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CAPÍTULO II
LA TRAMITACIÓN DEL EXPEDIENTE
DE OBRAS DE RESTAURACIÓN
“... Uno con el mayor
interés y entusiasmo mis ruegos y deseos a los del Ilmo.
Sr. Obispo de León y espero de la distinguida ilustración de V.E. y de su amor a
las Artes, mirará con predilección e interés este importante negocio que reúne
al carácter de nacional el artístico y el religioso, bajo cuyos tres conceptos
no podrá menos de encontrar una favorable acogida en S.M. y su favorable
Gobierno”.
Comunicación del Duque de Rivas, Presidente de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando, al Ministro de Gracia y Justicia. Madrid, 7 de marzo de 1859.
A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp.n° 1.
1) REPARACIONES PARCIALES DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX.
En el rápido recorrido a través de las transformaciones experimentadas por la
catedral de León a lo largo de su moderna historia, llegábamos a los umbrales
del siglo XIX con el presentimiento catastrófico de una inminente ruina que se
barruntaba claramente; el desastre de 1743 y los efectos del terremoto de Lisboa
de 1755 eran síntomas alarmantes que, en su gravedad, pusieron en evidencia la
debilidad del maltrecho organismo constructivo de la catedral leonesa
1.
Desde los años finales del siglo XVIII hasta la incoación del expediente de
obras de restauración en 1857, se realizaron algunas reparaciones parciales en
las fábricas que, sin embargo, no pudieron contener el progresivo debilitamiento
de su estructura que condujo a la aparición de nuevos estragos en las bóvedas
altas del edificio. El interés de estas intervenciones de detalle y de los
informes elaborados durante el proceso de tramitación del expediente de
restauración reside en dos aspectos: por una parte, permiten conocer con detalle
el grave estado de la catedral y, con ello, facilitan la comprensión de las
radicales operaciones efectuadas por Matías Laviña años después, y, por otra
parte, nos muestran los rudimentos de la naciente política de protección de
monumentos en España, todavía muy ligada a una predominante influencia
eclesiástica en la administración y control de los trabajos.
En el último lustro del siglo XVIII se levantó la verja que circunda el edificio
por delante de la fachada principal y por el costado meridional. El arquitecto
que dio las trazas para esta operación fue el leonés Fernando Sánchez Pertejo.
Según noticias que recoge Demetrio de los Ríos, en la plazuela frente al
imafronte de la catedral corría “un cerramiento al parecer de piedra, flanqueado
por pilares que remataban en escudos y leones sostinentes”
2. Estas obras de
derribo y construcción de nuevo cerramiento debieron de iniciarse por encargo
del Obispo y sin contar con el informe previo de la Academia de San Fernando,
como era preceptivo. Esto ocasionó la protesta del Cabildo, que, representado
por el canónigo Joaquín de Lorenzana, se dirigió a la Academia de San Fernando.
La institución académica actuó como árbitro entre el Obispo y Lorenzana y, en un
acuerdo de 9 de febrero de 1794, dirigido al Sr. Protector, recordaba sus
atribuciones, fijadas por Real Orden de 23 de julio de 1789, para
“vigilar y
cuidar que no se hagan obras imperfectas y ruinosas que desacrediten a la Nación
o amenacen las vidas de las personas que habiten los edificios”
3. Por estas
fechas, según se refiere en el mencionado acuerdo, se habían realizado ya
“el
poyo y postes que han de recibir las verjas de hierro de la plazuela delante de
la Iglesia”
4. Sin embargo, la Academia, deseosa de hacer cumplir la Real Orden, dispuso que
Fernando Sánchez Pertejo enviara sus trazas para ser sometidas al examen de la
Academia, como de hecho las remitirá el 17 de mayo de 1794
5. Esta verja de Pertejo la continuaría, ya en el siglo XX, el arquitecto Juan C. Torbado por la
parte oriental del costado meridional que quedó libre después de los derribos del
Tesoro y de la Puerta
del Obispo
6.
Fernando Sánchez Pertejo continuó vinculado a la catedral de
León durante tres
decenios. Ya años antes de realizar la verja, se había ocupado en delinear la
catedral en las estampas que grabó Manuel Navarro para la obra del Padre Risco y
que tanto valor tienen para el conocimiento del edificio antes de la
restauración, como vimos en el capitulo precedente
7. Según una
información
recogida por Demetrio de los Ríos por testimonio del hijo del arquitecto, el
también arquitecto Perfecto Sánchez Ibáñez, el mismo Sánchez Pertejo realizó dos
intervenciones más: en 1830 recalzó los machones del hastial meridional con
piedras de las Huergas y de la Pola de Gordón y también modificó la parte alta
del Provisorato, paso del Obispo y la Sala del Cabildo, transformando estas
estancias en dos corredores de paso entre la catedral y el Palacio Episcopal a
través de la escalera practicada en el Tesoro
8.
Las obras de consolidación realizadas por Fernando
Sánchez Pertejo no fueron
suficientes para impedir el progresivo desplome de la fachada meridional, cada
vez más alarmante. El peligro de una ruina inminente e inmediata motivó al
Cabildo a iniciar gestiones ante el Gobierno de la Nación. La declaración de la
catedral de León como Monumento Nacional –primera
declaración de este tipo en
España– por Real Orden de 28 de agosto de 1844, facilitó las gestiones de la
corporación eclesiástica. El día 1 de julio de 1846 el Cabildo elevó una
instancia a la Reina Isabel II a través de la importante mediación del leonés
Joaquín Díaz Caneja, Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia
9.
