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El factor histórico, cultural y humano

La presencia humana en este territorio se remonta, según los testimonios arqueológicos, a la Edad del Bronce en su fase antigua o Pro-Cogotas (1700-1200 a. C.), como así lo confirman el hacha plana y el caldero del Bronce Final (800-700 a. C.) de Villaceid (fot. 1), el hacha del Bronce Final encontrada en La Urz (Fernández Manzano, 1986, 18 a 20), las hachas de talón de Camposalinas, y el hacha con una anilla, de Manzaneda de Omaña, también del Bronce Final.

El Padre Morán en sus trasiegos y comprobaciones por la comarca, avisa que son “...muy ordinarios los castros, quizá tanto como en Galicia”, es decir, lugares de poblamiento de gente astur. El topónimo de Cornombre, por ejemplo, le considera derivado de cornu con sentido de fortaleza, y en Vegarienza señala una colina, la de Santa Colomba, con dos fosos, denominándose Castriello el arroyo que pasa en las cercanías, en clara asociación toponímica. Los restos arqueológicos de Paladín, La Utrera, La Garandilla –con la localización del castillo de los Vallaos ocupando un antiguo castro con foso– o Trascastro -con el llamado “Pico del Jardón”, donde hubo un asentamiento prerromano (Morán Bardón, 1987, 63, 146)- contribuyen, según su parecer, a perfilar la realidad del pasado.

La localización de poblamientos castreños o romanizados son, por lo visto, frecuentes en la zona: El Castillo y Los Castriellos en Andarraso, El Sardón en Carrizal, Navas de los Cortinones en Castro de Lomba, La Corona y Los Castros en Curueña, Los Vallaos y La Mata del Castillo en La Garandilla, El Cuvichón y Castro de San Vicente en Murias de Paredes, Santa Colomba en Rosales, La Corona y El Cuerno en Salce, La Cerca y El Castro (romanizado) en Villaceid, El Cuerno en Villar de Omaña, El Cerco entre Riello y Oterico, El Canto del Cuerno en La Velilla, La Cerca entre Guisatecha y El Castillo, Los Cáscaros en Paladín, El Castro en La Utrera, y El Corniello en Santibáñez de la Lomba. Todos son ejemplos que anuncian cierta suficiencia en cuanto a los antecedentes protohistóricos, como para advertir una presencia humana de relativa importancia 1.

La romanización también alcanzó estas latitudes a consecuencia del interés por las explotaciones auríferas. Los vestigios de canales, llamados carraliegos en Valdesamario, y los hallados en Las Colladas, Las Vallinas y Los Moruecos en el río del Vallegordo, confirman esa aculturación o quizá transculturación de aquellas primeras gentes.

En La Garandilla, Guisatecha y Barrio de la Puente se contemplan tanto los aureanos como las fornias de Villaverde de Omaña (González Álvarez, 1980, 69), es decir, desmontes de tierras y arenas removidas por la búsqueda del codiciado mineral. Pero además, las calzadas, que facilitaban el trasiego minero, son palmarias en el Vallegordo, cuyo trazado se aprecia desde el pago de Los Cousos, cerca de Aguasmestas, al de Mortera, no excesivamente lejos de Marzán. La llamada Rodera Asturiana que partía de Astorga hasta Quintana del Castillo, pasaba por Ponjos y Rosales, si bien contaba con una alternativa, que era la principal a seguir, desde Quintana a La Garandilla, continuando por El Escobio entre Inicio y Trascastro, Castro de La Lomba y la Laviada en Riello. Desde aquí tomaba la dirección de Babia (Mañanes, 1983, 49-50).

