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Restauración del Belén de Salzillo

 

María Paz Barbero

Restauradora de obras de arte

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El escultor imaginero localizaba la idea para los trabajos procesionales o de culto a través de dibujos o bocetos modelados que le iban acercando a la obra definitiva. Él mismo disponía el embón principal al que le añadía las diferentes piezas de madera, para después conseguir el volumen y la forma mediante la talla directa con gubias y azuelas. Sobre esta talla aplicaba las capas de la base de preparación sobre las que se policromaba. Este laborioso trabajo, que Salzillo realizó magníficamente, se simplificaba mediante el modelado de las piezas del Belén, ya que podemos decir que cualquier escultura del Nacimiento contiene la frescura de un abocetado directo y el acabado de una estudiada policromía.

El encargo de realizar un belén, que la familia Riquelme le hace a Salzillo, le va a permitir disfrutar como escultor del modelado de la gran diversidad de personajes que lo componen. Sabemos que los textos en los que se ha basado la iconografía de los belenes es el Evangelio de San Lucas, siendo éste el que más trata del nacimiento de Cristo, y aun así, es un relato corto y sencillo, Pero los detalles y nuevas escenas, que a lo largo del tiempo se han ido añadiendo, son fruto de la imaginación de los fieles.

Salzillo representó las diferentes escenas derivadas de la imaginación popular, así como las referidas por San Lucas: la Anunciación a los pastores y la Adoración de éstos al recién nacido, dando mayor realismo al añadirles episodios cotidianos de la vida de los pastores y campesinos. También la Adoración de los Magos, referida por San Mateo y considerada como la aceptación por parte de los sabios y poderosos de la gran trascendencia del hecho, se transformará por la imaginación popular en los Reyes de Oriente, incluso concretando la procedencia: Melchor, joven y rey de los persas; Gaspar, viejo y rey de los indios, y Baltasar, negro y rey de los árabes. Todos estos aspectos le serán de gran utilidad a Salzillo para definir los episodios y transcribirlos plásticamente.

Grandes artistas, como lo fue Francisco Salzillo, han conseguido trasmitir a través de sus obras una serie de emociones y sensaciones que han perdurado hasta nuestros días. Aunque materialmente una obra de arte de varios siglos de antigüedad envejece de una forma natural, está a su vez irremediablemente rodeada de una serie de factores que causan un deterioro progresivo y acelerado, destruyendo aspectos fundamentales de la obra ya, en muchos de los casos, irrecuperables. Asimismo, el paso del tiempo y las diferentes patologías provocan una distorsión en la lectura de una obra de arte, llegando a producirse una barrera entre la pieza y el espectador.

La obligación del restaurador es detener ese progresivo deterioro que va destruyendo las obras de arte, e intentar recuperar esa lectura, lo más cercana a su origen, que permanece oculta bajo el velo del paso del tiempo, pero siempre respetando el inevitable envejecimiento general que toda obra de otros siglos acumula y que le pertenece como obra del pasado.

Cualquier restauración conlleva un gran riesgo y responsabilidad, porque se pueden desvirtuar las características de la obra al falsearla o destruirla con una inadecuada intervención, por falta de sensibilidad, conocimientos o experiencia. La intervención restauradora sobre las piezas del Belén de Salzillo ha sido muy sensible a todos los aspectos descritos anteriormente.

Este apartado sobre la restauración del Belén pretende que los que estén interesados en Salzillo adquieran, como complemento al disfrute de su obra, unos criterios nuevos sobre la restauración, que les permitan apreciar la importancia y la responsabilidad que tiene este tipo de intervención sobre las obras.

Al intervenir pieza por pieza, las figuras del Belén han podido estudiarse como casos independientes. Ello nos ha permitido comprobar que Salzillo las realizó otorgándoles la misma importancia y valor artístico, tanto en el tratamiento del modelado como en la policromía, que a sus esculturas procesionales para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de Murcia, y que nosotros mismos hemos restaurado. El Belén fue realizado con una gran diversidad de técnicas, aunque el material de soporte más empleado para el modelado de los figuras ha sido la arcilla (blanca o roja, cocida o no). Tras la restauración se ha verificado que tan sólo dos figuras han sido talladas y policromadas íntegramente (el niño del nacimiento y un pastor de la sec. IV).

Las piezas pueden clasificarse en varios grupos: figuras boceto macizas; figuras sacadas del molde, ahuecadas (realizadas mediante vaciados); y figuras con la vestimenta encolada (la cabeza, manos y pies son de madera o arcilla).

Aparecen  con menos frecuencia otros materiales de soporte, cuya función es más bien complementaria: madera, telas, cartón, tejidos, cristal, etcétera.

La técnica policroma más empleada por Salzillo fue la pigmentación directa, es decir, cuando se aplica el color sobre el soporte sin estrato de preparación; para dorados o estofados dispuso una fina película de base de preparación (sulfato de cal bihidratado). Esta técnica la aplicó a las figuras más representativas del belén.

Respecto a los materiales policromos, utiliza temples al huevo o pigmentos al óleo para las vestimentas, oro fino para los estofados, plata para las corlas, y grafito bruñido para las armaduras de los soldados de la degollación.

Los análisis químicos realizados nos confirman que, para policromar la carnadura, Salzillo empleó pigmentos con resina, mientras que para las veladuras finales de detalle (frescores, sombras, cejas, paleteados) utilizó pigmentos con aceite de nueces y secante de cobalto.

