La fortaleza-pa!acio de
Renedo de Valdetuéjar
Renedo
es villa situada en el valle del río Tuejar; Fue sede de la capitalidad
municipal, que con fecha 13 de junio de 1976, por Decreto 1276/1976, Boletín
Oficial de la provincia n.º 140, se integraría este municipio y ayuntamiento en
el de Valderrueda.
El acuerdo tomado por ambas corporaciones fue ratificado por el ministerio de
la Gobernación.
La extensión de esta zona de Valdetuéjar, antiguo municipio, es de 65
kilómetros
cuadrados, donde se asientan. todos los nueve pueblos del Tuéjar: La Mata de
Monteagudo, Ferreras del Puerto, La Red, Las Muñecas, El Otero, Villalmonte,
Renedo, San Martín y Taranilla, todos ellos emparentados por analogía de vida,
historia, topografía, costumbres y recursos.
La zona de media ladera y fondo del valle está ocupada por escasa pradería,
tierras de cultivo y bosques y en las cimas se encuentran los pastos y puertos
merineros donde la nieve y el sol se disputan el horizonte.
Renedo cuenta hoy con 12 vecinos y una población de 45 habitantes.
De Renedo
era el padre Romualdo, franciscano y apóstol, uno de los primeros que entraron
en la selva de los motilones de Venezuela, sufriendo arriesgadas aventuras
misionales.
Nominación de Renedo
Lo hemos hallado en el Catastro de la Ensenada con el nombre de Ranero, varias
veces, y Ranedo; en el siglo XII aparecía como Ranedo y en el XIV como Renedo y
Ranedo; puede tener procedencia latina de ranetum, con ese sufijo etum
significando abundancia de ranas.
No es muy probable esta procedencia, porque hay que fijarse en el lugar del zootopónimo;
aquí no hay ranas, escasas, el agua es de montaña, corriente, fría,
no hay aguas estancadas y lagunas.
Por lo tanto, esa procedencia huelga porque no se ajusta a la verdad
toponímica
y hay que buscar otro origen en la lengua celta-vasca, en el vocablo ranero,
ranedo, con significado de endrinal, lugar de prunos en el valle, que son las
ciruelas silvestres diminutas y tan abundantes en la montaña. Por lo tanto,
Renedo significa lugar de prunos, endrinal en el valle.
Valdetuéjar, o valle del
río Tuéjar proviene del prerromano toio, tojo, del iberico toju,
toja, del vasco tuirieta y todos con el significado de tojos,
urces, brezos, por lo que quiere expresar río de los lugares de brezos o urces,
que le cuadra muy bien a su toponimia.
Contexto
histórico del palacio nobiliario de Renedo
Palacios,
casonas blasonadas y castillos con escudos nobiliarios tuvieron su
origen en la Edad Media, como forma de hacer patente la hidalguía de cada familia
por méritos consecuentes de servicios a los monarcas.
Los escudos y labras eran ostentosas tarjetas de visita presentes en muros y
fachadas, pendones y estandartes y en todo el ajuar familiar.
Este palacio de Renedo de Valdetuéjar fue un claro testimonio de la vitalidad de
su señorío y grandeza. Su edificación corrió desde los siglos XV al XVIII, como
obra muy lujosa y ostentosa. Era quizá el palacio más suntuoso de la provincia,
pero la fatuidad señorial de los Prado se basaba más en pergaminos que en una
grandeza sólida y famosa. El derroche de dinero produjo aquella obra de
ostentación y el tiempo se encargó de anular esta aureola y el peso de sus muros
regios los hizo inútiles, como había sido la grandeza de los Prado.
Eran descendientes del infante Nuño de Prado, hijo del rey Bermudo y el palacio
ya estaba casi derruido en fosos, muros y torres cuando Antonio de Prado lo
reedificó en 1625. Entre los años 1588 y 1627 trabajaron en él los arquitectos
Baltasar Gutiérrez y Juan de Rivero.
Otra inscripción en la capilla se
refería a Don Francisco de Prado,
señor de
esta casa y gentilhombre del rey don Felipe III, gobernador de Aranjuez y de
Cuzco, quien murió a los 38 años en Panamá trayendo su cuerpo su hermano don
Antonio y sepultado aquí en 1625.
G6mez Moreno encontraba desajustado el palacio en seguridad y traza, que aunque
de líneas herrerianas no lo encontraba con armonía.
Constaba de dos fachadas en ángulo, una para la capilla y otra de gran fausto y
tres órdenes de ventanas.
El interior era menos ostentoso que la fachada,
quizá para conservar la
edificación antigua, grandes salas y muchos escudos. Las pilastras exteriores
eran toscanas en puertas y un frontón alto recogía un enorme León rampante.
La capilla era de amplio vestíbulo, arcos,
bóvedas, pilastras toscanas, nichos,
ábside. Los sepulcros de la familia cubrían el muro con abundancia de nichos,
muy simétrico todo y muy uniforme.
El retablo mayor de la iglesia de Renedo se trajo de la capilla del palacio, es
barroco y policromado, de fines del XVII o comienzos del XVIII; tiene un buen
sagrario con hermosa talla de la Resurrección en relieve.
Se trajeron también del palacio los retablos laterales de esta iglesia, con sus
tablas talladas en relieve y las imágenes de la Virgen del Rosario y San
Antonio.
Son también provenientes del palacio del marques los tres evangelistas de gran
bulto, San Juan con el águila, San Lucas con el toro y San Mateo con el ángel.
Son tallas de la escuela de Gregorio Fernández, perfectas en su realismo. San Marcos con el
león comentan que se rompió en
pedazos cuando se les cayó al bajarlo de su peana en la capilla del marqués y no
restauraron esta imagen.
Todo el conjunto del palacio-fortaleza estaba cercado por gruesa muralla con
cubos cilíndricos, que aún quedan varios, y un gran trozo amurallado de lienzo a
lo largo de la carretera.
Otros retazos describen el palacio del marqués de Prado bajo el lema de horca y
cuchillo. Los Prado eran muy ostentosos, basta leer las inscripciones a modo de sentencias que campaban en los ventanales, y aún
están ahí, en Nuestra Señora de
Regla de la capital.
He aquí la sede primera de la familia regia de los Prados.
He aquí la casa antigua dominadora por muchos años.
Honor al
príncipe en la multitud.
La gloria no muere.
Todas ellas se cincelan en latines. Los Prado compraron a Don Felipe II y a Don
Felipe IV las alcabalas de casi toda la montaña leonesa y multitud de señoríos
de villas y lugares. El dinero que amasaron en América les dio pie para comprar
grandes extensiones de tierra.
