Prólogo
 

Las distintas calificaciones que recibe la arquitectura objeto de esta publicación han venido a atender a distintos aspectos de la misma: vernácula, vinculada a un lugar, territorio o país, autóctona, relacionada con la tierra y territorio, rural, entendida como parte del campo y sus labores, típica, al provocar una imagen deliciosa y pictórica, tradicional, enmarcada en la transmisión de las costumbres, autoconstruida, al ser objeto de edificación por sus usuarios, sin arquitectos, al no ser diseñadas por especialistas no constructores, etc... Sin embargo la denominación acuñada por la historiografía española será la de popular, al ser la habitualmente empleada en los textos generales dedicados a esta arquitectura, en las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX, al contrastarla con la arquitectura de los señores y poderosos.

El primer texto español que ofrece una visión general de la arquitectura popular es curiosamente un texto de historia de la arquitectura, realizado por el arquitecto, historiador, restaurador y catedrático de Historia de la Arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Madrid, Vicente Lampérez y Romea, con el título de Arquitectura Civil Española de los siglos I al XVIII. Publicado en 1922, dedica un capítulo significativo a la arquitectura rústica, ofreciendo una primer visión general de toda la geografía española. El año siguiente, 1923, el Ateneo madrileño convocará un conocido concurso sobre la Arquitectura Popular en las distintas regiones de España, que será ganado por Leopoldo Torres Balbás, arquitecto historiador y restaurador de la arquitectura hispanomusulmana, sucesor de Vicente Lampérez en la cátedra de Historia de la Arquitectura. El texto con el título de La vivienda popular en España quedará inédito hasta su publicación posterior en 1933, incluido en el tomo III de la enciclopedia de Carreras Candi, Folklore y costumbres de España. Poco antes Fernando García Mercadal, arquitecto racionalista vinculado a la vanguardia europea del momento y autor de la primera obra arquitectónica española calificada como moderna, el pabellón conocido como el Rincón de Goya, publicará en 1930 La casa popular en España acompañada de diversos dibujos propios, aprovechando una parte del material que había utilizado Torres Balbás, quien amablemente le había dejado su manuscrito premiado. Sin embargo el texto posterior de Torres Balbás se convertirá en buena parte del siglo XX, tanto por sus aspectos teóricos, como por su visión amplia de la arquitectura popular española, en la publicación de referencia durante una parte del siglo XX.

El interés de los arquitectos más importantes del momento por esta arquitectura, no hay que olvidar la importancia de la arquitectura mediterránea como paradigma de la nueva arquitectura, con sus volúmenes simples, cúbicos y blancos y su reflejo en la arquitectura de figuras destacadas como Le Corbusier, o en el grupo español del GATEPAC, no sólo era común a la llamada vanguardia arquitectónica sino que la llamada arquitectura regionalista, basada en la utilización de recursos formales extraídos de la arquitectura local, también estaba notablemente interesada en ella. El arquitecto cántabro Leonardo Rucabado, figura señera de esta corriente junto a Aníbal Álvarez y autor de significativas obras regionalistas, estudiará y dibujará a principios del siglo XX esta arquitectura en la búsqueda de una nueva arquitectura nacional, propuesta nacida a partir de la exposición de sus dibujos en el Primer Salón de Arquitectura de la Sociedad Central de Arquitectos, celebrado en 1911. Significativo de este momento de notable interés por la arquitectura popular como fuente de inspiración y sabiduría es que el discurso de ingreso, en el año 1929, del arquitecto y catedrático de la Escuela de Arquitectura, Teodoro Anasagasti, figura española del momento y rival de Antonio Palacios en la oposición de la cátedra, tenga el título expresivo de Arquitectura Popular.

