La medicina mágica

FRANCISCO J. RÚA ALLER

MANUEL E. RUBIO GAGO

Al lado de los remedios caseros, de la aplicación tradicional de los conocimientos empíricos sobre las virtudes de las plantas y otros elementos naturales, se mantenía, en la creencia popular de nuestras gentes, otro tipo de medicina, sobrenatural o supersticiosa, para la cual muchas de las enfermedades tenían orígenes mágicos, como el “mal de ojo” o castigos divinos. Los perjudicados podían ser tanto personas como animales. Frente a estas enfermedades se habría de emplear determinados rituales o ceremonias, donde se pronunciaban ensalmos, formulas y palabras que condensaban una fuerza especifica y se asociaban a objetos singulares para alejar las dolencias. Ciertos lugares, fechas del calendario o personas del colectivo poseían virtudes especialmente poderosas para la curación de enfermedades. Los santos sanadores, la Virgen Maria o Jesús eran invocados como intermediarios del poder omnipotente de Dios para recobrar la salud. A continuación indicaremos como se manifestaba, en algunos casos particulares, esta medicina mágica en tierras del Bierzo.

la purificación por agua y fuego

La noche de San Juan es, por excelencia, la de la magia, los hechizos, sortilegios y encantamientos. Agua y fuego son los dos elementos principales que transfieren en esa noche las fuerzas de la Naturaleza a los simples mortales. Ellos dos están dotados, mas que nunca en esta noche, de virtudes especiales para sanar las enfermedades, proporcionar la felicidad y otorgar la suerte en el amor.

la magia del sol

Las hogueras de San Juan tienen, al menos, dos significados: uno cósmico-agrario, relacionado con el solsticio de verano, y otro mágico-terapeutico.

Según la primera creencia, que se remonta a los orígenes de las civilizacionesagrarias, el fuego de las hogueras comunicaría nuevas fuerzas al astro rey, que comienza a declinar en estos días. Relacionado con esta idea se encuentra el fenómeno físico que popularmente se denomina “el baile del sol”, una simple refracción de la luz, unida a veces a un bello alocroísmo crepuscular, el cual es observado con los ojos ávidos de quienes esperan maravillas. En varios pueblos leoneses hemos recogido testimonios relacionados con este “baile del sol” según los cuales muchos rapaces se levantaban muy temprano durante los días en torno a San Juan, porque en esos amaneceres salía el sol bailando.

Otros orígenes de las hogueras de San Juan apuntan hacia las necesidad de encenderlas para eliminar los malos espíritus que provocan enfermedades a personas y ganados. En las fiestas romanas de la purificación, que tenían lugar en honor de Pales, la diosa de las praderas y los ganados, los pastores y rebaños saltaban por encima de las llamas y así quedaban preservados de todo mal. En la mitología nórdica el fuego es ante todo un espíritu que purifica, como lo testimonian los “Hamaval” de los Eddas. El fuego nuevo o salvaje era denominado también “fuego de necesidad” y se encendía para ahuyentar a los genios maléficos que producían las epidemias.

En muchos lugares leoneses las hogueras tenían estos mismos poderes purificatorios y en algunos pueblos bercianos se encendían bien en su centro neurálgico (enfrente de la iglesia o en la plaza) o bien en los montes cercanos, con el fin de limpiar el pueblo. En la zona de Ancares nos contaron que los mozos “atropaban” o robaban leña para hacer la “fuguera”. Luego saltaban por encima y decían el conjuro de “¡Fuera meigas!” o “¡Fuera brujas!”, con lo que pensaban que se verían librados de los maleficios de las brujas durante todo el ano.

Otros fuegos purificadores eran los “fumazos” o “jumiazos”, mezcolanzas heterogéneas de plantas y otros materiales orgánicos que provocaban por lo general olores nauseabundos al quemarlas. Se incineraban dentro de calderos en casas y cuadras con la creencia de que así se expulsaba a los malos espíritus que rondaban las viviendas.

el agua encantada

Desde tiempo inmemorial se pensó que las aguas de fuentes, ríos y lagos estaban habitadas por espíritus femeninos. De la época romana encontramos en nuestra provincia lapidas dedicadas a las ninfas del río Orbigo, a los genios de las fuentes termales e incluso a las oceánidas de los mares. De esta época son las aras de ofertantes a la diosa Deganta y a las ninfas Camenas, dentro de tierras bercianas y en varias localidades de la comarca se recuerdan leyendas que protagonizan los espíritus femeninos de las aguas u ondinas.