Los marqueses de Prado ya tenían demostrado su fortaleza de
carácter, su egoísmo,
la dureza de sus actuaciones para con los pueblos del entorno. Jamás ofrecieron
una ayuda para el santuario del valle; poner en e1 silla y estrado para echar
pecho, eso sí, pero generosidad y largueza, no.
Hemos visto y leído en Ferreras del Puerto uno de los primeros libros impresos
que recoge multitud de pleitos de pueblos de la comarca contra los vizcondes y
marqueses de Prado, desde últimos del XV y a lo largo del XVI, todo por riegos,
pastos y pagos de derechos de señorío.
Se habla de que en la fuente de la Loma, en La Llama de la Guzpeña, solo
podía
beber el caballo del marqués; los vecinos se beneficiaron del agua pero tuvieron
que suscribir un foro perpetuo de siete cargas de trigo al año; así lo recoge el
Catastro de la Ensenada confeccionado el 7 de noviembre de 1752 ante el juez
Sebastián de Bustillo según las declaraciones de los regidores de La Llama, Juan
del Blanco y Juan de Juara, el fiel de fechos Lorenzo Guerra y el párroco
Antonio García Melo.
En este palacio se alojó la famosa comediante cortesana Pepita Tudó, amiga de
los señores de Prado, que huyó de Madrid por miedo a los gabachos y de aquí se
trasladó en 1809 por miembros de la Junta de Defensa de León al convento de las
carbajalas, para mayor disimulo y seguridad.
Vicisitudes de la
agonía del palacio de Los Prado
Un industrioso nativo montañés, don Felipe
Fernández, reunió fuerte capital en
tierras mejicanas a fuerza de trabajo y economía y negoció con el industrial
leonés don Agustín Alfageme la compra del Palacio de Renedo y otras propiedades
en la localidad. La familia Alfageme fue administradora de los marqueses y
habían adquirido el palacio el año 1905.
Al correr de los años los herederos de don
Benjamín Fernández, hijo de don
Felipe, recibieron una proposición del prelado de la diócesis, monseñor
Almarcha, de adquirirles el palacio ruinoso de Renedo. El obispo había
trasladado recientemente la fachada del monasterio de San Pedro de Eslonza para
levantar la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva.
Esa misma idea de aprovechar unas piedras nobles,
quizá el palacio más suntuoso
de la provincia, la acarició para acomodarlas en el nuevo santuario de la Virgen
del Camino y la Fundación dominicana en la paramera del Camino Jacobeo.
El mecenas de la construcción, don Pablo
Díez de Vegaquemada, adquirió la
fachada del palacio de Renedo por indicación del prelado. Los propietarios del
palacio entendieron que era una empresa noble ceder las piedras del palacio para
el templo mariano de la patrona leonesa, y con tal condición formularon la venta.
Pero las obras técnicas hicieron brotar ciertas discrepancias en la forma de
concebir esta magna obra, y la dirección del arquitecto Torbado chocaba con la
idea vanguardista del arquitecto dominico portugués Fray Coello. No se obtenía
una armonía arquitectónica entre un estilo vanguardista que se quería imprimir
al santuario con una fachada herreriana de la ostentosa mansión de los señores
de Valdetuéjar y La Guzpeña.
Las piedras quedaron sin destino y fueron adquiridas por la
Diputación con la
idea de emplearlas en el nuevo proyecto de una casa de Cultura y Conservatorio
de Musica.
Dos proyectos hizo el arquitecto Felipe Moreno, uno de estilo herreriano donde
encajar esta fachada palaciega y otro de estilo funcional y moderno, que así fue
aceptado y triunfante.
Las piedras de Renedo quedaron dormidas y el obispo Almarcha, que para todo lo
que tuviera sabores de arte era un lince mirando por incrementar el patrimonio
artístico de la diócesis, al fin de León, compró las piedras por un precio
irrisorio, unas ochocientas mil pesetas, y quedaron recogidas en el solar del
obispado en el barrio de El Egido.
La Obra Hospitalaria de Nuestra
Señora de Regla
Por tales fechas la Diputación convino con el obispado en hacerse cargo del
hospital de San Antonio Abad, aunque la Fundación seguía perteneciendo al
Cabildo Catedralicio.
Ya
desde tiempos medievales el hospital de San Antonio Abad, que se ubicaba
donde hoy está la casa Roldan junto a San Marcelo, pertenecía al Cabildo
catedralicio y trasladada esta Fundación al edificio en los altos de Navatejera
quedaba el Cabildo con la institución teórica pero sin realidad práctica para
cumplir el compromiso que de tiempos antiguos tenía con León.
En tales momentos el obispado hubo de ceder al
ministerio de Turismo la gran obra renacentista de San Marcos y quedarse sólo
con la iglesia, que daría en administración y servicio a los jesuitas. El
ministerio quiso hacer de esta casa de la Orden de Santiago un
gran hotel turístico entre los mejores de Europa. El ministerio compensó
al obispado con unos once millones de pesetas.
En el desván de las ideas de
monseñor Almarcha no se le extraviaba nunca el más mínimo proyecto. Los tiempos eran propicios para amparar cualquier empresa de
cariz religioso.
Entonces conjugó las ideas de un nuevo hospital
del Cabildo con el compromiso medieval de esta dotación, y con el dinero que le
dieron por la cesión de
San Marcos y algo más que arañó por altas esferas levantó la Obra Hospitalaria
de Nuestra Señora de Regla, como clínica de lo más moderno y con la mejor
dotación sanitaria de entonces, dejando una planta para albergue del clero y
señoras benefactoras impedidas por edad.
Trajo religiosas sanitarias para atender la
clínica, fue clínica abierta para
los médicos de León y construyó su fachada empleando las piedras del palacio de
los Prado de Renedo de Valdetuéjar.
La fachada del palacio de la Obra Hospitalaria
El encajar una fachada tan grande en espacio reducido fue un problema
técnico.
Hubo que romper la muralla para dejar calle intermedia entre el claustro de la
catedral y la Obra Hospitalaria.
Hubo oposición contra esta
decisión del obispo pero el rompió la muralla con una
bella y adecuada portada de piedra con una hornacina con la imagen mariana
idéntica a la de Santa Maria de Gradefes y se construyó la fachada de la clínica.
A solucionar el problema técnico de encaje contribuyó con su gran experiencia el
magnifico escultor don Andrés Seoane y fueron aceptadas sus ideas, y practicados
ciertos entrantes se puede apreciar toda la fachada del palacio en no amplio
espacio.
