas altas de este edificio Catedral –afirmaba Juan de Madrazo– son las estructuras en que más huella ha hecho el transcurso del tiempo y donde más se han dejado sentir los efectos de las restauraciones desacertadas hechas durante los siglos XVII y XVIII. Puede decirse que, en toda la extensión de las naves altas de esta Iglesia, no existe un solo tramo que no exija en su día reparaciones de mayor o menor importancia, ya sea en sus crucerías, ya en sus entrepaños de bóveda” 97.

Este lamentable estado de las bóvedas altas de la catedral de León, desmontadas en algunos tramos y agrietados sus plementos o descompuestos sus arcos y ojivas en otros, es la causa por la que Juan de Madrazo propuso el encimbrado total de las bóvedas altas de la Catedral como el más urgente trabajo de restauración.

En el Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la Catedral de León, formado en enero de 1874, Madrazo proyectó la primera fase del encimbrado de bóvedas. Esta primera etapa comprendía el encimbrado de las b6vedas que habían sido desmontadas por Matías Laviña, más dos adyacentes que se encontraban en muy mal estado.

        El desmonte de varios tramos de bóvedas fue la consecuencia inmediata del derribo de la cúpula central del crucero efectuado por Laviña 98, como exponía en 1880 Demetrio de los Ríos: “todos los tramos de bóveda inmediatos a tan considerable derribo habían de resentirse necesariamente de la falta de contrarrestos que las porciones de bóveda eliminadas produjeron respecto de los tramos de bóveda aludidos -los desmontados-, sueltos, por decirlo así, de un lado, cuando en punto al otro continuaban unidas a la fabrica, pero en tan pésima condición de equilibrio” 99.

        En la primera hoja de planos del proyecto de encimbrado de 1874, “Planta del encimbrado general al nivel de los capiteles de las bóvedas altas” (fig.38), Madrazo muestra en planta los tramos de bóveda que comprendía esta primera fase del encimbrado, que correspondían a las dos tramos de bóveda del este y oeste del crucero central, los dos correspondientes al brazo sur del transepto y la bóveda central del crucero, es decir, los tramos de bóvedas desmontados; a estas bóvedas añade la segunda de la nave principal sobre el coro y la segunda del presbiterio, como tramos en alarmante estado ruinoso.

        Esta planta del encimbrado esta realizada a la altura de los capiteles de los pilares que sostienen las bóvedas altas por lo que no aparecen en el plano las bóvedas colaterales, ni cualquier otra parte de la Catedral a una altura inferior de este nivel.

        Las hojas segunda y tercera del proyecto ofrecen dos cortes en alzado del encimbrado que permiten formarse una idea gráfica muy aproximada de las partes de que consta el proyecto, pese a que, como en la planta, no se indican la totalidad de las piezas que componen las carpinterías para evitar la excesiva complicación del trazado.


        En el corte transversal realizado en el brazo sur del crucero (fig.39) aparece de frente uno de los cinco cuchillos para el apoyo de los encimbrados y andamiajes, mientras que en el corte longitudinal (fig.40) pueden verse tres de perfil, correspondientes a las proyecciones horizontales de los cuatro cuchillos del brazo sur que aparecen en la planta, sin indicarse el de la terraza que corona las tres portadas hacia el exterior de la parte alta de la fechada, para favorecer la inteligibilidad del proyecto.


        Los cuchillos de castillejo están compuestos de un sistema de tornapuntas encepadas y arriostradas en varios puntos de su altura, sistema que se completa con los cuchillos de almas y puentes de andamio.


        La cimbra de arco transversal que aparece en el primer corte corresponde al arco fajón que separa los dos tramos de bóveda del brazo sur que, al igual que el resto de las cimbras, se compone de dos partes esencialmente distintas una de otra, es decir, en la parte inferior de un acodalamiento que arranca de la línea del nivel de los capiteles, y en la superior de las dos medias cimbras que se oprimen de costado, de acuerdo con la consecuente adaptación de las cimbras a la estructura de los arcos apuntados, que desarrollamos en el epígrafe anterior.


        En este mismo piano pueden observarse dos de los cinco encimbrados proyectados para los arbotantes inferiores que, al igual que las cimbras de los tres arbotantes superiores del proyecto, constan de un cartabón de estructura análoga a la de las cimbras de las crucerías que se templa contra chaperones adosados a los contrafuertes de los pilares.


        Este piano se completa con la representación del entramado general que enlaza los diversos cuchillos y forma el andamiaje.


        El castillejo central que aparece en el corte longitudinal del encimbrado, inmerso en el sistema total de carpinterías en este piano, y aislado en la segunda hoja de los cálculos del proyecto (fig.43), tenía la función de servir de apoyo para las dos cimbras de arco diagonal; este castillejo estaba armado aprovechando el apoyo sólido que ofrecían los aprestes de almas que arrancan del pavimento del edificio, de tal modo que las armaduras comprendidas dentro del crucero son las únicas que no estriban sobre los pilares de la iglesia en este primer proyecto.


        El corte longitudinal por el eje de la nave central representa además los cuchillos para los arcos del crucero de las dos naves y de la bóveda del presbiterio.


        La cimbras de los cuatro arcos torales, las ocho para los arcos formeros, las de las ojivas de los nervios de la crucería de la bóveda central y las de las ojivas y fajones del resto de las bóvedas altas, componen la totalidad del proyecto de encimbrado de Madrazo en esta primera fase 100.


        El orden de ejecución del encimbrado respondía a la misma lógica que el de reconstrucción de las bóvedas, es decir, venía establecido por la división entre “partes que sostienen” y “partes sostenidas” 101:


        “En su ejecución es evidente que conviene principiar por el castillejo central del crucero y por los cuchillos sobre los triforios, como partes que sostienen y que a estos seguirán las cimbras para toda clase de arcos como partes sostenidas, principiando por los de los arc-botantes, arcos principales, torales y formeros como elementos principales y concluyendo por los arcos diagonales coma accidentes de la construcción”.


        Esta primera fase del encimbrado, que afectaba a los tramos más deteriorados, se extendió posteriormente a todas las bóvedas altas de la Catedral, dado el señalado estado de deterioro de la totalidad de los tramos de bóvedas del edificio.


        Para completar el encimbrado de todo el sistema de abovedamiento superior, Madrazo elaboró dos presupuestos complementa Ríos del primer proyecto que extendieron el encimbrado al brazo norte del crucero y a la nave principal de la Catedral 102.


        El encimbrado del brazo norte estaba destinado a “atar, la cimbra del arco toral del norte del crucero con las que se están ejecutando (...) en dicho Crucero, brazo Sur, Presbiterio y Caro” 103. El proyecto comprendía los dos tramos de bóveda del brazo norte del crucero con todos los arbotantes de la parte oriental del mismo. Las carpinterías de que constaba el proyecto se componían de cinco cuchillos que arrancaban a la altura del triforio, para formar los castillejos de descanso de las cimbras y pisos de anda míos, una cimbra de arco transversal para el arco fajón que separa los dos tramos de bóveda de este brazo norte, cuatro cimbras de arco diagonal para los nervios, ocho cimbras de arbotantes inferiores y otras ocho para los superiores de la parte este de la Catedral.


        El presupuesto no incluye ningún piano, descripción o cálculo relativos a estas carpinterías debido a que “la disposición, forma, construcción y dimensiones de cada una de estas partes, así como su enlace son en todo iguales a las que detalladamente se expresa en la memoria descriptiva y pianos del proyecto de encimbrado formado en 28 de enero de 1874”.


        Del mismo modo, en otro presupuesto de la misma fecha, Madrazo extiende el encimbrado a la nave principal de la Catedral, para lo que tampoco elabora documentos especiales debido a la misma causa que argumentaba en el presupuesto del brazo norte; las zonas que abarcaba el presupuesto eran las siguientes 104:

        “Comprende los cuatro tramos de bóveda de que consta la Nave mayor desde la fechada principal de Occidente hasta el Coro, y el de todos los arc-
botantes de la parte Occidental de la Iglesia, comprendidos desde la referida fechada hasta el Crucero por la parte Norte y pasta los arc-botantes recientemente construidos por el lado que mira a Mediodía”.


        El presupuesto constaba de las siguientes carpinterías: nueve cuchillos con su arranque a la altura del triforio para formar sobre ellos los castillejos de descanso de las cimbras y de los pisos de andamios, cuatro cimbras para los arcos transversales que separan los tramos de b6vedas, ocho cimbras de arco diagonal, doce cimbras de arbotantes inferiores y diez para los superiores de los dos costados de la nave central 105.

 

Una vez extendido el encimbrado a todos los tramos de bóvedas altas de la Catedral señalados quedaba únicamente por proyectar el encimbrado del ábside. La destitución de Madrazo como Director de la restauración motivó que este proyecto se demorase hasta que se hizo cargo de las obras su sucesor Demetrio de los Ríos.


        El encimbrado del ábside de la Catedral fue el primer proyecto que presentó a la Superioridad Demetrio de los Ríos 106. La necesidad de proceder al encimbrado del ábside venía impuesta por el estado ruinoso del segundo tramo del presbiterio, inmediato al ábside. La descomposición casi total de este tramo de bóveda, “deshechos dos de sus plementos o entrepaños, y sostenidos a fuerza de cerchas y tornapuntas apoyados en las próximas carpinterías”, se comunicaba al inmediato primer tramo del ábside, “abriendo considerablemente las juntas de las dovelas en los arcos de ogiva que constituyen su crucería individual por las juntas de ruptura de dichos arcos, y quebrantando los entrepaños o plementos (...), a lo que hay que agregar el movimiento, que señalado con fuertes grietas, se advierte en los mismos entrepaños junto a los arcos formeros”. La ausencia de Arquitecto director desde la destitución de Madrazo provocó que no se autorizara el urgente desmonte del segundo tramo de la bóveda del presbiterio con el consiguiente perjuicio para la bóveda contigua del ábside 107. Tras ocupar Demetrio de los Ríos la dirección de las obras procedió, de inmediato al desmonte de este segundo tramo del presbiterio, encimbrado por Madrazo, y propuso el urgente encimbrado de la bóveda del ábside.


        Por otra parte, como señalaba Demetrio de los Ríos en su memoria, ya se había ejecutado, de acuerdo con los proyectos de Juan de Madrazo, “todo el encimbrado de cuantos arbotantes neutralizan a lo largo del Presbiterio y alrededor del ábside los empujes laterales de las respectivas bóvedas”, de tal manera que solamente faltaba el encimbrado del ábside para que se realizara la necesaria correspondencia del interior con el exterior en el plan general de encimbrado de la totalidad de las bóvedas altas de la catedral de León.


        El encimbrado del ábside tenía como finalidad, por tanto, la reparación de las dos partes que componen su bóveda; es decir, el primer tramo, que a juicio de Ríos, era “el mas cuarteado y deshecho de todo el bovedaje” y los cinco plementos de la parte principal del ábside, que “vendrian a resentirse de la falta de contrarrestos” 108.


        El proyecto de encimbrado del ábside de Demetrio de los Ríos es básicamente igual en su concepción a las carpinterías proyectadas por Juan de Madrazo; difiere en la necesidad de adaptar la carpintería a la estructura del ábside, algo distinta del resto de las bóvedas 109. El proyecto, como puede comprobarse en el plan que realizó Demetrio de los Ríos (fig.48), se compone de dos cuchillos que sujetan una plataforma sobre la que descansan ocho cartabones correspondientes a los arcos de ojiva 110.


Con el encimbrado del ábside se completaba el sistema de carpinterías de la catedral de León en su totalidad. La restauración de las bóvedas deterioradas y la reconstrucción de los tramos de bóveda desmontados serán trabajos que, ya comenzados por Juan de Madrazo, continúe y finalice Demetrio de los Ríos, como veremos en el capítulo siguiente.

 


4) RECONSTRUCCIÓN DEL BRAZO SUR DEL CRUCERO.

 

- Estructura y función en la catedral gótica.

 

La consolidación de los desequilibrados empujes y la neutralización de las fuerzas vivas quedaban aseguradas con los proyectos de encimbrado que abrazaron la totalidad estructural de la Catedral. Simultáneamente a la construcción del encimbrado, Juan de Madrazo comenzó la obra de reconstrucción del brazo sur del crucero que permanecía en el estado en que Matías Laviña lo había dejado en 1867. Los proyectos que elaboró Madrazo para esta zona del edificio comprendieron tres áreas progresivamente enlazadas entre sí: el primer proyecto, firmado en el año 1876, contemplaba la demolición de la galena del triforio construida por Matías Laviña y su posterior reconstrucción en mejores condiciones de estabilidad; por medio del segundo proyecto, suscrito en 1879, Madrazo elevaba el hastial meridional por encima del triforio con la reconstrucción del rosetón de la fechada hasta su gablete de coronación; el proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero en la zona alta de la nave concluía la reedificación de esta parte meridional de la catedral; este ultimo proyecto fue terminado por Demetrio de los Ríos en 1882, dos años después del fallecimiento de Juan de Madrazo, pero, como el mismo Ríos afirmaba, los pianos del proyecto los había dejado prácticamente ultimados Madrazo, por lo que incluimos su estudio en este capítulo.


        La reconstrucción de todo un brazo de crucero de una catedral gótica era un complejo problema al que se enfrento con éxito Juan de Madrazo. La magnitud de la empresa, si añadimos la previa entibación efectuada con el encimbrado, superaba cualquier trabajo de los efectuados en Francia durante el siglo XIX: la construcción de la fechada de la catedral Clermont-Ferrand por Eugene Viollet-le-Duc o los proyectos de completamiento de las catedrales de Limoges o Beauvais o el de la catedral suiza de Laussaúne -este uno de los últimos proyectos de Viollet- son ejemplos similares en cuanto a su envergadura, monumentales terminaciones de edificios medievales en este siglo de resurrección de las catedrales góticas. Sin embargo, el extenso proceso de reconstrucción de la catedral de León planteaba una mayor complejidad debido a la necesidad de acoplar las partes nuevas con las antiguas que permanecían en pie: no se trataba solo de añadir una fechada sino de articular ésta con todo un brazo del edificio y a su vez entestarlo con las partes antiguas en perfecta coaptación, tanto funcional como estético-arqueol6gica.


        El espinoso problema requería una amplia reflexión, ejercida especialmente en dos niveles de comprensión: el arquitecto primero debía compenetrarse íntimamente con el organismo concreto de la catedral de León para “interrogar” correctamente al propio edificio y encontrar las disposiciones en que fundamentar los proyectos, sometidos rigurosamente a la fabrica preexistente; y, en segundo lugar, era preciso un amplio conocimiento histórico-constructivo de la arquitectura gótica para conciliar el examen del edificio con el “estilo” gótico, “manifestación de un ideal establecido sobre un principio”, según las palabras de Viollet-le-Duc.


        Algunos aspectos de los proyectos de Juan de Madrazo, como veremos, se apoyaron en datos ofrecidos por propio edificio, como la reconstrucción del triforio, bóvedas, ventanajes, etcétera; pero en otros, como especialmente en el trazado del gablete del hastial, el edificio no ofrecía antecedentes en que fundamentar el proyecto, por lo que Juan de Madrazo hubo de recurrir a su deducción por el “estilo”: “la arquitectura gótica -dirá Madrazo- debido a la determinación de sus principios, a la claridad de la ley de su evolución y a la regularidad de sus transformación, ha llegado a encarnar un cierto racionalismo que permute obtener deducciones exactas y por tanto soluciones congruentes en el campo de la arquitectura” 111. Esta clara y evidente manifestación del carácter “razonado y lógico” de la arquitectura gótica es la piedra angular que permite adentrarnos en la lectura de los proyectos de Juan de Madrazo.


        La posibilidad de reconstituir un sistema -al menos en las grandes líneas de su equilibrio estructural- a partir de los elementos existentes y de las modalidades bajo las que estos entran en composición con otras unidades y se definen por relación a ellas, permitió a Juan de Madrazo reconstruir el gran “sistema” de la catedral de León. Esto era posible por la “regularidad y determinación de sus principios”. Esta línea de razonamiento que asigna a cada elemento constructivo de la arquitectura gótica un valor no tanto en si mismo sino por el lugar que ocupa en el “sistema” ha permitido realizar una interpretación del pensamiento racionalista violletiano en clave estructuralista. Los estudios realizados por Hubert Damisch abrieron el camino hacia la interpretación del Dictionnaire de Viollet-le-Duc como “el manifiesto singularmente precoz y decidido del método, de la ideología y del pensamiento estructural, tal como hoy se desarrolla en lingüística y antropología”112.


        Algunos de estos aspectos, en efecto, parecen ofrecer un marco adecuado para seguir los proyectos de Juan de Madrazo, pues la necesidad de reconstruir un “sistema” le lleva inevitablemente a investigar la razón de ser, el porque de cada uno de los elementos que integra en sus proyectos. La explicación a estas preguntas conduce a un fructífero campo de deducciones que, si afinamos un tanto el análisis, veremos cómo están al mismo tiempo ofreciendo interesantes respuestas a varios de los problemas planteados a la arquitectura del siglo XIX: de una forma un tanto velada, en apariencia sólo en relación al inmediato problema de reconstruir un edificio gótico, Juan de Madrazo estará afirmando conclusiones que conmueven los fundamentos teóricos de la doctrina clásica y llevan el discurso arquitectónico a una novedosa dimensión constructivo-funcionalista. En su razonamiento, Madrazo evita y rechaza cualquier consideración derivada de la existencia de una “belleza” intrínseca a las formas góticas; la “belleza”, si es que aún puede hablarse de ella, no reside en las formas, sino en la manera en que estas están adaptadas correctamente a su función, a su razón de ser en el organismo constructivo del edificio: la “belleza” no es absoluta, sino relativa, por lo que su razonamiento se aleja de este concepto al quedar relegado a un plano subjetivo y carente por tanto de interés y sentido en su planteamiento global de la arquitectura. La “forma” arquitectónica gótica es esencialmente “forma” estructural, que expresa las exigencias del programa -hecho social- y de los materiales -hecho físico-.


        Este proceso de razonamiento contenía los gérmenes necesarios para hacer resquebrajar los hábitos compositivos historicistas académicos y renovar el panorama arquitectónico. Sin embargo, prácticamente sólo se aceptó en la ortodoxia académica como método explicativo de las construcciones medievales para las restauraciones. La riqueza conceptual contenida en esta lectura “constructiva” del edificio gótico, al superar el carácter literal de la “mimesis” de las formas góticas y trascender hacia un “racionalismo constructivo” deseoso de subrayar el proceso mecánico de la construcción, calaría como método de proyecto de algunas de las más interesantes corrientes de la arquitectura española del siglo XIX, como muy significativamente aparece en la arquitectura en ladrillo o en el modernismo catalán 113.


        Juan de Madrazo aunó a este método de razonamiento -“constructivo-estructuralista-funcionalista”- una comprensión detallada de la arquitectura gótica francesa como referencia fundamental para realizar la reconstrucción en buenas condiciones “arqueológicas”, según los postulados de la doctrina restauradora del siglo XIX. Madrazo, tras establecer la pertenencia de la catedral de León a la escuela de la Champagne, incluso se apartó de algunas de las disposiciones del propio edificio para tomar elementos característicos de esta escuela, como en el caso del rosetón de fechada. Este conocimiento directo de la arquitectura gótica francesa por Juan de Madrazo aparece documentado precisamente en los años inmediatamente anteriores a la formación de los proyectos. Recién terminado el proyecto de encimbrado, Juan de Madrazo solicitó permiso al Ministro de Fomento para trasladarse a París alegando enfermedad 114. La prolongada estancia en Francia tuvo una gran importancia, tanto para examinar las catedrales góticas del norte de Francia, como para contactar con los arquitectos restauradores del país vecino.


        Con la elaboración del primer proyecto de reconstrucción en 1876, después de nueve años de escasa actividad en las obras de cantería, comenzaba la tarea de reedificación de la catedral de León. Además, estos proyectos elaborados por Juan de Madrazo dotarán de modelos detallados para la reconstrucción del hastial occidental y también, en el cuerpo superior de ventanas altas, el ejemplo legado por Juan de Madrazo se aplicó en la restauración total del costado meridional y ábside del edificio.


- Reconstrucción del brazo sur del crucero a la altura del triforio.


        El primero de los proyectos elaborados por Juan de Madrazo para la reconstrucción del brazo sur del crucero de la Catedral esta dedicado a la zona ocupada por el triforio 115. Sin embargo, en el proyecto también se incluye, además de la galería del triforio, la reconstrucción de otro importante elemento constructivo, como son las “pilas del hastial” o contrafuertes que flanquean el triforio de fechada. Estos contrafuertes, como estructuras en directa relación con el triforio, forman parte fundamental del proyecto de Madrazo. De este modo, las “pilas del hastial”, continuación de los contrafuertes del pórtico inferior, son llevadas en este proyecto hasta la altura del arranque de las bóvedas, de manera que en el proyecto posterior formado por Madrazo estos contrafuertes se continuaran de modo lógico hasta su enlace con el paramento del rosetón de la fechada y sus remates superiores en forma de pináculos.


        La clara exposición de la naturaleza funcional de la galería del triforio y de las pilas de hastial es el criterio unificador del proyecto de Madrazo. Pero la abstracta definición teórica en el pensamiento de Juan de Madrazo es el producto de un detallado y riguroso análisis de la realidad constructiva como hecho material y concreto. Por ello, Madrazo incluye en su proyecto un estudio pormenorizado del triforio y contrafuertes del hastial del norte para comparar las disposiciones existentes y deducir en consecuencia los requisitos que ha de cumplir el proyecto de reconstrucción de la parte meridional de la iglesia a la altura del triforio.


        Es decir, la formulación de un modelo funcional ideal para la deducción de las estructuras resultantes es inseparable del análisis arquitectónico material y concreto de las condiciones particulares que presentaba el problema de la reconstrucción del triforio y contrafuertes del hastial a partir de unas disposiciones preexistentes. Estas dos perspectivas son confrontadas de continuo por Juan de Madrazo para elaborar su proyecto de reconstrucción del brazo meridional del crucero a la altura del triforio.

 


* La demolición del triforio de Matías Laviña.


        Matías Laviña, tras los desmontes efectuados en la Catedral, comenzó la reconstrucción de la fechada meridional del edificio donde construyó el triforio y elevó las primeras hiladas superiores hasta el arranque del rosetón, al mismo tiempo que llevaba los contrafuertes del hastial hasta la línea superior de imposta 116; es decir, la zona que denomina Madrazo en su proyecto “cuerpo de triforios y un amago del cuerpo que le sigue, sobre el plano de terrazas que coronan la parte baja de la fechada”.


        El primer problema que plantea Madrazo en su proyecto es el análisis de estas estructuras para demostrar la imposibilidad de continuar la reconstrucción del hastial meridional según las disposiciones adoptadas por Laviña.


        La crítica que Madrazo realiza del triforio y pilas de Laviña parte de la genérica definición de estos elementos según la función estática que desarrollan dentro del organismo constructivo del edificio. La definición es, pues, una definición funcional, donde la forma resultante surge como expresión de la función desarrollada.


        El triforio es definido por Juan de Madrazo del siguiente modo 117:


        “una galería de servicio practicada en el muro que presenta dos muretes o paredes laterales delgadas que tienen que recibir todo el peso del cerramiento superior del mismo hastial”.


        Es decir, con una razón de ser eminentemente funcional -“galería de servicio”- el triforio es descompuesto en sus elementos resistentes fundamentales para asegurar su estabilidad y la del hastial en general, como parte integrante de su estructura. La función estática que ejerce el triforio, como resistencia al peso ejercido por la parte superior del hastial que carga sobre esta galería, determina las condiciones de estabilidad que debe ofrecer el triforio de fechada 118:


        “para que un triforio de fechada ofrezca una resistencia en la que pueda racionalmente confiarse es indispensable que presente cierta organización adecuada, cierta distribución de vanos y macizos, en virtud de la cual si en los primeros los dos muretes que forman los costados del triforio pueden considerarse aislados entre sí y, por lo tanto, presentar estructuras rígidas y más o menos claraboyadas, en los segundos, a excepción del hueco estrictamente necesario para el paso de una persona, no hay más que un muro grueso de todo el espesor del hastial y, como este, construido por hiladas horizontales”.


        Juan de Madrazo demuestra que estas condiciones generales de resistencia que debía cumplir la galería del triforio para garantizar la estabilidad del hastial no se cumplían en la galería construida por Laving A este propósito dedica Madrazo la primera parte del proyecto y las tres primeras hojas de pianos. Esta documentación demuestra la imposibilidad de proseguir la construcción del hastial según las disposiciones del triforio de Laviña: “no hay que esperar el edificar nada sólido y estable si se continua la construcción del hastial Sur con la misma estructura que presenta la parte comenzada”. Para deducir esta afirmación, Madrazo no hizo use de cálculo alguno, sino que demostró gráfica y verbalmente que el triforio comenzado no satisfacía la definición estática expresada anteriormente.


        En el trazado de la planta del triforio levantado por Laviña, (fig.49), se observa claramente como las dos arcaturas que enlazan los pilares centrales y que forman los costados de la galería del triforio quedan completamente aisladas por la falta de mutua correspondencia; éstas solamente están ligadas entre sí en sus pilares centrales, único punto de coincidencia vertical entre las arcaturas 119.


        Otra disposición defectuosa de este triforio era su cubierta, que con solamente seis metros cúbicos de volumen y de estructura muy frágil, seria visiblemente incapaz de resistir el peso de una sobrecarga de mas de cien metros cúbicos de sillería, que además gravitarían “fuera del centro” de la estructura.


        Estos dos inconvenientes eran los mas notorios que afectaban directamente a la falta de solidez de la galería del triforio. Pero, como antes señalamos, el proyecto de Madrazo comprende también otra estructura de importancia fundamental para la estabilidad del hastial, como son las “pilas maestras” o “pilas del hastial”, según las denominaciones con que las designa Madrazo.


        Estos contrafuertes que flanquean la galena del triforio de fechada, y que albergan en su interior sendas escaleras de caracol, habían sido llevados por Laviña hasta la primera línea de imposta, como puede observarse en el alzado que realiza Madrazo del triforio y contrafuertes tal como se encontraban cuando llego a la dirección de las obras de restauración (fig.51).


        Juan de Madrazo también define funcionalmente estas estructuras para enunciar las condiciones estáticas que deben reunir para asegurar la estabilidad no sólo del hastial, sino también del brazo sur del crucero, en su función de contrarrestos 120:


        “tienen por objeto estas pilas maestras o principales servir de contrarresto, en sentido longitudinal conforme se mira a la fechada, al empuje del arco formero de la primera crucería de bóvedas, y, en sentido de fondo, o sea, normal a la misma fechada, al empuje de los arcos formeros de ventana”.


        A partir de esta función de contrarresto desempeñada en la estructura del hastial, Madrazo aplica a estas estructuras el calificativo de contrafuertes, como más apropiado que el de pilas o caracoles, según su definición funcional primaria: “son en rigor -dice- una especie de contrafuertes en escuadra”.


        Esta función de contrarresto de estos contrafuertes o pilas de fechada determina, tanto sus propias características constructivas y formales, como su disposición dentro de la estructura del hastial, para contrarrestar de modo adecuado los empujes de los arcos: “sus lados, en cuanto a sus longitudes, tienen que ser proporcionales respectivamente a las intensidades de dichos empujes, y en cuanto a sus ejes, estar directamente opuestos a las direcciones de estos mismos empujes”.


        En las plantas del brazo sur que realiza Madrazo según las disposiciones levantadas por Laviña, (figs.49 y 50), demuestra claramente la falta de adecuación de estas pilas a la función de contrarresto de los arcos que deben desempeñar. Como contrarresto del arco formero de fechada, “si bien está tolerablemente situado, es por demás insuficiente y de imposible construcción”; y como contrarresto de los empujes desarrollados por el arco formero de ventana lateral, “si bien tiene la salida necesaria, ocupa con un grueso desmesurado una situación poco ajustada a la dirección de los empujes que neutraliza” 121. Por otra parte, el espesor de estas pilas maestras en la zona correspondiente al paso superior del triforio, con una masa de contrarresto de 1,95 metros de espesor era notoriamente insuficiente para contrarrestar el empuje del arco formero, con una luz de 10,42 metros, 8,40 de sagita y que arranca a 21,60 metros del suelo. Además, en las plantas que realiza del brazo sur del crucero en dos niveles, el del triforio construido por Laviña y su deducción consecuente a la altura del piso superior, (fig.50), evidencia “la incongruencia de las pilas maestras comenzadas con las construcciones que tienen que ir sobre ellas” 122.

 

A la vista de este análisis estático de las disposiciones levantadas por Laviña en el brazo sur de la Catedral, Madrazo expone con claridad tajante la única solución posible para proseguir las obras con suficiente garantía de solidez 123: “no queda mas recurso, en concepto del que suscribe, que cortar por lo sano, demoliendo toda esa parte del hastial del Sur que hoy se eleva sobre el plan de terrazas” 124.


        El derribo del triforio de Laviña imponía la formación de un nuevo proyecto donde las disposiciones defectuosas fueran reemplazadas por estructuras adecuadas a la función estática que habían de desarrollar. Pero, previamente a la formación de su proyecto de reconstrucción, Juan de Madrazo estudia con detalle la estructura del triforio y contrafuertes del hastial del norte para obtener datos suficientes para la elaboración de su proyecto de reconstrucción.


* Identidad y analogía: estudios del hastial del norte.


        La representación de la catedral gótica como modelo dotado de una estructura genérica en donde la lógica preside el tratamiento de las formas y su combinación, permitía la búsqueda de identidades y analogías entre los elementos constituyentes del sistema estructural gótico como método de proyecto para la reconstrucción de una unidad estructural como es el hastial de fechada. Esta lógica formal recubre de hecho un orden de relaciones concretas, necesarias y materiales dominadas por la mecánica constructiva.


        Juan de Madrazo plantea el problema de reconstrucción del hastial sur de la Catedral como un doble proceso de razonamiento que combina de modo fructífero la deducción y la inducción. Es decir, en una línea de pensamiento que discurre de lo genérico a lo concreto, lo primero que se plantea es la reconstrucción de una unidad estructural formada por dos elementos constitutivos básicos como son la galena del triforio y las pilas del hastial. A partir de los principios generales de la estática, llega a deducir las disposiciones particulares que deben adoptar estos elementos en la unidad estructural del hastial. En esta primera instancia deductiva, Madrazo define a estos elementos según la función estática desarrollada en el interior de la unidad estructural, como vimos en el apartado anterior.


        Pero este procedimiento, como veremos a continuación, se complementa con el análisis inductivo del hastial del norte. El proceso de razonamiento discurre ahora de lo particular a lo general, de los efectos a las causas y de los fenómenos a las leyes.


        Con estos estudios previos, Juan de Madrazo dispondrá de un conocimiento exhaustivo de la estructura del hastial que le permitirá proyectar la reconstrucción del hastial del sur de acuerdo con el carácter general del edificio.


        Los estudios del hastial del norte comprenden tres plantas del brazo norte a diferentes alturas y el alzado en la zona del triforio.


        En la planta a la altura de los triforios, (fig.52), se observa claramente la exacta correspondencia de las columnas en las dos arcaturas que comprenden los triforios, y especialmente en el de fechada. En cuanto a las pilas principales de fechada, estas muestran sus masas de contrarresto directamente opuestas a las líneas de arcos, mientras que los centros o “nabos” de los caracoles están correctamente situados, es decir, hacia los vértices que forman las prolongaciones de las líneas interiores de las arcaturas exteriores de los triforios.


        La planta trazada por Madrazo a la altura del cuerpo superior de los triforios, (fig.53), evidencia la proporción que guardan las pilas de acuerdo con su función de contrarrestos del arco formero de fechada, con un macizado suficiente alrededor de los caracoles.


        Esta disposición se continua de modo lógico en la altura superior, es decir, al nivel de las torrecillas de salida a las cubiertas altas, (fig.54), donde se deja ver claramente la amplitud de base que ofrecen las pilas principales en su escamado para el asiento de estas torrecillas.


        Todas estas correctas disposiciones en planta se manifiestan hacia el exterior en el alzado del hastial a la altura del triforio (fig.55). La resistencia de la cubierta del triforio a las presiones que recibe superiormente esta garantizada por la gran masa de construcción que suponen los cañones de bóveda y sobrecargas que cubren el triforio. La solidez de las pilas del hastial, en su función de estribaciones al arco formero de fechada, garantizan la buena construcción del hastial.