Pero el agua es especialmente mágica en la noche de San Juan, o al memos así lo creían nuestros paisanos. El agua de esta noche purifica y preserva la salud a personas y ganado, por eso en varios pueblos (un ejemplo es Castrillo de Cabrera) bajaban a las doce de la noche los rebaños para bañarlos en los ríos, porque las aguas entonces estaban benditas, reconfortaban y poseían grandes virtudes terapéuticas. Sin embargo, en otros pueblos de la provincia, por ejemplo de la comarca de Omaña, se bañaba a los animales en el rió en el amanecer del día de San Pedro antes de que el sol iluminara el pueblo. El agua de las fuentes servía para preservarse de los males de garganta e incluso curar enfermedades como el bocio. Par ello en Pereda de Ancares, al amanecer, antes de que saliera el sol, se bebía agua de nueve fuentes.

No es solo poderosa el agua de la tierra en la noche de San Juan. Hay otra, que desciende del cielo, lugar sagrado en todas las religiones, y que puede proporcionar grandes beneficios a los seres humanos. Este agua, en forma de rocío, esta ungida de grandes virtudes y así cura las enfermedades de la piel, la sarna, vuelve cuerdo al loco, preserva la ropa de las polillas y otros insectos e incluso tiene propiedades purificadoras y fecundantes para la mujer. Son varios los pueblos bercianos donde los jóvenes dormían al sereno, sobre la hierba húmeda, y en otros lugares se madrugaba para “tomar el rocío”, restregándose sobre la hierba cubierta de rocío para preservarse de la sarna y otras enfermedades de la piel.

Las plantas, cubiertas de este agua benéfica potencian también sus efectos curativos y eran varias las que se recogían esa noche para ponerlas a remojo y lavarse con su agua o bien preparar jarabes y otras bebidas de efecto sanador. Así, por ejemplo, en algunos pueblos de Ancares se recogía la flor del “loureiro” o laurel, la cual se dejaba en agua hasta el amanecer, al día siguiente se lavaban con ese agua los ojos y la cara, para evitar cualquier daño en ellos. La flor del “bieito” o saúco también se recogía en esa noche mágica y se dejaba al sereno, colgada o entre las paredes de las casas. Se descolgaba a la mañana siguiente, antes de que la diera el sol; la flor estaba poseída, entonces, de grandes virtudes: servía para espantar a las brujas o bien se cocía o se fumaba para curar los catarros. Otras hierbas cogidas esta noche evitaban el mal de ojo; eran las “herbas del aire”, se recogían antes de que las diera el so, y debían conservarse siempre en las casas, pues aliviaban cualquier contusión, aplicándolas sobre las partes doloridas. En Valtuille de Abajo se preparaba un jarabe que creían de gran eficacia con frascos de aguardiente y se dirigían a los nogales cercanos, donde recogían nueces verdes con cáscara que añadían al aguardiente, la operación debía relizarse antes de que saliera el sol del día de San Juan.

las enfermedades se detienen en las encrucijadas

La consideración de las encrucijadas como lugares sagrados es una creencia muy primitiva, extendida no solo entre los pueblos del noroeste peninsular sino en varios otros países del mundo. Dentro de la mitología griega, Hécate era la diosa que presidía las calles y caminos, apareciendo en las encrucijadas seguida de tétricos espectros. Artemis tenía una naturaleza parecida a Hécate y en las noches de plenilunio también surgía en las encrucijadas con fantasmagóricas apariencias, rodeada de un cortejo de almas desasosegadas.

Este carácter funerario de las encrucijadas aparece también en muchas supersticiones leonesas, y así en varios pueblos hemos recogido la creencia relativa a las almas de difuntos, que se retinen en un camino, próximo al pueblo, para ir en comitiva a buscar a la persona que esta en trance de morir.

Cepillos de animas y rezos en los caminos y encrucijadas eran también frecuentes en nuestra provincia.

La encrucijada es, además, un lugar apropiado para curar muchas enfermedades mediante el recitado de un ensalmo o la realización de determinados ritos. La costumbre es muy antigua y ya Platón, cuando dicta leyes para su estado ideal, piensa que sería esperar demasiado que los hombres no se alarmen al encontrar ciertas figuras de cera en las puertas de sus casas, en las lapidas sepulcrales de sus parientes o tendidas en las encrucijadas.