Su portada de gran alarde decorativo con columnas toscanas y el orden jónico del
cuerpo superior, los ocho grandes escudos de león rampante hacia la izquierda, y
otro León de gran bulto en el centro adornan este enorme enteso de belleza
arquitectónica. Los leones están coronados con distintas coronas de florones;
otros dos más quedan sobre ventanas, más pequeños.
Y ahí están estas vetustas piedras embelleciendo una gran obra de un gran obispo
para una gran ciudad.
La familia Fernández Casquero, propietaria que fue de esta joya
arquitectónica,
ya puede permanecer tranquila por su desprendimiento en un precio casi simbólico
para lo que es su valor real e histórico, pero han contribuido a que la ciudad
por mano de un obispo destinara la joya pétrea a un fin noble y bello.
El conjunto monumental de León se vio enriquecido por la nobleza y
desprendimiento de esta familia montañesa del Tuéjar, descendientes de don
Felipe Fernández.
El recinto
amurallado de Almanza
Nominación
El medievalista leonés don Justiniano
Rodríguez cree que Almanza debe su
existencia a repoblación de densas colonias mozárabes, establecidas en el valle
del Cea en la primera mitad del siglo X, y su nombre tuvo la forma inicial de
Illa-Mansa, significando tierras mansas, tierras dóciles para el cultivo.
Menéndez Pidal cree que es un arabismo, «Al-Manzah», significando
«el
mirador», un topónimo que conviene al lugar desde el que se mira, atalaya,
quizás, en el sentido de lugar alto desde el que se divisa o vigila una amplia
zona, como aquí ocurre sobre la vega del Cea.
Emplazamiento amurallado
La villa es
muy hermosa, cuya belleza se realza con su puente medieval, su alta
torre como vigía, su hermosa plaza porticada y su muralla que ceñía la villa
como una apretada faja con puertas abocinadas, de las que queda la muestra
gótica de una de ellas. Aún se aprecia el foso, que reforzaba la defensa con la
muralla.
Almanza es un nudo de caminos que
allí se entrecruzan para dirigirse a
Sahechores, Sahagún, Cistierna y Puente Almuhey.
No hay referencias documentales de Almanza anteriores al siglo X. Su
caracterización medieval procede de una fortaleza, de la que no hay restos hoy,
y de documentales de Sahag6n que la relacionan con la judería que allí se
asentaba, así como pleitos contra el señorío de Cea.
El castillo debió situarse en el castro, circunvalado par la muralla, pues en
una casa próxima recuerdan la existencia de un pozo similar a una mazmorra
tramposa, con profundidad a nivel del Cea, como la que existe en el castillo de
Puebla de Sanabria.
El fuero de Almanza
El Fuero de esta villa fue otorgado por Don Alfonso IX en Salamanca el 6 de
diciembre de la Era de 1263, año 1225. Dice así: «Alfonso, por la Gracia de
Dios, rey de León, a todos los que vean estas letras. Salud.
Sabed que yo doy y concedo a Almanza estos
términos, a saber: Del puente de la
Almunia como divide con Castilla, cerca de Almanza, y de aquí por el monte de
Pilas según divide con Mercadillo. Estos mencionados términos doy y concedo a
Almanza y sus pobladores.
1. Doy a estos pobladores de Almanza el Fuero mejor que hallen en todo mi reino.
2. Y mando que estén encartados y defendidos y no paguen portazgo en todo mi
reino.
Quien sobre esto los contrariare incurra en mi ira y pague el doble del
perjuicio, además de mil maravedíes
para mí».
El puente sobre el Cea
Es de
fábrica medieval del siglo XII, con reparaciones del XVIII y de 1827. El
año 1775 se reparó a base de cobrar un impuesto de 17 maravedíes por cántara de
vino vendida en las tabernas del entorno, durante un periodo de nueve años.
Muestra este puente diez bóvedas de canon de ocho a doce metros de luz en piedra
sillería. Las pilas presentan tajamares triangulares aguas arriba y
rectangulares aguas abajo. En este puente se cobraba un pontazgo en el año 1753
y lo arrendaba el concejo en mil maravedíes al año y el «pontazguero» ganaba
aún treinta reales.
Madoz nos habla de que en 1847 tenía una casa consistorial en mal estado, una
cárcel sin uso, una escuela elemental completa con dotación de 100 ducados y
algunas gratificaciones de padres pudientes, la iglesia parroquial bajo la
advocaci6n de Santa Marina que se servía por un párroco y un beneficiado
nombrados por concurso y provisión de la Corona.
Había entonces una ermita, el Cristo del Humilladero, donde se celebraban las
exequias fúnebres, al lado del malvar o cementerio y otra ermita que dedicaban a San Roque. La tercera
parte de la población ya se hallaba circunvalada par la muralla y dos fosos y
aún quedaba algún vestigio de la fortaleza que existió en lo alto de la colina.
Resalta Madoz la finura del lino que se cosechaba en Almanza y lo concurrido de
los mercados que se celebraban todos los lunes, pues como no se cobraban
impuestos había permiso real para ello y se comerciaba muy abundantemente en
productos del país, sobre todo cereales, de cuyas especies se surtían las
montanas de Val de Burón y Asturias.
Perfiles de Almanza en el siglo XVIII
La Comisión declarativa. El 9 de abril de 1753 se prestan las declaraciones
para la Única Contribución de Almanza ante el juez subdelegado don Joseph
Guerrero de Castilla.
El juez toma juramento por Dios Nuestro
Señor y una señal de cruz en forma de
derecho a la Comisión, que estaba integrada por el cura párroco don Martín
García Laso, el gobernador por el estado noble don Manuel de Noboa, el teniente
de gobernador Juan García Diez, el justicia ordinaria Gaspar Almanza, los
regidores Guillermo de Salceda y Joseph González Ribera, los procuradores del
concejo Joseph Salzeda Fuentes y Matheo Fernández, el secretario del
Ayuntamiento Antonio López de Valbuena, los peritos del concejo Antonio
Rodríguez de Brizuela y Alejandro de Valbuena y el agrimensor de La Llama
Lorenzo Guerrero. El cura no juró, sino que promete in verbo sacerdotis.
La Comisión declaró que Almanza es villa de
señorío del marqués de Alcañices, al
que no le pagan por establecimiento de suelos, pero sí un foro perpetuo
mancomunado con el lugar de Cohorcos y le corresponde a Almanza el pago de 150
reales de vellón al año.
El terreno de Almanza confrontaba con Canalejas, Villaverde de junto a Arcayos,
Arcayos, Castromudarra, Cohorcos y Mondreganes. Medía su término privativo de
oriente a poniente legua y media y un cuarto de otra, de norte a mediodía legua
y media más 291 varas castellanas y en circunferencia seis leguas, un cuarto de
otra y 416 varas.