Los rastros romanos en Cirujales, Manzaneda de Omaña, Villar de Omaña, La Omañuela, Andarraso, Oterico, Carrizal, Santibáñez de la Lomba, Curueña, Rosales, Villaceid, Vegarienza, Salce, Guisatecha, que se mezclan en la mayoría de los casos con un substrato de la Edad del Hierro y niveles superiores bajomedievales, son el legado histórico señalado y poco conocido sobre los orígenes de esta comarca, salvo que por asociación de lo que hasta ahora sabemos, podamos formarnos una idea aproximada. El resto es competencia de los especialistas, además de ser tema que se escapa a los fines de este texto. No obstante, nos interesa en la medida que las excavaciones del castro de Villaceid permitieron conocer la planta de sus construcciones, que eran circulares con un diámetro de 3 m y otras ovales entre 5 y 4 m (Gutiérrez González, 1985, 235). Formas que se debieron conservar a lo largo de la Edad Media, unidas a las de planta rectangular o cuadrada difundidas definitivamente por la cultura romana, al resolverse técnicamente el inconveniente que presentaban los encuentros de los paramentos, así como el cambio que poco a poco debieron significar los trazados fuera de recintos defensivos, siempre con más amplitud, facilitando la construcción de esquinales en ángulo recto.

Por otro lado, se ha señalado en el Oeste de la provincia el límite entre la casa de planta circular y la rectangular, mientras que “en los «castros» de Omaña oriental y meridional se encuentran ya la casa en planta rectangular” ((Martín Galindo, 1987, 18).

Insistiendo en los restos arqueológicos, los de época medieval nos permiten entrar en otro período más cercano y quizá más comprensible, representando otra parcela a tener en cuenta. Necrópolis de esta época como la de Rosales y Murias de Paredes, lugares de culto como el de Curueña, y fortificaciones como el castillo de Venal en El Castillo 2 (fot. 2), el de los Vallaos en La Garandilla o el de Trascastro –propiedad de Don Tello, hermano de Enrique de Trastámara; pasaría luego al dominio del Adelantado Suero Pérez de Quiñones, según recoge Risco en su Historia de la Ciudad de León (Díez González, 1984, 132)–, contextualizan especialmente una presencia humana.

Las primeras referencias documentadas de alguno de los pueblos de Omaña, se remontan al año 857, fecha en la que se citan la Vega de Arenza (Vegarienza) (fot. 3) y Murias de Paredes (García Martínez, 1992, 14, 141) (fot. 4); en 867, Ameo, que será el posterior Amío; en 987, Ambas-Mestas, es decir, Aguasmestas y Ceroliares, que es Cirujales (Ser Quijano, 1948, 55). En 993 se habla del río magare de Omania (Rodríguez, 1948, 19) (Ruíz Asencio, 1987, 499) y en 1027 de flumen Ommania (Ser Quijano, 1994, 150). En el año 1067 encontramos ríbulo Samario, así como tierra de Omania en 1154 y teritorio Omanna en 1309 3; Karrizale en 1024 y Samario en 1162 (García Martínez, 1992,155). También en el siglo XII ya existen Posada de Omaña (1112), Illa Villela (1113) y Vilela (1265) –La Velilla– (García Martínez, 1992, 263, 275), Senra (1125), Castro (fot. 5), Inicio (1162) y Villa Iuste (1174) ((García Martínez, 1992, 234).

En el siglo XIII, Canales (1216), Bovia (1227 y 1255) y Bovai (1243) –actual Bobia–, Pandoriado (1234) (fot. 6), Villacez (1238) –Villaceid, que en 1344 se nombra como Villa Ceyz y Villa Ceys en 1347 (García Martínez, 1992, 355)–, Quintanella de Canales (1247) y Quintaniela de Bovia (1252) –Quintanilla–, Viliella de Samario (1262) –La Velilla (Rodríguez, 1949)–, Los Bayos (1270) (García Martínez, 1992, 162) (fot. 7) y Santibáñez de la Lomba. La documentación del siglo XIV nos cita Campo de Salinas (1346) y Villarín (1392) (García Martínez, 1992, 277). En el siglo XVI aparecen Santovenia, Villadepán (1533) 4 (fot. 8), Trascastro (1545) 5, Lago (1545), así como Reguyello, fácilmente identificable con el actual Riello 6 (fot. 9), y Vivero (1546) 7 (fot. 10). Con posterioridad, la nombradía de cada uno de ellos fue cada vez mayor, puesto que aumentó la exigencia de la constancia administrativa.