        Con esta descripción de las disposiciones del hastial del norte quedaba definida por inducción la estructura del hastial gótico en cuanto al modo de combinar la galería del triforio con las pilas laterales según su función estática. El análisis que Juan de Madrazo efectuó del hastial del norte le permitió, por medio de la distinción y separación de las funciones ejercidas por las partes de su estructura, llegar a conocer los principios y elementos del hastial como unidad estructural del sistema gótico. A la identidad de funciones que debía desempeñar el hastial meridional debía corresponder la correspondencia exacta de estructuras con las del hastial del norte125. Sin embargo, esta relación de identidad que debía presidir la reconstrucción del hastial del sur se convierte en una relación de analogía debido a la necesidad de adaptar el proyecto a las disposiciones existentes que debían ser conservadas. El triforio y los contrafuertes del hastial norte, como términos constituyentes de la unidad estructural del hastial, habían de corresponderse en su función y posición relativa en el equivalente hastial meridional. Pero, si bien la función de estos elementos persiste idéntica, su posición relativa en el hastial sur será diferente debido a la adaptación de las pilas del hastial a la disposición de los contrafuertes del pórtico meridional, diferentes a los del pórtico norte, y que habían de conservarse. Por tanto, la relación de identidad se rompe entre estos elementos para convertirse en una relación de analogía, si bien una analogía que podríamos denominar profunda, puesto que persiste el emparejamiento de los términos constitutivos de la estructura del hastial descansando en consideraciones relativas a sus funciones -idénticas-, pero que se diferencian en su distinta composición en el interior de la estructura del hastial, es decir, son sustancialmente análogos en la medida en que participan de propiedades objetivas varias.


        Esta doble consideración, igualdad funcional pero diferencia en las disposiciones de partida, obligan a Madrazo a componer su proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero no como una copia del análogo hastial del norte, sino antes bien como una adaptación de funciones idénticas a condiciones constructivas diferentes.


        La profundidad del pensamiento arquitectónico de Juan de Madrazo en su proyecto de restauración del hastial de sur creemos que precisamente descansa en el planteamiento del razonamiento anal6gico en primer lugar como una fuente de cuestiones desafiantes para resolverse en última instancia en una fuente de respuestas sobre la naturaleza de los fen6menos arquitectónicos.


* Conciliación de las pilas del hastial con las estructuras existentes.


        Efectivamente, los datos y propiedades inducidos del análisis del hastial del norte debían ser adaptados a las disposiciones del pórtico meridional que debían conservarse integras: “no obstante la demolición que en este proyecto se propone, (...) tiene que quedar en pie toda la parte baja de la fechada Sur, con las tres portadas de ingreso a la Iglesia y dos contrafuertes intermedios que hay naturalmente que respetar” 126. Estos contrafuertes del pórtico constituían un pie forzado que condicionaba su continuación en las pilas superiores del hastial.

 

Para conciliar las pilas del hastial con estos contrafuertes y con las disposiciones estudiadas en el hastial del norte, Juan de Madrazo elaboro una diagrama adjunto a la memoria descriptiva del proyecto, (fig.56), donde trazaba la sección horizontal por el cuerpo del triforio de las pilas principales del hastial sur tal como las comenzó Laviña, y superpuesta otra sección de las pilas del hastial del norte, junto con la solución propuesta por Madrazo para conciliar las pilas a los contrafuertes inferiores sin perdida de solidez de las mismas.


        La disposición que plantea Madrazo para las pilas del hastial presentaba cuatro ventajas fundamentales 127. En primer lugar, mediante la modificación de las columnillas que Forman las, arcaturas exteriores del triforio (de la disposición cc adoptada por Laviña se pasaría a la señalada en el diagrama como CC), se conseguía la exacta correspondencia entre las arcaturas interiores y exteriores del triforio, y en consecuencia, “la posibilidad de adoptar una estructura sólida y de resistencia al peso de las sobrecargas que tienen que recibir en su día”. Derivada de esta nueva ordenación de las arcaturas, se modificaban también las caras laterales internas de los contrafuertes (serian la línea Cd en lugar de cd) y los gruesos de estos mismos contrafuertes (quedarían reducidos a la línea  de).


        La segunda ventaja de la disposición de Madrazo es que las caras en esviaje de las pilas del hastial tienen un saliente mayor que las de torrecillas que cargan encima, lo que garantizaba su solidez.


        En tercer lugar, los gruesos de los contrafuertes continúan iguales, de tal manera que los contrarrestos para soportar los empujes del arco formero son suficientes; con este grosor se lograba la correspondencia precisa para los paramentos interiores en esviaje, al tiempo que el arranque de los triforios laterales, las columnillas para los formeros de ventana y las ya mencionadas para los formeros de fechada, cerraban los perímetros de las pilas principales del hastial con perfecta correlación en el trazado propuesto por Madrazo.


        La última ventaja de la disposición de Madrazo se refiere al interior de las pilas: desvía el centro de la escalera de caracol hacia el exterior, colocándolo en un punto próximo a la intersección de las prolongaciones de los haces interiores de las arcaturas exteriores del triforio; con ello consigue alrededor de las cajas de escalera espesores suficientes para la resistencia de las pilas, especialmente importantes hacia el lado del arco formero de fechada.


        Una vez resuelto el principal problema que planteaba la adecuación de las pilas del hastial a los contrafuertes inferiores, Juan de Madrazo deduce en consecuencia lo que constituye propiamente su proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero a la altura del triforio.


* Proyecto de Juan de Madrazo para la reconstrucción del triforio y contrafuertes del hastial sur.


        Con los datos que ofrecían los estudios realizados en el hastial del norte y resuelto el problema de la disposición de las pilas en la estructura del hastial, para Madrazo “el trazado del triforio que ha de unir aquellas pilas es operación que no presenta ningún genero de dificultad”.


        El proyecto de reconstrucción comprende la zona ocupada por el triforio y la continuación de las pilas del hastial hasta la segunda línea de imposta, es decir, hasta el arranque de las bóvedas altas. La nueva disposición que adoptan los pilares en el proyecto de Madrazo tras el estudio de conciliación de los mismos con los contrafuertes inferiores, queda expresada en las secciones horizontales del hastial sur que mostraban las plantas a diversas alturas, (fig.57); al proyecto pertenecían solamente las secciones a la altura de la galena del triforio y de la rosa, pero Madrazo incluy6 también la sección por las torrecillas superiores conjuntamente a la proyección de los remates del hastial, “como comprobación del problema, aunque ajenas a este mismo proyecto”.


        El alzado del proyecto es el resultado visual en el frente exterior e interior de la solución de las funciones estáticas y resistentes que debían cumplir el triforio y los pilares que lo flanquean por sus costados (fig.58) 128.


        En la sexta hilada contando desde la línea de imposta de los contrafuertes inferiores comienza la modificación de su espesor que se señala por su remate en forma de gabletes; de acuerdo con el principio funcional en que la decoración gótica ha de servir para realzar la estructura, Madrazo atribuye también a estos gabletes, pese a ser una forma decorativa, su justificación por su subordinación a un requerimiento funcional: “estos gabletes -dice- sirven para pasar del espesor de 1,60 metros a 1,15 metros de espesor que han de tener en todas sus zonas superiores, y para rematar esta parte del espesor que muere antes de llegar a la comisa de coronación del cuerpo de terrazas”.


        En la diagonal de los ángulos entrantes que Forman las caras laterales de los contrafuertes con los entrepaños de fechada, sobre unas piezas decoradas con cabezas, dispone Madrazo las gárgolas de desagüe 129. La subordinación escultórica de las gárgolas a su función de desagüe del hastial es señalada por Madrazo: “estas gárgolas dan salida a las aguas pluviales que se recogen en la canal longitudinal vaciada en la corona de la comisa que ocupa la hilada siguiente”. La función de desagüe que culmina en la salida por las gárgolas es también otra preocupación del proyecto de Madrazo que realiza una supervisión de todos los conductor y canales de desagüe para facilitar esta función. Sin embargo, y seguramente debido a estas necesidades de desagüe, las cuatro gárgolas en la diagonal de los contrafuertes que contemplaba el proyecto, fueron sustituidas posteriormente, durante la construcción, por solo dos gárgolas que se situaron en la línea de terraza sobre las enjuntas del arco principal del pórtico, tal coma pueden verse en la actualidad.


        En la cornisa introduce cuatro importantes modificaciones: en primer lugar varia su línea de arranque, que estaba situada de 25 a 20 centímetros más alta de lo conveniente, por otro lado, en el lecho de su corona abre el canal para la recogida de aguas, también se ocupa de su aspecto est6tico, pues según afirma su perfil y talla “no obedecen a lo que lo que los bellos restos que quedan del edificio del siglo XIII nos enseñan”, y, por último, subsana la interrupción que presentaba la corona de la cornisa por el saliente de los contrafuertes, “cosa que en ninguna otra parte del edificio se observa”.


        El triforio muestra la exacta correspondencia de los pilares exteriores con los que forman el orden interior. Las bóvedas que cubren el triforio se acusan en los dos paramentos al interior y exterior del hastial, donde quedan expresadas por las archivoltas que representan arcos apuntados de triangulo equilátero; una segunda rosca sirve de refuerzo o arco de descarga a la parte anterior de los cañones de bóveda, que no hay necesidad de acusar en el paramento interior al que no afecta, mientras que se expresa en la arcatura exterior por medio de la sobre-archivolta decorada con crochets.


        Las líneas de imposta, la de coronación del cuerpo de triforio y la segunda de las pilas del hastial, marcan la separación de las partes que quedaran englobadas en proyectos posteriores: el cuerpo de la rosa en el hastial y la zona de las ventanas altas por encima de los triforios laterales.


        El proyecto de reconstrucción del hastial del sur a la altura del triforio estaba fechado a 17 de abril de 1876. Con los informes completamente favorables de la Academia de San Fernando y de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos fue rápidamente aprobado por la superioridad el día 4 de agosto de 1876 130. La ejecución de las obras, según especificaba Madrazo en la memoria del proyecto, se realizarían por el sistema de contrata en lo referente a las obras de sillería lisa, moldada, exenta o acompañada de mampostería y por administración las tareas de escultura 131. Estos últimos trabajos fueron encargados al escultor Inocencio Redondo 132. Las obras de contrata, tras su publicación en Madrid y León, fueron adjudicadas en segunda subasta Agapito Flor el día 9 de octubre de 1876 133.


        Para la ejecución de los trabajos, según especificaba Juan de Madrazo en la memoria y pliego de condiciones facultativas del proyecto, se utilizó piedra calcárea procedente de Ontoria, en la provincia de Burgos, debido a que la piedra de las canteras de Bofar y Zonal de la provincia de León “es de naturaleza vidriosa y fácil y no se adhiere bien al mortero”.


        La construcción comprendió fabricas corridas por hiladas horizontales que consistían en “sillería de despiezo perdido” y de “alturas” y en las restantes fábricas, en el interior, y allí donde los espesores lo permitían, se utiliz6 la mampostería.


        El plazo de ejecución de las obras era de doce meses, sin embargo, el día 6 de diciembre de 1877 aún no se habían terminado las obras contenidas en el proyecto debido al retraso en la remisión de la piedra, por lo que el Director General de Obras Públicas concedió una prórroga de nueve meses al contratista para la terminación de la contrata 134. Las obras de reconstrucción del hastial del sur a la altura del crucero se terminarían, por tanto, hacia el mes de junio de 1878, lo mismo que las tareas escultóricas en el contenidas 135.


***


- Reconstrucción del hastial meridional: “un problema perfectamente determinado”.

 

* El “principio de la transparencia”.


        En el proyecto de reconstrucción del triforio Juan de Madrazo definió el hastial del crucero coma “un muro de cerramiento en el que intestan las naves de este crucero” 136. Este concepto lo desarrollo ampliamente en el segundo proyecto de reedificación aplicado al hastial meridional por encima de la galena del triforio, es decir, en la zona comprendida por el rosetón y el gablete de coronamiento del hastial 137; este proyecto fue terminado y remitido al Ministerio el 20 de junio de 1879, poco antes de que estallará el conflicto entre el arquitecto y las autoridades religiosas de León que desembocó en la destitución de Juan de Madrazo.


        En el proyecto de terminación del hastial meridional se trataba de levantar “el testero o cierre de una nave principal gótica”; esta nave esta constituida por “bóvedas de crucería que descansan sobre pilas aisladas y cubierta por una armadura longitudinal a dos aguas”; a estas disposiciones interiores debían corresponderse las exteriores de la fechada en perfecta reciprocidad: “un arco de hastial” volteado de una a otra pila, a modo de formero de la primera crucería de la nave, y un “pedimento o tímpano de frontón o de gablete”, como cierre lógico de los triángulos de la armadura de cubierta. Como afirmaba Juan de Madrazo, “no puede darse un programa mas concreto ni una formula más cerrada”138.


        La aparente sencillez del planteamiento convertía la cuestión de reconstruir un hastial de fechada de una catedral gótica en un “problema perfectamente determinado”, al menos en su conjunto o en cuanto a los términos que entraban en mutua correspondencia. Sin embargo, la hipótesis de partida era la aplicación rigurosa del principio de la estricta correspondencia de las disposiciones interiores en la distribución exterior o lienzos de fechadas del edificio. Juan de Madrazo tomaba la definición “del verdadero concepto del Hastial de una Iglesia” directamente de Viollet-le-Duc:


        “En los buenos monumentos de la Antigüedad y de la Edad Media, la cara exterior no es otra cosa que la expresión de las disposiciones interiores: en las Iglesias, por ejemplo, las fechadas principales no son sino la sección transversal de las naves (...) estos paramentos son la necesaria apariencia de las disposiciones del piano y de las dependencias interiores. En la arquitectura de la Edad Media, la fechada no puede separase del orden general del edificio: es la consecuencia de ese mismo orden ”.


        El “orden” de la catedral gótica debía ser un “orden intelectivo”, un “orden” por el que al observar las disposiciones del hastial, se “comprendiera” de inmediato su razón de ser en el “orden” total del edificio, su perfecta deducción lógica y consecuente. Este principio claramente expresado por Viollet-le-Duc ha sido considerado como una de sus mas destacadas influencias en la arquitectura contemporánea: denominado “principio de la transparencia” fue una idea ampliamente compartida por los arquitectos racionalistas del siglo XIX, como afirma Philippe Boudon 139:


       “esta idea de una arquitectura que expresa al exterior lo, que es en el interior corresponde al espíritu racionalista de Viollet-le-Duc, Baudot, Choisy, Guadet...”


        Como método de interpretación de la arquitectura gótica, el enunciado de este principio suponía un punto más, de singular importancia, de esa “ética constructiva” invocada por el “racionalismo neomedieval”. El concepto subrayaba la mutua correspondencia funcional de los elementos constructivos del interior con los del exterior del edificio. Este punto fue crucial en el proceso de critica histórico-constructiva de las fechadas existentes en la catedral de León antes de la restauración. Las fechadas dejaban de ser muros de cerramiento propuestos como “enmascaramiento” del interior de la fábrica, a modo de telones escenográficos que permanecían totalmente ajenas al resto de la fabrica medieval y ocultaban las disposiciones interiores. Calificativos como “ático ocioso” o “mera exterioridad” fueron aplicados a las antiguas fechadas, tanto de este lienzo meridional como del occidental o fechada principal de la Catedral. El criterio “purista”, la “transparencia” y “reciprocidad” entre el interior y el exterior del edificio, eran las claves del comportamiento “ético” de la arquitectura gótica, principios derivados del propio “estilo”, que adquirieron un valor normativo a la hora de censurar el proceso constructivo de la catedral de León, hasta el punto de proponer el derribo de aquellos elementos contradictorios con la “verdad ético-constructiva” de la arquitectura gótica 140.


        Al fijar Juan de Madrazo este “principio de la transparencia” como punto de partida para la reconstrucción del hastial, quedaban anuladas otras posibles argumentaciones para fundamentar su trazado: los principios clásicos de la composición carecían de internos, pues la fechada de la catedral gótica no resultaba de la “simetría”, “carácter” o “gusto”, sino que, frente a estos conceptos abstractos, el proyecto era deducido por Juan de Madrazo desde el “interior” del propio “orden constructivo” de la Catedral, desde su análisis como hecho material y concreto, sin ser preciso ningún otro soporte argumental; y en ello residía, además, la clave de la “belleza” de la arquitectura gótica, una “belleza” únicamente derivada de sus cualidades constructivas o de la fascinación mecánica de un equilibrio prodigioso 141:


        “Estas sorprendentes Catedrales cuya belleza consiste principalmente en la armonía entre la resistencia y la posición de cada parte y entre las fuerzas que ésta tiene que soportar, entrañan un conocimiento admirable de los principios del equilibrio armónico”.


        La deducción del proyecto a partir de las disposiciones interiores proporcionaba a Juan de Madrazo los términos básicos del programa: un arco de bóveda -que inscribe al rosetón y se enmarca por las pilas del hastial- y un tímpano de armadura -gablete- son los elementos del hastial. El programa resultaba perfectamente determinado en su conjunto, pero con cierta latitud en los detalles, como veremos a continuación.


* Arco de hastial: rosetón y pilas principales de fechada.


        Las estructuras inferiores, contenidas en el proyecto de reconstrucción del triforio tenían su continuación en las “pilas de hastial” o “pilas principales de fechada” que son llevadas en este proyecto hasta su coronamiento. Estas pilas arrancan del nivel de la terraza del triforio y en su interior tienen practicadas unas escaleras de caracol que permiten ascender hasta el nivel del paso superior por la lima general de recogida de aguas y hasta las armaduras de cubierta (fig.59). Las pilas se elevan hasta la imposta superior en que comienzan las torrecillas que, mediante los escamados, modifican la planta de las pilas hasta obtener el hexágono regular, base de las torrecillas superiores, al igual que en el hastial septentrional. Rematan estas torrecillas en agujas decoradas con crochets que están coronadas por cruces monumentales (fig.60).


        En el entrepaño entre estas pilas se extiende el arco de hastial que sirve a la vez de arco formero de la primera crucería. Este arco de hastial es la parte activa que dota de sentido a una construcción secundaria, “limitada a servir de cerramiento a un hueco y proporcionar luces a un interior”, como es el rosetón de esta fechada meridional. Para el trazado de esta parte del proyecto, que comprende las relaciones entre este arco y su rosetón, Juan de Madrazo recurre al examen de los hastiales occidental y septentrional para obtener datos en que apoyarse.


        En ambos hastiales examinados, el arco de fechada es la reproducción del primer arco fajón de las bóvedas altas; este arco, sin embargo, se “expresa” en el exterior del hastial de forma diferente: en el occidental este arco se manifiesta como tal arco, mientras que en hastial del norte la presencia de este arco se deja sentir en sus enjuntas por las rosetas en bajo relieve que exornan el hastial; estas variaciones son consideradas por Madrazo como “dos manifestaciones que lejos de repelerse se complementan mutuamente, razón por la cual han sido adoptadas en este proyecto”. Es decir, se toma la disposición del rosetón inscrito dentro de un arco apuntado, considerada como una composición “peculiar enteramente de los edificios de la escuela de la Champagne”, si bien Madrazo introduce una ligera modificación en su trazado, pues la línea horizontal que limita por su parte inferior al rosetón en el hastial del oeste es sustituida en el proyecto del hastial meridional por “un arco inverso que con las dos ramas del arco apuntado forma un triángulo curvilíneo equilátero combinado con la archivolta de la Rosa”. Las enjutas, como estructuras neutras, aparecen decoradas en sus centros por sendas rosetas trilobuladas y, en el extremo inferior de la archivolta del rosetón, en su punto de tangencia con el arco, coloca Madrazo una cabeza simbólica de tres caras en representación de la Trinidad (fig.60).


        El dibujo de la tracería del rosetón es copiado por Madrazo del existente en el análogo rosetón septentrional 142. Por encima del rosetón descansa el entrepaño del hastial que forma por su cara exterior las enjutas del arco de la bóveda, decoradas con rosetas tabicadas y con seis lóbulos con florones en sus redientes. La cornisa establece el paso a lo largo de la fechada en el nivel de los tirantes de la armadura de cubierta; en su decoración Madrazo utilizó motivos figurativos muy característicos del repertorio gótico, como crochets, follaje y hojas de yedra, todo ello coronado por una balaustrada en forma de cuadrilóbulos con sus centros exornados con las enseñas heráldicas de Castilla, León y la flor de lis.


        La reconstrucción de estos elementos del hastial no ofreció excesivas complicaciones para Juan de Madrazo, experto conocedor de la arquitectura gótica francesa y detenido observador de la catedral de León. La reconstrucción del gablete superior, sin embargo, era algo mas problemática debido a la ausencia de la armadura de cubierta que debía ser puesta en relación funcional con el perfil del gablete; Madrazo, ante este inconveniente, recurre a nuevos argumentos para justificar su proyecto en esta zona del hastial.


    * Las proporciones geométricas de la arquitectura gótica: el triangulo equilátero y su aplicación en la reconstrucción del gablete del hastial meridional.
       

La segunda estructura fundamental que integraba el programa de reconstrucción del hastial meridional era el gablete de coronamiento de la fechada (fig.60).


        Esta parte superior o de remate del hastial fue, como ya hemos visto, una de las zonas del edificio que sufrió más radicales transformación. El supuesto primitivo gablete gótico fue sustituido por las formas barrocas del “atico” trazado por Manuel Conde Martínez en los años finales del siglo XVII. Este vistoso coronamiento barroco del hastial fue demolido por Matías Laviña, con el resto de la fechada, en el año 1862 143; posteriormente, el proyecto trazado por el propio Matías Laviña para la reconstrucción total de la fechada meridional fue rechazado por la Academia de San Fernando debido, precisamente, a la “extraña” galería con la que daba cima al hastial. El informe emitido por la Academia exigía "un frontón muy agudo que acuse la armadura" y les llevaba a rehusar una propuesta como la de Laviña por considerarla en desacuerdo con el estilo y los principios constructivos de la arquitectura gótica 144.


        Juan de Madrazo se encargo de trazar este “frontón o remate triangular” reclamado por la Academia de San Fernando. Además, Madrazo no solamente diseñara los planes del remate de la fechada meridional de la Catedral, sino que justificó teóricamente su dibujo en forma de “fronton triangular” haciendo use de tres argumentos fundamentales: la naturaleza estrictamente funcional del gablete de fechada como estructura de cierre de la armadura de cubierta a dos aguas, el use del triangulo equilátero como gablete por ser ésta la figura geométrica generadora del sistema de proporciones de la arquitectura gótica y, como consecuencia de las dos premisas anteriores, la reafirmación de esta forma por el estudio arqueológico de las catedrales francesas, según la “genealogía” arquitectónica a la que Madrazo adscribió la catedral de León.


        Los razonamientos que utiliza Juan de Madrazo para justificar el trazado del actual gablete triangular que corona el edificio por su parte meridional presentan un doble interés. En primer lugar un interés concreto para el futuro del edificio, pues en la autoridad de las opiniones expresadas por Juan de Madrazo se apoyara Demetrio de los Ríos para proponer pocos años después la demolición del hastial occidental. En segundo lugar, desde una perspectiva teórica amplia, la argumentación de Juan de Madrazo sobre el sistema de proporciones de la Catedral para deducir en consecuencia la forma del gablete, supuso la introducción y aplicación en la reconstrucción de un tema que había sido ampliamente debatido en Francia como una de las características intrínsecas y definitorias de la arquitectura gótica.


        El argumento “funcional” será prioritario en el razonamiento. La función que debía desempeñar este remate de hastial era claramente expresada por Juan de Madrazo 145:


        “El pedimento o tímpano de frontón o de gablete ... recibe los extremos de todos los elementos longitudinales que ligan a los sucesivos triángulos de armadura”.


        El gablete o “frontón” superior del hastial resulta, pues, de la necesidad funcional de cerrar lateralmente la cubierta de la nave transversal del edificio. La forma resultante del gablete debía responder a este requerimiento funcional a través de las relaciones interdependientes y perfectamente determinadas que tenía que mantener el gablete con los triángulos de la armadura de cubierta. Además, este requerimiento funcional era una consecuencia del punto de partida que guiaba el proyecto, presidido por ese principio de “transparencia arquitectónica” que mencionamos mas arriba, por el cual la fechada debía ser “la expresión de las disposiciones interiores”. De un modo similar a lo que se deducía para los cuerpos inferiores del hastial, éste, en su parte superior, tenía que ser la evidente manifestación exterior del cierre de la armadura de cubierta como disposición interior correspondiente.


        Sin embargo, la falta de correspondencia lógica y funcional entre los remates superiores de los hastiales septentrional y occidental y las armaduras de cubierta del edificio no permitía proyectar el nuevo remate del hastial meridional por analogía con las estructuras existentes, como Madrazo había hecho en los cuerpos inferiores.


        El remate renacentista que por entonces coronaba el hastial occidental era juzgado severamente por Madrazo como una estructura en completo desacuerdo con la lógica funcional del sistema constructivo gótico 146:


        “... construido según las ideas predominantes de la época coma objeto exclusivo de ornamentación o como mera exterioridad destinada en primer termino a satisfacer la vista del publico es una estructura que no tiene ninguna relación con la disposición de los tejados que hoy existen ni con la de los que pudieron existir en otros tiempos”.


        Estas palabras deben comprenderse en el interior del juicio crítico, de la “ética constructiva” señalada, dependiente de la definición del modelo teorético de explicación histórica y constructiva de la arquitectura gótica formulado por el racionalismo neogótico francés, como hemos venido señalando. La aplicación radical y operativa de este juicio crítico del hastial occidental llevara a Demetrio de los Ríos a proyectar su demolición y posterior reconstruccion “purista” 147.


        En el caso que ahora nos ocupa -la reconstrucción del hastial meridional- la crítica que realiza Madrazo del hastial occidental le condujo a descartar esta estructura como fuente de información para su proyecto, por estar en completo desacuerdo con la “función” que debía cumplir el remate del hastial de fechada en el edificio gótico.


        El gablete de coronación del hastial septentrional, realizado a mediados del siglo XV, muestra, por el contrario, una disposición de triangulo equilátero que, pese a ser considerada como la mas apropiada por Madrazo, estaba en desacuerdo con la armadura existente. Esta discordancia la atribuye Madrazo en este caso a que la armadura de la cubierta de la catedral no era la que realmente debía corresponder al edificio, con las consecuencias que de ello se derivaban 148:


        “Desgraciadamente, faltan en el edificio las armaduras que en otro tiempo le cubrieron o que se proyectaron para cubrirle, y tanto por esta circunstancia como por las restauraciones llevadas a cabo a fines del siglo XV y del XVI, no existe en los Hastiales mencionados la mayor correspondencia entre sus estructuras superiores y la disposición de la cubierta que hoy existe”.


        De esta crítica “constructiva” de las dos estructuras existentes en el nivel superior del edificio y que debían ponerse en conexión -la armadura de cubierta y el remate del hastial- Madrazo deducía claramente la necesidad de modificar estos dos elementos para devolver la coherencia a la Catedral y dejar “cerrado” el sistema constructivo del edificio: el renacentista hastial occidental es considerado como una mera “exterioridad” sin justificación constructiva alguna, y la armadura de cubierta deberla modificarse y adoptar el perfil de triangulo equilátero para ser puesta en adecuada relación funcional con el triángulo del gablete del hastial del norte y con el que Madrazo proyectará para el costado meridional 149. De la demolición y reconstrucción del hastial occidental se encargará más adelante Demetrio de los Ríos, pero la modificación de la armadura de cubierta del templo, pese a estas opiniones de Madrazo y a las reiteradas ocasiones en que Ríos repitió la necesidad de transformar el perfil de la cubierta, seria un trabajo que no se comenzó nunca, persistiendo en la actualidad la antigua cubierta y con ello el desajuste funcional entre la cubierta superior y los actuales gabletes de cerramiento de las naves altas del edificio 150.

 

El razonamiento “funcionalista” que mantiene Juan de Madrazo en sus proyectos de reconstrucción descansa, como hemos visto, en la concepción del edificio gótico como una totalidad constructiva cuyos elementos, interrelacionados entre si, tienen siempre un lugar perfectamente apropiado y razonado en la integridad en la que se inscriben. La “determinación de los principios” de la arquitectura gótica que según Madrazo “permite obtener deducciones exactas” posibilitaban la reconstrucción del sistema constructivo de la catedral de León a partir del análisis sistemático y crítico de sus elementos constructivos y de los procedimientos por los que estos elementos entran en conexión con otras unidades y se definen por las relaciones que mantienen entre sí y en el interior del sistema en el que se losertan.


        Cada uno de los nuevos elementos constructivos y decorativos que proyecta Madrazo surge, pues, del análisis y comparación crítica con otros elementos similares existentes en el edificio, en el intento de establecer relaciones de identidad o analogía coma fundamentos del proyecto.


        En el caso de la reconstrucción del gablete del hastial meridional no era posible apoyar el trazado triangular que presentaba Madrazo más que por analogía con el frontón del hastial septentrional. La existencia de una armadura de cubierta con este perfil hubiera justificado por si sola esta forma del gablete en su necesidad de adaptación funcional al triángulo de la armadura. Ante esta carencia de datos sólidos procedentes del análisis material, estrictamente constructivo, del edificio, Madrazo encontró en el estudio genérico del sistema de proporciones de la Catedral un argumento más en el que apoyar la forma de triangulo equilátero como la genuina para el gablete del hastial.


        Con la afirmación de un sistema de proporciones característico de la arquitectura medieval, el racionalismo neogótico entraba a considerar un problema directamente extraído de la estética clásica. El enunciado por Viollet-le-Duc de un sistema de proporciones característico de la arquitectura medieval y, en particular de la arquitectura gótica, se entremezcla con el argumento “funcionalista” y, en definitiva, creo ambas propiedades teóricas se orientan hacia una misma finalidad: demostrar el carácter eminentemente racional y sistemático de la arquitectura gótica con la exposición de un método interpretativo que permitiera la reunión de todas las partes de un edificio agrupadas como producto de un mismo sistema conceptual. El enunciado de que “la forma sigue a la función” en la arquitectura gótica es un principio que dota de coherencia racional a todos los elementos constructivos y decorativos que integran esa unidad conceptual que debe ser el edificio. De la misma manera, la exposición de un sistema de proporciones propio de la arquitectura medieval era otro modo de poner en evidencia la unidad de sistema y de principios que preside a esta arquitectura. Además, en cuanto criterio operativo, esta teoría de la armonía de las proporciones tuvo gran importancia en algunos procesos de restauración como orientación metodológica, como fue el caso de Saint-Sernin de Toulouse 151. Pero el estudio del sistema de proporciones de los edificios medievales no solo se encuadra en ese intento de conciliar la teoría y la práctica, sino también en el afín por reconocer en la arquitectura del pasado principios universales sobre los que fundar, en un sentido progresivo, una arquitectura moderna.


        Thomas W. Lyman indica que la teoría de la armonía de proporciones de Viollet-le-Duc no queda completamente formulada hasta que aparece en 1863 el noveno de los Entretiens y se publica al año siguiente el articulo “Proportions” en el Dictionnaire raisonne, todo ello en relación en gran medida con sus observaciones sobre Saint- Sernin 152. Si bien esto es cierto, creo que no obstante habría también que subrayar como las primeras exposiciones de la arquitectura medieval como un sistema perfectamente proporcionado aparecen en los artículos publicados tanto por Viollet-le-Duc como por Jean-Baptiste Lassus en relación con la polémica mantenida con la Escuela de Bellas Artes en 1846 153. Aquí los dos arquitectos franceses trataron de refutar el juicio negativo de la arquitectura gótica que sostenían los partida Ríos de la Academia, que repetían como argumento fundamental para rechazar la arquitectura gótica las palabras de Quatremere de Quincy 154:

        “El genero de edificio al que se le aplica el nombre de gótica se compone de tantos elementos heterogéneos y nace en un tiempo de tal confusión, de tal ignorancia, que la extrema variedad de formas, inspiradas por solo el capricho, impide a todo verdadero sistema de proporción introducirse en una arquitectura que no comunica realmente al espíritu mas que la idea de desorden”.


        Los partida Ríos de la arquitectura gótica, encabezados por Lassus y Viollet-le-Duc, se apresuraron a recoger estas palabras de Quatremere para demostrar precisamente lo contrario, es decir, que en la arquitectura gótica “toda la construcción está sometida a un sistema invariable” 155. El sistema de proporciones dota de unidad a la arquitectura gótica y, además, frente a la rigidez de las proporciones de la arquitectura clásica, la arquitectura gótica adopta la “proporción humana” en la que el hombre sirve de modelo y unidad 156.

 

En este sentido, la teoría de las proporciones es uno de los aspectos en los que mas se deja sentir coma la discusión se llevaba sobre un principio hasta entonces considerado dominio exclusivo de la arquitectura clásica; es decir, suponía adoptar un tema característico de la doctrina clásica para transformarlo, y así ha sido señalado por algunos autores 157.


