La brujería en tierras bercianas

MANUEL E. RUBIO GAGO

FRANCISCO J. RÚA ALLER

Si tuviésemos que definir el significado de la palabra bruja o meiga en un sentido puramente sencillo, tal vez dijésemos que se trata de un nexo o eslabón entre dos mundos: el racional, real y cotidiano, y el mundo sobrenatural y mágico. Ahora bien, para que nuestra definición se adaptase mas a las brujas leonesas, tal vez seria conveniente matizar algo mas la respuesta.

La bruxa o meiga leonesa no pasaría, en muchos casos, de ser una pobre mujeruca poco agraciada físicamente, ya entrada en años y que suele vivir sola en un lugar apartado del pueblo o de la aldea; que por razones de salud “se olvida” de acudir cada domingo a los oficios religiosos y que no se relaciona habitualmente con sus convecinos. Las gentes en estos casos, deseosas de buscar una causa supersticiosa a determinados desastres cotidianos, no dudara en afirmar que vio a la tía fulana convertirse en gato negro para arrebatarle las gallinas de su gallinero, o saber que “miro mal” a alguien que repentinamente acaba de enfermar sin causa aparente.

A caballo entre la realidad y la magia, en las paginas que siguen trataremos de acercamos con cautela al mundo supersticioso de la brujería berciana, con sus características concretas , las artes maléficas de las bruxas y sus modos de obrar entre sus convecinos, sin olvidarnos, en cualquier caso, de los diversos procedimientos que la sabiduría popular logró diseñar para preservarse de las hechicerías o contrarrestar el mal de ojo y otros oficios de las siervas del Diablo.

las artes de las brujas

Sin entrar en profundidades en tomo a la historia de la brujería y su evolución en León y otras provincias, podríamos afirmar que el objetivo principal de las brujas es hacer el mal a todo y a todos los que les rodean, a fin de complacer a su Señor de las Tinieblas, el Diablo. Su acción maléfica se extiende no solo a las personas sino también sobre animales, plantas y propiedades. Acerca de los hechizos de las brujas dice Caro Baroja que “es la mas clara expresión de la magia. Y pocas regiones debe de haber en las que esta no haya sido ejercida por sus habitantes en mayor o menor escala”.

La metamorfosis

Apuleyo afirmaba que “las brujas de Tesalia ejercían su poder sobre la Naturaleza inanimada y, para llevar a cabo sus maldades, podían transformarse en perros, aves y moscas y entrar en las casas de modos extraños, quitando las entrañas a los cadáveres, que luego emplearían en sus hechizos”.

En los pueblos del Bierzo la forma o “disfraz” más frecuente que adoptan es la de gatos negros, aunque también en carneros, lobos, aves e incluso en moscas, guardando, en este ultimo caso, relación con las meigas chuchonas gallegas.

En Albares de la Ribera cuentan que la tía Pardala, una conocida bruja del lugar, convertida en gato negro, entraba por la gatera de las casas para hacer sus fechorías durante la noche. El relato que nos contaron dice así:

“Un día, después de hacer tío Barrigas el caldo para su mujer, que estaba enferma, observó que inexplicablemente había desaparecido la carne del puchero. El pobre hombre andaba todo preocupado y no se le ocurría nada que justificase aquella desaparición.

Los hechos se repitieron varios días mas y el anciano decidió investigar el caso.

Cada noche recorría los alrededores de la casa tratando de dar con el ladronzuelo. Una de esas noches escucho un misterioso ruido dentro de la vivienda que le puso en alerta. Se situó al lado de la gatera y esperó a que saliera el causante de aquel ruido. De repente un bulto negro atravesó el agujero de la puerta y el hombre lo atrapó ágilmente con un saco. Golpeó una y otra vez el fardel contra el suelo pensado que se trataba de alguna alimaña, pero quedo sorprendido al oír una voz que salía del saco y gritaba: “¡No me golpees más, tío Barrigas, que no lo volveré a hacer nunca!”. Por lo visto era la tía Pardala, que siendo bruja hacía incursiones por ]as noches en las casas del vecindario, bajo la forma de gato negro, para practicar en ellas alguna barrabasada”.

