Los castillos del Alto Esla

Castillo de Burón

La peña del Castillo de Burón se cree que era donde se asentaba la ciudad cántabra de Bérgida, que según el Padre Eutímio Martino fue objeto de una de las campanas romanas el ano 26 antes de Cristo, en la guerra de los romanos contra los cantabro-astures.

En esta primera ofensiva el año 26 vencen a los cantabros en la Bérgida de Burón, que se retiran al monte Vindius en Torre Santa, corriendo las tierras de Retuerto al puerto del Pontón hacía Panderruedas y camino de Piedrashitas. Desde allí al puerto de Dobres y por el Jario y el Neón al puerto de Vegabaño, vega de ad Vadinia, junto a Vadinia de los vadinienses, de cuyo testimonio nos quedan multitud de laudas sepulcrales. La ciudad de Vadinia se emplazaba en lo que es hoy Burón.

Desde el puerto de Vegabano, por el hayedo de Carombo, tomando la senda del Burro se llega a la Torre Santa o Monte Vindius. Los cantabros creyeron que antes llegarían las aguas del mar a ellos que las armas de Roma, pero se equivocaron.

Palacios de Burón

Quedan en Burón dos magníficos palacios, el de los Allende y el de los Gómez de Caso.

El de los Allende estaba en la parte baja de la villa y se anega por el agua, por lo que lo trasladarán de lugar. Estaba situado en una finca praderil y abundaba en el la piedra caliza azulada, labrada a sillería en esquinas y vanos. Es de comienzos de este siglo y tras su quema en 1973 hoy estaba ya desmantelado mostrando sus robustas maderas esqueléticas.

La familia Allende, originaria en don Tomás Juan Allende y Alonso nacido en 1848, fue uno de los impulsores industriales de la empresa carbonífera de Sabero, cuando abandonó la producción de hierro en sus grandes hornos de San Blas y se oriento ya a la extracción del carbón. Fue senador por León en 1896. De esta familia procedía don Tomás Allende García Baxter, ministro de Agricultura en el periodo 1969 a 1975. Las escuelas de Burón fueron construidas por los Allende en 1922.

En Burón se explotaban minas de antimonio, principalmente en dos grandes extensiones de doce hectáreas, que llamaban la «Lorenza» y el «Ángel de la Guarda».

El otro gran palacio arquitectónico es el de los Gómez de Caso, del siglo XVII, en imitación a las casonas asturianas. Don Pedro Gómez fue notario del Reino en el siglo XVI y un hijo se caso con una «Caso» asturiana, y de ahí vino la formación de la familia Gómez de Caso.

Es un palacio de dos plantas; la planta baja presenta unos arcos carpaneles y la alta una galería apoyada sobre columnas con algún vano tapiado. Campea una labra nobiliaria con la inscripción que hace referencia a «María Gracia Digna».

A pesar de que han elevado en tres metros más la prevista primitiva cota del embalse, a 1103 metros, se cree que las aguas no aneguen este palacio y lo dedicaran a Casa Consistorial.

Fortalezas árabes

Según Al-Maqqari, después de la conquista los árabes se establecieron en los pasos difíciles de las montañas para proteger los territorios conquistados, frente a la sierra de Belay o Peña de Pelayo. Se cree  que era la garganta del Esla, entre Riaño y Cistierna. En esta garganta se alzaron fortalezas en esta época de la repoblación de la montaña y despoblación del Duero.

Verdiago y Aleje estuvieron en poder de los árabes hasta el año 866, doce años después de que hubiera confirmado estas villas Ordoño I a Purello por la batalla de Dueñas. Don Ordoño I le había dado a Purello la villa de Orede, hoy Valdoré, en premio a los moros que mató en el río Donna, que es el río Dueñas, el que baja cantarín de Lois a Las Salas.

Los castillos que estaban en poder de los árabes aún estuvieron mucho tiempo en sus manos, como Sabero, Aleje, Monteagudo. En Aleje quedaban aún las ruinas de la fortaleza. Estos castillos se llamaban Aquilare y Ribesla y estaban pensados para defender la meseta contra la montaña de Pelayo.

Más tarde los reforzaron los reyes cristianos para que sirvieran de defensa de las Asturias contra las incursiones árabes, y actualizaron los antiguos castros para la salvaguarda de esta cabecera cantábrica, de valles como Ponga, Sajamabre, Valdeón y Liébana, repoblados por Don Alfonso I.

Así se explica que se salvara el desfiladero del Esla por el joven Omar, porque se apoyaba en sus fortalezas y diera la batalla de Pontuvio en el puerto del Pontón, para sucumbir a manos de Fruela.

El castillo de Siero se emplazaba en el elevado cueto de San Miguel, que es una atalaya de amplísima observación. Aún quedan soterrados los pedruscos de sus basamentos y la leyenda de la cueva donde bajaban a dar de beber a los caballos.

En la explanada se asentaba la ermita de San Miguel y en su rededor el cementerio. La portada del antiguo monasterio de San Miguel fue la que llevó para Pedrosa don Antonio Valbuena. Hoy ha tornado nuevamente a Siero al ser anegada la villa de Pedrosa; portada románica. En la trastera de la iglesia tienen la talla de San Miguel que se bajó de la antigua ermita y monasterio.

El castillo de Alión en Las Salas tenía un emplazamiento estratégico en un nudo de caminos que iban hacia el Porma por la collada de Trébede, por otra collada hacia Horcadas y Carande y hacia el sur por Crémenes para el valle del Esla y por Crémenes a Corniero y por la collada de los Muertos a Primajas y hacia Reyero y el Porma.

Quizá el lugar de su asentamiento era cerca del Collado Concejero, donde se reunía el concejo de Alión, camino de Salamón.

Pinceladas históricas sobre estos castillos del Alto Esla

Monteagudo procede del latín acutus, agudo, puntiagudo, afilado y es epíteto propio de un monte.

Queda situado en la base septentrional de Peña Corada, que se eleva a 1823 metros y en sus inmediaciones se asentaba el castillo de Monteagudo. Hoy hay camino que va de Ocejo a Ferreras del Puerto.

El castillo de Monteagudo había sido dote del monarca Don Fernando II a su amante Doña Urraca López de Haro, con la que matrimonió al fin del año 1187, un año antes de su muerte ocurrida el 22 de enero de 1188 en Benavente. Este rey se pasó toda su vida a lomos del caballo.

Uno de los hermanos de la reina, Don Rodrigo, había recibido del monarca una heredad llamada Ferrara, Ferreras del Alfoz de Aquilare en Valdetuéjar y Monteagudo, hoy Ferreras del Puerto.

Los castillos de Siero y Portilla de la Reina fueron luego entregados por esta reina Urraca al rey castellano Alfonso VIII, por odio a su hijastro Don Alfonso IX de León, alegando que no era legítimo del matrimonio de Fernando II y Doña Urraca de Portugal por haberse disuelto el matrimonio por bula papal, pretendiendo que la corona le correspondía a su hijo Sancho, habido con Fernando II, y se reservó con su hermano Diego López de Haro los castillos de Aquilare y Monteagudo.

El monarca castellano prometió devolver estos castillos al rey leonés en el tratado de Tordehumos, muy cerca de Villabrágima y Medina de Rioseco, donde hubo una granja agrícola del Rey Recesvinto.

Este tratado se celebro el 20 de abril de 1194, pero el castellano no cumplió y el leonés se comprometió a respetar por diez años las villas que se habían dado a su madrastra Doña Urraca López de Haro al casarse con su padre Fernando II.

En 1198 Alfonso IX se casa en segundas nupcias con Dona Berenguela, hija del rey castellano Alfonso VIII, y el castellano dio en dote a su hija los castillos de Siero y Portilla.

Por razón de que Don Diego López de Haro se desnaturó y marcha a Estella, desde donde atacaba las tierras de León, el rey leonés le atacó los castillos de Aquilare de Sabero y Monteagudo de La Mata, respetando al héroe de ellos Marcos Gutiérrez que se defendió con bravura.