        Cuando a mediados de la década de 1860 Viollet-le-Duc perfila su teoría de las proporciones en los artículos mencionados del Dictionnaire y los Entretiens, losistirá en dos características esenciales del sistema de proporciones de la arquitectura medieval que el arquitecto francés consideraba coma las más originales y sobre las que debía fundamentarse la renovación de la arquitectura contemporánea: el principio que podria denominarse de la “proporción funcional y relativa al orden general” y el principio de la “proporción geométrica”.


        La existencia de un sistema de proporciones era un principio común a la arquitectura medieval y a la arquitectura clásica. Efectivamente, como señala John Summerson, “la finalidad de la arquitectura clásica ha sido siempre lograr una armonía demostrable entre las partes” 158. Eugene Viollet-le-Duc evidenció como esta condición general se cumplía perfectamente en la arquitectura gótica; ahora bien, coincidente en el concepto general, también enunció claramente las peculiaridades del sistema de proporciones medievales y las ventajas que presentaban a su modo de ver. A diferencia del “orden” de los templos griegos donde la columna -la parte- determinaba las proporciones del edificio, en la arquitectura medieval la proporción es relativa al orden general y a la función desempeñada por la parte en este orden 159:


        "desde que el orden no era mas que una de las partes del conjunto, perdía la cualidad de orden para tomar la de un miembro sometido (...) la columna perdía su proporción propia para adoptar una proporción relativa al lugar o a la función que ocupaba o a la naturaleza de la materia en que estaba tallada ”.


        Los elementos constructivos están sometidos en el edificio gótico al “orden” general, el razonamiento discurre del todo a las partes y no al contrario como en la arquitectura clásica. El sistema de “módulos” de la arquitectura griega la parecía a Viollet-le-Duc como un peligro por sus pretensiones de dotar al arquitecto de un procedimiento inmutable, una formula perfecta, absoluta, en la que el modulo reemplazaba al razonamiento. Sin embargo, la “proporción relativa” de la arquitectura medieval es esencialmente razonadora, pues es suficiente flexible y permite someter los elementos constructivos a la función relativa ejercida en el conjunto.


        De este carácter especial de las proporciones góticas se desprendía su otra propiedad importante, “la proporción geométrica”:


        “la geometría es el punto de partida, el principio de la arquitectura; entre las figuras geométricas la más perfecta es el triángulo; entre los triángulos los que mejor se prestán a las leyes de la estática y a las divisiones proporcionales son los triángulos equiláteros
.


        Juan de Madrazo retomo esta idea y afirmo que “el triángulo equilátero fue la idea que tuvo en su mente el constructor del siglo XIII para dar las proporciones que vemos en este edificio”. La idea, apuntada por Madrazo, fue desarrollada posteriormente por Vicente Lampérez y Romea que observo como las catedrales de León y Reims respondían a un mismo trazado geométrico a partir de los triángulos como figuras que proporcionan las medidas fundamentales en las naves de ambos edificios (figs.62 y 63)160.


        Aplicada la proporción geométrica a la reconstrucción del gablete del hastial, Juan de Madrazo adopto el perfil de triángulo equilátero como la figura adecuada al sistema de proporciones del edificio. Este perfil debería haberse correspondido con una inclinación de 60° de la armadura de cubierta de la Catedral, “inclinación propia y usual en los tejados del norte”, muy adecuada para los tejados de pizarra como el que Juan de Madrazo y Demetrio de los Ríos propusieron para cubrir la catedral de León, pues “se trataba de construir un edificio en una localidad muy próxima a formaciones en gran abundancia de este esquisto”.


        Adoptado el perfil de triángulo equilátero esta línea se adornó con crochets y en su vértice se corono con la estatua de San Froilan. La preparación del acceso al tejado que tendria que haber cubierto las naves del edificio venia resuelto con unos peldaños para subir a los caballetes del tejado. Este gablete esta perforado por dos pequeñas puertas de servicio en el nivel de la cornisa y una roseta “para ventilación de la armadura” decorada con racimos de follaje y seis columnillas a modo de radios; este diseño, que podemos ver frecuentemente repetido en el Album de Villard de Honnecourt, fue posteriormente sustituido por Luis Menéndez Pidal por la actual traceria, semejante a la del “frontón” del norte y de un dibujo mas propio de la última fase del estilo gótico (fot.11)161. Por encima se encontraba un bajo relieve con enseñas heráldicas de Castilla, León y flor de lis.


        El proyecto de reconstrucción del hastial meridional fue calurosamente acogido por la Academia de San Fernando que emitió un breve pero elogioso informe del trabajo realizado por Juan de Madrazo 162. Este informe fue redactado en octubre de 1880, algunos meses después del fallecimiento del arquitecto.

 

Debido a la sustitución y muerte de Juan de Madrazo, la construcción de esta fechada correspondió a Demetrio de los Ríos. La fechada meridional trazada por Juan de Madrazo permanece como una de las mas notas mas destacadas de la actual catedral de León; además, como hemos señalado, el razonamiento y los pianos de Juan de Madrazo sirvieron de modelo para la posterior reconstrucción del hastial de la fechada occidental o principal de la Catedral.


* * *


- Reconstrucción del brazo meridional del crucero en la zona alta de la nave.


        Juan de Madrazo dejó prácticamente ultimados los pianos del proyecto para la reconstrucción de la parte superior del brazo sur del crucero antes de ser apartado de las obras de restauración de la catedral de León en octubre de 1879. Los pianos trazados por Madrazo fueron concluidos y dotados de la correspondiente memoria explicativa y cálculos de estabilidad y resistencia por Demetrio de los Ríos, sucesor de Juan de Madrazo. Dos años fueron empleados por Ríos para dar remate al proyecto que fue finalmente firmado el día 4 de febrero de 1882 164. El proyecto iniciado en sus pianos por Madrazo fue fielmente seguido por Ríos, “haciéndolo nuestro en todas sus partes”, como él mismo admitía. Por esta razón y por ser este proyecto la conclusión lógica de los dos elaborados con anterioridad para la reconstrucción de este brazo meridional de la catedral de León, incluimos su estudio en este capítulo dedicado a la actividad de Juan de Madrazo.


        Después de concluida la galería del triforio y una vez proyectada y erigida hasta su coronamiento la fechada, quedaba aún una considerable obra de reconstrucción en este brazo meridional y crucero de la Catedral: todavía se encontraba abierto el descomunal boquete que comprendía todo el hueco correspondiente a la antigua copula central del crucero con las cuatro bóvedas que la rodeaban y la parte completamente desmontada de la zona superior del brazo sur más dos ventanas altas, una hacia el lado sudoeste perteneciente a la nave central y otra correspondiente al presbiterio, es decir, en el costado sudeste del edificio. La reconstrucción de todos estos importantísimos elementos derribados fue incluida en este proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero en la zona alta de la nave.


        La trascendencia del proyecto viene señalada no solo por su considerable extensión y magnitud, sino también porque los pianos trazados por Juan de Madrazo para la reconstrucción de todo el cuerpo de ventanas altas asumieron el carácter de “modelo” que Demetrio de los Ríos aplicó en todo el perímetro de los muros de la catedral de León. La propuesta de “reconstrucción” formulada por Juan de Madrazo para esta zona se convirtió en el paradigma “neogótico” para los proyectos posteriores de “restauraciones parciales”, determinantes para la fisonomía exterior de la actual catedral de León.


        Esta dimensión “estético-arqueológica” era uno de los dos aspectos destacados del proyecto; como tal, se aplicó a los paños de cerramiento verticales o zona de las “ventanas altas” que habían de reconstruirse. La otra faceta importante del proyecto se refería genéricamente a las “bóvedas” de crucería que se debían voltear sobre el crucero y naves altas para cerrar el edificio por su parte superior. La diferente naturaleza de la construcción de una y otra clase de fabrica llevan a dividir el proyecto en estas dos partes de distinto carácter y consecuencias.


* Reconstrucción de las ventanas altas, un modelo para el exterior de la Catedral.
 

El primero de los pianos trazados por Juan de Madrazo comprende la parte denominada de “ventanas altas” o paños de cerramiento verticales en la parte superior del brazo sur del crucero. Este diseño recoge el frente exterior de dos de estas ventanas altas correspondientes al lienzo oriental del transepto meridional, los arranques de los arcos torales interiores y parte del primer arco del presbiterio, el corte vertical del arbotante doble y el sencillo del hastial, así como toda la parte superior de la nave y los inicios de la armadura de cubierta (fig.64). Pese a incluirse todos estos elementos en esta primera hoja del proyecto, realmente el piano se detiene en detallar la composición de las ventanas altas del brazo sur que debían levantarse sobre la galena inferior del triforio. Las ventanas propiamente dichas, con sus gabletes y enjutas, el cornisamiento, antepechos y pináculos son los componentes “góticos” que se acoplan y complementan para crear un diseño que refine todos los términos claves de la arquitectura gótica; como “cerramientos verticales o costados de arcatura que limitan el templo”, el “ritmo” repetitivo propio de la arquitectura gótica posibilitaba su aplicación, no solo a la reconstrucción inmediata de las cuatro ventanas del crucero y las dos de la nave y presbiterio que se encontraban desmontadas, sino que, como apuntó Demetrio de los Ríos, se podía extender este trazado “neogótico” “lo mismo por entrambos brazos de su crucero que por su nave, presbiterio y ábside, pues en todo este perímetro reina y se sostiene con perfecta unidad la misma composición” 164:


        “lo adoptado para el crucero sur ha de repetirse fielmente, como el piano lo expresa, para las otras dos ventanas restantes de la nave, y que una vez aprobado este proyecto por la Superioridad ha de servir de modelo para todo cuanto en el orden de las ventanas, enjutas, coronación y remates se practique en el resto de la nave y presbiterio, en el otro brazo norte del crucero y en el ábside, por el sistema de restauraciones parciales”.


        La trascendencia del proyecto quedaba claramente expresada por estas palabras con las que Ríos introducía la memoria del mismo, pues “de su aprobación depende la exterior fisonomía estético-arqueológica del Templo”, como afirmaba el propio arquitecto. Efectivamente, el proyecto, como ya ha sido señalado, se terminó en 1882; por estas fechas Demetrio de los Ríos ya comenzó a elevar al Ministerio los primeros presupuestos de restauraciones parciales donde iniciaba esta radical transformación de la totalidad del perímetro exterior del edificio, añadiendo estos característicos elementos “góticos” a los muros. Ríos se escudaría en la aprobación de este proyecto de “reconstrucción” del brazo sur para aplicar el diseño a toda la Catedral, anulando la diferencia existente entre la “reedificación” de una parte del edificio cuyas disposiciones anteriores habían sido totalmente derribadas y la “restauración” de otras zonas - como los muros altos- donde persistían las anteriores, con lo que la aplicación del diseño propuesto por Madrazo suponía eliminar elementos preexistentes. Esta diferencia fue advertida por Ríos, de ahí que se amparase en el prestigio del proyecto de “reconstrucción” de su antecesor para proponer la “restauración” radical y sistemática de todo el templo en busca de esa “perfecta unidad”.  Por eso la aplicación rigurosa de este diseño por toda la superficie exterior de la Catedral nos llevará a enmarcarlo en el interior de la discusión sobre los contornos de aplicación del concepto de “restauraciones parciales”, problemática diferente a la que ahora se planteaba, a pesar de los intentos de Ríos por igualar los términos de la discusión 165.


        Lo cierto es que Juan de Madrazo con esta primera hoja del proyecto de reconstrucción del brazo meridional había dejado trazado el prototipo para la posterior transformación de la fisonomía exterior de la catedral de León. La composición amalgamaba con especial acierto los elementos definitorios de la arquitectura gótica, de un modo similar a como se efectuó en buena parte de las catedrales francesas sometidas a restauración durante el siglo XIX; con la reunión de estos “términos clase” o “estilemas” de la arquitectura gótica la catedral de León afirmaba su carácter de “objeto modelo” de la arquitectura gótica francesa del siglo XIII, con toda su pureza y unidad.


        La tracería de las ventanas recogía como “elemento constante” el arco apuntado central subdividido en otros dos parciales cobijando rosas exalobulares, mientras que en estas ventanas existía también un elemento que Demetrio de los Ríos denominaba, “accesorio o variable”, formado por los arcos apuntados laterales a modo de “lancetas”, que variaban según la longitud del paño de muro que hubiera de cerrarse: es decir, una prueba mas de la flexibilidad de la arquitectura gótica que posibilitaba la adaptación del diseño a la función desempeñada en la totalidad del edificio. Los capiteles de la ventanas se repusieron por Madrazo adoptando diseños de los persistentes en el interior.


        Los gabletes que corren por encima de todas las ventanas de la catedral de León son también producto de la restauración. Este elemento “esencialmente característico en esta clase de arquitectura”, al decir de Demetrio de los Ríos, reaparecía en la hoja de pianos de Madrazo. Según refería Ríos, estos gabletes que diseño Madrazo y que el se encargaría de extender a todas las ventanas, aún persistían en un ángulo del edificio, en el arranque de una de las ventanas, “con su dirección, forma y ornato”; Madrazo sacó vaciado de estos restos y los aplicó a la reconstrucción de este brazo sur del crucero. La justificación estética y funcional de este elemento “esencial” de la arquitectura gótica fue desarrollada por Demetrio de los Ríos en sus proyectos de restauraciones parciales, por lo que volveremos sobre ellos en el próximo capítulo.


        Las enjutas de los ventanales presentan una decoración de rosas ciegas, para lograr un “conjunto armónico” y por la aplicación de “un principio universal”, como puntualizaba Demetrio de los Ríos, pues “toda parte pasiva de un muro se adelgaza o perfora siempre”. Para añadir estas rosas la Catedral no ofrecía vestigio alguno de las mismas, por lo que Juan de Madrazo las incorporó de los modelos tornados en las catedrales francesas que estudió.


        La cornisa, con tres hiladas de cantería, también era un elemento añadido puesto que la primitiva gótica de la catedral de León fue sustituida por la cornisa barroca de Baltasar Gutiérrez 166. A modo de una ancha media cana se decoró con motivos de hojas intercaladas. Por encima recorre la cornisa un escamado que sirve de corona. El antepecho se compone de tres partes, una solera para arrojar las aguas, un cuerpo principal con rosas caladas de cuatro lóbulos y una cimera de sencillo molduraje. El conjunto esta rematado por los pináculos que coronan las pilas interpuestas entre las ventanas. Los motivos decorativos fantásticos de águilas y aves de rapiña cubiertos con paños que proponía Juan de Madrazo fueron modificados por Demetrio de los Ríos por otros de Leonés que le parecieron mas adecuados por ser la Diputación Provincial quien costeó estas labores escultóricas de coronamiento de la nave con los fondos que donó como resultado de la suscripción organizada por el Prelado Leonés.


        Este trazado fue considerado como el mas adecuado al carácter estático-arqueológico del edificio. Todos estos elementos estaban “extractados” del repertorio más puro y característico de la arquitectura gótica francesa del siglo XIII. Nadie dudó en el siglo XIX de su conveniencia y adecuación a la hora de reconstruir el derribado brazo del crucero. Ahora bien, el problema surgió cuando este “modelo” se confrontó las disposiciones existentes en el resto de las naves altas del edificio. El partido que tomó Demetrio de los Ríos por aplicar este diseño por todo el perímetro de la Catedral hubo de ser una decisión largamente argumentada. Todos estos elementos del piano de Juan de Madrazo fueron “redefinidos” y mostrados como componentes indisociables del “sistema” gótico, presentes en “el pensamiento de los primeros constructores”, en definitiva, inexcusables para devolver a la catedral Leonesa todo su “primitivo esplendor”.
 

* Valoraciones constructivas en torno a la reedificación de las bóvedas altas.


        La segunda parte del proyecto de reconstrucción del brazo sur del crucero esta dedicada a las bóvedas que debían voltearse sobre el crucero y naves altas del brazo sur, así como las dos desmontadas sobre el presbiterio y el coro. Del mismo modo que ocurría con la zona de las ventanas, esta reconstrucción total de las bóvedas referidas fue tomada como modelo para la reparación del resto de bóvedas altas de la Catedral que, como decía Juan de Madrazo, eran estructuras sumamente deterioradas, “donde más se han dejado sentir los efectos de las restauraciones desacertadas de los siglos XVII y XVIII”, hasta el punto que “puede decirse que en toda la extensión de las naves altas de esta Iglesia, no existe un solo tramo que no exija en su día reparaciones de mayor o menor importancia, ya sea en sus crucerías, ya en sus entrepaños de bóveda” 167.

 

El encimbrado total de las bóvedas altas de la Catedral a partir de los proyectos formados por Juan de Madrazo dotó de los medios auxiliares necesarios para proceder a la reconstrucción de las bóvedas derribadas y restauración de las deterioradas. La adaptación de las cimbras a las bóvedas supuso, como vimos en apartados anteriores, un profundo y sistemático estudio del significado constructivo de las bóvedas de crucería en la arquitectura gótica. Este papel primordial desempeñado por las bóvedas en el interior de la jerarquía constructiva gótica ya ha sido señalado en relación con el sistema de encimbrado proyectado por Juan de Madrazo. Por ello no insistiremos en estos aspectos ya tratados y nos detendremos únicamente en seguir algunas de las apreciaciones relativas al proceso constructivo de estas bóvedas en relación con los diversos planos formados por Juan de Madrazo para su reconstrucción 168.

        Con anterioridad a la formación de los pianos contenidos en el proyecto de reconstruccion del brazo sur del crucero, Juan de Madrazo había elaborado otro proyecto que iniciaba la reconstrucción de las bóvedas altas y dejaba preparados los pilares para voltear sobre ellos las crucerías: es decir, comprendía la conclusión de la pila total sudeste, aún incompleta, y la construcción de los “enjarjes” de todas las bóvedas que fueron incluidas en el posterior proyecto de reconstrucción del brazo sur 169.


        Este proyecto preparatorio para la erección de las bóvedas propiamente dichas abarcaba esa delicada zona de transición entre los capiteles de los pilares y los nervios, es decir, “las hiladas horizontales de los arcos hasta la altura en que sus diferentes secciones transversales de dovela dejan de compenetrarse y por consiguiente sus respectivas vueltas siguen independientes unas de otras”.


        La hoja de planos presentada por Madrazo representaba con claridad la zona comprendida por estos enjarjes en varios trazados (fig.65): la planta del crucero y brazo sur a la que afectaba la reconstrucción de los enjarjes y las secciones horizontales y proyecciones verticales de frente y de costado de los distintos tipos de pilares comprendidos, torales, secunda Ríos y pilas del hastial.


        Como indicaba el propio Juan de Madrazo en la memoria de su proyecto, “es todavía la estructura de los edificios de este estilo -gótico- demasiado poco conocida en España para que puedan parecer aquí superfluas algunas explicaciones lo mismo respecto del sentido de la voz enjarjes que respecto a la función que estos desempeñan en la estructura de las bóvedas góticas”. Madrazo procede a una definición “funcional” e incluso a una revitalización “etimológica” del término a partir de la utilización de la palabra “jarjamenta o jarjamentos” empleada por Simón García y, sobre todo, por la comparación con los “erracemens” o “tas de charge” del Álbum de Villard d'Honnecourt 170.


        Los enjarjes son una parte fundamental en el sistema de bóvedas de crucería góticas y por ello merecieron un proyecto especial por parte de Juan de Madrazo. Su importancia viene señalada en cuanto representan los “amagos de todos los arcos que nacen donde arrancan las bóvedas” y el punto de apoyo de la plementería de las bóvedas, así como “la base de unos macizos de mampostería que han de formar los riñones de las bóvedas y que neutralizan la acción de las presiones en los puntos de rotura”. Es decir, se trataba de la reconstrucción de estructuras fundamentales para el equilibrio de las bóvedas y por ello primordiales para asegurar la estabilidad del sistema constructivo gótico, sumamente dependiente de las crucerías, parte “activa” por excelencia. Su construcción debía ser lo suficientemente resistente para asegurar las presiones resultantes del empuje de los distintos arcos que entraban en combinación en cada tramo de bóveda, así como también tenían que ser capaces de soportar la totalidad del peso de las bóvedas que cargaban sobre estos enjarjes. El complejo aparejo de todas las reuniones de arcos en los enjarjes fue hábilmente solucionada por Juan de Madrazo, especialmente en lo que se refiere a los enjarjes correspondientes al crucero de la Catedral, puesto que, como vimos, al voltearse la cópula en el siglo XVII, se modificaron los arcos torales para montar la pechina con lo que se habían perdido estas disposiciones características del sistema gótico de bóvedas de crucería. El carácter plenamente “cientifico” del proyecto de enjarjes requirió el examen de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que emitió su informe favorable en septiembre de 1878 171. Seis meses fueron los previstos por Juan de Madrazo para construir estos enjarjes, de tal modo que durante este tiempo fue completando los planos para continuar la reconstruccion de estas bóvedas altas con sus nervios y plementería.


        La reconstrucción de las bóvedas en la zona alta del crucero es la lógica continuación del proyecto de “enjarjes”. Los arcos y nervios desarrollados a partir de sus arranques conforman la “osatura, esqueleto o armazón generatriz”, sostén o parte “activa” de todo el sistema de bóvedas. El abovedamiento del crucero y brazo sur es disecado en todas las partes de su estructura con la demostración de la función concurrente de cada uno de sus miembros para producir un resultado previsto en cada uno de sus detalles, a modo de órganos coadyuvantes para la consecución del prodigioso equilibrio de la máquina gótica. La ascesis de la estructura, el sistema rigurosamente deducido para cada uno de sus elementos a partir de los nervios, son producto del desarrollo de un sistema arquitectónico que tiene en las bóvedas el punto máximo de su verdad, en la medida en que cada uno de los mas mínimos perfiles y molduraciones manifiesta un orden perfectamente determinado que garantiza el equilibrio estructural del conjunto del edificio.


        La reconstrucción de las bóvedas comienza con la exposición conjunta del problema, es decir, el detalle de la parte interior de las ventanas altas y el modo en que estas entran en relación con las bóvedas, y la planta detallando los tramos de bóvedas (fig.66). Los arcos formeros, perpiafios o fajones y los nervios u ojivas forman el armazón activo que desarrolla las presiones y las encauza hacia los pilares y contrarrestos exteriores, es decir, arbotantes y botareles. Este “esqueleto” activo es destacado por Juan de Madrazo en su reunión combinada (fig.67): los distintos arcos sostinentes son la expresión material de una misma función abstracta que presenta las peculiaridades propias de su función relativa en la totalidad constructiva del edificio; cada una de estas peculiaridades se manifiesta en la exacta correspondencia en el trazado de los arcos con la función desempeñada. Así, en la parte superior de este plano se representa el arco toral con los tres robustos anillos en reciprocidad con la amplia bóveda que debían sostener. Complemento de esta “osatura” son los arbotantes que contrarrestan el empuje de las bóvedas altas y a la vez transmiten las presiones a los botareles exteriores.


        La plementería constituye la parte “neutra” que carga sobre los nervios y cierra las bóvedas. Cada tramo de bóveda se compone de cuatro plementos de planta triangular. El problema principal planteado con relación a la plementería era su adecuada trabazón de la piedra toba en condiciones adecuadas de adherencia, no solo en todo el plemento, sino sobre todo en la unión de los plementos entre sí por encima de los nervios y arcos perpiaños. La hoja de geometría y cubicación de las bóvedas resuelve estos enlaces (fig.68).


        El sistema de bóvedas era el resultado y punto final de la reconstrucción del brazo meridional del crucero 172. El perfecto ensamblaje de todos los elementos constructivos y decorativos desplegados por Juan de Madrazo a lo largo de sus proyectos era producto tanto de la articulación de los mismos en función de un conjunto de principios constructivos como también de un profundo análisis material y concreto del organismo constructivo de la catedral de León. La “lógica” preside el tratamiento de las formas consiguiendo un resultado “formal” que recubre de hecho todo un orden de relaciones concretas, necesarias y materiales derivadas de la mecánica constructiva.


        Pero este fructífero modo de razonamiento constructivo desarrollado por Juan de Madrazo no permaneció ajeno de una estrecha relación con la problemática social. La “belleza” de la catedral de León estaba centrada por Madrazo en esta esfera de lo “real y positivo” a la que siempre recondujo el análisis arquitectónico, ajeno a cualquier tipo de disquisiciones metafísicas. El conflicto que mantuvo con las autoridades religiosas de León y que le llevo a su destitución, pese a ser reconocido como el más cualificado arquitecto para dirigir técnicamente la restauración, pondrá de manifiesto como el amplio pensamiento arquitectónico de Juan de Madrazo se ramifica y se prolonga hasta sumergirse en la discusión ideológica propia del momento. Los lazos entre la arquitectura y la sociedad descubrían como en tomo al paradigma gótico se estaban discutiendo diversos modos de enfrentarse a las transformación de una sociedad afectada por las contradicciones de la nueva era industrial.


***

5) LA DESTITUCIÓN DE JUAN DE MADRAZO.


        Juan de Madrazo fue destituido de la dirección facultativa de las obras de restauración de la catedral de León el 21 de octubre de 1879. Esta decisión ministerial fue el tajante resultado de una agria polémica que mantuvo el arquitecto con las autoridades religiosas de León. Los incidentes inmediatos que provocaron la intervención directa del Ministro de Fomento tuvieron su origen a mediados del mes de agosto de 1879, cuando Juan de Madrazo prohibió la entrada a las obras de restauración al Deán de la catedral de León, que, ante una ausencia temporal del Prelado, cumplía en ese momento las funciones de Obispo y, como tal, ocupaba interinamente la presidencia de la Junta Inspectora de las obras de restauración.


        Sin embargo, este incidente fue el suceso final y definitivo de una polémica que se inició en los años anteriores y que ya había dado lugar en 1878 a la publicación de folletines con acusaciones mutuas. En efecto, el 21 de junio de 1878 el Cabildo de la catedral de León firmaba un folleto impreso en Madrid en que decía defenderse de los ataques que Juan de Madrazo había dirigido a esta Corporación 173. Como contestación a esta publicación, Juan de Madrazo sacó a la luz otro escrito con fecha de 11 de agosto de 1878 en el que respondía al Cabildo y que contribuyo a recrudecer aún mas el enfrentamiento174.


        Estas discrepancias entre las autoridades religiosas y el arquitecto venían respaldadas por una fuerte corriente de opinión local que tuvo también su expresión pública en el intercambio de acusaciones entre los dos diarios más comprometidos ideológicamente de la ciudad de León por esos años. La Crónica de León, periódico neocatólico y de tendencias carlistas, se erigió en portavoz de las acusaciones al arquitecto, mientras que El Porvenir de León, republicano y anticlerical, defendería las posiciones asumidas por Juan de Madrazo .


        La amplia difusión pública que alcanzaron las polémicas entre las autoridades religiosas y el Arquitecto director se enmarcan en el contexto de la lucha ideológica que tuvo lugar con especial intensidad desde los primeros años de la Restauración. Durante este periodo la discusión ideológica y filosófica enfrenta posturas radicalizadas por la experiencia política que se abrió con la revolución de septiembre de 1868 y que termin6 en 1874 con el fracaso de la primera República. Este periodo de apertura ideológica supuso la importación, en general con bastante retraso, de diversas corrientes de pensamiento europeas de fondo racionalista y positivista. El enfrentamiento de estas nuevas filosofías con el catolicismo -también en proceso de transformación- será bastante agudizado durante todo el decenio que discurre entre 1875 y 1885.


        El positivismo arquitectónico que adoptó Juan de Madrazo en su concepción de la restauración de la Catedral, transciende la esfera concreta del proyecto arquitectónico y se configura como un pensamiento mas amplio que se ve sumergido en la discusión ideológica que tiene lugar en España durante estos años.


        Con la polémica mantenida entre el arquitecto y las autoridades eclesiásticas, el problema de la restauración de la catedral de León volvía a alcanzar nuevamente una amplia resonancia publica. La presencia crucial de la Historia en el siglo XIX como experiencia de masas y argumento troncal de reflexiones eruditas se utilizó para fundamentar ideologías tanto progresistas como reaccionarias 175.


        El romanticismo legitimista se volvió hacia la Edad Media con la creación de la imagen idílica de la armonía social, de la pacifica cooperación entre las clases sociales, de los valores cristianos frente al pujante materialismo. Como tendencia general que recorre el siglo XIX, el romanticismo legitimista o el neocatolicismo social, buscaron en el pasado medieval el culto de Los valores cristianos y los medios de restablecerlos en la sociedad moderna, como solución a las contradicciones sociales que acompañaban a la imposición del capitalismo industrial.


        La historia se convierte también en el sustrato de corrientes ideológicas de tendencia progresista. La renovación de la sociedad pasaba por la aceptación y continuación orgánica de los cambios sociales introducidos por la Revolución Francesa considerada como el acontecimiento capital de la época. La historia fundamenta la idea del progreso que, en su racionalidad, se conceptúa cada vez con mayor claridad como el resultado de las oposiciones internas contenidas en la historia misma, historia portadora del signo del progreso humano.


        La voluntad de utilizar instrumentalmente el pasado histórico desde cualquier posición ideológica condujo hacia su sobrevaloración. Lo cierto es que, de cualquier modo, esta fuerte presencia de la historia en la conciencia social creó un fuerte movimiento de opinión en favor de la restauración del patrimonio medieval. En este sentido, las catedrales se convierten en monumentos tipo, en verdaderos símbolos disputados. La rivalidad por la apropiación simbólica de la Catedral en el siglo XIX dará lugar a importantes discusiones en los mas diversos foros. La Catedral es la iglesia del Obispo, la iglesia del pueblo cristiano, pero también el lugar donde el Estado tiende a manifestar su derecho de propiedad, afirmado progresivamente por la legislación revolucionaria. En el siglo XIX la expresión “Catedral” se convierte en un concepto reinventado y discutido a la vez; en la Catedral convergen toda una aglomeración de valores contradictorios, verdadera simbolización de las aspiraciones del siglo: neocatolicismo y laicismo, universalismo cristiano y nacionalismo, tradición y progreso, son ideas confrontadas que se encuentran en el fondo de la recuperación de un patrimonio que se pretende restaurar, “revitalizar”, mas que conservar.


        Dentro de esta corriente general de pugna ideológica, las polémicas entre el arquitecto Juan de Madrazo y las autoridades religiosas de León son sumamente significativas del compromiso ideológico que entrañaba la restauración del patrimonio durante el siglo XIX, época en la que, según palabras de Eugène Olivier, “el respeto del patrimonio no era todavía ni mucho menos el que, mas tarde, intentarla encerrar todo en su mortaja helada” 176. El monumento se comienza a valorar en el siglo XIX como documento histórico, pero no de un modo aséptico: la persistencia física del pasado en el presente transciende la pervivencia objetiva y material del edificio y lleva a cargar de significados ideológicos al monumento que, de este modo, se instrumentaliza y se hace portador de significados subjetivos, externos a los propiamente artísticos, y que sirven para fundamentar ideologías de signo contrario.


        Por tanto, las discusiones que mantuvo Madrazo con el Obispo y Cabildo catedralicio no se pueden explicar solamente como producto de las discrepancias locales, sino también, y sobre todo, son resultado de la ascensión irresistible de corrientes ideológicas contrapuestas. Si tenemos en cuenta la autoridad de las personalidades implicadas en el conflicto y la significación nacional que tenía la restauración de la catedral de León, veremos cómo en torno a la destitución de Juan de Madrazo se irán planteando interesantes temas que nos llevaran a profundizar tanto en el pensamiento de Juan de Madrazo como en la problemática y conflictos institucionales que se plantearon en torno a la organización administrativa de la restauración del patrimonio a cargo del Estado en sus comienzos históricos como producto de la contemporaneidad.


- El problema administrativo: la cuestión de la secularización de las obras de restauración.


        Uno de los principales problemas que desencaden6 la polémica fue la organización administrativa de las obras de restauración de la Catedral. El proceso de restauración de la catedral de León, debido a su larga duración y a su carácter paradigmático, permite seguir de cerca los cambios administrativos que tuvieron lugar en relación con la gestión estatal para la restauración del patrimonio arquitectónico durante el siglo XIX, aún a riesgo de generalizar en exceso 177.


        En este periodo final de la dirección facultativa ejercida por Juan de Madrazo el arquitecto cuestiona el sistema administrativo creado por el Estado para la restauración del patrimonio arquitectónico, sistema que, en sentido contrario, también fue criticado por el Obispo y el Cabildo catedralicio, debido a la merma progresiva de sus funciones en la gestión administrativa de las obras. Detenernos en considerar las dificultades que encontraba Juan de Madrazo para el ejercicio profesional de su cargo como arquitecto al servicio del Estado permitirá realizar una breve visión, por incompleta que ésta sea, del sistema institucional y administrativo en el que los arquitectos restauradores realizaron su actividad en los albores de la restauración de monumentos en España.


