1 Introducción:

justificación y metodología de trabajo

 

Se ha dicho con buen criterio, que la casa o vivienda es uno de los hechos más importantes de la vida del hombre, pues representa una localización personal o familiar mediante la limitación de un espacio que se convertirá en privado desde el instante que en él alberga reservas alimenticias, útiles, animales y desarrolla gran parte de su vida íntima y cotidiana. Esta actitud desde el punto de vista antropológico, supone una referencia espacial y de ubicación frente al macrocosmos humano que le identifica y le distingue en la relación biunívoca con su entorno social. Brunhes (1948, 86) decía que no hay obra geográfica del hombre en un punto del espacio sin que se añadan, se yuxtapongan o sobrepongan a ella hechos de habitación. Es cierto que, remontándonos a los orígenes de la casa, el lugar elegido por el hombre para cobijar aunque fuese temporalmente su persona y los bienes o instrumentos que acarreaba necesariamente para su subsistencia, suponía un territorio definido frente a la magnitud, también universal, de ese otro entorno que es la naturaleza, tantas veces hostil y a la vez imprescindible para su vida.

Sobre cualquier realidad hay un hecho evidente respecto a la arquitectura tradicional: que resulta ser una expresión salida del pueblo. Y, siendo como expresó García Mercadal (1981), ...la obra que mejor refleja la manera de ser de los pueblos y las relaciones entre unos y otros, nuestro objetivo es el conocimiento de la genuina casa tradicional de la comarca de Omaña y del Valle de Samario. Para ello hemos tomado como base los antecedentes de ocupación de este territorio de la provincia de León, las fuentes escritas, las razones histórico-culturales y los ejemplos existentes, siguiendo su evolución tipológica. Se pretende, a partir de estos datos, analizar el hecho constructivo y recuperar la memoria cultural de esta faceta tangible del pueblo. Por el contrario, no se persigue con este texto buscar una definición. Quizá contribuya a una más exacta, sumándose, en datos, al buen número de publicaciones sobre este tipo de arquitectura, donde ya se vierten con mayor o menor rigor, continuadas justificaciones y adjetivaciones (Fernández Alba, 1990, 20).

De estos trabajos, sin embargo, no son tantos los que se distinguen por la sencillez, como tampoco los que buscan una explicación antropológica, cuestión que no es precisamente fácil. Bien es cierto que, al menos en la provincia de León, muchas parcelas de su cultura tradicional están todavía en una fase formalista, de mera descripción, necesaria para poder analizar con más profundidad su significado. Una de ellas, sin duda, es la arquitectura tradicional, a pesar de las aportaciones de Alonso Ponga (1989), García Grinda (1991) y otros autores que la han estudiado parcialmente. Dentro de estas condiciones se halla la comarca de Omaña.

Así mismo, se consideró perentoria esta labor en Omaña y Valle de Samario, por la pérdida y deterioro paulatino de los modelos tradicionales de la casa popular, máxime cuando, además de esta regresión, la realidad de este ámbito campesino ha adquirido con los años una nueva expectativa nada alentadora. El descenso y envejecimiento de la población, el cambio de los sistemas productivos, la integración del Estado Español en la Comunidad Económica Europea con sus exigencias y forzosas adaptaciones, los nuevos usos de la casa popular y el abandono de la arquitectura subsidiaria o auxiliar, aumentan la urgencia, por el momento, de una recogida sistemática de los modelos para el posterior análisis de los mismos y comprensión de su sentido. Por otro lado, una parte de la comarca, que coincide con los pueblos de Trascastro, Inicio, La Velilla, Oterico, Soto y Amío, Riello y La Omañuela, estuvo afectada por un pretendido embalse. Tal proyecto comenzó a fraguarse en 1962, siendo veinte años más tarde cuando la Dirección General de Obras Hidráulicas convocó un ...concurso público para la contratación de los Servicios Técnicos para el estudio y redacción del proyecto de la presa del río Omaña... (Asociación Cultural Omaña, 1991, 14), que es ejemplo de lo alambicado y manejable que puede llegar a ser social, política y económicamente un proyecto de esta naturaleza. La circunstancia creada desde aquella fecha de los años sesenta, provocó una permanente incertidumbre hasta 1992, en que por fin se disiparon las dudas sobre la citada construcción, que no llegó a realizarse. Sin temor a equivocarnos, el hecho sería determinante por lo que representaba de freno al posible desarrollo de la zona, afectando a lo largo de las dos últimas décadas no sólo a las localidades que arriba citamos, sino también a las que podríamos considerar Omaña Baja. ¿Cómo, entonces, no iba a repercutir en la realidad de los pueblos afectados y, por supuesto, a su arquitectura, cuando sobre ellos se cernía la amenaza del derribo y el anegamiento? Esta era, pues, una razón de fuerza mayor que justificaba su estudio.