Sobre los ojos de las figuras, unos se pintaron directamente y otros son de cristal pintado mediante la técnica de la cáscara de huevo.

La arcilla, material característico del belén, es un silicato de aluminio hidratado cuyo estado de conservación está condicionado por circunstancias particulares del material y de las piezas. Se sabe que el barro cocido es uno de los materiales más estables a la acción química, superando en ocasiones al oro, sin embargo, su estado de conservación depende de varios factores: el tiempo y el tipo de cocción que se dio a las figuras, la calidad de la pasta (arcilla) y, como no, las condiciones medio ambientales (humedad y temperatura) a las que hayan estado sometidas en su largo período de exposición en el museo, lo que influye en la aceleración del envejecimiento natural de los materiales, apreciándose en las figuras en forma de disgregados, grietas, desencolados, etcétera.

El resto de materiales empleados como soporte: madera, cartón, textiles (materiales orgánicos) han tenido comportamientos de alteración parecidos al material anterior.

Algunas figuras han sufrido múltiples fracturas y pérdida del soporte debido a su tamaño y la consiguiente inestabilidad.

El estado de conservación en el que nos encontramos la base de preparación y policromía mostraba pequeñas áreas con la base de preparación de la policromía con riesgo de desprenderse en forma de exfoliaciones, craquelados, salados. Esta descohesión de la base de preparación del soporte se ha producido por una contracción del barro o la madera, causada a su vez por las bruscas oscilaciones de humedad y temperatura ambientales, o por las radiaciones solares a las que han estado sometidas durante un largo período en su lugar de exposición.

Algunos temples de los estofados se encuentran en una fase de pulverización, debido a la pérdida de aglutinante y al envejecimiento del material.

El lugar inapropiado de exposición ha provocado que todas las piezas aparezcan cubiertas por un grueso estrato de polvo, estando éste compuesto de partículas sulfurosas agresivas, ya que, a consecuencia de la catalización con la humedad medio ambiental, ha experimentado una reacción química que ha generado en la totalidad de las superficies depositadas un efecto ácido que destruye las diferentes erosiones de las capas policromas.

Se advierten varias intervenciones posteriores (conscientes en algún dedo de yeso o repintes al óleo).

La restauración ha supuesto un trabajo de extremada delicadeza, pues además del reducido tamaño y fragilidad de las figuras, el estado de conservación que presentaban era serio y preocupante.

Con el tratamiento se ha conseguido la consolidación de todas las partes originales, recuperando el aspecto polícromo que le corresponde teniendo en cuenta el paso del tiempo.

Los criterios con que se han desarrollado estos trabajos han estado determinados siempre por aspectos museísticos, es decir, respetando los distintos elementos originales, reintegrando sólo aquellas faltas que rompían el equilibrio estético de las figuras. Para tal fin se emplearon técnicas y materiales de conservación reversibles, reconocidos internacionalmente.

El trabajo de restauración ha ido precedido de una documentación sobre los belenes, que ha ido acompañada de un estudio comparativo entre Salzillo y otros escultores de su época que también hicieron belenes, como el napolitano Jusseppe Sanmartino y el español Ramón Amadeu. Asimismo, se llevaron a cabo una serie de análisis que permitieron confirmar la naturaleza de los materiales, tanto de soporte como de policromía.

Para realizar la consolidación de las piezas fue necesario retirar de la superficie todos aquellos elementos ajenos al original (polvo, arena, depósitos orgánicos y suciedad en general), que se eliminaron con la ayuda de un pequeño pincel de cerda natural y aspirando los restos, sin que afectaran la superficie policromada. La consolidación se comenzó por un orden de prioridad, siendo las piezas que presentaban un peor estado de conservación las primeras en ser intervenidas mediante un tratamiento de emergencia. Lo soportes habían sufrido roturas que, en algunos casos, habían producido pérdidas y, en otros, presentaban adhesivos inadecuados. En algunas piezas encontramos áreas cuya policromía aparecía pulverulenta en los temples y exfoliada en los oros y en la policromía al aceite.

Este tratamiento se realizó aplicando una cola orgánica animal hidratada para el asentado de las áreas exfoliadas, una resina sintética disuelta e disolvente nitrocelulósico (etilmetracrilato al 2%) para las zonas pulverulentas y para las roturas y grietas inyecciones de acetato de polivinilo.

Para la limpieza de los diferentes estratos de suciedad y repintes hemos utilizado un medio químico cuya composición dependía de la naturaleza de los materiales que había que restaurar, así como de los resultados de las pruebas realizadas. Para las superficies al aceite, como las vestiduras, la limpieza se completó con un medio mecánico a punta de bisturí, ayudándonos de un hisopo de hidróxido amónico al 2% en agua.

Teniendo en cuenta el criterio museístico que hemos aplicado, la reintegración ha sido escasa y muy puntual, tan sólo en aquellas piezas que presentaban lagunas y faltas que rompían la comprensión de la figura original. Para las faltas de soporte se ha utilizado un material de características idénticas al original, intentando así que no existan rechazos ni alteraciones parciales.

Las faltas polícromas se restituyeron mediante una tinta plana a un punto más bajo, de esta manera se integran en la visión del conjunto. Para ello nos servimos de acuarelas y pigmentos naturales al agua fijados con una resina natural.

Por último, todas las piezas han recibido una capa de protección compuesta por una resina acrílica a diferentes concentraciones de etilmetacrilato en disolvente orgánico entre el 1 y 3%. Esta película, además de proteger, resalta el tono original y presenta una superficie integrada.