        Cuando en el año 1857 se declaro abierto el expediente de obras de restauración de la catedral de León, una vez que el Estado, impulsado por la opinión erudita y popular, se inquietó por la situación en la que se encontraban los edificios medievales, fue necesario crear toda una administración apta para resolver el problema. Fue ésta una época de dudas y titubeos en que las competencias y relaciones entre la Iglesia y el Estado se irán definiendo paulatinamente, pero no sin conflictos y vacilaciones en cuanto a sus atribuciones respectivas. Con los cambios revoluciona Ríos se fue disolviendo la imagen de una Iglesia íntimamente ligada al Estado; al mismo tiempo, al declararse Monumentos Nacionales gran parte de los bienes inmuebles integrantes del patrimonio eclesiástico, el Estado asumirá la responsabilidad de su conservación y restauración.


        El cuadro institucional en que se realizan las primeras intervenciones esta aún lejos de definir claramente las atribuciones del Estado como completamente desligadas de la Iglesia. De hecho, como ya se ha visto, el Obispo y Cabildo tuvieron una participación decisiva en la tramitación del expediente de obras de la Catedral, con la realización de informes sobre el estado del edificio, elevando a la Corte peticiones para que se tramitará con celeridad el expediente y mediante la obtención y aplicación de recursos para comenzar los trabajos de reparación 178. Es decir, la iniciativa para promover la incoación del oportuno expediente de restauración partió de las autoridades religiosas, que incluso propusieron al padre Miguel Echano como director de las obras 179. Sin embargo, en estos momentos la acción del Estado es bastante ambigua: pese al control ministerial en la otorgación de fondos estatales y en el nombramiento del arquitecto, persistía la participación decisiva de las autoridades religiosas en la gestión administrativa de las obras de restauración a trav6s de la Junta Diocesana para la reparación de Templos, compuesta exclusivamente por canónigos y presidida por el Obispo 180. El arquitecto quedaba limitado al ejercicio de la dirección exclusivamente facultativa, sujeta al examen y supervisión de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


        Este sistema es en realidad una prolongación de las disposiciones adoptadas desde el ultimo tercio del siglo XVIII para la conservación del patrimonio. Efectivamente, durante el periodo ilustrado se crean los fundamentos que constituyen el punto de arranque y desarrollo de la normativa histórico artística hasta la emergencia y consolidación del Estado social. De una parte aparecen las primeras disposiciones para la salvaguardia de los valores históricos y artísticos que por vez primera comienzan a considerarse de interés estatal; por otro lado, la creación de la Real Academia de la Historia por Real Cédula de 17 de junio de 1738 y la de Nobles Artes el 12 de abril de 1752 fue de una importancia decisiva, puesto que, en un primer momento la Academia de la Historia, y poco después la de Bellas Artes de San Fernando se van a encargar, de modo exclusivo y durante un largo periodo de tiempo, de la tutela y vigilancia de los bienes histórico artísticos.


        La Corona delegará en la Academia de San Fernando estas funciones de supervisión de las construcciones a través de varias disposiciones 181: medidas como la Real Orden de 1761 muestran el control que se atribuye a la Academia de la actividad arquitectónica, al indicarse “la conveniencia que resultará a la causa pública de que las Ciudades y Catedrales del Reino nombren para sus Maestros de Arquitectura a los examinados por la misma Academia” 182. Esta supervisión por la Academia de las titulaciones de los arquitectos y de los proyectos se perfilará y extenderá a través de varias disposiciones, como la Real Orden de 1768, resultado “de lo representado por la Academia de San Fernando, en razón de que las Portadas, Retablos y Fuentes publicas, antes de ejecutarse, se presentasen en diseño a la Academia” 183; la supervisión de los proyectos municipales se estableció por dos Reales Ordenes de 23 de noviembre de 1777 y 8 de marzo de 1786 que se comunicaron al Real Consejo, que a su vez las reafirmó por una Orden de 30 de agosto de 1789 en que se repetía la obligación de que “se prevenga a los corregidores, justicias, que siempre que haya de ejecutarse alguna obra pública se consulte a la Real Academia de San Fernando y a la de San Carlos de Valencia, por lo tocante a aquel Reino” 184. De especial interés en lo que concierne a la tutela del patrimonio eclesiástico es la Circular de 25 de noviembre de 1777 que se dirigió a los Arzobispos, Obispos y Cabildos y que les obligaba a la presentación ante la Academia de Bellas Artes de todos los proyectos de obras que fueran a realizar sobre sus bienes, así como también la Orden del Consejo de 17 de octubre de 1789 dictada “para que en ningún edificio público y especialmente en los templos, no se haga ningún reparo sin presentar antes el dibujo a la Real Academia de Bellas Artes” 185. Sin embargo, es de suponer que estas Ordenes no se debieron de cumplir con excesivo rigor debido a la reafirmación de las mismas a través de varias disposiciones posteriores y a las quejas de la Academia solicitando la supervisión de los proyectos 186. El ejemplo de la demolición de la cerca de la catedral de León para construirse la actual verja era un ejemplo claro al respecto 187.

 

        Es decir, se trataba, no obstante estos inconvenientes, de una importante injerencia en, el tradicional derecho de propiedad de la Iglesia que hasta el momento había realizado cualquier tipo de trabajo en sus bienes con independencia y sin ningún tipo de control o supervisión. Además, el examen que ejercerá la Academia de Bellas de San Fernando sobre las construcciones supone la aparición de la conciencia sobre el valor histórico y artístico de ciertos bienes, valor que comienza a considerarse de interna para la colectividad 188.

 

        La delegación de las funciones de tutela y vigilancia del patrimonio en la Academia entronca con la política de mecenazgo artístico de la Corona que se concreta de un modo institucional con la creación de esta Corporación en su origen íntimamente ligada a la Monarquía 189. Los informes de la Academia de San Fernando eran remitidos al Consejo de la Cámara del Reino para su aprobación definitiva; posteriormente, con la creación de los modernos Ministerios, la decisión última en cuanto a la aprobación de los proyectos la tendrá el Ministro del ramo correspondiente. Es decir, este periodo ilustrado tiene la gran importancia comenzar una acción estructurada y centralizada para la conservación del patrimonio artístico. La transformación de la sociedad, la política y las mentalidades durante estos decenios finales del siglo XVIII se encuentran en la base de este movimiento que, por otra parte, se manifiesta también en otros lugares, como es el caso de Italia, fuertemente comprometida con la recuperación del patrimonio derivada de la renovación cultural y artística del Neoclasicismo 190.


        Este sistema, como dijimos, será el que constituya el embrión de la organización administrativa de las obras de restauración en España y que puede ejemplificarse en la primera etapa de la restauración de la catedral de León. De esta organización nos interesa señalar el papel del Estado y sus relaciones con la Iglesia, así como las funciones que desempeñan el Arquitecto y la Academia en este primer cuadro administrativo, fluctuante entre el poder civil y el eclesiástico.


        El Estado asume la responsabilidad de financiar las obras de reparación en los edificios de la Iglesia, pero, bajo el concepto administrativo, esta tarea se concibe sobre todo como un asunto eclesiástico, y, como tal, se pone bajo la dependencia del Ministerio de Gracia y Justicia a través de su Negociado de Edificios Diocesanos.


        El compromiso entre la Iglesia y la Monarquía isabelina se extiende también al ámbito del cuidado y conservación de los edificios. El examen técnico y artístico de los proyectos de restauración es encargado por el Estado a la Academia de San Fernando. Sin embargo, en la gestión y el control administrativo directo de las obras, el Ministerio de Gracia y Justicia otorgó importantes concesiones a la Iglesia. La Junta Diocesana estaba compuesta, como hemos venido diciendo, por capitulares que ocupaban los cargos por nombramiento realizado Prelado Leones, Monseñor Barbajero. Este sistema no estuvo tampoco exento de conflictos administrativos debido a la falta de una explícita definición de las funciones respectivas; por ejemplo, el 20 de mayo de 1864, Matías Laviña daba traslado al Ministro de Gracia y Justicia de las reclamaciones expresadas por el Arcipreste Manuel Garrido como depositario de los fondos destinados a la restauración, “manifestándo -decía Laviña- las ocupaciones y responsabilidad que le ocasiona este cargo, los gastos que se le originan, la exposición y dudas que se le ofrecen respecto a que los pagos se hacen sin use de sellos” 191 Todo ello denota una considerable falta clarificación administrativa y las dudas y vacilaciones en el desarrollo y gestión de unos trabajos, como son los de conservación del patrimonio eclesiástico, en que el Estado y la Iglesia mantengan delicadas y sutiles relaciones.


        Una comunicación del Ministerio de Gracia y Justicia de septiembre de 1868 reafirmaba las funciones de control de las autoridades eclesiásticas que obligaban al arquitecto a no hacer nada fuera de lo puramente facultativo sin contar con el consejo y la aprobación de la Junta Diocesana. La carencia de preparación de las autoridades religiosas para administrar unas obras de tan cuantiosa envergadura quedaban explícitas en las lamentaciones expresadas por el Arcipreste en el documento anteriormente mencionado:


        “En tanto tiempo han sido muchos los disgustos, zozobras y preocupaciones que han afectado mi corazón y libertad; una responsabilidad tan trascendental agita el espíritu, y, mediando infinidad de pagos, la más leve distracción puede producir perjuicios de entidad”.


        Pero más amargas serian las lamentaciones expresadas años mas tarde por el Cabildo catedralicio cuando protestaba por su exclusión posterior de cualquier tipo de control sobre las obras de restauración, despu6s de los cambios administrativos introducidos por la Republica.


        En efecto, la revolución de 1868 y la Republica en 1873 cambiaron sustancialmente las relaciones entre la Iglesia y el Estado. En este periodo de tensiones se cuestionaron las relaciones mantenidas hasta el momento entre el poder civil y el eclesiástico.


        La estrecha identificación de la Iglesia con el derrocado gobierno de Isabel II fomentó la acción anticlerical de las Juntas Revolucionarias, si bien las medidas locales adoptadas contra el clero y los edificios religiosos variaron según la fuerza del radicalismo urbano. En general, como afirma William J. Callahan, “los incidentes denunciados no revelan violencias masivas ni contra el clero ni contra los edificios religiosos”192. Sin embargo, la acción destructora de las Juntas Revolucionarias es difícil de valorar, pues frente a las palabras anteriores de Callahan, Javier Hernando afirma que “no se puede decir que la labor revolucionaria fue en lo relativo a la conservación y restauración del patrimonio arquitectónico medianamente positiva. Todo lo contrario. Su exagerada inhibición provocara la destrucción indiscriminada y brutal en muchos puntos de la geografía, en especial en los días que siguieron al estallido revolucionario en los lugares bajo control de las Juntas” 193. Lo cierto es que la identificación del clero con sus edificios e iglesias convirtió a éstos en el blanco de las iras anticlericales, si bien como fen6menos populares incontrolados, pues el Gobierno trató de evitar en la medida de lo posible estas destrucciones, dirigiéndose a los Gobernadores provinciales para que informaran sobre las supuestas destrucciones del patrimonio religioso 194.


        Las primeras medidas de política religiosa adoptadas por el Gobierno provisional en octubre de 1868 estaban en la línea de las defendidas par los elementos radicales del liberalismo desde 1824; durante este primer periodo revolucionario se suprimieron todas las 6rdenes religiosas creadas desde 1837, mientras que para el resto de comunidades se decretó la prohibición de poseer propiedades. En el decreto de 16 de octubre de 1868 se declaraba que las comunidades religiosas eran “parte integrante y principal del régimen vergonzoso que la nación acaba de derribar con tanta gloria”. La política eclesiástica que a largo plazo habría de diseñar el nuevo Estado quedaba pendiente de la resolución de la divergencia de opiniones entre los partidos de la coalición gobernante. Las peticiones de los republicanos en favor de una definitiva y nítida separación Iglesia-Estado no contaron con mucho apoyo. Más factible era la propuesta contenida en el texto constitucional de 1869: al tiempo que se establecía la tolerancia religiosa, en el artículo 20 del texto propuesto se establecía que “la Nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la Religión católica” 195. La Constitución de 1869 dejaba al proceso parlamentario la tarea de la elaboración concreta de la política religiosa del Estado 196. En la línea de la tradición liberal se encuentra el plan de reforma eclesiástica que presentó en 1870 el Ministro de Gracia y Justicia, Eugenio Montero Ríos. El compromiso contenido en este proyecto puede resumirse con el siguiente juicio de Callahan: “satisfacía parcialmente el deseo de la Iglesia de estar libre de la interferencia del gobierno y mantenía el compromiso del Estado de financiar a la Iglesia, aunque en menor medida que antes”197. En efecto, en contrapartida de ciertas pequeñas reformas, como el nombramiento de curas por la parroquia o la integración de los territorios de las antiguas órdenes militares en las diócesis, el Estado se comprometía a no intervenir en los asuntos internos de la Iglesia y a no expropiar sus bienes mas que en casos de “utilidad p6blica”. Sin embargo, pese a esta solución de compromiso del problema eclesiástico, el proyecto no prosperó debido a la oposición de los republicanos y elementos radicales y también de la propia Iglesia en su negativa a aceptar cualquier reforma.


        Esta situación complicada de las relaciones Iglesia-Estado y la falta de clarificación de la política religiosa del nuevo Gobierno, se mantuvo hasta la proclamación de la Republica en febrero de 1873. Este periodo de cinco años coincide, como vimos en paginas anteriores, con la practica paralización de los trabajos de restauración en la catedral de León. La falta de consignación de cantidades para proseguir las obras de restauración sin duda se debe a que durante estos anos el Gobierno no fue capaz de dar una solución clara al problema religioso. El carácter especial y complejo que revestían las obras de restauración de los edificios religiosos, financiadas por la autoridad civil pero administradas localmente por las autoridades religiosas, convertían el problema de la naturaleza de las obras en una cuestión espinosa. El gobierno provisional y la monarquía democrática, pese a sus tendencias fuertemente secularizadoras, no dieron el paso definitivo de declarar las obras de restauración de carácter civil y bajo la total administración del Estado. Esta decisión fue adoptada por la Republica el 9 de mayo de 1873, cuando traslad6 el expediente de obras de restauración del Ministerio de Gracia y Justicia al Ministerio de Fomento, en su Sección de Construcciones Civiles, dependiente de la Dirección General de Obras Publicas. Con éste cambio administrativo se dio a las obras el carácter de construcción civil, y, coma tales, se sometieron a la fórmula general administrativa que para restauraciones ordinarias dictó el Ministerio de Fomento el 24 de mayo de 1873: se disolvió la Junta Diocesana y en su lugar se creó la Junta Inspectora que fue presidida por el Gobernador Civil, es decir, la máxima autoridad civil en la ciudad, en representación del Gobierno, al tiempo que se anu1ó absolutamente toda intervención del Cabildo catedralicio en las obras. La República adoptó esta medida en la administración de las obras de la Catedral en la línea de su propuesta general de separación de los ámbitos estatal y eclesiástico. Parecía que por vez primera se iba a consumar la separación Iglesia-Estado, coma se leía en el artículo 35 del proyecto de nueva Constitución 198.


        De gran importancia para la clarificación del concepto administrativo de los trabajos de restauración del patrimonio arquitectónico de la Iglesia fue el proyecto de ley que presentó Pedro Moreno Rodriguez, Ministro de Gracia y Justicia, el primero de agosto de 1873, bajo la presidencia de Salmerón 199. El Estado reconocía el derecho de la Iglesia a conducir sus asuntos “con plena independencia” y a ser dueña de propiedades, sujeta a las leyes de la nación; ahora bien, al mismo tiempo que el Estado aseguraba a la Iglesia que todos los edificios que se usaban para fines religiosos continuarían teniendo el mismo uso, se especificaba claramente en el texto del proyecto que “los que se declararan Monumentos artísticos habrían de estar supervisados por el Gobierno”. Esta medida suponía establecer claramente la limitación de propiedad que entrañaba la declaración como Monumentos de los edificios religiosos.


        Estas medidas secularizadoras causaron las vivas protestas de las autoridades religiosas. Cuando en 1875 ocup6 la sede episcopal Leonesa Saturnino Fernández de Castro, el nuevo Obispo inició gestiones ante el Ministro de Fomento Martín Herrera con el prop6eito de incluir una representación del Cabildo en la Junta Inspectora de las obras de restauración. Sin embargo, sus Instancias fueron infructuosas, lo mismo que ]as que anos después se realizaron siendo Ministro el Conde de Toreno.

 

        El nuevo Estado monárquico diseñado por Cánovas del Castillo mantuvo una política conciliatoria con la Iglesia, pero dentro de los límites permitidos en un Estado constitucional y parlamentario asentado en los principios liberales del siglo XIX. En ciertos aspectos el nuevo Gobierno no parecía dispuesto a ceder y permitir una excesiva presencia de las autoridades religiosas en los asuntos políticos, como lo testimonia la exclusión del clero en la cámara más influyente, el Congreso de los Diputados, que aseguraba al Estado la reducción de la influencia política directa de la Iglesia. Del mismo modo, una vez conseguida la secularización de las obras de restauración y su clara definición como construcción civil, el Ministerio de Fomento no quiso volver a la confusa situación anterior de interferencia eclesiástica en el control de las obras. Sin embargo, en la configuración de la Junta Inspectora, la presidencia, que el Gobierno republicano había otorgado al Gobernador civil, pasó a ser ocupada de hecho por el Obispo, relegándose al Gobernador Civil a la presidencia honorífica de la Junta. Se trataba, por tanto, de una solución en la línea de la hábil política conciliatoria que el nuevo Estado deseaba mantener con la Iglesia.


        Pero esta situación de equilibrio no satisfizo ni al arquitecto Juan de Madrazo ni a las autoridades religiosas de León, encabezadas por el Obispo Fernández de Castro y el Cabildo catedralicio. El radicalismo que adoptaron ambas partes hacía difícil el entendimiento necesario para que la administración de las obras se desarrollara sin conflictos.


        Las atribuciones de la Junta Inspectora eran, sin embargo, bastante escasas, y así lo señalaba Juan de Madrazo 200:


        “la junta Inspectora local no tiene otra gestión que la inmediata administrativa de las obras, el examen, en su parte puramente formal, de los documentos que se remiten a Madrid, y mas que nada la gestión del pago de los libramientos en las oficinas de la provincia”.


        Sin embargo, Madrazo acusaba al Obispo de negarse a firmar los oficios, con el consiguiente perjuicio de retraso en la remisión de la documentación a Madrid, así como “la tardanza en conocer esta Dirección facultativa resoluciones de la Superioridad” 201.


        Juan de Madrazo era partidario de continuar con las disposiciones adoptadas por el Gobierno republicano y solicitó en varias ocasiones la total secularización de las obras de restauración, lo que suponía apartar al Obispo de la Presidencia de la Junta Inspectora. El Obispo y el Cabildo catedralicio pensaban, por el contrario, que la restauración de la catedral de León era una empresa “esencialmente religiosa” y por ello las autoridades eclesiásticas debían tener una decisiva participación en la gestión, control y decisión en la marcha de los trabajos. Esta diferente concepción de la naturaleza de las obras hacía imposible el entendimiento. En las acusaciones mutuas que se lanzaron el Cabildo y el Arquitecto se cuestionaba por ambas partes la validez del sistema administrativo adoptado para la restauración de la catedral de León 202.


        Juan de Madrazo partía en sus críticas de la consideración conceptual de la catedral de León como Monumento Nacional por encima de su use religioso 203:


        “La restauración que el Estado esta llevando a efecto en la Catedral de León, por medio del Ministerio de Fomento, es una empresa puramente civil y laica; se está restaurando a la Catedral por razón del merito y del valor de sus fábricas, no en virtud del use a que esta destinado el edificio”. En virtud de este concepto, Madrazo se oponía radicalmente a la participación de las autoridades religiosas en la Junta Inspectora: “La intervención del clero en una junta local de restauración artística, que seria completamente inútil y superflua, no tiene explicación racional” 204.


        En el fondo de la discusión se encontraba el problema de la falta de clarificación acerca de la situación legal de aquellos bienes de la Iglesia que se consideraran de interés histórico-artístico. La preocupación de los políticos del Sexenio por la defensa del Patrimonio no se concretó en la elaboración de una ley que estableciera una clara definición de las medidas de protección de los bienes que se declararan de interés histórico o artístico 205. La política de decretos seguida por el Gobierno se demostró bastante ineficaz. El decreto firmado por Sagasta el 18 de noviembre de 1868 trataba de contener las demoliciones de monumentos con la separación de su significado religioso y proponiendo estudiar “las condiciones artísticas e históricas de los edificios”. El primero de enero de 1869 un decreto del Ministro de Fomento Manuel Ruiz Zorrilla, llegó hasta “la secularización de la riqueza científica, literaria y artística”, como resultado de “una revolución exigida por el progreso y reclamada en nombre de los fueros de la ciencia moderna”. La secularización de los bienes culturales de la Iglesia se proponía de modo radical y sin escatimar en énfasis retórico: “la posesión nacional y el use público de los objetos de arte y de las preciosidades de todo género que yacen hoy ocultas, cubiertas de polvo, envueltas en telarañas y comidas por el tiempo, es una necesidad revolucionaria imprescindible”. Los artículos contenidos en este decreto establecían, en consecuencia, “la incautación de todos los Archivos, Bibliotecas, gabinetes y demás colecciones de objetos de arte y literatura que con cualquier nombre estén hoy a cargo de las Catedrales, Cabildos o monasterios u Ordenes militares”; estos bienes tomaban el estatuto jurídico de “riqueza nacional, puesta al servicio público”. Muy explícito era también el decreto firmado el 16 de diciembre de 1873 por el Ministro de Fomento Joaquín Gil Beres bajo la presidencia republicana de Emilio Castelar, donde se proponía de un modo más claro una definición de monumento según sus valores artísticos e históricos por encima de sus significados ideológicos: “Précianse todos los pueblos civilizados -dice el decreto- de conservar con religioso respeto los monumentos que atestiguan las glorias de un pasado y pregonan la inspiración de sus preclaros hijos; prescinden al hacerlo de la significación que el monumento tuvo, y atentos únicamente a su belleza, no reparan si es obra de la tiranía o engendro de la superstición” 206.


        Estas medidas de secularización de los bienes de la Iglesia adoptadas por los Gobiernos revolucionario y republicano son plenamente coincidentes con las declaraciones de Madrazo anteriormente señaladas de concebir la conservación y restauración de este patrimonio como una empresa “civil y laica”. Sin embargo, las medidas secularizadoras adoptadas durante este periodo no se prolongaron por el Gobierno de la restauración, de tal manera que el problema de la naturaleza jurídica de los bienes artísticos de la Iglesia permaneció sin solución durante todo el siglo XIX y primeras décadas del XX.


        La Academia de San Fernando acudió en varias ocasiones al Ministerio de Gracia y Justicia reclamando el control institucional y jurídico de los bienes de valor artístico propiedad del clero. Pero sus propuestas, realizadas durante la restauración borbónica, concretamente en 1879, no apoyaban las radicales medidas de secularización del patrimonio contenidas en los decretos que había emitido el Gobierno revolucionario; más bien se orientaban a una ambigua limitación en el ejercicio de la propiedad de estos bienes por el clero y en la propuesta de fomento y desarrollo de la conciencia del valor artístico del patrimonio eclesiástico entre los religiosos para evitar su expoliación, es decir, se trataba, como indicaba la Academia en su comunicación al Ministro de Gracia y Justicia de “recordar a los Cabildos, ínterin no se establezca en España una legislación especial sobre propiedad artística, las limitaciones que los Cánones de acuerdo con las leyes civiles ponen a la facultad de disponer de los objetos litúrgicos y al use de aquella riqueza” 207. Sin embargo, la deseada ley de propiedad artística no llegarla a redactarse, persistiendo la confusión y, en definitiva, la expoliación de este patrimonio ante la falta de eficaces medidas jurídicas de protección 208. El cuidado de los bienes artísticos de la Iglesia que no controlaba el Estado se dejaba en manos de las autoridades eclesiásticas. En algunos casos destacados, como por ejemplo el muy laudable de Monseñor Urquinaona, Obispo de Barcelona, la preocupación por la conservación del patrimonio eclesiástico de la diócesis fue una tarea asumida con inquietud y responsabilidad por parte de los Prelados. Pero, desgraciadamente, no siempre ocurrió de este modo 209.


        La misma ambigüedad observaba Madrazo en el régimen administrativo de las obras de restauración, que, a su juicio, debían considerarse como competencia exclusiva del Gobierno, es decir, ante la naturaleza artística de la Catedral debía impedirse cualquier tipo de intervención eclesiástica.


        Juan de Madrazo, para argumentar sus opiniones respecto a la cuestión administrativa de las obras de restauración, se sirvió de la comparación con el sistema francés. Francia, como es sabido, fue el primer país de Europa en realizar el embrión de una organización administrativa para la restauración y conservación de sus monumentos. La intervención del Estado en Francia es muy temprana y su organización administrativa un tanto mas compleja que en España debido a la variedad de organismos que intervinieron en estas tareas 210. Lo que sí se puede afirmar como rasgo general del sistema francés es la secularización de los trabajos de restauración desde sus comienzos, debido a la precocidad revolucionaria de este país: el Comité des Arts et monuments dependía del Ministerio de instrucción Pública, mientras que la Commission des Monuments historiques era dependiente del Ministerio del Interior. Incluso, durante los primeros momentos de la organización administrativa francesa, fue de gran importancia en el control de estas funciones la labor desarrollada por el Conseil des Bdtiments Civils, también perteneciente al Ministerio del Interior y que había sustituido a la antigua Surintendence des Bâtiments du Roi. El Conseil des Bâtiments Civils tenía bajo su vigilancia la supervisión de la construcción de los edificios vinculados con el Estado, pero también estaba encargado de monumentos tan significativos como la basílica de Saint-Denis, la Sainte-Chapelle y la catedral de Notre-Dame que no cumplían funciones de culto desde la Revolución, pero que revestían el carácter de monumentos nacionales. Es decir, el proceso revolucionario fomentó la conciencia de la preocupación por estos monumentos religiosos en su consideración como edificios de valor artístico por encima de su use religioso.


        Pero entre todos los organismos destacaron dos, la Commission des Monuments historiques y el Bureau des Edifices Diocesalos. La primera, creada por decreto del Ministro de Interior Montalivet el 21 de septiembre de 1837 como una subcomisión del Conseil des Bâtiments Civils, entró en conflicto en primer lugar con el Comité des Arts et Monuments que fue obligado desde 1837 a abandonar sus tareas administrativas para consagrarse únicamente a las investigaciones arqueológicas 211. La dependencia que la Commission mantenía respecto al Conseil des Eâtiments Civils fue eliminada en enero de 1840. Desde entonces, la Commission des Monuments historiques tratará por todos los medios obtener el control del otro gran organismo administrativo dedicado a la conservación de edificios, en este caso solo de los monumentos de carácter religioso: el Bureau des Edifices Diocesalos. Este organismo era el que citaba Juan de Madrazo como modelo de organización administrativa para los trabajos de restauración. En Francia ciertos edificios religiosos, por excepción, se administraban por el Ministerio de Obras Públicas, pero lo normal era que las obras diocesanas, y las catedrales por excelencia, estuvieran bajo la dependencia del Bureau des Edifices Diocesalos, que a su vez era dependiente del Ministerio de instrucción Publica, Cultos y Bellas Artes. Con anterioridad a 1848 los asuntos concernientes a la construcción o conservación de las iglesias eran enviados al examen del Conseil des Bâtiments Civils, de tal modo que la administración de Cultos no hacia ningún tipo de inspección de los edificios. El Conseil des Bâtiments Civils tenía a su cargo todas las construcciones públicas, tanto civiles como religiosas, lo que suponía colocar todo tipo de edificios bajos el control de las Instituciones académicas, de formación marcadamente clasicista, que controlaban el Conseil. El sistema de nombramiento de los arquitectos con anterioridad a 1848 se realizaba por acuerdo conjunto entre el prefecto departamental y el obispo de la diócesis, y recaía normalmente en el arquitecto departamental. Sin embargo, este sistema, después de algunos escándalos como los de Troyes, Besangon, Nantes y Bayonne entre otros, se reformó en 1848, en gran medida debido a la presión de los neogóticos, cuya voz se hacia sentir cada vez con fuerza mas potente en detrimento de los clasicistas del Conseil. En primer lugar, y como rasgo más destacado de la reforma, se tendió a la centralización; los arquitectos diocesanos fueron designados por decreto ministerial y reclutados entre los jóvenes especialistas en arquitectura de la Edad Media. Estos arquitectos eran casi todos parisinos y rara vez residieron en los lugares donde debían intervenir, por lo que fueron controlados por vigilantes (surveillants) de los trabajos locales llamados inspectores. A nivel departamental, el prefecto era responsable del seguimiento y control de los tramites, mientras que a nivel central el Bureau controlaba de cerca la tramitación de los proyectos y de la supervisión técnica y artística de los mismos que se puso bajo el control de la Commission des Arts et Edifices religieux, creada ese mismo año y que sustituía en estas funciones al Conseil des Bâtiments Civils, que perdía toda competencia en relación con los edificios religiosos. Esta Comisión es citada por Madrazo cuando habla del sistema francés, haciendo mención al decreto de 16 de diciembre de 1848 que organizó la Commission en sus cuatro secciones 212. Sin embargo, Madrazo habla del Bureau des Edifices Diocesalos con cierta inexactitud, pues alude a la Commission des Arts et Edifices religieux como vigente en 1878, lo que muestra que desconocfa la reforma administrativa de 1853 por la que se suprimió esta Comisión y se creó en su lugar, por decreto de 7 de marzo de 1853, el Comité des inspecteurs Generaux, compuesto de tres arquitectos, Viollet-le-Duc, Vaudoyer y Leónce Reynaud, encargado de supervisar los pianos y presupuestos de restauración formados por los arquitectos 213.


        Juan de Madrazo citaba esta organización administrativa francesa como ejemplo de la secularización total de las obras de restauración para extraer la siguiente conclusión: “en Francia -decía Madrazo- se encuentran secularizadas hasta las obras diocesanas, ¿,por que no han de estarlo también todas las que en España dependen de la Dirección de obras públicas, están clasificadas como construcciones civiles y forman un ramo importante de nuestra administración?” 214.


        Esta afirmación de Madrazo, pese a ser cierta, debe, sin embargo, ser matizada; efectivamente, si bien e1 clero estaba excluido de la gestión administrativa directa de las obras de restauración, las autoridades civiles pedían con frecuencia consejo a los obispos y religiosos sobre el modo de conducir las obras, llegado el caso de que, incluso, como afirma Jean-Michel Leniaud, “los edificios diocesanos eran restaurados según principios radicalmente diferentes que los que dependían de la Comisión de Monumentos (...) se optaba meros por el purismo arqueológico que por la utilización del edificio -el uso cultual-” 215. Incluso se adoptó como criterio de relaciones con el clero el compromiso de satisfacer plenamente las necesidades del culto en el proyecto arquitectónico, como afirma el mismo Leniaud: “la Institución de los inspectores generales hizo ver a los obispos que el gobierno tenía la intención de no descuidar ninguno de los intereses materiales de la religión y del culto” 216.

 

        Ciertamente, el sistema francés, que aquí apenas hemos esbozado, no era muy diferente del español. Coincidían en el marcado centralismo ministerial en el control de los trabajos, mientras que la diferencia mas notable residía en el papel preponderante que mantuvo a lo largo de todo el siglo en España una Institución como la Academia de Bellas Artes de San Fernando en la supervisión de los proyectos, función que compartió, según el carácter de los trabajos, con la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos. La participación del clero en los procesos de restauración se reducirá progresivamente hasta convertirse en una función únicamente consultiva de aquellos aspectos en los que la restauración afectaba al use cultual o litúrgico del edificio 217. En cualquier caso, en ambos países, aunque en Francia primero, se nota la tendencia a situar administrativamente las obras de restauración del patrimonio arquitectónico bajo la tutela administrativa de los organismos de Bellas Artes, Direcciones Generales o Ministerios, según la evolución administrativa. En este cuadro administrativo la Iglesia pugnara por encontrar una situación más activa que aquella de “meros espectadores” de que se lamentaba el Cabildo Leonés: “resulta, pues, -decía el Cabildo- que la Iglesia es casi nada en la gravísima cuestión de su primer templo”. Sin embargo, como hemos visto, a lo largo del proceso de restauración se da una progresiva aclaración y separación conceptual del valor artístico, técnico-arquitectónico, del edificio y su valoración exclusivamente religiosa. Desde la primera perspectiva el Estado englobara progresivamente el cuidado y conservación del patrimonio histórico como una labor de protección de un bien de interés cultural, por utilizar la terminología moderna, cuya conservación compete al Estado por su evidente interés social. Los roces y diferencias entre el Cabildo y el arquitecto en la distinta concepción de las obras de restauración de la catedral de León son resultado de una instrumentalización del pasado artístico en servicio de las ideologías del presente, por lo que podemos afirmar que en torno a la Catedral se crea un debate que tiene como telón de fondo la cuestión de lo que hemos denominado “la apropiación simbólica de la catedral gótica”, como polémica característica del siglo XIX.