Este Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya, fue caudillo de las tropas vascongadas en la batalla de las Navas de Tolosa el 1212, y mereció el honor de ser enterrado en el panteón de reyes de Navarra, y tan gran respeto inspiraba su memoria que hasta 1840 los ayuntamientos de la comarca de Najera, antes de comenzar a ejercer sus funciones visitaban la tumba del señor de Vizcaya, que fue señor de este castillo de Monteagudo de La Mata, preguntándole si era de su agrado el nuevo concejo.

Entran en escena los condes Flagínez

Liquidado el asunto de las villas de la reina viuda Doña Urraca López de Haro por tales fechas el Papa Celestino III disolvió nuevamente el matrimonio de Alfonso IX y Berenguela, y ordenaba que a su nulidad volvieran al rey leonés sus castillos, pero el rey castellano llegó a su nieto Fernando, que sería luego Fernando III el Santo, en su testamento de 1204, entre otros estos castillos de Siero y Portilla, y el rey leonés reconoció a Doña Berenguela de por vida las rentas de estos castillos, que suponían 60 maravedíes de yantar cada uno.

En todos estos avatares aparecían no solo los castillos de Siero y Portilla sin los de Monteagudo, Aquilare, Alión y Burón, que en todos los lugares existía castillo.

Se cree que el fundador de este condado y restaurador del castillo era la familia de los Flagínez, procedentes de Liébana, que vivían en el castillo de Aquilare y en el de Monteagudo.

El de Aquilare no bien localizado, porque don José González dice que se ubicaba en un cerro cercano al arroyo que baja de Ocejo a Santa Olaja, que todavía lleva el nombre de Castillón, pero monseñor don Julio de Prado Reyero, párroco de Sabero y una de las plumas históricas de más fiabilidad en estos lares leoneses, dice que se asentaba en un cerro próximo a Sabero.

Otro castillo había en Aleje, que llamaban Ribesla. Estos castillos fueron también las fortalezas árabes que hemos descrito anteriormente.

Los Flagínez, Fernando Flagínez y su esposa Elvira, fundaron el 26 de febrero del año 1020 los monasterios de Matahaces y Pereda de Argovejo e invitaron a su inauguración al rey Alfonso V el de los Buenos Fueros, cuyos terrenos se extendían hasta Peña Corada. Sus restos reposan en la ermita de Pereda.

Este conde Fernando Flagínez estuvo al lado de Bermudo II el Gotoso y de Alfonso V en sus campañas guerreras. Era conde y gobernador de las torres de León cuando asesinaron a Don García el castellano en la puerta del Perdón de San Isidoro, que venía a casarse con Doha Sancha la leonesa.

Era un anticastellanista furibundo, y se encogió de hombros ante este regicidio fraguado por los Velas y los condes de Saldaña y Monzón, Gonzalo Muñoz y Fernán Gutiérrez. Aún se cuenta de él que le dio una bofetada a Doña Sancha apartándola de su prometido, porque se abalanzo para impedir el regicidio.

Fernando Flagínez siguió en León al lado de Bermudo III y le acompañó en la batalla de Támara, donde se hundió la autentica monarquía leonesa y el rey Bermudo perdió su vida, su reino y su caballo Pelayuelo.

Su hijo Flaino Fernández se enfrentó con Fernando I, quien le confinó a sus castillos de Aquilare y Monteagudo.

Estos Flagínez además del monasterio de Pereda de 1020 fundaron el monasterio de Orede, en Valdoré, y van a ser protectores de fundaciones de monasterios de tipo familiar, como se cree que haya sido el primer monasterio que se fundó en Peña Corada, que se llamaba Santa Juliana y es por fechas en rededor del año 1000.

El torreón de La Mata de Monteagudo

En la parte alta del pueblo se conserva un torreón con campana de un antiguo palacio nobiliario de los Reyeros y los Prado, y una arcada de la capilla del palacio, todo del siglo XVI.

Fue palacio de muchas labras nobiliarias que se han embutido en la torre de la moderna iglesia de la década de los sesenta, que tuvo de patrón a San Cipriano y hoy está bajo la advocación del Sagrado Corazón.

El arca de Portilla de la Reina

Portilla de la Reina es una de las villas que conserva un archivo de documentos concejiles de autentica riqueza histórica. El archivo se guarda en un área de gran volumen y peso; mide dos metros de larga, de madera de roble, con tres cerraduras de herrero y cada llave era preceptivo guardarla en poder de los tres miembros de la regiduría de la villa.

A mí me abrieron el área para que examinara todos los documentos, que los hay interesantísimos. Para abrir el área el regidor se pone de rodillas par la veneración que siente por sus documentos, como joyas de la historia de la comunidad donde estan los ancestros de Portilla y las disposiciones de reyes, que siempre infunden respeto.

Hay un privilegio dado al concejo de Portilla por Don Alfonso XI con acotamiento en redondo de su termino concejil. Lleva sucesivas confirmaciones reales hasta Don Fernando VII.

Se da el privilegio en Segovia el 5 de septiembre de 1345. Es un códice en pergamino con el forro de cuero atado a un sello rodado en plomo de Fernando VII. Consta de 52 folios. La portada dice: «Se firmó este privilegio de la villa de Portilla en esta ciudad de Valladolid, traiéndola Marcos Juan y Garzía, vecino de dicha villa en 8 de junio de este año de 1761. Pasados por esta Real Chancillería».

Enmarcado el texto en hermosa orla con sello de Fernando VII se hallan las formulas de confirmación dadas en Palacio el 18 de septiembre de 1814. Constan las confirmaciones del privilegio de Doña Juana, de Don Carlos, de Don Felipe II, de Don Carlos II, de don Felipe V, de Don Fernando VI, Don Carlos IV y Don Fernando VII. El privilegio especifica las delimitaciones del terreno de Portilla, las prendas a pagar por quienes invadan sus terrenos para pastar y los impuestos a abonar.

Hay otro privilegio muy similar en presentación, de pergamino y forro de cuero, sello rodado de plomo orlado a color y de bellísima caligrafía pendolística, de Don Fernando VII confirmando el privilegio dado por Don Fernando VI el 24 de junio de 1755 en defensa de las gentes de Portilla y su ayuntamiento, con derecho de presentación de alcaldes y el título de Villa, eximiéndoles de la jurisdicción de Boca de Huérgano.

Cuando se confecciono el catastro de Portilla el 17 de septiembre de 1752 se declara como lugar y tres años más tarde, el 24 de junio de 1755, el rey Don Fernando VI concedió la categoría de villa.

Conserva muchos documentos interesantes y bellos: el catastro de la Ensenada, los pleitos mantenidos contra los marqueses de Valverde de la Sierra desde 1753 a 1840, pleitos con Valdeón por los pastos de Mostajal de 1821, libro de mojoneras de 1696, rectificación de las calles de la villa de 1888, el amillaramiento de bienes públicos de 1813, los apeos de bienes de Santa Águeda, San Martín y San Andrés, un pleito contra el capellán de Santa Águeda por construir un molino en perjuicio del pueblo, las cuentas de gastos ocasionados por la guerra contra los franceses en 1812 y la arenga del Duque del Infantado, las ordenanzas de 1820, catastros y censos.

Conservan también dos copas de plata maciza, que tienen en la base por su interior la inscripción: «soi del conzejo de Portilla».

Creo sean del XVII por la abundancia barroca de sus grabados. Son muy hermosas y la utilización sería para escanciar el vino concejil.

Todo es una riqueza de raíces históricas que conservan con cariño y recuerdos emocionados.

El castillo de Aquilare en Sabero

Todo el valle de Sabero era de gran industria minera del carbón, hoy ya en recesión total pero se nota la gran explotación a cielo abierto. La explotación bajo suelo contaba con el famoso castillete del gran pozo carbonífero de dos mil metros de profundidad.

En Sabero quedan las reminiscencias de la gran industria de laminación que funcionó a mediados del siglo XIX. Fue la primera industria férrica de España, con altos hornos de coque, donde se fundía el mineral de hierro y luego se laminaba.

