CAPÍTULO  II

 

LA TRAMITACIÓN DEL EXPEDIENTE

DE OBRAS DE  RESTAURACIÓN

 

... Uno con el mayor interés y entusiasmo mis ruegos y deseos a los del Ilmo. Sr. Obispo de León y espero de la distinguida ilustración de V.E. y de su amor a las Artes, mirará con predilección e interés este importante negocio que reúne al carácter de nacional el artístico y el religioso, bajo cuyos tres conceptos no podrá menos de encontrar una favorable acogida en S.M. y su favorable Gobierno”.

Comunicación del Duque de Rivas, Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al Ministro de Gracia y Justicia. Madrid, 7 de marzo de 1859. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp.n° 1.

 

1) REPARACIONES PARCIALES DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX.

En el rápido recorrido a través de las transformaciones experimentadas por la catedral de León a lo largo de su moderna historia, llegábamos a los umbrales del siglo XIX con el presentimiento catastrófico de una inminente ruina que se barruntaba claramente; el desastre de 1743 y los efectos del terremoto de Lisboa de 1755 eran síntomas alarmantes que, en su gravedad, pusieron en evidencia la debilidad del maltrecho organismo constructivo de la catedral leonesa 1.

Desde los años finales del siglo XVIII hasta la incoación del expediente de obras de restauración en 1857, se realizaron algunas reparaciones parciales en las fábricas que, sin embargo, no pudieron contener el progresivo debilitamiento de su estructura que condujo a la aparición de nuevos estragos en las bóvedas altas del edificio. El interés de estas intervenciones de detalle y de los informes elaborados durante el proceso de tramitación del expediente de restauración reside en dos aspectos: por una parte, permiten conocer con detalle el grave estado de la catedral y, con ello, facilitan la comprensión de las radicales operaciones efectuadas por Matías Laviña años después, y, por otra parte, nos muestran los rudimentos de la naciente política de protección de monumentos en España, todavía muy ligada a una predominante influencia eclesiástica en la administración y control de los trabajos.

En el último lustro del siglo XVIII se levantó la verja que circunda el edificio por delante de la fachada principal y por el costado meridional. El arquitecto que dio las trazas para esta operación fue el leonés Fernando Sánchez Pertejo. Según noticias que recoge Demetrio de los Ríos, en la plazuela frente al imafronte de la catedral corría un cerramiento al parecer de piedra, flanqueado por pilares que remataban en escudos y leones sostinentes” 2. Estas obras de derribo y construcción de nuevo cerramiento debieron de iniciarse por encargo del Obispo y sin contar con el informe previo de la Academia de San Fernando, como era preceptivo. Esto ocasionó la protesta del Cabildo, que, representado por el canónigo Joaquín de Lorenzana, se dirigió a la Academia de San Fernando. La institución académica actuó como árbitro entre el Obispo y Lorenzana y, en un acuerdo de 9 de febrero de 1794, dirigido al Sr. Protector, recordaba sus atribuciones, fijadas por Real Orden de 23 de julio de 1789, para vigilar y cuidar que no se hagan obras imperfectas y ruinosas que desacrediten a la Nación o amenacen las vidas de las personas que habiten los edificios” 3. Por estas fechas, según se refiere en el mencionado acuerdo, se habían realizado ya el poyo y postes que han de recibir las verjas de hierro de la plazuela delante de la Iglesia” 4. Sin embargo, la Academia, deseosa de hacer cumplir la Real Orden, dispuso que Fernando Sánchez Pertejo enviara sus trazas para ser sometidas al examen de la Academia, como de hecho las remitirá el 17 de mayo de 1794 5. Esta verja de Pertejo la continuaría, ya en el siglo XX, el arquitecto Juan C. Torbado por la parte oriental del costado meridional que quedó libre después de los derribos del Tesoro y de la Puerta del Obispo 6.

Fernando Sánchez Pertejo continuó vinculado a la catedral de León durante tres decenios. Ya años antes de realizar la verja, se había ocupado en delinear la catedral en las estampas que grabó Manuel Navarro para la obra del Padre Risco y que tanto valor tienen para el conocimiento del edificio antes de la restauración, como vimos en el capitulo precedente 7. Según una información recogida por Demetrio de los Ríos por testimonio del hijo del arquitecto, el también arquitecto Perfecto Sánchez Ibáñez, el mismo Sánchez Pertejo realizó dos intervenciones más: en 1830 recalzó los machones del hastial meridional con piedras de las Huergas y de la Pola de Gordón y también modificó la parte alta del Provisorato, paso del Obispo y la Sala del Cabildo, transformando estas estancias en dos corredores de paso entre la catedral y el Palacio Episcopal a través de la escalera practicada en el Tesoro 8.

Las obras de consolidación realizadas por Fernando Sánchez Pertejo no fueron suficientes para impedir el progresivo desplome de la fachada meridional, cada vez más alarmante. El peligro de una ruina inminente e inmediata motivó al Cabildo a iniciar gestiones ante el Gobierno de la Nación. La declaración de la catedral de León como Monumento Nacional primera declaración de este tipo en España por Real Orden de 28 de agosto de 1844, facilitó las gestiones de la corporación eclesiástica. El día 1 de julio de 1846 el Cabildo elevó una instancia a la Reina Isabel II a través de la importante mediación del leonés Joaquín Díaz Caneja, Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia 9.