- Arquitectura e ideología: la apropiación simbólica de la Catedral gótica.
 

        Los conflictos surgidos en la pugna por el control administrativo de las obras de restauración de la catedral de León testimonian desde el punto de vista institucional la lucha por la apropiación e instrumentalización ideológica del patrimonio histórico durante el siglo XIX.


        En estos primeros años de Restauración canovista, cuando estalla la disputa entre Juan de Madrazo y el Cabildo catedralicio, el problema religioso e ideológico era constantemente debatido en España. Las polémicas, choques y fricciones entre posturas radicalizadas fueron frecuentes y tuvieron en la prensa local y nacional un importante campo de confrontación. El alza de la prensa católico-tradicionalista durante este periodo fue violentamente contestada por los periódicos de filiación republicana que iniciaron una fuerte campana anticlerical. El enfrentamiento entre Juan de Madrazo y las autoridades religiosas de León contaba, por tanto, con el respaldo de corrientes de opinión social sólidamente afirmadas.


        La catedral de León fue un lugar disputado en el contexto administrativo, como hemos visto en el epígrafe anterior. Pero la discusión sobre el control administrativo de las obras de restauración era también la discusión por la apropiación simbólica y conceptual del edificio.


        El siglo XIX elevó la expresión “Catedral” a la altura de un concepto cargado de significados; el concepto se forma, transforma y adapta a los distintos posicionamientos ideológicos, hasta inventarse la Catedral ideal, como producto característico de las aspiraciones del siglo. Pero ni la forma arquitectónica de la Catedral gótica -sometida a radicales transformación en la búsqueda del estilo perfecto y unitario, ni su función religiosa y litúrgica -variable según las oscilaciones de la política eclesiástica- ofrecen la permanencia del concepto a lo largo de la centuria. Si esto ocurre con la forma y la función, conceptos objetivos de su existencia, la trasformación y manipulación conceptual es mucho mayor en lo que se refiere a la representación de la Catedral en la sociedad, condición esta de su existencia subjetiva.


        El mito ideológico de la Catedral gótica, como ejemplo de una idealizada Edad Media, se confronto de continuo con la realidad de la nueva sociedad industrial, dominada por las tendencias seculares impuestas por el capitalismo expansivo y la cultura positivista que quedaban fuera del alcance de la supervisión eclesiástica.


        La situación y significación de la Iglesia en la sociedad española se había trastrocado radicalmente con las revoluciones liberales. La abolición del diezmo y la venta de bienes eclesiásticos derribaron los fundamentos en los que se había asentado la Iglesia del Antiguo Régimen. El nuevo Estado liberal, como hemos visto, asumió el compromiso de pagar sala Ríos y de mantener las fabricas de las iglesias. Es decir, se mantuvieron los acuerdos financieros con la Iglesia, pero no se aceptaron en ningún momento las pretensiones teocráticas de los obispos.


        La situación de intranquilidad y frustración del episcopado español, su malestar crónico ante la política liberal, convirtieron a las autoridades religiosas en un importante grupo de presión social en el sistema canovista. Los enfrentamientos entre la visión teocratita y la realidad de la nueva sociedad fueron constantes. La Iglesia se sumergió en el sueño del regreso a la idealizada España católica como medio de atacar las nuevas tendencias sociales y políticas. La nostalgia de los grandes recuerdos de la Edad Media, la búsqueda en el pasado de los valores cristianos y los medios de restablecerlos en la sociedad moderna, favorecieron que el pasado artístico se cargara de una significación que fomentó su valoración y aprecio. Sin embargo, la interpretación de este movimiento de recuperación del pasado medieval se realizo en el interior de distintas armaduras ideológicas. La afirmación de la negación del presente por el retorno al pasado, tronco común del historicismo que recorre el siglo, produjo, en su diversidad interpretativa, la forzada y difícil coexistencia de opiniones que, en el caso que nos ocupa, derivaron en enfrentamiento violento debido al exclusivismo y radicalismo de las posturas defendidas por ambas partes.


        El Cabildo de la Catedral de León combatió el racionalismo positivista de Juan de Madrazo con la afirmación del orden sobrenatural de las verdades reveladas: “nosotros no comprendemos -afirmaban los capitulares dirigiéndose al arquitecto- lo augusto de la razón en la estrecha capacidad a que la reduces sus teorías; porque nosotros, sin quitarle nada de lo que ella es naturalmente, la espaciamos por el anchísimo y hermoso horizonte de las ideas sobrenaturales” 218.


        Esta divergencia en la concepción filosófica era el punto de partida y la cuestión de fondo en la discusión mantenida entre Madrazo y el Cabildo en torno al origen y naturaleza de la arquitectura gótica.


        La posición del Cabildo y el Obispo, expresada en la Vindicación y apoyada desde las páginas de la Crónica de León, ponía el acento en el carácter esencialmente religioso de la arquitectura gótica, por encima de cualquier otro tipo de valoración mecánica o estrictamente constructiva. Para ello se esforzaron en demostrar que la belleza de la arquitectura gótica era ante todo una “belleza moral”, emanada del espíritu cristiano y representación pétrea del orden sobrenatural. El ímpetu y la fuerza religiosa de la sociedad medieval había sembrado Europa de grandes Catedrales que permanecían como ejemplo eterno de la sociedad teocrática. La unidad de pensamiento, el universalismo de la religión católica, simbolizados en estos templos de la fe, se opusieron en el siglo XIX a las tendencias disgregantes de las nuevas corrientes económicas y sociales. A los ojos de la Iglesia, el liberalismo, económico y político, había creado una sociedad sin control en la que dominaban las pasiones individuales y los excesos contra la moralidad y la religión. El horizonte mítico de las Catedrales medievales, resultado de la pacifica cooperación de todas las clases sociales bajo la égida teocratita y unitaria de la Iglesia cristiana, sirvió como grito de batalla para combatir la fragmentación ideológica de la contemporaneidad, la inhumanidad del capitalismo, el caos de la competencia y la degeneración de la cultura y el arte en la nueva sociedad, rebajados a la triste categoría de una mera mercancía. El Arte, para ser verdadero Arte, tenía que ser dignificado y convertirse en portador de grandes mensajes morales de redención; el artista cristiano era, en consecuencia, el moldeador o “artifice” de la idea sobrenatural que constituye el germen de su inspiración.

 

        El carácter esencialmente cristiano de la arquitectura gótica que defendía el Cabildo catedralicio y la “belleza moral” de la fábrica que se yuxtapone e incluso supera a la propiamente formal, debían ser los criterios básicos que tenía que respetar el arquitecto contemporáneo para restaurar la Catedral y devolverla a su primitivo esplendor, no solo formal o artístico sino también, y sobre todo, a su primitivo esplendor religioso, muestra de la grandeza del espíritu cristiano. Esta carencia del ideal religioso de inspiración era uno de los aspectos que mas duramente criticaba el Cabildo a Juan de Madrazo: “siendo tan desafecto al espíritu cristiano que ideó este maravilloso monumento, admirable expresión de nuestro ideal religioso, ¿en que otro genio va a lospirarse para restaurarlo?. ¿Que principios invoca, en que fundar, para pública confianza, la inspiración y la probidad, que por nuestra parte no le disputamos?” 219.


        Juan de Madrazo respondía al Cabildo de la Catedral Leonesa con una invocación de las fuentes de donde el, como artista, tomaba su inspiración: “Este (el artista) busca su inspiración en la naturaleza, integrando la mayor suma posible de belleza relativa y finita, para acercarse lo mas que se pueda a la belleza absoluta e infinita, que sienten sin comprenderla todos los pueblos y civilizaciones de la tierra” 220. Es decir, la belleza tiene su origen en la experiencia del mundo físico y material, aunque remita a una belleza conceptual, “absoluta” o indefinible. La teoría de Madrazo era una manifestación muy cercana a la concepción krausista de la moral interior que se exponía por estos años en las páginas de El Porvenir de León; este Diario, como hemos dicho, defendió a Juan de Madrazo y ataco duramente a las autoridades religiosas dentro de su línea ideológica anticlerical y republicana 221. Madrazo se identificaba, como se desprende de sus palabras, con la validez de una moral universal independiente de los dogmas de la religión, en un pensamiento que podemos considerar próximo al Gumersindo de Azcarate, algunos de cuyos discursos y escritos se seguían de cerca por El Porvenir de León. La libertad de pensamiento defendida por Madrazo discurria paralela a una valoración negativa de la religión como dogmas revelados. La abolición de los dogmas y preceptos era también mantenida para las fuentes de la estética: “la estética moderna no se impone por preceptor, no hace mas que consignar leyes de relación”, decía el arquitecto tras citar a Hyppolite Taine 222. Aunque Madrazo fue calificado en la polémica de “ateo” y “masón”, e1 gustaba denominarse a si mismo deísta y, efectivamente, no negaba el mundo espiritual, sino que antes bien cuestionaba la validez de un orden moral objetivo; lo único válido era la integridad de la conciencia individual -a la que Madrazo apeló en numerosas ocasiones- que se convierte en la norma única para enjuiciar las acciones personales: “mis principios -decía Juan de Madrazo citando a San Pablo- son aquellos que están escritos no en tablas de piedra sino en tablas de carne del corazón” 223.


        Esta conciencia íntima del artista identificado con la naturaleza a través de relaciones personales y subjetivas suponía desligar claramente la esfera religiosa de la faceta artística, a no ser que también se aceptara la reducción de la religión a un plano subjetivo e inmanente. Madrazo, además, concebía la restauración de un edificio medieval como una operación en primer lugar cientifica, de estudio y recuperación de las formas del pasado, en que la parte artística consistía en esa reconcentrada actividad encerrada en la interioridad de la conciencia individual y sus relaciones con el mundo natural. Por eso, Madrazo deducía en consecuencia la necesidad de desligar el ejercicio de la religión con la restauración arquitectónica de un templo cristiano: "es el colmo del absurdo pedir la profesión de una fe determinada para restaurar una Catedral" 224.

 

Sin embargo, para el Cabildo catedralicio la restauración del templo mayor de la Diócesis suponía revitalizar los contenidos cristianos que expresaba la imponente arquitectura de las Catedrales, como "inmensas sinfonías de piedra", según la expresión de Victor Hugo. La lectura de la arquitectura gótica como emanación de un concepto divino estaba apoyada, a lo largo de todo el siglo, por la línea historiográfica del romanticismo legitimista. La historia se convirtió en portadora de contenidos morales. El movimiento de renovación medieval se vinculará dentro de esta corriente a la deflexión católica, tanto en religión como en política. Esta corriente historiográfica relegaba el valor de los hechos históricos ante la verdad de la idea en una aceptación explícita de un subjetivismo expreso ante la historia, como afirmaba Alfred de Vigny: "la verdad de los hechos debe retroceder ante la verdad de la idea, que deben representar cada una de ellas (las figuras históricas) ante los ojos de las generaciones posteriores" 225. Chateaubriand y Victor Hugo en Francia, Ruskin y Pugin en Inglaterra, ahondaron en el simbolismo de la arquitectura gótica y propusieron su recuperación y revitalización como una solución en primer lugar de índole espiritual.

 

El goticismo de carácter y matriz religiosa tuvo un importante desarrollo en España durante la Restauración con el auge del movimiento neocatólico alfonsino que potenció la activa participación de los católicos como grupo social en el sistema canovista226. La proliferación de grandes proyectos neomedievales que trataban de recuperar e instalar los pasados valores cristianos en la sociedad moderna fueron acometidos como un laudable ejemplo de regeneración moral de la sociedad industrial. Pero la contradicción y debilidad interna de este movimiento se manifiesta en los templos incompletos o terminados solo por medio de la acción del Estado, auténtico nuevo promotor de las grandes empresas arquitectónicas, pese a la crisis en que se ve sumergido. El fracaso de la suscripción internacional iniciada en 1875 por el Obispo Saturnino Fernández de Castro para procurar fondos con que continuar las obras de restauración de la catedral de León es prueba evidente de ello. Los intentos de la Iglesia de resucitar la Edad de oro de las grandes Catedrales, templos expiatorios de los pecados de la sociedad industrial, se vieron reducidos con frecuencia a un devocionalismo sentimental superficial, prueba de que la fractura entre la sociedad teocrática y las tendencias seculares de la nueva sociedad industrial era demasiado evidente. El clero mostró durante este periodo, salvo notables y honrosas excepciones, una manifiesta incapacidad para adaptarse a una sociedad cada vez mas urbana y secular 227.

 

La intelectualidad neocatólica orientó el debate hacia la demostración de la influencia benéfica de la religión católica para la sociedad. Las argumentaciones se apoyaban en el razonamiento histórico que tenía un peso fundamental para demostrar la continuidad de la labor de fomento de la ciencia y el arte desarrollada por la Iglesia. Juan de Mezquita, Arcipreste de la Catedral y articulista de La Crónica de León, resumía el centro de la polémica 228:


        “Hoy se dice que existe un divorcio entre el clero y la sociedad, cuando por el contrario, este impulso la ciencia, las artes y las letras; no es en absoluto incompatible con el progreso social y la instrucción moderna”.


        El Cabildo ofrecía una interpretación histórica del origen y desarrollo constructivo de la catedral de León que ponía de relieve la acción del clero y de las autoridades religiosas del siglo XIII como promotores, impulsores e inspiradores del monumento; pese a algunos errores históricos cometidos por el Cabildo, que Madrazo se encargara de refutar, el interés de su argumentación reside en conceptuar e interpretar la arquitectura gótica en sus profundas raíces espirituales y en indisoluble unión con el clima espiritual de la Edad Media, resultado de la fuerza del sentimiento religioso de la sociedad medieval 229:

 

"Apuntamos estos particulares detalles de la historia de nuestra iglesia, sin mencionar los de las otras del mundo entero, porque son timbres de gloria, que corresponden al nobilísimo clero de León, y sirven por otra parte para hacer constar una vez mas lo que deben las artes al santo entusiasmo y heroica solicitud de la Iglesia en todos tiempos y lugares ".

 

Juan de Madrazo respondía a la argumentación histórica del Cabildo desde una valoración de la arquitectura gótica radicalmente diferente. En su razonamiento interesa señalar, más que las conclusiones históricas a las que llega, la afirmación del método historiográfico que emplea en su análisis de la arquitectura gótica, pues su método histórico es, como hemos visto, parte integrante de su propia concepción arquitectónica como fundamento de la restauración 230.

 

El estudio que realiza Madrazo del proceso histórico-artístico de la construcción de la catedral de León esta claramente fundamentado en la metodología positivista, en las “inducciones y deducciones positivas de la historia y de la arqueología”, como el mismo apuntaba 231. A lo largo de la exposición de los proyectos de restauración que elaboró para la catedral de León hemos visto como Madrazo afirmaba este método racionalista y experimental como medio de recuperar la lógica del edificio 232:


        “en la esfera de lo real y de lo positivo, cual es la esfera de las construcciones, la observación y el experimental sobre casos iguales o análogos en mas legitima y mejor fuente que las disquisiciones metafísicas”.


        Este método estaba asentado en la valoración de la arquitectura como hecho físico y material, dotado de una lógica racional interna a su propio carácter arquitectónico. Juan de Madrazo estudio la naturaleza y carácter de la catedral de León desde una perspectiva que relegaba a un segundo plano, o incluso negaba, la importancia del ideal religioso o cualquier otro tipo de interpretación metafísica o sobrenatural, como factores impulsores de la construcción. La inspiración o motivación ideológica del artista constituía para Madrazo una experiencia demasiado personal y subjetiva para fundamentar sobre ella un estudio riguroso y cientifico de su influencia sobre la creación arquitectónica. Antes bien, Madrazo aborda el estudio de la arquitectura como un fenómeno natural, y, como tal, en cierto modo independiente del hombre, por lo que era susceptible de una aproximación cognoscitiva racional y cientifica, ajena a motivaciones de índole emocional.


        La afirmación de la interpretación de la arquitectura como fenómeno natural, concreto y experimentable, que adoptaba Juan de Madrazo en su estudio histórico de la catedral de León seguía el método positivista tan desarrollado para los estudios históricos durante el siglo XIX. La voluntad de crear una verdadera “ciencia de la arquitectura”, en esta época de fundaciones disciplinares, había sido claramente expresada por Viollet-le-Duc 233:


        “el arte de la arquitectura es una creación humana; pero tal es nuestra inferioridad, que, para obtener esta creación, estamos obligados a proceder como la naturaleza en sus obras, empleando los mismos elementos, el mismo método lógico, observando la misma sumisión a algunas leyes, las mismas transiciones”.


        La fundamentación de las reglas de la arquitectura en la naturaleza había sido una constante en las reflexiones de los teóricos desde el periodo ilustrado; pero solo con el desarrollo-y aplicación del método positivista para el estudio de la arquitectura se propuso de un modo explícito la analogía entre arquitectura y organismo biológico. La aplicación de los métodos positivos de las ciencias naturales al análisis arquitectónico ha sido señalada por varios autores al referirse a la obra teórica de Viollet-le-Duc 234. Es cierto que Viollet-le-Duc y sus seguidores, entre ellos Juan de Madrazo, utilizaran en sus análisis arquitectónicos los mismos términos utilizados por naturalistas en sus estudios. Función, estructura, necesidad, medio, etcétera, son términos manejados por Cuvier, Lamarck, Geoffroy-Saint-Hilaire y que se retomaran para el estudio de la arquitectura. La arquitectura como fenómeno natural esta compuesta de formas cuyo empleo es justificado por un razonamiento; el estudio histórico de la estilos arquitectónicos debe orientarse hacia la búsqueda del orden lógico que se reconoce en codas las obras pertenecientes a la misma especie, aún cuando sean completamente diferentes en apariencia. Así lo afirmaba Juan de Madrazo cuando refutaba las argumentaciones históricas del Cabildo catedralicio: “para formar nuestra conciencia sobre cualquier hecho es necesario, en primer lugar, estudiar las relaciones de coexistencia y de sucesión que le ligan a otros de su misma especie y naturaleza” 235. Es decir, Madrazo, al igual que muchos intelectuales de su época, se sintió impelido a emular y aplicar los procedimientos y métodos de las ciencias naturales a su propia disciplina. La analogía taxonómica servía de guía para el estudio de la arquitectura y sus estilos, en su análisis de los caracteres fundamentales y heredita Ríos del estilo de un edificio considerado como individualidad perteneciente a una especie, según el símil biológico.


        Este método de análisis histórico consistente en estudiar la fabrica en conexión con la “historia y la genealogía de la arquitectura gótica” llevó a datar a Juan de Madrazo la catedral de León en torno al 1250: “la Catedral de León no puede ser una construcción anterior a la segunda mitad del siglo XIII Este firme juicio histórico-cronológico expresado por Madrazo se fundamentaba, como el mismo afirmaba, en la consideración de que “la Catedral de León esta muy lejos de ser un fenómeno sin antecedente” 236. Los capitulares fechaban la Catedral en tiempos del Obispo Manrique de Lara, es decir, a comienzos del siglo XIII”, opinión esta que era comúnmente mantenida por estos años e incluso la Academia atribuyo en varias ocasiones esta errónea cronología al templo mayor Leonés 237.


        El método desarrollado por Madrazo reposa, pues, en una concepción teórica de la arquitectura naturalista y mecánica y en una valoración del estilo de carácter funcionalista y constructivista, en la que los elementos que definen el estilo son los materiales, las técnicas y la finalidad utilitaria.


        Sin embargo, la arquitectura es un fenómeno que se produce en la historia, en el tiempo y en el espacio, y esta fuertemente condicionada por la sociedad en la que surge. Los estudios históricos de la época están dominados por el determinismo positivista o la teoría del reflejo de las situaciones sociales en la creación arquitectónica. Cesar Daly y Viollet-le-Duc, al que Madrazo cita literalmente en este punto, formularon sus teorías sobre las relaciones entre las artes, las ciencias y la sociedad durante la Edad Media para llegar a la total comprensión de la arquitectura. El carácter eminentemente razonado y lógico de la arquitectura gótica fue puesto en relación con un “movimiento de organización comunal y del espíritu de asociación civil”, que se produjo durante el siglo XIII: “laicos y muy laicos -afirmaba Madrazo- fueron en su inmensa mayoría los constructores y los artistas de este siglo y de los XIV, XV y XVI” 238.


        La discusión sobre el origen de la arquitectura gótica planteada como una polaridad disyuntiva de criterios entre origen laico y origen religioso de la arquitectura ogival, fue un tema de debate muy común por estos años. Un planteamiento de las dos posturas sumamente claro y revelador fue el que diez años antes se produjo en la Real Academia de San Fernando con motivo del ingreso en la Institución del Marques de Monistrol, José Maria Escriva de Romani en el año 1868 239. El discurso de recepción del Marques de Monistrol verso sobre La influencia del Cristianismo en la Arquitectura de los siglos medios, y que el arte ojival es esencialmente cristiano, título que resume por sí solo todo el programa neomedievalista cristiano, en la línea del discurso apologético, coincidente, como señala Ángel Isac, con el neocatolicismo mas estricto de Jaime Balmés y Donoso Cortes, defensores del regreso a los principios de moralidad social; en consecuencia con estos principios, para el Marques de Monistrol eran claramente insuficientes las corrientes historográficas de curio positivista que interpretaban el templo gótico con “las reglas de la construcción y el árido criterio de su razón helada” 240.


        La Contestación al discurso del nuevo académico corrió a cargo de Pedro de Madrazo, hermano del restaurador de la catedral de León y personalidad sumamente destacada de la cultura artística del siglo XIX español. Los puntos de vista desarrollados por Pedro de Madrazo son coincidentes con los expuestos por su hermano Juan, si bien sin la carga polémica en que este ultimo los envolvió en su Contestación al Cabildo de la catedral de León. El carácter mas destacado de la arquitectura gótica era para Pedro de Madrazo su carácter eminentemente “razonado y lógico” y esta naturaleza de la arquitectura se encontraba en las raíces mismas de su origen histórico, con lo que cuestionaba las afirmaciones del Marques de Monistrol: “Lo mismo el sentimiento religioso que el amor a la patria, es infecundo cuando la ciencia y el arte de consumo no le dan medios de interpretación” 242.


        Es decir, desde distintas argumentaciones ideológicas se proponía el retorno y recuperación de la arquitectura gótica: lo mismo el goticismo de fondo y matriz religiosa (Chateaubrian, el Padre Felix, Pugin, Ruskin...) como las interpretaciones naturalistas y mecánicas de la arquitectura gótica como sistema constructivo laico y racional (Juan de Madrazo, Viollet-le-Duc, Morris, Gilbert Scott...) propusieron la adopción de la arquitectura gótica como solución a la crisis de la arquitectura contemporánea. Estos distintos puntos de vista, coincidentes en su prop6sito final, fueron en ocasiones, además, bastante permeables y no totalmente excluyentes, dándose en ocasiones una suma de argumentaciones-que incluían ambos puntos de vista sin considerarlos opuestos. Una de las interpretaciones mas coherentes en este sentido puede ser la del arquitecto francés Jean-Baptiste Lassus que, según indica Leniaud, “parece realizar un análisis bastante mas complejo que el de Viollet-le-Duc” 243; en efecto, para Lassus el gótico no es solamente la perfecta y lógica combinación de la bóveda de ojivas, arbotantes y contrafuertes, es decir, un sistema constructivo racional, sino que es también una cierta concepción del espacio, un espacio poético: en la catedral gótica se combinan la razón humana, el símbolo cristiano y el misterio religioso.


        Sin embargo, estos componentes de la arquitectura gótica se mostraron incompatibles en la polémica mantenida entre Juan de Madrazo y el Cabildo de la catedral de León; el radicalismo de ambas partes y la inmersión del conflicto en las discusiones ideológicas y políticas del momento, llevaron al exclusivismo en el juicio histórico. El Cabildo se situ6 en la línea historográfica del romanticismo chateaubriandano de tono elegíaco, con la afirmación de la necesaria identificación de la religión cristiana y el espíritu artístico que otorga la unidad entre el fondo y la forma al monumento cristiano. Esta postura, mas propia de la primera mitad del siglo, se vela superada por el carácter ordenador del saber desarrollado por el método positivista, que, en su afán clasificatorio, relegara la búsqueda de esencias para descubrir los mecanismos de los fenómenos sociales, y entre ellos, de modo destacado, la arquitectura como producto social y natural al mismo tiempo.


        En una consideración global del conflicto, el choque entre Juan de Madrazo y las autoridades religiosas cobra pleno sentido en la actitud defensiva, pero beligerante, que adopto la Iglesia ante los nuevos sistemas filosóficos que cuestionaban la validez de la religión, en defensa de la inercia de la materia o del cientificismo como único método de conocimiento y análisis de los fenómenos que evitaba los juicios morales y permitía el progreso.

 

        En definitiva, profundas discrepancias ideológicas se acumulaban en el conflicto originado en torno a las obras de restauración de la catedral de León. Los rencores y ofensas mutuas, la instrumentalización política e ideológica de las diferencias y la amplia trascendencia publica, que alcanzaron las acusaciones fomentaron los odios recíprocos y la intransigencia de las posturas que llevaría a la destitución de Juan de Madrazo como arquitecto al frente de las obras de restauración de la catedral de León.

 

- El estallido de la polémica; intervención del Ministro de Fomento y destitución de Juan de Madrazo.


        Las profundas divergencias existentes entre Juan de Madrazo y el Obispo y Cabildo de León convirtieron el desarrollo de las obras de restauración de la catedral Leonesa en un hervidero de conflictos y rivalidades. Los desacuerdos en cuanto al modo de administrar las obras y la diferente concepción ideológica en torno al significado religioso, histórico y artístico del edificio, eran las cuestiones de fondo de una polémica que a menudo adoptó las formas de una discusión sobre sucesos concretos y problemas personales.


        Previamente a la publicación en el verano de 1878 de los folletos con acusaciones mutuas que se dirigieron el Cabildo y Juan de Madrazo, la prensa local sacó a la luz publica las discrepancias existentes, con el comienzo de un escabroso y accidentado dialogo protagonizado durante los meses de marzo y abril desde las paginas de La Crónica y El Porvenir de León.


        El problema se concentro en torno a la cuestión de la falta de empleo en las obras de fondos que ya habían sido consignados por el Ministerio de Fomento. Los articulistas de La Crónica de León atribuían a Juan de Madrazo la responsabilidad de “mantener ociosos considerables fondos”, con la catastrófica predicción de la progresiva e inevitable ruina de la Catedral, “hasta el derrumbamiento total, por no adelantar la construcción”.


        El Porvenir de León contestaba a esta acusación mostrando a la Tesorería provincial como responsable de la falta de libramiento de los fondos consignados por el Gobierno central: “si un libramiento no se realiza por la Intervención de la Tesorería provincial dentro del plazo de la ley, se hace preciso reintegrar su importe” 244.


        En torno al problema del empleo de los fondos se llegó a cuestionar la valía profesional de Juan de Madrazo como director facultativo de las obras de restauración de la catedral de León, ya que su reputación artística y científica como arquitecto estaba firmemente avalada por los encomiastas informes que de sus proyectos emitieron la Academia de San Fernando y la Junta de Caminos, Canales y Puertos. El Cabildo catedralicio se apoyó en la cuestión de la gestión de los fondos para censurar la labor de Madrazo al frente de las obras de la catedral de León, como expresaba citando las criticas vertidas desde la prensa: “el retraso que sufren las obras acusan una mala dirección facultativa, y si la ciencia del arquitecto es impotente, que se declare Así, y se confíe el remedio de tamaño desastre a mas expertos restauradores” 245.
        La progresiva acumulación de tensiones se deja sentir en la dureza y acritud del lenguaje empleado en la discusión, como lo prueban las palabras con que violentamente se defendía a Juan de Madrazo desde El Porvenir de León 246:


        “¿Quereis formular cargos serios contra sus gestiones económicas o facultativas?. Formuladlos categóricamente, y hacedlos valer ante la Junta Inspectora, la Academia o el Gobierno. Por la espalda o desde el acecho, solo saben herir los cobardes. Los cacareos que usáis para decir de el que es apostata, renegado, etc„ etc. no entran en el crédito de persona alguna honrada”.


        La polémica llegó hasta el Ministro de Fomento, según refería el Cabildo. La prensa regional y nacional también tomo parte en la discusión, como por ejemplo en los artículos aparecidos en La Biblioteca del Constructor de Valladolid que dieron lugar a una enérgica replica de Madrazo que contestaba con los mismos argumentos que básicamente repetirá en su Contestación al Cabildo pocos meses después. La Gaceta de Madrid publicó en 1877 el resumen de las Actas de la Academia de San Fernando, donde se referían los elogios vertidos hacia los proyectos de restauración formados por Juan de Madrazo y se proponía realizar una exposición publica con los mismos. Este artículo fue trasladado a las paginas de El Porvenir de León en demostración del prestigio de que gozaba Juan de Madrazo como arquitecto frente a las acusaciones que se dirigían contra él. El Imparcial de Madrid también fue también otro de los diarios que registr6 la polémica, primero decantándose en favor de las opiniones de las autoridades religiosas y después rectificando su criterio, según recogía El Porvenir de León 247.


        Toda esta agitación dialéctica, expresada con la vivacidad y elocuencia del lenguaje periodístico de la época, se resumió durante el verano de 1878 con la aparición de los dos opúsculos en los que el Cabildo de la catedral de León y Juan de Madrazo expusieron personal y detalladamente sus puntos de vista con gran fuerza emotiva y evidente capacidad persuasoria.
Durante un año los trabajos en la catedral de León prosiguieron con una aparente normalidad. Sin embargo, después de que las controversias se divulgaran en letra impresa y el problema adoptara una evidente y manifiesta dimensión p6blica, cualquier fricción podía provocar un serio altercado. Así ocurrió de hecho a mediados del mes de agosto de 1879. Los rencores acumulados, la violencia verbal desatada en el conflicto y el orgullo mostrado por ambas partes, provocaron un desagradable incidente que en poco mas de dos meses llevaría a la fulminante destitución de Juan de Madrazo como Arquitecto director de las obras de restauración de la catedral de León.


        El suceso inmediato que motiv6 el estallido final y definitivo del conflicto tuvo lugar cuando Juan de Madrazo prohibió la entrada a la Catedral al Deán del Cabildo, que se disponía a visitar las obras de restauración. Esta prohibición la justificaba Madrazo por la medida que la Dirección facultativa adoptó a comienzos del verano de este ano de 1879, por la que se prohibía la entrada a las obras a toda persona ajena a las mismas. Con el objeto de prevenir desgracias y accidentes, Así como los daños que se estaban produciendo en las esculturas del pórtico de la fechada principal por las turbas de chiquillos, se cerró con llave todo el recinto catedralicio. Esta medida, sin embargo, no debió de ser bien acogida por los religiosos, puesto que no solo les impedía celebrar oficios religiosos en el templo, sino que la prohibición de entrada en el edificio también les afectaba directamente a ellos que para poder ingresar en la zona en obras tenían que solicitar el correspondiente permiso al Arquitecto director.
 

        El día 18 de agosto de 1879 acudió a visitar los trabajos de restauración una comitiva compuesta por el diputado sagastino Carlos Grotta y su Secretario particular, otros dos Diputados provinciales, el Chantre Marcelo López y el Canónigo Fernando Molina, quienes, según decia Madrazo, se procuraron la víspera el permiso correspondiente; momentos después se present6 el Deán, Luis Felipe Ortiz, al que, ante la carencia del pertinente permiso, le fue prohibida la entrada al edificio.


        Este incidente se complicó debido a que durante estos días el Obispo de León, Saturnino Fernández de Castro, se encontraba ausente de la ciudad con motivo de la Santa Pastoral Visita. Ante esta ausencia del Prelado, el Deán asumió las funciones de Obispo interinamente, como era habitual; esta circunstancia convertía provisionalmente al Deán en Presidente de la Junta Inspectora de las obras de la Catedral de León. Por este motivo, el Obispo, a su regreso a León, entendió que Juan de Madrazo había cometido una triple ofensa a las autoridades religiosas al prohibir el paso a la Catedral al Deán: ofensa al Cabildo catedralicio en la persona de su Presidente y a la Junta Inspectora de las obras y a la Dignidad Episcopal que representaba el Deán como encargado temporal del Gobierno eclesiástico de la Diócesis.

 

        Así se lo hizo saber el Obispo Fernández de Castro al Ministro de Fomento en una comunicación fechada el primero de septiembre en que expresaba la gravedad de la situación creada, al convertirse el suceso en dominio público, y solicitaba una explicación por parte de Juan de Madrazo: “protesto con toda la energía -decia el Prelado Leonés- contra este triple desacato, y pido a V.E. que el Arquitecto director do una satisfacción tan pública, como pública ha sido la ofensa”248.