En la calle queda la construcción de la casa de piedra de los directivos de la empresa y algunas viviendas que conservan parte de su primitiva estructura.

Esta industria metalúrgica contaba con los yacimientos de oligisto de Sabero, Yugueros, Aleje, Sotillos y Sahelices, que facilitaban la materia prima.

La industria procede del año 1845 y fue la primera en España que utilizó los altos hornos. El personal técnico era inglés, francés y belga y se trajeron de tierras vascas obreros cualificados. Aún no existían los altos hornos bilbaínos y asturianos.

Quedan los restos de los hornos de fundición y la gran construcción del taller de laminado; se asemeja a una catedral, con sus grandes arcos abovedados, donde en su interior han instalado el polideportivo. La fabrica es de una solidez a prueba de tiempo.

El hierro obtenido se llevaba en carretas a León, Sahagún y Palencia. Más adelante, cuando se construyó el ferrocarril del Norte, comenzaron ya los hornos de La Felguera y al trazar el ferrocarril por el puerto de Pajares, León comenzó a surtirse del hierro asturiano y perdió importancia Sabero, por el encarecimiento de su transporte, ya que aún no se había trazado el ferrocarril del Hullero.

La empresa de Sabero, que se denominaba San Blas, duró tan solo veinte años. Dentro de la gran nave del laminado queda pendiente de sus muros una gran pieza de hierro que dice ser construida en estos talleres, en el año 1848.

Por lo que respecta al castillo de Aquilare, que don Julio de Prado ubica en el cerro de Sabero, sólo quedan ruinas de esta fortaleza, nido de águilas. Fue un bastión medieval del siglo X, donde hicieron testamento los condes Flagínez Fernán y Elvira.

El domino nobiliario se extendía desde Gradefes hasta Remolina y aún en el siglo XVII se denominaba a esta zona el alfoz de Aquilar.

No conservó mucho valor estratégico porque la reconquista bajó pronto las fronteras hasta el Duero, no obstante cumplía la misma misión defensiva de las Asturias como los demás castillos que se establecieron por las faldas de la montaña leonesa.

Al nacimiento de los concejos medievales como agrupación de pueblos surge también el concejo de Valdesabero, que recoge en su jurisdicción los lugares de Sahelices, Zistierna, Sabero, Yugueros, Quintana, Modino y Valmartino, aunque pertenecientes al obispado de León; sin embargo Modino se desglosó pronto para pasar a ser de realengo, y el concejo de Valle de Sabero con Riaño y Riviesla van a pertenecer al marquesado de Astorga y conde de Altamira.

Sabero debió llamarse en un principio San Pedro, y por degeneraci6n lingüística pasó a llamarse Sampero y luego Sabero.

En la localidad de Sahelices existió el monasterio de San Félix de Sabero, perteneciente al siglo XI, pues ya en 1058 en el testamento de Fronilde Peláez figura una manda sobre el monasterio.

Citas históricas

El 26 de marzo de 1206, en Cabreros, hay un tratado de paz entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León; Alfonso VIII da a su nieto Fernando los castillos de Almanza, Castrotierra, Valderas y Siero; Doña Berenguela da a su hijo Fernando los castillos de Valencia y Castro Verde y Don Alfonso IX da a su hijo Fernando los castillos de Luna, Arbueio, Gordón y Ferrera.

El 7 de septiembre de 1207, en Burgos, Don Alfonso IX dona a Doña Berenguela rentas de villas como Valencia de Don Juan, Castroverde, medio petito de Argüellos, Gordón, Luna, Alba, Cabreros, Almanza y morabetinos de Siero.

El 1 de noviembre de 1208, en Proencia, Don Alfonso IX confirma a la iglesia de León la posesión de los castillos de Monteagudo y Aguiar.

 

El castillo de Boca de Huergano

Avatares históricos de la familia de los Tovar

En días de Don Pedro el Cruel un personaje relevante de su corte, con casa solariega en Valladolid, Don Fernán Sánchez de Tovar, consejero del rey, se pasó al bando de los Trastamara de Don Enrique II y se hizo famoso como almirante en sus acometidas a Londres y Lisbosa, muriendo de peste en Lisboa en 1380. Estaba casado con Doña Elvira de Sandoval.

Tovar consiguió los territorios de Tierra de la Reina y levantó un castillo en Boca de Huérgano con posesiones hasta la La Liébana.

Por fechas del siglo XV, Doña Leonor de Tovar, hija de Juan Tovar, atraía hacia Huérgano a poetas y juglares y personajes de Castilla y León, organizaba fiestas, caserías y comidas de campo.

Ya Don Alfonso XI gustaba cazar corriendo estos montes ciervos, jabalíes y osos.

El 23 de septiembre de 1458 Don Enrique IV el Impotente confirmó la bula de Don Juan II, prohibiendo que la Merindad de Valdeburón y la Tierra de Alión fueran enajenadas, por lo que siempre serían de realengo.

Sin embargo, el 10 de octubre de 1464 el mismo rey Don Enrique IV, que había prohibido seis años antes enajenar la Merindad de Valdeburón y Tierra de Alión, ahora hace donación a Juan Tovar señor de Tierra de la Reina, en recompensa de servicios prestados.

Los montañeses se sintieron ofendidos por esta veleidad real y arremetieron contra el Tovar en Boca de Hueégano, y el rey se lamentó del hecho dando provisión real al merino mayor del reino el 7 de marzo de 1466 para que diera posesión de Valdeburón a Juan Tovar.

Los concejos de la Merindad: Burón, Sajambre, Valdeón, Alión y Maraña acudieron nuevamente al monarca, y por presentación del procurador Thoribio González de Maraña le hicieron ver que eran de realengo y nunca de señorío y ellos elegían su merino propio. El rey Don Enrique IV recapacitó y se desdijo de su anterior concesión y anuló su propia donación a Juan Tovar, concediendo a la Merindad de Valdeburón el privilegio de ser de la Corona sin que puedan ser enajenados y que nombren su propio merino.

Esta fue como la Carta Magna de independencia de la Merindad de Valdeburón otorgada el 16 de agosto de 1467 y duró hasta la división de España en provincias en el siglo XIX.

Fue confirmado este privilegio de la Merindad por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1475 y el 22 de junio de 1480 y les apoyaron en su defensa contra la codicia de los Tovar y los Prado de Valdetuéjar.

Pero los Tovar y los Prado consiguieron ser nombrados merinos y abusaron de los concejos exigiéndoles obligaciones injustas, queriendo rehacer la fortaleza de los Prado en Renedo de Valdetuéjar, que había sido derribada por la Reina Católica, y los monarcas volvieron a amparar a los concejos con ejecutorias el 8 de mayo de 1476, el 11 de abril de 1480 y el 20 de mayo de 1484.

Los Reyes Católicos nombraron al corregidor de Asturias con amplias facultades el 30 de noviembre de 1499 con la recomendación de tener a su cargo la justicia de Valdeburón.

Nuevas confirmaciones ampararon el privilegio de la Merindad por Doña Juana el 26 de mayo de 1512, por Don Felipe II el 11 de marzo de 1563 y por Don Felipe III el 17 de febrero de 1600.

El 31 de marzo de 1475 los Reyes Católicos confirmaron la Hermandad constituida por los concejos de Valdeburón, defendiéndose de la codicia nobiliaria de los Tovar y los Prado.

La Hermandad va a ser el brazo defensivo de la Merindad. Cuando asisten los representantes de la Merindad a sus reuniones en la sala capitular de la ermita de Santa Maria del Pontón, ya no van a llevar su escuadrón de jinetes, sino el escuadrón de la Santa Hermandad para protección contra los abusos nobiliarios.

Cómo era el castillo de los Tovar en Boca de Huérgano

Era este un castillo del siglo XIV, más lujoso que fuerte, digna morada para sus linajudos próceres, los señores de Tovar.

Destacaba su torre airosa y cuadrada. Tuvo ventanas de varias hechuras y tamaños y la que aún se aprecia entre su ruinoso estado es geminada en arquillos y columnillas.