En otros casos como el siguiente, las bruxas, como se las denomina en el Bierzo, optan por convertirse en otro tipo de animales, como es el caso del carnero. Este tipo de metamorfosis también abunda en otros muchos puntos de la provincia leonesa, así como en Galicia:

“Yendo un hombre con su ganado hacia Valdelouro –cuenta Manuel Rodríguez– se le apareció una guapa mujer que, tras preguntarle hacia donde se dirigía con sus reses y aquél responderle, la mujer, que era bruxa, le advirtió que cambiase su itinerario pues le auguraba una desgracia. Haciendo caso omiso el ganadero fue por donde no tenia que ir y le salió un carnero negro que comenzó a espantarle las vacas. Cuando el hombre quiso aproximársele para golpearle con un palo, el carnero desapareció dejando una gran humareda.

El hechizo del “mal de ojo”

Una de las antes mas peculiares de las bruxas es el poder de echar el mal de ollo a sus victimas.

Se entiende por tal la acción dañosa que las brujas ejercen por medio de su “mal mirar” a las personas que envidian o les han causado algún daño. A este respecto afirma fray Martín de Castañeda en el siglo XVI que el “mal de ojo” no es precisamente una hechicería sino mas bien el producto de una disposición corporal del que mira a otra persona. Esto sucede porque cuando, particularmente los niños, reciben el aojamiento es porque muchas personas lanzan con sus miradas las impurezas y suciedades mas fútiles del cuerpo, que tienen efectos venenosos.

Por ello las madres procuraban guardar a sus hijos de las miradas y trato con viejas solteronas, pues, al parecer, son las que mayormente producen tales impurezas. Por su parte el marques de Villena definía este fenómeno como “vileza del espíritu visible, inexpresión de más lejos y difusión”.

Muchas veces el efecto negativo que causa el “mal de ojo” en la víctima es más bien su predisposición aprensiva o sugestiva sobre quien se sospecha es bruja. Algunos autores explican el “mal de ojo” desde el aspecto puramente parapsicológico como una especie de vampirismo psíquico que ciertas personas de avanzada edad practican sobre otras más jóvenes; tal vez en el deseo de autosupervivencia aprovechando el aura que envuelve a los cuerpos jóvenes.

Sobre este particular cuenta Alonso Ponga que en Ponferrada había una mujer, la tía Jesusona, que tenía fama de echar el “mal de ojo”. Vivía sola y su pasado era misterioso. Mientras los niños la observaban con recelo, los mayores la miraban con descaro, pues decían que “cuando una persona te mira con malos ojos, si la aguantas la mirada, entonces todo el mal que te manda vuelve hacia ella, vuelve a donde salió, causando el daño a quien produce el mal.

En una ocasión, nos relata Manuel Rodríguez, “venía la tía Maria de ordeñar la única vaca que daba leche. Al mismo salir de la cuadra con et puchero se le acercó una mujer diciéndole que le tenía que vender la leche. Ella se negó porque lo necesitaba para la cena. Al llegar a la cocina comprobaron todos los de la casa cómo en el puchero de ordeñar no había leche sino sangre”.

La relación de las brujas con la leche, ya sea apoderándose de ella o estropeándola, explican algunos autores, como es el caso de Marino Ferro, es porque la leche es blanca, color asociado con la pureza y con el Bien, siendo además un elemento nutritivo de primera necesidad. Por tal motivo dejar sin leche a personas o animales significaría matarlas. De esta forma las crías muertas estarían a disposición plena de las brujas.