La solicitud del Cabildo, ante el
“deplorable estado de la fachada y crucero
meridional”, estaba acompañada de un informe sobre las causas del estado de la
catedral y propuesta de obras de reparación elaborado por el jesuita Manuel
Ibanez
10. El reconocimiento de Manuel
Ibáñez detectaba serios daños en la
fachada meridional: esta se encontraba “con un pie de desplome en los dos
cuerpos del medio”,
“reventada y llena de quiebras por todas partes a causa de
su poco grueso” y lamentaba
“el poco enlace que se nota en los
trabazones por se“"construcción” indicados por el padre
Ibáñez
en la ventana geminada y lienzo del hastial reconstruidos en 1755, así como la
propuesta de restitución del rosetón en la fachada
11:
“se nota haber tenido donde hoy tiene dos huecos de vidriera un
óvalo circulo
semejante al del costado opuesto, y al deshacerle y hacer los que hoy existen no
enlazaron bien la nueva sillería con la vieja, y es donde están las mayores
quiebras”.
Las reparaciones propuestas por Manuel Ibáñez para
“poner remedio a la ruina que
amenaza”, consistían en
“apear los dos cuerpos con gruesas maderas” para
“irlo
deshaciendo y construyendo por
puntos” y “relabrar los frentes testeros de estas mismas fachadas con el fin de
dejarlas a plomo”. Para todo ello estimaba un coste aproximado de cinco a seis
mil duros.
Los fondos solicitados por el Cabildo fueron concedidos por Real Orden de 4 de
noviembre de 1846
12. Sin embargo, los problemas presupuestarios del Estado
retrasaron considerablemente el libramiento de la cantidad concedida por Real
Orden. El 29 de abril de 1847, el Administrador de la Fábrica, el canónigo Pedro
Vicente de Pereda, advertía que “cada veinticuatro horas encontraban novedad de
mayores aberturas y desplomes de la parte amenazada”. La
Comisión Diocesana,
ante el carácter inaplazable de la reparación, se dirigió el día siguiente al
Presidente de la Junta Suprema de Culto y Clero, llegando a plantearle que, si
no se libraba la cantidad destinada por el Gobierno para las obras,
“se conceda
al Cabildo la facultad de tomar dinero a préstamo, hipotecando a su seguridad
los pocos bienes raíces que la Fábrica conserva de sus antiguas propiedades”
13.
Finalmente se libraron estos fondos en los primeros días del mes de abril de
1847, con lo que el Cabildo se dirigió a Manuel Ibáñez para que se personara en
León para dar comienzo a las obras; pero el padre Ibáñez falleció durante el
verano, de tal manera que las obras se encargaron por el Cabildo al también
religioso Miguel Echano que vino a León a mediados del mes de octubre
14. Durante
el año de 1848 Miguel Echano reconstruía el rosetón de la fachada meridional que
persistió hasta que fue de nuevo desmontado por Matías Laviña en 1862.
Desde el punto de vista administrativo, la tramitación de estos trabajos
demuestra la crucial participación de las autoridades religiosas en la gestión
de los mismos. El Cabildo debió recurrir al Gobierno de la Nación para allegar
los fondos necesarios, debido al recorte de sus ingresos como consecuencias de
la política de desamortización, tal como exponían de modo dramático los
religiosos a la Reina Isabel II
15:
“Desaparecieron, Sra., aquellos tiempos en que el Cabildo exponente, sin
contristar el religioso corazón de V .M. con esta desagradable pintura, pudiera
por sí mismo haber suplido lo necesario a tan laudable fin con los sobrantes de
la fábrica, y en el día el único refugio en su triste situación está cifrado
en la beneficencia de V.M. que nunca invocan en vano sus amados súbditos”.
El Cabildo propuso a los
“maestros” que
debían ejecutar los trabajos de
reparación lo que provocaría los consiguientes problemas facultativos, pues,
dada la supervisión de la Academia, debían los facultativos estar dotados de
título de arquitecto expedido por la Academia para poder intervenir en un
edificio declarado Monumento Nacional y cuya reparación sufragaban los fondos
estatales. El Cabildo mostrara sus afanes de control de todos los aspectos de
las obras, primero nombrando a arquitectos eclesiásticos de su confianza, como
decía dirigiéndose al padre Echano, “con miras de que este reparo sea ejecutado
por eclesiástico que esté adornado con el título de Arquitecto por la Academia”
16, y, en segundo lugar,
atribuyéndose para sí el control de la gestión
económica y administrativa de las obras, “quedando el Cabildo responsable de su
legitima y útil inversión, acreditada por una cuenta formal”
17. El arquitecto
quedaba relegado a la exclusiva dirección facultativa y la administración del
estado se limitaba a la somera supervisión de los presupuestos. Este cuadro
administrativo será progresivamente cuestionado, con el beneficioso recorte de
las funciones del Cabildo hasta su práctica total anulación, y con la formación
de un marco “estatal”,
“laico”, y más profesionalizado para la
administración de
la restauración; todo ello no se producirá, sin embargo, sin agudas rivalidades y
polémicas como las mantenidas por Juan de Madrazo
18. Sin embargo, ya en la
tramitación del expediente de obras de restauración a partir de 1857 el Estado y
la Academia de San Fernando mantendrán una posición algo más activa, sobre todo
en lo que se refiere al nombramiento de los arquitectos y su supervisión
facultativa.