Todavía se ven los mechinales donde se embutían las vigas para sostener tres pisos de habitaciones.

Los muros son muy gruesos de mampostería y mortero y en lo alto un escudo de armas de Castilla y León. Ceñía la torre un muro bajo, pero está todo arruinado.

Fue incendiado este castillo suntuoso en la francesada, al no encontrar en Pedrosa del Rey al guerrillero Juan Díaz Porlier, el Marquesito, que le había avisado don Juan Viana, el cura de Besande. El cura pago con su vida su acto patriótico. El incendio del castillo ocurrió el 4 de abril de 1809.

 

El castillo de Villapadierna

Perfiles históricos de la villa

«Paternus» y «maternus» se usaron en la Edad Media como nombres personales. «Padierna» deriva de paterna, por lo que Villapadierna significa villa paterna o villa de Paterno.

Ya nos indica Madoz en su Diccionario que en el siglo XIX se cosechaba en Villapadierna mucho lino para exportar a Asturias.

En las declaraciones del Catastro de la Ensenada el 16 de agosto de 1752, que se prestan bajo juramento ante el juez don Gabriel González Reyero y Sierra, intervienen el alcalde mayor Alonso Rodríguez Castañón, el cura párroco Indalecio Fierro Argüello, el regidor por el estado noble Alonso Fernández, el regidor por el estado general Mathias Blanco y varios vecinos como peritos del concejo.

Declaran que Villapadierna es villa de señorío de la duquesa de Alba, a quien contribuye el concejo con dieciséis cargas y media de pan mediado por razón de vasallaje y se lo entregan a su administradora María Angulo vecina de Mansilla, así como 249 reales de vellón del impuesto de Alcabalas, que las tiene la duquesa de Alba enajenadas de la Real Corona.

El río Esla ocupa 3/4 de legua en su curso por terrenos de esta villa, pues la mitad de su curso es privativo del común y la otra mitad privativo de la duquesa y se lo toman en arriendo para la pesca por 200 reales de vellón. La duquesa provee los cargos de escribano de numero para esta villa y jurisdicción de Valdellorma y Ribesla.

Hay un maestro «flotomano», Manuel Lagunilla, que gana 700 reales, tres tejedores, un carpintero, un sastre, 12 pobres de solemnidad y el resto son labradores de pancoger. En total hay 42 vecinos, que disponen de 56 casas habitables.

El común es propietario del molino harinero de dos ruedas y del batán de estameñas, que se sitúan en el río caudal; arriendan el molino en 24 cargas y el batán en 80 reales.

Un detalle curioso es que entre el impuesto de diezmos hay cuatro cargas de pan mediado que llaman «diezmo de barraganas».

El castillo

Aún hoy presenta dos fortificaciones, una dentro de otra. Los lienzos son de sillares y canto rodado con argamasa. Se entra difícilmente en é1, por la cantidad de maleza que hay en su rededor y la humedad del terreno circundante.

Es una edificaci6n gótica, de los Enríquez, que por matrimonio de la hija del almirante de Castilla con el duque de Alba pasó a la casa de los Alba. Es una buena muestra de arquitectura militar.

 

El recinto amurallado de Rueda del Almirante

Nominación

En el año 1195 la villa fue repoblada por Alfonso IX con el nombre de «Castro de Roda».

Su asentamiento ocupaba el cerro en forma de rueda y de ahí su apelativo.

En tiempos de Juan II la villa perteneció a Don Alfonso Enríquez, almirante mayor de Castilla, de ahí
el sobrenombre «del Almirante».

Lo habitual es derivar Rueda del latín rota, «rueda», alusiva a la forma circular del coronio en el que se ubicó el «Castro de Rueda».

Pinceladas históricas

El cura párroco era presentación de los vecinos. Fue un pueblo amurallado con fortificación inexpugnable en la guerra con los moros.

Como cabeza de jurisdicción comprendía los pueblos siguientes:

Aldea del Puente, Cañizal, Carbajal, Casasola, Cerezal, Cifuentes, Cubillas, Garfín, Gradefes, Herreros, Llamas, Mellanzos, Nava de los Caballeros, Palacio de la Ribera, Quintana, Quintana del Monte, Quintanilla, Sahelices, San Cipriano, Santibañez, San Bartholomé, Valduvieco, Val de San Pedro, Valdealiso, Val de San Miguel, Valporquero, Val de Polo, Valdehalcón, Villalquite, Villamondrín, Villanófar, Villaibiera, Villacidayo, Villaverde la Chiquita, Vega de Monasterio, Despoblado de Cañones; total 37 entidades de poblaci6n.

El 21 de junio de 1752 la Comisi6n declarativa de Rueda del Almirante prestó declaraci6n mediante juramento ante el juez don Diego de Ulloa y Sesa para facilitar toda la informaci6n sobre la villa en orden a la única contribuci6n. La Comisión estaba integrada por Domingo García theniente del alcalde mayor por ausencia de don Juan Calderón, que era alcalde por la duquesa de Alba, Miguel Fernández procurador general por no haber regidor y por el estado general por no haber estado noble, Francisco Antonio García cirujano de numero y Juan Álvarez cura párroco.

Declaran que Rueda del Almirante es villa de señorío de la duquesa de Alba, a la que pagan un foro de 50 reales de vellón por la elección de justicia y 3 reales del derecho de martiniega.

Son muy pocos vecinos, sólamente doce, entre ellos un sastre y no hay pobre de solemnidad, y disponen de 16 casas habitables. No pagan por establecimiento de suelo pero si pagan a Su Majestad que Dios Guarde 33 reales por servicio ordinario y extraordinario porque son de estado general y depositan el pago en las arcas reales de Valladolid.

Las Alcabalas las gozaba la duquesa de Alba, pero tienen merced hecha por Don Enrique Cabrera, que fue señor de esta villa y para que sus vecinos no pagasen las Alcabalas las enajenó, así como los diezmos del cura. No saben con que títulos, pero gozan de ellos desde tiempo inmemorial.

La pesca del río es propia de la duquesa de Alba, pero la arrienda a vecinos de varios pueblos en 900 reales de vellón al año.

La fortificación de Rueda del Almirante

El Castro Roda o de Rota, como se llamaba en tiempos de Alfonso IX, que la repobló en 1195, ya se cita en el 966 y en el 1181, como un lugar dado a Mansilla.

Su recinto amurallado era cerca de cal y canto, hoy totalmente derribada, que ocurrió ex-profeso por ataque de Don Pedro el Cruel que no la pudo tomar, por haberse inclinado en parcialidad al lado de su hermanastro Enrique de Trastámara, en 1355.

En la cortadura del terreno hacia la vista del Esla aún se divisan los restos de lo que sería alguna de sus torres. A fines del siglo XIV fue ya señor de esta villa el portugués Gil Vázquez de Acuna; luego pasó al privado del condestable de Castilla, Hernán Alonso de Robles; Juan II confiscó la villa y la cedió a Don Fadrique Enríquez, almirante de Castilla y a sus herederos.

Rueda del Almirante tiene mucho que ver en la leyenda del tributo de las Cien Doncellas y en la leyenda del tesoro oculto cerca de la fuente de la Doncella.

Citas históricas

El 24 de agosto de 1206, en León, Alfonso IX exime a los hombres de la iglesia de Santa Maria de León que viven en Rueda de tributos, pechos o servicios, excepto el pago de dos sueldos con destino al castellaje de Rueda.

El 7 de abril de 1255, desde Sahagún, Alfonso X el Sabio confirma el privilegio de su abuelo Alfonso IX y les impone el pago de dos maravedíes para la reparación del castillo de Rueda cuando los hombres de León los paguen para reparación del castillo de la ciudad.

En mayo de 1195 hay una controversia entre el arcediano de la iglesia de León, Don Rodrigo, y los pobladores de Rueda del Almirante sobre los derechos de ambas partes en la villa, que donó Alfonso IX a sus moradores para poblarlo.