El trabajo se dividió, en tres fases de actuación:

A) Estudio de las fuentes escritas que suponen los Protocolos Notariales, en un intento por descubrir descripciones anteriores al siglo XVIII, el Catastro del Marqués de la Ensenada y el Catastro de Urbana, donde son abundantes los datos.

B) Comprobación de referencias bibliográficas respecto a la comarca de Omaña y Valle de Samario, que hiciesen alusión a la arquitectura tradicional y a las teorías etnográficas y antropológicas sobre el tema.

C) Trabajo de campo, con un recorrido sistemático pueblo a pueblo a partir de áreas preestablecidas, de manera que nos permitiese comprobar posibles unidades arquitectónicas diferenciadas entre las distintas zonas de la comarca, pues ésta presenta una amplia extensión geográfica con setenta y tres pueblos.

Los instrumentos de trabajo fueron la fotografía, con predominio del negativo en blanco y negro, al considerar que permite apreciar mejor los aspectos constructivos y formales, y una ficha en la que se hacía constar la localidad, calle, manzana, número de edificio, estado de conservación, uso, propiedad, fecha de construcción, fecha de reformas, partes afectadas y fecha de toma de datos.

En un segundo apartado se valoraron las fachadas, su orientación, tipo de muros, materiales, vanos y elementos singulares, teniendo en cuenta la denominación propia de cada una de las partes de la vivienda, trabajo que ha permitido realizar un léxico, en el que también se señala dónde se escuchó el vocablo, debiéndose considerar que prácticamente todos ellos son usados en la comarca, como queremos hacer entender cuando no se indica ninguna localidad.

Respecto a la cubierta, se valoran el número de vertientes, material, estructura del armante, aleros, chimeneas y elementos singulares.

Por lo que se refiere a los espacios interiores, se tuvieron en cuenta el número de habitaciones, distribución, superficie aproximada, suelos, techos, tabiques, usos, tipo de huecos interiores y elementos singulares. El espacio exterior fue motivo de observación a partir de los accesos, con su ubicación, forma, materiales y tramos, así como corredores, galerías, balcones y elementos decorativos. Se añadió un croquis, la figura de su volumetría y referencias de las fotografías realizadas. Complementando esta toma de datos, se recogieron las tipologías de los espacios secundarios, lo que implicaba su situación, la superficie aproximada, suelos, cubiertas, tabiques, sistemas de ventilación y usos. Se amplió la ficha con una reseña de las tipologías de las construcciones, señalando su naturaleza, esto es, simple, compleja, popular y formal, y un croquis. Finalmente, se tuvo en cuenta la relación con el entorno, para lo cual se hicieron tres divisiones a su vez subdivididas en otros tres conceptos:

•  entidad visual: amplia, media, escasa

•  grado de interés: destacado, apreciable, escaso

•  habitabilidad: buena, media, escasa

Obviamente, estos criterios se aplicaron a las construcciones que representaban un claro interés para el conocimiento de la arquitectura de la comarca, criterio en el que se incluyeron ejemplos de las casas de nueva planta, como expresión del reciente paisaje arquitectónico que invade los núcleos rurales de Omaña 1. De todas ellas, únicamente se han reflejado en planta y en altura las más primigenias y características de la comarca, criterio que se ha mantenido para los palomares, por otra parte, escasos, y para los pozos, cuya estructura se repite invariablmente. En cuanto a la tipología de fraguas, lecherías y molinos, que responden a una construcción elemental de planta más o menos rectangular para los dos primeros casos, y cuadrada para el tercero, con cubierta a dos aguas de teja o losa, nos abstenemos de representarlas por reducirse en la mayoría de los casos a una simple edificación carente de los artefactos que las daban sentido. En lo tocante a los molinos, por haberse ya publicado en el número 8 de la revista de la Asociación Cultural Omaña (1989), y por alejarse del interés principal de este trabajo. Otro tanto ocurre con las fuentes y los lavaderos, algunos de elemental construcción, carentes de una tectónica tipológica como para ser evaluada arquitectónicamente. Es por ello que hacemos prevalecer la fotografía como soporte visual y complementario al texto, amén de las limitaciones que siempre se imponen en cualquier publicación.

Hasta aquí podemos hablar de lo redactado en un primer momento. Pero desde la finalización del texto hasta estas fechas en que se ha publicado, ha transcurrido mucho tiempo, ése que hace ver, analizar y plasmar las cosas de otra manera, aunque el objetivo sea el mismo.

En cualquiera de las circunstancias, ha sido determinante la dotación y disponibilidad económica para afrontar con mayor solvencia una idea iniciada con lo puesto, pero con mucho ánimo y voluntad para recoger este testimonio arquitectónico. La aportación que en 1996 me fue concedida por la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, vino a reponer, en cierta medida, los fondos pecuniarios que todo trabajo de esta naturaleza precisa.

Por otra parte, recomenzar hoy el estudio supondría enfrentarnos a la imposibilidad de volver a contemplar muchos de los ejemplos que en su momento fotografiamos y que, a lo mejor, sobre ellos debiéramos incidir o haber incidido con más detalle. Actualmente, la ruina y la desaparición se han apoderado de ellos. También hay que tener en cuenta, que el tiempo empleado en el propósito, correspondía a una época muy concreta, que hoy ha variado al igual que nuestra propia disponibilidad, ocupada ya en otros fines. De igual modo, bastantes fotografías realizadas no ha sido publicadas en esta edición, porque, como todos sabemos, siempre hay un límite, por mucha voluntad que tenga quien lo edita, en este caso el Instituto Leonés de Cultura, al que estoy agradecido por afrontar la publicación.

Consecuentemente, lo que ofrecemos es un viejo empeño redactado hace más de diez años, que tiene la fortuna de salir a la luz pública, contando con la benevolencia que debiera tener por las circunstancias que en él han concurrido y las escasas posibilidades para afrontar una segunda versión.

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1  En todo trabajo de este tipo y en una comarca tan extensa, toda ayuda es recibida como un regalo del destino, sobre todo cuando los recursos no son suficientes. Siempre es, y en este caso especialmente, fruto de la amabilidad y la buena disposición de las personas. Por ello es justo que admita y exprese públicamente, el afable trato de las gentes de Omaña que, en medio de su trabajo diario, me prestaron su atención para que pudiera recabar toda la información posible, recogiese datos, viera sus casas y propiedades que a mi juicio eran de interés. También tengo que estar especialmente agradecido a Ángel Fernández Sabugo, Rocío García García, José María Hidalgo Guerrero, Ángel Fernández Román, Cipriano Elías Martínez Álvarez, familia Rodríguez de Valcarce, de Ariego de Abajo, y Maribel González García. Todos ellos son omañeses, que hicieron honor a su tierra ofreciéndome fotografías de sus casas, algunas de su primitivo estado original. También quiero recordar a Carlos Junquera, Francisco Medina, Ángel Román Fernández, Alfonso García director del Instituto Leonés de Cultura, bajo cuya dirección se acordó publicar este trabajo, a la propia Diputación Provincial de León, y a José Luis García Grinda, que me ha cedido algunos de los planos que levantó en la comarca. Igualmente, al Archivo Histórico Provincial de León en la persona de su directora, Carmen Fernández Cuervo, y a la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León, que contribuyó con una subvención para concluir este estudio.