PRÓLOGO

 

A mediados del siglo XIX, la catedral de Santa Maria de Regla de León, presentaba un estado de conservación lamentable. Fue necesario hacer operativo el compromiso que el Estado había adquirido con la declaración de Monumento Nacional a favor de la catedral de León; tal calificación representaba la responsabilidad estatal de redactar el proyecto de restauración y conservación y el pago de las obras; estaba asesorado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y por la recién creada Junta de Restauración de la catedral de León.

El paulatino proceso de deterioro que amenazaba con la ruina total del edificio se manifestaba ya desde el siglo XIV, momento en el que fue necesario reforzar los muros que cerraban la fachada meridional. En 1857 adquirió unas características alarmantes; había afectado a la cúpula de la nave central, desmoronada en gran parte, al brazo sur del crucero, al claristorio y a algunas ventanas de la cabecera.

Las páginas del proceso de restauración que se emprendió en ese mismo momento, objeto fundamental del estudio que realiza Ignacio González-Varas Ibáñez en este libro, son el reflejo de una de las fases más conflictiva, critica y creativa de la historia de la arquitectura española.

La persistencia de la óptica cultural romántica que envuelve al siglo XIX creó un clima favorable para el desarrollo de unos procesos culturales de muy distintas significaciones. En ese marco en el que predomina la reflexión sobre el pasado surgirán propuestas arquitectónicas como el neomedievalismo y el eclecticismo, y latirán otros modelos para el futuro, como la arquitectura del hierro y los nuevos proyectos de ordenación urbana.

Y este proceso de reconocimiento histórico se manifestará también por otras vías; una de ellas fueron las recopilaciones históricas y literarias, en obras realizadas durante el segundo tercio del siglo XIX por y P. de la Escosura, Rada y Delgado, Piferrer, Pi y Margall y Quadrado, con ilustraciones de Pérez Villaamil, van Halen, Parcerisa, etcétera que rescataron del pasado todo un mundo de formas. Una segunda vía, consecuencia lógica del ambiente cultural en la que se gestó la anterior, fue la incipiente política de conservación patrimonial, inspirada en las que se realizaban en Europa, como en la vecina Francia, en donde se procedía al trabajo de catalogación y dibujo de monumentos, labores que se intensificaron, a partir de 1833, año en el que P. Merimée ocupó el cargo de Inspector General de Monumentos, y después con la difusión de los criterios sobre restauración arquitectónica emanados de la obra de Viollet-le-Duc.

La política de protección integral del patrimonio se inició en España en 1844 con la declaración de la catedral de León como Monumento Nacional; con esa calificación se quiere reconocer que el edificio, por sus valores artísticos, históricos o arqueológicos, son responsabilidad del Estado las labores de restauración y conservación. En la misma norma legal se creo la Comisión Nacional de Monumentos Históricos y Artísticos de León para la ejecución de esas competencias.

El trabajo de Ignacio González-Varas Ibáñez toma como punto de partida el proceso de restauración de la catedral de León que se inició en 1859, precedido de la apertura de expedientes informativos, hasta los primeros años del siglo XX. No es un mero estudio constructivo; González-Varas trata de penetrar en los criterios que sustentaban la defensa del patrimonio y de buscar la urdimbre en la que se apoyan los aspectos doctrinales que sirvieron de guía a las distintas actuaciones. La catedral de León se constituyó en el epicentro de un gran debate en el que múltiples variantes generaron distintas tensiones: formación tradicional del arquitecto frente a las primeras promociones de las escuelas de arquitectura, reconstrucción frente a restauración, unidad de estilo frente a las adiciones históricas, responsabilidad clerical frente a responsabilidad laica, etcétera. El resultado final fue un proyecto completo, minucioso y erudito, realizado bajo un método racionalista, rescatado históricamente por Ignacio González-Varas Ibáñez merced a este minucioso y brillante estudio.
 

Manuel Valdés Fernández

Catedrático de Historia del Arte

de la Universidad de León