Tiene también cuatro términos comunes con Arcayos, Castromudarra y Mondreganes.
De industria hay un molino harinero de dos ruedas en la Alameda, del marqués de Alcañices, arrendado
al concejo en 12 cargas de pan mediado y lo subarriendan a Pedro del Río en 15
cargas, y un molino de
linaza de Francisca López que produce una utilidad de 300 reales de vellón.
Entre varios vecinos tienen 41 pies de colmenas. Hay una taberna, un
mesón y una
carnicería.
La población
La población está constituida por 69 vecinos, 13 viudas y 6 habitantes; de ellos
hay 36 de estado noble y 46 de estado general. Disponen de 97 casas habitables,
10 inhabitables y 5 corrales de ganado.
Tienen un hospital de la cofradía de los
mártires, que no dispone de rentas ni
fincas y recoge de noche a los pobres transeúntes.
Hay un administrador de la Real Venta de Tabacos que gana al año 2.920 reales,
un administrador del Alpholí de la sal, Joseph de la Bandera, con sueldo de
2.650 reales, un médico, Ignacio Mazas, 1.100 reales; un boticario, Antonio
Rodríguez Tovar, 1.350 reales; un barbero, Francisco Zerezo, 1.100 reales; dos
escribanos reales de numero, Antonio López Valbuena y Santos Biesca Rosal que
ganan 1.200 reales; dos tallistas, Francisco Salzeda y Juan Rodríguez, que ganan
5 reales el día que trabajan; dos maestros albañiles, un oficial, un herrero, un
sastre, un zapatero, 19 tejedores, un párroco, un capellán, un clérigo de
menores, un pobre de solemnidad y el resto son labradores de pancoger.
Balance
económico
Como ingresos recaudan 1.042 reales por el subarriendo del molino, que es el
valor de los 62 quartales de trigo, 2.620 reales por el arriendo de la taberna,
30 reales por el arriendo del mesón, 440 reales por arriendo de pastos y mil
maravedíes por el arriendo del pontazgo; en total 4.164 reales.
Los gastos suponen 190 reales por
letanías, misas votivas, procesiones,
conjuros, rogativas, voto de San Nicolás y Ntra. Sra. de Regla; 66 reales al
maestro de primeras letras; 18 reales de limosnas a los religiosos
trinitarios; otros 18 reales al Canto de Regla y hospital de San Antonio; 24
reales por el trabajo de los regidores en renovar mojones; 150 reales al
predicador por Semana Santa; otros 150 reales por la refacción de caminos,
pontones, cerradura de pastos, fuentes y regueros del concejo; 88 reales al
médico de la villa con casa y leña; 29 reales al mozo que avisa para las juntas,
12 reales al herrero y 364 reales de salarios de jueces, escribano,
procuradores, contadores, oficiales de justicia y papel sellado.
Aún queda por anotar unos censos como el de 150 reales de
réditos a don Manuel
Cabeza de Vaca, vecino de Sahagún, por la libertad de pastos en la Hoja Redonda;
66 reales de réditos de censo al monasterio de monjas benedictinas de Sahagún;
16 reales y 7 maravedíes de rédito de censo al cabildo eclesiástico de la villa
de Cea y 1.083 reales y 15 maravedíes par el impuesto de Alcabalas al marqués de Alcañices, que las tiene enajenadas de la Real Corona.
Los 46 vecinos de estado general tienen la carga de 115 reales y 32
maravedíes,
que tienen que pagar de los servicios ordinario y extraordinario para
sostenimiento de tropas, impuesto del que están exentos los vecinos de estado
noble.
El Fuero de Almanza
Lo concedió Alfonso IX desde Salamanca el 6 de diciembre de 1225,
delimitándoles
el término «desde el puente de la Almunia según divide con Castilla de Almanza
y de aquí por el monte de Pilas, según parte con Mercadillo». Les concede
exenci6n de portazgo y les otorgaba «el mejor Fuero que encuentren en mi
reino».
Fue confirmado por Fernando III en 1231, Alfonso X en 1255, Sancho IV en 1285 y
Alfonso XI en 1329.
El castillo de Cea
Nominacion
La nominación prerromana procedente de Sena, Sea, Sinus, Cea,
significa seno,
abismo, sima, concavidad u oquedad del terreno, quizás por las enormes pozas que
va formando el río que fluye con lenta corriente desde la montaña a Tierra de
Campos, a lo largo de 160 kilómetros hasta tributarse al Esla en las
inmediaciones de Benavente.
La villa de Cea toma su nombre del
río y bajo el castillo forma un enorme
cortado arcilloso, que contribuye al significado de sus oquedades.
La villa, el puente y el castillo
La villa de Cea, la «Ceiam civitaten mirificam», fue repoblada por Alfonso III
el Magno en el siglo IX.
Cea fue capital de extensa
jurisdicción; sobre el
promontorio se levanta airosa la silueta ya desmoronada
de lo que fue su castillo, mirándose en la tabla del río.
En este
castillo encerró Don Fernando I a su hermano
García, rey de Navarra, y
en 1354 Don Pedro
I el Cruel o el Justiciero se lo arrebató a Don Juan Alfonso de Alburquerque,
destruyendo la fortaleza cuando
anduvo por Trianos en persecución de la bella Maria de Padilla.
Más tarde, en el 1419, el adelantado Don Diego G6mez de Sandoval compró el
señorío de la villa y luego
se elevó a categoría de marquesado en tiempos ya de Don Felipe III, vinculado a
Don Francisco Gómez
de Sandoval y Rojas, llegado a categoría de ducado en la Casa del Infantado.
El escudo de armas de esta villa ostentaba en campo de oro la banda negra,
propia de la Casa de Sandoval. Ya Madoz nos dice en 1847 que Cea fue capital de
los vacceos y que se honra con recuerdos de los
primeros siglos del cristianismo, apropiándose los santos mártires Facundo y
Primitivo.
Se dice que Don Pelayo se retiró a Cea huyendo de las persecuciones de Witiza.
Fue muy pronto adquirida
por la corona de León, con el nombre de Zejia.
Sancho de Navarra la unió al estado de Castilla, con todo lo que cae
a la banda
izquierda del río Cea.
El recinto acastellado permanece arruinado,
así como el
gran foso, muy amplio y con alguna reminiscencia
donde existía la puerta del siglo XV y se aprecia el torreón, que tenía tres
pisos de habitaciones con bóvedas de cañónn. Disponía también de un gran pozo, ya cegado, para elevar el agua a
cuerda. El puente procede ya del siglo XI, reconstruido en 1737, según la
inscripción que muestra en la tercera bóveda y marcas de cantero. Lleva un trozo
de calzada con alcantarillas.