La solicitud del Cabildo, ante el deplorable estado de la fachada y crucero meridional, estaba acompañada de un informe sobre las causas del estado de la catedral y propuesta de obras de reparación elaborado por el jesuita Manuel Ibanez 10. El reconocimiento de Manuel Ibáñez detectaba serios daños en la fachada meridional: esta se encontraba con un pie de desplome en los dos cuerpos del medio, reventada y llena de quiebras por todas partes a causa de su poco grueso y lamentaba el poco enlace que se nota en los trabazones por se"construcción indicados por el padre Ibáñez en la ventana geminada y lienzo del hastial reconstruidos en 1755, así como la propuesta de restitución del rosetón en la fachada 11:

se nota haber tenido donde hoy tiene dos huecos de vidriera un óvalo circulo semejante al del costado opuesto, y al deshacerle y hacer los que hoy existen no enlazaron bien la nueva sillería con la vieja, y es donde están las mayores quiebras.

Las reparaciones propuestas por Manuel Ibáñez para poner remedio a la ruina que amenaza, consistían en apear los dos cuerpos con gruesas maderas para irlo deshaciendo y construyendo por puntos y relabrar los frentes testeros de estas mismas fachadas con el fin de dejarlas a plomo. Para todo ello estimaba un coste aproximado de cinco a seis mil duros.

Los fondos solicitados por el Cabildo fueron concedidos por Real Orden de 4 de noviembre de 1846 12. Sin embargo, los problemas presupuestarios del Estado retrasaron considerablemente el libramiento de la cantidad concedida por Real Orden. El 29 de abril de 1847, el Administrador de la Fábrica, el canónigo Pedro Vicente de Pereda, advertía que cada veinticuatro horas encontraban novedad de mayores aberturas y desplomes de la parte amenazada. La Comisión Diocesana, ante el carácter inaplazable de la reparación, se dirigió el día siguiente al Presidente de la Junta Suprema de Culto y Clero, llegando a plantearle que, si no se libraba la cantidad destinada por el Gobierno para las obras, se conceda al Cabildo la facultad de tomar dinero a préstamo, hipotecando a su seguridad los pocos bienes raíces que la Fábrica conserva de sus antiguas propiedades” 13. Finalmente se libraron estos fondos en los primeros días del mes de abril de 1847, con lo que el Cabildo se dirigió a Manuel Ibáñez para que se personara en León para dar comienzo a las obras; pero el padre Ibáñez falleció durante el verano, de tal manera que las obras se encargaron por el Cabildo al también religioso Miguel Echano que vino a León a mediados del mes de octubre 14. Durante el año de 1848 Miguel Echano reconstruía el rosetón de la fachada meridional que persistió hasta que fue de nuevo desmontado por Matías Laviña en 1862.

Desde el punto de vista administrativo, la tramitación de estos trabajos demuestra la crucial participación de las autoridades religiosas en la gestión de los mismos. El Cabildo debió recurrir al Gobierno de la Nación para allegar los fondos necesarios, debido al recorte de sus ingresos como consecuencias de la política de desamortización, tal como exponían de modo dramático los religiosos a la Reina Isabel II 15:

Desaparecieron, Sra., aquellos tiempos en que el Cabildo exponente, sin contristar el religioso corazón de V .M. con esta desagradable pintura, pudiera por sí mismo haber suplido lo necesario a tan laudable fin con los sobrantes de la fábrica, y en el día el único refugio en su triste situación está cifrado en la beneficencia de V.M. que nunca invocan en vano sus amados súbditos”.

El Cabildo propuso a los maestros que debían ejecutar los trabajos de reparación lo que provocaría los consiguientes problemas facultativos, pues, dada la supervisión de la Academia, debían los facultativos estar dotados de título de arquitecto expedido por la Academia para poder intervenir en un edificio declarado Monumento Nacional y cuya reparación sufragaban los fondos estatales. El Cabildo mostrara sus afanes de control de todos los aspectos de las obras, primero nombrando a arquitectos eclesiásticos de su confianza, como decía dirigiéndose al padre Echano, con miras de que este reparo sea ejecutado por eclesiástico que esté adornado con el título de Arquitecto por la Academia” 16, y, en segundo lugar, atribuyéndose para sí el control de la gestión económica y administrativa de las obras, quedando el Cabildo responsable de su legitima y útil inversión, acreditada por una cuenta formal” 17. El arquitecto quedaba relegado a la exclusiva dirección facultativa y la administración del estado se limitaba a la somera supervisión de los presupuestos. Este cuadro administrativo será progresivamente cuestionado, con el beneficioso recorte de las funciones del Cabildo hasta su práctica total anulación, y con la formación de un marco estatal, laico, y más profesionalizado para la administración de la restauración; todo ello no se producirá, sin embargo, sin agudas rivalidades y polémicas como las mantenidas por Juan de Madrazo 18. Sin embargo, ya en la tramitación del expediente de obras de restauración a partir de 1857 el Estado y la Academia de San Fernando mantendrán una posición algo más activa, sobre todo en lo que se refiere al nombramiento de los arquitectos y su supervisión facultativa.