Por otra parte, la práctica de curar en las encrucijadas podía ser la supervivencia del pasaje que cita Estrabón acerca de las costumbres de los pueblos antiguos de la Península. Los enfermos se expondrían en los caminos para ser curados por aquellos viajeros que padecieron igual dolencia. Incluso la explicación de esta forma de sanar en caminos y encrucijadas podría tener el trasfondo de la superstición romana, según la cual un individuo se libraba de su enfermedad transfiriéndola a la primera persona que encontrase en la calle.

la curación del culleitizo

Sea como fuere, lo que si nos interesa ahora es dar cuenta de varios ritos terapéuticos que se realizaban en los caminos bercianos. Uno de los mas populares era el celebrado para la curación del “encanillado” o “culleitizo”, forma de indicar la falta de desarrollo en el niño, par causas naturales: raquitismo o subalimentación. O, se pensaba, incluso sobrenaturales: un mal de ojo, una maldición o un efecto de alguna “bruxa”. El rito ofrece algunas variantes, dependiendo de la zona berciana, pero siempre debe realizarse en un cruce de caminos transitados. Manuel Rodríguez, en su libro Etnografía y folklore del Bierzo oeste-suroeste (Ponferrada, 1995) menciona tres encrucijadas donde se realizaban: una en Toral de los Vados (cruce de caminos del cementerio y Fonte Fría), otra en la Fonte dos Ollos de Villagroy (Corullon) y otra en Pardollán, situado en Orense, próximo al Bierzo y a donde acudían también algunos bercianos a sanar a sus pequeños.

En cuanto al ritual, en pueblos del Bierzo Oeste se realizaba llevando los padres al niño atado de pies y manos con cintas o cordones preparados con la primera lana de cordero. La madre se dirige al primer caminante que pasa y le ofrece unas tijeras al tiempo que le dice:

“Caminante que vais de camino,

desencaníllame este neniño”, o bien:

“Caminante que vais de fortuna,

desencaníllame esta criatura”.

El caminante, que a veces es una persona de confianza avisado previamente por los padres de la criatura, corta las ligaduras del niño, al tiempo que dice:

“Desencanillado che sea”", o bien

“Desencanillado che queda en nombre de Dios e da Virgen Maria”.

En otros lugares, próximos a La Cabrera,la madre dice al caminante:

“Hombre de buena fortuna,

quítame el culleitizo a la criatura”.

El viandante salta por encima del niño encanijado y se supone que con ello le cura el defecto.

Otros ceremoniales con mayor número de elementos eran los que se realizaban en la Somoza berciana y en Fonte dos Ollos de Villagroy. Por lo que se refiere al primero, la madre salía de noche a un cruce de caminos, con una hoz hacía un círculo alrededor del niño enfermo y le pasaba una cana de “sabugueiro” de la cabeza a los pies. Una variante era hacer un surco con un arado que el enfermo tenía que pasar saltando tres veces.

En Villagroy, además de curar al niño con el ritual de cortar las ligaduras, se encendía una lumbre junto a la Fonte dos Ollos, donde se le calentaba una nueva ropa al niño, ya que había que tirarle la anterior para que no quedaran rastros de la enfermedad. La muda del niño se hacía a la luz de una vela bendita del día de las Candelas, la cual sostenía la madre, mientras una mujer del pueblo, dotada de especial virtud, vestía al niño.

piedras de la salud

En ocasiones no era el trazado del camino, sino algún elemento que se encontrara en el, por ejemplo determinadas piedras, las que se empleaban para las curaciones de determinadas dolencias; por ejemplo, en algunos lugares se tenía especial confianza en piedras cercanas a los caminos “que nunca se hubieran movido”. Servían para la curación de retorcijones, contusiones y otros males menores. Las denominaban “piedras de la salud” y para que resultaran eficaces en las curaciones, se ponía la parte dañada en contacto con la piedra, mientras se decía:

“Pedra que nunca fuche movida,

quitalle o aberto y o'escañao y o aire

da persona (Nombre), do brazo (o parte dañada)”.

enterrar animales

El sentido purificador e incluso funerario de las encrucijadas puede alcanzar incluso a los animales, los cuales podían ser enterrados en los cruces de caminos cuando la muerte le hubiera sobrevenido como consecuencia de alguna enfermedad. Así, por ejemplo en Candín (Ancares) cuando una vaca enfermaba del carbunco o “mal bravo” se le dejaba morir y se debía enterrar donde el camino hiciera cruz, el lugar elegido era el denominado “Cruz del Castro”, que se encuentra entre los pueblos de Candín y Pereda. La costumbre es una muestra mas del poderoso poder purificador que emana de estos lugares mágicos.