2) DE LAS REPARACIONES A LA
RESTAURACIÓN: INFORMES Y COMUNICACIONES PARA LA
TRAMITACIÓN DEL EXPEDIENTE DE RESTAURACIÓN, (1857-1859).
Los problemas estructurales que venía arrastrando la catedral de
León no se
resolvieron en modo alguno con estas intervenciones parciales y de detalle que
se ejecutaron en 1830 y 1848. El difícil equilibrio de la cúpula de Naveda,
abierta en rajas, y la gravitación de los pilastrones de Churriguera seguían
siendo un desafío a la estabilidad general del templo, que amenazaba con el
total resentimiento de sus partes más débiles, localizadas en la cúpula y en el
desplomado hastial del sur, incapaz de resistir los empujes. Nuevas y más graves señales de ruina condujeron al Cabildo catedralicio a promover ante el Gobierno
la formación del oportuno expediente de restauración de la catedral de León.
El proceso de tramitación del expediente de obras de
restauración de la catedral
de León se puede documentar desde finales del año 1857 a través de las
numerosas súplicas, instancias y comunicaciones dirigidas por el Cabildo de la
catedral a la administraci6n del Estado por los cauces del Ministerio de Gracia
y Justicia. En la redacción de estos documentos se sigue un orden de exposición
que parte de la dramática descripción del lastimoso estado del templo, junto al
ensalzamiento de sus valores históricos y artísticos, para pasar después a la
concreta petición de los fondos necesarios para acometer su reparación. Es
sintomático como en esta primera documentación se utiliza sistemáticamente el
término reparación en lugar de restauración al referirse a las obras que debían
acometerse para preservar de la ruina al edificio. Ello es prueba de como en
estos momentos iniciales de la incoaci6n del expediente de obras se pensaba aún
en una mera reparación parcial de las partes dañadas del edificio, sin
plantearse ni por el Cabildo ni tampoco por la administración la posibilidad de
una verdadera restauración integral y sistemática del edificio catedralicio.
La causa inmediata que motivó al Cabildo a iniciar sin
dilación la tramitación
del expediente fue el desprendimiento de fragmentos de la fábrica a través de
las grietas abiertas en la cúpula. La situación del Templo era tan alarmante que
el Cabildo, en reunión del 22 de diciembre de 1857, redactó una conmovedora súplica en que se
exponía con dramáticos términos el precario estado del templo
mayor leonés
19:
“Es una cosa notoria en esta ciudad que las
bóvedas de este alto templo que
cubren el crucero sur, el sitio donde se haya el órgano y en el Presbiterio, al
lado de la Epístola, así como en el arco toral de este mismo lado y en el
anillo, pechinas y cúpula hacia esta parte tienen hendiduras considerables, de
las cuales, de algún tiempo a esta parte se desprenden fragmentos con notable
peligro de las personas
que asisten a los oficios divinos, quienes por lo mismo se retraen de colocarse
en los sitios indicados”.
El desprendimiento de fragmentos hacía presagiar una ruina inminente si no se
actuaba con rapidez y contundencia. Ante “el estado ruinoso que progresivamente
va presentando este edificio” y debido a
“los peligros que amenazan a la vida de
las personas que concurren a él”, el Cabildo tomó la urgente
decisión de
solicitar al Gobierno desde este momento la formación del oportuno expediente de
reparación de la catedral que habría de iniciarse con el reconocimiento del
mismo y la tasación pericial del costo de las obras
20.
El primer reconocimiento y formación de presupuesto de la catedral
recayó en
Mariano Álvarez Fernández, a propuesta del Cabildo, el día 4 de enero de 1858
21. El informe de Mariano
Álvarez detectó un aumento notable en el desplome de la
fachada sur y sus botareles de contrarresto, deterioros en las bóvedas, con
especial peligro de las adyacentes a la cúpula, y quebrantos en el espesor de
los muros. Este informe, debido a que Mariano Álvarez era
“maestro de obras”,
debió formalizarse con otro adicional de Perfecto Sánchez Ibáñez, de 12 de
abril de 1858, en el que insistió en los movimientos de la fábricas descritos
por Mariano Álvarez. Los medios propuestos por Perfecto Sánchez consistían en
dotar de resistencia a los pilares del brazo sur del crucero, proveer de cimbras
a esta zona y atar con cadenas de hierro la cúpula
“para contener los progresos
de su expansión lateral, evitar que se aumenten las fracturas de su anillo y
pechinas y conseguir la presión que ejerza dicha bóveda sobre los pesados muros
sea más igual por todo su perímetro”
22.
El expediente para la reparación, con el informe y presupuesto de Perfecto
Sánchez Ibáñez, fue remitido por el Cabildo al Ministro de Gracia y Justicia el
24 de abril, con palabras que ahondaban en la urgente necesidad de acometer con
prontitud la reparación del edificio para evitar su ruina inminente
23.