 

2) DE LAS REPARACIONES A LA RESTAURACIÓN: INFORMES Y COMUNICACIONES PARA LA TRAMITACIÓN DEL EXPEDIENTE DE RESTAURACIÓN, (1857-1859).

Los problemas estructurales que venía arrastrando la catedral de León no se resolvieron en modo alguno con estas intervenciones parciales y de detalle que se ejecutaron en 1830 y 1848. El difícil equilibrio de la cúpula de Naveda, abierta en rajas, y la gravitación de los pilastrones de Churriguera seguían siendo un desafío a la estabilidad general del templo, que amenazaba con el total resentimiento de sus partes más débiles, localizadas en la cúpula y en el desplomado hastial del sur, incapaz de resistir los empujes. Nuevas y más graves señales de ruina condujeron al Cabildo catedralicio a promover ante el Gobierno la formación del oportuno expediente de restauración de la catedral de León.

El proceso de tramitación del expediente de obras de restauración de la catedral de León se puede documentar desde finales del año 1857 a través de las numerosas súplicas, instancias y comunicaciones dirigidas por el Cabildo de la catedral a la administraci6n del Estado por los cauces del Ministerio de Gracia y Justicia. En la redacción de estos documentos se sigue un orden de exposición que parte de la dramática descripción del lastimoso estado del templo, junto al ensalzamiento de sus valores históricos y artísticos, para pasar después a la concreta petición de los fondos necesarios para acometer su reparación. Es sintomático como en esta primera documentación se utiliza sistemáticamente el término reparación en lugar de restauración al referirse a las obras que debían acometerse para preservar de la ruina al edificio. Ello es prueba de como en estos momentos iniciales de la incoaci6n del expediente de obras se pensaba aún en una mera reparación parcial de las partes dañadas del edificio, sin plantearse ni por el Cabildo ni tampoco por la administración la posibilidad de una verdadera restauración integral y sistemática del edificio catedralicio.

La causa inmediata que motivó al Cabildo a iniciar sin dilación la tramitación del expediente fue el desprendimiento de fragmentos de la fábrica a través de las grietas abiertas en la cúpula. La situación del Templo era tan alarmante que el Cabildo, en reunión del 22 de diciembre de 1857, redactó una conmovedora súplica en que se exponía con dramáticos términos el precario estado del templo mayor leonés 19:

Es una cosa notoria en esta ciudad que las bóvedas de este alto templo que cubren el crucero sur, el sitio donde se haya el órgano y en el Presbiterio, al lado de la Epístola, así como en el arco toral de este mismo lado y en el anillo, pechinas y cúpula hacia esta parte tienen hendiduras considerables, de las cuales, de algún tiempo a esta parte se desprenden fragmentos con notable peligro de las personas que asisten a los oficios divinos, quienes por lo mismo se retraen de colocarse en los sitios indicados”.

El desprendimiento de fragmentos hacía presagiar una ruina inminente si no se actuaba con rapidez y contundencia. Ante el estado ruinoso que progresivamente va presentando este edificio y debido a los peligros que amenazan a la vida de las personas que concurren a él, el Cabildo tomó la urgente decisión de solicitar al Gobierno desde este momento la formación del oportuno expediente de reparación de la catedral que habría de iniciarse con el reconocimiento del mismo y la tasación pericial del costo de las obras 20.

El primer reconocimiento y formación de presupuesto de la catedral recayó en Mariano Álvarez Fernández, a propuesta del Cabildo, el día 4 de enero de 1858 21. El informe de Mariano Álvarez detectó un aumento notable en el desplome de la fachada sur y sus botareles de contrarresto, deterioros en las bóvedas, con especial peligro de las adyacentes a la cúpula, y quebrantos en el espesor de los muros. Este informe, debido a que Mariano Álvarez era maestro de obras, debió formalizarse con otro adicional de Perfecto Sánchez Ibáñez, de 12 de abril de 1858, en el que insistió en los movimientos de la fábricas descritos por Mariano Álvarez. Los medios propuestos por Perfecto Sánchez consistían en dotar de resistencia a los pilares del brazo sur del crucero, proveer de cimbras a esta zona y atar con cadenas de hierro la cúpula para contener los progresos de su expansión lateral, evitar que se aumenten las fracturas de su anillo y pechinas y conseguir la presión que ejerza dicha bóveda sobre los pesados muros sea más igual por todo su perímetro” 22.

El expediente para la reparación, con el informe y presupuesto de Perfecto Sánchez Ibáñez, fue remitido por el Cabildo al Ministro de Gracia y Justicia el 24 de abril, con palabras que ahondaban en la urgente necesidad de acometer con prontitud la reparación del edificio para evitar su ruina inminente 23.