el tres y el nueve en los ensalmos

Los números han representado desde muy antiguo la concepción de la unidad o pluralidad religiosa y mágica. En la filosofía pitagórica la realidad es tanto mas perfecta cuanto más se aproxime al método racional expresado por los números y, en el Epinomis, Platón afirma que “todos los Números y las Ideas dieron forma y figura a las cosas”. Finalmente, el sistema simbolista concibe a los números como ideas-fuerza y cada uno de ellos tiene una característica específica.

Las gentes leonesas, seguramente ajenas a los significados de los números en estas y otras filosofías y culturas antiguas, aplicaban, no obstante, de forma repetitiva dos números, el tres y el nueve, dentro de los ensalmos y ritos para las curaciones. Tres y nueve son números que indican perfección. El tres corresponde a las etapas del ser vivo: nacimiento, cenit y ocaso. El nueve es la triplicidad de lo triple, el numero por excelencia de las ceremonias medicinales, par cuanto representa la triple síntesis, esto es la ordenación de los tres planos: corporal, intelectual y espiritual.

Muchos son los ritos curativos bercianos donde se incluyen estos números. Citemos tan solo algunos ejemplos.

el tres, el más empleado

Con diferencia sobre el nueve, el tres parece ser el mas usado en las curaciones, tanto de personas como de animales.

Así, tres deben ser las personas que participen en un tipo de ritual de curación del raquitismo en los niños. Tal ceremonia se celebraba en San Juan de las Paluezas. Dos personas sostenían al niño desnudo y lo pasaban a través de la hendidura de un roble, la tercera persona sostenía una vela encendida y rezaba oraciones tantas veces como pases se hacían, los cuales debían ser siempre impares. Tres serán las veces que se pase el vestido de unas gemelas por encima del lomo de un caballo enfermo de “torzón”, con lo cual el animal quedará sanado (Candín). La curaci6n del carbunco o “mal bravo” en Candín la realizaba un ensalmador del pueblo vecino, Villarbón, cogiendo una hoz y haciéndola pasar por encima del animal, mientras decía: “Carbunco, vaite al Ferro; Ferro, vaite al suelo”. La operaci6n debía repetirse tres veces.

Para quitar el sol de la cabeza o las insolaciones, en Oencia se cuenta que una mujer experta colocaba un paño blanco en la cabeza de la enferma y un vaso de agua sobre la mollera. La mujer sostenía el vaso con los dedos índice y corazón y repetía de forma alterna y tres veces: “Sale sol de donde estás e métete niste arcaz” y “sale sol desta cabeza y métete na servilleta”.

Para levantar la “paletilla” o esternón hundido durante un esfuerzo, como el levantamiento de un peso, en un pueblo del municipio de Barjas, una señora especialista, que tenía gran devoción en los santos, acostaba al enfermo o enferma en el suelo, con el pecho descubierto. La curandera ponía las manos sobre la paletilla y recitaba: “Paletilla, tente fuerte como Jesús se tuvo en la cruz con el poder de Dios y la Virgen Maria”. A continuación se rezaba un padrenuestro y un avemaría, repitiendo el ceremonial hasta tres veces. Si la paletilla estaba muy caída, entonces se recurría a la aplicación de una ventosa y una “vizma” o cataplasma de pez, rezándose también durante tres veces la siguiente oración:

“Un cura de la sacristía sale

y a decir misa se va

así como estas cousas son verda

paletillas y espinelas de (el nombre del paciente)

se volvan a seu lugar

con el poder de Dios y de la Virgen Maria

un Padrenuestro ye un Avemaría”.

ensalmos para los coutados

“Coutado” es un termino que se emplea como significado de acotamiento de una enfermedad, límite que se le pone para que no prolifere. Estos “coutados” requieren rituales de ciclos de tres veces: tres recitados de oraciones particulares, repeticiones durante tres días, etc., siendo aplicados, generalmente, por personas a las que se les atribuía un mayor poder o virtud que el resto de la colectividad.