Otra de las habilidades mas comunes que se les atribuye, además de las ya descritas, es la del vuelo que hacen para acudir a los aquelarres o reuniones brujeriles. Para poder acudir a estas reuniones habrán de embadurnarse ciertas partes del cuerpo –muñecas, axilas y cuello– con unos ungüentos o electuarios elaborados con sustancias todas ellas alucinógenas: acónito, belladona, cicuta, ruda, fumaria, jusquiama, eneldo, opio, etc. Estos ingredientes se mezclaban con enjundia (grasa) de gallina o de gato negros y en ocasiones humana, concretamente de niño, a fin de dar al preparado consistencia de bálsamo. No obstante, este tipo de vuelo se entendía más como extracorpóreo o astral que físico.

aquelarres o conventículos y misas negras

Otro de los oficios brujeriles consiste, como hemos visto, en reuniones que en ciertas fechas clave celebraban las brujas: son los aquelarres, palabra de origen vasco que se compone de “aker” (macho cabrío) y “larre” (prado). Es decir, alude dicho significado al campo, como lugar donde se lleva a cabo la reunión y macho cabrío, que suele ser la forma que adopta el Diablo para presidir dicho acto.

A través de la historia y en cada cultura se han venido denominando a este tipo de rituales con claro matiz sexual de otras muchas formas. Así Fray Lope Barrientos en el siglo XVI las denomina conventículos; frecuentemente se les cita como sabbats, aludiendo a la famosa fiesta judía que se celebra los viernes por la noche. En nuestros pueblos es muy frecuente encontrar testimonios donde se denominan arenales.

Para hacer la reunión o arenal se suele elegir un lugar apartado de la aldea. Las fechas proclives para estas celebraciones de tipo orgiástico suelen ser los viernes a media noche, prolongándose hasta el amanecer del sábado. También se celebran la noche de San Juan, festividad pagana del solsticio de verano. A tales reuniones acudía el Maligno que adoptaba determinadas formas, siendo la más frecuente la ya descrita de macho cabrío.

El acto, en sí trata de reflejar por todos los medios una ceremonia totalmente opuesta a la misa cristiana. Suele comenzar besando el diablo en su orificio posterior a todas las concurrentes. Los tratados antiguos, como es el caso del Malleus maleficarum, nos muestran como las brujas van relatando a su Señor de las Tinieblas las maldades que han comedido entre las gentes piadosas desde la última reunión celebrada. El Diablo, orgulloso de tales hazañas, manda degollar un animal, generalmente un cordero o gallina negros, mientras las asistentes beben su sangre caliente en unos cuencos destinados al efecto. Seguidamente comienza una danza desenfrenada que desemboca en una verdadera orgía sexual entre todos los asistentes ya que frecuentemente acuden también meigos a estas reuniones. Actualmente han desembocado este tipo de aquelarres en las misas negras.

En Albares de la Ribera se contaba en los antiguos filandones que las brujas solían hacer el aquelarre en un pago situado a las afueras del pueblo que se conocía como fuente del Cubillo, por lo que las gentes de bien se cuidaban mucho de pasar por aquel lugar durante la noche.

En Caboalles de Arriba existe un valle denominado Veiga del palo. Hacia la mitad de dicho valle se encuentra una fuente llamada “de las brujas” que ya en el siglo XVIII cita el Conde de Toreno en sus discursos pronunciados en la Real Sociedad de Oviedo.

Pues bien, dicho lugar antaño era frecuentado por las brujas que realizaban allí sus conventículos o aquelarres. Se reunían, en este caso, los días 30 de abril de cada año, festividad de San Felipe, a las doce de la noche. Para acudir a su cita se embadurnaban el cuerpo con sus electuarios diabólicos y pronunciaban el siguiente conjuro antes de salir volando:

“A la Veiga`l Palo

a la ofrenda`l diablo

por encima de cádavas

y por debajo de artos”.

Los lugareños, sabedores de tales reuniones, jamás pasaban cerca de esta fuente en la noche del 30 de abril, pues creían que serian mordidos o arañados por las brujas que luego chuparían su sangre. En otras ocasiones la victima sería arrastrada por entre los zarzales y matojos hasta quedar medio muerta. A la mañana siguiente los pastores acostumbraban a acercarse a la fuente a ver si quedaban restos del festín de la noche anterior, pues se dice que las brujas son muy dadas a comer excelentes manjares.

El arenal de Ponferrada

En muchas ocasiones durante el aquelarre se profanaban objetos religiosos, especialmente las Sagradas Formas consagradas que previamente habían sido sustraídas de las iglesias.