El Cabildo, para conseguir una más ágil tramitaci6n del expediente en la Corte,
se dirigió el día 4 de mayo a los Diputados de la provincia de León, en demanda
de su apoyo e influencia ante el Gobierno de la Nación para conseguir una rápida
y favorable resolución del expediente de obras de reparación de la catedral por
el Ministro de Gracia y Justicia
24. En la
contestación de los Diputados al
Cabildo el día 12 de mayo, se hacía hincapié en las dificultades del Tesoro del
Estado para acudir económicamente a las necesidades que reclamaba la lastimosa
situación de conservación de gran parte del patrimonio arquitectónico español;
al mismo tiempo se informaba que el expediente de la catedral de León se
encontraba en esos momentos en la Academia de San Fernando que, como órgano
consultivo, había de emitir su informe favorable, previo a la resolución del
Gobierno
25.
El mismo día 4 de mayo en que el Cabildo se
dirigía a los Diputados de la
provincia de León, elevó también su petición a dos influyentes personalidades
religiosas, próximas al Gobierno, como eran el Cardenal Arzobispo de Toledo y el
Patriarca de las Indias
26. En la
contestación que remitió al Cabildo el
Patriarca de las Indias refiere la conversación que mantuvo con el Ministro de
Gracia y Justicia sobre los fondos que habrían de destinarse a la catedral de
León: se afirma la intención del Ministerio de consignar cierta cantidad a
cuenta para atender a las más urgentes necesidades del templo y se emplazaba al
reparto que habría de efectuarse a finales de año para la reparación de
edificios.
Mientras tanto, el expediente de obras de
reparación de la catedral de León, que
se encontraba para su examen e informe en la Academia de San Fernando, fue
favorablemente devuelto por este órgano consultivo al Gobierno, según informaba al Cabildo el Marqués de San Isidro
el día 18 de mayo
27. Con el informe favorable de la Academia y el apoyo e
influencia de estas personalidades próximas al Gobierno, el expediente fue
definitivamente aprobado por la Reina en virtud de una Real Orden de 22 de mayo
de 1858, y, al mismo tiempo, se concedieron al Obispo de la Diócesis de León la
cantidad de ciento veinte mil reales de vellón con el exclusivo destino de
servir a financiar las obras de reparación de la catedral.
No obstante, la Academia de San Fernando, consciente de la importancia y
magnitud de las obras que habrían de realizarse, propuso al Gobierno la
formaci6n de una Comisión facultativa para el reconocimiento minucioso del
estado de la catedral y posterior elaboración de un nuevo presupuesto
28. A
pesar de todos estos tramites y de la consignación par el Gobierno de una
partida de dinero para las obras de reparación, todavía seguía sin proponerse
ningún nombre para la dirección de las obras de la catedral. No obstante, antes
de nombrar arquitecto director, debía efectuarse el reconocimiento del edificio
por la Comisión facultativa que designara la Academia de San Fernando y aprobara
el Gobierno. El Cabildo, deseoso de incluir en esta Comisión al monje Echano,
que ya conocía el edificio por las obras que en él había realizado en 1848 y
también para asegurarse el Cabildo el control de los trabajos, escribió a
Modesto Lafuente para que tramitara esta solicitud ante el Ministro de Gracia y
Justicia
29. A pesar de la
disposición favorable del Ministro a esta propuesta
del Cabildo, Manuel Echano no participaría finalmente en la composición de la Comisión de la Academia, debido a su debilitada salud.
Por Real Orden de 5 de junio de 1858 se aprobó la totalidad del presupuesto
consignado en el expediente elevado al Gobierno y que importaba la cantidad
total de cuatrocientos noventa y siete mil quinientos veinticinco reales. Este
mismo día el Ministro de Gracia y Justicia remitió oficio a la Academia de San
Fernando para que designara con urgencia a dos arquitectos para proceder al
reconocimiento y examen de la catedral
30. Para que el desplazamiento de la
Comisión académica fuera más provechoso, se estableció que de camino hacia León
los arquitectos comisionados examinaran también la Iglesia de Santa Cruz de
Medina de Rioseco, que se encontraba asimismo en un estado de precaria
conservación.
La propuesta de la Academia de San Fernando fue aprobada por Real Orden de 6 de
julio de 1858. En ella se nombraba a Narciso Pascual y Colomer que, auxiliado
por José Díaz de Bustamante, serían los arquitectos que habían de encargarse de
realizar el reconocimiento de la catedral y proponer las obras de restauración
más urgentes que habrían de ejecutarse en consecuencia.
A pesar de estas decisiones gubernamentales y del
interés mostrado por el
Ministro en la tramitación del expediente de obras, lo cierto es que los dos
arquitectos nombrados por Real Orden no acudían a León, de tal manera que los
fondos librados para la reparaci6n de la catedral seguían sin emplearse. Ante
esta situación, y debido al progresivo agravamiento del casi ruinoso estado de
la catedral, el Obispo y el Cabildo de la catedral de León acordaron dirigirse
directamente a la Reina Isabel II el día 3 de septiembre de 1858. En esta
súplica se exponía la inquietud de las autoridades religiosas y de toda la
ciudad de León por la paralización de los trámites desde hacía ya dos meses, al
tiempo que se expresaba nuevamente el deseo de que se nombrase sin demora
arquitecto director para las obras de restauración
31. La intervención directa
de la Reina provocó el desplazamiento inmediato de Pascual y Colomer a León para
evacuar el informe a la Academia.