 

Las murallas de Mansilla de las Mulas

Nominación de Mansilla

Al prolongarse el Fuero de 1027 el alfoz de León es el territorio al que alcanza la jurisdicción de la capitalidad, y allí no se menciona Manilla. Se habla de Santa Marta, hoy Santas Martas, y Quintanilla de Cea que luego se llamó Quintanilla del Páramo en 1140, y es el limite del alfoz.

Describe Cinfontes Cifuentes y Villafeliz de la Sobarriba, Cascantes, el Orbigo, Villar de Mazarife, valle de Ardón y los Oteros. En el alfoz no se describe Mansilla.

Mansilla va a ser heredera del poblado de Villalil o Villa-Lili, situación de un molino que dona Alfonso IV el Monje al monasterio de Abellar, que había sido fundado por el obispo Cixila en tiempos de Ordoño II, monasterio de monjes mozárabes, en Canaleja de Torío; mucha documentación del archivo de la Catedral proviene de este monasterio.

Las primeras referencias documentadas sobre Mansilla son del 956, y se habla de vilas o casas de laboreo agrícola. En el 959 hay otra referencia a Mansilla por un testigo de Mansela. Decrece el prestigio de Mansela Mayor y se va acrecentando el de Mansela del Puente; se sobrepone la Mansilla del Esla a la Manilla Mayor.

En el 1085 se habla ya de una Manilla Menor, de una corte con su egido y su media tierra o conjunto cerrado. Dice que confina con Martín-Flavi, con doña Elisonza y con don Pelayo Froila. Froila Díaz es el segundo conde de Astorga y tiene señorío en Mansilla. Su primogénito es Pelayo Froila y el segundo hijo Ramiro Froila. La hija de este Ramiro Froila es Doña Estefanía, esposa de Ponce de Minerva, gobernador de las Torres de León y fundadores del monasterio de Sandoval.

La Carta Puebla de Mansilla pertenece a la fecha 1181. La denominación de Mansa, quiere decir terrenos dóciles de cultivo, Mansela. Así se identifica también en el mismo significado Almanza, Mansella de illa Ponte Illa-Mansa, Al-Mansa del Cella, Almanza del Cea.

Mansilleja linda con Mansella de Ponte y Santa Olaja. Mansilla Mayor es de colonos originarios anteriores a los de Mansilla del Puente; son colonos solariegos.

En 1110 el favorito de la Reina Doña Urraca, Pedro de Lara, que se le acusa de trato adulterino con la soberana, es un gran valedor del hijo de Doña Urraca, Alfonso VII el emperador de las Españas.

A Don Pedro de Lara lo encierran en Mansilla; por lo tanto ya era un lugar seguro para tener encerrado a un personaje tan importante coma Pedro de Lara.

El concejo de Mansilla de las Mulas

El concejo de Mansilla de las Mulas se destaca como colectividad de solidaridad concejil sobre todos los demás concejos.

Pensando engrandecer el monasterio de Sahagún, Alfonso VII da al monasterio el concejo de Villalil, aldeas como Mercadillo, Jabares, Villela, Calzada, Santa Elena, Morales, San Félix (Sahelices del Payuelo) y llega el alfoz de Villalil hasta Calzadilla de los Hermanillos y el Burgo Ranero.

Teresa Pérez, fundadora del monasterio de Gradefes da el Fuero de Quintanilla del Páramo, antes Quintanilla de Cea.

En 1152 el emperador da a Sahagún el segundo Fuero de la villa, que está poblada de gentes de distinta condición y procedencia: francos, borgoñones, burgaleses, vascones, judíos, mozárabes, leoneses.

No podían tener horno ni cocinar pan y en este Fuero se suprimen estas prohibiciones. Ya en el Fuero de Villacelama se autoriza tener horno, pero se grava con un impuesto llamado la furnada, que consiste en un sueldo por furnaje, ano 1153. Un sueldo equivalía a una oveja o valor de una oveja.

El emperador quiere que se establezca en Mansilla un concejo de tanta importancia como el de Villalil.

En 1153 se concede también Fuero a San Miguel de Escalada; se recogen todos los documentos referidos a él en el año 1173.

El emperador deja a su hijo Sancho I el Deseado el reino de León, copiando los módulos arraigados en el reino de Castilla. Esto es una influencia navarra, que a su vez estaba influida del otro lado de los Pirineos. Fernando I también había dividido su reino; era navarro y se había educado allí.

Castilla había estado limitada al rió Pisuerga, luego se establece como límite el río Cea, hasta su confluencia con el Esla. Los reyes leoneses quedan ya sin proyección al sur; sólo queda el camino hacia Mérida, la ciudad de los eméritos augustanos, los jubilados. Las dos ciudades unidas por el Camino de la Plata son Emérita Augusta y Astúrica Augusta (Astorga).

Castilla tiene que dejar libre a León la Vía de la Plata; pero sigue ofreciendo gran peligro sobre ella. El reino portugués de Alfonso Enríquez también es otro peligro que se cierne para este Camino de la Plata.

Entonces Fernando II piensa en otro camino en Benavente, y Benavente se va a convertir en el foco de irradiación foral de esta época.

El Fuero de Benavente es el mismo de León, con algunas modalidades propias. Se conceden Fueros a Villalpando y Castroverde.

En el año 1181 se va a dar el Fuero de Mansilla, Coyanza y Mayorga de Campos. El rey muestra gran sensibilidad respecto de Mansilla. La Carta Puebla a Mansilla habla del pan cocido, que no pague ningún censo. Propone castigos a concejos próximos, a Santas Martas y otros, si se entrometen en el concejo de Mansilla por la venta de pan y vino.

Se constituye una hermandad concejil entre los concejos de León, Astorga, Mayorga, Mansilla, para hacer trasvase de presos y un reglamento de muros o castellaje, como un impuesto para arreglar las murallas.

Cosas menudas del concejo de Mansilla

Tanto en la conferencia que dio en Mansilla de las Mulas el historiador leonés don Justiniano Rodríguez, el 25 de noviembre de 1981, en la sala de fiestas, con verdadera amenidad y profundidad de investigación, así como en conversaciones con éste, profundo hombre de ciencia, siempre nos ha relatado la importancia que tuvo el concejo de Mansilla a lo largo de la organización histórica y social de la Alta Edad Media.

Mansilla tuvo cierta fricción con el monasterio de Santa María de Sandoval, porque cambio un poco el curso del río, y se reunía el concejo en la iglesia de San Nicolás para tratar estos debates.

Con el fin de tratar sobre el ganado menudo se reunían en concejo en la plaza y en la iglesia de Santa
Maria de la Plaza.

El Fuero de La Cenia, del año 1288, es muy influido par el monasterio de San Miguel de Escalada. Mansilla va a tener con este Fuero ciertos derechos sobre La Cenia, principalmente para obligar a esta gran dehesa de La Cenia a pagar a Mansilla un impuesto de castellaje, con el fin de ayudar al sostenimiento y restauración de las murallas de Mansilla.

También le corresponde a Mansilla administrar la justicia sobre el alfoz de La Cenia.

Las murallas de Mansilla de las Mulas y el derruido castillo

Como hemos visto no debió tener mucha importancia Mansilla de las Mulas antes de su repoblación por Fernando II en 1181. Fue propiedad del celebre duque de Benavente, Don Fadrique de Castilla, hasta que Enrique III el Doliente se la arrebató, derribando su castillo en 1394, que no se volvió a reconstruir.

Luego pasó Mansilla al portugués Gil Vázquez de Acuña, que no tuvo sucesión, y con el correr de los tiempos pasó a los Enríquez, almirantes de Castilla, a la vez que la villa de Rueda del Almirante.

Las murallas de Mansilla son uno de los más valiosos monumentos medievales de la provincia. Datan de la fecha de su repoblación, año 1181, cuando recibe su Carta Puebla, aunque debió existir cierto recinto amurallado anterior porque ya se consideraba lugar seguro para encerrar en 1110 al conde Pedro de Lara, favorito de la reina Doña Urraca.