        El Obispo también se dirigió con la misma fecha al Ministro de Gracia y Justicia que, encargado de los asuntos eclesiásticos, tenía a su cargo, como le recordaba el Prelado Leonés, la necesidad de “velar porque se guarden al clero los respetos y consideraciones que le son debidos”. En la exposición del Obispo se hacia una referencia a “los tristes antecedentes que la prudencia y caridad cristiana no han permitido exponer hasta ahora” 249.


        El Conde de Toreno, Ministro de Fomento, como respuesta a la petición del Obispo de León, envió a Juan de Madrazo una Real Orden con fecha 6 de septiembre de 1879 en la que, con términos sumamente corteses, invitaba a Juan de Madrazo, -mas que le ordenaba- a rectificarse y dar una satisfacción publica, “de la manera digna y decorosa que de V.S, puede exigirse, y que sin duda alguna aceptara el ilustre Prelado de esa Diócesis”. Además, en el texto de la Real Orden, el Ministro reconocía “la acertada e inteligente restauración” que estaba realizando Madrazo en la catedral Leonesa, si bien lamentaba profundamente los incidentes denunciados por el Obispo, “que no han debido nunca ocurrir dadas la cordiales relaciones que forzosamente han de existir entre todos los individuos que componen la Junta de obras” 250.


        El problema alcanzaba, sin embargo, una trascendencia mayor de la que el Ministro podía adivinar y no se reducía a una simple explicación por parte de Madrazo, sino que era la explosión final de los desacuerdos acumulados durante largo tiempo.


        Juan de Madrazo respondió a la Real Orden con una extensa comunicación dirigida al Ministro de Fomento con fecha 15 de septiembre, en la que relataba con detalle tanto el suceso concreto que motiv6 las quejas del Obispo, como los antecedentes de fondo que se entretejían en las discrepancias y desacuerdos mantenidos entre el arquitecto y las autoridades religiosas de León 251. En cuanto al incidente con el Deán, Juan de Madrazo declaraba al Ministro que ignoraba que el Deán representara al Obispo o al Cabildo durante su intento de visitar las obras o que fuera en ese momento el Presidente provisional de la Junta de obras, puesto que no había recibido notificación alguna al respecto: “el Director de estas obras no esta obligado a entender de jerarquías, y menos a adivinar las representaciones y delegaciones en la esfera de lo eclesiástico que no se le comunican oficialmente” 252. Además, Madrazo consideraba incomprensible que la presidencia interina de la Junta Inspectora, en ausencia del Obispo, recayera en el Deán que no formaba parte de la Junta, ni siquiera como vocal, puesto que, como vimos, el Cabildo fue apartado totalmente de cualquier gestión de los trabajos desde 1873.


        La intención ultima de Juan de Madrazo era enfocar el conflicto como una cuestión puramente personal de enemistad entre el Deán y é1, sin entrar en consideraciones de ofensas a cargos o Instituciones, es decir, a miembros de la Junta Inspectora o a autoridades eclesiásticas, como argumentaba el Obispo. Así lo confirmaba cuando decia que “el Deán es el joven sacerdote a quien la opinión publica designa como autor de un insensato folleto que todavía León recuerda indignado, lleno de injurias y de las calumnias mas graves contra el que suscribe” 253. Por consiguiente, tratándose de un asunto meramente personal en que mediaban acusaciones mutuas, pero en todo caso particulares, Madrazo se negaba a cumplir la retractación publica de sus hechos y palabras a que le obligaba la Real Orden anteriormente mencionada, señalando “lo improcedente que es la satisfacción publica que reclama el Obispo, y que, dados los hechos ocurridos, no puede esperarse racionalmente de ningún hombre que estime en algo su dignidad” 254.

 

        Con esta firme decisión de Juan de Madrazo el problema entraba en un callejón sin salida, puesto que el Obispo Saturnino Fernández de Castro tampoco estaba dispuesto a ceder un ápice en sus reclamaciones y exigió en todo momento el cumplimiento literal, exacto y riguroso de lo preceptuado en la Real Orden de 6 de diciembre, es decir, la “satisfacción pública” que decia dar Juan de Madrazo al Obispo como representante de la autoridad religiosa en León.


        El Prelado Leonés insistió y presionó con dureza para que Madrazo se retractara p6blicamente. Para ello, el 18 de septiembre, el Obispo escribió de nuevo al Ministro de Fomento, quejándose del caso omiso que hasta el momento había realizado el Arquitecto de la Real Orden. En caso de que persistiera Madrazo en esta actitud, el Obispo amenazaba con retirarse de la Junta de obras: “Llegado el caso -decia el Prelado- me retiraré de la Junta, no sin publicar antes todos los antecedentes y las verdaderas causas de las prevenciones y choques del Arquitecto director” 255. Esta decisión de apartarse el Obispo de la Junta de obras en el caso de que Madrazo no diera una satisfacción publica presagiaba nuevos y mas intensos conflictos aún, pues el Obispo precisaba que, pese a apartarse de la Junta, su consideración como Jefe de la Iglesia en su Diócesis, le facultaba para “Inspeccionar en todo momento las obras de un templo católico” 256. De nuevo se planteaba con toda su carga polémica el espinoso asunto de las competencias de las autoridades religiosas en los trabajos financiados y administrados por el Estado.


        El Conde de Toreno, Ministro de Fomento y máximo responsable de las obras de restauración, haciendo use de su autoridad, trató de evitar en la medida de lo posible el amplio alcance publico que estaba adoptando la cuestión y que amenazaba con convertirse en un auténtico polvorín en donde se replantearan las complejas y sutiles relaciones de equilibrio que el Estado liberal-conservador mantenía con la Iglesia. Su intervención directa como mediador del conflicto se puede conocer detalladamente a trav6s de los textos de los telegramas que durante una semana de intensas negociaciones se cruzaron a Diario el Conde de Toreno, Ministro de Fomento, y el Gobernador Civil de León, Antonio de Medina, durante los días 11 a 16 de octubre de 1879 257.


        El 11 de octubre, en un intento de limar asperezas, el Ministro de Fomento solicitaba telegráficamente la intervención del Gobernador Civil para que actuara como mediador entre el Obispo y Madrazo. En su telegrama, el Conde de Toreno advertía al Gobernador provincial de la dificultad del problema y de la necesidad de encontrar una solución negociada, “dada la alta jerarquía eclesiástica del Obispo, el indisputable m6rito del Sr. Madrazo, y sobre todo, la importancia de las obras de conversación y restauración de aquella joya artística del arte antigua”.

 

        Días antes a ponerse en contacto con el Gobernador provincial, el Conde de Toreno había ordenado a Juan de Madrazo que se presentara en Madrid para entrevistarse personalmente con él. Ante la imposibilidad de que el Obispo se trasladara a la Corte, el Ministro propuso que Madrazo regresara de inmediato a León para que de este modo se iniciaran las negociaciones directamente y bajo la mediación del Gobernador Civil, como Presidente honorario de la Junta de obras y delegado directo del Ministro de Fomento. Estas atribuciones del Gobernador Civil como mediador y representante oficial del Ministro de Fomento en este asunto se confirmaron por Real Orden de 14 de octubre.


        Madrazo estuvo en Madrid hasta el día 13 de octubre en que regresó a León; durante su estancia en la Corte, el Ministro de Fomento trató de convencerlo para que diera una amplia satisfacción al Obispo, que, según indicaba el Ministro, Madrazo “se prestaría a darla en términos razonables”.


        Con el Obispo y Juan de Madrazo en León, el Gobernador Civil tratara de llegar a un acuerdo satisfactorio. En su labor mediadora, el Gobernador asocio a su gestiones al diputado conservador el Marqués de Montevirgen que, además de sus hábiles dotes políticas, era amigo personal tanto del Obispo como de Juan de Madrazo.


        Las dificultades de la negociación ya se exponían desde el primer momento, pues, como indicaba el Gobernador, el problema se había convertido en una cuestión de “amor propio”, en la que además se dejaba sentir fuertemente la influencia de amigos particulares y políticos que presionaban desde ambos bandos.

 

        La posibilidad de una reconciliación pareció desde el primer momento bastante improbable e incluso, si se llegará a conseguir, no se ocultaban las notorias dificultades que se originarían en la administración de las obras: “la conciliación, si se operase, seria siempre efímera y con reservas lamentables” 258. El Conde de Toreno, consciente de esta dificultad, ya preveía que la única salida posible al conflicto seria la radical destitución de Madrazo para evitar de este modo un enfrentamiento directo con el Obispo que hubiera ocasionado un sinfín de problemas, pese a que el mismo Ministro reconocía, como ya lo había expresado en varias ocasiones anteriores, que separar a Madrazo seria “cosa funestísima para las obras por su difícil reemplazo”. Además, el mismo Gobernador Civil sospechaba del escaso interés que el Prelado Leonés profesaba hacia al arte, pues, según refería al Ministro, el Obispo repetía con alarmante frecuencia la declaración de “que tiene en mas el interés de la Fe que el interés del Arte” 259. Estos recelos eran compartidos por el Conde de Toreno y por ello declaraba su intención de modificar la composición de la Junta de obras una vez que el asunto quedara solucionado: “si se separa a Madrazo, -decía el Ministro- habrá que dar a la Junta de obras una organización nueva, porque no me parece que el Sr. Obispo es grande admirador de las artes, ni le importan cosa mayor (...), por razón de oficio no soy yo guardador directo de la Fe, pero sí de las artes, y por esta circunstancia, si hubiera de separarse a Madrazo, tendré yo que precaverme para que las artes no padezcan” 260.


        Es decir, la postura del Gobierno quedaba clara desde las primeras, conversaciones; la complejidad del problema llevaba a la destitución de Madrazo como única salida al conflicto para evitar incidentes mayores con el Prelado Leonés, que hubieran conducido a un borrascoso asunto que pudiera desviarse hacia una polémica institucional Iglesia-Estado, al considerarse que el Ministro apoyaba las argumentaciones ideológicas anticlericales expresadas en repetidas ocasiones por Juan de Madrazo. El apartamiento de este de las obras, pese a que quedaba patente y manifiesta su valía profesional, era el mal menor para evitar consecuencias que posiblemente transcenderían directamente al terreno político.


        El día 15 de octubre por la noche se mantuvieron conversaciones que dejaron claras las intenciones de no ceder un palmo de su terreno ninguno de los dos implicados directos. Madrazo, tras su llegada a León, radicalice su postura y se negó rotundamente a todo lo que pudiera trascender a “satisfacción”, accediendo todo lo mas a dar una mera “explicación”, y, además, afirmaba que actuaría siempre del mismo modo si se volviera a encontrar en la misma situación. El Obispo, por su parte, a pesar de cierta apertura el día anterior, se volvió a reafirmar en su intransigente postura: exigía que la conferencia con Madrazo se realizara en presencia de dos capitulares y que inmediatamente “cesará la propaganda anticlerical”, al tiempo que reclamaba el cumplimiento literal de la Real Orden que obligaba a Juan de Madrazo a dar una explicación, argumentando que “la Real Orden era ineficaz y quedaba anulada si la satisfacción no se daba” 261.


        En efecto, las conversaciones mantenidas con el Obispo y el Arquitecto por el Gobernador Civil y el Marques de Montevirgen tropezaron con el inmenso cúmulo de suspicacias y de odios personales, alimentados por “pasiones de localidad”, que instrumentalizaban el conflicto al servicio de ideologías políticas y con ello contribuían a aumentar aún mas las distancias.


        Este mismo día 16 de octubre el Ministro de Fomento, ante la imposibilidad total de reconciliación o solución negociada, y deseoso de dar una solución definitiva, reclamo al Gobernador Civil de León una Contestación oficial a la Real Orden de día 14 para actuar en consecuencia y así “poder romper el nudo sin que sea del agrado de nadie”.


        En efecto, el incumplimiento por Juan de Madrazo de la Real Orden de 6 de septiembre y la ratificación de su postura tras las negociaciones emprendidas por el Gobernador Civil, como se afirmaba en el informe oficial emitido el día 18 de octubre como respuesta a la Real Orden del 14 del mismo mes 262, todo ello, proporcionaba al Ministro de Fomento el respaldo suficiente para proceder, si bien contra sus deseos, a la destitución de Juan de Madrazo como Arquitecto Director de las obras de restauración de la catedral de León. La destitución oficial se confirmo por Real Orden de 21 de octubre de 1879 263. Juan de Madrazo quedaba oficial y definitivamente apartado de la restauración tras una oscura y lamentable polémica.


    Esta decisión ministerial provoco reacciones de inmediato. El mismo día 21 de octubre en que se consumaba la destitución de Madrazo, el Ministro de Fomento se dirigió a la Academia de San Fernando para que propusiera a la mayor brevedad posible el arquitecto que habría de sustituir a Juan de Madrazo en la dirección facultativa de las obras de restauración de la catedral de León. El extenso informe emitido por la Academia el día 8 de noviembre comenzaba con una detallada y prolija enumeración de los perjuicios, inconvenientes y retrasos que la destitución de Madrazo ocasionaría a las obras de restauración y exponía las dificultades para encontrar un arquitecto que pudiera continuar con acierto los proyectos comenzados por Madrazo; “el convencimiento de la pericia con que se vienen dirigiendo (las obras), el merito relevante de los proyectos presentados y la honrada gestión económica de las obras”, eran a juicio de la Academia consideraciones de peso para que el Ministro de Fomento reconsiderase su decisión y “vuelva a encargarse el mismo Don Juan de Madrazo de la dirección de las obras que con tanto esmero y alabanza de propios y extraños ha desempeñado” 264.


        El indudable merito artístico y arquitectónico de los proyectos de restauración formados por Juan de Madrazo, ya señalados con anterioridad varias veces por la Academia, y, también, como no, el prestigio e influencia de su apellido en la Institución, fueron las causas que se aunaron para que la Academia apoyara firmemente y con resolución a Juan de Madrazo, sin entrar en sopesar las consideraciones ideológicas y políticas que se entretejían en el conflicto.


        Esta decisión de la Academia trascendió al dominio de la opinión publica y no faltaron las críticas que acusaron a la institución haber actuado con parcialidad al emitir su informe en defensa de Madrazo; por ello la Academia se dirigió de nuevo al Ministro de Fomento el día 25 de noviembre, con la exposición de sus quejas: “se han esparcido noticias equivocadas y malignos rumores -decían los académicos- suponiéndose que, por ceder a consideraciones indebidas, ha informado la Academia con poca imparcialidad respecto del Sr. Madrazo, con desprestigio de sus compañeros”; por ello, la Academia solicitaba al Ministro que “deseando el restablecimiento de la verdad, e imposibilitada como se halla de vindicarse por sí propia ante la opinión pública extraviada”, publicase en La Gaceta de Madrid el informe de fecha 8 de noviembre que la Academia había emitido significándose sobre este asunto 265.


        Pero el apoyo de la Academia a Juan de Madrazo, con la clara reafirmación de sus indiscutibles dotes artísticas, no fueron suficientes para rectificar una decisión ya adoptada por el Ministro de Fomento y expresada oficialmente por Real Orden.


        La polémica administrativa sobre la cuestión de la secularización de las obras de restauración, que había sido una de las cuestiones de fondo del conflicto, se llevo el día 6 de diciembre de 1879 al hemiciclo del Congreso de los Diputados 266. El diputado liberal por la provincia de León y amigo personal de Juan de Madrazo, Fernando Merino Villauno, exponía de modo directo la cuestión en el Congreso: “deseo saber -preguntaba el Diputado al Ministro de Fomento- si las obras de restauración en la catedral de León están o no secularizadas” 267. La contestación del Ministro de Fomento, en un deseo de evadir el delicado debate, partió de considerar la pregunta “un tanto extraña”, para después realizar una breve disertación acerca de la organización administrativa de las obras; pese a tratarse de obras totalmente dependientes del Estado, el Ministro no descartaba la intervención que a su juicio correspondía al Obispo, si bien sin entrar en una aclaración concreta y detallada de estas funciones, coma lo prueba la vaguedad de sus términos: “como se trata de la restauración de una Catedral, tiene cierta intervención, mas o menos directa, en esta obra la Junta de obras, a que pertenece el Sr. Obispo de la Diócesis” 268; pero el Ministro, al mismo tiempo, quería dejar claro que era é1, como máxima autoridad gubernamental, quien detentaba la responsabilidad directa de las obras de restauración por encima de la autoridad religiosa. Fernando Merino criticó esta intervención eclesiástica en unas obras estatales, injustificada desde el punto de vista administrativo, proponiendo la secularización total de los trabajos: “creía y creo -afirmaba el Diputado- puesto que las obras se pagan por el Estado, que debiera ser la Junta o comisión provincial de monumentos la que ejerciera su intervención o el gobernador de la provincia como inmediato representante del Gobierno de S.M.” 269.


        En el debate salio a relucir la cuestión de la destitución de Madrazo y, como era de esperar, el Ministro de Fomento la justificó desde el punto de vista legal como la negativa de un funcionario que recibía sueldo del Estado a cumplir una Real Orden.


        La destitución de Juan de Madrazo fue un difícil problema en el que, como hemos visto, se conjugaron diversos factores, desde las actitudes filosóficas e ideológicas, hasta rivalidades personales, pasando por diferencias políticas locales y nacionales. El hecho fue que, desde el 21 de octubre de 1879, Juan de Madrazo, pese a ser reconocido por todas la Instituciones como uno de los mas competentes e instruidos arquitectos de España, fue destituido a causa de un conflicto en el que se mezclaron motivaciones extraprofesionales.


        A los pocos meses de su destitución, Juan de Madrazo, sumamente debilitado por las pugnas y discusiones mantenidas, acosado de aguda enfermedad, moría en Madrid al día siguiente de cumplir cincuenta y un años de edad. Su fallecimiento el día 7 de marzo de 1880 fue. llorado y lamentado en varios artículos necrológicos que ahondaban en sus indiscutibles méritos profesionales. El reconocimiento póstumo de sus trabajos, como ya había sido anunciado varias veces en vida del propio arquitecto, tuvo lugar al año siguiente, cuando le fue concedida la Medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

 

6) EL RECONOCIMIENTO PÓSTUMO DE JUAN DE MADRAZO.


        La destitución y muerte de Juan de Madrazo fue un triste suceso que conmovió a la clase arquitectónica. La reacción no se hizo esperar. Apenas fallecido, la prensa arquitectónica publicó varios artículos pecrol6gicos lamentando la pérdida de tan valiosa personalidad. Demetrio de los Ríos, su sucesor en las obras de restauración de la catedral de León, encabezaba esta serie de afligidos artículos. Una carta con numerosas firmas “pertenecientes a todas las clases de la sociedad de León”, expresando con dolor su pésame a la esposa de Juan de Madrazo, Margarita Tewart, reconocía lo que generosamente agradeció cumplidamente la capital del antiguo Reino: “El nombre de Don Juan de Madrazo será pronunciado siempre con cariñoso respeto en León que escrito queda indeleblemente en esa obra admirable por él tan diestramente dirigida”. Adolfo Fernández Casanova, discípulo de Juan de Madrazo y catedrático de Esteronomía en la Escuela de Arquitectura, hacía una exposición sintética de la fecunda trayectoria profesional de Juan de Madrazo 270.


        Sin embargo, el reconocimiento póstumo de Juan de Madrazo venía anunciado por los elogios con que fueron recibidos los proyectos de restauración de la catedral de León por la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La institución académica no escatimo en aplausos al pronunciarse sobre los proyectos de Madrazo: en el informe sobre el proyecto de reconstruccion del hastial sur a la altura del triforio ya solicitaba la Academia al Ministro de Fomento que el ejemplar duplicado del proyecto fuera remitido con el carácter de dep6sito a la Biblioteca de la Academia, “para servir de estudio y guía a los jóvenes arquitectos”; igual demanda se realizó a prop6sito del proyecto de reconstrucción del hastial del sur. No es de extrañar entonces la defensa a ultranza que realizo la Academia de Juan de Madrazo cuando el arquitecto fue destituido de las obras de restauración.


        En estos informes de la Academia de San Fernando se suplicaba al Ministro de Fomento que concediera la autorización necesaria para que los proyectos de Juan de Madrazo “puedan exponerse al público en sus salas por un tiempo determinado y previo anuncio en los periódicos oficiales”. Esta idea no se realizó hasta después del fallecimiento del arquitecto. En 1881, Juan de Madrazo recibió a título póstumo la Medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes por sus proyectos de restauración para la catedral de León. Este merecido premio no fue comprendido por todos los críticos y público, habituados a que esta distinción recayera en obras de pintura o escultura. La complejidad de los estudios de Madrazo no eran tan atractivos como una pintura de historia.


        La polémica desatada a raíz de este premio motiv6 la reacción unánime de los arquitectos, encauzada nuevamente a través de la Revista de Arquitectura Nacional y Extranjera. Duros y mordaces comenta Ríos se realizaron en varias revistas nacionales de los proyectos de encimbrado de Juan de Madrazo 271; puntal de una casa vieja, “vulgar andamiaje” o “colosal braguero” fueron algunos de los calificativos vejatorios que recibió el impresionante y meditado sistema de encimbrado realizado por Juan de Madrazo que suponía, como vimos, una profunda reflexión acerca de los principios constructivos de la arquitectura gótica. Artículos firmados por Enrique Repullés, Adolfo Fernández Casanova o Antonio Ruiz de Salces, lamentaban la incapacidad de esa “falange de gacetilleros” para comprender el significado y trascendencia de unos proyectos como los formados por Juan de Madrazo. La defensa de la decisión del Jurado a través de estos artículos era también una reivindicación de los trabajos de arquitectura que siempre se relegaron a un plan de inferioridad con respecto a la vistosidad de la pintura o escultura: “¿Qué ha de suceder -se preguntaba Repullés Segarra- mientras nosotros pongamos nuestros dibujos al lado de los cuadros de los pintores?. El pintor lo dijo todo en su cuadro, que reproduce en el espectador el efecto desde el primer momento; el arquitecto no produce efecto con sus dibujos sino a los iniciados, a los que comprenden lo que aquello seria construido” 272. Estas dificultades que tenían los proyectos de arquitectura para captar la atención y la estima del público eran puestas de relieve por Antonio Ruiz de Salces, “solo los iniciados en su arte lo entienden; los demás, en general, solo ven en sus trazos o planos un laberinto, una obra de paciencia que les gusta poco mas o menos, según el adorno que distinguen en el papel” 273.
 

        Lo cierto es que esta polémica concesión de la Medalla de Oro a los proyectos de restauración de Juan de Madrazo suponía el reconocimiento de la complejidad del estudio de la restauraciones de los edificios medievales. Después de los temores suscitados por la inminente ruina de la catedral de León y ante la falta de preparación de los arquitectos españoles para acometer una empresa de esta magnitud y dificultad, la figura de Juan de Madrazo apareció como la del primer arquitecto que emprendió la restauración del edificio con un amplio, profundo y sistemático conocimiento de la arquitectura gótica, llevando el problema a su adecuada dimensión histórico-constructiva. El silencioso magisterio ejercido por Juan de Madrazo a través de sus proyectos de restauración fue fructíferamente continuado por varios de los mas destacados arquitectos del ultimo tercio del siglo XIX. Adolfo Fernández Casanova examine en varias ocasiones los proyectos de encimbrado y en este sistema de carpintería de armas encontró el fundamento necesario para enfrentarse al catastrófico derrumbe de la bóveda central de la catedral de Sevilla. Demetrio de los Ríos continuó fielmente los proyectos de Juan de Madrazo y Juan Bautista Lázaro no dejo de elogiar y compartir su visión “racionalista” de la arquitectura. En suma, en el campo de las restauraciones, los proyectos de Juan de Madrazo fueron un ejemplo capital para el desarrollo de las intervenciones en edificios medievales que proliferaron en los dos decenios siguientes a la muerte del arquitecto. El peso de su pensamiento e interpretación de la arquitectura medieval gravitaría sobre todos estos proyectos. Pero desde el punto de vista de la teoría arquitectónica en general, la influencia de Madrazo y de racionalistas como pueda ser el caso de Elfas Rogent, que se enfrentaron por vez primera directamente y en toda su amplitud con los edificios medievales a partir de un meditado estudio de los "principios" de esta arquitectura, sus reflexiones no pueden dejar de ponerse en relación con algunas de las mas interesantes corrientes de renovación de la arquitectura del siglo XIX. La arquitectura en ladrillo comparte una misma inquietud en resaltar el proceso constructivo, de justificar el “estilo” por su racionalidad, su economía o sus cualidades funcionales. Las derivaciones desde unos presupuestos historicistas arqueológicos hasta una arquitectura con personalidad propia como fue el modernismo, es buena prueba de que la lectura de la arquitectura de la Edad Media podía ser un fructífero campo de reflexiones. Realmente no deja de ser una tentación poner en relación el amplio pensamiento realizado por Juan de Madrazo sobre las posibilidades del sistema de bóvedas de la catedral de León con algunas de las innovaciones mas puramente constructivas de la arquitectura de Antonio Gaudí. El maestro catalán visit6 algunos anos después de la muerte de Madrazo la ciudad de León; es conocido su interés por los estudios de cimentación de la catedral que realizaba por entonces Demetrio de los Ríos que utilice para asegurar la cimentación de la Casa de Botines. Algunas de sus bóvedas hiperbólicas y parabólicas son una utilización expresiva de este repertorio de bóvedas de crucería medievales que son “repensadas” y transformadas por la imaginación del arquitecto catalán. En definitiva, el debate critico en busca de una nueva arquitectura tenía en estas reflexiones de Juan de Madrazo un importante sustrato te6rico que permitía renovar la visión academicista de la arquitectura para extender unos hilos de contacto con la proliferación de los neomedievalismos y al mismo tiempo su superación al apartarse de una arquitectura mimética de los mismos -tal como quedaran incorporados a la ortodoxia académica a través de un eclecticismo de base clasicista- y detenerse en las posibilidades de una interpretación libre de la tradición histórica, a través de su utilización “expresiva”, o a través de la sugestiva lectura de estos edificios con los códigos de los nuevos materiales y las nuevas técnicas constructivas. Juan de Madrazo, lo mismo en la restauración que en el dominio de la construcción, siempre tome el partido de la renovación y el progreso, sin desligarse por ello de la tradición y de un continuo aprendizaje de las enseñanzas que podían extraerse del pasado.

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1  De hecho, el obispo Calixto de León, en carta de 31 de enero de 1868, escribió a Madrazo instándole a presentarse rápidamente en León para continuar las obras que podrían proseguirse con rapidez debido a que Madrazo ya conocía el estado de la Catedral por haberla visitado y reconocido el verano de 1867 lo que, en opinión del Obispo, facilitaría la preparación de los trabajos de más urgencia. Carta del Obispo Calixto a Juan de Madrazo. León, 31 de enero de 1868. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular.

 

2  Juan de Madrazo presentó su renuncia al Ministro de Gracia y Justicia en oficio fechado en 29 de enero de 1868 (A.G.A. (E. y C.), C. 8.054, Lg. 8.842). Las razones oficiales que exponía Madrazo para renunciar al nombramiento se referían a sus ocupaciones en la Cátedra de la Escuela de Aparejadores y a los trabajos particulares que tenía en curso en Madrid, obligaciones éstas que le hacían imposible fijar su residencia en León, como era preceptivo, dado el estado de las obras de la Catedral.

 

3  Con fecha 12 de enero de 1869 se envió a León una Orden del Ministerio de Gracia y Justicia para que Andrés Hernández Callejo entregara inmediatamente las obras, junto con el material y demás objetos, a Ricardo Velázquez Bosco, como delineante que era de las obras de restauración, y que se ocupó interinamente de las mismas hasta la llegada de Madrazo. Esta decisión ministerial provocó algunos conflictos puesto que, según informaba Velázquez Bosco a Madrazo, Hernández Callejo contaba con el apoyo del nuevo Gobernador provincial que se opuso a esta medida, “imponiendo a dicho Callejo víctima del clero, con cuyo carácter se presentó él”. (Carta de Ricardo Velázquez Bosco a Juan de Madrazo. León, 17 de marzo de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular. Véase también cap. IV) Esta oposición motivó que intervinieran una comisión del Cabildo y otra de la Junta de reparación de Templos para hacer valer la Orden del Ministerio de Gracia y Justicia y que, en consecuencia, Hernández Callejo se apartara definitivamente de las obras de restauración.

 

4  La elección de Juan de Madrazo entre la terna de arquitectos ya estaba anticipada desde mediados del mes de enero, y así se lo comunicaban al arquitecto desde el Cabildo de la catedral de León: “Ayer he sabido que la Academia ha presentado una terna de Arquitectos para que nombre el Ministro Director para dichas obras y que Vd. ha sido puesto en primer lugar como era debido; por consiguiente de esperar es que sea Vd. reelegido o repuesto para este cargo. De ello nos alegramos en alto grado y le doy anticipadamente la enhorabuena”. Carta de Gavino Zuneda, Secretario capitular, dirigida a Juan de Madrazo. León, 18 de enero de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular. El nombramiento de Juan de Madrazo no debió de ser, sin embargo, excesivamente claro: según relata Andrés Hernández Callejo, José Amador de los Ríos, miembro de la Comisión que informó sobre la actividad de Callejo, “sólo pudo tener influencia en la corporación para que su señor hermano –Demetrio de los Ríos– ocupase el tercer lugar”. Según el mismo Callejo, parece que José A. de los Ríos luchó en contra de Juan de Madrazo ante el Ministerio de Gracia y Justicia, pero en estos momentos, después de la Revolución de septiembre de 1868, Juan de Madrazo parecía tener una sólida posición en el Ministerio. Por eso, concluye Callejo, “sin la Revolución, el hermano del señor Amador de los Ríos hubiera sido el favorecido, y completo el triunfo del autor de celebre informe” (Andrés HERNÁNDEZ CALLEJO, Defensa... p. 56). Estas arriesgadas declaraciones de Callejo no carecen de fundamento si consideramos el compromiso ideológico que unía a Juan de Madrazo con la Revolución de septiembre, claramente opuesto al carácter evidentemente “conservador” de Demetrio de los Ríos que hablaba años después del “desbarajuste revolucionario y males infinitos que sobre España cayeron” al referirse al proceso abierto con la Revolución de 1868; y ello pese a los elogios dedicados a la figura de Juan de Madrazo en su monografía de la catedral de León, pronunciados, sin embargo, una vez fallecido ya su antecesor.

 

5  Véase Pedro NAVASCUÉS PALACIO, “Juan de Madrazo”, Los Madrazo: una familia de artistas; Catálogo. Madrid, 1985. Sin embargo, como indican Javier Hernando y Antonio Reguera, “Juan de Madrazo no participó de una manera tan directa en esos ámbitos oficiales artísticos, y su voz no tendrá la repercusión que tuvieron las de sus hermanos Federico y Pedro”, Javier HERNANDO y Antonio T. REGUERA Reforma Urbana Liberal. El informe de Juan de Madrazo sobre León. León, 1987; cap. 3; pp. 36-40.

 

6  Ya hemos apuntado la importancia que tuvo esta renovación institucional de la década de 1840 para la estimación del patrimonio medieval en España; véase cap. III.

 

7  Sin embargo, es significativo como a partir de la dirección facultativa de Juan de Madrazo, cuando el expediente de restauración pasó a depender de Construcciones Civiles, la Academia compartió estas funciones de consulta con la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que, como órgano de ingenieros, tendrá un peso cada vez más considerable en la comprobación de los cálculos estáticos referentes a la “construcción” de la restauración, prueba del nuevo signo “cientifico” que adopta la restauración de la catedral Leonesa, como estudio de estructuras en equilibrio activo, propias del sistema constructivo gótico, y no solamente como aspecto puramente formal o visual de la restauración. Los requerimientos estrictamente constructivos, como reflexión de los tipos estructurales que intervienen en el edificio gótico y sus relaciones, será, como veremos a lo largo de este capítulo, la nueva perspectiva que incorpore Juan de Madrazo, que sumerge la restauración de la catedral de León en un interesante modelo teorético de estudio sobre el funcionamiento mecánico, estrictamente constructivo, del edificio gótico, donde el aspecto formal es considerado como el resultado lógico e indisoluble de la construcción gótica.

 

8 Con este término designaba el autor romántico Eugenio de Ochoa a aquellos “para quien todo está dicho y hecho, o por mejor decir, lo estaba ya en tiempos de Aristóteles”. Eugenio de OCHOA, “Un romántico”. El Artista. Madrid, 1835; vol. 1; p. 36.