Alberga ocho bóvedas de cañónn, de seis a once metros de luz y sus pilares tienen
tajamares triangulares aguas arriba y rectangulares aguas abajo, que alcanzan la
rasante. El peto lleva dos hiladas de sillares y el perfil es alomado,
hallándose asfaltada toda la rasante y ensanchada en los estribos.
Perfiles históricos en el siglo XVIII
La Comisi6n declarativa. El 9 de diciembre de 1751 se prestan las declaraciones
del Catastro de la Ensenada de la villa de «Zea», ante el juez subdelegado Su
Merced Don Manuel de Pereda Vivanco,
quien toma juramento por Dios Nuestro Señor
y una señal de cruz en forma de derecho a los miembros de la Comisión.
La forman el cura párroco de San
Martín don Diego de Medina, que no jura sino
que declara in verbo sacerdotis, el regidor decano por el estado de caballeros
fijosdalgos don Francisco Valbuena, los regidores por el estado general Cosme
de Prado y Antonio Villalón, el síndico procurador general por el estado llano
Hipólito Martínez, el escribano de número Jacinto de Villanueva y los vecinos
Andrés Álvarez, Thomas de la Vega, Domingo Calzada y Manuel Pérez.
Declaran que la villa de «Zea» y el arrabal-lugar suyo que llaman Sotillo, son
de señorío del Excmo. Sr. Don Domingo Herrera Ayala y Rojas, conde de la Gomera,
al que pagan por razón de pedidos, yantares y humazgas 114 reales y 6 maravedíes
de vellón y a Su Majestad que Dios Guarde, por sisas, cientos y quartos de fiel
medidor 719 reales por encabezamiento que tienen hecho.
El término propio ocupa dos leguas de oriente a poniente, una legua de norte a
mediodía y seis leguas de circunferencia, pero dentro de este termino se
comprende un monte bravo y tieso que llaman la Cueza y es propio y
jurisdiccional del convento de Santa Maria de Trianos, que se halla deslindado
con arcas y mojoneras.
Hay otro término propio de esta villa que llaman los Pozos,
«montico» y labrantío y otro que llaman Río Camba, propio del conde de la Gomera.
La población
Hay en Cea 64 vecinos, 6 viudas, 6 habitantes y un tablajero
y en Sotillo 11
vecinos y 3 viudas. Disponen de 86 casas habitables y 5 pajares, casa de
Ayuntamiento, cartel y alfóndiga, fragua y carnicería
y en Sotillo 22 casas, 3 pajares y fragua. No pagan por establecimiento de
suelo.
El conde nombra corregidor y theniente, alguacil mayor, tres procuradores de
causas, tres escribanos de
número y un secretario.
Entre los profesionales cuenta con un administrador de la Real Renta de Tabacos,
un médico, un cirujano, el maestro de primeras letras, Domingo Sierra Cano, 7 albañiles, dos pobres de solemnidad y los
demás son labradores de pancoger.
Disponen de dos hospitales, el del
Espíritu Santo de su propia cofradía, que
tiene bienes raíces y percibe de rentas 34 reales y 40 fanegas de trigo y el del
obispado, que llaman San Pedro de su cofradía y percibe de rentas 19 fanegas de
trigo. Está destinado a mujeres enfermas. En los dos hospitales hay médico,
cirujano y se facilitan medicinas.
La industria
Hay
dos molinos harineros «fundados» sobre las aguas del
río Zea. Uno es de
tres ruedas, junto al puente y da de utilidad 120 fanegas de pan mediado.
El otro molino es de dos ruedas y le llaman el de Arriba; produce 80 fanegas.
Ambos molinos son propiedad del conde de la Gomera, señor de la villa.
En Sotillo hay otro molino en aguas del
río Valderaduey, de dos ruedas, lo lleva
en arriendo Juan de Casas en 40 fanegas, pero es propio del monasterio de Santa
María de Trianos, Orden de Predicadores.
Hay tres palomares y cinco pies de colmenas en Cea y cuatro pies en Sotillo.
Tiene una taberna obligada, un mesón, una abacería, una carnicería de vacas y
carnero y cuatro panaderías.
Pagan un montón de réditos de censos a diversas instituciones, el impuesto
del servicio ordinario los vecinos de estado general, las Alcabalas al conde de
la Gomera, pero obtienen 3.800 reales de las ferias de San Lucas y Domingo de
Ramos.
El conde cobraba un portazgo a los transitantes y
carreteros que
venían de la
merindad de Valdeburón y del Principado de Asturias, pero se ha mandado
suspender por el Supremo Consejo de Castilla y se halla en pleito en tales
fechas.
Por dar puerta franca para tocar las campanas a concejo pagaban 14 reales a la
parroquia de San Martín y cinco fanegas de trigo al campanero que tocaba en días
de nube y 6 reales de vellón por tocarlas la noche de Santa Brígida.
El monasterio de Trianos
Muy cerca de Cea, camino de Sahagún, queda el
monasterio de Trianos, que hoy
sólo se aprecia una casería y las ruinas suntuosas y arquitectónicas del
monasterio.
Trianos, cuyos terrenos se han ido metiendo poco a poco en cultivos
agrícolas
fue convento del siglo XII, año 1185, de canónigos regulares de San Agustín,
aunque hay bula que citaba ya al abad y prior en Trianos en 1125 y en
competencia. siempre con los monjes de Sahagún. Su abadía de Santa Maria la Real
tenia una hospedería para peregrinos, fundada por Don Tello Pérez de Meneses y
su esposa Doña Guentruedo García allá por fechas de Alfonso IX. De esta familia
era un obispo de Palencia, el obispo Don Tello, del que habla Gonzalo de Berceo
en sus milagros.
Aquí conoció Don Pedro el Cruel a la hermosa María de Padilla, con
ocasión en
que la dama se encontraba con sus tíos, Tello de Meneses, y quedó prendado en su
hermosura y en su volcánica pasión.
Allá por los años 1515 a 1520 quedaban solamente tres monjes viejos e impedidos
en Trianos, y entonces se decidió que fueran los dominicos los que pasaran a
esta abadía de Santa Maria la Real.
Los dominicos convirtieron esta
abadía en Estudio General y fue tal la fama de
estos estudios que ya el autor de la Picara Justina, para elogiar a los
estudiantes, decía que le habían formado en Trianos.
El duque de Lerma, don Francisco
Gómez de Rojas, era patrono del convento de
Trianos y su hijo don Cristóbal de Rojas, obispo de Jaén y Oviedo, estudió en Trianos y
aquí pidió ser enterrado.