El río Esla sirve de apoyo defensivo, que se suma a la muralla par la parte noroeste. En esta parte la muralla corre paralela al río, formando una serie de curvas o sinuosidades, sin torres, pero reforzadas con un taluz. En la base tienen un grosor de unos tres metros.

El aparejo es de tapial de cal y canto y se remata con almenas sin saeteras.

Toda Mansilla se hallaba rodeada por la muralla, que disponía ya de torres albarranas cada cuarenta metros, en forma de semicilindros como reductos aislados en comunicación con un antemuro, que hoy ya no existe. Primeramente fueron torres albarranas huecas, luego fueron ya rellenadas y macizadas con cantos y cal. Una de las torres es cuadrada.

Poseía cuatro puertas en los cuatro lados de la muralla. Hoy se conservan dos de ellas: la de la Concepción, alta y de bella estampa, saliendo en dirección a Cistierna; la otra al sur, abocinada, pequeña, a forma de túnel de bóveda de cañon con mayor arco en el exterior que en el interior. Los arcos son apuntados. Hay otra puerta muy pequeña, una poterna, que da salida al río. Se conserva aún una tercera parte de la muralla.

Frente a la muralla que corre paralela al río se ha acondicionado la chopera para lugar de esparcimiento veraniego; porque Mansilla es como un talismán refulgente de belleza que atrae a los astures tramontanos. Y es que en Mansilla vaga el espíritu picaresco e inquieto de la moza Justina, La Pícara Justina, que supo crear en el campo literario López de Úbeda.

Cita histórica

El día 21 de enero de 1257 se tomó un acuerdo para solucionar la disputa que venía ocurriendo durante largo tiempo entre el obispo Martín Fernández y el cabildo de la iglesia de León, de una parte, y el concejo de Mansilla de las Mulas, de otra, acerca de las villas y vasallos de Reliegos, Santas Martas, Villamarco, Valdasneros, Penilla, Escarabajosa y Santa Cruz, que eran del obispo, pero a las que el concejo de Mansilla solicitaba que contribuyeran a la facendera por estar sitas en su alfoz, a lo que la iglesia de León se negaba.

Finalmente, interviniendo Gonzalo Alfonso de Mayorga, alcalde del rey en Mansilla, ante el concejo para que accediera a la avenencia, ambas partes acordaron amigablemente las siguientes resoluciones:

1. Cuando los de Mansilla fueran a la hueste con el rey, los hombres de las villas mencionadas han de ir con ellos por sus cuerpos.

2. Cuando los de Mansilla hayan de dar fonzadera en dinero, los de las villas han de pechar, según lo que cada uno tuviere, la mitad.

3. En el pago al rey del yantar, pedido u otra imposición, los de las villas pagaran la mitad.

4. Pagarán asimismo la mitad en los gastos de defensa de Mansilla, sus vecinos, alfoz o villas.

5. No están obligados a pagar cuando pidan los de Mansilla su alfoz por villas, montes u otros lugares.

6. Se comprometen a dar dos hombres buenos de cada villa para tasar y echar las cañiamas con los de Mansilla cuando se hiciere, y que estos u otros traigan las cañamas a Mansilla; si no lo hicieran así, podrán ser prendados.

7. Por incumplimiento de estos acuerdos o por otras causas no pueden entrar en las citadas villas alcalde, juez, concejo o andador de Mansilla, salvo por los casos de corte: mujer forzada, ladrón encartado, traidor, quebrantador de camino. Las caloñas que produjeran se dividirán entre el obispo y el concejo de Mansilla.

8. El concejo de Mansilla se compromete a ayudarlos, como a sus alfoceros, en las demandas y pedidos del rey.

9. Se mantiene para los de las villas el impuesto para sostén del castillo y la exención del portazgo.

10. Se regula el tramite de los pleitos de los de las villas con los de Mansilla.

 

El castillo de Ardón

El promontorio del castillo

Ningún resto de edificación queda en Ardón para conjeturar el asentamiento de su castillo. Su nominación es un orónimo, ARD, que significa alto, escapado con el sufijo indoeuropeo ON, ARDUNUM; ARDUN, como castrum o plaza fortificada.

Parece ser que ya existía una fortaleza de apoca romana y situada en un promontorio al final de la villa, que se asemeja a un castro dando vista a una panorámica sobre los meandros del río Esla, por demás hermosa y dilatada.

Por una parte del castro se aprecia un gran vano de terreno cortado exprofeso para aislamiento del bastión. Hacia la parte del río el cortado es de gran pronunciamiento para hacerlo inaccesible, sembrado hay de bodegas subterráneas que cobijan el buen vino de la zona.

A este bello promontorio siguen denominando «el castillo», ocupado por una torre con las campanas aislada del próximo templo.

Hubo dos parroquias en Ardón, la de Santa María y la de San Miguel; hoy sólo queda una. La provisión de sus párrocos, de un beneficiado y de dos capellanías era derecho de presentación de los vecinos.

En el siglo XIX, ya lo comenta Madoz en 1847, la asistencia de los niños a la escuela de temporada de noviembre a abril, estaba condicionada a un pago muy especial; para aprender a leer abonaban los alumnos real y medio y un celemín de centeno cada uno al mes, y para aprender a leer y escribir pagaba el alumno dos reales y un celemín de centeno por alumno y mes.

El documento mas antiguo en castellano pertenecía a Ardón

Al monasterio de los santos Justo y Pastor de Ardón pertenecía el documento más antiguo que existe en romance castellano. He aquí su historia.

En el año 1977 se celebró el milenario del nacimiento de la lengua castellana, por existir el Códice Millianense, las llamadas Glosas Emillianenses del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, donde en su margen existen unas glosas que están escritas en romance castellano, y la fecha de este romance es del año 977, Era de 1015.

Pues bien, el milenario del alumbramiento de la lengua castellana no debió conmemorarse en tal año sino en el 1959, dieciocho años antes, y precisamente en Ardón, porque aquí existió el más antiguo documento del romance castellano, y no es de San Millán de la Cogolla sino del monasterio de los santos Justo y Pastor. Hoy se encuentra en el archivo de la Catedral leonesa; data del año 959, Era de 997.

Es un documento en pergamino en que el matrimonio Hermenegildo y Zita donan al monasterio de Ardón, monasterio de San Justo y San Pastor, la villa de Auctaris, que quiere decir Oteros.

Se ha escrito en caracteres visigóticos, que son letras parecidas a las griegas. Tiene un tamaño de 190 x 260 milímetros. La letra es minúscula.

Pues en la misma letra, con los mismos caracteres, el mismo color y tonalidad de tinta e idéntica autenticidad de puño se halla en el mismo documento una consignación de gastos en el monasterio por obras que se realizan, y cuyo pago se hace en «kesos».

Con este motivo fue entrevistado por Televisión Española el entonces canónigo archivero de la Catedral don Agapito Fernández y aseguró públicamente que el documento más antiguo que hasta la fecha se conoce en romance castellano es este al que hacemos referencia, dieciocho años anterior al Millianense.

Este documento leonés llamado «de los Kesos de Rozuela», por tratarse de esa lista de quesos gastados por el despensero del monasterio de los santos Justo y Pastor de Ardón, en Rozuela, se halla respaldado de la donación de la villa de Auctaris que hace el matrimonio Hermenegildo y Zita al monasterio de Ardon, rippa Extula oppidum Ardónjunto al río Esla.

Gloria para Ardón ser la fuente de este documento depositario del primer alumbramiento del romance castellano del año 959, Era de 997.

El poblado de Rozuela se situaba en la carretera que va desde Ardón a Vega de Infanzones; hoy es un despoblado con una casería. Ya era despoblado en las fechas del Catastro de la Ensenada, porque fue jurisdicción de don Antonio Escobar Herrera en 1752, regidor perpetuo de León.

Allí tenían propiedades varias instituciones eclesiásticas de Vega de Infanzones de 248 heminas y otras seglares de 1024 heminas.

El señor arrendaba el pasto, el soto de mimbreras y la tabla del río Esla para pescar, todo en 498 reales de vellón.