El Cabildo, para conseguir una más ágil tramitaci6n del expediente en la Corte, se dirigió el día 4 de mayo a los Diputados de la provincia de León, en demanda de su apoyo e influencia ante el Gobierno de la Nación para conseguir una rápida y favorable resolución del expediente de obras de reparación de la catedral por el Ministro de Gracia y Justicia 24. En la contestación de los Diputados al Cabildo el día 12 de mayo, se hacía hincapié en las dificultades del Tesoro del Estado para acudir económicamente a las necesidades que reclamaba la lastimosa situación de conservación de gran parte del patrimonio arquitectónico español; al mismo tiempo se informaba que el expediente de la catedral de León se encontraba en esos momentos en la Academia de San Fernando que, como órgano consultivo, había de emitir su informe favorable, previo a la resolución del Gobierno 25.

El mismo día 4 de mayo en que el Cabildo se dirigía a los Diputados de la provincia de León, elevó también su petición a dos influyentes personalidades religiosas, próximas al Gobierno, como eran el Cardenal Arzobispo de Toledo y el Patriarca de las Indias 26. En la contestación que remitió al Cabildo el Patriarca de las Indias refiere la conversación que mantuvo con el Ministro de Gracia y Justicia sobre los fondos que habrían de destinarse a la catedral de León: se afirma la intención del Ministerio de consignar cierta cantidad a cuenta para atender a las más urgentes necesidades del templo y se emplazaba al reparto que habría de efectuarse a finales de año para la reparación de edificios.

Mientras tanto, el expediente de obras de reparación de la catedral de León, que se encontraba para su examen e informe en la Academia de San Fernando, fue favorablemente devuelto por este órgano consultivo al Gobierno, según informaba al Cabildo el Marqués de San Isidro el día 18 de mayo 27. Con el informe favorable de la Academia y el apoyo e influencia de estas personalidades próximas al Gobierno, el expediente fue definitivamente aprobado por la Reina en virtud de una Real Orden de 22 de mayo de 1858, y, al mismo tiempo, se concedieron al Obispo de la Diócesis de León la cantidad de ciento veinte mil reales de vellón con el exclusivo destino de servir a financiar las obras de reparación de la catedral.

No obstante, la Academia de San Fernando, consciente de la importancia y magnitud de las obras que habrían de realizarse, propuso al Gobierno la formaci6n de una Comisión facultativa para el reconocimiento minucioso del estado de la catedral y posterior elaboración de un nuevo presupuesto 28. A pesar de todos estos tramites y de la consignación par el Gobierno de una partida de dinero para las obras de reparación, todavía seguía sin proponerse ningún nombre para la dirección de las obras de la catedral. No obstante, antes de nombrar arquitecto director, debía efectuarse el reconocimiento del edificio por la Comisión facultativa que designara la Academia de San Fernando y aprobara el Gobierno. El Cabildo, deseoso de incluir en esta Comisión al monje Echano, que ya conocía el edificio por las obras que en él había realizado en 1848 y también para asegurarse el Cabildo el control de los trabajos, escribió a Modesto Lafuente para que tramitara esta solicitud ante el Ministro de Gracia y Justicia 29. A pesar de la disposición favorable del Ministro a esta propuesta del Cabildo, Manuel Echano no participaría finalmente en la composición de la Comisión de la Academia, debido a su debilitada salud.

Por Real Orden de 5 de junio de 1858 se aprobó la totalidad del presupuesto consignado en el expediente elevado al Gobierno y que importaba la cantidad total de cuatrocientos noventa y siete mil quinientos veinticinco reales. Este mismo día el Ministro de Gracia y Justicia remitió oficio a la Academia de San Fernando para que designara con urgencia a dos arquitectos para proceder al reconocimiento y examen de la catedral 30. Para que el desplazamiento de la Comisión académica fuera más provechoso, se estableció que de camino hacia León los arquitectos comisionados examinaran también la Iglesia de Santa Cruz de Medina de Rioseco, que se encontraba asimismo en un estado de precaria conservación.

La propuesta de la Academia de San Fernando fue aprobada por Real Orden de 6 de julio de 1858. En ella se nombraba a Narciso Pascual y Colomer que, auxiliado por José Díaz de Bustamante, serían los arquitectos que habían de encargarse de realizar el reconocimiento de la catedral y proponer las obras de restauración más urgentes que habrían de ejecutarse en consecuencia.

A pesar de estas decisiones gubernamentales y del interés mostrado por el Ministro en la tramitación del expediente de obras, lo cierto es que los dos arquitectos nombrados por Real Orden no acudían a León, de tal manera que los fondos librados para la reparaci6n de la catedral seguían sin emplearse. Ante esta situación, y debido al progresivo agravamiento del casi ruinoso estado de la catedral, el Obispo y el Cabildo de la catedral de León acordaron dirigirse directamente a la Reina Isabel II el día 3 de septiembre de 1858. En esta súplica se exponía la inquietud de las autoridades religiosas y de toda la ciudad de León por la paralización de los trámites desde hacía ya dos meses, al tiempo que se expresaba nuevamente el deseo de que se nombrase sin demora arquitecto director para las obras de restauración 31. La intervención directa de la Reina provocó el desplazamiento inmediato de Pascual y Colomer a León para evacuar el informe a la Academia.