La curaci6n de ampollas de tipo urticante, denominadas en varios lugares bercianos “colledizos” o “vulgueiros”, incluyen tanto remedios caseros (frotar la parte dañada con arena de sal gorda impregnada de saliva o aplicaci6n de ceniza de roble bien caliente sobre la ampolla) como remedios mágicos, por medio de “coutados”, siendo la “coutadora” una mujer que traza cruces con el dedo pulgar de la mano derecha sobre la parte con “colledizos”, mientras recita la siguiente oración:

"Si eres de araña vaite a parraña

si eres de sapo marchate arrastro

si eres de culebra vaite pra terra

si eres de salamandra vaite pra barranca

por el poder de Dios e da Virgen Maria

un padrenuestro e un avemaría”.

El ritual debe realizarse en tres días seguidos.

Varios tipos de “coutados” se aplican al orzuelo, denominado en el Bierzo con nombres como “orizó”, “touzó” y “tirizó”. Un ejemplo es el siguiente: se colocan trece granos de trigo en la mano izquierda. Con el índice y pulgar de la mano derecha se cogen de uno en uno y se pasan por delante del orzuelo, al tiempo que se hacen tres cruces, una con cada grano, recitando el siguiente ensalmo:

“Santa Lucia bendita tres libros tenía

en uno leía, en otro escribía

y en otro decía:

En este ollo nunca houbo orizo

ni no ha de haber co poder de Dios

e de Santa Lucia

un padrenuestro e un avemaría”.

Cada grano se va echando en una vaso de agua, que al final se tira a la lumbre. Para que surta efecto la ceremonia ha de repetirse tres veces cada día durante tres días.

La erisipela, denominada “dicipela”, “xipela” o “dixipela”, puede tratarse con algún tipo de “coutados” si fallan otros remedios de la medicina casera. En la curación mágica intervienen plantas con especial poder como pueden serlo el olivo o el llamado por estos pagos “sabugueiro". Este último era aplicado tanto a los enfermos de erisipela y “cuxillo”, como a personas y animales que se creyera que estuvieran “aojados” por las brujas. Para sanar de la erisipela se untaba una rama de “sabugueiro” con agua y aceite de oliva y se pasaba por la parte afectada, diciendo hasta tres veces, y sin respirar cada vez:

“Bixos e bixas, fuego mordía,

van pola costa do monte arriba

a la rayada da mediodía.

Encontraronse con nosa Señora,

a Virxen María, e preguntaronye

¿Qué ye faría?

Con unhas raminas do monte e

unha pouca d’agua da fonte fria

e unhas gotinas d’aceite d’oliva.

Con eso e c’a gracia da nosa

Señora, a curaría”.

El ritual con las tres ramitas de olivo en lugar de la de “sabugueiro” es muy similar. Las tres ramitas se mojan en una taza que contenga agua de una fuente milagrosa y tres gotas de aceite de oliva y se van pasando haciendo cruces por encima de la parte enferma a la vez que se recita un ensalmo prácticamente idéntico al anterior, finalizando con tres padrenuestros y tres avemarías. Al final se echa a la lumbre las ramas y el agua con el aceite, repitiendo el tratamiento tres veces al día durante tres días seguidos.

Nos referiremos, para finalizar, al “coutado” que se aplicaba para el caso de las quemaduras. Sobre la quemadura se decía:

“Cristo e San Juan

por un camiño van.

Cristo lle dixo: anda, Juan.

- Non podido que hay un queimado.

- Dalle tres soplidos e quedaras sano”.

Se soplaba tres veces sobre la quemadura y cada vez se rezaba un padrenuestro y un avemaría sin respirar. Al final se rezaba un credo entre todos los asistentes al ceremonial.

nueve veces seguidas

Como indicábamos antes, el nueve también participa de la curación de determinadas dolencias, una de las cuales la señalamos antes al hablar del poder purificador del agua: había que beber agua de nueve fuentes distintas en el amanecer de San Juan para prevenir las dolencias de garganta.

En otros remedios, determinados ensalmos deben repetirse nueve veces seguidas. Un ejemplo es la curación del “entocado”, nombre que recibe la artritis deformante. La curandera de tal mal debía ser una mujer que hubiera tenido doble parto, con gemelos o mellizos, y que supiera la formula mágica que se debía recitar. La tal mujer recostaba al paciente en el suelo sobre una manta, dejando al aire el miembro lisiado, posteriormente se descalzaba y pasaba su pie derecho sobre el miembro “entocado”, dándole continuos masajes y diciendo sin respirar, cada tres veces, el siguiente “rezo”:

“Co poder de Dios e da Virgen Maria e da Santísima Trinida sana to do teu entocado como eu sanein do meu enxamiado”.