Históricamente la comarca estuvo bajo los predios del señorío del Condado de Luna y de la fórmula del Concejo. La componía los concejos de Transversales, Paredes, Lomba de Campestedo, Villamor de Riello y Omaña 8. Si seguimos lo dicho por Gustavo López, “en el año 1518 la casa ducal de Uceda, entroncada con la de Luna, fundó el Mayorazgo de los Cilleros, absorbiendo en él algunos de los pueblos más significativos de los Concejos de Paredes y los Transversales. Tiempo después, sin que hasta ahora se pueda precisar fecha exacta, ambos concejos, disminuidos, terminarían integrándose en el de Omaña, razón por la que el conjunto concejil de la comarca adquiriría una nueva estructura: Cilleros, Omaña, La Lamba de Campestedo y Villamor de Riello, todos ellos bajo el señorío jurisdiccional del Conde de Luna. Bien es cierto que el de Cilleros tenía una compleja configuración geográfica, al estar integrado por pueblos de Babia (Mena y Peñalba), Laciana, (Villarquemado), Ribas del Sil (Salientes, Salentinos y Valseco) y otros de nuestra comarca: Montrondo, Vegapujín, Torrecillo (fot. 11) y Posada de Omaña” ((López, 1986,17-18).

Al Concejo de Luna pertenecían, según la distribución del Catastro del Marqués de la Ensenada (1752), Villapodambre, Selga, Canales, Vega de Perros, Formigones, Quintanilla, Bobia, Soto y Amío, Villayuste, Lago (fot. 12), Oterico, La Velilla, Trascastro, Carrizal, Camposalinas y Villaceid (Burón Castro, 1985, 642), de los cuales, los once últimos los incluimos dentro del territorio que estudiamos. Trascastro y La Velilla también formaron parte del Concejo de Inicio, junto a Valdesamario –con los barrios de La Garandilla, Castro, La Parte, Velilla y Samario–, Paladín, La Utrera y Murias de Ponjos, quedando Ponjos, curiosamente, en el Concejo de Sueros de Cepeda.

Atendiendo a lo dicho en el Diccionario Geográfico y Estadístico... de Pascual Madoz (1845-1850), pertenecían al Concejo de Omaña los pueblos de Murias de Paredes, Senra, Lazado, Villabandín (fot. 13), Villaverde, Rodicol, Marzán, Vegarienza, Villanueva de Omaña (fot. 14), Cirujales, Sosas del Cumbral, Villar, Omañón, Villadepán, Manzaneda, Santibáñez de Arienza, Salce (fot. 15), Barrio de la Puente, Fasgar (fot. 16), Sabugo y Cornombre. El de la Lomba de Campestedo estaba constituido por los pueblos de Folloso, Rosales, Andarraso, Campo de la Lomba, Santibáñez de la Lomba, Castro de la Lomba y La Omañuela (López, 1986, 17). El Concejo de Villamor de Riello lo formaban Riello, Los Orrios, Ceide, Bonella, La Urz, Curueña, Salce, Arienza, Robledo, Villarín, Guisatecha, Ariego de Arriba, Ariego de Abajo y Socil.

En el siglo VIII la comarca debió dividirse en los territorios de Paredes y Amío, siendo sucesivamente nombradas las distintas localidades en documentos posteriores, como ya hemos indicado y puede comprobarse en el trabajo del Conde de Gaviria 9.