3) EL INFORME DE NARCISO PASCUAL Y COLOMER.
Narciso Pascual y Colomer se trasladó el día 29 de octubre de 1858 a
León para
cumplir el encargo expresado por la Real Orden de 6 de julio, es decir, efectuar
el reconocimiento del edificio y emitir el consiguiente informe que remitió a la
Academia de San Fernando y al Obispo Joaquín
32.
Los objetivos del reconocimiento eran tres: realizar el examen del estado de las
fábricas, establecer las causas de su inseguridad y proponer en consecuencia el
tipo de reparación que debía ejecutarse, “para volver a esta preciosa joya de
las artes españolas su primitiva estabilidad y la completa seguridad que exige
el sagrado use a que se halla destinada”.
En cuanto al primer aspecto, Pascual y Colomer localizó los puntos mas
problemáticos en el desplome que sufría el hastial occidental, en el de la
fachada meridional, “cuyo movimiento y sus consecuencias han silo la principal
causa de este reconocimiento”, y, sobre todo, observó
“señales” de inminente
ruina, pérdida la curvatura cóncava de la arista que descansa sobre los dos
machones de la derecha de los cuatro que constituyen el crucero, o sea las dos
del lado de la Epístola y particularmente el más inmediato al coro y sobre el
órgano.
Las causas del deterioro de estos tramos de bóveda las atribuyó a
“la falta de
resistencia que han encontrado los empujes de los dos arcos torales
perpendiculares a la línea longitudinal de la iglesia (arcos torales del este y
oeste del crucero) en los machos en que descansan sus canales derechos (pilares
torales al sur del crucero) como en los muros que forman el crucero de este lado
y concluyen y se apoyan sobre la fachada y portada (muros laterales del brazo
meridional del crucero)”. Las causas que argumenta Pascual y Colomer para
explicar el desplome de estos elementos constructivos se fundamentan, pues, en
su escasa consistencia y solidez para soportar los empujes; esta fragilidad a su
vez la atribuye a extremada ligereza de los muros laterales del brazo sur del
crucero que “perforados en casi toda su longitud no pueden los arcos y ventanas
que los constituyen contrarrestar el empuje de las fábricas superiores” y
también a la mala calidad de la piedra empleada en la construcción”
33.
Una vez determinadas las causas de este deterioro en la escasa consistencia de
estos elementos sustentantes, para Pascual y Colomer la solución era consolidar
la fábrica en estos puntos, conclusión un tanto optimista si atendemos al
posterior desarrollo de las obras:
“veo que el deterioro sufrido tiene una causa conocida y de
fácil remedio sino
para volver sus fábricas a su primitivo estado, para darlas al menos la más
completa estabilidad sin que sea necesario ni derribar nada de lo existente ni
hacer grandes apeos siempre difíciles y en extremo costosos en esta clase de edificios”.
Por consiguiente juzgaba innecesario en este informe proceder al desmonte de
la cúpula, limitándose solo a la reparación y consolidación de las partes
deterioradas
34. El mayor cuidado se
debía poner en el modo de ejecución de
estas obras de sostenimiento que requerirían un estudio muy detallado,
realizarlas despacio y parcialmente para no agravar los movimientos que ya
padecían. Según su opinión los trabajos habrían de consistir en dos panes, una
primera de apeos de las dos bóvedas al este y al oeste del crucero y otra
segunda parte de estudio y elaboración de planos para detener el desplome de la
fachada meridional, pero siempre con el siguiente objetivo:
“solo a consolidar
debe limitarse la obra”.
Pascual y Colomer, aunque optimista en los medios de
reparación, juzgaba sin
embargo de tal gravedad el estado del edificio que consideró necesario comenzar
sin demora los preparativos para la adquisición de la madera necesaria para los
andamios y apeos de las bóvedas indicadas en su informe con el fin de ganar
tiempo en estos preparativos. Al mismo tiempo solicitó que se librasen las
cantidades suficientes para el estudio preparatorio de la catedral con el
objetivo de levantar los planos necesarios y formar el consiguiente presupuesto.
4) NOMBRAMIENTO DE MATÍAS LAVIÑA BLASCO.
Para comenzar de modo efectivo estos primeros trabajos referidos en el informe
de Narciso Pascual y Colomer, el Obispo de León se dirigió al Ministro de Gracia
y Justicia solicitando la inversión de los fondos que ya se habían librado para
las obras de la catedral y que aún seguían sin utilizarse por la falta de
director facultativo nombrado para las obras
35.
El 17 de noviembre 1858 Perfecto Sánchez Ibáñez y Mariano
Álvarez emitieron un
nuevo informe como consecuencia de un temblor de tierra que sacudió al templo el
día 11 y que afectó sobre todo a las bóvedas de crucería de la nave y
presbiterio contiguas a la cúpula, con grietas desde la clave hasta el arranque
de las bóvedas.
El 10 de enero de 1859 se creó la Junta de
restauración de la catedral de León,
presidida por el Obispo de la Diócesis y contando como vocales el Arcipreste, el
Penitenciario y como Secretario el Canónigo Doctoral, es decir, todos miembros
eclesiásticos. La Junta encargó las obras a Perfecto Sánchez Ibáñez.