La ceremonia tenia que repetirse nueve veces seguidas en tres días seguidos. Lo de enxamiado hacia referencia al parto de mas de un hijo.

los niños, los más indefensos

Como en la mayoría de los pueblos, los niños bercianos eran los miembros del colectivo mas sujetos a padecimientos de todo tipo. Entre las enfermedades infantiles propias del Bierzo se mencionan: sarampión, tifus, difteria o “garrotillo”, deshidratación por diarreas, “tercianas” o paludismo, disentería, desnutrición y sobre todo, lombrices.

Algunas de ellas se creían provocadas por espíritus maléficos o “bruxas” y por ello, ya desde su nacimiento, se les protegía por medio de escapularios y cedulas benditas.

En ocasiones se recurría a remedios un tanto difíciles de comprender, como era el aplicado en Ancares a los que padecían tosferina: se les llevaba a un molino cercano que estuviera moliendo en ese instante y se les dejaba allí para que aspiraran el polvo de la harina. Otras veces, con mejor sentido, se llevaba a los pequeños enfermos a un sitio alto o a la orilla del rió, para que aspiraran el aire puro.

Otro ceremonial que practicaban las mujeres de Paradina consistía en llevar a sus hijos enfermos hasta el puente de San Martín de Moreda (Ancares), por la noche, evitando que les viera alguna persona del lugar. Atravesaban el río tres veces, tirando cada vez una piedra blanca mientras pedían por la salud de los pequeños.

remedios para librarse de las cocas o lombrices

La falta de higiene y las carencias alimentarias provocaban que muchos niños pequeños desarrollasen parásitos intestinales como las lombrices, las cuales llegaban a causar un gran número de muertes. Para atajar el crecimiento de los nematodos se recurría a varios remedios mágicos, uno de los cuales era la colocación de amuletos como la raíz de lirio, con la cual hacían una especie de gargantilla en algunos pueblos de Ancares y la ponían en el cuello de los niños creyendo que, de esta manera se eliminarían las “cocas”.

Existía también un ceremonial, denominado el “coutado das lombrices”, que era practicado por una persona especializada, el “coutador” o acotador, empleando un cuchillo dotado de ciertas virtudes, por haber sido tocado por algún santo. El “oficiante” lo elevaba con las dos manos, diciendo “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen”. Luego se volvía hacia el niño “encocado”, diciendo solemnemente: “Citote lombrigorum”, que era como la frase de apertura para el desarrollo del verdadero ritual. Este se iniciaba con el trazado de tres cruces en la frente del niño con la punta del cuchillo a la vez que decía a las lombrices: “Si sodes (sois) nove (nueve) volvédevos oito (ocho)”, luego se trazaban otras tres cruces de idéntica manera en la boca, diciendo: “Si sodes oito volvédevos sete”, posteriormente se bajaba al pecho y tras las tres cruces se decía: “Si sodes sete, volvédevos seis", en la nalga derecha y tras las tres cruces: “Si sodes seis, volvedevos cinco”, luego en la nalga izquierda: “Si sodes cinco, volvedevos catro”. El curandero volvía de nuevo con la punta del cuchillo a la boca y trazaba tres cruces, diciendo: “Si sodes catro, volvédevos tres”, bajaba al pecho y decía: “Si sodes, tres volvédevos duas”, más abajo en la nalga derecha: “Si sodes duas, volvédevos unha” y finalmente en la nalga izquierda se remataba con la frase siguiente: “E si unha, pasa o arcon en donde che facemos a sepultura para que non mates a esta criatura”.

los santos protectores de los niños

Junto a las ceremonias indicadas anteriormente para el desencanillado infantil, en varios pueblos bercianos se rezaba a determinados santos, abogados de la salud de los niños, para evitar en estos la falta de desarrollo. Entre los santos se encontraban: Santa Maria de Vilela, la Virgen del Carmen de Dragonte y el Santo Milagro del Cebrero.