Sus aguas vierten al Esla recogidas por el arroyo de la Oncina. Este fue el lugar de los «Kesos» que se apuntan en romance en el monasterio de Ardón.

 

El castillo de Valencia de Don Juan

Nominación y vicisitudes históricas

Valencia, Valentia, Valere, significa en Latín «tener salud». Los romanos designaban terrenos conquistados con términos como Faventia, Fidentia, Placentia, Valentia, Florentia. Son topónimos que encierran ideas de favor, confianza, agrado, eficacia, poder, florecimiento.

Se llamó Valencia de Campos y Valencia de León; El sobrenombre «de Don Juan» comenzó a llevarlo a fines del siglo XIV, sin saber si alude a Don Juan de Castilla, hijo de Alfonso X el Sabio, que fue señor de la villa en 1281, o al infante portugués Don Juan.

En 1939 la Real Academia de la Historia demostró que hace referencia al infante Don Juan de Portugal, que luchó a favor de Don Juan I de León y Castilla, por lo que se concedió la villa y el título de ducado en 1387.

Don Juan de Portugal se casó con Doña Constanza, hija de Enrique II de Trastámara y llevó en dote esta villa con el título de ducado.

El Ayuntamiento solicitó en 1938 el cambio de nombre por el antiguo de «Coyanza», pero lo denegó el Gobierno.

Allá por el siglo V, según el obispo Idacio, se llamo «Coviacense Castrum» y fueron batidos los visigodos de Teodorico por los suevos de Reciano, año 457. En la Edad Media se habla del Castrum Conyanca o Castelo Coyanca, más de una vez desmantelado por los árabes.

En el 875 Alfonso III lo anexionó con un amplio territorio al obispado de Oviedo. En el 1050 se celebró un amplio y notable concilio convocado por los reyes Don Fernando y Dona Sancha, con ánimo de poner orden y acabar con los desmanes civiles y eclesiásticos que se dejaron sentir en el reino después de las razzias de Almanzor. En 1127 fue situada la villa y aportillado su castillo por Alfonso VII, para castigar a ciertos rebeldes que allí se habían fortificado.

Fernando II volvió a repoblar la villa y en 1188 se la volvió a arrebatar Alfonso VIII de Castilla, y es la ultima vez que reza con el nombre de Coyanza en documentos, recibiendo en dote el castillo Doña Berenguela. El arzobispo Don Rodrigo habla de «Coyancam quae nunc Valentia dicitur».

A la vera del castillo se levantó un convento de Dominicos que llegó hasta la desamortización de Mendizabal de 1835, y en 1883 su solar se ocupó por un colegio de Padres Agustinos, que perdura hoy.

El primitivo templo sufrió un incendio en la Navidad de 1569 y se restauró a comienzos del XVII, pero otro incendio en 1842 acabó totalmente con el viejo templo.

La joya de este templo era la imagen mariana en piedra policromada, con el Niño en el brazo izquierdo, del siglo XIII, que pasó a la iglesia de los Agustinos; es la patrona de Valencia con cofradía en la que había muchas familias nobles y linajudas; se la denominaba Nuestra Señora del Castillo Viejo.

El Ayuntamiento, bajo palio, ofrecía a esta imagen el 8 de septiembre un cirio de seis libras de cera con un litúrgico ceremonial de foro y oferta.

Valencia de Don Juan en el siglo XVIII

La Comisión declarativa. Ante el juez don Raphael Agustín de la Gándara Yebra y Pimentel prestó declaración la Comisión para la Única Contribución, que vulgarmente conocemos como Catastro de la Ensenada, el 21 de agosto de 1751.

La Comisión estaba integrada por don Pedro Zarate regidor por el estado de hijos-dalgo, decano theniente de alcalde mayor y justicia ordinaria, don Domingo de Zea, alcalde ordinario por el estado noble, Joseph Monje Martínez, alcalde por el estado general, don Andrés Calvo arcipreste del clero, don Joseph de Solís, abad de Cabildo Patrimonial y cura de la iglesia de San Pedro, don Juan Monje, cura de la de San Martín, don Francisco Zepeda de la de Santa Marina, don Thirso Francisco de la de Santiago, don Matheo Caballero de la de San Cristhóbal, don Manuel Quiroja de la del Salvador, el procurador síndico Alonso Fernández, el escribano de número Francisco Gómez Argüello, cinco labradores de pan y vino como peritos del campo y tres medidores.

Juraron ante una señal de cruz en forma de derecho decir verdad de lo que supieren y les fuere preguntado; los sacerdotes no juraron, prometieron in verbo sacerdotis.

Declaran que Valencia de Don Juan es Villa de señorío, propia del Exmo. Sr. duque de Arcos, marqués de Nájera y no les cobra derecho de señorío.

El termino de Valencia mide de oriente a poniente 7.787 varas, de norte a mediodía 1.301 varas y en circunferencia por horas y varas ocho leguas y media y 192 varas.

El pago de diezmos de granos y vino lo reparten entre las siete parroquias. En cada parroquia 1/3 va para el párroco y secretario, 1/3 para el resto del cabildo y otro 1/3 para el obispo, el cabildo y chantres de Oviedo.

La población

Hay 289 vecinos, 325 casas habitables, 52 arruinadas y 7 sin morador. Hay un médico, un cirujano, un boticario, un cazador, un correo que lleva las cartas a León, dos escribanos, un cochero y un lacayo, un administrador del estanco, un barbero, nueve sacristanes, un preceptor de Gramática que se llama Manuel Delgado y gana 1.600 reales, un maestro de primeras letras que se llama Thomas Crespo y gana 1.100 reales, y tienen ambos casa de balde. Hay también un portero del Ayuntamiento, un herrador, ocho mayorales, tres zagales, trece carpinteros, seis zapateros de viejo, diecisiete tejedores, un pregonero, 81 labradores de pancoger y vino, 26 pobres de solemnidad, 22 clérigos, un convento de nuestro Padre Santo Domingo con diez religiosos. Un vecino, Francisco Álvarez, tiene en los pastos de la Granja de San Antolín de Cabreros del Río 268 ovejas, 218 corderos y cinco yeguas.

En tales fechas no hay puente, solo una barca en el río, inmediata a la población para transito de los pasajeros que se arrienda en diez mil reales de vellón al año.

Se esta fabricando un puente de barcas en el río Esla, inmediato a la barca de pasajeros, y han tornado en total 157.360 reales de censos de principal por los que abonan 3.636 reales de réditos al año, algo más del 2%, a las bernardas de Carrizo, a las Arcas de Expósitos del Reino, a don Euño Baza de Mayorga, al Cabildo Patrimonial de la villa, a la Obra Pía de Huérfanas del doctor Valencia, al cura y capellanes de Nuestra Señora del Castillo Viejo, a la iglesia de Nuestra Señora del Castillo Viejo y a la parroquial de San Pedro.

No hay feria, solo mercados todos los jueves.

Hay un mesón del Cabildo para huéspedes, arrendado en 220 reales y una posada de arrieros, una buhonería que vende cordones, cintas, papel, hiladillo y legumbres.

Hay un hospital para enfermos pobres de solemnidad y albergue de peregrinos, que tiene 522 reales y 92 fanegas de trigo de renta, aunque paga un foro de 41 reales a la iglesia de Santa Marina.

Catorce personas hacen pan, hay tres molineros y un matadero de reses.

Hay dos molinos de cinco ruedas cada uno, en la presa que sale del río Esla y son propios de esta villa y producen 300 cargas de trigo y 100 de centeno.

Solo hay 14 pies de colmenas.

Las cargas

Pagan 45 cargas de trigo a Villamañán por las presas de los molinos que pasan por termino de esa villa y como se rompió la acequia se paga un foro perpetuo de nueve fanegas de centeno a Cabreros del Monte y otras nueve fanegas a Fresno de la Vega.

Al Cabildo pagan 8 reales par un foro perpetuo de letanías.