Hasta el siglo XIV no se convertiría en señorío. Según Vicente Flórez de Quiñones, “... Alfonso XI cedió estos territorios a su hijo bastardo, luego Rey con el nombre de Enrique II, el cual los dio a Ruy Pérez Ponce. Este terrazgo lo formaba los Concejos de La Lomba de Campestedo, Omaña, Los Transversales y Villamor de Riello. Seguramente, a principios del siglo XV se apoderó de ellos Don Diego Fernández de Quiñones, primer Conde de Luna. En 1435 ya pertenecía al Conde la jurisdicción que luego han poseído sus descendientes...”, alcanzando su dominio feudal bien avanzado en siglo XIX, pues hasta 1897 seguían cobrando lo que se llamó “el pan del cuarto” en el Concejo de Villamor de Riello, foro consistente en ciento cuatro cargas de centeno, que en 1914 aún debía satisfacerse, hasta que quedó abolido en 1935 gracias a la intervención del citado D. Vicente Flórez de Quiñones y Torné 10. Esta prolongada dependencia de un acusado sistema señorial, que ni siquiera en el siglo XIX se alteró a pesar de la crisis del modelo del Antiguo Régimen que se iniciaba en los primeros años de esa centuria, de los cambios sociales que se estaban produciendo con la industrialización y de los primeros síntomas del liberalismo, hacía que la mayor parte de la tierra estuviese en manos de la Iglesia, aristocracia y, en el mejor de los casos, de las Juntas Vecinales, a través de las que el pueblo participaba de alguna manera mediante los sistemas comunales.

Los problemas de los omañeses con el Condado de Luna son más que notorios, conocidos e interesantes para los historiadores 11. El peso de un modelo feudal y oligárquico secular hizo que la comarca de Omaña arrastrase una condición de marginalidad hasta tener que ser declarada “Comarca de Acción Especial” en 1978 (Real Decreto 3418/ 1978 de 29 de diciembre), circunstancia de la que fueron beneficiados los municipios de Murias de Paredes, Riello y Valdesamario. No es para menos, cuando en 1980 había 6’54 habitantes por km2 12 (Cordero del Castillo, 1983, 23). En 1991 la comarca poseía una población de 1.337 almas en el Ayuntamiento de Riello –el municipio más grande de la provincia leonesa–, 1.313 en Soto y Amío, 895 en el de Murias de Paredes y 372 en Valdesamario, sumando 3.917 habitantes para una superficie de 394’7 Km2 (Alonso González, 1995). La disminución ha sido evidente, con una población envejecida, compuesta en gran medida por jubilados y una tasa de natalidad muy por debajo de la media provincial, con crecimiento vegetativo negativo, y un envejecimiento en 1986 del 15% de la población total (González González, 1985-86, 35). La emigración, asimismo, ha sido práctica que se viene produciendo desde hace varias décadas. Entre 1900 y 1980 fue equivalente al 67’53 % (Cordero del Castillo, 1983, 28), alojando, consecuentemente, un saldo poblacional desfavorable.

Esta situación ha originado una pérdida de la capacidad productiva, fundamentalmente agrícola y ganadera. Es observable en la actualidad, cómo las antiguas tierras de cultivo están desapareciendo bajo la retama del monte que poco a poco avanza sobre aquellos campos donde se cultivaba centeno. Los fondos de valle son los mejor conservados, puesto que se dedican a huerto y praderío, más fructífero por la necesaria inmediatez de los frutos hortícolas y por la imprescindible obtención de heno que se almacenará para alimentar el ganado vacuno durante los largos inviernos. En el verano, las campas de los puertos y zonas altas son aprovechados por las reses bovinas y ovinas, las últimas tanto en la modalidad de estantes, transterminantes, como trashumantes, si bien, la tercera posibilidad se ha reducido por la falta de práctica de este tradicional sistema ganadero.

El cúmulo de circunstancias que venimos describiendo, a las que hay que añadir la crisis del sector minero en la zona de Canales y Valdesamario, determinaron una regresión en los núcleos poblacionales –salvo Riello, que se mantiene– haciéndose especialmente notorio en Murias de Paredes cuando dejó de ser cabeza de Partido Judicial, con pérdida sistemática del patrimonio arquitectónico, sobre todo el que presentaba unos rasgos más primitivos, y por lo tanto más próximos al condicionante tradicional de la comarca. Tanto la vivienda popular como la arquitectura subsidiaria han entrando en una dinámica de ruina continua por falta de presencia humana, por las precarias condiciones de habitabilidad en comparación con las comodidades actuales, y por ese desfase funcional como núcleo de una producción adecuada a los tiempos actuales. Únicamente, quienes han continuado en la zona y algunos que han mantenido segundas residencias, han rehabilitado y acondicionado las viejas viviendas, cuestión ésta que abre un nuevo aspecto a analizar en el proceso evolutivo que ha tenido arquitectónicamente Omaña.