A este fenómeno se refiere el siguiente caso, documentado en la ciudad de Ponferrada a principios de siglo XVII que desencadenó un proceso judicial por robo sacrílego.

Los hechos giran en torno al robo de un cáliz con Sagradas Formas consagradas y de una arquilla de la iglesia parroquial de San Pedro, de Ponferrada, junto al puente del río Sil. El sacrilegio dio lugar al referido proceso que se saldó con la condena de un vecino de dicha ciudad, tras quedar fehacientemente probados los hechos que se le imputaban.

El autor del robo era un tal Juan de Benavente que, si bien no era natural de Ponferrada, habitaba en la calle del Rañedero, junto a la puerta de acceso a la entonces villa, siendo por tanto parroquiano de dicha iglesia. Sabemos que estaba casado con una tal Leonor Fernández, de oficio mostacera. También sabemos que dicho encausado tenía por oficio criar y adiestrar perros de caza. Uno de los testigos del proceso afirmaría ante el Juez: “Determinado de hacer este delito, por muchas noches antes, se entraba a rezar en la iglesia parroquial del Señor San Pedro de esta villa, junto al puente del Sil, y se estaba rezando de noche por muy grande espacio de tiempo: tanto, que el sacristán se enfadaba con él porque se tardaba tanto en salir, para cenar las puertas de la iglesia y tener cuidado con ella”. Otro testigo afirmó que con los objetos sagrados salió Juan de Benavente hacia un campo cercano a la villa conocido como El arenal. Se afirma que allí ocultó los bienes sustraídos entre unas zarzas y matorrales. Durante las noches siguientes a la del robo parece que se veían muchas luces y resplandores extraños en aquel lugar. Uno de los testigos llego a manifestar que los resplandores eran tan vivos, que parecía que ardía el zarzal. Una serie de acontecimientos misteriosos harán que el cáliz sea retornado a la iglesia parroquial portándolo los fieles devotos en una multitudinaria procesión religiosa.

Ahora bien, analizando todos y cada uno de los elementos que configuran el relato nos lleva a la conclusión de que las Sagradas Formas fueron robadas de la iglesia con el fin de celebrar el aquelarre o arenal, como indica el propio nombre del pago donde aparecieron. Las extrañas luces observadas no habrían de ser sino las hogueras de: conventículo. Por lo demás el documento que habla de este hecho está redactado bajo la influencia eclesiástica e intenta mitigar o disimular el trasfondo real del fenómeno, reconvirtiéndolo en un hecho puramente milagroso que culmino con el encuentro de las Sagradas Formas que incluso, fueron, como ya apuntamos, restauradas al templo en una procesión piadosa.

Con el fin de evitar hechos similares y muy frecuentes en aquella época, la Iglesia hubo de promulgar diferentes sínodos a fin de poner sub fideli clavi los Santos Sacramentos, como es el caso del de Pedro Manuel, de 1526, donde en el título XXVII viene a decir:

“...et asimismo mandamos que se guarde las aras et corporales, cálices y vestimentas tras llave et en lugar decente y honesto, porque algunas personas malas desean aver la Eucharistía et olio et crisma et parte de las aras et corporales y de las otras cosas sobredichas para hazer maleficios y echicerías”.

El Campo de las Danzas

Se conoce con este nombre a una zona situada en las cercanías de Ponferrada. El nombre proviene de una antigua costumbre religiosa desaparecida ya que se celebraba todos los años con motivo de la festividad de la Virgen de la Guiana, imagen que perteneció al monasterio de San Pedro de Montes. Dicha costumbre, nos dice Julián Sanz Martínez, consistía en subir a la Virgen desde el pueblo hasta la cumbre de la Guiana para depositarla en una ermita que hay en el monte. Terminada la procesión y la fiesta religiosa que se celebraba en dicha ermita, los vecinos de los pueblos del contorno –San Pedro de Montes, San Adrián de Valdueza y Ferradillo bajaban al Campo de las Danzas “para dedicarse a cosas profanas”. Allí, tras la comida, regada con abundancia de vino, se comenzaba a danzar al son de pitos y panderos hasta bien entrada la noche que se iluminaba con hogueras. Este fenómeno lo interpreta Sanz Martínez como un vestigio de las viejas danzas ancestrales relacionadas con alguna deidad pagana que mas tarde sería cristianizada por la Iglesia, tal como sucede en otros muchos casos. También se cuenta que este lugar era elegido por las bruxas bercianas para celebrar el aquelarre.