Recordar que el interés moderno europeo por esta arquitectura está vinculado a los llamados pioneros del Movimiento Moderno. En concreto el movimiento inglés conocido como Arts and Crafts, que ven en una parte concreta de esta arquitectura la respuesta a la creciente y criticada arquitectura industrial. Así Petit en 1861 hablará en una conocida conferencia de los simples edificios vernaculares del tiempo de la reina Ana, refiriéndose a arquitectura popular de época medieval. O Scott en su texto, del año 1858, Remarks of gothic architecture, nos habla de la arquitectura doméstica vernacular, todo ello en la búsqueda de elementos de referencia para generar una nueva arquitectura. Al mismo tiempo prácticamente se acuñará el término folklore por Thoms, como saber popular, en la revista The Atheneum en 1846, en un contexto histórico que se puede vincular dicho interés al estudio de las costumbres de su imperio colonial. No en balde todos los imperios significativos de la historia han demostrado interés y curiosidad por los nuevos lugares incorporados a su dominio. Tal es el caso de Hispania para Roma, a través de los textos de Plinio o Estrabón, o de América para España a través de Alvar Núñez de Vaca, Bernal Díaz del Castillo o Bernardino de Sahagún. Además de insertarse este interés decimonónico por los aspectos pintorescos rurales dentro del romanticismo europeo. Nombres como Walter Scott, Robert Burns o los españoles Zorrilla, Bécquer o el Duque de Rivas o la literatura regionalista con Pereda, nos reflejan este contexto cultural, donde también en España aparecerán los primeros estudiosos del folklore, con el ejemplo destacando de los hermanos Machado, junto a distintos autores especialmente vinculados a los territorios con una creciente identidad nacionalista, como Cataluña y el País Vasco.

Estos movimientos románticos estarán relacionados y tienen su antecedente en el espíritu pintoresco y la crítica antiurbana generadora de una visión idílica campestre roussoniana, característica de la segunda mitad del siglo XVIII, especialmente vinculada a la Ilustración. Así la villa campestre se convertirá en el prototipo arquitectónico de la época y en torno a este tema los textos y tratados europeos de arquitectura de este momento abundarán en diseños de villas e incluso granjas, recogiendo los primeros ejemplos de arquitecturas populares. De esta época es el primer texto inglés que se dedica a estudiar la casa rural inglesa, con el título de Essay on British Cottage Architecture de James Malton publicado en 1798. En España conocemos de este momento una famosa descripción en los Diarios de Jovellanos del hórreo asturiano, donde se detalla y describe cada uno de sus distintos elementos constructivos, o cómo en la Historia General de Vizcaya de Yturriza, en 1785, se cita a los vascos hoy prácticamente desaparecidos. Ejemplos arquitectónicos de este momento dotados de un carácter pintoresco imitando casas populares, empleando para su construcción materiales y técnicas tradicionales como los entramados de madera y las cubiertas de paja, los hallamos en las doce edificios del Trianon de Versalles, construidos entre 1783 y 1788 para la reina María Antonieta por el arquitecto Richard Mique. El Swiss Cotagge, construido a finales de dicho siglo por el arquitecto inglés John Nash en Cahir, Irlanda, para el Lord Richard Batler, donde bajo su techo de paja de centeno se busca la variedad y espontaneidad en cada distinto hueco y detalle, frente al ordenado y regulado neoclacisismo imperante en la época. O la Casa de los Viejos, construida en 1799, en el madrileño Parque de la Alameda de Osuna, en un ejemplo de arquitectura lúdica de entramado de madera.

Habrá que esperar a la década de los años 70 del siglo XX para que aparezcan en España los siguientes textos generales de arquitectura popular, nacidos de un renovado pero limitado interés temático, apoyados en paralelas y ambiciosas iniciativas editoriales. La arquitectura popular española de Carlos Flores, publicada en varios tomos entre 1973 y 1977 y Itinerarios de arquitectura popular en España de Luis Feduchi, publicada también en varios volúmenes entre 1974 y 1984. Frente a esta perspectiva exclusivamente arquitectónica y realizada por arquitectos y contemporáneos con ellas aparece también los textos que Caro Baroja dedica desde una perspectiva histórica, arqueológica y etnográfica a las costumbres de los pueblos de España: Los vascos, Los pueblos del Norte y Los pueblos de España publicados entre 1971 y 1975. Se puede señalar que desde estos textos generales se han ido sucediendo cada vez más estudios cada vez más concretos y específicos, tanto en relación al territorio, como a los distintos tipos arquitectónicos, pero el contexto cultural en el campo arquitectónico español significativamente ha cambiado, habiendo desaparecido la pulsión existente en ese momento de oro del interés por esta arquitectura que fueron las décadas de los 20 y 30, convirtiéndose en un tema de interés marginal.