También se aposentaron en Trianos el rey Don Felipe III y su esposa Margarita en
1602, en su viaje a León para tomar posesión de su canongía en la catedral de
León.
Así perseveró Trianos hasta la
época de la desamortización de Mendizabal,
sosteniendo la casa aneja para estudios.
Las ruinas actuales son ya del siglo XVI. Aún se aprecia el aparejo de sillería,
arcos apuntados, columnas semiderruidas, bóvedas caídas y hundiéndose todo este
trozo de historia leonesa.
Del siglo XIII se aprecia muy poco. Un hermoso sepulcro
gótico se halla en
Sahagún y el retablo de la iglesia en el templo del convento de las monjitas de
la Santa Cruz.
El castillo artillero de Grajal de Campos
Situación y
nominación
A
una legua de camino de Sahagún se halla Grajal, una villa de color terroso
cuyas casas están horadadas por bodegas subterráneas. El Padre Albano García
Abad, carmelita de León, ha pergeñado en un amplio volumen en la editorial
Lancia toda la villa e historia de Grajal, con minuciosa documentación como el
sabe hacer toda investigación, y nos ha permitido tomar alguna nota para
completar nuestro estudio y visita.
Graliare fue la denominación medieval de Grajal, derivado del
latín «gracca», grajilla o corvillo, «ex Capis Goticis», Grajal de Campos Goticos.
Es la villa Graliare medieval de la que habla Sampiro en su
crónica refiriéndose
a que Bermudo, el hermano de Alfonso III dirigió su ejercito a Grajal y fue
derrotado por el monarca. Don Pedro el Cruel también tomó la villa a Don Juan
Alfonso de Alburquerque.
Grajal cae en un camino secundario jacobeo, Palencia,
Becerril, Cisneros, Villada a Sahagún y tendrá un hospital de Santiago y una iglesia dedicada a San
Pelayo.
Grajal fue señorío de Don Raymundo de Bogoña, primer esposo de Dona Urraca la
hija de Don Alfonso VI. Don Raymundo era sobrino de una de las esposas que tuvo
Alfonso VI, de Doña Constanza la francesa. Don Raymundo fue repoblador de
Salamanca, de Ávila, reconstructor de las murallas de Ávila y del castillo de
Magalia de Las Navas del Marqués. El rey le dio el condado de Galicia.
A Grajal vino el obispo gallego Gelmírez para asistir a la prematura muerte de
Don Raymundo, a la par que asistió de arbitro para delimitar los terrenos de las
diócesis de Burgos y Osma; luego condujo el féretro de Don Raymundo para
sepultarlo en Compostela.
Los monjes de Sahagún denunciaron que los vecinos de Grajal les
destruían la
presa de los molinos de Villa Salit; los vecinos argumentaban que lo hacían
porque Dona Sancha y Don Alfonso VII, como hijos de Don Raymundo eran señores de
Grajal y cuando venían a la villa tenían que darles yantar y necesitaban el agua
de la presa para pescar. El litigio se arreglo amigablemente.
Esta villa fue también refugio de los burgueses de Sahagún que peleaban y
protestaban contra la abadía sahagunina de los cluniacenses. Hasta tuvieron que
emplear la picaresca leonesa contra las penas que les imponían los monjes de
prohibir a los carniceros vender carne de cerdo y los carniceros acudieron a la
estratagema de vender lo que ellos llamaban «pescado» y no carne; pues tiraban
los gochos al Cea y los pescaban con un gancho. Los sahaguninos, de siempre, han
sido muy listos.
El escudo de Grajal está formado por una torre acastillada de oro en campo
verde, sobre la que reposa un armiño de cuya boca sale una leyenda: POTIUS MORI
QUAM FOEDARE, (antes la muerte que el deshonor).
Las iglesias de Grajal
De iglesias tuvo la de San Pelayo, niño mártir del siglo X, San
Andrés, Santa
Catalina de Alejandría o
del Sinaí patrona de los filósofos, Santa Elena madre
de Constantino, San Cristóbal transportador de peregrinos, la ermita de San
Roque en las cercanías del castillo, la ermita de San Martín, la iglesia del
convento de los franciscanos Nuestra Señora la Antigua y la parroquial de San
Miguel.
La actual iglesia de San Miguel es de los siglos XV, XVI y XVII. Su arquitectura
es impresionante y magistral, su nave central mide 43 metros de largo por 20 de
ancho, su esbelta torre de ladrillo mide treinta metros de altura y otros nueve
la cúpula; tiene cinco esquinas y le falta una para tener cuatro, paradoja
matemática curiosa y verídica.
El retablo mayor es del 1600 de gran mérito
artístico, del entallador de
Cuellar, Roque Muñoz, y recoge tallas de otras iglesias desaparecidas.
Conserva otras obras artísticas interesantes como el
órgano, un Cristo yacente,
el Cristo de la Agonía, el altar del Rosario, tumbas y lápidas.
El convento
En 1599 el conde Don Juan de Vega y Doña Tomasa
de Borja fundaron el convento de
franciscanos descalzos, con el título de Nuestra Señora de la Antigua. Los
franciscanos duraron hasta la exclaustración de 1835. Ya durante la francesada
estos frailes formaron una guerrilla; uno de los frailes guerrilleros se llamaba
Fray Simón. Este convento estuvo abandonado hasta el año 1882, en que vino la
madre Adelaida, carmelita descalza de Guatemala, y el obispo de León monseñor
Saturnino Fernández Castro le ofreció este convento de Grajal para instalarse
con su comunidad de carmelitas descalzas, y ahí siguen.
El hospital
Cerca del convento de franciscanos se
fundó en el siglo XVII el hospital de
Santiago, por la condesa Dona Blanca Enríquez, esposa del conde de Grajal Don
Francisco Álvarez de Vega. En este hospital funcionó también una cátedra de
Gramática a fines del siglo XVIII.
El palacio de los condes
Es un monumento de descollante silueta de 3.600 metros cuadrados de superficie,
construido en los comienzos del siglo XVI a instancias de los señores de Grajal, Hernando de Vega.
Intervinieron en la obra los arquitectos Alonso de Covarrubias, Juan de Gil de
Hontañó y su hijo Rodrigo.
El interior del palacio está lleno de maravillas
arquitectónicas, como la
escalera principal, las arcadas, cornisas, capiteles, balaustres, corredores,
puertas, galerías. La riqueza artística que guardaba este palacio era inmensa:
Se habla de 61 cuadros de pintura, artículos de cocina, vajilla, relojes,
objetos de estaño y plata, campanillas, braseros, lámparas, jarrones. El detalle
de ropas, muebles, espejos, mesas, escritorios, bargueños, escudos, bufetes,
incrementado con alhajas, misales, casullas, candelabros, tapicerías finas de
motivos históricos, camas, bronceados, damascos, alfombras turcas, arcas,
cofres, los enseres de la caballeriza, armas, armaduras, sillas de montar, todo
un verdadero museo. Con decir que un vecino de Grajal nos relató que vino una
flota de diecinueve camiones de mudanzas de Madrid a cargar todos los enseres
valiosos del palacio, ya indica la riqueza que encerraba este magno monumento.