 

3) EL INFORME DE NARCISO PASCUAL Y COLOMER.

Narciso Pascual y Colomer se trasladó el día 29 de octubre de 1858 a León para cumplir el encargo expresado por la Real Orden de 6 de julio, es decir, efectuar el reconocimiento del edificio y emitir el consiguiente informe que remitió a la Academia de San Fernando y al Obispo Joaquín 32.

Los objetivos del reconocimiento eran tres: realizar el examen del estado de las fábricas, establecer las causas de su inseguridad y proponer en consecuencia el tipo de reparación que debía ejecutarse, para volver a esta preciosa joya de las artes españolas su primitiva estabilidad y la completa seguridad que exige el sagrado use a que se halla destinada.

En cuanto al primer aspecto, Pascual y Colomer localizó los puntos mas problemáticos en el desplome que sufría el hastial occidental, en el de la fachada meridional, cuyo movimiento y sus consecuencias han silo la principal causa de este reconocimiento, y, sobre todo, observó señales de inminente ruina, pérdida la curvatura cóncava de la arista que descansa sobre los dos machones de la derecha de los cuatro que constituyen el crucero, o sea las dos del lado de la Epístola y particularmente el más inmediato al coro y sobre el órgano.

Las causas del deterioro de estos tramos de bóveda las atribuyó a la falta de resistencia que han encontrado los empujes de los dos arcos torales perpendiculares a la línea longitudinal de la iglesia (arcos torales del este y oeste del crucero) en los machos en que descansan sus canales derechos (pilares torales al sur del crucero) como en los muros que forman el crucero de este lado y concluyen y se apoyan sobre la fachada y portada (muros laterales del brazo meridional del crucero). Las causas que argumenta Pascual y Colomer para explicar el desplome de estos elementos constructivos se fundamentan, pues, en su escasa consistencia y solidez para soportar los empujes; esta fragilidad a su vez la atribuye a extremada ligereza de los muros laterales del brazo sur del crucero que perforados en casi toda su longitud no pueden los arcos y ventanas que los constituyen contrarrestar el empuje de las fábricas superiores y también a la mala calidad de la piedra empleada en la construcción” 33.

Una vez determinadas las causas de este deterioro en la escasa consistencia de estos elementos sustentantes, para Pascual y Colomer la solución era consolidar la fábrica en estos puntos, conclusión un tanto optimista si atendemos al posterior desarrollo de las obras:

veo que el deterioro sufrido tiene una causa conocida y de fácil remedio sino para volver sus fábricas a su primitivo estado, para darlas al menos la más completa estabilidad sin que sea necesario ni derribar nada de lo existente ni hacer grandes apeos siempre difíciles y en extremo costosos en esta clase de edificios”.

Por consiguiente juzgaba innecesario en este informe proceder al desmonte de la cúpula, limitándose solo a la reparación y consolidación de las partes deterioradas 34. El mayor cuidado se debía poner en el modo de ejecución de estas obras de sostenimiento que requerirían un estudio muy detallado, realizarlas despacio y parcialmente para no agravar los movimientos que ya padecían. Según su opinión los trabajos habrían de consistir en dos panes, una primera de apeos de las dos bóvedas al este y al oeste del crucero y otra segunda parte de estudio y elaboración de planos para detener el desplome de la fachada meridional, pero siempre con el siguiente objetivo: solo a consolidar debe limitarse la obra.

Pascual y Colomer, aunque optimista en los medios de reparación, juzgaba sin embargo de tal gravedad el estado del edificio que consideró necesario comenzar sin demora los preparativos para la adquisición de la madera necesaria para los andamios y apeos de las bóvedas indicadas en su informe con el fin de ganar tiempo en estos preparativos. Al mismo tiempo solicitó que se librasen las cantidades suficientes para el estudio preparatorio de la catedral con el objetivo de levantar los planos necesarios y formar el consiguiente presupuesto.

 

4) NOMBRAMIENTO DE MATÍAS LAVIÑA BLASCO.

Para comenzar de modo efectivo estos primeros trabajos referidos en el informe de Narciso Pascual y Colomer, el Obispo de León se dirigió al Ministro de Gracia y Justicia solicitando la inversión de los fondos que ya se habían librado para las obras de la catedral y que aún seguían sin utilizarse por la falta de director facultativo nombrado para las obras 35.

El 17 de noviembre 1858 Perfecto Sánchez Ibáñez y Mariano Álvarez emitieron un nuevo informe como consecuencia de un temblor de tierra que sacudió al templo el día 11 y que afectó sobre todo a las bóvedas de crucería de la nave y presbiterio contiguas a la cúpula, con grietas desde la clave hasta el arranque de las bóvedas.

El 10 de enero de 1859 se creó la Junta de restauración de la catedral de León, presidida por el Obispo de la Diócesis y contando como vocales el Arcipreste, el Penitenciario y como Secretario el Canónigo Doctoral, es decir, todos miembros eclesiásticos. La Junta encargó las obras a Perfecto Sánchez Ibáñez.