defensa y remedios contra las brujas

La sabiduría popular siempre ha tratado de valerse de ciertos objetos y procedimientos para preservarse o, en el peor de los casos, contrarrestar el efecto negativo y perjudicial de las brujas. También se han valido de la palabra, mediante el conjuro, o de determinados objetos religiosos, entre los que aparecen las reliquias de determinados santos, a modo de profiláctico, para paliar los aojamientos y hechizos brujeriles.

Pero antes que nada había que saber quienes eran brujas y quienes no lo eran. Por ello se diseñaron una serie de procedimientos a fin de poder identificarlas claramente y sin ningún genero de duda.

La creencia generalizada afirma que cuando al final de la misma el cura se le olvida cerrar el misal, las brujas que se encuentren en el interior de la iglesia no podrán salir de ella hasta que alguien lo cierre.

Algo parecido a lo anterior sucede en los pueblos bercianos –afirma Manuel Rodríguez– cuando durante la misa alguien echa en la pila del agua bendita una piedra, ya que hasta que el propio sacerdote no la retire de dicho lugar, todas las brujas que en ese momento se encuentren en el interior del templo no lo podrán abandonar. El mismo efecto se producía si el cura al final del oficio religioso dejaba el misal al lado izquierdo.

Las defensas con objetos sagrados

Se basan en que los ataques de las brujas, siervas del Diablo, pueden ser contrarrestados por la omnipotente fuerza de Dios transmitida o reflejada en los objetos sagrados.

Costumbre muy arraigada en los pueblos del Bierzo y, en general, en toda la provincia leonesa, era el pintar cruces en las puertas de las viviendas y establos. Pero tal vez la cruz con mayor poder contra las brujas, según la sabiduría popular, sea la Cruz de Caravaca, como hemos visto anteriormente.

Otra de las defensas sagradas consiste en colocar ramos de loureiro (laurel) bendecidos en la misa del Domingo de Ramos en los establos, a fin de preservar al ganado de la acción dañosa de las brujas. Además están los amuletos, ya vistos en otro capitulo anterior: figa de azabache, cuernos de coral rojo, piedra de la leche, cédulas benditas o nóminas, etc., etc.

Los fumazos y sahumerios

Otra de las formas de combatir las artes maléficas de las brujas era el fumazo o sahumerio, basado en la antigua creencia de que el humo de ciertas substancias purifica o limpia de impurezas. Los elementos que se utilizan en los fumazos, casi todas ellas de olor repugnante y nauseabundo, pretendían contrarrestar el efecto negativo del mal de ojo en la arcaica creencia de que “el mal se combate con el mal”. De esta forma dichas substancias pestilentes se quemaban antaño a la puerta de las casas y de las cuadras del ganado en caldero de cobre, a fin de que el humo que desprendía ahuyentase el efecto negativo de las brujas.

En Villar de las Traviesas se afumaba a las gentes para evitarles los efectos del aojamiento quemando ramos de laurel bendecidos en la iglesia el Domingo de Ramos.

Los pastores bercianos salían a recoger cada mañana de San Juan ciertas hierbas aromáticas empapadas aún de rocío. Al atardecer de ese mismo día quemaban dichas plantas mezcladas con azufre o cuernos de cabra, mientras que lanzaban el siguiente conjuro:

“Si eres bruxa te arreniego,

si eres demo vaite al infernu”.