El castillo
El castillo es el complemento del palacio, en el sentido de
señorío,
defensa,
refugio y cárcel.
Ya existió fortaleza romana y en el año 967
había castillo en Grajal. En la
colección Mínguez de documentos de Sahagún, en el n.º 190 se dice: «Concedo
corte in castello de Graliare».
Es obra militar gótica, fortaleza artillera del siglo XVI, mandada edificar por
Hernando de Vega, comendador mayor de Castilla, casado con Blanca Enríquez. Su
hijo Juan de Vega, presidente del Consejo de Castilla, será el primer conde de
Grajal.
La altura es de tres plantas; estaba aislado con foso, puente levadizo y puerta
de entrada, todo enterrado hoy. Había una prisión que llamaban «la ballesta»,
destruida en 1836.
En uno de sus cubos se encuentra la cancilla de hierro que franquea un oscuro
pasadizo sin luz y una escalera de caracol.
Se asciende por el torreón, de sala en sala, que tienen varias saeteras y la
sorpresa se la lleva el visitante, como la llevamos nosotros, cuando se descubre
que todo el interior de la fortaleza se halla relleno de tierra. Miles de
toneladas de arcilla se han introducido ex-profeso allí para inutilizar el
castillo. Y no hubo más remedio que subirlas saco a saco utilizando una polea o
por las escaleras o con espuertas y cuerdas por las almenas.
Los cuatro torreones poseían escaleras de caracol cada uno de ellos, pero
también están destruidas tres de ellas y no queda más que una para subir al
interior. La destrucción es intencionada: Hay que bajar los humos a la nobleza
levantisca pues se le desmocha el castillo o se le rellena de tierra.
Muchas troneras tiene el bastión, almenas y un canon de la
época empotrado en
uno de sus lienzos. La fachada exterior es preciosa, con una muralla en declive
de posible acceso.
No se descubre puerta alguna, salvo esa estrecha cancilla y túnel. Las gentes
tampoco tienen noticia de que exista otra puerta soterrada y aunque se dice que
existió se han practicado calicatas pero no se hallo nada. No obstante, la
tradición
dice que existe un túnel soterrado que comunica este castillo con el de Altafría
de Valderas, con el de los Pimentel de Benavente, con la Peregrina de Sahagún y
con el castillo de Cea.
El castillo de Valderas
Vicisitudes históricas
No
habrá existido villa de más azote
histórico que la leonesa de Valderas; ya
combatió por su libertad desde tiempos romanos contra Escipión el Africano.
Don Oppas, que venía de mediador
político con los agarenos para aplacar la ira
de Pelayo, tomó a cuchillo a Valderas. Allí se distinguió la heroína Maria de
las Zarzas, que vendió sus ganados para adquirir armas con destino a la defensa
de la villa.
El duque de Lancaster tomó Valderas sin resistencia, porque sus gentes huyeron
incendiando la villa antes de que llegaran los ingleses. El Lancaster la
reclamaba por su matrimonio con una hija de Don Pedro el Cruel; luego fue
recuperada por Alvar Pérez Osorio. Don Juan I les concedió más tarde «El
Privilegio Grande», con importantes exenciones.
Ya había tornado Valderas bando por don Enrique de Trastámara, y Don Pedro el
Cruel se apoderó de ella en 1355. Valderas continuó bajo el señorío de los
Osorio, marqueses de Astorga.
Napoleón entró en Valderas el 29 de diciembre de 1808 como una
tromba al frente
de su Gran Armé, quemando muchos de sus documentos. Conserva su escudo heráldico,
de fondo azul con estrellas de plata y pintas ensangrentadas, ángeles y llamas,
todo alusivo a su pasado histórico.
Plazas y calles
Nada más pasar el puente nuevo, que salva el Cea en una curva de ballesta,
puente del siglo XVIII, año 1761, como reza en una de sus pilastras, de tiempos
de Carlos III, comienza la subida a Valderas por el barrio de Villabuena.
En este barrio se emplazaba la aljama
judía, y la sinagoga estaba en la
plazoleta que hoy se llama de la Santa Cruz o Plaza del Espolón, obra del siglo
XVIII. Allí había una puerta de muralla, que aún hoy recibe el nombre de puerta
de San Isidoro, porque es tradición que por ella paso el cuerpo de San Isidoro
cuando lo trajeron de Sevilla con destino final a León, en el año 1063.
La plaza de Santa Maria
Fue el centro de la antigua Valderas hasta el siglo XV.
También se le llama
Plaza Mayor o del Azogue, que quiere decir «mercado».
Hoy esta desfigurada de su
carácter medieval del siglo XII; allí se celebraban
los mercados oficiales y de privilegio real.
Conserva todavía algún soportal con postes de madera. En la esquina noroeste hay
un edificio herreriano, del siglo XVII, con el escudo de Valderas, de gusto
dieciochesco.
En el lado norte hay algunas casas del siglo XVIII, con cierto rango
arquitectónico. En una de las rancias casonas de esta plaza nació Alonso
Castrillo, que llego a ministro de la Gobernación con Don Alfonso XIII y propuso
entregar al ministro de la Guerra, que a la sazón lo era el duque de Almodóvar,
el monte del Duque a cambio de que Valderas no diera soldados para la guerra de
Cuba, como en efecto se consiguió gracias a esta muestra de corrupci6n política.
El paseo Viejo
Conserva soportales y casonas con escudos, que recuerdan las familias linajudas
de la villa, y al igual que los de las calles próximas pertenecían a los
Valderramas y los Arias. Este ensanche viejo tiene tantos arcos cuantos se
cuentan también en el puente sobre el Cea.
De frente al paseo Viejo esta la calle Ancha o del Padre Isla y cerca de su
acera iba la muralla nueva del siglo XV.
Allí estuvo la iglesia de San Pedro cuando se
subió de la ribera del Cea, porque
el ímpetu de las crecidas del rió minó sus cimientos; por eso se llamó San Pedro
de Riba-Cea, cuya imagen románica de gran bulto se guarda hoy en Santa Maria.