Durante los dos meses siguientes se trabajó en la
preparación de los andamios
para el apeo y reparación de las bóvedas de la nave central sobre el coro y
presbiterio, contiguas al crucero. Sin embargo, seguía sin nombrarse al
arquitecto por la Academia que habría de ocuparse de la dirección de los
trabajos y del levantamiento de los planos, con lo que no se podía realizar
todavía un estudio detallado como demandaba el estado del edificio ni proponerse
en consecuencia un plan integral de reparación.
Efectivamente, estas obras provisionales de apeo de las
bóvedas resultaron
pronto insuficientes para contener la ruina del edificio, pues el día 31 de
enero de 1859 sobrevino el temido desplome de la bóveda situada sobre el coro
mientras se trataba de proveer de los andamios necesarios para su apeo, como
señalaba el Obispo leonés
36.
“Hallandose los operarios ocupados en los trabajos de preparar la enorme
andamiada para el apeo y reparación de la arista
37 y bóveda que cubre el coro
de
esta Catedral en la tarde del 31 de Enero último, se notó que de la parte
resentida se desprendía porción considerable de tierra, y fue forzoso mandarles
retirar en obviación de toda desgracia personal. En seguida y muy cerca de las
ocho de la noche se desplomó dicha arista y parte de la bóveda contigua,
causando únicamente una pequeña lesión en el órgano y algún deterioro en el
andamio levantado”.
Pero los temores no solamente se centraban en este desplome y sus consecuencias
sino que también se temía por la ruina inminente del primer tramo de bóveda del
presbiterio que con su hundimiento ocasionaría cuantiosos daños en el pavimento
y en el púlpito de la Epístola. Para evitar este previsible desplome se dispuso
en la tarde del 17 de febrero su desmonte, “como efectivamente se verificó sin
lesión alguna”
38.
Ante estas pruebas evidentes del peligroso estado de la catedral se continuó
trabajando en los andamios para reparar las bóvedas, si bien
“con la
desconfianza fundada de que estos trabajos son poco subsistentes y estables si
no se procura contener la crecida desnivelación que ha sufrido toda la parte del
mediodía del Templo por la presión que sobre ella ejerce la opuesta”.
Esta comunicación del Obispo al Ministro de Gracia y Justicia
volvía se a
insistir en la necesidad de nombrar arquitecto de modo urgente, para lo que el
Obispo Joaquín volvió a reclamar de nuevo la influencia de D. Modesto Lafuente y
del arquitecto Narciso Pascual y Colomer, a los que dio conocimiento
confidencial de los derrumbamientos, a fin de que, alentados por la gravedad de
la situación, activasen la venida del arquitecto que fuera designado para el
cargo
39.
Una angustiada carta del duque de Rivas, Presidente de la Academia de San
Fernando y de la Comisi6n Central de Monumentos artísticos e históricos,
dirigida al Ministro de Gracia y Justicia con fecha 7 de marzo de 1859, insistía
en el carácter “nacional, artístico y religioso” de la empresa, solicitando la
más viva atención del Ministro para una pronta resolución de los trámites
necesarios para el nombramiento del arquitecto y efectivo comienzo de los
trabajos bajo la dirección correspondiente
40.
Pese al vivo interés mostrado por estas influyentes personalidades para
llegar a
una rápida decisión todavía a finales del mes de abril continuaba sin saberse el
nombre del arquitecto designado ni cuando podría llegar a la capital leonesa.
Mientras tanto se terminó de colocar el andamio para reponer las bóvedas
arruinadas y sostener las contiguas; pero, una vez finalizadas estas obras, se
suspendió todo trabajo “por haberse considerado
inútil la conservación de nuevas
bóvedas sin haberse reforzado y asegurado previamente el arco toral que las ha
de sostener, y se halla en demasía desnivelado”
41.
Ante esta paralización de toda actividad, el Obispo
Joaquín volvió a solicitar
al Ministro de Gracia y Justicia la pronta intervención bien del arquitecto que
designara la Academia, o bien que se autorizara a Perfecto Sánchez Ibáñez, como
conocedor del estado del edificio
42.
En Acta de 10 de mayo 1859 se consignaron las alarmantes observaciones de
Perfecto Sánchez Ibáñez ante los derrumbes de las bóvedas: visto desde los
andamios era imposible la realización de la propuesta de consolidación que
formuló Pascual y Colomer en su informe; en consecuencia Sánchez Ibáñez presentó
un proyecto de atirantado de norte a sur para sujetar la fábrica del brazo
meridional con la del septentrional más resistente. Sin embargo, ya el día 3 de
mayo se había nombrado par Real Orden al arquitecto Matías Laviña Blasco
Arquitecto director de las obras de restauración de la catedral de León
43. A
finales del mes de mayo Laviña se encontraba en León. El arquitecto aragonés
recogía el edificio en un estado lamentable y, después de los primeros
reconocimientos, tomara las decisiones que se habían aplazado a lo largo de dos
siglos: procedió al desmonte de los pilares de Churriguera, de la cúpula de Juan
de Naveda y de todo el brazo sur del crucero, junto con las bóvedas, pilares y
botareles debilitados. Estas operaciones, por su magnitud, merecen una detenida
atención.
____________
1 Véase I,1.2.
2 Demetrio de los RÍOS, La Catedral de
León, t. II; p. 35. También describe Ríos
las estatuas que adornaban el “pórtico” así como las fuentes de la catedral.