1 Fotos

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1  Para una mayor información vid. Mañanes, T. Astorga romana y su entorno. Estudio arqueológico. Valladolid: Museo de los Caminos de Astorga y Univ. de Valladolid, 1983, pp. 61-67; Díez González, F. A. La Omaña donde los montes suspiran. León: Ediciones Leonesas, 1984.

2 En la documentación también aparece con las denominaciones de Beñal o de Viñal, situado en la confluencia del río Omaña y el arroyo del Valle de Salce, propiedad del Conde de Luna, convertido en el siglo XVIII en cárcel de los Concejos de Omaña, Villamor y Lomba, y sede del Concejo General de Omaña hasta el siglo XIX (Díez González, F.A. La Omaña..., op. cit., p. 57).

3 Casado Lobato, C. Colección diplomática del Monasterio de Carrizo. Col. Fuentes y Estudios de Hª. Leonesa n° 29. León: Centro de Estudios San Isidoro, Caja de Ahorros, Archivo Diocesano, 1983, p. 76.

4 Protocolos Notariales, sª 1/1, fol. 26 v. León, 1533-junio- 13, not. Pedro de Argüello, Archivo Histórico Provincial de León (desde ahora A.H.P.L.).

5 Protocolos notariales, sª 4/2, caja 5, fol. 233-234, León, 1545-junio-9, not. Álvaro López, A.H.P.L.

6 Protocolos Notariales, sª 4/2, caja 5, fol. 78, León, 1545-febrero, 27, not. Pedro de Argüello, A.H.P.L.

7 Protocolos Notariales, sª 4/2, caja 6, fol. 742-743, León, 1546-agosto-6, not. Pedro de Argüello, A.H.P.L. En 992 aparece el topónimo Riero, posible derivación de Riario, interpretado como Reyero por L. López Santos, en “Toponimia de la diócesis de León”. Archivos Leoneses, n° 1, T.1, enero-junio, 1947, pp. 30-64. Al ser una cuestión etimológica y parcela que se escapa a la certeza de nuestro conocimiento, sólo, como sugerencia, pensamos en la posibilidad de que el topónimo Riello pudo derivar de Riero.

8  El libro de Florentino Agustín Díez González titulado La Omaña donde los montes suspiran. (León: Ediciones Leonesas, 1984), recoge una amplia información sobre aspectos históricos de la comarca.

9  De forma resumida se describe la historia de la comarca de Omaña en orden a cada uno de los concejos de que se compuso, en Cadenas Allende, F. de, et. alii. “La heráldica de Omaña”. Rev. Hidalguía, n° 220, Madrid, mayo-agosto, 1990, pp. 585-612.

10 Flórez de Quiñones y Tomé, V. Supervivencias señoriales en el siglo XX. León: Inst. Fray Bernardino de Sahagún, Diputación Provincial de León, 1980, pp. 27-28, 103-106.

11 Alonso González, J.M. “Omaña en el siglo XIX según los diccionarios geográficos”. Bol. de la Asociación Cultural Omaña, n° 11, mayo, 1994, pp.14-21. Por otra parte, son abundantes las casas blasonadas pertenecientes a mayorazgos y familias de raigambre histórica. Son conocidos los García y Álvarez de Guisatecha; Valcarce en Ariego de Abajo, Ceide, Riello, Murias de Paredes y Villabandín; Rabanal, Ordás y Flórez en La Urz; Flórez de Quiñones en Curueña; Fernández y González en Omañón; Velasco, Quiñones, Uceda, Porras y Pedrosa en Murias de Paredes; Álvarez, García y Lorenzana en Vegarienza y el marquesado de Inicio en Inicio.

12  La incorporación se produce en 1981.