Tienen un prado de guadaña que llaman el Zerbigal que arriendan en 3.000 reales, y unas viñas.

La pesca del río la arriendan en 300 reales y las espigas, cuando levantan los frutos las arriendan en 550 reales.

Se pagan las misiegas a los guardas, un guarda mayor y seis guardas menores; cada labrador les da una hemina de trigo.

Tienen gastos para el Corpus, salarios de justicia y regimiento, fuentes, güebras, refacciones de puertos y presas de los molinos.

Pagan 1.052 reales de servicio ordinario.

Las Alcabalas las pagan al señor duque de Arcos, dueño de la Villa, 1090 reales al año.

Pagan los derechos de cuchar, peso, fiel potador, mojonazgo, corredores, fieles de posturas y de mantenimientos. El señor duque de la villa paga por derecho de cuchar, por los granos que vende, 268 reales.

El castillo

Remozado recientemente y con acceso desde la carretera, cerca del puente, se nos ofrece este castillo como una bella estampa que atrae al turista. Se han adecentado los jardines de su entorno dándole un marco de belleza ambiental. En su patio interior, que resuena a hueco, se puede establecer el punto de observación como una atalaya para divisar el majestuoso fluir del Esla, que lame sus muros.

Es un bastión que presenta una gran pose de elegancia, reconstruido en el siglo XV sobre otro castillo antiguo.

Este castillo gótico se enriquece con los blasones de los Acuna, los Quinones y los Enriquez, y por sus salones y retretes van a pasear su belleza unas damas distinguidísimas: María de Portugal, Leonor de Quiñones y Teresa Enríquez.

María de Portugal es hija de Don Juan de Portugal y Doña Constanza, y se casó luego con un portugués, don Martín Vázquez de Acuña, que van a ser los primeros condes de Valencia a comienzos del siglo XV.

El hijo de este matrimonio, Don Pedro de Acuña y Portugal, se casa con la hija del conde Luna, Doña Leonor de Quiñones, y van a ser los segundos condes de Valencia de Don Juan.

Los terceros condes de la villa van a ser el hijo de Don Juan de Acuña casado con Doña Teresa Enríquez de Acuna, tras el cual pasa ya a los Manríquez, duques de Nájera.

Quizá jugara también en los patios de la fortaleza la protagonista de la obra de Jorge Montemayor, Diana, que pertenecía a esta villa. Aún se ve por dentro que en un principio fue amurallado con tapias de tierra. Los Acuña lo fortificaron ya con mampostería en el siglo XV, aunque por la parte del río y debido al agua que lo socava fueron cayendo los muros y dejando al aire terraplenes de tierra.

A su espalda lo protegía una muralla y dispone también de foso. Los paredones, cubos y torres le dan un aspecto muy grácil y hermoso.

Fue elegantemente adornado con escudos de León y Castilla, de los Quiñones, los Acunas y los Enríquez; disponía de varios pisos en sus torres elegantes con bóvedas de cañón y finísima reseria.

Hoy se halla bastante ruinoso pero aún en su vista de lejos presenta un conjunto de empaque que le da belleza y carácter a la villa.

Cita histórica

El 30 de diciembre de 1224, en Toledo, dona Berenguela comunica al concejo de Valencia de don Juan y al alcaide del castillo que concede exención de tributos a los hombres y vasallos de Gusendos de los Oteros.

 

El castillo de Alcuetas

Alcuetas es una minúscula aldea enclavada en Los Oteros, a cinco kilometros de Valencia de Don Juan, perteneciente al municipio de Villabraz. Su nombre significa los cerros, los cuetos, al estar formado por el articulo árabe al más cuetas.

En la parte baja del poblado quedan los restos de este pequeño y fortísimo baluarte, cuyos paredones aún conservan el grosor de dos metros. Disponía de tres cubos cilíndricos, conservado aún, con tres pisos de los que queda alguna de sus vigas, sus mechinales y los huecos de entrada con saeteras disimuladas.

En la parte central de su torre, poco amplia, se aprecian los vanos de sus plantas. Todo él se hallaba construido de canto rodado con argamasa. El lienzo meridional se aprovechó hace años para el frontón del pueblo. Alcuetas, de mozárabe acepción, fue lugar de cierta importancia cuando su señorío lo ostentaba Doña María Cabeza de Vaca, casada con Don Álvaro Henríquez de Acuña, conde de Valencia de Don Juan, por épocas de Carlos el emperador.

Este castillo perteneció luego al marqués de Villasinda, que tenía su gran palacio en la calle Ancha de León, rama descendiente de los Quiñones, quien presentaba la proposición del párroco para Alcuetas.

Ya no quedan más restos en Alcuetas que identifiquen al palacio que se hallaba adosado al castillo, cuyos torreones y cubos eran la defensa de la mansión.

En la parte baja de la aldea queda un vallecillo de pradera que sería la extensión del palacio, cuya ubicación no se prestaba a lograr una defensa natural y tenia que confiarse a la fortaleza de sus muros.

 

El castillo-palacio de Toral de los Guzmanes

El historiador don Justiniano Rodríguez en su obra sobre «Valdeon y Sajambre» y otra sobre «La Cantabria leonesa», va afirmando que los cántabros que Augusto desperdigó los fue colocando por las riberas del Esla y en Toral se localiza esa Cantabria.

Efectivamente, en el año 989, el rey Bermudo II cede al caballero Muni Fredenándiz la villa de Torale, en territorio de Quoianca y región de Cantabria, junto al Esla.

Parece ser que este personaje es el progenitor de la familia de los Guzmanes, que fueron señores bien linajudos, cuyo tronco nace en la familia de los Guzmanes de Aviados.

Hasta hace poco era este castillo un gran cuadrilátero de tapial con torreones en sus ángulos. Sólo mostraba el paredón que miraba a la carretera y en el interior otro paredón con huecos y la muestra de dos plantas de que constaba la fortaleza de tierra.

Hoy ya se halla restaurado, se ha ubicado allí el consistorio municipal y ha quedado un magno edificio lleno de dependencias para ubicar multitud de servicios.

Fue construido a finales del siglo XIII o comienzos del XIV por Don Juan Ramírez de Guzmán, corregidor de León, que caso con Doña María García de Toledo.

La obra de mayor envergadura es del siglo XVI, hecha por Don Ramiro Nuñez de Guzmán casado con Doña María de Quiñones, uniéndose en este matrimonio las dos familias irreconciliables y enormemente todopoderosas de León, los Quiñones y los Guzmanes. Son los padres del obispo Guzmán, que construyó el palacio de la Diputación, Don Juan Quiñones y Guzmán, enterrado en el convento de Santo Domingo y con estatua orante en San Marcos, y otra en el zaguán de la Diputación.

Este caballero leonés de probada hidalguía, Don Ramiro Núñez de Guzmán, fue un «comunero» destacadísimo, excluido de la carta de perdón que dio Carlos I el 28 de octubre de 1522.

Don Ramiro huyó a Portugal y allá murió con los años. Su esposa se encerró aquí, en Toral, con sus leales.

Este palacio-castillo de Toral es de una amplitud impresionante. Su alto tapial, la profusión de sus huecos, estaba casi todo en ruinas. No quedaban escudos, no quedaban puertas, tan solo el grueso tapial que resistía el embate de vientos y lluvias que poco a poco iban erosionando su tierra rojiza dando aspecto de hosquedad y pena. El restaurar este viejo castillo de tapial ha sido una gran obra y no sólo por el conjunto histórico de la fabrica sino por los ancestros leoneses que se hallaban enterrados entre su arcillosa estampa, era un acervo de rosas y espinas de las raíces de León, de su integridad y su nobleza. Bien esta su restauración para Toral de la Vega o de los Guzmanes y para León.

Cita histórica de Toral de los Guzmanes

El 31 de diciembre de 1166 Don Juan, obispo de León, permuta a los vecinos de Toral el foro de nuncio y mañería de los asnos por un sueldo por cada casa, que deben abonar por fechas de San Martín a la iglesia de León, cuya resolución confirmó Don Sancho IV.