3
Acuerdo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando dirigido al Sr.
Protector. Madrid, 9 de febrero de
1794. A.A.S.F. sig. 2-32\5.
4 Parece, pues, que la
construcción de la verja se remonta al año 1794 y no
a11800, como afirma Ríos. Quizás los problemas legales surgidos detuvieran los
trabajos hasta el dictamen de la Academia.
5 Fernando
Sánchez Pertejo, Idea de planta y alzado de los pedestales, remates y
enverjados con que se intenta cerrar el atrio de esta Sta. Iglesia Catedral
remitida a D. Isidoro Bosarte. León, 17 de mayo de 1794.
A.A.S.F. sig. 2-32\5. Como se puede observar, hay un intento de supervisión por
parte de la Academia de San Fernando de los trabajos, según atribuciones
reconocidas por Real Orden, que, sin embargo, no se cumplieron con rigor. Véase
para estas disposiciones V,5.
6 Véase cap. VIII.
7 Demetrio de los
RÍOS, La Catedral de León. t. II; p. 36.
8 Demetrio de los RIOS, La Catedral de
León. t. II; p. 36. Esta Puerta del Obispo
fue demolida en 1910, años después de que el propio Ríos comenzara a demoler el Tesoro. Véase cap. VIII.
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Instancia dirigida por el Cabildo de la catedral de León a Don Joaquín Díaz
Caneja, Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, (copia).
León, 1
de julio de 1846. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.
10 El informe de Manuel
Ibáñez, fechado en León el 26 de mayo de 1846, estaba
encabezado por una curiosa presentación que decía,
“Manuel Ibáñez, Director
facultativo de obras y en particular del ojo arruinado en el Puente de Almaras".
A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.
11 El estado de la fachada con esta ventana doble apuntada es recogido en el
grabado de Manuel Navarro que reproducíamos en el capítulo anterior.
12 El texto de la Real Orden fue remitido por el Subsecretario del Despacho de
Gracia y Justicia al Gobierno Eclesiástico del Obispado de León el 14 de
noviembre. El Cabildo envió el día 20 una carta a Joaquín Díaz Caneja en
expresión de su agradecimiento por “la parte tan activa de S.E. en tan benéfica
resolución”. A.C.L. C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno.
13 Comunicación de la Comisión Diocesana de León dirigida al Presidente de la
Junta Suprema del Culto y Clero. León, 30 de abril de 1847, (copia certificada).
A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.
14 A.C.L. C.
Proyectos y obras ejecutadas.
15 Súplica del Cabildo de la Catedral de León a S.M. la Reina Isabel II.
León, l
de julio de 1846, (copia certificada). A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.
16 Carta de Francisco J.P. Obregón, Penitenciario de la catedral de
León,
dirigida a Miguel Echano. León, 6 de septiembre de 1847. A.C.L. C. Proyectos y
obras ejecutadas.
17 Instancia del Cabildo de la catedral de León al Secretario de Estado.
León, 1
de julio de 1846. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.
18 Incluso fue común más tarde, en pleno fragor de las iras anticlericlares –producto del incremento de los elementos radicales tras la
revolución de 1868–
presentar al Cabildo como el principal responsable de los infortunios y ruina de
la catedral de León debido a esta designación de los arquitectos y a su poder
resolutorio sobre las obras que habían de ejecutarse en el edificio sin ningún
tipo de control. Por eso, por estos círculos progresistas, la incipiente y
progresiva interferencia estatal en la supervisión de los monumentos fue vista
como una “racionalización” y necesaria merma del control del edificio por
quienes poco conocían de é1, supervisión que hubo de conducir lógicamente a un
importante y beneficioso recorte en el derecho de propiedad de los eclesiásticos
sobre estos bienes en beneficio del “interés
publico”, en su moderna consideración como monumentos. Para la evolución del cuadro administrativo en
relaci6n con las polémicas ideológicas, véase V,5.
19 Súplica del Cabildo de la catedral de
León sin dirección. León, 22 de diciembre
de 1857. A.C.L. C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno, Sc. “Sobre la reparación de la Iglesia. Cartas y otros”. Las referencias siguientes relativas
al Archivo Catedralicio se refieren a la misma caja.
20 Este documento citado abunda en la imposibilidad de acometer el Cabildo las
obras, dado su escaso presupuesto, que según se expresa no alcanzaba
“ni para
cubrir las necesidades más perentorias del culto”; el documento se
acompañaba de
una liquidación de fondos, ineficaces para financiar siquiera la obra más leve.
21 A.C.L. ibídem.
22 Los informes de Mariano
Álvarez y Perfecto Sánchez Ibáñez son recogidos y
comentados por Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León. t. II; pp. 41-45. A estas
citas de Ríos me remito ante la imposibilidad de localizarlos en el Archivo
Catedralicio.
23 A.C.L, ibídem.
24 A.C.L.
ibidem.
25 Contestación de los Diputados de la provincia de León al
Ilmo. Deán y Cabildo
de la Catedral de León.
Firmas y rubricas de los Diputados Modesto Lafuente, Juan Piñan, Vicente Díaz
Canseco, el Marqués de Montevirgen, el Marqués de San Carlos, Joaquín Álvarez
Quiñones, y Anselmo Casado. Madrid, 12 mayo 1858. A.C.L. ibídem.