En otros lugares del Bierzo, como es el caso de Pereda de Ancares, el fumazo se hacía con los siguientes ingredientes:

Herbas del aíre, bieito (saúco), incienso, un pollo sin plumas, los excrementos de una gallina, un ramo bendecido el Domingo de Ramos, que era guardado durante todo el año en las casas y unos palitos de madera de la iglesia. Dichos ingredientes, una vez prendidos fuego en el caldero y aspirado su humo, de fuerte olor desagradable y fétido, se dejaban a la vista a fin de que si alguna bruja se hallaba cerca se alejase inmediatamente de aquel lugar.

Por fin otro tipo de defensa consistía en aspersar cada una de las estancias de las viviendas y de los establos con agua bendita que muchas veces proporcionaba a los vecinos el cura párroco en unos frasquitos, cuando cada semana renovaba el agua de la pila de la iglesia. También era frecuente aspersar agua salada en la misma forma anterior cuando no se disponía de agua bendita, ya que la sal, al ser uno de los elementos que se emplean en el Bautismo, siempre poseyó, en la mentalidad supersticiosa de las gentes, propiedades contra el mal producido tanto por los malos espíritus como por las brujas.

la transmisión de poderes de las brujas

Se cuenta que cuando una bruja muere todos los poderes que posee se los traspasa a una mujer joven de su familia que, automáticamente, quedaría convertida en bruja. La transmisión de estos poderes se produce en el preciso instante en que fallece la bruja, estrechando fuertemente la mano de la elegida como su sucesora. No obstante había una forma de evitar esta transmisión de poderes y consistía en que en vez de estrechar la mano, la joven pusiese en su lugar los ramajes de una escoba. De esta forma los poderes pasarían a la escoba que inmediatamente habrá de ser lanzada al fuego. Dicen que cuando esto sucede la escoba emite unos fuertes chillidos y se retuerce revolviéndose entre las llamas.

los conjuros contra el mal

El remedio mas empleado, muy a menudo contra las artes brujeriles y espíritus malignos, amén de plagas y otros muchos eventos negativos, eran los conjuros. El conjuro no era sino una forma de magia canalizada mediante la palabra. Son muchos los tipos que podemos encontrar, como muchas son también las aplicaciones que prescribe la mentalidad popular. No obstante debemos distinguir dos aspectos:

Como contraposición a la brujería negra siempre hubo una brujería blanca o “buena”. Así ciertas meigas benéficas emplearían la magia para hacer el bien, siendo las poseedoras de procedimientos para poder diagnosticar a las gentes su posible aojamiento o hechizo.

Personajes peculiares estas meigas entremezclaban a menudo sus conocimientos curanderiles a base de plantas curativas y pócimas con los conjuros y otros remedios supersticiosos contra la enfermedad. El mal de ojo lo diagnosticaban pasando el agua por el cuerno de alicor que ya hemos visto en un capitulo anterior: si salían burbujas del agua era porque la persona en cuestión había sido hechizada por una bruja. En ese caso era conveniente utilizar un talismán confeccionado al efecto y recitar al paciente una serie de conjuros específicos. En muchas zonas del Bierzo era frecuente emplear los siguientes:

“Tres te han ojado,

cuatro te desojarán:

Jesús, José, María

y la Santísima Trinidad”.

O también se solía emplear el siguiente conjuro, dependiendo, en todo caso, de quien lo utilizase y, por supuesto, del tipo de hechizo que se le hubiese practicado al paciente. En ciertos casos, como el siguiente, se empleaban plantas curativas, en este caso los ajos, que siempre tuvieron fama de combatir los efectos de las brujas, debido a so fuerte olor y sabor picante:

“Estás mal

de una mirada,

te la voy a cortar

de una manada.

Por la gracia de Dios

y santa Ana

que todo lo cura

y todo lo sana.

Con este ajo ajero

que corta lo malo

y deja lo bueno”.

El conjuro de la queimada

Finalmente haremos mención a otro tipo de conjuro empleado contra las bruxas. En este caso, aunque el origen es mas bien gallego, tanto por proximidad geográfica como por afinidad etnográfica, es posible localizarlo en distintos puntos del Bierzo. He aquí una de las muchas versiones existentes, en este caso recogida en Villafranca:

“Mouros, coruxas, sapos e bruxas.