Por lo general los padres o algún familiar se “ofrecian” a tales santos para la salud de los pequeños, de forma que recobrada esta, cumplían ciertas promesas como la de ir a pie hasta el santuario, rezar rosarios, dar limosna o salir en procesión, llevando con ellos a los pequeños “ofrecidos”. En el caso particular de Santa Maria de Vilela, el niño tiene que pasar varias veces por debajo de las andas de la Santa durante la procesión o después de esta y para que el infante pueda alcanzar la gracia completa también debe besar y retocar el manto de la santa. Algo parecido ocurre también con la Virgen del Carmen de Dragonte. En cuanto al Santo Milagro del Cebrero, es mucha la devoción que le tienen las gentes de Ancares y de otros pueblos bercianos, de manera que se ofrecen a el no solo para la curación de niños sino de adultos, como veremos luego.

los santos y objetos santificados en la curación

En los remedios de medicina mágica que indicamos anteriormente aparecían, en ocasiones, ensalmos o recitados de oraciones en los cuales se invocaba la ayuda de Jesucristo y la Virgen, fundamentalmente. La excesiva devoción a los santos, superstición al fin y al cabo, se manifestaba en algún momento de la duración de la enfermedad. Uno de los santos mas nombrados en el Bierzo, como indicamos anteriormente, era el Santo Milagro del Cebrero. A él se le tenia gran fe principalmente en los pueblos de Ancares y a él se ofrecían cuando se iban a operar o cuando padecían una enfermedad prolongada. Acudían entonces al santuario, a veces hasta ocho o nueve años seguidos. También gozaba de gran devoción la Virgen de Trascastro, patrona del valle de Fornela. A ella acudían andando, descalzos o de rodillas, en señal de gratitud por algún favor concedido. A la Virgen de Tejedo, nos contaron en Villasumil, estaba ofrecida mucha gente.

En las ofrendas a estas santas imágenes era costumbre entregar en cera el peso de la persona que había salido de la enfermedad o se había librado del accidente.

Uno de los remedios para evitar la muerte casi segura por mordedura de un perro rabioso consistía en ofrecerse con sacrificios y limosnas al Santo Milagro del Cebrero o a San Lázaro. Por supuesto que no todo quedaba a la voluntad del santo y las gentes también aplicaban otros medios de curación como la cauterización de la herida y su entorno con un hierro candente.

En los pueblos cuya principal fuente de recursos era la ganadería, San Antonio era uno de los santos mas invocados, ya que de el dependía el que sanasen de determinadas enfermedades. También sobre él recaía la responsabilidad de que el ganado extraviado en el monte apareciera sano y salvo. En Candin y pueblos de los alrededores cuando un pastor regresaba del monte y notaba la falta de una cabra u oveja, recurría a determinadas personas del pueblo que tenían más fe en San Antonio para que rezaran el conocido responsorio. Mary Pepa, de Candin, era la mas solicitada, pues, al parecer, a su devoción al santo unía ciertas dotes adivinatorias. La mujer se retiraba a una habitación y allí rezaba. Una vez terminada la oración, Mary Pepa decía a su consultante: “No te preocupes, la cabra está viva y está en tal sitio”, o por el contrario: “No se puede hacer nada, la cabra esta muerta”. Según nos contaron, acertaba la mayoría de las veces. Una forma de curar la “arrana” o “arran” del ganado vacuno, visible por unas ampollas que salen debajo de la lengua del animal, era por medio de una oración dirigida a San Antonio. El que la decía debía tener gran fe y hacerlo en el más intimo secreto.

la curación con objetos santificados

Entre las costumbres mas generalizadas, no solo en el Bierzo, sino en toda la provincia leonesa, se encontraba la de colgar los ramos de laurel o de olivo, bendecidos el Domingo de Ramos, en las ventanas o tejados de casas y establos para evitar los efectos perjudiciales de las tormentas o en general la aparición de fuerzas malignas que pudieran provocar desgracias en personas y ganados. Con estos mismos ramos podían realizarse curaciones, pasándolos por las partes dañadas.

En ocasiones se llegaba a emplear también alguna prenda bendita sacerdotal, cuando las enfermedades alcanzaban una gran extensión, por ejemplo ante las frecuentes pestes del ganado. En estos casos un remedio empleado en pueblos del occidente berciano consistía en que dos personas situadas a una relativa distancia sujetaban la estola bendita del cura por cada extremo, mientras otros obligaban a los animales a pasar por debajo de ella. Se creía que así llegarían a sanar.

Otras veces se pensaba que ciertos objetos de las iglesias estaban dotados de poderes especiales para detener las enfermedades. Uno de los mas empleados en los rituales de curación eran las llaves de la iglesia, probablemente porque unían al poder de su ubicación en lugar sagrado las virtudes atribuidas a un metal como el hierro.