Durante los dos meses siguientes se trabajó en la preparación de los andamios para el apeo y reparación de las bóvedas de la nave central sobre el coro y presbiterio, contiguas al crucero. Sin embargo, seguía sin nombrarse al arquitecto por la Academia que habría de ocuparse de la dirección de los trabajos y del levantamiento de los planos, con lo que no se podía realizar todavía un estudio detallado como demandaba el estado del edificio ni proponerse en consecuencia un plan integral de reparación.

Efectivamente, estas obras provisionales de apeo de las bóvedas resultaron pronto insuficientes para contener la ruina del edificio, pues el día 31 de enero de 1859 sobrevino el temido desplome de la bóveda situada sobre el coro mientras se trataba de proveer de los andamios necesarios para su apeo, como señalaba el Obispo leonés 36.

Hallandose los operarios ocupados en los trabajos de preparar la enorme andamiada para el apeo y reparación de la arista 37 y bóveda que cubre el coro de esta Catedral en la tarde del 31 de Enero último, se notó que de la parte resentida se desprendía porción considerable de tierra, y fue forzoso mandarles retirar en obviación de toda desgracia personal. En seguida y muy cerca de las ocho de la noche se desplomó dicha arista y parte de la bóveda contigua, causando únicamente una pequeña lesión en el órgano y algún deterioro en el andamio levantado”.

Pero los temores no solamente se centraban en este desplome y sus consecuencias sino que también se temía por la ruina inminente del primer tramo de bóveda del presbiterio que con su hundimiento ocasionaría cuantiosos daños en el pavimento y en el púlpito de la Epístola. Para evitar este previsible desplome se dispuso en la tarde del 17 de febrero su desmonte, como efectivamente se verificó sin lesión alguna” 38.

Ante estas pruebas evidentes del peligroso estado de la catedral se continuó trabajando en los andamios para reparar las bóvedas, si bien con la desconfianza fundada de que estos trabajos son poco subsistentes y estables si no se procura contener la crecida desnivelación que ha sufrido toda la parte del mediodía del Templo por la presión que sobre ella ejerce la opuesta.

Esta comunicación del Obispo al Ministro de Gracia y Justicia volvía se a insistir en la necesidad de nombrar arquitecto de modo urgente, para lo que el Obispo Joaquín volvió a reclamar de nuevo la influencia de D. Modesto Lafuente y del arquitecto Narciso Pascual y Colomer, a los que dio conocimiento confidencial de los derrumbamientos, a fin de que, alentados por la gravedad de la situación, activasen la venida del arquitecto que fuera designado para el cargo 39.

Una angustiada carta del duque de Rivas, Presidente de la Academia de San Fernando y de la Comisi6n Central de Monumentos artísticos e históricos, dirigida al Ministro de Gracia y Justicia con fecha 7 de marzo de 1859, insistía en el carácter nacional, artístico y religioso de la empresa, solicitando la más viva atención del Ministro para una pronta resolución de los trámites necesarios para el nombramiento del arquitecto y efectivo comienzo de los trabajos bajo la dirección correspondiente 40.

Pese al vivo interés mostrado por estas influyentes personalidades para llegar a una rápida decisión todavía a finales del mes de abril continuaba sin saberse el nombre del arquitecto designado ni cuando podría llegar a la capital leonesa. Mientras tanto se terminó de colocar el andamio para reponer las bóvedas arruinadas y sostener las contiguas; pero, una vez finalizadas estas obras, se suspendió todo trabajo por haberse considerado inútil la conservación de nuevas bóvedas sin haberse reforzado y asegurado previamente el arco toral que las ha de sostener, y se halla en demasía desnivelado” 41.

Ante esta paralización de toda actividad, el Obispo Joaquín volvió a solicitar al Ministro de Gracia y Justicia la pronta intervención bien del arquitecto que designara la Academia, o bien que se autorizara a Perfecto Sánchez Ibáñez, como conocedor del estado del edificio 42.

En Acta de 10 de mayo 1859 se consignaron las alarmantes observaciones de Perfecto Sánchez Ibáñez ante los derrumbes de las bóvedas: visto desde los andamios era imposible la realización de la propuesta de consolidación que formuló Pascual y Colomer en su informe; en consecuencia Sánchez Ibáñez presentó un proyecto de atirantado de norte a sur para sujetar la fábrica del brazo meridional con la del septentrional más resistente. Sin embargo, ya el día 3 de mayo se había nombrado par Real Orden al arquitecto Matías Laviña Blasco Arquitecto director de las obras de restauración de la catedral de León 43. A finales del mes de mayo Laviña se encontraba en León. El arquitecto aragonés recogía el edificio en un estado lamentable y, después de los primeros reconocimientos, tomara las decisiones que se habían aplazado a lo largo de dos siglos: procedió al desmonte de los pilares de Churriguera, de la cúpula de Juan de Naveda y de todo el brazo sur del crucero, junto con las bóvedas, pilares y botareles debilitados. Estas operaciones, por su magnitud, merecen una detenida atención.

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1  Véase I,1.2.

2  Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León, t. II; p. 35. También describe Ríos las estatuas que adornaban el “pórtico” así como las fuentes de la catedral.