Demos, trasgos e diaños, espritos das nevoadas veigas.

Corvos, pintigas e meigas, feitizos das menciñeiras.

Proves cañotas furadas, fogar dos vermes e alimañas.

Lume das santas companas, mal de ollo, negros meigallos.

Cheiro dos mortos, trueno e raios.

Cubeo do can, pregón da morte, fuciño de sátiro e pe do coello.

Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.

Avemo de Satán e Belcebú,

lumes dos cadáveres ardentes,

coros mutilados dos indecentes,

peidos dos infernales cus,

muxidos da mar embravecida.

Barriga inútil da muller solteira

falar dos gatos que andan a xaneira,

quede lla porca da cabra mal parida.

Con este fol levantarei as chamas desde lume

que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas

a cabalo das susas escobas,

índose bañar no praia das areas gordas.

¡Oíde, oíde! os ruxidos que dan as que non poden

deixar de queimarse no agordente quedando así purificadas.

E cando este brebaxe baixe po las nosas gorxas,

quedaremos libres dos males das nosas ialmas

e de todo enbruxamiento.

Forzas do aire, terra, mar e lume,

a vos hago esta chamada:

 Si e verdade que tendes mais poder ca humana xente, eiquí e agora, facede cos espritus dos amigos que están fora, participen con nos de esta queimada”.

la actitud de la iglesia ante la brujería

Se puede afirmar que la mayor parte de las prácticas heterodoxas, entre las que destaca la brujería, poseen en muchos casos un claro antecedente pagano. En el caso que nos ocupa no habría de ser sino una serie de practicas paganas relacionadas en muchos casos con la fertilidad que, con el devenir de los siglos y con la influencia claramente cristianizadora de la Iglesia, fue derivando en sus formas y usos hacia un aspecto puramente folklórico, tal como hoy lo conocemos. Este tipo de creencias y ritos paganos a que hacemos alusión, perseguidas y reprimidas con contundencia por papas y reyes, no pudiendo, en muchos casos, ser “reconvertidas”, irán degenerando a lo largo de los siglos hasta la época actual.

Recordemos que ya en el siglo VI el discurso de San Martín de Dumio, arzobispo de Braga (Portugal), con jurisdicción en toda la Gallaecia, titulado De correctione rusticorum, arremete contra este tipo de practicas paganas aun presentes en la idiosincrasia popular. Prueba del binomio poder eclesiástico-poder político existente en la Alta Edad Media es el Chronicon alberdense o emilianense, en que el rey asturiano Ramiro I impone pena de fuego a todos aquellos que practiquen la magia.

En 1478 el papa Sixto V dictara la bula que permitirá a los Reyes Católicos la creación del Santo Oficio que hasta su definitiva abolición en España, en 1834, sembrara de procesos inquisitoriales y, por supuesto, de victimas inocentes de tales barbaries toda la geografía hispana, con personajes tan famosos como los inquisodores Tomás de Torquemada, Torralba o Avellaneda. Las Constituciones Sinodales de los obispados de León, Astorga y Santiago nos muestran testimonio fiel de ese afán de la Iglesia por condenar las practicas mágicas y supersticiosas tanto del clero como de los propios feligreses.

En la actualidad aun se conservan como vestigios de un pasado no muy lejano en el tiempo ciertos tipos de leyendas y relatos en tomo a las brujas, pasados, eso si, por un tamiz de lo imaginario y de la religiosidad popular. Atrás quedan los terroríficos procesos inquisitoriales y los Autos de Fe, los ritos de fertilidad paganos, relacionados con el ciclo agrario, herederos de un pasado tan remoto como el hombre mismo y los rituales mágicos contra el mal. Todo pertenece ya a un pasado que las generaciones futuras jamás deberían olvidar. Solo la mentalidad de los mas ancianos aun conserva indeleble al paso de los años, en la más pura tradición oral, todo el entramado mágico y supersticioso que no deja de ser un aspecto mas de la cultura de los pueblos, algo que debe quedar siempre imborrable a fin de no dejar perder nuestras señas de identidad y nuestra herencia antropológica.