 

9  Si bien, como he señalado repetidas veces, el “clasicismo renovado”, con una fuerte carga academicista dentro de la pura ortodoxia del corpus teórico clásico, fue una nota dominante en la doctrina arquitectónica en España durante el siglo XIX: reflexiones “racionalistas” o “constructivo-funcionales”, como las realizadas por Juan de Madrazo en la interpretación del mecanismo gótico, fueron incorporadas y subsumidas en esta ortodoxia clásica sin demasiados problemas, una vez eliminados sus componentes “subversivos”; Demetrio de los Ríos será un exponente claro de esta situación. Sin embargo, creo que algunas de estas reflexiones formuladas en contacto directo con la arquitectura medieval supondrían un soporte reflexivo fundamental para otras corrientes renovadoras como el modernismo.

 

10  Aunque el camino venía trazado por las primeras exégesis románticas y las iniciales actividades de arquitectos “académicos” como Peyronnet, Pascual y Colomer o Aníbal Álvarez o, incluso, el propio Matías Laviña; véase cap. III.

 

11  Realizar un balance acertado sobre la influencia real que tuvo la fundación de la Escuela para el desarrollo y renovación de la arquitectura de la segunda mitad del siglo es bastante difícil. Pedro NAVASCUÉS atribuye a la Escuela un importante papel en la formación de los arquitectos a través de la renovación pedagógica de los nuevos planes de estudio, (Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX, Madrid, 1973 y “La creación de la Escuela de Arquitectura” en Historia de la arquitectura del neoclasicismo al modernismo, pp. 49-51, Madrid, 1987). Sin embargo, esta importancia es matizada por Antonio BONET cuando afirma que “pese a la inclusión en los programas de las ciencias matemáticas, el espíritu de la Escuela parece ser que, en un primer momento, se mantuvo muy académico” (La polémica ingenieros arquitectos en España. Siglo XIX. Madrid, 1985; p. 28). En el balance de la cuestión, Javier HERNANDO viene a afirmar que, pese a una “cierta vocación científica” (...), “los arquitectos reivindicarán su adscripción a las bellas artes, otorgando a los ingenieros el cientificismo de las disciplinas constructivas”, por lo que este autor centra la aportación fundamental de la creación de la Escuela para la enseñanza de la arquitectura en “la apertura decidida hacia el historicismo”. (“La Escuela de Arquitectura y la renovación pedagógica”, en Arquitectura en España. 1770-1900, Madrid, 1989).

 

12  Demetrio de los Ríos se refería a la común formación recibida junto a Juan de Madrazo en la Escuela de Arquitectura, haciendo resaltar las enseñanzas y el estudio de los monumentos recibidos a través de Antonio Zabaleta, cuando recordaba “las expediciones artísticas que, guiados por el Catedrático D. Antonio Zabaleta, hicimos a Toledo, donde arraigó nuestro amor a los monumentos, para sacrificarnos a ellos”. Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II. p. 76).

 

13  Para algunos aspectos de esta cuestión, véase Est. Intr.

 

14  Antonio ZABALETA, “Sobre el estado actual de la Arquitectura en Francia”. Boletín Español de Arquitectura. t. I, pp. 66-68, 74-76, 81-83 y 89-91. Madrid, 1846. Los artículos continuaron en la serie titulada, “Aplicación del arte antiguo al moderno. Sistemas opuestos. La Academia, la Escuela gótica, y los eclécticos de Francia”. El Renacimiento. t. I, pp. 3-6. Madrid, 1847. Sin embargo, como indica Ángel Isac, la posición particular de Zabaleta se oponía al “exclusivismo” de los “neogóticos” franceses, pues, “se trataba, en definitiva, de aquella teorización del eclecticismo (...) que se identificaba con el espíritu de tolerancia, la lucha contra el exclusivismo, y la adaptabilidad de cualquier estilo del pasado a los programas de la arquitectura contemporánea”, Ángel ISAC, Eclecticismo y pensamiento arquitectónico en España, p. 141. Granada, 1987. Esta posición ecléctica, contraria a cualquier tipo de exclusivismo estilístico y asegurándose el control del proyecto con criterios compositivos y teóricos extraídos de la doctrina clásica, fue de hecho el pensamiento dominante en el panorama arquitectónico de la segunda mitad del siglo, y prueba de ello es la actividad de un arquitecto como Demetrio de los Ríos, ejemplo claro de la versatilidad del arquitecto ecléctico, capaz de proyectar e intervenir en cualquiera de los diferentes estilos históricos, aunque sin perder nunca de vista el sentido “unitario” de la doctrina clásica (véase VI, 1). Juan de Madrazo, también perfecto conocedor de los distintos sistemas constructivos, sin embargo, estará más preocupado por extraer principios constructivos del estudio de la arquitectura del pasado y, por tanto, más cercano a los intentos renovadores de la arquitectura enunciados por los “racionalistas neogóticos”. Si como opción arquitectónica el “neomedievalismo racionalista” de un Viollet-le-Duc era polémico, como “método” de restauración arquitectónica fue plenamente asumido por la Academia hasta finales de siglo, como vimos al pronunciarse en 1865 por medio de tres de sus más influyentes arquitectos sobre la gestión de Laviña en la catedral de León. También se incorporó rápidamente como procedimiento de estudio de la arquitectura medieval, como se puede observar en la obra de José Caveda que en 1848 hablaba de la arquitectura de la Edad Media como un “sistema”, tomando conceptos derivados de las investigaciones francesas. José CAVEDA Y NAVA. Ensayo...

 

15  El recorrido histórico en busca de modelos para la arquitectura se ampliaba especialmente con la espectacular apertura hacia los estilos medievales, aunque, como vimos, no todos los estilos del pasado se colocaron en un plano de igualdad en estas estimaciones históricas. Véase cap. I.

 

16  De hecho, fue frecuente que en los numerosos artículos que se dedicaron a revisar la actividad profesional de Madrazo se le vinculara y comparara con la figura de Viollet-le-Duc por la similitud de planteamientos y concepción arquitectónica que presentan los dos arquitectos.

 

17  La relación de las obras de Juan de Madrazo es consignada por Demetrio de los Ríos en su monografía sobre La Catedral de León (t. II, pp. 186-187), así como también puede consultarse en los artículos que le dedicó la prensa con motivo de su muerte y también a propósito de la concesión póstuma de la Medalla de oro del Premio Nacional de Bellas Artes de 1881 (véase V, 6). Otro articulo que resume su actividad como arquitecto fue el que redactó en el año 1900, fecha del vigésimo aniversario de la muerte de Madrazo, el también arquitecto Luis Mª CABELLO LAPIEDRA, “D. Juan de Madrazo y Kunz”, publicado en la sección “Galería de Arquitectos ilustres” de la revista Arquitectura y Construcción. Barcelona, 8 de marzo de 1900; n° 73; pp. 65-68.

 

18  El promotor de esta reforma fue Edward Oliver Mamby, a quien Madrazo había tratado durante su estancia en Inglaterra, donde conoceria a la que seria su mujer, Margarite Tewart. Pedro NAVASCUÉS, “Proyectos del siglo XIX para la reforma urbana de la Puerta del Sol”. Villa de Madrid. Madrid, 1968; nº 25, pp. 648-681.

 

19  Este informe, fechado en 1871, lo realiza Madrazo en sus primeros años de estancia en León ante la detención de las obras de restauración debido a los problemas presupuesta Ríos desde el año 1868 (V, 2). Un interesante estudio de este informe de Madrazo ha sido realizado por Javier HERNANDO y Antonio T. REGUERA, Reforma Urbana Liberal e Infraestructura de Saneamiento: El informe de Juan de Madrazo sobre León. León, 1987.

 

20  Javier HERNANDO CARRASCO, “Los neomedievalismos como opción racionalista”, en Arquitectura en España... p. 230.

 

21  Véase V, 3. Aplicar esta estricta distinción de las partes constructivas del edificio gótico entre activas o estructura y neutras o de cerramiento, es una división que fue posteriormente criticada, pero que abrió en gran medida el camino para el moderno entendimiento de la arquitectura en términos de estructuras.

 

22  Como hemos visto, (cap. I) el “funcionalismo estructural” atribuido a la catedral gótica, tornado como criterio para la crítica estética del edificio, justificaba la demolición de ciertos elementos “ociosos o de puro ornato” de la Catedral, y a la vez será el principio que determine la imagen constructiva y estética del edificio tras la restauración, tanto en sus disposiciones exteriores como interiores.

 

22  Como ya ha sido señalado, esta detención de las obras de restauración posibilitó que Madrazo dispusiera de tiempo suficiente para dedicarse a otras actividades; el informe sobre la situación de la infraestructura higiénica de la ciudad de León, la Farmacia de Domingo Merino, el plan de restauración de la torre de San Isidoro, un proyecto de fechada y obras en el Hospital de León, junto a otro proyecto de ventilación y calefacción del casino Leones, forman parte de estos trabajos que realizó el arquitecto durante sus primeros años de estancia en León, hasta que comenzó a elaborar los extensos proyectos de restauración de la Catedral.

 

24  Así le informaba el Obispo Calixto a Juan de Madrazo en carta del 21 de abril de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular.

 

25  Demetrio de los Ríos consideraba esta escasez presupuestaria directamente derivada de la inestabilidad política que se abrió con la revolución de septiembre 1868: “el desbarajuste revolucionario, las guerras civiles, los males infinitos que sobre España cayeron, –decía Ríos– no eran concausas las más felices para atender ni al Arte, ni a las Catedrales tan necesitadas de eficaces recursos como la de León”. Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II. p. 79.

 

26  “Lo que se debe por anticipado y lo mal empleado por Callejo importa más de la mitad, (...) pero lo importante es mover y continuar la ejecución de las obras hasta cubrir, que después el tiempo dirá lo que haya de hacerse”. Carta del obispo Calixto a Juan de Madrazo. León, 15 de marzo de 1869. A.C.L., C. Memorias y correspondencia particular.

 

27  Especialmente activa debió de ser la labor realizada por el diputado Ruperto Fernández Cuevas que manifestó en varias ocasiones su interés por las obras de restauración (Cartas de Gavino Zuñeda a Juan de Madrazo. León, 4 de octubre de 1869 y 7 de enero de 1870. A.C.L. ibídem), y de Santiago Franco Alonso, según refiere Demetrio de los Ríos, citando un informe de Madrazo (La Catedral de León, t. II, p. 78).

 

28  Informe de la Dirección facultativa de las obras de restauración dirigido al Cabildo de la catedral de León. Madrid, 25 de enero de 1870. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1.

 

29  Este informe de enero de 1870 estaba destinado a que el Cabildo, como encargado de la gestión administrativa de las obras, promoviera cerca del Ministerio de Gracia y Justicia la recaudación de fondos para proseguir los trabajos, toda vez que Madrazo indicaba que su “posición, puramente facultativa, es ajena a toda gestión oficial para procurar fondos con que seguir con los trabajos de restauración; las repercusiones de la cuestión administrativa son analizadas más adelante; véase V, 5.

 

30  Solicitud del Cabildo de la Catedral de León al Regente del Reino. León, 22 de febrero de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8053, Lg. 8841, Exp. n° l. En esta petición de fondos se afirmaba que correspondientes al presupuesto de 1868-1869, “se libraron 30.000 escudos, pero esta cantidad no alcanza a satisfacer servicios ya realizados y empréstitos para ellos bajo la garantía del difunto Prelado y de este Cabildo, a reintegrar cuando se recauden estos fondos”.

 

31  Informe de la Dirección facultativa de las obras de restauración de la Catedral de León dirigido al Ministro de Gracia y Justicia. Madrid, 29 de marzo de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8.054, Lg. 8.842.

 

32  Para estas obras se emplearon más de 400 sillares equivalentes a 80 metros cúbicos de fábrica de sillería. Informe de 18 de julio de 1871, citado por Demetrio de los Ríos, La Catedral de León, t. II, p. 77.

 

33  El botarel se realizó por el sistema de contrata que se adjudicó el 30 de abril de 1870 al cantero Alberto Lois. Este estribo comprendía 43 metros cúbicos de piedra y para su construcción se empleó piedra de Boñar y sillares almacenados en los depósitos de las obras (Adjudicación por contrata de la construcción del botarel oeste del brazo sur del crucero. Año 1870. A.C.L., C. Proyectos y obras ejecutadas, II).

 

34  Vicario capitular, Deán y Cabildo al Regente del Reino. León, 27 de octubre de 1870. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1. (copia en el A.C.L., C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno). Dos días después, el 29 de octubre, se dirigía el Cabildo a los Diputados a Cortes por la provincia de León. A.C.L., C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno (copia).

 

35  Comunicación de los Senadores por la provincia de León dirigida al Deán y Cabildo de la catedral de León. Madrid, 5 de mayo de 1870. Firmada por Antonio Cardeño, Fernando de Castro, J. Soto Vega y Felipe J. Llamazares. A.C.L., C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno.

 

36  Relación de Juan de Madrazo de 18 de Julio de 1871. (Citada por Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II, p. 77), y Citación del cantero Alberto Lois para recibir la piedra procedente de las canteras de Burgos, A.C.L., C. Proyectos y obras ejecutadas, II.

 

37  Traslado de la comunicación y presupuesto de la Dirección facultativa de las obras de restauración de la catedral de León. Comunicación del Gobierno eclesiástico del Obispado de León al Ministro de Gracia y Justicia. León, 13 de noviembre de 1872. (Presupuesto fechado en León a 9 de noviembre de 1872). A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1. Este presupuesto, con una cantidad estimada de 325.753 pesetas, comprendía los materiales y trabajos de encimbrado de la bóveda central del crucero y colindantes del brazo sur, presbiterio, nave, brazo norte y tres bóvedas bajas en las colaterales, el apeo y reedificación de la pila total sudeste, la piedra toba necesaria para la reconstrucción de las bóvedas, la sillería para la reedificación del brazo sur del crucero, pararrayos y restauración de las vidrieras de este brazo, es decir, los trabajos que se presentaran individualizados en los proyectos posteriores. Por otra pare, en la comunicación que adjuntaba, Madrazo calificaba estas obras como “las de mayor urgencia”, aunque también preveía los futuros trabajos, “de importancia relativamente secundaria”, (reconstrucción del hastial occidental, reparaciones de la torre de las campanas y reforma general de todas las armaduras de cubierta), así como “otras obras de complemento, necesarias en caso de que se trate de devolver a este magnifico templo aquella pureza con que fue ideado por sus constructores del siglo XIII”, (limpieza de los muros interiores, restauración de vidrieras y pavimentación). Es decir, en esta sumaria relación ya se encuentra esbozado todo el plan de restauraciones que se ejecutara en los siguientes decenios hasta la reapertura del templo al culto.

 

38  Oficio del Ministerio de Fomento dirigido al Director General de Obras Publicas. Madrid, 9 de mayo de 1873. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° l. Al mismo tiempo, se daba la autorización para realizar un gasto de 8.000 pesetas mensuales para los meses de mayo y junio y se reclamaba a la dirección de las obras la presentación de los documentos para las subastas y los antecedentes facultativos y de contabilidad.

 

39  Esta dependencia de la Sección de Construcciones Civiles de la Dirección de Obras Publicas es sumamente significativa de la progresiva “secularización” de los trabajos de restauración; la trascendencia ideológica de esta decisión es comentada más adelante, V, 5.

 

40  Informe de la Dirección Facultativa dirigido al Director General de Obras Públicas. León, 28 de abril de 1873. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° l. Con la misma fecha solicitaba Madrazo al Director General de Obras Publicas la aprobación de la nueva plantilla, donde incluía la propuesta del cargo de Auxiliar de Arquitecto para la elaboración de planos, presupuestos, pliegos de condiciones y subastas. Los cargos se aprobaron por Oficio del Ministerio de Fomento, con fecha 9 de mayo de 1873,.en que al tiempo que se confirmaba a Juan de Madrazo como Director de las obras de restauración de la catedral de León, se nombraba a Felipe Gómez Ortega Ayudante Auxiliar de las mismas.

 

41 Para estos trabajos de encimbrado en las bóvedas del presbiterio se empleó una cantidad de 15.694,88 pesetas que se invirtió durante el año económico de 1872-1873. Demetrio de los RÍOS, Cuadro resumen de Los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. A.C.L., Proyectos y obras ejecutadas II.

 

42  Véase en este mismo capítulo el apartado dedicado al “Proceso de construcción del encimbrado, (1876-1881)”.

 

43  A esta reunión del 10 de noviembre de 1875 convocada por el Obispo acudieron más de doscientas personas y, según se recoge en la prensa local, se llegó al acuerdo de designar una Junta Central nominadora de otras varias que estaría presidida por el Obispo y compuesta de ocho vocales, cuatro capitulares y cuatro laicos, los primeros nombrados directamente por el Obispo y los segundos designados por la Diputación Provincial, Ayuntamiento, Comisión Provincial de Monumentos y Sociedad Económica. El día 4 de diciembre se dio a conocer la composición final de la Junta General, que quedó definitivamente presidida por el Obispo Saturnino Fernández, con la vicepresidencia del Deán José de Colsa y Pando y actuando como Secretario Andrés Díez Pescetto, Canónigo Doctoral. Al mismo tiempo se formaron la distintas comisiones para gestionar la suscripción y redactar las circulares, con la siguiente división de atribuciones: comisión para gestionar la recaudación de fondos cerca del Gobierno de S. M., para dirigirse a la prensa nacional y extranjera, comisión encargada de la suscripción nacional y extranjera, para la suscripción diocesana y provincial, comisión para la redacción de circulares, para la suscripción en ultramar y una comisión especial denominada de “Hacienda”, para custodiar los fondos y nombrada por la Junta de Obras de restauración. El Porvenir de León, n° 1256, 13 de noviembre de 1875 y n° 1262, 4 de diciembre de 1875.

 

44  Las circulares tenían fecha de 25 de enero de 1876 y estaban firmadas por las máximas autoridades religiosas, civiles y militares de León, es decir, por el Obispo, Saturnino Fernández de Castro, el Gobernador civil, Nicolás Carreras, el Gobernador Militar, Joaquín de Souza, el Presidente de la Diputación, Marqués de Montevirgen, el Deán de la Catedral, José de Souza y Pando, el Alcalde de León, Antonio S. Chicarro, el Juez de Primera instancia, Francisco Vicente Escolano, por acuerdo y autorización de la Junta General, según firmaba el Doctoral secretario, Andrés D. Pescello.

 

45  Juicio pericial de las obras de restauración que es indispensable ejecutar a la mayor brevedad en el edificio-catedral de León para prevenir la ruina que está amenazando y asegurar su estabilidad, emitido en 3 de diciembre de 1875, a Instancias del Prelado Diocesano, por el arquitecto D. Juan de Madrazo, Director facultativo de dichas obras por nombramiento de S.M. a propuesta de la Real Academia de Bellas Artes.

 

46 Oficio del Director General de Construcciones Civiles dirigido al Presidente de la Junta de Obras de la catedral de León. Madrid, 30 de mayo de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp n° l. (copia). El motivo inmediato que provocó esta consulta sobre la suscripción pública fue el desconocimiento oficial de la misma hasta que Juan de Madrazo presentó ante el Ministerio de Fomento una solicitud con fecha 19 de mayo de 1876 para trasladarse a Madrid con objeto de redactar y publicar una memoria para allegar recursos con destino a las obras de restauración.

 

47  Informe del Obispo de León, Presidente de la Junta de Obras, dirigido al Director de Obras Publicas. León, 19 de julio de 1876. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053. Lg. 8.841, Exp. n° l.

 

48 El fracaso de los grandes proyectos “neomedievales” y “neocatólicos”, concebidos como símbolos ideológicos aglutinantes de las aspiraciones teocráticas de integrar al conjunto de las clases sociales, son el ejemplo claro de la incapacidad de evitar la disgregación social y la división de clases que imponía el pujante capitalismo industrial; las “catedrales neo-góticas” actuaron como un símbolo ideológico importante durante el siglo XIX. Véase, V. 5.

 

49  Juan de MADRAZO, Informe de 23 de marzo de 1870. Véase el plan de Hernández Callejo que representa el estado de la fechada meridional el 28 de junio de 1868, cap. IV.

 

50  Los trabajos auxiliares de carpintería los divide en dos tipos, “carpintería de armas”, consistentes en apeos, castillejos y andamiajes” y en “carpintería de taller”, es decir, elaboración de “plantillas, escantillones y maderos”. Informe de 28 de abril de 1873.

 

51 Estos trabajos de “restauración” en un principio, según dice Madrazo, se limitarían a las obras de “cantena”, “lisa, moldada o de talla”, pero ya señala que según avanzaran los trabajos habrían de extenderse a “otros ramos, como armaduras de cubierta, emplomados, herrería artística, vidrieras de colores, ebanistería, mármoles, bronces, etcétera”. Informe de 28 de abril de 1873.

 

52 Como indica Louis Grodecki, es precisamente este “método” de pensamiento y de razonamiento estrictamente arquitectónico lo que constituye el fondo y el interés actual de las teorías de Viollet-le-Duc, mas allá de sus tesis históricas, “visiblemente insuficientes y que no se han mantenido vigentes”. Louis GRODECKI, “Viollet-le-Duc et sa concepción de l’architecture gotique”. A.C.I. pp. 115-126.

 

53  Véase Est. Intr.

 

54  El concepto de “forma” arquitectónica, como apariencia visible, queda relegado a un puesto secundario en el conjunto de la teoría arquitectónica de Viollet-le-Duc: “La belleza, en un arte todo acuerdo y razonamiento, no aparece doblegada eternamente a una Bola forma: puede siempre residir allí donde la forma no es más que la expresión de la necesidad satisíecha, del judicioso empleo de la materia dada”. Eugéne VIOLLET-LE-DUC. “Construcción". Dict. rais. Integrado en el método de análisis arquitectónico de Viollet-le-Duc, la forma arquitectónica parece comportar, en su descomposición por medio de una serie de deducciones lógicas, tres componentes en los que se subsume el concepto de forma, como indica Bernard Thaon: la “forma organizadora”, subyacente y equiparable a la estructura, la “forma visible” o apariencia, y la “forma superficial”, Asímilable a la decoración u ornamentación. Entre estas tres Instancias del desarrollo conceptual de un mismo término se estableceía una red de relaciones en el organismo arquitectónico: la apariencia, la envoltura, se crea sobre una estructura, y la decoración, que viene a apoyar la apariencia, explica la estructura; (Bernard THAON, “Viollet-le-Duc, pensée scientifique et pensée architecturale”. A.C.I. pp. 131-142).

 

55  Eugéne VIOLLET-LE-DUC. “Restauration”. Dict. rais.

 

56  E. VIOLLET-LE-DUC. ibídem.

 

57  La arquitectura del siglo XIII –llegó a decir Viollet-le-Duc– es más todavía quizás una ciencia que un arte, y una ciencia tan positiva como la geometría”. Eugéne VIOLLET-LE-DUC. “Entretiens et restauration des cathédrales de France”, Révue Générale de l’Architecture. París, 1851.

 

58  Geer BEKAERT, “Introduction”. Entretiens sur l’architecture de Viollet-le-Duc. París, 1986. p. IX.

 

59  Giulio Carlo ARGAN, II Revival. Milano, 1974; ed. española, El pasado en el presente. Barcelona, 1977. “Introduction”. p. 19.

 

60  En este sentido, y en el contexto ya mencionado expresado por Louis Grodecki, también para Giulio C. Argan el interés actual que presenta la obra de Viollet-le-Duc y de sus epígonos reside en la creación de un “método”, que supone “el primer planteamiento del problema de la arquitectura realizado en términos de lingüística constructiva”, toda vez que distingue previamente, “el problema especifico del arte, en tanto que sistema operativo del problema estético en general”, distinción esta que le incluye en la línea teórica de los grandes “racionalistas utópicos” del siglo XVIII. La conclusión de Argan es clara: “podemos afirmar que no es el aspecto estilístico sino el criterio metodológico (fundamentalmente historicista) de Viollet-le-Duc lo que llega a losertarse (...) en la problemática de la arquitectura del siglo XX”. (Giulio Carlo ARGAN, El revival... p. 19).

 

61 El problema del estilo fue el tema clave de buena parte de las especulaciones teóricas de los arquitectos del siglo XIX. La idea de “estilo” tal como aparece formulada por Viollet-le-Duc no implicaba solamente la descripción clasificatoria de las obras de arte, sino también una idea de principio y de valor. Esta doble noción del “estilo” es recogida claramente por Viollet-le-Duc: “los estilos son las características que permiten distinguir las escuelas, las épocas” y “estilo” como “la manifestación de un ideal establecido sobre un principio” (Eugéne VIOLLET-LE-DUC, “Style”. Dict. rais p. 474). La arquitectura gótica es la encarnación perfecta de esta última acepción o “style absolu”: “porque la forma dada a la arquitectura no es más que la consecuencia rigurosa de los principios de la estructura, que procede de los materiales que se deben emplear, de la manera de ponerlos en obra, de los programas a los que debe satisfacer, de una deducción lógica del conjunto a los detalles, semejante a la que se observa en el orden de las cosas creadas”. Recuperar el “estilo” de la catedral de León era recuperar esta acepción del término.

 

62  Si bien hay que precisar que la adopción durante la Edad Media de un nuevo principio constructivo es explicada por Viollet-le-Duc como un complejo proceso en el que influyeron varias causas que se interrelacionan mutuamente, pues el principio de elasticidad que sustituye al romano de equilibrio absoluto surge como la imposibilidad de utilizar los materiales resistentes empleados por los romanos; en último término, esto es debido a la distinta organización social y política de ambos periodos históricos. Es decir, en su esquema de argumentación histórica laten los modelos de explicación deterministas –determinismo del medio y de las nacionalidades– tan desarrollados en la historiografía francesa del momento.

 

63  Eugéne VIOLLET-LE-DUC. “Restauration”. Dic. rais.

 

64  Juan de MADRAZO, Informe de 23 de marzo de 1870.

 

65  Juan de MADRAZO, Informe de 28 de abril de 1873.

 

66  ibídem.

 

67  Eugéne VIOLLET-LE-DUC, “Construcción”. Dict. rais.

 

68  Juan de MADRAZO, Informe de 28 de abril de 1873.

 

69  A partir del exhaustivo estudio realizado por Juan de Madrazo de las condiciones estructurales de la catedral gótica al proyectar su encimbrado, fue frecuente que los proyectos de consolidación estructural comenzara con una exposición de estos principios de “equilibrio activo” de la construcción medieval para proponer en consecuencia la restauración precisa.

 

70  Este carácter necesariamente provisional del impresionante y meditado entresijo de maderas que componían el encimbrado fue lamentado por Demetrio de los Ríos, que, en su proyecto de restauraciones parciales de 1885, decía que era “de desear que para perpetua recordación de una obra tan aplaudida y meritoria se conservase armado en cualquier lugar que la Superioridad eligiese alguno o varios tipos característicos y principales de tan estudiada carpintería”; esta proposición la repitió literalmente en su monografía póstuma sobre la catedral de León, a la que añadió como ejemplos la reproducción gráfica de unos modelos de encimbrado de bóveda y de apeo ejecutados por él mismo una vez que ya habían sido desmontadas las cimbras, y que podrían ser utilizados como material didáctico, “si se crea una Cátedra de Conservación y Restauración de Monumentos Arquitectónicos en la Escuela Superior”, por las enseñanzas que del encimbrado podrían extraerse para el conocimiento y aplicación de los medios de construcción góticos (Demetrio de los RÍOS. La Catedral de León. t. II; p. 89).

 

71  Juan de MADRAZO, Proyecto de encimbrado de las bóvedas altas de la Catedral de León. Doc. 2°, “pianos”. León, 28 de enero de 1874. A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847, Exp. n° 2. (Una copia de la hoja 2, “Corte longitudinal” y otra de la 4ª, “Pormenores de ejecución”, se encuentran en el A.C.L., rollos sin catalogar).

 

72  Demetrio de los RÍOS, Proyecto de encimbrado de la bóveda alta del ábside, adicional al de la nave principal del oeste. León, 6 de abril de 1880. A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.846, Exp. n° 4/3.

 

73  José ARTOLA Y FONTELA y Luis PATINO Y MESA, “La Catedral de León”. Memorial de Ingenieros del Ejercito. Madrid, 15 de abril de 1883, n° VIII, pp. 57-59; 1 de mayo de 1883, n° IX, pp. 65-67; 15 de mayo de 1883, n° X, pp. 75-77, y 1 de julio de 1883; n° XIII, pp. 100-102.

 

74 Juan de MADRAZO, Proyecto de encimbrado de las bóvedas altas de la Catedral de León. Doc. n° l, “Memoria descriptiva”. León, 28 de enero de 1874. (El proyecto se completa con los planos, ya mencionados, el pliego de condiciones facultativas –doc. n° 3– y el presupuesto –doc. n° 4–). A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847, Exp. 2. Este proyecto, a consecuencia del informe emitido por la Junta Consultiva de Caminos Canales y Puertos, hubo de ser completado por Madrazo con la realización de los Cálculos referentes a la Memoria descriptiva del Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas, fechados en León a 18 de macro de 1875; estos cálculos se acompañaban de dos láminas, la primera, referente a los cálculos de resistencia del arco toral del norte, y la segunda, que mostraba gráficamente los cálculos de resistencia del castillejo central para la elevación de los materiales y sostenimiento de las cimbras superiores. A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847.

 

75  Juan Bautista LÁZARO, “La Catedral de León”. Segunda conferencia explicada el 9 de mayo de 1884. A.D.C.I. Madrid, 25 de julio de 1886; n° 14; año XI; pp. 209-212. La descripción de Lázaro también venía acompañada de una serie de reproducciones esquemáticas de los principales tipos de cimbra empleados por Juan de Madrazo.

 

76  Para un conocimiento detallado de los pormenores del encimbrado, aparte de los planos aquí presentados, se pueden consultar el resto de las fuentes documentales citadas a lo largo de estas páginas, y muy especialmente la “Memoria” del proyecto de encimbrado de 1874, en donde Madrazo realiza una descripción completa y pormenorizada de todos los tipos de carpinterías utilizados.

 

77  Eugéne VIOLLET-LE-DUC,

 

78  Eugène VIOLLET-LE-DUC, ibídem.

 

79  Para los racionalistas neogóticos la deducción de la totalidad del sistema constructivo en función de las bóvedas era el método de razonamiento óptimo para la proyección de cualquier tipo de edificio, toda vez que hacía derivar la totalidad arquitectónica de la resolución de la primera y más primaria necesidad funcional que debe resolver una construcción, como es aislar un determinado volumen del exterior. Así lo indicaba Viollet-le-Duc comentando la estricta racionalidad del método de proyecto gótico, resultado de la coherente solución de esta necesidad funcional primaria: “¿Qué se desea cuando se construye un edificio abovedado? Cubrir una superficie. ¿Cuál es el propósito que se pretende conseguir? Establecer bóvedas sobre puntos de apoyo. ¿Cuál es el objeto principal? La bóveda. Los puntos de apoyo no son más que los medios”. (“Construcción”). Es en este “método de razonamiento deductivo” en el que Viollet-le-Duc fundamenta su “revival neogótico”. La perduración del principio y del procedimiento supera su carácter histórico, como plena aplicación del método de proyecto en la época gótica, para convertirse en un principio válido para cualquier arquitectura que pretenda ser “lógica”. El problema básico de la arquitectura es crear un espacio interior, (y aquí los ecos de la “cabaña primitiva” de Laugier y de las ideas de los revoluciona Ríos iluministas son evidentes), con lo que el problema de la arquitectura es ante todo para Viollet un problema de pura construcción que encontró solucionado en su máxima racionalidad en la arquitectura gótica (y aquí es donde se separa de los “revoluciona Ríos” del siglo XVIII, al establecer el problema de la arquitectura plenamente sumergido en la historia). Para el arquitecto francés el requerimiento de crear el más amplio espacio cubierto posible era la principal preocupación que se planteaba a la arquitectura moderna para satisfacer las necesidades de la nueva sociedad industrial: “El carácter general de la arquitectura moderna es la amplitud. Ninguna civilización ha necesitado más que la nuestra cubrir vastas superficies”, y precisa, “bien entendido que no hablamos aquí más que de la dimensión utilizable” (VIOLLET-LE-DUC, “Caractère de l’architecture gothique”. Gazette des architectes et du bâtiment, extrait de XIIIème des Entretiens sur l’architecture. París, 1868-1869; t. IV, n° 14). La renovación de la arquitectura moderna debía realizarse a través de la solución “verdadera” del programa constructivo por el arquitecto: “Ser verdadero según el programa significa –decía Viollet– cumplir exacta y simplemente las condiciones impuestas por la necesidad” (Eugène VIOLLET-LE-DUC, Entretiens sur l’architecture. t. I; p. 451). La principal necesidad de la sociedad moderna era conseguir espacios amplios y despejados. Las catedrales góticas habían abierto el camino en este sentido con sus amplias naves abovedadas. No se trataba por consiguiente de recuperar las formas de éstas, sino de aplicar, desarrollar y adaptar sus principios a las necesidades contemporáneas. La racional solución a estos requerimientos traeria consigo una arquitectura propia y peculiar del su momento, una arquitectura con “carácter” propio. Los intentos experimentales de buscar esta nueva arquitectura, racional, con los espacios amplios Y despejados requeridos por las nuevas funciones sociales, se pueden comprobar en las planchas de los Entretiens sur l’architecture, donde la bóveda define el proyecto a través del método de razonamiento señalado. (por ejemplo, véanse Entretiens, planches XIX, XXI, XXII y XXV –“voûtes en fer”– y XXVI).