3  Acuerdo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando dirigido al Sr. Protector. Madrid, 9 de febrero de 1794. A.A.S.F. sig. 2-32\5.

4  Parece, pues, que la construcción de la verja se remonta al año 1794 y no a11800, como afirma Ríos. Quizás los problemas legales surgidos detuvieran los trabajos hasta el dictamen de la Academia.

5  Fernando Sánchez Pertejo, Idea de planta y alzado de los pedestales, remates y enverjados con que se intenta cerrar el atrio de esta Sta. Iglesia Catedral remitida a D. Isidoro Bosarte. León, 17 de mayo de 1794. A.A.S.F. sig. 2-32\5. Como se puede observar, hay un intento de supervisión por parte de la Academia de San Fernando de los trabajos, según atribuciones reconocidas por Real Orden, que, sin embargo, no se cumplieron con rigor. Véase para estas disposiciones V,5.

6  Véase cap. VIII.

7  Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León. t. II; p. 36.

8  Demetrio de los RIOS, La Catedral de León. t. II; p. 36. Esta Puerta del Obispo fue demolida en 1910, años después de que el propio Ríos comenzara a demoler el Tesoro. Véase cap. VIII.

9  Instancia dirigida por el Cabildo de la catedral de León a Don Joaquín Díaz Caneja, Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, (copia). León, 1 de julio de 1846. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

10  El informe de Manuel Ibáñez, fechado en León el 26 de mayo de 1846, estaba encabezado por una curiosa presentación que decía, “Manuel Ibáñez, Director facultativo de obras y en particular del ojo arruinado en el Puente de Almaras". A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

11  El estado de la fachada con esta ventana doble apuntada es recogido en el grabado de Manuel Navarro que reproducíamos en el capítulo anterior.

12  El texto de la Real Orden fue remitido por el Subsecretario del Despacho de Gracia y Justicia al Gobierno Eclesiástico del Obispado de León el 14 de noviembre. El Cabildo envió el día 20 una carta a Joaquín Díaz Caneja en expresión de su agradecimiento por “la parte tan activa de S.E. en tan benéfica resolución”. A.C.L. C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno.

13  Comunicación de la Comisión Diocesana de León dirigida al Presidente de la Junta Suprema del Culto y Clero. León, 30 de abril de 1847, (copia certificada). A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

14  A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

15  Súplica del Cabildo de la Catedral de León a S.M. la Reina Isabel II. León, l de julio de 1846, (copia certificada). A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

16  Carta de Francisco J.P. Obregón, Penitenciario de la catedral de León, dirigida a Miguel Echano. León, 6 de septiembre de 1847. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

17  Instancia del Cabildo de la catedral de León al Secretario de Estado. León, 1 de julio de 1846. A.C.L. C. Proyectos y obras ejecutadas.

18  Incluso fue común más tarde, en pleno fragor de las iras anticlericlares –producto del incremento de los elementos radicales tras la revolución de 1868– presentar al Cabildo como el principal responsable de los infortunios y ruina de la catedral de León debido a esta designación de los arquitectos y a su poder resolutorio sobre las obras que habían de ejecutarse en el edificio sin ningún tipo de control. Por eso, por estos círculos progresistas, la incipiente y progresiva interferencia estatal en la supervisión de los monumentos fue vista como una “racionalización” y necesaria merma del control del edificio por quienes poco conocían de é1, supervisión que hubo de conducir lógicamente a un importante y beneficioso recorte en el derecho de propiedad de los eclesiásticos sobre estos bienes en beneficio del “interés publico”, en su moderna consideración como monumentos. Para la evolución del cuadro administrativo en relaci6n con las polémicas ideológicas, véase V,5.

19  Súplica del Cabildo de la catedral de León sin dirección. León, 22 de diciembre de 1857. A.C.L. C. Comunicaciones del Cabildo al Gobierno, Sc. “Sobre la reparación de la Iglesia. Cartas y otros”. Las referencias siguientes relativas al Archivo Catedralicio se refieren a la misma caja.

20  Este documento citado abunda en la imposibilidad de acometer el Cabildo las obras, dado su escaso presupuesto, que según se expresa no alcanzaba “ni para cubrir las necesidades más perentorias del culto”; el documento se acompañaba de una liquidación de fondos, ineficaces para financiar siquiera la obra más leve.

21  A.C.L. ibídem.

22  Los informes de Mariano Álvarez y Perfecto Sánchez Ibáñez son recogidos y comentados por Demetrio de los RÍOS, La Catedral de León. t. II; pp. 41-45. A estas citas de Ríos me remito ante la imposibilidad de localizarlos en el Archivo Catedralicio.

23  A.C.L, ibídem.

24  A.C.L. ibidem.

25  Contestación de los Diputados de la provincia de León al Ilmo. Deán y Cabildo de la Catedral de León. Firmas y rubricas de los Diputados Modesto Lafuente, Juan Piñan, Vicente Díaz Canseco, el Marqués de Montevirgen, el Marqués de San Carlos, Joaquín Álvarez Quiñones, y Anselmo Casado. Madrid, 12 mayo 1858. A.C.L. ibídem.