La plaza de San Claudio el Viejo
Se llama así porque albergó la iglesia de San Claudio del siglo
XI, dependiente
del monasterio cisterciense de San Claudio de León, hasta que se arruinó a
mediados del siglo XIX. En el año 1981 se levanto allí un monumento al Padre
Isla, en conmemoración del II centenario de su muerte.
El arco de las Arrejas
Se le denomina así al arco que cerraba con rejas de hierro en rastrillo una de
Las puertas de la antigua muralla del siglo XIII; de arte muy significativo de
la escuela sahagunina.
Una de las calles más importantes que arrancan de este arco es la de San Juan,
feudo de los caballeros santiaguistas, que tenían calle, iglesia y arco o puerta
de la muralla.
El arco o puerta de Santiago
Se emplaza este arco en la salida al campo o camino del cementerio. Está muy
desfigurado, pero es un buen ejemplar de arte morisco de los siglos XIV y XV.
Tiene ermita mariana con escalera, venerándose la Virgen de la Cabecica.
La iglesia de Santa Maria del Azogue
Se
edificó este templo sobre bases y torre de la antigua fortaleza adosada a la
muralla del siglo XII. La construcci6n es del XVII y el remate de la torre de
ladrillo del XIX.
El interior es un tesoro en arte. El retablo mayor se trajo de Medina de Rioseco,
en el XVI, sin que aún se sepan sus autores. Los grupos escultóricos son de muy
buenos discípulos de Berruguete y las tablas de pintura de buenos maestros
riosecanos del XVI.
Los altares laterales son de Juan
Fernández, maestro que trabajó en Medina de Rioseco. Hay obras recogidas para restaurar como el San Pedro
románico, una cruz
renacentista, pinturas del XVI, tallas, facistol, libro inmenso de hojas de
tablas, imágenes barrocas, todo un cúmulo de riqueza artística.
La iglesia del Carmen
Recibe este templo diversos nombres: del Carmen, por haber sido iglesia del
convento de los carmelitas, fundado en 1565 y existió hasta la exclaustración de
1835. El convento se erigió sobre el solar del alcázar de los señores de
Villalobos y marqueses de Astorga. Aquí estudió el Padre Isla.
También se le llama iglesia del Socorro, por albergar la patrona de Valderas, la
Morenica, bellísima imagen traída por los carmelitas en el siglo XVI.
En esta iglesia se recoge el gran pendón de San Claudio, con siete metros de
junco y variedad de colores, denotando en sus franjas de media vara otros tantos
hechos heróicos a lo largo de su historia. Guarda Valderas otros pendones, como
los de San Roque, San Blas y Santa Maria del Azogue.
La iglesia de San Juan
Es un buen ejemplar del gótico estrellado del XVI. Dentro de
las tres naves
separadas con columnas góticas aparecen las nervaduras y bóvedas estrelladas.
El retablo del altar mayor es de mérito y gusto renacentista, aunque con
resabios platerescos. Conserva una buena talla del Bautista presidiendo el
retablo y rematado en un Calvario, con otras pinturas alusivas a la vida del
Bautista.
El suelo está lleno de enterramientos de caballeros y personajes ilustres. El
arreglo parroquial de 1898 redujo a San Juan a ser filial de Santa Maria del
Azogue.
Las siete villas de Campos
Desde el cerro del castillo de
Altafría, en Valderas, y a una altitud de 785
metros, se divisa el contorno de las que se llaman las Siete Villas de Campos,
que con Valderas son: Villalobos, Castroverde, Becilla de Valderaduey,
Villaornate, Fuentes de Ropel y Valdescoriel. Alguna de ellas destaca por sus
circunstancias históricas y artísticas.
Nuestra Señora La Pastorica del Otero
El Otero fue un poblamiento pastoril cercano a Valderas, a la vera de la
cañada
zamorana de La Mesta. El poblado desapareció y sólo permaneció la ermita,
dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles y una casa del ermitaño, de la que no
queda más que los muñones de sus ruinas.
La grey pastoril del Otero pasó a vivir a Valderas y continuo a
través de los
siglos recordando a su Virgen Pastorica del Otero, fieles a la tradición ya
documentada en el siglo XV, con una romería de las más famosas de la Tierra de
Campos.
La romería se celebra el día de la Cruz de mayo,
día 3, con una procesión
matutina desde Valderas al Otero con la antigua patrona de Valderas, la Virgen
del Rosario, engalanada con follaje sobre un vehículo.
Tras el saludo de las dos imágenes, ante ambas se celebra la misa, con sus
cofrades y romeros. En la amplia campa se entretiene la gente en diversas
atracciones fiesteras y se agrupan en corrillos en torno a la merienda
campestre.
Al atardecer se retorna a la villa,
acompañados de la imagen de la Pastorica y
en la ermita ha quedado la Virgen del Rosario. La Pastorica permanece en
Valderas, en la iglesia de Santa Maria del Azogue hasta el lunes de Pascua de
Pentecostés, que se la devuelve a su ermita del Otero en procesión.
Ese día pascual vuelve a regresar a la villa la Virgen del Rosario. El
Ayuntamiento reparte pan, queso y vino a todos los asistentes, en recuerdo del
morral de viandas que se daba a los peregrinos.
El castillo de Altafria
Coronando el altozano se yerguen los restos del
bastión del castillo de Altafría,
a cuyos pies corre manso el Cea.
Era de aparejo de sillería y tapial y guarda un
subterráneo muy profundo, que
alimenta la leyenda de su comunicación con el de Benavente por un lado y por el
otro con el de Grajal de Campos.
Ya se
habla de este castillo en el siglo XII, como obra del monarca leonés Don
Fernando II, para defender
la línea territorial de los ataques de Castilla.
En el siglo XIV era de Juan
Álvarez Osorio, señor de las Siete Villas de
Campos.
Mucha piedra del castillo se empleo en la
construcción de alcantarillas y
pontonas de la carretera. El deplorable estado en que se encuentran estos restos
parte ya de los siglos XVI y XVII, en que se abandonó su residencia.
Sobre la altura estaba emplazada una
típica plaza de toros excavada en la tierra
y gran parte del gran lomazo se ocupa por el instituto de Bachillerato y sus
instalaciones.
Citas históricas
El 26 de agosto de 1218, en Toro, Alfonso IX y Fernando III con Doña Berenguela
hay un entendimiento sobre la entrega del castillo de Valderas y los 11.000
morabetinos que adeuda el rey de Castilla al de León y el respeto que se deben
observar.
El 24 de marzo de 1223, en Valladolid, Doña Berenguela ordena a concejos y
colectores y los que tienen castillos en Valderas, Valencia, que den el cuarto
del pecho de los canónigos y que sus merinos no coman en casa de los cilleros y
paguen el yantar, como es obligación.
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