Las últimas décadas del siglo XX, en el contexto de las administraciones autonómicas, relacionándose con las nuevas legislaciones de protección del patrimonio arquitectónico y la destrucción del mundo cultural rural se ha incorporado el concepto de patrimonio etnográfico, donde a nivel teórico se puede incluir esta arquitectura. Sin embargo la falta de una política de protección y conservación específica que refleja, sin lugar a dudas, una no asunción de esta arquitectura como patrimonio cultural, salvo aisladas excepciones, y la comprensión de que el fenómeno de destrucción de la misma es cada vez más amplio y global, ha hecho sin lugar a dudas que un número significativo de estudiosos estén dedicando notables esfuerzos en documentar, estudiar y divulgar este fenómeno cultural que es la arquitectura popular. Incluso el fenómeno del turismo rural que se ha acercado a esta arquitectura como posible elemento a ser identificado con los alojamientos turísticos específicos, a falta de un buen conocimiento de esta arquitectura no ha contribuido adecuadamente a su posible recuperación rehabilitadora y en muchos casos, por el contrario, ha tendido a mixtificar y falsificar los modelos creados o reutilizados.

En el caso de León cabe indicar que el primer texto específico sobre la arquitectura popular se debe al arquitecto leonés Gustavo Fernández Balbuena, con el título La arquitectura humilde de un pueblo del páramo leonés, artículo dedicado al pueblo de Ardoncino, publicado en 1922, en el mismo período de los primeros textos generales españoles. Tendrá que esperarse al último período citado para encontrar los primeros textos generales que ofrezcan visiones completas del territorio leonés, una primera debida a José Luis Alonso Ponga, con el título La arquitectura del barro, publicada en 1986 y una segunda con el título Arquitectura popular leonesa publicada en 1991, de la que soy autor, que intentaba ofrecer una visión global de cierto detalle, poniendo especial cuidado en la documentación planimétrica de esta arquitectura, aspecto básico escasamente desarrollo en las publicaciones correspondientes, imprescindible para una adecuada documentación y compresión de la misma.

El trabajo de Joaquín Alonso González que ha dado fruto en este libro, al cual sirve gustosamente este prólogo, viene a sumarse a aquellos esfuerzos anteriores, aportando una estimable documentación y abordando distintos niveles analíticos de sus organizaciones en una comarca montañosa, la de Omaña, especialmente significativa por la importante presencia de la arquitectura de techo vegetal, que hoy se encuentra en trance de desaparición inmediata, realizados por auténticos enamorados de esta arquitectura con el objetivo claro de documentarla y darla a conocer, pues sólo aquello que se conoce y valora puede ser objeto de atención para ser conservado y transmitido a las generaciones futuras. Nos enseña con toda claridad la variedad y diversidad que presenta la arquitectura popular de una comarca concreta, dentro de ciertos elementos que la dan unidad, y donde está presente la evolución, frente a las concepciones demasiado habituales que nos dan visiones esquemáticas, simplistas y atemporales. Constituyendo una llamada de atención a las administraciones responsables para que se puedan poner en marcha de forma urgente planes piloto de rehabilitación integrada de lugares significativos, que puedan servir abordando todos las necesidades locales de ejemplo demostrativo de cómo se puede conservar y rehabilitar los conjuntos de arquitectura popular en Castilla y León.

La actualidad de esta arquitectura en el naciente siglo XXI, viene tanto dado por su propia ejemplaridad intemporal en la sabia relación con el lugar, en forma, materiales, construcción e implantación, evitando el carácter globalizador y exógeno de otras arquitecturas, como por la utilización racional de los medios a su alcance en relación a las condiciones climáticas y a su propio carácter limitado, constituyendo el paradigma de la nueva arquitectura bioclimática por medios pasivos o de la sostenibilidad aplicada como concepto de nuevo desarrollo, en la arquitectura contemporánea.

 

José Luis García Grinda

Catedrático de la Escuela Superior

de Arquitectura de Madrid