26  A.C.L. ibídem.

27  A.C.L. ibídem. El Ministro de Gracia y Justicia, el día 29 de abril de 1858, había remitido el expediente de reparación de la Catedral de León a la Academia de San Fernando, que emitió su informe con fecha 14 de mayo, como resultado de los acuerdos tomados en junta general del día 7 de ese mismo mes. Informe de la Academia de San Fernando sobre el expediente de reparación de la Catedral de León. (Esta Junta estaba compuesta por el Marqués de Socorro, Eugenio de la Cámara, Lallare y, muy significativamente, Matías Laviña). Madrid, 14 mayo 1858. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp.n° 1, 2° parte y A.A.S.F. sig. 2-32\5. Pocos días más tarde, el 29 de mayo, Modesto Lafuente comunicaba la resolución de la Academia al Cabildo de la Catedral de León, así como la situación del expediente en la Administración estatal. A.C.L., ibídem.

28  A.C.L. ibídem.

29  A.C.L. ibídem.

30  A.C.L. ibídem.

31  A.G.A. (E. y C.), C.8.054, Lg. 8.851. Copia en A.C.L. ibídem.

32  Este informe se encuentra transcrito en una Comunicación del Obispo de León al Ministro de Gracia y Justicia para transmitirle el informe del reconocimiento efectuado por Narciso Pascual y Colomer y solicitar los primeros fondos para comenzar a ejecutar las obras de mas urgencia expresadas en dicho informe. León, 4 de noviembre de 1858. A.G.A. (E. y C.), C.: 8.053, Lg.: 8.841, Exp. n° 1. También en el A.A.S.F., sig. 2-42.

33  Es significativo que Pascual y Colomer no cite en su informe como causa del desplome de estos elementos constructivos el empuje excesivo ejercido por la cúpula, sino que su deformación la atribuye solamente a una falta de resistencia de estos pilares y muros encargados de contener los empujes. Esta diferenciación, que podría parecer en principio superflua, dado que el resultado en definitiva es el mismo, es en realidad de suma importancia para el futuro de la restauración, pues al atribuir las causas del deterioro del edificio a esta falta de solidez de los elementos sustentantes sin hacer mención a la cúpula, Narciso Pascual y Colomer propuso, como veremos, que las obras de reparación del edificio habrían de consistir solamente en unas obras de contención de los empujes y consolidación de estos elementos deteriorados. Sin embargo cuando Matías Laviña se haga cargo de la dirección de los trabajos y proceda a efectuar sus primeros reconocimientos, si bien describe los mismos efectos de desplome del brazo sur y de encurvamiento de los pilares, estos los atribuye desde el principio al excesivo empuje de la cúpula (y pilastrones) con lo que propondrá su desmonte como elementos perturbadores de la fábrica y que, en efecto, ejecutará, como obras de máxima urgencia, en los primeros meses de su mandato. Con ello se pasará de la idea de contención y reparación, hasta entonces mantenida, a la de una verdadera restauración. No obstante hay que precisar que el verdadero reconocimiento y aprobación oficial de la “restauración”, con toda la complejidad conceptual del termino, no seria totalmente corroborada hasta el informe de la Academia de San Fernando de 10 de marzo de 1861 en que apoyó el proyecto de restauración de Laviña, ante la alternativa que presentó (conservación-restauración) en su primer proyecto presentado el 23 de enero de 1861. Véase cap. III.

34  Cabe suponer que Pascual y Colomer no se detuvo a estudiar con detenimiento el estado de la cúpula y sus pilastrones, a los que no menciona siquiera en su informe, quizás juzgándolos a primera vista en buen estado, con lo que se concentró en buscar remedio al alarmante desplome de la fachada meridional “cuyo movimiento y sus consecuencias –como dijo– han sido la principal causa de este reconocimiento”, sin detenerse a analizar con detalle la naturaleza, consistencia y efectos de la cúpula y pilastrones sobre este desplome del hastial sur y sobre el resto del edificio, lo que posiblemente hubiera requerido un reconocimiento más prolongado como el que efectuó Laviña en las primeras semanas de ocupar el cargo.

35  A.C.L. ibídem.

36  Comunicación del Obispo de León al Ministro de Gracia y Justicia. León, 18 de febrero de 1859. A.G.A. (E. y C.), C.8.053, Lg. 8.841, Exp. n° 1.

37  Cuando habla de “arista” hemos de suponer que se refiere a los nervios de la bóveda de crucería.

38  A.G.A. ibídem.

39  A.C.L. ibídem.

40  A.G.A. (E. y C.), C.: 8.053, Lg.: 8.841, Exp. n° 1. Al mismo tiempo el Duque de Rivas remitía al Ministro de Gracia y Justicia una copia de la comunicación del Obispo. A.A.S.F. sig. 2-32\5.

41  Comunicación del Obispo de León al Ministro de Gracia y Justicia. León, 28 de abril de 1859. A.C.L. ibídem.

42  Comunicación del Obispo de León al ministro de Gracia y Justicia. León, 28 de abril de 1859. A.G.A. (E. y C.), C. 8.053,  Lg. 8.841, Exp. n° l..

43  A.A.S.F. sig. 2-32\5.