 

80  Según denominación de Eugène VIOLLET-LE-DUC, “Construcción”.

 

 

81  La atribución de una función constructiva a los nervios de la bóveda de crucería gótica como razón de ser de los mismos y como principio de explicación del sistema gótico es llevada a su máxima expresión por E. Violletle-Duc. Sin embargo, sin alcanzar el carácter profundo y sistemático que encontramos en los análisis del Viollet-leDuc o del propio Juan de Madrazo, se pueden rastrear con anterioridad a la formulación de estas teorías un cierto número de antecedentes o precursores en esta temática. Desde el periodo medieval se puede documentar un interés por esta cuestión en el abad SUGER, que en su De Consecratione, ofrece la descripción implícita del sistema constructivo gótico que testimonia un cierto conocimiento, al menos hipotético, del funcionamiento de la estructura de la iglesia gótica donde el empuje de las bóvedas se equilibra con el contrarresto de los arbotantes; en un mismo sentido puede citarse, a finales del siglo XII, al monje GERVAIS DE CANTERBURY, que ofrece una clara distinción entre los principios de la arquitectura románica y gótica en su Chronica GervAsíi, pars prima, incipit tractatus de combustione et reparatione Cantuarensis ecclesiae (edic. W. Stubbs. London, 1879); los informes de los expertos llamados para diagnosticar sobre la estabilidad de las catedrales de Chartes (1316), Milan (1399) o Gerona (1417), demuestran cómo la discusión sobre las cualidades constructivas de la bóveda gótica durante la baja Edad Media se limita a juicios periciales sobre las obras mismas, sin ser motivo de discusión en el terreno de los tratados teóricos de arquitectura. En el periodo renacentista se encuentran interesantes reflexiones sobre la naturaleza mecánica del arco apuntado en Leónardo da VINCI (manuscrito A 50a del lostitut de France en París) o en las opiniones sobre las cualidades constructivas del gótico en Philibert de l’ORME (Le Quatrieme livre de l'Architecture) y, a mediados del siglo XVII, en las reflexiones del jesuita DERAND que dedica a las “voûtes modernes ou a ogives” un capítulo de su tratado De l’art des traits et coupe des voûtes (1643). Un siglo después estas reflexiones son continuadas por Amédée FREZIER en su tratado sobre la Théorie et la Coupe des Pierres (1737-39), donde afirma que las bóvedas góticas “si no tuvieran este aspecto desagradable a la vista, serian sin duda preferibles a nuestras nuevas bóvedas por varias razones”; entre estas razones se encuentran la economía de materiales y de trabajo, debido a su delgadez y ligereza y la economía estructural, en razón al débil empuje que ejercen sobre los soportes que permite ahorrar un gran espacio de muros en relación con el que es necesario para la estabilidad de las bóvedas de canón; es decir, Frezier, pese al rechazo estético de la bóveda gótica, enuncia sus ventajas mecánicas de un modo aproximado al que se realizara en el siglo XIX. En sus Observacións sur l’Architecture (1765) Marc-Antoine LAUGIER realiza Asímismo una exposición de la estructura constructiva gótica incluso, es más, si Laugier critica los elementos de la decoración gótica, propone sin embargo el uso libre de la estructura gótica que abre el camino para una nueva estética de la arquitectura. Con Jacques Germain SOUFFLOT tenemos un testimonio práctico y no sólo teórico: en su Memoire sur l’Architecture Gothique, leida ante l’Académie des Beaux Arts en 1741, ofrece un análisis de la estructura gótica sumamente preciso. Por último, antes de la eclosión del movimiento neogótico con Didron, Lassus, Viollet-le-Duc y sus seguidores, tenemos al comienzo del siglo XIX la importante obra de los Antiquaires franceses que preparan el terreno para el redescubrimiento gótico; especialmente importante en este sentido fue el Abécédaire de Arcisse de CAUMONT donde encontramos resumido el análisis de la estructura gótica antes de la gran obra teórica de Violletle-Duc. (John FITCHEN, The construcción of Gothic Cathedrals. A study of Medieval Vault Erection, Chicago, 1961; Midway Reprint, 1977, y Bruno QUEYSAÚNE, “Les precurseurs de la pensée des voûtes gothiques”, Nervures gothiques, Journal d’Histoire de l’Architecture. Grenoble, 1989; n° 2; pp.7-22).

 

82  Juan de Madrazo en su “memoria” del proyecto de encimbrado utiliza el termino arc-botante como traducción literal del francés arc-boutant, es decir, “arco que empuja”, que alude a la función activa de este elemento constructivo como contrarresto de las bóvedas.

 

83 La importancia del proyecto de encimbrado de Juan de Madrazo reside, a nuestro juicio, no tanto en su intrínseca complejidad como sistema de carpintería de armas, sino, antes bien, en que está concebido en directa relación con la elaboración teórica previa de un modelo de explicación e interpretación del mecanismo de funcionamiento de la catedral gótica. El proyecto de encimbrado cumple la función inmediata de entibación y medio auxiliar para la reconstrucción y restauración de las bóvedas deterioradas; pero la importancia del proyecto reside en cómo las carpinterías se adaptan a los tipos estructurales del edificio gótico, adecuación posible por el estudio previo que Madrazo realiza de la función resistente o estática de la Catedral, que concibe la estructura en sí misma y en sus relaciones con el resto de los elementos constructivos e incluso decorativos; es más, el modelo de explicación “constructiva” del sistema gótico concibe esta función estructural del edificio como premisa previa que ha de conducir al resultado “estético” de la restauración, en cuanto se requiere que la apariencia externa arrastre a la íntima comprensión de los fenómenos constructivos y funcionales de la catedral gótica. La atinada unión en el proyecto de las condiciones estáticas de la estructura del edificio, a las que sirve directamente el encimbrado, con el profundo conocimiento de las características mecánicas de los materiales y de las técnicas de construcción, permiten a Madrazo llegar a una solución óptima, puesto que la reparación del sistema de bóvedas está pensada en relación con la estructura del edificio y, a su vez, unida de modo lógico y consecuente con la traza y detalles del conjunto y las exigencias estéticas de la restauración. Es decir, el principal criterio que preside la restauración es el “constructivo”, interpretado para la catedral gótica como “funcionalismo estructural” de todo sus elementos o recuperación del “orden intelectivo” del edificio.

 

84  Estas consideraciones desarrolladas por Madrazo acerca de los empujes y resistencias que ofrece el sistema de bóvedas, previas al proyecto de encimbrado propiamente dicho y pensadas como fundamento indispensable para determinar la correcta estructura de las cimbras, no fueron, comprendidas, sin embargo, por la Junta Consultiva de Caminos Canales y Puertos que, al emitir su informe sobre el proyecto de encimbrado juzgaba que el estudio del conjunto y enlace de las bóvedas y su función mecánica “no corresponden al caso actual, toda vez que no se trata al presente del proyecto de reconstrucción de las bóvedas que exige la reparación completa de la Catedral (...), sino como consecuencia de éste, el de cimbrado que debe establecerse como medio auxiliar, y procediendo por lo tanto únicamente a tomar en cuenta las fuerzas de gravedad que tienen que actuar sobre las cimbras durante la ejecución de los arcos, combinado esto con las demás condiciones que deben llenar, de fácil descimbrado y de servir al propio tiempo de andamios para las operaciones”. Informe de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos sobre el proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la catedral de León. Madrid, 3 de agosto de 1874. A.G.A. (E. y C.), C. 8062, Lg. 8847, Exp. n° 1.

 

85  Juan de MADRAZO, nota 7ª. Proyecto de encimbrado...

 

86  Juan de MADRAZO, “Construcción de los tramos de bóveda” y nota 5ª. Proyecto de encimbrado... Madrazo, de acuerdo con las investigaciones “arqueológicas” publicadas en la década de 1840 en los Aúnals Archéologiques de Didron, realiza en esta nota quinta de su proyecto de encimbrado la distinción terminológica y conceptual el “arco apuntado” y la “ojiva”: el primero es definido como “el arco compuesto de dos segmentos de circunferencia que puede ser de 3°, 4°, 5° punto según que su cuerda se divida en tres, cuatro o cinco partes para la situación de sus dos centros”; el termino “ogiva” hace referencia “a los aristones diagonales que se cruzan en una bóveda”, (...), “la palabra ogiva de ninguna manera designó la curvatura de un arco o bóveda sino una parte de refuerzo, un apoyo”. (Esta distinción la toma Juan de Madrazo literalmente de Jean-Baptiste Lassus, según cita en el proyecto, “Compte rendu 1399”, Bulletin du comité des monuments historiques).

 

87  Juan de MADRAZO, “Entrepaños de bóveda”. Proyecto de encimbrado...

 

88  La cuestión acerca de si las ojivas, los nervios de la bóveda de crucería, han desempeñado un papel constructivo en la arquitectura de la Edad Media, ha sido un tema polémico ampliamente tratado y de difícil solución. El desarrollo teórico de la polémica sobre los “nervios góticos” presenta unos hitos bibliográficos fundamentales, que referiremos brevemente, sin entrar en una exposición detallada de todos los posicionamientos teóricos de la historiografía al respecto. La doctrina “racionalista” que venimos desarrollando en estas paginas fue formulada del modo más amplio y coherente por E. Viollet-le-Duc a lo largo de los artículos y publicaciones que hemos citado. Su aplicación como modelo de interpretación de la arquitectura medieval y método para las restauraciones de edificios fue de amplia difusión por toda Europa durante toda la segunda mitad del siglo XIX y primeros decenios de nuestra centuria. Las criticas a estas doctrinas comenzaron, como hemos visto, en torno al primer decenio del siglo XX. Sin embargo, el tema de la naturaleza y función de los nervios en la bóveda de crucería seria objeto de un estudio amplio, profundo y detallado por parte del arquitecto Pol ABRAHAM, que depositó su tesis en el año 1923 en la Escuela del Louvre, con el título Viollet-le-Duc et le rationnalisme mediéval, y que fue publicada en 1934. El objetivo de esta tesis, en opinión de Françoise Very, era “hacer pasar a Viollet-le-Duc y la arquitectura gótica por la criba de las ciencias de la construcción modernas”; (Françoise VERY, “Eugene Viollet-le-Duc, Pol Abraham et Victor Sabouret”. Nervures gothiques. Grenoble, 1989; pp. 23-31). En la página tercera de su libro Pol Abraham declaraba que “es a Victor Sabouret a quien hay que atribuir el honor de haber hecho nacer la duda en los espíritus de los arqueólogos”; en efecto, Víctor SABOURET, ingeniero jefe de Puentes y Caminos, publicó el 3 de marzo de 1928 un interesante artículo en Le Génie Civil, cuyo título resumía el centro de la polémica: “Les vootes d’arêtes antes nervurées. Rôle simplement décoratif des nervures”. Ya en 1924 en su articulo “Grandes églises voûtées en béton armée” afirmaba que los nervios no tenían razón de ser “constructiva” en las bóvedas góticas. En 1934 Sabouret publica otro articulo en Le Génie Civil sobre “L’évolution de la voûte romane du milieu de XIème au début du XIIème siècle”, que comienza afirmando: “este órgano característico de las iglesias góticas (los nervios), opinamos que es esencialmente decorativo y desprovisto del valor constructivo que le han. atribuido Viollet-le-Duc, Choisy y sus continuadores”. En 1939 la revista Recherche publicaba su primer número que tituló “Le probléme de l’ogive” con seis artículos, verdadera “puesta a punto” del problema, abordado en toda su dimensión: Henri FOCILLON, “Le probléme de l’ogive”, Pol ABRAHAM, “Les données plastiques et fonctionnelles du probleme de l’ogive”, Walter H. GODFREY, “L’art ogival, raison esthétique plutôt que nécessité fonctionnelle”, Elie LAMBERT, “La croisée d’ogives et l’architecture islamique”, Gurgis BALTRUSAITIS, “La croisée d’ogives dans l’architecture transcaucasienne” y Marcel AUBERT, “Origine et développement de la voûte sur croisée d’ogives”. En 1951, Louis REAU y Gustave COHEN, en su obra L’art du Moyen-Age. Arts Plastiques. Art littéraire et la civilisation française, tratan el problema de las bóvedas de crucería en su capítulo IV, donde comienzan con la referencia a la polémica del tema, “Esta teoría del «racionalismo medieval», que ha tenido las más felices consecuencias para el desarrollo de la arquitectura moderna, ha sido recientemente replicada por dos técnicos, V. Sabouret y P. Abraham”; el desarrollo de la problemática se realiza con el resumen de las posturas contrarias. En la bibliografía en lengua española las contribuciones al problema son notables. En marzo de 1944 Buenaventura BASSEGODA MUSTÉ publicó un interesante articulo titulado “Racionalismo a ultranza en la arquitectura ojival” (Memorias de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. Barcelona, 1944; vol. XXVII-n° 4; n° 564; pp. 123-138) que sirvió de punto de apoyo fundamental para la realización del ensayo del arquitecto argentino Carlos CURCIO, Estudio y reflexiones. Sobre estructuras medievales y equilibrio de la Catedral gótica de Reims (1967), donde losiste sobre el factor heterogéneo de las estructuras góticas por contra de la idea unitaria desarrollada en el siglo XIX (véase de Alicia DE FISHER, “Quelques réflexions sur «Etudes et Reflexions» de Luis Carlos Curcio”, Nervures gothiques, pp.33-51. Grenoble, 1989). Por último la importante bibliografía del ingeniero Eduardo TORROJA MIRET presenta importantísimas reflexiones sobre las estructuras constructivas, Razón y Ser de los tipos estructurales, C.S.I.C., reedición 1991). El tema nuevamente ha sido puesto de actualidad, dado su carácter complejo y polémico, con la publicación del Département d'Histoire de l’Architecture de Grenoble en el Journal d’Histoire de l’Architecture del número dedicado monográficamente a Nervures gothiques. La question du rôle constructif des nervures gothiques (n° 2, Grenoble, octobre 1989), en donde, además de las contribuciones referidas, que muestran una interesante reflexión sobre el problema considerado en la revisión de las aportaciones teóricas y su polémica, se realiza la aplicación del análisis por medio de las técnicas informáticas modernas al estudio del problema; Aúne COSTE, Yves FELIX, Eric GASTINE y Pierre VEDRINE, “Contribution des techniques modernes des ingenieurs à l’étude d’une voûte gothique”, pp. 89-92. Si todos estos estudios sobre el papel de los nervios u ogivas en la bóveda gótica de crucería llevan a la conclusión general de que las teorías racionalistas que atribuían a los nervios una función “portante” son a menudo ilusorias debido a su exceso de racionalismo y abstracción, al tiempo que los principios del “dinamismo” y la “elasticidad” son desmentidos por el análisis moderno de la construcciones medievales, todo ello, sin embargo, no invalida en su totalidad el modelo teorético de explicación del sistema gótico elaborado por Viollet-le-Duc y desarrollado por sus seguidores; antes bien, creo que a estas alturas es preciso señalar con Louis GRODECKI los aspectos permanentes de este modelo, que "encuentra aún su aplicación práctica en los trabajos de consolidación y de restauración de los monumentos góticos y que ha alimentado a los sistemas modernos de arquitectura «como esqueleto portante», donde las cargas son estrictamente localizadas” (Louis GRODECKI, Architecture gothique, “Définitions constructives”. Paris, 1976; p. 13). De hecho, en el proceso de restauración de la catedral de León, como vemos, la interpretación constructiva elaborada por Madrazo del sistema gótico en su división entre las partes activas y pasivas de su estructura, como método de restauración, produjo fecundos resultados y dotó de una perdida coherencia interna al maltrecho organismo constructivo de la Catedral.

 

89  Juan de MADRAZO, “Contrarrestos de los arcos que componen la bóveda del crucero” y “Contrarrestos de los arcos que componen un arco de bóveda”. Proyecto de encimbrado...

 

90  Juan de MADRAZO, “Contrarrestos de los arcos que componen un tramo de bóveda”. Proyecto de encimbrado... La inclusión de los arc-botantes como elementos fundamentales para el contrarresto de las bóvedas altas llevará a que en el proyecto se proponga su encimbrado, como un componente activo de la osatura o estructura viva del edificio.

 

91  Juan de MADRAZO, “Consideraciones relativas al proyecto en general”. Proyecto de encimbrado...

 

92  Informe de la Junta consultiva...

 

93  fechados en León a 18 de marzo de 1875. A.G.A. (E. y C.), C. 8.062, Lg. 8.847.

 

94  Compárense estas líneas de fuerza con las que presenta Viollet-le-Duc para demostrar la acción mecánica del arco apuntado. Sobre los sistemas de cálculos empleados por Viollet-le-Duc véase el trabajo de Bernard COLLE'TIE, “Viollet-le-Duc et la pensée mathematique au XIXème siécle”. A.C.I. pp. 73-91.

 

95  Juan de MADRAZO, “Cimbras que se templan de costado”. Proyecto de encimbrado... Para su representación gráfica, véase el dibujo superior de la hoja 4ª del Proyecto, “Alzado de las cimbras para las ogivas (arcos diagonales)”.

 

96  La descripción detallada de cada uno de estos tipos concretos de cimbra puede consultarse en la 2ª parte del Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas: “cimbras de arco transversal”, “cimbras de arc-botante inferior”, “cimbras de arc-botante superior”, “cimbras de arco toral”, “cimbras de arco formero” y “cimbras de arco diagonal del crucero y tramos de bóveda”.

 

97  Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado del brazo norte del crucero y arbotantes exteriores en la parte este de la Iglesia. León, 15 de octubre de 1877. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° l.

 

98  Véase III,2.

 

99  Demetrio de los RÍOS, Proyecto de encimbrado de la bóveda alta del ábside.

 

100  Para el conocimiento concreto de las distintas partes que forman las carpinterías véase la 2ª parte, “Description detallada del proyecto”. Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la Catedral de León.

 

101  El Proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la Catedral de León de Juan de Madrazo, fechado el 28 de enero de 1874, fue remitido a la Academia de Bellas Artes de San Fernando que emitió su informe el 31 de marzo de 1874 plenamente favorable a su aprobación, (A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l). Como ya señalamos, el proyecto de Madrazo fue también examinado por la Junta Consultiva de Caminos Canales y Puertos que en su informe de 3 de agosto de 1874 consideraba que era necesario adjuntar los cálculos referentes a la resistencia de las carpinterías del crucero, como condición previa a la aprobación definitiva del proyecto. Estos Cálculos referentes a la memoria descriptiva del proyecto de encimbrado para las bóvedas altas, como ya ha sido indicado más arriba, fueron elaborados por Madrazo con fecha 18 de marzo de 1875, y se sometieron al examen de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que emitió su informe completamente favorable a la aprobación total del proyecto el día 14 de mayo de 1875. El proyecto de encimbrado para las bóvedas altas fue definitivamente aprobado por Real Orden de 26 de mayo de 1875. Una vez aprobado el proyecto, se efectuaron las subastas para la adjudicación de las obras que, según se proponía en la memoria, habrían de realizarse por el sistema de contrata: la primera subasta tuvo lugar el 23 de junio de 1875 (previa publicación de las condiciones en el Boletín Oficial de la provincia de Madrid, n° 135 y de León n° 144), pero, por no presentarse licitadores, se realizaron dos subastas mas, el 26 de agosto y el 20 de octubre de 1875 respectivamente, que tampoco encontraron postores. Por ello el Ministerio de Fomento, por Real Orden de 3 de junio de 1876, decretaba que se ejecutaran por administración las obras de encimbrado contenidas en el proyecto aprobado el 26 de mayo. de 1875. Por tanto, el encimbrado de los tramos de bóvedas altas correspondientes al primer proyecto de Madrazo se comenzó a partir de junio de 1876 y se realizo en su mayor parte durante este ano y el de 1877; (los asentamientos de cuentas muestran que en el año económico de 1876-1877 de las 86.854,08 pesetas presupuestadas se emplearon 41.448,44 y en el año siguiente, 78-79, 24.594,70, mientras que en los dos años siguientes ya sólo se invirtieron 8.343,94 y 5.886,51 respectivamente, con lo que se puede asegurar que la mayor parte de la obras del encimbrado de estos tramos de bóvedas se ejecutaron entre 1876 y 1877. (Demetrio de los Ríos, Cuadro resumen de los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. León, 1 de julio de 1882. A.C.L., Proyectos y obras ejecutadas II, y también, A.C.L., Libros de cuentas, años 1876-1878).

 

102  A estos dos presupuestos se suma otro Presupuesto adicional correspondiente al proyecto aprobado del encimbrado para las bóvedas altas, con la misma fecha, formado como consecuencia de una subida de los precios inicialmente presupuestados para la madera y transportes que obligaron a realizar un nuevo ajuste presupuestario. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l.

 

103  Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado del brazo Norte y arc-botantes exteriores en la parte Este de la Iglesia. León, 15 de octubre de 1877. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l.

 

104  Juan de MADRAZO, Presupuesto de encimbrado en la Nave principal del Oeste y arc-botantes exteriores correspondientes a esta nave. León, 15 de octubre de 1877. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l. Según señala Madrazo, estas obras estaban destinadas “a atar la primera crucería del Occidente con las importantes carpinterías que hay que construir en su día para el apeo de los dos cuerpos superiores de la fechada principal”, con lo que ya anticipaba el posterior proyecto de reconstrucción del hastial occidental que realizo su sucesor Demetrio de los Ríos.

 

105  Estos presupuestos elaborados por Juan de Madrazo, que completaban el encimbrado de las bóvedas altas (salvo la correspondiente al ábside) y la totalidad del encimbrado los arbotantes exteriores, pasaron a examen de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos que emitió los informes favorables de los tres presupuestos el 13 de noviembre de 1877. Los presupuestos fueron aprobados y mandados ejecutar por administración por Real Orden de 27 de noviembre de 1877. Su ejecución se llevó a cabo fundamentalmente entre los años 1877 a 1880. (En el encimbrado de la nave principal, con un presupuesto de 97.805,61 pts., se invirtieron 16.134,54 pts. en los dos meses finales de 1877, 60.804,51 pts. el ano 1878-79 y en los dos años siguientes, de 1879 a 1881, 15.603,84 pts. En cuanto al encimbrado del brazo norte, con un presupuesto total de 55.804,46 pesetas, los gastos se distribuyeron del modo siguiente: 16.542,27 pts. en el ano 1878-79 y en los dos siguientes 14.548.98 pts. -el resto de las cantidades se emplearía para rematar el proyecto-. Demetrio de los Ríos, Cuadro resumen de los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. León, l de julio de 1882. A.C.L., Proyectos y obras ejecutadas II, y A.C.L., Libros de cuentas, 1878 a 1880.

 

106  Demetrio de los RÍOS, Proyecto de encimbrado de la bóveda alta del ábside, adicional al de la Nave principal del Oeste. León, 6 de abril de 1880. A.G.A. (E. y C.), C.8.062, Lg.8.843, Exp.n°413.

 

107  En el mismo estado ruinoso se encontraba el primer tramo de bóveda correspondiente al brazo norte del crucero, apoyada en el arco toral de este lado, por lo que Demetrio de los Ríos procedió a desmontar al mismo tiempo este tramo de bóveda que, sin embargo, no ofrecía el mismo peligro que el segundo del presbiterio, puesto que su tramo inmediato, el segundo del brazo norte, se encontraba ya encimbrado y además estaba adosado al hastial del norte donde se apoyaba. Por el contrario, la bóveda del ábside, solamente apoyada en el ruinoso segundo tramo del presbiterio y sin encimbrado, estaba “completamente desamparada”, razón por la que Ríos consideraba el encimbrado del ábside una obra de urgente necesidad.

 

108  Otra causa que movía a Demetrio de los Ríos a solicitar el encimbrado de la bóveda del ábside era que, como argumentaba en la “memoria” del proyecto de encimbrado, “bajo el concepto arqueológico tiene indispensablemente que restaurarse, bien para quitarle las feas pinturas del siglo XVIII que tanto difieren del carácter general del Templo, bien para reparar los arcos de descarga suprimidos en aquella inopinada reconstrucción”.

 

109 Otras diferencias del encimbrado del ábside con respecto al resto de las cimbras son debidas a la supresión de los aprestes de almas para los andamios y al refuerzo con tornapuntas y sopandas de la plataforma en que descansan los cartabones, motivado por la mayor distancia que tienen los cuchillos.

 

110  El informe de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos sobre el proyecto encimbrado del ábside elaborado por Demetrio de los Ríos fue favorable y propuso que se ejecutara el encimbrado, como de hecho se hizo con rapidez, pese a que, como se decía en las conclusiones del informe, “la sesión encuentra un tanto oscura la redacción de la memoria extractada”. No obstante, la Junta Consultiva se negó a acceder al desmonte del altar mayor de la Catedral solicitado por Demetrio de los Ríos, por considerar la Junta que no estaba motivado este desarme, “pues se funda sólo en consideraciones artísticas respecto a la disparidad entre su estilo y el del templo”, así como, en consecuencia, también denegó la propuesta de Ríos de construir otro en su lugar, por estimarse “que la demolición o desarmado del altar mayor no se demuestra que sea indispensable para el encimbrado”. Informe de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos del Proyecto de encimbrado para la bóveda alta del ábside. Madrid, 19 de mayo de 1880. A.G.A. (E. y C.), C.8.054, Lg.8.842.

 

 

111  Juan de MADRAZO, Proyecto de reconstrucción del hastial del sur de la Catedral de León. León, 20 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C.8.061, Lg.8.846, Exp.n°2.

 

112 Hubert DAMISCH, Viollet-le-Duc. L'Architecture raisonnee. Paris, 1964 (reed. Paris, 1990) y “Les Entretiens sur l'Architecture ou du structuralisme au fonctionnalisme”. A.C.I. pp.93-101. Esta posición ha sido matizada por Philippe BOUDON, “Le Voile de l'Edicule”, Analyse du Dictionnaire raisonnee de l'architecture franfaise du XIe au XVIA siecle par E. Viollet-le-Duc, architecte (A.R.E.A. Paris, 1978). Estas observaciones son aplicadas de nuevo directamente al texto de Viollet en una edición de fácil acceso: Philippe BOUDON y Philippe DESHAYES, Viollet-le-Duc. Le Dictionnaire d'architecture. Bruxelles, 1979. Boudon, en su amplia bibliografía, ha seguido desarrollando la interpretación del pensamiento “racionalista” de Viollet en el marco de distintos estudios, entre ellos uno
de los últimos, Introduction a l'Architecturologie. Paris, 1992, incluye un importante capítulo dedicado a Viollet-le Duc. (cap.II).

 

113  Véase especialmente Antonio GONZÁLEZ AMÉZQUETA, “Neomudéjar”. Arquitectura. Madrid, mayo de 1969; n°125.

 

114  La primera instancia de 5 de febrero de 1874, acompañada del correspondiente certificado médico, solicitaba un permiso de dos meses; el 29 de abril de 1874 le fueron concedidos a Juan de Madrazo 45 días de prórroga. Otra instancia de Madrazo firmada en París el 18 de junio de 1874, solicitaba “concederle licencia ilimitada que necesita para poder permanecer en esta Capital donde espera fundadamente conseguir su completo restablecimiento”; el 30 de junio le fue ampliada la licencia para permanecer en París. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°l. Esta prolongada estancia en Francia, motivada por una extraña enfermedad de tipo nervioso, como se desprende del informe médico, fue aprovechada por Madrazo para tomar los datos necesarios para elaborar los proyectos para el brazo sur del crucero; incluso cabe fácilmente suponer que, ante la obligatoriedad del Arquitecto director de las obras de restauración de permanecer en León, ésta enfermedad fuera el cauce oficial para tramitar la necesaria estancia en Francia para resolver los proyectos con éxito.

 

115  Juan de Madrazo, Proyecto de reconstrucción del Hastial Sur del crucero a la altura del triforio. León, 17 de abril de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8.062, Lg.8.847, Exp.n°l.

 

116  Véase 111,4.

 

117  Juan de MADRAZO, “Condiciones que ha de llenar la construcción de un triforio de fechada”. Proyecto triforio...

 

118 Juan de MADRAZO, ibídem. Si bien la condición resistente es común al triforio en general, esta función es más señalada en el "triforio de fechada", coma galería que tiene que soportar el peso adicional del hastial superior, por lo que Madrazo se detendrá sobre todo a analizar la resistencia que ha de ofrecer el triforio en esta zona de sobrecarga.

 

119  Compárese esta disposición defectuosa con la que presenta el triforio del hastial septentrional. 10 Juan de MADRAZO, “Objeto real de las pilas principales de hastial”. Proyecto triforio...

 

120  Juan de MADRAZO, “Objeto real de las pilas principales de hastial”. Proyecto triforio...

 

122  Juan de MADRAZO, “Torrecillas superiores”. Proyecto triforio...

 

123  Estos defectos de estabilidad serán los de mayor importancia de entre los enunciados por Madrazo para proponer el derribo del triforio construido por Matías Laviña; no obstante, a ellos sumara otros de menor trascendencia, como el trazado de las archivoltas concéntricas, “que no acusan ninguna construcción interior y que están labradas en un solo anillo de dovelas”, la utilización de dovelas pentagonales en los despieces o la manera de disponer las columnas del triforio, “a manera de dos líneas de estacada (...) que sostienen dos cítaras rígidas y delgadas (...) y enlazadas entre si por medio de un encobijado”. Juan de MADRAZO, “Importancia del cuerpo de triforios en un edificio gótico”. Proyecto triforio...

 

124  Juan de MADRAZO, “Manera de plantear la cuestión”. Proyecto triforio...

 

125  “... allí donde hay una correspondencia tan cabal y tan exacta de funciones, ha de haber por precisión otra correspondencia no menos exacta y cabal de estructuras”. Juan de Madrazo, “Condiciones del problema en genera”.

 

126  Juan de MADRAZO, “Parte inferior de la fechada que ha de quedar en pie”. Proyecto triforio...

 

127  Juan de MADRAZO, “Conciliación de las pilas del sur con las del Norte”. Proyecto triforio...

 

128  Madrazo realiza en la segunda parte de su proyecto una reseña pormenorizada del mismo a la que nos remitimos para un conocimiento mas exhaustivo del mismo, “Descripción detallada del proyecto por partes”.

 

129  También pueden observarse estas cuatro gárgolas en proyección superior en la sección horizontal a la altura del triforio, lo mismo que las que corresponden a la altura superior, en la hoja de plantas.
 

130  Informe de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, 27 de junio de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8053, Lg.8841, Exp.n°l. Informe de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos. Madrid, 14 de julio de 1876. A.G.A. (E. y C.), C.8053, Lg.8841, Exp.n°l.

 

131  El presupuesto por contrata comprendía 58.327, 60 pts. y las obras de escultura 5.301,60, lo que sumaba un total de 63.629,21 pts.

 

132 La relación detallada de estos trabajos de escultura se encuentra consignada en los libros de cuentas de la restauración. A.C.L., C.1876-1878.

 

133  La primera subasta tuvo lugar el 16 de septiembre de 1876. Las condiciones de las subastas fueron publicadas en la Gaceta de Madrid del 17 de agosto, en el Boletín Oficial de. la provincia de Madrid de 21 agosto (n°200) y en el Boletín Oficial de la provincia de León, (n°235).

 

134  Oficio del Ministerio de Fomento al Director General de Obras Publicas. Madrid, 6 de diciembre de 1877. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg.8.841, Exp.n°1.

 

135 Efectivamente, así parecen indicarlo también los Asíentos de cuentas que registran un gasto de 18.060,46 pts. en el ano económico de 1876-77, mientras que en el siguiente, 1877-78 se emplearon 37.621,17 pts. Demetrio de los Ríos, Cuadro resumen de los gastos ejecutados entre 1872 y 1882. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas II. Al finalizarse las obras por el contratista hubo algunos problemas en cuanto a su liquidación por no aceptar el contratista la liquidación que seria, no obstante, confirmada por la Junta Consultiva de caminos, Canales y Puertos tras su examen. Madrid, 27 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C.8.054, Lg.8.842.

 

136  Juan de MADRAZO, “Condiciones del problema en general”. Proyecto triforio...

 

137  Juan de MADRAZO, Proyecto de terminación del Hastial del Sur. León, 20 de junio de 1879. A.G.A. (E. y C.), C.8.061, Lg.8.846, Exp.n°2.

 

138  Juan de MADRAZO, “Datos para la resolución