26
A.C.L. ibídem.
27 A.C.L. ibídem. El Ministro de Gracia y Justicia, el
día 29 de abril de 1858,
había remitido el expediente de reparación de la Catedral de León a la Academia
de San Fernando, que emitió su informe con fecha 14 de mayo, como resultado de
los acuerdos tomados en junta general del día 7 de ese mismo mes. Informe de la
Academia de San Fernando sobre el expediente de reparación de la Catedral de
León. (Esta Junta estaba compuesta por el Marqués de Socorro, Eugenio de la
Cámara, Lallare y, muy significativamente, Matías Laviña). Madrid, 14 mayo 1858.
A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp.n° 1, 2° parte y A.A.S.F. sig. 2-32\5.
Pocos días más tarde, el 29 de mayo, Modesto Lafuente comunicaba la resolución
de la Academia al Cabildo de la Catedral de León, así como la situación
del expediente en la Administración estatal. A.C.L., ibídem.
28 A.C.L. ibídem.
29 A.C.L. ibídem.
30 A.C.L. ibídem.
31 A.G.A. (E. y C.), C.8.054, Lg.
8.851. Copia en A.C.L. ibídem.
32 Este informe se encuentra transcrito en una
Comunicación del Obispo de León
al Ministro de Gracia y Justicia para transmitirle el informe del reconocimiento
efectuado por Narciso Pascual y Colomer y solicitar los primeros fondos para
comenzar a ejecutar las obras de mas urgencia expresadas en dicho informe. León,
4 de
noviembre de 1858. A.G.A. (E. y C.), C.: 8.053, Lg.: 8.841, Exp. n° 1. También en
el A.A.S.F., sig. 2-42.
33
Es significativo que Pascual y Colomer no cite en su informe como causa del
desplome de estos elementos constructivos el empuje excesivo ejercido por la
cúpula, sino que su deformación la atribuye solamente a una falta de resistencia
de estos pilares y muros encargados de contener los empujes. Esta diferenciación,
que podría parecer en principio superflua, dado que el resultado en definitiva
es el mismo, es en realidad de suma importancia para el futuro de la
restauración, pues al atribuir las causas del deterioro del edificio a esta
falta de solidez de los elementos sustentantes sin hacer mención a la cúpula,
Narciso Pascual y Colomer propuso, como veremos, que las obras de reparación del
edificio habrían de consistir solamente en unas obras de contención de los
empujes y consolidación de estos elementos deteriorados. Sin embargo cuando
Matías Laviña se haga cargo de la dirección de los trabajos y proceda a
efectuar sus primeros reconocimientos, si bien describe los mismos efectos de
desplome del brazo sur y de encurvamiento de los pilares, estos los atribuye
desde el principio al excesivo empuje de la cúpula (y pilastrones) con lo que
propondrá su desmonte como elementos perturbadores de la fábrica y que, en
efecto, ejecutará, como obras de máxima urgencia, en los primeros meses de su
mandato. Con ello se pasará de la idea de contención y reparación, hasta
entonces mantenida, a la de una verdadera restauración. No obstante hay que
precisar que el verdadero reconocimiento y aprobación oficial de la “restauración”,
con toda la complejidad conceptual del termino, no seria totalmente corroborada
hasta el informe de la Academia de San Fernando de 10 de marzo de 1861 en que
apoyó el proyecto de restauración de Laviña, ante la alternativa que presentó (conservación-restauración)
en su primer proyecto presentado el 23 de enero de 1861. Véase cap. III.
34
Cabe suponer que Pascual y Colomer no se detuvo a estudiar con detenimiento el
estado de la cúpula y sus pilastrones, a los que no menciona siquiera en su
informe, quizás juzgándolos a primera vista en buen estado, con lo que se
concentró en buscar remedio al alarmante desplome de la fachada meridional “cuyo
movimiento y sus consecuencias –como dijo– han sido la principal causa de este
reconocimiento”, sin detenerse a analizar con detalle la naturaleza,
consistencia y efectos de la cúpula y pilastrones sobre este desplome del
hastial sur y sobre el resto del edificio, lo que posiblemente hubiera requerido
un reconocimiento más prolongado como el que efectuó Laviña en las primeras
semanas de ocupar el cargo.
35 A.C.L. ibídem.
36 Comunicación del Obispo de León al Ministro de Gracia y Justicia.
León, 18 de
febrero de 1859. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1.
37
Cuando habla de “arista” hemos de suponer que se refiere a los nervios de la
bóveda de crucería.
38 A.G.A. ibídem.
39 A.C.L. ibídem.
40 A.G.A. (E. y C.), C.: 8.053, Lg.: 8.841, Exp. n° 1. Al mismo tiempo el Duque
de Rivas remitía al Ministro
de Gracia y Justicia una copia de la comunicación del Obispo. A.A.S.F. sig. 2-32\5.
41 Comunicación del Obispo de León al Ministro de Gracia y Justicia.
León, 28 de
abril de 1859. A.C.L. ibídem.
42 Comunicación del Obispo de León al ministro de Gracia y Justicia.
León, 28 de
abril de 1859. A.G.A. (E.
y C.), C. 8.053, Lg. 8.841, Exp. n° l..
43 A.A.S.F. sig. 2-32\5.
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